
Actualidades en Psicología, 33(126), enero-junio 2019, 51-68
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Introducción
La tasa de fecundidad internacional es de 2.5 hijos por mujer (Organización de las
Naciones Unidas, 2014) por tanto una gran proporción de habitantes en el mundo tiene al
menos un/a hermano/a. Diariamente los hermanos pasan muchas horas juntos (Tucker,
McHale, & Crouter, 2008) y esto favorece el establecimiento de una de las relaciones
más duraderas y significativas en la vida (Craft-Rosenberg, Montgomery, Hill, Kauder, &
Eisbach, 2011). En las familias latinas (cf. Parke & Buriel, 2007) las relaciones fraternas
son centrales porque culturalmente promueve el cuidado y apoyo de los hermanos
mayores -principalmente mujeres- hacia los menores (East & Hamill, 2013), por tanto,
en el sistema de relaciones fraternas se desempeñan tareas de cuidado, protección y
monitoreo en la ausencia de los padres (Cicirelli, 1994), gracias a que operan a través de
valores y comportamientos relacionados con el respeto, el apoyo y asistencia hacia padres
y hermanos (Fuligni, 2007).
En estas condiciones, los hermanos menores aprenden de los mayores, valores,
conocimientos y habilidades cognitivas, emocionales y sociales para un adecuado ajuste
psicosocial (Cicirelli, 1994; Tucker et al., 2008). Así, los hermanos se posicionan como
agentes de socialización (McHale, Updegraff, & Whiteman, 2012) junto con los padres
(Grusec & Davidov, 2010), sin embargo, se ha priorizado el estudio de los mecanismos
de socialización parental (cf. Bugental & Grusec, 2007) sobre los fraternos (Brody,
2004; McHale et al., 2012; Buist, Deković, & Prinzie, 2013), a pesar de que los hermanos
contribuyen en la conformación de la identidad (Davies, 2014), en el aprendizaje de
habilidades sociales (Downey, Condron, & Yucel, 2015), en la auto regulación emocional
y en el establecimiento de relaciones interpersonales positivas con otros (Brody, 2004).
Aún en la adolescencia y la edad adulta, los efectos de las interacciones entre hermanos
pueden observarse sobre la autonomía, la seguridad, la satisfacción con la vida (Hollifield
& Conger, 2014), el establecimiento y calidad de las relaciones románticas (Doughty,
McHale, & Feinberg, 2015) y sobre el comportamiento sexual (Widmer, 1997).
Cuando los agentes de socialización influyen sobre los comportamientos, actitudes,
valores, ideas, creencias, símbolos culturales, significados y códigos de conducta relativos a
la sexualidad, entonces el fenómeno de estudio se conceptúa como “socialización sexual”
(Shtarkshall, Santelli, & Hirsch, 2007). Este proceso es multidimensional y participan
diversos agentes, por ejemplo, padres (Kincaid, Jones, Sterrett, & McKee, 2012), maestros
(Shtarkshall et al., 2007), amigos (Fontenberry, 2013) y medios de comunicación (Ugarte,
Högberga, Valladaresc, & Esséna, 2013). Existe evidencia empírica que documenta que
los hermanos también fungen como agentes de socialización sexual (Wallace, Hooper, &
Persad, 2014; Widmer, 1997) y la descripción de las interacciones fraternas y mecanismos de
influencia sobre el comportamiento, podrían proporcionar información complementaria
sobre el proceso de socialización sexual familiar (McHale et al., 2012).
De acuerdo con Grusec y Davidov (2010), las interacciones de socialización se pueden
clasificar por su función evolutiva/adaptativa, en aquellas que tienen como meta la
protección, el aprendizaje guiado, el control y la reciprocidad. Por tanto, el presente estudio
parte de este enfoque para describir las interacciones de socialización sexual fraternas.
Enríquez, Sánchez, Arias & Robles