https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/antropologiaCuadernos de Antropología ISSN Impreso: 1409-3138 ISSN electrónico: 2215-356X

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En torno al tema del gallo resucitado en relatos bribris, Costa Rica

 

 

María E. Bozzoli

 

Profesora emérita, Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica

maria.bozzoli@ucr.ac.cr

 

 

 

Resumen: Versiones de una historia bribri de Talamanca, acerca de la rivalidad entre Dios y un diablo mayor, incluyen un episodio en que gallos o pollos son revividos. Un episodio semejante aparece en un milagro relatado en el camino de peregrinación a Compostela, España. El tema del ave resucitada en los relatos bribris puede tener origen indígena; también es posible la hipótesis de que los indígenas escucharon, en la época colonial, una o varias versiones del milagro del gallo. El episodio se inserta en una historia bribri relacionada además con instrumentos musicales y otros temas.

Palabras claves: Mitología; Talamanca; Santiago de Compostela; música indígena; gallináceas.

 

About the Motif of the Resurrected Rooster in Bribri Stories, Costa Rica

Abstract: Oral Bribri stories in Talamanca tell about the rivalry between God and a major devil. They include an episode in which roosters, ready to be eaten, are revived. A similar episode is part of a miracle recounted along the pilgrimage road to Compostela, Spain. The subject of a resurrected bird in Bribri oral tradition may have indigenous origin; it is also possible that the native people heard in colonial times one or several versions of the roasted fowl miracle. The episode of the revived cock is included in a Bribri story which includes musical instruments and other topics.

Keywords: Mithology; Talamanca; Santiago de Compostela; indigenous music; Gallinaceas.

 

 

 

Introducción1

En el decenio 1970-1979, recogí dos versiones de una historia de la tradición oral bribri de Talamanca (Costa Rica), las cuales incluyen sendos episodios en que gallos o pollos son revividos por Sibö̀, traducido por los talamanqueños como Dios, o Cristo. En el decenio 1990-1999, cuando realizaba otros estudios del simbolismo animal, leí en una obra de mitología zoológica (Gubernatis, 1872; véase el relato 5 en el presente trabajo), una historia de un milagro de Santiago el Mayor, patrón de España. Esta incluía el episodio de un gallo resucitado, muy semejante al de los relatos bribris.

 

El episodio del gallo resucitado en los relatos talamanqueños puede tener origen indígena. Primero, que esta ave de corral participe en la historia puede obedecer a que está ahí en substitución de alguna otra ave comestible, quizás del orden de las gallináceas, que se utilizara en la narración antes de la introducción de las gallinas en Talamanca. Segundo, el resto de la historia concuerda con motivos de la cultura tradicional bribri, y no muestra otros episodios que puedan atribuirse a influencia de la mitología europea. Tercero, el acto de soplar el pollo para darle vida, que aparece en el episodio talamanqueño, coincide con el simbolismo bribri del aire, viento o soplo como medio de dar sanación y vida (Bozzoli, 1980). Sin embargo, también es posible proponer la hipótesis de que los indígenas de Talamanca escucharon, de parte de los misioneros u otros españoles en la época colonial, una o varias versiones del milagro del gallo, o gallo y gallina, como se verá luego, resucitados por Santiago el Mayor, Santo Domingo de la Calzada, el mismo Cristo, San Pedro, u otros santos. Dado que el episodio es congruente con el estilo en que se describen las rivalidades de Sibö̀ con los diablos, no habría resultado difícil encajarlo en la historia.

 

Los relatos bribris

 

La mitología talamanqueña, bribri y cabécar es muy compleja. Los textos han sido ampliamente reproducidos en publicaciones y han sido objeto de diversos estudios por parte de antropólogos(as) y lingüistas, principalmente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Las historias se pueden agrupar por las temáticas que abordan: los orígenes de la tierra, del mar, de los clanes; las peripecias de los señores huracanes; y otras. Del mismo modo, los dos relatos en que se inserta el suceso del gallo resucitado son parte de uno de esos grupos, conjuntos o series, que podemos denominar “la saga de Sórkula y Sibö̀”, consistente en versiones que tratan de una rivalidad entre Sibö̀ (Dios) y un diablo mayor (Sórkula, Sorblu’ o Kulerpa) y sus familiares. La rivalidad es explicada por los narradores como consecuencia de que cuando Sibö̀ hizo la casa (la superficie terrestre y el cielo visible) para traer las semillas de maíz (los clanes humanos), sus parientes o aliados diablos le ayudaron a hacerla, y él entonces tenía la obligación de cederles ciertas cosas que ellos necesitan de los seres humanos, como su sangre y sus cuerpos, un pago que no hizo, lo que ellos se cobran cuando enferman a la gente. Los diablos andan siempre en la búsqueda de lo que se les negó. La rivalidad es por la falta de reciprocidad atribuida a Sibö̀. De igual forma, el diablo mayor y sus familiares pretenden la igualdad de poder con Sibö̀, de donde se desprende que reclamen las insignias de su jerarquía.

 

El o la analista de los textos puede también detectar que esa serie de Sibö̀ contra algún diablo mayor refleja una disputa por la propiedad que en la sociedad tradicional era frecuente entre tío materno y sobrino, un problema estructural, ya que en el sistema de sus clanes tíos y sobrinos competían por cónyuges, terreno y cosechas, cargos y autoridad. Entonces, un argumento en las versiones es que a Sibö̀, cuando nació en la tierra, sus tíos maternos lo persiguieron para matarlo (en versiones existentes sobre el origen de Sibö̀, su padre, un sorblu’ de nombre Sibö̀kma, lo engendró con una sobrina, de donde resulta que su padre y otros tíos son de su clan; sin embargo, en las historias bribris también son normales las rivalidades entre parientes políticos). Otro es que los diablos (tíos o sobrinos, según el episodio) quieren apoderarse de objetos que señalan su estatus, como su penacho, su collar, su pampanilla, su bastón, y sus instrumentos de música. Con respecto a estos últimos, estas historias se relacionan con otras de América en las cuales los instrumentos musicales desempeñan papeles importantes, lo que muy brevemente se abordará en las notas finales de este trabajo. Los relatos 3 y 4 contienen el episodio de los pollos o gallos.

 

 

Relato 1: Sorblu’ quería el collar de Sibö̀

 

Sorblu’ quería el collar de Sibö̀. Ese collar tenía forma de espiral, wö̀shki. La espiral es importante para los seres sobrenaturales. Por ejemplo, ellos no caminan derecho, como nosotros. Ellos caminan en espiral. Sibö̀ se disfrazaba de abuelo y de abuela de Sorblu’, para engañarlo. El abuelo o abuela aparente se presentaba en algún momento ante Sorblu’ con el collar y eso hizo que Sorblu’ sospechara que ese no era su pariente, sino el mismo Sibö̀. Este se escapó a tiempo.

En otra ocasión, Sorblu’ tenía la flauta de Sibö̀; se la había robado. Sibö̀ se disfrazó de los parientes de Sorblu’, vino y cogió la flauta para tocarla y lo hizo mal, aparentó que no sabía, pues la gente de Sorblu’ nunca puede tocar bien la flauta. En su disfraz, Sibö̀ habló con Sorblu’ porque conocía su idioma, que es distinto del de Sibö̀. En algún momento, Sibö̀ escogió tocar bien la flauta, sonaba lindísimo. Entonces, Sorblu’ se dio cuenta que quien la estaba tocando no podía ser otro que el mismo Sibö̀ que vino por su flauta y se la llevó. La flauta eran las tres estrellas en el cielo de donde colgaba la canasta de la Semilla [la jaba original donde se guardaban las semillas de los clanes], de donde colgaban las siete cabritas o las pléyades, que son la canasta (R. Segura, comunicación personal, noviembre de 2000)2.

 

 

Relato 2: Historia de los instrumentos de Sibö3̀

 

Sibö̀ andaba en varias casas, con un equipo de instrumentos. Nadie sabía cómo se llamaba el equipo. Él andaba muchas cosas en su sku’ (bolsa tejida como red). Él iba a casa de Solblu’ (o de Sórkula o de Kulerpa, es el mismo). Él llegaba a la casa y empezaba a hacer bulla (a tocar o hacer sonidos). La casa estaba sola. El hacía sonar el pulè (el caracol), el siáköl4, el dúk (otro tipo de caracol5), (la maraca), y sbak, el tambor. Los dueños de las casas se preguntaban uno al otro:

-¿Qué será lo que suena en la casa? Vamos a ver-.

Llegaban a la casa y no veían a nadie. Tres veces oyeron bulla y vinieron a ver, ¡y nada! No había nada. A la cuarta vez, ellos se propusieron atrapar al que hacía la bulla. Se escondieron. Cuando estaban escondidos, vieron venir a un hombre que no conocen. Pero ese hombre traía en la chacarita [sku’], con sus instrumentos, eso de alisar los tiros (las bolitas de barro) de la cerbatana, ardcha’, un hueso de ave.

El hombre se fue directo a la cocina. En la cocina ellos tenían carne seca colgando. Esa carne era el bkli’, el zorro pelón o zarigüella. El zorro pelón estaba seco, los dueños le habían abierto la boca. El hombre, desconocido para ellos, que era Sibö̀, sopló al zorro. Ellos vieron a Sibö̀ soplar al zorro y que el zorro se tiró al suelo y se levantó. Cuando el zorro se levantó, Dios [Sibö̀] metió la mano en la chácara y sacó dos maracas, y las da al zorro, diciendo:

-Ban a tukuru-. Zorro le contestó –yang a tukuru-.

Sibö̀ dicjo: -Bang a schi schi- y el zorro dijo: -yang a schi schi

Sibö̀ sacó los instrumentos, tambor, pulé, y se puso a tocar. Entonces el zorro lo acompañó, era el sini’ (ayudante)6. El zorro tocaba la maraca.

-Ajá-, dijo el diablo escondido, -usted es el que hace bulla en nuestra casa. Hoy vas a morir. Usted es el hombre que hace bulla-.

Sibö̀ se hizo que él estaba muy preocupado, tiró al zorro al humo a secarse, agarró todo y lo metió en la chácara. Se fue corriendo, el Sórkula agarró a Sibö̀ en la chácara. La chácara cedió, se rompió, Sibö̀ salió y pasó al lado del diablo. Sórkula dijo:

-Te fuiste, pero quedaron tus cosas en nuestra chácara-.

El Sórkula tomó las cosas de la chácara y empezó a tocar. Toda su familia empezó a llegar. Él le explicó a la familia cómo le arrancó la chácara al intruso.

-Él tiene que volver a recoger estas cosas y entre todos lo vamos a matar. Lo esperamos y no vamos a salir a ningún lado-.

El Sórkula le dijo a sus familiares: -Esa carne ahumada que tenemos ahí, ese zorro pelón, participó con el de la bulla-.

Les contó el cuento y cómo el zorro se convirtió en carne seca. El Sórkula agarró al zorro y lo golpeó contra la leña, se lo dio a los perros. Tiró al zorro y cada perro se llevó un pedazo. La familia empezó a esperar al hombre de la bulla.

-Tiene miedo, hoy no quiere venir a buscar lo suyo-.

Pasaron tres días. Al cuarto día venía un hombre, lo saludaron y lo pasaron adelante. El hombre dijo:

-¿Cómo están ustedes? ¿Qué esperan ustedes?-

Los Sórkula le contaron los acontecimientos del hombre que hacía bulla (que tocaba instrumentos). El hombre les contestó:

-Ese hombre se llama Sibö̀. ¿Con qué hacía bulla?-. Sórkula dijo:

-Con algo que tenemos escondido allá-.

-Vaya tráigalo para ver qué es-. Lo traen y el hombre dijo:

-Ah sí, yo les digo esto es de Sibö̀, se llama Sibö̀rdcha’-.

-¿Y qué es Sibö̀rdcha’?- El hombre dijo:

-Ema dcha’ erö dcha’ agdlërdcha’-. -¿Y qué quiere decir agdlërdcha’?-, preguntaron ellos.

-ák (ág) quiere decir piedra, hombre eterno como piedra, y ardcha’ (ákdcha’, hueso de piedra) es el equipo de él, y él es Sibö̀-.

-¿Y por qué él hace esto?- Él les contestó:

-Es kë e so oyublök, él está haciendo señales (augurios), anunciando algo. ¿Ustedes no vieron que el zorro que ustedes botaron estaba seco y él lo revivió?-

Sórkula dijo: -¿Y qué es eso?-.

El hombre dijo: -Esa es la señal (mal agüero) de Ô’dlër, lo del zorro es por el mal o, dolor de estómago, algo que los va a terminar a ustedes. Ese es e rö cha jköblacha, ese es el que los matará-. Uno de los Sórkula le dijo:

-Usted está mintiendo, usted es Sibö̀-.

Sibö̀: -Yo no soy Sibö̀, ese es poderoso, yo no lo conozco. Pero, antes de irme, quiero ver otra vez ák, ágdlërdcha’, quiero examinar qué es ákdlërdcha’, qué es lo que tiene-.

El Sórkula no traía el hueso de piedra, porque insistió que está mintiendo. La segunda vez que insistió, el Sórkula le dio el equipo. Entonces vieron algo como fuego en la salida del portón de la casa. La casa adentro se llenó de humo. Ellos dijeron:

-¡Ajá!, este es Sibö̀.- Lo buscaron y no estaba. Solo oyeron un sonidito. Sibö̀ se fue.

Los Sórkula: -Nos engañó, era Sibö̀-.

Se fueron muriendo los Sórkula. Sibö̀ fue pitando en el monte (sonando el caracol), como lo hacía en la casa. El Sórkula Mayor dijo:

-El vino a la casa y nos sigue vacilando (mofándose), yo lo voy a matar-. Le dijo a la familia: -Cuando yo pite, toque los instrumentos, entonces vienen a ver cómo maté a Sibö̀-.

Al rato la familia escuchó el pito dúk, el tambor, cada sonido. –Ahora sí-, dijeron, -vamos a ver a Sibö̀ que ya murió-. Cuando ellos llegaron, solo vieron moscas, no había nada. Oyeron quejidos, solo vieron la tripa de Sórkula ahí. ¿Dónde está el cuerpo, la carne? Empezaron a buscar. Algo les cayó como gotas en la espalda de ellos, como quejándose. Solo la carne estaba puesta arriba. Ellos vieron hacia arriba y vieron carne colgando encima de un palo, pero la carne se movía, se alargaba, se encogía. La tripa estaba con moscas y la carne en un arbolito desde donde los goteó.

-¿Dónde están los huesos, el esqueleto?- Buscaron por todo lado. Sintieron que algo pegó en un arbolito, ese era el esqueleto con los ojos saltados. Eso es ô’dlër wâyök (augurio de enfermedad del aparato digestivo). Eso sucedió porque Sibö̀ los quería exterminar y dejarnos a nosotros. Por eso, cuando alguien va a morir de ô’dlër, tenemos que ver alguna de estas tres señales, pero esas tres señales se asocian con diferente muerte: la tripa es el propio ôdlër, nos matará de dolor de estómago. La carne, cuando la vemos o nos cae (tal vez no la vemos), a esa persona se le sangra la espalda, si trae sangre ahí, se muere porque Culebra la puede matar. Cuando vemos el hueso, ese es el accidente: caerse de un árbol, que lo mate un caballo, un carro, cualquier accidente (M. Nercis, comunicación oral, 2001).

 

 

Relato 3: Sibö̀ nació aquí7

 

Sibö̀ nació aquí, su padre lo purificó al nacer. Su padre había ido a pescar con lanza y allí encontró al niñito a la orilla del río; lo recogió y se lo dio a su mujer; se lo presentó como hijo de él, y ella lo tomó como hijo propio. El niño estaba llorando; no quería mamar, no quería comer, no quería tomar agua. El papá se preguntaba qué quería, si el Niño era Dios, entonces lo probaría. La mamá se encontraba moliendo cacao y le puso la masita suave de cacao en la boca (manteca de cacao) y esto sí que alegró al Niño. El creció con eso.

Él fue creciendo, y Diablo empezó a pelear; sentía deseos de matar a Sibö̀ porque Él había creado las semillas humanas (los clanes o “razas”). Sibö̀ no permitía que Diablo se acercara a ellas. Por eso, el diablo acechaba por todas partes del mundo con intención de matar a Sibö̀, y lo esperó en el camino. Sibö̀ venía pasando, sonando el cuerno y el caracol. Diablo lo vio y esperó. Sibö̀ pasó al lado y Diablo nada pudo hacerlo; así era siempre, nada podía hacerle. Esto enfureció al demonio; esperó a Sibö̀ con determinación para matarlo por causa de los clanes, pues Diablo quería esas semillas de la humanidad. Diablo se imaginó que si él vencía a Sibö̀, pondría sus manos sobre la gente y todo lo demás.

Una vez Sibö̀ venía sonando el caracol y el cuerno, y gritando. Él hizo que los diablos tomaran por realidad una visión que Él creó. En esta visión, Él mató pollos en presencia de los diablos, los cocinó e invitó a esa familia a comer. Todos se sentaron a comer. Los diablos sabían cómo era Sibö̀, pero allí no lo reconocieron, Él no se dio a conocer como Sibö̀ cuando mataba los pollos. Él invitó a los diablos y a otros a comer. Él desplumó los pollos y les sacó las entrañas, les quitó el pico y las uñas, y se sentó a comer con la familia de diablos. Él aparentaba estar comiendo, pero no lo estaba, Sibö̀ es Dios, no come lo duro, no bebe, no come lo suave. Él mira a los otros mientras comen, ellos sí comen, despedazan muchos pollos y los comen.

Un pollo hizo movimientos, ya estaba cocinado y movió sus alas con fuerza, se levantó y cantó, pero eso fue antes que el diablo muriera, pero ya en ese tiempo Él sabía que todos los diablos iban a morir. Esto son visiones o milagros. Él les dijo que algún día tal vez ellos o Él no estarían.

Ese pollo avisaba algo. ¿Qué significaba ese pollo así cocinado y aleteando? El gallo cantó de nuevo para avisar que alguien moría, pero no se sabía quién, tal vez el que daba la comida, tal vez los diablos, los otros quizá. Pero Sibö̀ ya sabía entonces que Diablo pretendía matarlo y al propio hizo visiones; así en forma de visión mandó despertar al pollo, soplándolo de manera continua, prolongada y sin interrupción. El gallo despertó y cantó tres veces. Los otros diablos se dieron cuenta de que esto era una visión y que ese era Sibö̀ y le dijeron: -Usted es Sibö̀-. Él respondió: -Yo no soy Sibö̀, cómo es Sibö̀, de qué forma, yo no conozco a Sibö̀, ¿qué llaman ustedes Sibö̀?-

El aparentaba estar en medio de toda la familia para que los clanes indígenas vieran que ese hombre que estaba allí se llamaba Dios. Él decía que Dios es Dios, pero los diablos no se dieron cuenta que Él era Dios. Se dieron cuenta cuando la hora de morir ya se les acercaba.

Sibö̀ entonces pensó que se iba a entregar para comprobar si Diablo podría matarlo. Diablo habló con los otros familiares, los otros diablos, les dijo que conseguiría un caracol y que cuando lo sonara, allá abajo en el camino ellos oirían y entonces sabrían que Sibö̀ ya no existía, él lo había matado, así lograrían él y su parentela coger toda la gente cuando Sibö̀ estuviera muerto.

Sibö̀ ya sabía que ese día Diablo esperaba en el camino, escondido. Él ya venía y pensó que estaría bien entregarse para ver qué podría hacerle Diablo. Diablo estaba sentado y tenía la lanza corta de doble punta. A propósito Sibö̀ le pasó al frente y Diablo lo chuceó. Sibö̀ se quitó. Así ocurrió una y otra vez, entonces Sibö̀ le tomó la lanza y punzó a Diablo con ella y lo mató. Al momento recordó Sibö̀ lo que Diablo había dicho a sus familiares, que cuando el caracol sonara abajo en el camino, él había matado y hecho pedazos a Sibö̀. Sibö̀ entonces descuartizó al demonio y lo colocó sobre una cama para barbacoa y sonó el caracol. Los otros diablos oyeron y se sintieron contentos, gritaron por todo el mundo que ya Sibö̀ estaba derrotado, que Sibö̀ estaba muerto. Se vinieron a ver adónde Diablo lo había matado y adónde había puesto a secar sus restos. Sibö̀ se fue y los diablos se dieron cuenta que allí no estaba, era el rey de los diablos que estaba allí asándose y Sibö̀ lo había matado (Bozzoli, 1977, p. 67-69).

 

 

Relato 4: Historia del zorro pelón8

 

Sibö̀ se fue a la montaña y agarró un zorro bkli’ (zarigüella, Didelphis sp.). En eso, Sórkula quería matar a Sibö̀. Sórkula sabía que Sibö̀ era Sibö̀ y que nadie podía matarlo. Los Sorkula eran hombres como diablos. El Sórkula principal dijo que iba a matar a Dios.

En ese tiempo, Sibö̀ estaba haciendo un zorro pelón. Antes de que lo formaran como zorro, ese animal era una maraca. Después, Zorro tenía maraca y bastón. Sibö̀ trajo a kuká’, guacamaya, para que se hiciera jtsö́köl, cantor funerario. Durante mucho tiempo, los Sórkula le habían deseado la muerte a Sibö̀, y Sibö̀ decidió permitirles que lo mataran. Ellos llaman a Sibö̀ tío materno, y Sibö̀ llama al zorro tío materno, y a la lapa o guacamaya también.

En los primeros tiempos, Sibö̀ fue y entró en la casa de Sórkula y llevaba miel, un caracol, un cuerno, el bastón de Sibö̀, un escudo y una pampanilla de mastate. Los Sórkula llegaron a interrogarle que si él era Sibö̀. Él contestó: -Yo no soy Sibö̀, si yo fuera Sibö̀, no entraría en su casa, Sibö̀ no entra en cualquier casa. Sórkula le dijo: -Usted es Sibö̀, no me mienta-. Así dispuso Sibö̀ dejarse atrapar. Él gritó mucho y dijo que no lo maltrataran.

Sibö̀ llevaba caracoles, cuerno, escudo, bastón, y en la cabeza una gorra. Los Sórkula le quitaron todas esas cosas y se las guardaron para ellos. Sibö̀ se fue.

Volvió Sibö̀ al día siguiente muy bien vestido y le dijo a los Sórkula: -Vengo a verlos a ustedes-. Él se presentó como un anciano y les dijo: -Hijos, vengo a saber si es cierto que ayer ustedes agarraron a Sibö̀-.

Los Sórkula dijeron: -Sí, nosotros lo agarramos y le quitamos todas estas cosas-. Sibö̀ pensó: “Yo voy a llevarme mis cosas, pero no les voy a decir a ellos lo que estoy pensando”. Y Sibö̀ les dijo: -Traigan para ver las cosas de Sibö̀, para ver cómo son. No conocí a quien llamaban Sibö̀. Tráiganme para verlos, ese caracol, cuerno, bastón, penacho de plumas de guacamaya y pampanilla de mastate, para verlos yo-. Ellos trajeron todas las cosas. Y el anciano Sibö̀ dijo: -¡Ay, qué bonitos los juguetes de Sibö̀-.

Sibö̀ se puso sus cosas, una en un hombro, otra en el otro hombro, las plumas en la cabeza, tomó el bastón en la mano, se amarró la pampanilla, se levantó y les dijo:

-Vean, ya me puse estas cosas para ver si me parezco a Sibö̀-. Él se levantó a pasearse por la sala y les preguntaba si Él no lucía parecido a Sibö̀. Los Sórkula le respondían: -No, no se parece a Sibö̀, a Sibö̀ le quedan diferentes-. Sibö̀ salió por la puerta y comenzó a sonar el caracol. Se convirtió en viento y se fue por el espacio; entonces los Sórkula comentaron: -Era Sibö̀, por eso tenemos que matarlo-.

A los días entró Sibö̀ en una de las casas con todas sus cosas. Los dueños lo ataron a un horcón. En cuanto se fueron, Sibö̀ aflojó el mecate y se fue. Cuando regresaron, los Sórkula empezaron a decir: -Ese era Sibö̀-.

A los cuatro días, se fue a la casa de ellos aparentando ser un jovencito, quien les dijo: -Tíos, yo vengo a averiguar si es cierto que ustedes le quitaron sus cosas a Sibö̀ y lo maltrataron-. Los Sórkula le respondieron que sí.

El jovencito pidió las cosas para verlas y ponérselas. Los Sórkula responden: -No se las prestamos porque tal vez usted es Sibö̀-. -¿Cómo se les ocurre que yo soy Sibö̀?- dijo el joven. -Cuando ustedes lo amarraron, cómo era? –Como un anciano-, respondieron. Sibö̀ los volvió a engañar y ellos entregaron las cosas. Así empezó el joven a caminar por la sala, sonar el cuerno y los caracoles, se amarró la pampanilla, tomó el bastón en sus manos, salió, se fue y se convirtió en viento.

Los Sórkula tenían en su casa unos tambores, y los zorros en forma de maracas, y unas guacamayas. Un día, Sibö̀ entró en la casa y les dijo a las lapas (guacamayas), -ustedes van a cantar-. Al zorro le dijo: -Usted va a tocar las maracas y yo hago sonar el tambor-. Esos animales estaban muertos, Sibö̀ los sopló y ellos obtuvieron vida. Los Sórkula oyeron el ruido, la música. –Entró Sibö̀ en nuestra casa-, dijeron. Regresaron a prisa. Sibö̀ hizo que las lapas y el zorro volvieran a su anterior estado, guindando sobre el fogón, y se fue. Los Sórkula no encontraron a nadie, y decían: -Es Sibö̀, tenemos que matarlo, Él hace estas visiones porque lo vamos a matar-.

Al siguiente día, volvió Sibö̀ y les dijo: -Supe que ayer vino Sibö̀ a hacer visiones aquí, ¿es cierto?- Los Sórkula le contaron al visitante todo lo ocurrido el día anterior. Sibö̀ hizo lo mismo, volvió a hacer sonar aquellas cosas, y se fue. Una y otra vez, Sibö̀ repitió las visitas y permitía que lo maltrataran, luego se iba y se llevaba lo suyo.

Un día, Sibö̀ se encontraba con los Sórkula y pensó: “voy a matar un pollo”. Él quería mostrarles con eso que él era Sibö̀, pero ellos no se daban cuenta del propósito de esa acción. Él le dijo a uno de ellos: -Mate usted al pollo-. Era un gallo muy grande y el Sórkula lo mató. Sibö̀ lo desplumó cuidadosamente y lo mandó a cocinar, pero ordenó que no le sacaran las entrañas. Después de cocinado, le dijo a los Sórkula que extendieran unas hojas y vaciaran lo cocido sobre esas hojas, y allí comerían. Mandó a un Sórkula a descuartizarlo, y el Sórkula se descuidó y mientras miraba hacia otra parte, Sibö̀ sopló al gallo y le dio vida. El gallo se levantó y cantó dos veces. Al ver Sórkula ese gran portento, él se dijo: -¿Qué será esto?, este gallo ya estaba cocido, y ahora resucita y canta-. Sibö̀ le respondió: -Quizá usted o yo moriremos, eso creo yo. Esto es como un presagio, mejor no lo comamos. Sórkula le preguntó: -¿No será que usted es Sibö̀?-. Él no le dio ninguna respuesta. Sibö̀ mandó a Sórkula a hacer otras cosas y, mientras tanto, desapareció, voló. Cuando Sórkula miró, ya Sibö̀ no estaba, se enfureció mucho y dijo: -Si esto es así, yo mataré a Sibö̀-.

Sibö̀ tiene un camino por el cual camina todos los días en la mañana y en la tarde. Sórkula conocía ese camino. Un día dijo a sus familiares: -Cuando yo suene este caracol, ya saben que yo maté a Sibö̀, entonces vengan ustedes a comérselo junto conmigo-. Sórkula sabía la hora en que Sibö̀ tenía que pasar por ese camino. Él se fue a esperarlo muy de mañana y se escondió a la orilla. Sibö̀ tenía que pasar de este a oeste. Llegada la hora, Él pasó, de manera invisible. Cuando estuvo más allá de Sórkula, empezó a sonar el cuerno y el caracol. Al oír esto, Sórkula se dijo: “¿en qué momento pasó Sibö̀ y por cuál camino?, no hay otro camino”. Lo mismo sucedió en la tarde. De ninguna manera le estaba gustando el asunto, y los esperó hasta ocho veces. Entonces Sibö̀ pensó: “Me le mostraré y me entregaré”.

El día del encuentro, Sórkula llevó solamente dos lanzas para matarlo y Sibö̀ andaba sin ninguna clase de armas, solamente sus cosas como el cuerno, el caracol, y las otras. Se encontraron y Sórkula dijo: -¿Usted es Sibö̀? Hoy te mataré indudablemente-, y de inmediato lo chuceó con sus armas. Sibö̀ lo agarró con sus manos, lo golpeó con otro objeto y esquivó el tiro.

Sibö̀ le dijo: -Ahora espere usted, ya yo esperé lo suyo-. Y Sibö̀ tomó una de las armas que traía Sórkula y con eso lo chuceó y lo mató. Después le sacó las tripas y lo descuartizó. Tomó uno de los muslos, le sacó el hueso y lo tiró al espacio. Ahora ese hueso que vuela se llama Kukulë . Después, Él se puso a sonar el caracol, los Sórkula oyeron, y dijeron: -Vamos a ver la muerte de Sibö̀ y a conocerlo-. Sibö̀ puso el cuerpo descuartizado en una cama de barbacoa. Llegaron los demás Sórkula y encontraron muerto a su pariente, no fue Sibö̀ el que murió (Bozzoli, 1977, p. 69-71).

 

 

Los relatos europeos

Los relatos europeos “con gallo resucitado” se conocen, por lo menos, desde la época medieval. En algunos, el ave resucitada es solamente un gallo. En otros relatos, las aves son un gallo y una gallina. En este caso, se presentan versiones en las cuales el milagro se atribuye a Santiago, y las que lo atribuyen a Santo Domingo de la Calzada. Además, los analistas han encontrado que el milagro se ha atribuido a Cristo y a otros santos.

Del siglo XIX (Gubernatis, 1872), se conoce una versión en inglés del gallo resucitado por Santiago Apóstol, la que originalmente me condujo a la presente comparación del tema del gallo resucitado con el episodio en la historia bribri, que ya conocía antes de leer a Gubernatis9. En las versiones bribris previamente presentadas también, un pollo o gallo es resucitado por un ser celestial, para indicar una próxima muerte. En el caso europeo, para indicar que la muerte ocurrió, seguida de resurrección. Sobre la relación de aves gallináceas con la muerte, cabe mencionar el análisis de Claude Lévi-Strauss (1976), aunque dicho análisis no se refiere a Europa, sino a mitos del norte y el sur de América: “[…] para comprender la función semántica del zoema “gallinácea” había que admitir que éste connotaba la intersección de la vida y la muerte y el tránsito de la una a la otra” (p. 489). El autor citado relaciona la connotación con la ambigüedad de estas aves, por cuanto su carne es de buen sabor, pero carece de la grasa capaz de hacerla tan apreciada como otras carnes que sí la tienen. Tanto en las versiones europeas como las bribris citadas en este trabajo, la ocasión de resucitar las aves es una de participar de un banquete. En las versiones europeas, se incluirá la de librar de prisión a un cautivo en que no está de por medio su muerte (relato 6), aunque se podría inferir que ese iba a ser el resultado si continuaba el tipo de cautiverio en que se encontraba. Seguidamente, se presenta la versión en inglés de Gubernatis y la traducida:

 

Relato 5: El gallo venerado como animal sagrado10

According to a legend of St James, an old father and mother go with their young son on a pilgrimage to Santiago de Compostela in Spain. On the way, in an inn at San Domingo de la Calzada, the innkeeper’s daughter offers her favours to the young man, who rejects them; the girl avenges herself upon him by putting a silver plate in his sack, for which he is arrested and impaled as a thief. The old parents continue their journey to Santiago; St James has pity upon them, and works a miracle which is only known to be his afterwards. The old couple return to their country, passing by San Domingo; here they find their son alive, whom they had seen impaled, for which they there and then offer solemn thanks to St James. All are astonished. The prefect of the place is at dinner when the news is brought to him; he refuses to believe it, and says that the young man is no more alive than the roasted fowl which is being set upon the table; no sooner has he uttered the words, than the cock begins to crow, resumes its feathers, jumps out of the plate and flies away. The innkeeper’s daughter is condemned; and in honour of the miracle, the cock is revered as a sacred animal, and at San Domingo the houses are ornamented with cock’s feathers. A similar wonder is said, by Sigonio, to have taken place in the eleventh century in the Bolognese; but instead of St James, Christ and St Peter appear to perform miracles (Gubernatis, 1872, p. 283-284).

 

Traducción (de la autora):

Según una leyenda de Santiago Apóstol, un padre y una madre, ya mayores, van con su joven hijo en peregrinación a Santiago de Compostela en España. Por el camino, en un mesón en San Domingo de la Calzada, la hija del mesonero ofrece sus encantos al joven, quien los rechaza. La moza se venga de él colocándole en su morral un plato (taza o copa, según otras versiones), de plata, por lo cual es arrestado y empalado como un ladrón. Los ancianos padres continúan su viaje al Santuario de Compostela. Santiago se compadece de ellos y les hace un milagro del cual solo se sabrá posteriormente. La pareja de edad mayor regresa a su país, pasando por San Domingo, donde encuentran vivo a su hijo, el mismo que habían visto empalado, razón por la cual allí mismo, solemnemente, dan gracias a Santiago. Todos están asombrados. El prefecto del lugar está comiendo cuando le traen la noticia, pero rehúsa creerla. Comenta que el joven está tan vivo como el ave asada que están colocando en la mesa. En cuanto expresa esas palabras, el gallo empieza a cantar, recupera sus plumas, salta fuera del plato y se aleja volando. La hija del posadero es condenada; en honor al milagro, el gallo es venerado como animal sagrado, y en San Domingo las casas están adornadas con plumas de gallo. Similar prodigio ha dicho Sigonio que ocurrió en el siglo once en la Boloña, pero en lugar de Santiago, Cristo y San Pedro parecen realizar los milagros.

 

 

Relato 6: El gallo que canta después de asado

 

Resumen del relato:

 

Cuando los cristianos luchaban contra la invasión árabe, los soldados que caían prisioneros de los moros invocaban a Santo Domingo de la Calzada, abogado de cautivos, que con su intercesión los libraba milagrosamente. Lo atestiguan las numerosas argollas y cadenas de hierro que, colgadas de los muros del monasterio, sirvieron para demostrar a las generaciones venideras los milagros obrados por aquel santo.

En un combate librado en la Rioja, quedó prisionero de los moros un soldado español; en el calabozo le sujetaron con gruesas argollas de hierro el cuello, las manos y los pies, cerraron la puerta de la prisión con fuertes cerrojos y pusieron centinelas para que el preso no pudiera evadirse. Oyeron los moros cómo a gritos llamaba a Santo Domingo de la Calzada pidiéndole la libertad, y quedaron intranquilos pensando que en realidad pudiera venir el santo a librarle.

El jefe moro, acompañado de otros guerreros, alegremente se puso a comer. Vino uno de los guardianes a comunicarle sus inquietudes: “Mucho me temo, mi señor, por las continuas preces del prisionero a Santo Domingo, que el santo venga a sacarle de la cárcel y a devolverle la libertad”. El jefe se rio sarcásticamente al oírle y le dijo: “Tranquilízate, el preso no puede escapar; le he asegurado tan bien con fuertes hierros, que es más fácil que el gallo que está asado en esta cazuela cante, que no que el prisionero logre su libertad”.

En aquel momento el gallo asado empezó a cantar fuertemente, mientras salía de la cazuela y remontaba el vuelo. Los comensales quedaron aterrados ante aquel suceso sobrenatural. Al instante llegó un centinela que con voz trémula anunció que las puertas de la prisión se habían abierto por sí solas y el prisionero había desaparecido. Todos atribuyeron a Santo Domingo de la Calzada la milagrosa libertad del preso (García, 1999).

 

Relato 7: El milagro del gallo y la gallina11

 

Este relato es el del joven alemán, el milagro es atribuido a Santiago, pero con la diferencia que reviven gallo y gallina.

 

Sucedió en Santo Domingo de la Calzada, La Rioja. En el siglo XIV, peregrina a Compostela Hugonell, joven alemán de 18 años, acompañado por sus padres. En el mesón donde se hospedan trabaja una muchacha que se enamora de él y le requiere de amores, a lo que el muchacho se niega. Despechada, guarda en el zurrón del joven una copa de plata y luego le acusa de robo. El joven Hugonell y sus padres se disponen a seguir el peregrinaje, cuando llega la justicia y registran el zurrón. El joven es condenado a la horca. Los padres no pueden hacer nada por él más que rezar a Santiago. Al acercarse al cuerpo ahorcado de su hijo para despedirse, oyen cómo este les habla desde la horca y les dice que está vivo por la gracia del Santo. Felices y contentos van a comunicar la noticia al corregidor que justo en ese momento está cenando unas aves. El corregidor se burla de lo que oye y lanza la frase: -Vuestro hijo está tan vivo como este gallo y esta gallina que me disponía a comer antes de que me importunarais-. En ese momento, las aves saltan del plato y se ponen a cantar y cacarear alegremente (Wikipedia, s.f.).

 

 

Relato 8: El gallo en Portugal12

 

A continuación, se incluye un resumen de un fragmento del texto de Gil del Río, en el portal de Alfredo Gil (s.f.). Fragmento:

 

En Portugal, se conserva una leyenda popular denominada “El Gallo de Barcelos”. En la localidad de este nombre existe un monumento de piedra rematado con una cruz, que se dice que fue levantado por el padre de un gallego, que injustamente por robo se le condenó a la horca. Un gallo que estaba sobre la mesa de los jueces se levantó para dar fe de su inocencia. Aquella cruz sigue evocando en sus grabados, el joven ajusticiado sostenido en los pies por el Santo con hábitos de peregrino y Cristo crucificado teniendo a sus pies a un gallo en actitud de canto (Gil, s.f.).

 

El relato previo ubicado en Portugal es solo un ejemplo de:

 

…múltiples referencias al milagro del peregrino ahorcado repartidas por toda Europa; pero, desde aproximadamente mediados del siglo XIV, la documentación conservada lo sitúa en Santo Domingo de la Calzada. El relato del milagro habla de un matrimonio que se dirigía junto a su hijo en peregrinación hacia Compostela… (García, 2000).

 

 

La religiosidad española

 

Si el episodio del gallo resucitado fue tomado de la historia sobre ese tema que involucra a la ciudad de Santo Domingo de la Calzada, en el camino de la peregrinación a Compostela, es probable que llegara a oídos indígenas narrado por los misioneros franciscanos en Talamanca, o a través de españoles13, en las tempranas iglesias y conventos de Ujarrás y Orosi, o de la capital colonial, Cartago, que profesaba devoción a su santo patrono Santiago Apóstol, o los de Santiago de Alanje, que existió desde 1591. Lo difícil es precisar si el episodio es español, en qué momento ocurrió; hubo intento de ocupar Talamanca a partir de 1539 y 1540. Por la labor misionera, los candidatos a prédicas que incluyeran los milagros de Santiago son varios, entre ellos el muy reconocido en Centroamérica y México, Fray Pedro de Betanzos, quien era natural de ese lugar cercano a Compostela, por lo que ha de haber conocido bastante de los milagros asociados a Santiago Apóstol. Junto con otros frailes, inició sus tareas apostólicas en Costa Rica dese 1550; tenía una extraordinaria facilidad, según sus biógrafos, para el aprendizaje de lenguas indígenas; además, escribía sobre doctrina cristiana para los misioneros. Además, acompañó a Juan Vázquez de Coronado en la expedición a Talamanca en 1563. Otro de los misioneros tempranos a quien se acredita el conocimiento de las lenguas indígenas es Agustín de Ceballos, quien inicia su misión en 1588. De igual forma, es razonable pensar que en los cinco años que duró Santiago de Talamanca, entre 1605 y 1610, hubo oportunidad de escuchar sobre los milagros de Santiago y de Santo Domingo de la Calzada en la ruta de peregrinación a Compostela. La devoción a Santiago, extraordinariamente intensa en el siglo XVI, no disminuye en los siglos XVII y XVIII.

Numerosos autores, entre ellos Francisco Carenas (2007), aseveran: el culto a Santiago hizo posible la Reconquista. Las milagrosas hazañas militares del santo en Europa, África, América y la India eran aceptadas como hechos en el siglo XVI. La peregrinación a Compostela se marcó con un cuerpo de literatura, leyendas, milagros, folclor, historia y música que enriquecieron la vida cristiana en todo el mundo occidental. La historia de España no se puede desligar del culto a Santiago; Santiago cruzó el océano “montado en las nubes sobre los galeones españoles”; se describen trece apariciones en las batallas contra los indígenas y una de ellas contra los franceses; fue el lazo entre el Viejo y el Nuevo Mundo, entre el Cielo y la Tierra; prueba de su prestigio en América es el número de ciudades, pueblos, aldeas, ríos, colinas, valles, etc. que permiten hablar de una “geografía santiaguista”. En América, Santiago el Mayor se convirtió gradualmente en una figura familiar para los indígenas, quienes lo incorporaron en su folclor, por ejemplo, como actor en las danzas de “moros y cristianos”.

 

Costa Rica no está ausente de la cartografía santiaguista americana, con su primera iglesia dedicada a Santiago (Cartago), una entre ocho que lo tienen por santo patrono. Además, se le dio el nombre del santo a la ciudad fundada por Diego de Sojo en 1605 en Talamanca, la cual duró cinco años, por lo demás cercana a Santiago de Alanje, ya mencionada ciudad colonial panameña, pero en la zona visitada y conocida por los talamanqueños.

En lo que se refiere a Santo Domingo de la Calzada, si se recuerda la ruta de Santiago, sería difícil omitir este sitio. Del santo se dice que hizo muchos milagros, construyó una calzada, un puente y una iglesia y mejoró el trayecto del Camino de Santiago. La catedral es ecléctica: templo gótico de planta románica, ornamentado con estilo renacentista y coronado por torre barroca. Posee muchas obras maestras, y el gallinero gótico que recuerda el mayor milagro del camino de Santiago, que es, según el refrán, que “cantó la gallina después de asada”. El milagro del ave que cantó se recuerda en un gallinero que hay dentro de la catedral, donde siempre están, vivos, un gallo y una gallina blancos. En la repostería de la ciudad, el principal pastel es “el ahorcadito.” La historia del peregrino ahorcado aparece en el Códice Calixtino, de mediados del siglo XII. Existen decenas de referencias repartidas por toda Europa, pero, al menos desde 1350, los documentos la sitúan en Santo Domingo de la Calzada (Pazos, 2014).

 

 

Notas finales

 

No es posible definir cómo se introdujo el episodio del gallo resucitado en la “saga de Sórkula y Sibö̀”. Se han presentado sugerencias al respecto: episodio de origen bribri en la historia, con substitución de una gallinácea nativa por la importada. El episodio pudo venir de otro grupo indígena que hubiera cambiado de ave gallinácea nativa por la importada, en alguna de sus historias. A estas dos posibilidades se añade la del origen español del episodio. En estas historias de la saga SórkuLa y Sibö̀, el demiurgo desempeña el papel de engañador. Sobre tales relatos con “engañador”, afirma Claude Lévi-Strauss (1972): “los mitos que tienen este tipo de personaje están construidos a menudo a modo de mosaico, y por encabalgamientos recíprocos de fragmentos de cadenas sintagmáticas procedentes de mitos distintos…” (p. 160).

Los cuatro relatos bribris incluidos en el presente trabajo participan de la mitología americana relacionada con los instrumentos musicales. Como lo ha manifestado Claude Lévi-Strauss (1968), cada mito (palabra que no empleamos en su uso común de mentira o falsedad, sino en el sentido de la Antigüedad, como historia en la cual, mediante alegorías poéticas, se narraban acontecimientos atribuidos al pasado) es un relato compuesto de capas como las de la pasta de hojaldre o de la cebolla, que empieza con una aparente o virtual (la sintagmática, la que se oye), que sin embargo se puede ir desglosando en capas internas donde se exponen códigos relacionados con los dilemas, las contradicciones, la trama real de la organización social y del pensamiento de una sociedad. Apartar las capas lleva a dilucidar los códigos de las verdades que el mito encierra. Antes señalamos en los relatos de este artículo la capa de los conflictos familiares o los del poder. Otra capa sería la participación de los cantores fúnebres en los ritos funerarios (Cervantes, 1990). Tratar los cuatro relatos por su capa referente a los instrumentos lleva a considerar lo que afirma Lévi-Strauss en De la miel a las cenizas (1972): “correríamos el riesgo de topar con un problema inmenso: el del origen mítico de los instrumentos musicales” (p. 243); obviamente, advierte que desenredar ese tema es una vastísima empresa. Este autor, sin embargo, aún sin referirse a “orígenes”, sí aborda bastante el tema de los instrumentos en las mitológicas, sobre todo a partir de la obra De la miel a las cenizas. En Lo crudo y lo cocido (Lévi-Strauss, 1968) se refiere al tema del estrépito, lo que se relaciona con “la bulla” en los relatos antes transcritos. El mitema “zarigüella” está desarrollado en ambas obras, con muchas connotaciones, pero no con el simbolismo, explícito entre los bribris, de significar las maracas del cantor fúnebre. En ambas obras se pueden examinar temas que relacionan la música con la miel, las pléyades y otras constelaciones, la estación seca, según lo que sugieren también las narraciones bribris presentadas.

 

 

Referencias bibliográficas

 

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Cuadernos de Antropología

Enero-Junio 2017, 27(1)

DOI: 10.15517/cat.v27i1.29061

Recibido: 19-09-2016 / Aceptado: 06-02-2017 / Publicado: 28-06-2017

 

Revista del Laboratorio de Etnología María Eugenia Bozzoli Vargas

Escuela de Antropología, Universidad de Costa Rica

http://revistas.ucr.ac.cr/index.php/antropologia

ISSN 2215-356X

 

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1 Trabajo originalmente presentado como ponencia en la Reunión-Encuentro Red Centroamericana de Antropología, 29 de febrero-2 de marzo, 2012, Universidad de Panamá, Panamá.

2 Narrada por Rubén Segura, tradicionalista de Coroma (Limón, Costa Rica), en visita a María E. Bozzoli, noviembre de 2000, Zapote (San José, Costa Rica). A propósito del nombre Sorblu’, un dato sin relación directa con este trabajo, pero de interés recordarlo, por no estar la referencia en otra fuente, es que en Puentes de Salitre, cantón Buenos Aires (Puntarenas, Costa Rica; 15-17 de setiembre de 1989), me informaron que el nombre del lugar Puentes en Bribri, es Sorblu’ Apöki (lugar donde se enterraban sorblu’; lugar de huacas de sorblu’; cementerio de sorblu’. Oscar Fonseca, en 1996, informó que los bribris no necesariamente aceptan que los restos materiales y humanos antiguos estén relacionados con ellos, sino con seres anteriores, enemigos de Sibö̀ y de los bribris, como los sorblu’). Un dato que puede interesar a este trabajo es que en Salitre (territorio indígena en Puntarenas, Costa Rica), las pléyades se llaman yili y las cuentas de collar yiliwö.

3 Narrada por Mario Nercis, tradicionalista de Coroma y Amubre, Talamanca (Limón, Costa Rica), a María E. Bozzoli, en 2001.

4 Bastón de la ceremonia siákölshtë (Bozzoli, 1979, p. 126, 230); en Talamanca se dice que debía ser hecho de madera de cortez amarillo (o corteza amarilla), y en Salitre, que de ‘roble’. El cortez es una bignoniaceae. De acuerdo con León y Poveda (2000, p. 232-233), tres especies tienen flores amarillas. El “roble” en Salitre es bignoniacea también, pues otras dos especies Tabebuia se denominan “roble”: el roble de sabana y el roble negro (León y Poveda, 2000, p. 601). También denominan ‘siáköl al guayacán o cortez blanco, del género Tabebuia. El bastón llevaba plumas de guacamaya y resonaba. Otra explicación de siáköl como instrumento musical del kuka’ óköm es que era ‘una cajita con un bastoncito’. Es probable que sea la que describe Skinner (1920, p. 89, traducción de la autora): “en ocasiones muy solemnes se usa una caja muy curiosa, como de ocho pulgadas de largo por cuatro de ancho en un extremo. Se ahueca dejándole una lengüeta larga en una cara, aislada mediante una hendedura en forma de U. En un extremo está adherido un mango pesado, también tallado en el mismo trozo. Cuando se usa, simplemente se golpea en la lengüeta con un hueso o palo de madera dura. Esto solamente se usa en la muerte de un jefe”. Otro uso de siáköl es con respecto a huesos de niños: “el cantor golpea dos palitos këköl (Eugenia sp., bastón de cacique), esto se llama siáköl y es para ayudar al espíritu de los niños y para que sus demás hermanos no mueran pequeños y puedan crecer” (Palacios, 1996-1997, p. 37).

5 El caracol marino cambute (Strombus sp.) recibe el nombre dúk. Al parecer la voz duk también significa “lucero del cielo”, pues Pittier (1898, p. 70) así lo especifica, además agrega “estrellas más grandes” y “planetas”. En español “lucero” también es nombre de Venus. La voz actual para cualquier estrella es bëkuö.

6 Sini’ es el título del ayudante del cantor fúnebre. Literalmente es el pecarí grande de manada, el cariblanco. La maraca del cantor fúnebre se asimilaba al zorro pelón o zarigüella.

7 Narrador Arturo Morales Pita, Awá “chamán o médico aborigen” del valle del río Lari, Talamanca (Limón, Costa Rica). Impresa en Bozzoli (1977).

8 Narrador Arturo Morales Pita, Awá “chamán o médico aborigen” del Valle del Río Lari, Talamanca. Impresa en Bozzoli (1977).

9 Probablemente corresponde a la constelación Cruz del Sur. Véase Margery (1989): en cabécar, kuklë es la Cruz del Sur. Véase Lévi-Strauss (1972) donde una gallinácea, una pava Crax sp., es asimilada a la Cruz del Sur.

10 Agradezco a Gilbert Fuentes González, Ing. agrónomo y bibliotecólogo, su colaboración profesional en la búsqueda de esta y otras obras de mitología zoológica.

11 Otro relato en inglés “con gallo y gallina” y atribuido a Santiago el Mayor el milagro, es tomado de una fuente antigua (Roig, s.f.).

12 Gil (s.f.), en esta dirección se encuentra el documento amplísimo con las tempranas versiones de la leyenda del ahorcado. Contiene textos por varios autores relacionados con el Camino de Santiago y los milagros.

13 Gossen (1964) ha señalado los factores que explican que un largo cuento español muy antiguo se conociera en Cartago (Costa Rica): lo recogió de una campesina cuya edad, en 1962, era de 86 años, quien lo aprendió de su abuela.

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