https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/antropologiaCuadernos de Antropología ISSN Impreso: 1409-3138 ISSN electrónico: 2215-356X

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Introducción al estudio del desarrollo de la antropología centroamericana: 1880-2013, de Margarita Bolaños Arquín y María Eugenia Bozzoli Vargas, EUCR, marzo, 2015, primera edición, San José, xvii, 166 pp.: il. ISBN 978-9968-46-461-1

 

 

Milton Machuca-Gálvez

 

Latin American and Latino Studies, Swarthmore College, Swarthmore, PA, EE.UU.

mmachuc1@swarthmore.edu

 

 

 

A finales del 2014, recibí la convocatoria de la Red Centroamericana de Antropología para el X Congreso Centroamericano de Antropología, el cual se celebró en Mérida, Yucatán, México, en marzo de 2015. Para mí, este era un congreso sumamente importante porque, tras años fuera de la región y formado profesionalmente en una universidad estadounidense, tenía interés en conocer más sobre el quehacer antropológico y hacer conexiones con colegas antropólogos de la región.

 

El congreso fue más allá de mis expectativas: las ponencias, las mesas, las charlas magistrales y los libros. Para cualquier académico, adquirir libros es un placer; los que se compran en conferencia o en ferias del libro todavía más porque generalmente son lo más reciente y se compran anticipando la estimulación intelectual que van a proveer. La selección en el Congreso era muy amplia y me moderé para no comprar más de lo que podía cargar.

 

El último día de la conferencia, un poco antes de iniciarse el evento de clausura, dos señoras de porte elegante y distinguido se acomodaron en una esquina del auditórium, con una caja de cartón en su regazo, y anunciaron que tenían a la venta los últimos ejemplares que habían traído al congreso de su historia de la antropología centroamericana, que era mejor asegurarse una copia ya y no esperar a más tarde bajo riesgo de que se agotaran. Y como los estaban vendiendo como pan caliente, yo, sin esperar más, me uní a la cola, billete en mano, y conseguí mi copia. Demás está decir que me impactó cuando supe que las vendedoras no eran ni más ni menos que las autoras mismas, ya que son nombres reconocibles como punto de referencia del quehacer antropológico centroamericano –de haberlo sabido habría pedido que autografiaran mi copia.

 

Antes de comentar el libro que me ocupa, es pertinente destacar la carrera de las dos autoras. Para el lector que está familiarizado y conoce, podrá parecerle discutir lo obvio, pero como es precisamente lo obvio lo que más ilumina en Antropología, no está de más hacer un breve recuento sobre su reconocida trayectoria. Me tomo la libertad de parafrasear la información que aparece en la última hoja del libro.

 

Doña María Eugenia Bozzoli Vargas (Costa Rica, 1935) es una de las académicas costarricenses más destacadas de la región centroamericana. Se graduó a nivel de pregrado (1956) y maestría en Arqueología (1958), por la Universidad de Kansas, Lawrence; posteriormente, completó su doctorado en Antropología en la Universidad de Georgia, Athens (1975). Pionera de la Antropología en su país, a partir de 1962 fue docente e investigadora en la Universidad de Costa Rica (UCR). Entre sus numerosas publicaciones sobre asuntos rurales, indígenas, ecológicos y de diversidad cultural sobresalen Localidades indígenas costarricenses, El nacimiento y la muerte entre los bribris y La frontera agrícola de Costa Rica y su relación con el problema agrario en zonas indígenas. Desde 1992, es profesora emérita en la Escuela de Antropología de la UCR, además de Académica de Silla de la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica. En el 2000, recibió el premio Bronislaw Malinowski, otorgado por la Society for Applied Anthropology de EE.UU.; y en el 2001, el Premio Nacional de Cultura Magón –máximo galardón otorgado por el Gobierno de Costa Rica como reconocimiento máximo a un ciudadano por la labor de una vida contribuyendo en el campo cultural. Además, el laboratorio de etnología fue nombrado en su honor.

 

Margarita Bolaños Arquín (Costa Rica, 1952) es licenciada en Antropología Social y máster en historia por la UCR, y doctora en Antropología por la Universidad de Kansas, Lawrence (1999). En la UCR, fue profesora, directora del Departamento de Antropología, de la maestría en Antropología y de la Sede del Atlántico. Miembro del Consejo Consultivo del Estado de la Nación desde el 2010; además, fundadora de la Red Centroamericana de Antropología y presidenta ejecutiva de la Asociación Latinoamericana de Antropología. Sus publicaciones abordan temas históricos e indígenas, así como trabajos sobre el desarrollo de la disciplina; tales como, Aproximación histórica al desarrollo de la antropología norteamericana en Centroamérica: 1930-1990, La antropología social costarricense en el marco del contexto centroamericano de finales del siglo XX y Retos de la antropología centroamericana en el presente decenio.

 

La Introducción al estudio del desarrollo de la antropología centroamericana es un tomo de unas 170 páginas modestamente publicado; consta de un prólogo, ocho capítulos, veintiuna fotografías, dos anexos y referencias bibliográficas y obras ilustrativas del desarrollo de la Antropología en Centroamérica. El deseo de las autoras es que su libro sea una contribución a “la enseñanza de la Antropología en Centroamérica y al conocimiento de su desarrollo como disciplina, así como sus aportes al entendimiento de las naciones que conforman el Istmo centroamericano” (p. X).

 

En el prólogo, escrito por Gabriel Ascencio Franco, se acota la posición de las autoras, quienes prefieren concebir la región más como América Central (entidad geográfica y sociopolítica) que como Centroamérica (entidad histórica)1; esta distinción permitirá incluir a Panamá y a Belice, además de los cinco países tradicionalmente centroamericanos (Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica), al igual que acomodar la perspectiva política con la que se aborda la periodización utilizada en la obra. Asimismo, recuerda el tono didáctico del volumen y su valor como obra pionera sobre el tema.

 

El capítulo I, “Generalidades sobre la antropología en Centroamérica: 1880-2013”, indica el origen académico del libro y la reflexión que se originó a partir del cuestionamiento “sobre cuán propia o cuán ajena era nuestra producción antropológica” y del que surgieron las preguntas: “¿Por qué siguen las antropologías centroamericanas distintas rutas en su consolidación como disciplina? ¿Qué tienen en común todas estas antropologías? ¿Podemos hablar de una antropología del sur?” (p. 1). Estas interrogantes se ventilaron en (1) la experiencia de enseñanza e investigación de las autoras, (2) las reflexiones surgidas en los congresos centroamericanos de antropología y (3) el apoyo e impulso de varios antropólogos de la región. De ello surgió una periodización que “ha servido de matriz ordenadora de la producción antropológica, nacional, regional y foránea en Centroamérica” (p. 4). Por lo tanto, hay que subrayar que el libro ofrecerá una visión a vuelo de pájaro de pioneros, eventos históricos, eventos y logros profesionales, que marcaron el caminar y conformaron la arquitectura profesional de la Antropología en el istmo centroamericano. Las autoras reconocen la mitad del siglo XX como el momento de “la profesionalización de la disciplina en las universidades nacionales”, sin olvidar la existencia de “algunas iniciativas para hacer investigación antropológica desde finales del siglo XIX” y, ya en pleno siglo XX, la promoción y el patrocinio de otros tipos de actividad antropológica “con el apoyo de profesionales e instituciones académicas extranjeras”, como parte de proyectos nacionales (p. 5). Asimismo, señalan la influencia del indigenismo y su estrecha relación con la evolución del pensamiento antropológico centroamericano. Las autoras reconocen de manera reflexiva que escriben su libro desde Costa Rica, un país que conocen mejor que los del resto de la región, aunque han hecho esfuerzos para reducir ese “tiquicentrismo” y presentar una visión en la cual prime lo regional antes que lo nacional. Finalmente, señalan los objetivos a partir de los cuales hicieron su lectura del desarrollo de la disciplina (p. 13).

 

Los capítulos del II al VI desarrollan cronológicamente los cinco períodos que conforman la visión del desarrollo de la antropología de las autoras – huelga decir que la periodización es muy flexible y los períodos se traslapan. Aquí resalta el criterio pedagógico, central en la redacción y estructuración de esta obra, ya que lo hacen a través de una matriz que sirve para para examinar sistemáticamente cada período, a saber: características generales; contexto socio-político centroamericano; encuentros académicos; obras representativas de la temática y obras influyentes; y breve resumen del período.

 

El Capítulo II, “El surgimiento”, abarca el período de 1880-1945, el que las autoras categorizan como “[L]os estudios antropológicos y las construcciones de la identidad nacional en Centroamérica” en el que tienen peso “[L]a indianidad y el mestizaje como preocupaciones principales” (p 15). Este es un período en el que pensadores mexicanos como José Vasconcelos influyen enormemente y en el que regresan los primeros antropólogos formalmente entrenados al istmo.

 

El Capítulo III, “La profesionalización”, contempla de 1945 a 1970 y se identifica como el período de “[L]os estudios antropológicos y la modernización de las sociedades rurales centroamericanas” y “Ladinización, integración, cambio social y modernización de las economías rurales tradicionales” (p. 33). A la influencia del indigenismo mexicano se agrega la de los estudios de comunidad de la antropología estadounidense. Contra el telón de fondo de la guerra fría, se fraguan procesos sociopolíticos locales que tendrán influencia enorme a largo plazo. Los antropólogos de este período siguen formándose fuera de la región.

 

El Capítulo IV, “Confrontación teórica en la disciplina y enfrentamiento de la crisis sociopolítica”, cubre de 1970 a 1985 subrayando “[L]os estudios antropológicos y la lucha étnica y campesina; la violencia doméstica y de género; el deterioro ambiental y el fracaso de las políticas de modernización e integración de las sociedades rurales” (p. 47). Este período está marcado por el interés en hacer una antropología propia, la emergente centroamericanización de la violencia política, la creación de entidades que apoyan las ciencias sociales (p.ej., el CSUCA): en fin “[E]s un periodo de intenso debate teórico y de rica producción en las Ciencias Sociales centroamericanas” (p. 58).

 

El Capítulo V, “En el contexto de los procesos de la globalización”, de 1985 a 2000, se describe como “[L]os estudios antropológicos y las alternativas populares de desarrollo, las culturas populares, la economía informal, la sostenibilidad de los sistemas tradicionales de producción, el ecoturismo, desarrollo sostenible y nuevas alternativas de poder” (p. 59). Es un período de mayor definición de la disciplina. Nuevos actores sociales son objeto de estudio (grupos urbanos, mujeres, migrantes).

 

Se reflexiona sobre la necesidad de desarrollar la antropología centroamericana mediante esfuerzos propios en lo organizativo, en lo metodológico y lo teórico (…) Las universidades públicas centroamericanas y del sur de México fundan la Red Centroamericana de Antropología (…) se nota expansión de la docencia de la antropología en grado y posgrado, así como en cursos para otras carreras (p. 75).

 

El Capítulo VI, “La antropología centroamericana, una entre las antropologías mundiales”, de 2001 a 2013, examina: “Las preocupaciones y tendencias de la antropología centroamericana, en el marco de la globalización como nueva revolución cultural de la humanidad” (p. 77). Hubo un avance por acumulación de logros en períodos previos; junto a un cambio de perspectiva, precipitado por la globalización, “sobre las relaciones de ‘las antropologías del sur’ y las de los países hegemónicos”; “aumentaron significativamente los congresos centroamericanos e internacionales celebrados en Centroamérica” y las publicaciones y se establecieron “nuevos programas de licenciatura y posgrado” (p. 106).

 

El Capítulo VII, “Aportes de la antropología mexicana para la comprensión de Centroamérica: reflexiones desde la antropología social costarricense”, cambia la tónica de los capítulos anteriores y se centra en “las relaciones de la Antropología mexicana con la centroamericana” (p. 107). Es un capítulo lleno de muchos detalles que ilustra cómo la antropología centroamericana del siglo XX estuvo fuertemente influida inicialmente por la escuela mexicana y, más tarde, por la escuela marxista latinoamericana. Asimismo, las autoras ponen en evidencia que aún dentro del común denominador centroamericano, cada país siguió rutas diferentes para consolidar la profesión –y lo hacen examinando muy de cerca la influencia de México en Costa Rica.

 

El Capítulo VIII, “¿De dónde procedemos? ¿Adónde hemos llegado? ¿Hacia dónde vamos?”, es una brevísima reflexión sobre la continuidad y el cambio de la antropología centroamericana y se plantea cuál será el futuro y los desafíos de la disciplina en esta Centroamérica, a veces tan olvidada y marginal en un mundo globalizado cada vez más afectado no sólo por los retos endémicos de la pobreza, la desigualdad social, la corrupción política y la violencia, sino por los alarmantes cambios del Antropoceno.

 

Al final, el libro presenta dos anexos; el primero es una lista de Integrantes de la Red Centroamericana de Antropología al 2013; y el segundo es una tabla que resume los Congresos de la Red Centroamericana de Antropología. Estos anexos son pertinentes por cuanto muestran una instantánea reciente de la trayectoria, el alcance y presencia institucional de la antropología centroamericana.

 

Después de leer este libro, queda claro que existen al menos dos antropologías centroamericanas, la que se ha hecho sobre la región y la que se ha producido en la región. La primera, aunque ha contribuido al conocimiento antropológico del área región, ha sido de carácter extractivo y realizada por antropólogos del Norte global –muchas veces en un idioma accesible únicamente a un reducido grupo de profesionales. La segunda, de la que se ocupa el libro, es la que ha sido producida por los propios centroamericanos en esta esquina del Sur global.

 

Escribía Gracián en su Oráculo manual y arte de la prudencia, “lo bueno, si breve, dos veces bueno” (2011, p. 374). Precisamente, el libro de Bozzoli Vargas y Bolaños Arquín es un libro breve, sencillo, claro, sistemático, expositivo y fácil de seguir; al mismo tiempo, es informativo, profundo y serio, da pistas sobre los contextos históricos centroamericanos que permiten entender los cauces por los que se ha deslizado el desarrollo de la Antropología en la América Central. Es tinta fresca que recoge experiencias recientes y no tan recientes, pero lo suficientemente importantes como para que recuerdos, detalles y memorias no se pierdan.

 

El libro tiene sus limitaciones; voy a señalar tres. Primera, es evidente que las autoras conocen más de la experiencia de Costa Rica. Ellas lo reconocen, pero aun así hace sombra y produce errores por comisión o por omisión. Por ejemplo, Reina Torres de Araúz (la figura trascendental de la antropología panameña del siglo XX y formada en Argentina) no corresponde al primer período de 1880-1945; Reina Torres –sin el de Araúz– apenas habría cumplido trece años en 1945; por tanto, su contribución corresponde al siguiente período. Segunda, aunque no se niega el impacto de los antropólogos estadounidenses en el desarrollo de la Antropología en Centro América, sorprende que (excepción hecha de Richard Adams), únicamente se mencione el trabajo del estadounidense Philippe Bourgois como obra influyente (período 1970-1985, p. 55). ¿Cuál fue el criterio? ¿Traducción de su trabajo al castellano? Entonces, ¿Por qué no incluir el trabajo de Marc Edelman cuyo impacto es similar al de Bourgois y también ha sido traducido? Tercera, que en realidad son dos y más bien sugerencias para la segunda edición, el libro carece de un índice onomástico y un índice analítico. De más está decir las ventajas de contar con uno. Sería más efectivo y orientador si el título de cada capítulo incluyera los años del período, por ejemplo, Capítulo II – “EL SURGIMIENTO: 1880-1945”.

 

Continuidad y cambio son ejes centrales del quehacer antropológico; Bozzoli y Bolaños ofrecen una narrativa, una manera de ver el desarrollo de la antropología centroamericana en sus continuidades y en sus constantes cambios; obviamente, no es la única manera de abordar el tema y es allí precisamente donde el libro es a la vez reto e invitación porque abre la posibilidad a otras narrativas que lo complementen. Es punto de llegada y a la vez punto de partida.

 

En suma, con Introducción al estudio del desarrollo de la antropología centroamericana: 1880-2013, Bolaños y Bozzoli ofrecen un muy necesario y necesitado examen del caminar de la antropología por el istmo centroamericano. Su análisis lúcido, su organización cronológica y su prosa sin jerga profesional lo hacen accesible tanto a los no especialistas como a los estudiantes de Antropología. Una segunda edición con las debidas correcciones es de rigor; y esta vez sí voy a conseguir que me lo autografíen.

 

 

Referencias bibliográficas

 

Fonseca, E. (2013). Centroamérica: su historia. San José, Costa Rica: Editorial UCR.

Gracián y Morales, B. (2011). Obras completas; edición, introducción y notas de Santos Alonso. Madrid: Cátedra.

Pérez, H. (2000). Breve historia de Centroamérica. Madrid: Alianza Editorial.

 

 

 

Cuadernos de Antropología

Enero-Junio 2017, 27(1), 1-6

 

Revista del Laboratorio de Etnología María Eugenia Bozzoli Vargas

Escuela de Antropología, Universidad de Costa Rica

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ISSN 2215-356X

 

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1 Otros autores han hecho esta distinción. Véase, por ejemplo, Fonseca (2013) y Pérez (2000).

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