
El método de trabajo con los sueños
Actualidades en Psicología, 34(129), 2020, 91-107
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Actualmente, es muy habitual que esos testimonios se publiquen en diversos medios:
revistas, libros, memorias de congresos o jornadas, entre otros. Este abundante material
clínico, publicado por los mismos AE y relatado en primera persona, es útil para estudios
como este, donde se utilizan únicamente testimonios que han sido publicados de forma
abierta para todo público. El hecho de que se trate de publicaciones abiertas permite que
todo investigador pueda utilizarlos sin necesidad de pedir consentimiento, pues se trata
de un material disponible, entregado a la comunidad psicoanalítica en el mismo formato
que cualquier texto teórico.
El trabajo con los sueños desde una perspectiva lacaniana
Como lo hemos señalado previamente (Labaronnie, 2015) en su artículo Retorno a la
interpretación de los sueños, López (2009) distingue dos tipos de práctica lacaniana,
que le parecen desprendidos de dos concepciones levemente diferentes de la noción de
“letra”. Para el autor, ambas orientaciones coinciden en que se trata de una noción forjada
para nominar aquello del lenguaje que podría estar más cercano a su materialidad. Es
decir que ambas consideran que esta noción es una formalización posible de aquello que
hace límite y también empalma lo simbólico con lo real. No obstante, se diferencian por
el lugar que confieren a los efectos de sentido.
Una de esas orientaciones, basada en la noción de letra como soporte material del
lenguaje, habilitador del encuentro con nuevos sentidos (Lacan, 1957/2003), perfila el
trabajo con los sueños hacia una técnica del significante, “como medio para producir el
chisporroteo del sentido insospechado” (López, 2009, p. 133). La otra, en cambio, se basa
en una concepción de la letra en tanto “marca”, rasgo que inscribe el “fuera de sentido”
(Lacan, 1971/2012), con el cual privilegia la práctica del corte en el abordaje del material
onírico, para posibilitar el encuentro en acto del sujeto con el agujero que hay en su
parloteo, y vaciar sus identificaciones imaginarias.
López no considera que ambas orientaciones sean inconciliables; antes bien, encuentra
a la segunda concepción de letra, ya insinuada en los primeros trabajos de Lacan y,
por lo tanto, no en ruptura, sino en continuidad con su primera propuesta. En especial,
puntualiza el hecho de que la interpretación, para Lacan, ya desde 1957 “se opone a toda
operación de decodificación de un sentido previo” (López, 2009, p. 134).
Lacan (1973-1974) sostenía que, si la cuestión gira en torno al sentido, desemboca siempre en
un sentido sexual, como lo mostró Freud. Brousse (1997) fue una de las primeras en retomar
este tema a partir de los sueños comentados en testimonios de pase. Los hallazgos producto
de este dispositivo la llevaron a afirmar que “entre Freud y Lacan el lugar del analista dentro
del tratamiento ha cambiado” (p. 28). Afirma que, puesto que el analista ya no opera a partir
de la significación fálica, el despliegue de la misma queda a cargo del analizante.
Por su parte, Basz ha afirmado que “hay un saber hacer con los sueños que es distinto
a interpretarlos. (...) Se trata fundamentalmente de situar en acto lo real como causa y
la consecuente captación de un estallido inédito del estatuto del Otro” (2012, p. 101). A
partir de Lacan, lo real ubicado como causa concierne al goce, al objeto y a la letra, pero
no a la significación; lo cual conduce a un modo diferente de recibir los sentidos de la
asociación libre en análisis.
Algunos analistas (Brousse, 1997; Cottet, 2000; Klotz, 2000; Basz, 2012) han considerado
que esta orientación hacia la reducción de los sentidos es la causante de que los sueños
relatados en los testimonios sean tan escuetos y valgan más por unas pocas ideas que el
soñante asocia que por lo que el analista haya interpretado.