
La escucha psicoanalítica y los recursos psicodramáticos en hombres
Actualidades en Psicología, 35(130), 2021, 75-95
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En efecto, en Costa Rica, los datos indican que por cada mujer que muere en accidentes
viales 7 hombres lo hacen, mientras que más del 80% de las víctimas por homicidio
son hombres (Comisión Técnica Interinstitucional sobre Estadísticas de Convivencia y
Seguridad Ciudadana, 2019). De igual forma, un 80.7% de suicidios corresponde a la
población masculina (Poder Judicial, 2019; Molina, 2019), cifra similar en todo el mundo.
En relación al cuerpo como destino de la autoagresión, Lema (2014) plantea que
aquello que no tiene lugar en la palabra se encuentra en el cuerpo en donde se
encuentran algunos posibles efectos del estrago materno, a saber: impulsividad,
toxicomanías, distorsiones de la imagen corporal, entre otros. Además, siempre ha
habido una inscripción simbólica y literal en el cuerpo que “producen y reproducen
cuerpos haciéndolos objetos de clasificaciones, categorizaciones, modas, prohibiciones,
prescripciones” (Fernández, 2001, p. 266).
Por tanto, el cuerpo del que habla el psicoanálisis resulta significativo, ya que se refiere
“de un cuerpo que habla, o cuerpo hablado, al menos de un cuerpo que habrá de
manifestarse deviniendo palabra” (Fernández, 2001, p. 264). Se plantea que este cuerpo
del que se habla es uno que se hace presente en función de la aparición del síntoma,
como forma de lenguaje.
Precisamente, Freud planteaba que “la compulsión de repetición devuelve también
vivencias pasadas que no contienen posibilidad alguna de placer, que tampoco en aquel
momento pudieron ser satisfacciones…” (1920/1976, p. 20). Así, el paciente repite lo que
no consigue recordar, de forma que repite/actúa lo reprimido como una vivencia actual
para no recordarlo (Freud, 1914/1976). La hostilidad o pulsiones destructivas hacia los
objetos exteriores retornan y se dirigen contra sí mismo (Freud, 1915-1917/1976; Miller,
1998; Miller, 2009).
Para Freud, el trauma “se trata de un acontecimiento que altera una regulación y no
puede explicarse” (1932, citado en García, 2005, p. 10); no lo refiere a algo extraño que
aparece de la nada, sino a lo familiar que se vuelve extraño ante un evento externo,
por lo cual plantea el concepto de lo ominoso, entre la familiaridad y la extrañeza. Es
decir, para Freud el trauma sería el encuentro de una fantasía interna anudada con un
acontecimiento del exterior (Freud, 1932 citado en García, 2005).
Por su parte, Lacan indica que en el trauma no hay motivación sino repetición y lo
describe como un evento que no ha sido articulado en un mito (2003, citado en
García, 2005); por cuanto, un acontecimiento actual o vivido será traumático conforme
toque lo real de un acontecimiento anterior. Se refiere a algo que, antes desaparecido,
irrumpe, reaparece, cambiando la organización simbólica que tenía. De esta forma,
para él el trauma es “un hecho real articulado en un lenguaje” (1992, García, 2005, p.
37). Nos habla de un agujero donde no hay palabras, no obstante, “hace hablar, ordena
el discurso” (García, 2005, p. 56).
Para Lacan, el trauma, como encuentro con lo real que irrumpe, solo puede cambiarse
mediante un forzamiento sobre el lenguaje, lo simbólico, para cambiar el sentido
imaginario (1993, citado en García, 2005). Más adelante, el autor afirma “el cuerpo, si
lo tomamos en serio, es el primero que puede llevar la marca propia que lo ordena en
una serie de significantes” (Lacan, 2012, p. 432.). Nos habla así de un anudamiento entre
lenguaje y cuerpo en relación con las marcas que deja el trauma.
Así, Freud señalaba que las palabras pueden estar ligadas a algunos afectos, por cuanto
buscaba desligar y volver a ligar cargas de afecto; desde una postura post freudiana, no