Comportamientos proactivos en el trabajo: adaptación
y análisis psicométrico de una escala
Resumen.
Objetivo: adaptar la Escala de Comportamientos Proactivos de Belschak y Den Hartog, y analizar
sus propiedades psicométricas. Método: se realizó un estudio instrumental sobre una muestra no probabilística
de 461 trabajadores argentinos. Resultados: análisis factoriales indicaron la pertinencia de un modelo oblicuo de
tres factores (SBχ
2
= 1.79; GFI = .95; CFI = .94; RMSEA = .03) rotulados como comportamientos proactivos
orientados a la organización, a los demás, y a uno mismo, respectivamente; con 10 variables observables, invariante
según sexo y con adecuada confiabilidad (α = .78;
= .77; ω= .72). Se obtuvo evidencia de validez convergente-
CR
discriminante y concurrente a partir del cómputo del índice AVE (AVE > .50; √AVE < r
s
), y de sus correlaciones
con medidas de personalidad proactiva (CP orientados a la organización: r
s
= .34,
p
< .01; CP orientados a
los demás: r
s
= .30,
p
< .01; CP orientados a uno mismo: r
p
s
= .36,
p
< .01), satisfacción (CP orientados a la
organización: r
s
= .40,
p <
.01; CP orientados a los demás: r
s
= 31,
p
< .01; CP orientados a uno mismo: r
p
s
= .44,
p
< .01) e implicación laboral (CP orientados a la organización: r
s
= .36,
p
< .01; CP orientados a los demás: r
p
s
=
.25,
p
< .05; CP orientados a uno mismo: r
s
= .42,
p
< .01). Conclusión: se han obtenido evidencias de validez,
invarianza factorial y confiabilidad de la versión argentina del instrumento.
Palabras clave.
Proactividad, comportamientos auto-motivados, trabajadores, instrumento de medida, análisis
factorial.
Abstract.
Objective: To adapt the Belschak & Den Hartog Proactive Behaviours Scale and analyze their
psychometric properties. Method: An instrumental study was carried out on a non-probabilistic sample of 461
Argentine workers. Results: Factorial analysis indicated an oblique model of three factors (SBχ
2
= 1.79; GFI
= .95; CFI = .94; RMSEA = .03) labeled as proactive behaviours pro-organizational, prosocial and pro-self,
respectively, with 10 observable variables, invariant across to sex and with adequate composite reliability =
.78;
CR
= .77; ω = .72). Evidence of convergent, discriminate and concurrent validity was obtained from the
CR
calculation of the AVE index (AVE > .50; √AVE < r
s
) and its correlations with measures of proactive personality
(pro-organizational proactivity: r
s
= .34,
s
p
< .01; prosocial proactivity: r
p
s
= .30,
p
< .01; pro-self proactivity: r
s
= .36,
p
< .01), job satisfaction (pro-organizational proactivity: r
p
s
= .40,
p
< .01; prosocial proactivity: r
p
s
= 31,
p
< .01; pro-self proactivity: r
p
s
= .44,
p
< .01) and job involvement (pro-organizational proactivity: r
p
s
= .36,
p
<
p
.01; prosocial proactivity: r
s
= .25,
p
< .05; pro-self proactivity: r
p
s
= .42,
p
< .01). Conclusion: evidence of validity,
p
factor invariance and reliability of the Argentine version of the scale were obtained.
Keywords.
Proactivity, self-starting behaviours, workers, measuring instrument, factorial analysis.
1
Solana Magalí Salessi. Universidad Nacional de Rosario, Argentina, Consejo Nacional de Investigaciones Científi cas y Técnicas.
Argentina. Dirección Postal: Ins. de Investigaciones de la Fac. de Hum. y Artes: Entre Ríos 758, CP (2000), Rosario, Argentina.
E-mail: solanasalessi@uca.edu.ar
2
Alicia Omar. Universidad Nacional de Rosario, Argentina, Consejo Nacional de Investigaciones Científi cas y Técnicas. Argentina.
E-mail: agraomar@yahoo.com
Solana Magalí Salessi
1
Alicia Omar
2
Universidad Nacional de Rosario, Argentina
Consejo Nacional de Investigaciones Científi cas y Técnicas, Argentina
Proactive Work Behaviours: Adaptation and
Psychometric Analysis of a Measure
ISSN 2215-3535
DOI: https://doi.org/10.15517/ap.v32i124.30642
Actualidades en Psicología, 32(124), 2018, 33-49
http://revistas.ucr.ac.cr/index.php/actualidades
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Salessi & Omar
Actualidades en Psicología, 32(124), 2018, 33-49
34
Introducción
El término proactividad hace referencia a un conjunto amplio y diverso de conductas
auto-motivadas y orientadas al cambio, que pretenden influir en el ambiente con el fin
de lograr ciertos objetivos individuales, grupales u organizacionales (Belschak & Den
Hartog, 2017; Fatimah, Ferris, & Frese, 2016; Grant & Ashford, 2008; Parker & Collins,
2010). Si bien las primeras publicaciones sobre la temática se remontan al último
cuarto del siglo XX (Ashford & Cummings, 1985; Bateman & Crant, 1993; Frese, Fay,
Hilburger, Leng, & Tag, 1997), solo recientemente la proactividad se ha posicionado
como un tópico central para los estudiosos del comportamiento organizacional. Este
renovado interés quizás se deba al reconocimiento de que, además de erigirse en una
fuente de mayor satisfacción y compromiso, el comportamiento proactivo puede
contribuir a la competitividad organizacional (Thomas, Whitman, & Viswesvaran, 2010;
Tornau & Frese, 2013).
En el estudio de la proactividad se identifican dos tendencias. Por un lado, una
perspectiva de rasgo; por otro lado, un enfoque de corte situacional o interaccionista.
Mientras la primera entiende a la proactividad como una disposición endógena estable
y permanente (Bateman & Crant, 1993; Frese et al., 1997); la segunda la concibe como
un modo de comportarse que varía en función de las diversas circunstancias y contextos
(Belschak & Den Hartog, 2017; Parker & Bindl, 2017). La investigacn contemponea
se encuentra enmarcada en esta segunda perspectiva, argumentando que, conceptualizar
a la proactividad en los términos de rasgo, ofrece muy poca información respecto a qué
comportamientos deberían ser considerados “proactivos”. Asimismo, en la literatura
actual la denominada personalidad proactiva (Bateman & Crant, 1993) es considerada
tan solo uno de los componentes de una constelacn más amplia de constructos
relacionados a la proactividad (Crant, Hu, & Jiang, 2017; Parker & Collins, 2010;
Thomas et al., 2010; Tornau & Frese, 2013).
Si bien podría presuponerse que la proactividad se reduce, exclusivamente, a conductas
extra-rol, los especialistas (Belschak & Den Hartog, 2017; Fatimah et al., 2016; Grant
& Ashford, 2008; Parker & Collins, 2010) coinciden en salar que, todos los tipos
de desempo, sean ejecuciones inherentes al rol o acciones que trascienden sus
requerimientos formales, pueden ser más o menos proactivos.
En efecto, los criterios actuales para identificar a una conducta como tal son: (1) que
sea un comportamiento voluntario basado en motivaciones intrínsecas antes que una
accn requerida o coaccionada; (2) que sea una acción centrada en el futuro, es decir,
relacionada con la anticipación de oportunidades o problemas; (3) y finalmente, que sea
una conducta orientada a producir cambios en uno mismo, en el entorno o en los demás
(Belschak & Den Hartog, 2017; Fatimah et al., 2016; Parker & Bindl; 2017; Tornau &
Frese, 2013).
La investigacn desarrollada a lo largo de estos treinta años ha proporcionado numerosas
evidencias de las diferentes formas que puede asumir el comportamiento (Ashford &
Cummings, 1985; Frese et al., 1997; Morrison & Phelps, 1999). No obstante, Parker y
Collins (2010) han demostrado que todas ellas pueden ser subsumidas en tres categoas
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de orden superior; a saber: (a) comportamientos proactivos de ajuste persona-ambiente,
que abarcan acciones tendientes a lograr una mayor compatibilidad entre los propios
atributos y el entorno organizacional (búsqueda de retroalimentación, negociación de
tareas, incitativa personal, etc.); (b) comportamientos laborales proactivos, que engloban
los esfuerzos orientados a introducir mejoras en el entorno de trabajo inmediato (toma de
control, comportamientos de voz, prevención de problemas, etc.) y; (c) comportamientos
estratégicos proactivos, que incluyen acciones orientadas a promover la adaptación de
la organización al sistema del cual forma parte (por ejemplo, persuasión sobre temas
estratégicos y exploración del mercado en busca de oportunidades o amenazas).
En la misma línea, otros autores (Belschak & Den Hartog, 2010; 2017; Grant & Ashford,
2008) han propuesto que los comportamientos proactivos pueden ser clasificados
en funcn de si se dirigen a objetivos individuales, grupales u organizacionales.
Estableciendo así las categorías de: (a) proactividad pro-individual, centrada en mejorar
el propio desempeño del empleado; (b) proactividad prosocial, direccionada a potenciar
el funcionamiento de los comperos y, a través de ellos, del equipo; y (c) proactividad
pro-organizacional, focalizada en contribuir al logro de las metas organizacionales. En
el marco de esta conceptualización, Belschak y Den Hartog (2010) han desarrollado un
instrumento de medida: la Escala de Comportamientos Proactivos.
La validación inicial fue realizada sobre una muestra de trabajadores holandeses
pertenecientes a 86 empresas e industrias de diversos rubros. El conjunto preliminar
de ítems se elaboró a partir de medidas preexistentes de iniciativa personal (Frese
et al., 1997), proactividad hacia las organizaciones (Griffin, Neal, & Parker, 2007) y
comportamientos de ayuda (Podsakoff, MacKenzie, Paine, & Bachrach, 2000). Si bien
estudios previos (Belschak & Den Hartog, 2010; 2017; Hwang, Han, & Chiu, 2015)
han reportado evidencias de validez y confiabilidad de este instrumento, hasta el
momento no se dispone de una versn adaptada para poblaciones hispanoparlantes.
Con miras a cubrir ese vacío empírico-instrumental, el presente estudio se propuso:
(a) adaptar la Escala de Comportamientos Proactivos (Belschak & Den Hartog,
2010) para su empleo en el ámbito laboral argentino, y; (b) analizar las propiedades
psicométricas del instrumento.
Método
Diso
El presente estudio se inscribe en la categoría de investigaciones instrumentales (Ato,
López, & Benavente, 2013). Su ejecución se lle a cabo, de acuerdo con los lineamientos
éticos establecidos por la Asociación Americana de Psicología y las recomendaciones del
CONICET para las investigaciones en las ciencias sociales y humanas (Resolucn 2827/06).
Participantes
Se integuna muestra inicial de 510 participantes, de los cuales fueron descartados 36
casos incompletos. La muestra definitiva quedó conformada por 474 trabajadores (68%
mujeres) de diversas organizaciones argentinas públicas y privadas localizadas en el centro-
sur de la provincia de Santa Fe y norte de la provincia de Buenos Aires. El promedio de
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edad fue de 36 años (DE = 10.84). La antigüedad laboral media fue de 9 años (DE =
10.21). El 86.5% de la muestra tenía estudios superiores terciarios y/ o universitarios. El
69% de los trabajadores tenía un trabajo efectivo, en tanto que el 31% un contrato de
duración limitada. En promedio, los empleados trabajaban 42 horas y media por semana.
El 56.7% trabajaba en el sector privado. La distribución por rubros de actividad fue la
siguiente: 32.2% industria, 30.5% comercio y servicios, 25.3% salud, 12% educación.
Procedimiento
La recolección de los datos se lle a cabo en el seno de las organizaciones que aceptaron
participar en la investigación, en as y horarios previamente pautados con las autoridades y en
los lugares físicos que las mismas dispusieron a tal efecto. La participacn de los trabajadores
fue voluntaria, anima y confidencial. No se brindaron incentivos de ningún tipo. La
administración de las técnicas estuvo a cargo de personal entrenado a tal efecto. En todos los
casos, los participantes completaron de manera individual un cuadernillo que contea en su
primera hoja el objetivo del estudio y las instrucciones para responder; en la segunda hoja, el
formulario de consentimiento informado y; en las restantes ginas los ítems correspondientes
a los instrumentos que a continuacn se describen, distribuidos aleatoriamente.
Instrumentos
Escala de Comportamientos Proactivos. Se utilizó la escala desarrollada por Belschak y Den
Hartog (2010). El instrumento está integrado por 11 ítems presentados en formato Likert
de 5 puntos (1 = totalmente en desacuerdo; 5 = totalmente de acuerdo). Los reactivos se
distribuyen a lo largo de tres sub-escalas denominadas: (a) comportamientos proactivos
pro-organizacionales (3 ítems; ej.: “sugiero ideas frente a los problemas que afronta mi
organización”; α = .82); (b) comportamientos proactivos pro-sociales (4 ítems; ej.: “ayudo
a mis compañeros para que desarrollen e implementen nuevas ideas”; α = .86) y; (c)
comportamientos proactivos pro-individuales (4 ítems; ej: “encuentro nuevas maneras de
realizar mis tareas y ser más efectivo”; α = .89).
Escala de Personalidad Proactiva. Se administ la versión breve de la escala homónima
elaborada por Bateman y Crant (1993). El instrumento es integrado por 10 ítems
(ej.:“siempre estoy buscando formas de hacer mejor las cosas”) valorados sobre una
escala tipo Likert de 5 puntos (1 = totalmente en desacuerdo; 5 = totalmente de
acuerdo). Los ítems fueron traducidos del inglés al español por parte de dos jueces
expertos. Se revisaron estas versiones hasta obtener una versión consensuada, con
especial énfasis en aspectos lingüísticos y culturales. La versión utilizada en este estudio
presen evidencias de confiabilidad compuesta (CR = .78) y consistencia interna =
.80). El AFC ejecutado mostró que los datos se ajustaban apropiadamente a un modelo
uni-factorial integrado por 10 variables observables (S-Bχ
2
/gl = 1.71; GFI = .95; CFI=
.94; RMSEA = .03).
Escala de satisfacción laboral. Se utilizó la Escala de Satisfacción Laboral Genérica (Salessi &
Omar, 2016). El instrumento esintegrado por siete ítems (ej.: “en mi trabajo puedo
aplicar todas mis capacidades y habilidades; α = .87) valorados sobre una escala tipo
Likert de 5 puntos (1 = totalmente en desacuerdo; 5= totalmente de acuerdo).
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Escala de Implicación con el trabajo. Se empleó la escala desarrollada por Kanungo (1982).
El instrumento esintegrado por 10 ítems (ej.: “estoy personalmente comprometido
con mi trabajo”) valorados sobre una escala tipo Likert de 5 puntos (1 = totalmente
en desacuerdo; 5 = totalmente de acuerdo). Los ítems fueron traducidos del inglés al
español por parte de dos jueces expertos. Se revisaron estas versiones hasta obtener
una versión consensuada, con especial énfasis en aspectos lingüísticos y culturales. La
versión utilizada en este estudio presentó evidencias de confiabilidad compuesta (CR =
.78) y consistencia interna (α = .81). El AFC ejecutado indicó que los datos se ajustaban
apropiadamente a un modelo uni-factorial integrado por 10 variables observables (S-
2
/gl = 1.96; GFI = .92; CFI = .95; RMSEA = .01).
Estrategia de análisis
El procesamiento y análisis de datos se realizó con los programas Factor, SPSS (versión
22.0) y EQS (versión 6.3). La estrategia adoptada para el análisis se detalla a continuación.
Preparacn del instrumento. Se analizaron las evidencias de validez de constructo referidas
al contenido, la equivalencia semántica y la equivalencia operacional entre el instrumento
original y su versión adaptada (Muñiz, Elosua & Hambleton, 2013). Se efectuaron tareas
de revisión bibliográfica y consultas con expertos para establecer el significado del
constructo “proactividad”, tanto en la cultura donde fue desarrollado el instrumento,
como en la cultura objetivo. Se realizó una traducción de los ítems siguiendo un
procedimiento iterativo de traducción y re-traducción. En este sentido, dos traductores
profesionales tradujeron los ítems desde su idioma original al idioma de la poblacn
objetivo. Seguidamente, otros dos profesionales bilingües retradujeron los ítems desde el
español al inglés. Finalmente, dos nuevos traductores cienficos compararon “a ciegas
las dos formas del instrumento. Con miras a establecer la equivalencia operacional, la
versión protopica fue aplicada a una muestra por disponibilidad de 42 estudiantes de
un postgrado en administracn de empresas quienes, además, trabajaban en diversas
organizaciones (55% varones; edad media: 34 os, DE = 7.64; antigüedad laboral media:
5.34 os, DE = 3.24). Se explicitó la naturaleza y objetivos del estudio, solicitando la
colaboración voluntaria de los alumnos. Al finalizar, se habili un espacio para que los
participantes pudieran opinar sobre el instrumento.
Análisis factoriales. Sobre una mitad de la muestra se ejecutó un análisis factorial
exploratorio (AFE), previa obtención de los índices de adecuación muestral (pruebas de
Kaiser-Meyer-Olkin y de esfericidad de Bartlett). Por la naturaleza ordinal de los datos
se utili la matriz de correlaciones policóricas y el todo de nimos cuadrados
no ponderados (Hoffmann, Stover, De la Iglesia, & Fernández-Liporace, 2013). Para
determinar el número de factores, se ejecutó un análisis paralelo optimizado, extrayendo
aleatoriamente 500 sub-matrices e implementando el análisis de rango nimo. Se
efectuó la extracción de los factores sugeridos, optando por la rotación oblicua Promin,
ya que existía la presunción que los elementos de la escala estuvieran relacionados
(Baglin, 2014). El criterio para la selección de los ítems fue que pesaran .40 o más sobre
el factor, y que no saturaran sobre más de un factor al mismo tiempo (Lloret-Segura,
Ferreres, Herndez, & Tomás, 2014).
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Sobre la otra mitad de la muestra se lle a cabo un análisis factorial confirmatorio (AFC). Se optó
por la estrategia de modelos rivales (Hair, Black, Babin, Anderson, & Tatham, 2010),
contrastando el modelo derivado del AFE con un modelo alternativo uni-factorial
sugerido por la literatura (Kamia & Porto, 2009). Para estimar cada modelo se utilizó
el método de máxima verosimilitud con la corrección robusta de Satorra-Bentler (S-B),
dada la naturaleza ordinal de los datos (Bentler, 2006). Para evaluar la bondad de ajuste
se analique: (a) el índice S-Bχ sobre los grados de libertad (S-Bχ
2
/gl) fuera inferior
a 3; (b) que el índice de bondad de ajuste (GFI, Goodness of Fit Index) y el índice de
ajuste comparativo (CFI, Comparative Fit Index) alcanzaran valores iguales o superiores
a .90; y (c) que el error cuadrático medio de aproximación (RMSEA, Root Mean Square
Error of Approximation) fuera inferior a .05. Asimismo, se examinó el Criterio de
Informacn de Akaike (AIC, Akaike Information Criterion), a sabiendas que cuanto
menor sea su valor, más parsimonioso es el modelo (Hair et al., 2010).
Análisis de invarianza factorial. Dada la desproporción en la representación de ambos
sexos en la muestra se procedió a realizar un alisis de invarianza según sexo.
Específicamente, se examinó la invarianza configural (referente a la estructura
factorial) y la invarianza de medida estricta (relativa a las cargas factoriales, varianzas,
covarianzas y varianza residual). Para esto, inicialmente se esti un modelo de base
sin restricciones para ambos grupos. En segundo lugar, se propusieron modelos
alternativos con restricciones en los diversos parámetros. Para la comparación de
los modelos anidados se utilizó la prueba de diferencia de χ
2
, a sabiendas que si
es estadísticamente significativa, los mismos no son equivalentes entre los grupos
(Dimitrov, 2010).
Análisis de validez. Se obtuvo evidencia de validez convergente, discriminante y
concurrente. La validez convergente y discriminante se determinaron mediante el
cálculo de la varianza media extraída (AVE, Average Variance Extracted) y de su raíz
cuadrada, respectivamente (Bagozzi & Yi, 2012; Henseler, Ringle, & Sarstedt, 2015).
El AVE permite estimar la varianza común entre los indicadores y su factor latente,
considerando que valores superiores a .50 indican que s del 50% de la varianza
del constructo es debida a sus indicadores. Por su parte, valores de la raíz cuadrada
del AVE superiores a la correlación entre los factores latentes demuestran que cada
constructo comparte más varianza con sus indicadores que con los demás. La validez
concurrente se analizó a partir del cálculo de las correlaciones entre los constructos
estudiados, mediante el cómputo del coeficiente de rho Spearman.
Análisis de confiabilidad. Las evidencias de confiabilidad se establecieron a partir del
cómputo del coeficiente alfa ordinal, del coeficiente de confiabilidad compuesta (CR,
Composite Reliability) y del coeficiente Omega de McDonald ) con sus respectivos
intervalos de confianza. Valores de alfa y CR por encima de .70 se consideran evidencia
de adecuada confiabilidad (Gadermann, Guhn & Zumbo, 2012; Hair et al., 2010). El
coeficiente ω es un estimador de consistencia interna basado en las cargas factoriales,
que indica la proporción de varianza atribuida a la totalidad de la varianza común. Valores
entre .70 y .90 se consideran aceptables (Ventura-León & Caycho, 2017).
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Resultados
Preparación del instrumento
El análisis de la literatura permitió concluir que el constructo proactividad es equivalente
en ambas culturas (Salessi & Omar, 2017). Los profesionales indicaron que se había
mantenido inalterada la concordancia entre cada ítem original y el traducido al español.
Con respecto a la equivalencia operacional, los participantes del estudio piloto señalaron
que las instrucciones para realizar la tarea estaban claramente redactadas; que no tuvieron
inconvenientes para comprender el contenido de los ítems y que la escala tipo Likert
utilizada para responder no generaba dificultades.
Análisis exploratorios
El porcentaje de datos perdidos en cada ítem no superó el 5%, respondiendo a una
distribución aleatoria. Los valores faltantes fueron reemplazados mediante el método de
Estimación-Maximización (Tabachnick & Fidell, 2013). Se detectaron 13 casos atípicos, los
que fueron excluidos de la matriz de datos. La muestra final quedó, entonces, constituida por
461 participantes. Excepto el ítem 10 (que mostró valores de curtosis superiores a 1.5), en el
resto de los ítems los índices de asimetría y curtosis se encontraron dentro del rango esperado.
Las correlaciones ítem-total fueron todas positivas. La tabla 1 presenta los estadísticos
descriptivos, índices de asimetría y curtosis e índices de discriminación correspondientes.
Tabla 1
Estadísticos descriptivos, índices de asimetría y curtosis y correlación ítem-total corregida
correspondientes a los ítems de la adaptación argentina de la Escala de Comportamientos Proactivos
en el Trabajo
ÍTEM Media DE Asimetría Curtosis r i-total
1 3.02 1.05 -.73 -1.36 .55
2 3.81 1.10 -.88 .94 .50
3 3.32 1.13 .47 .81 .54
4 3.31 1.26 -.31 -.91 .67
5 3.46 1.00 -.92 1.07 .65
6 3.48 1.17 -.72 .77 .63
7 3.04 1.22 .80 -.74 .72
8 3.47 1.06 .65 -.95 .61
9 3.30 1.11 .93 -.99 .68
10 3.24 1.12 -1.38 -1.81 .40
11 3.65 1.04 -.85 .73 .65
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Análisis factoriales
Atendiendo a la recomendación de contar con un mínimo de 200 observaciones para
asegurar que la solución factorial fuera estable y generalizable (Lloret-Segura et al., 2014),
se seleccionaron en forma aleatoria simple 231 casos (n = 461). La matriz de datos
fue considerada factorizable (Test de esfericidad de Bartlett: χ
2
(36;231) = 560.82, p <
.001; Índice de adecuación muestral de Kaiser-Meyer-Olkin = .80). El análisis paralelo
optimizado, sugirió tres factores con autovalores superiores a sus equivalentes de la matriz
de datos aleatorios. El porcentaje global de varianza común explicada por los factores
extraídos fue de 68.70%. La distribución de los reactivos coincidió con las dimensiones
propuestas originalmente por Belschak y Den Hartog (2010), las que fueron rotuladas
como comportamientos proactivos orientados a la organización, comportamientos
proactivos orientados a los demás y comportamientos proactivos orientados a uno mismo.
En la tabla 2 se informa, tanto la matriz de configuración con las saturaciones factoriales
de cada ítem en cada factor, como la matriz de estructura que contiene las correlaciones
entre las variables observables y las variables latentes.
Sobre la otra mitad de la muestra (n = 230) se llevó a cabo un análisis factorial
confirmatorio siguiendo los lineamientos de la estrategia de modelos rivales (Kline, 2011;
Bentler, 2006). Los resultados obtenidos para un modelo uni-factorial (un factor general
de proactividad con 11 ítems como variables observables y sus respectivos errores de
medida) indicaron un ajuste inadecuado (SBχ
2
= 3.41; GFI = .80; CFI = .77; RMSEA =
.11, IC 95% [0.10; 0.14]; AIC = 194.33). Las cargas factoriales se ubicaron entre .30 y .65
estandarizadas (p < .05). La eliminación de los ítems con menores cargas (ítem 6: “oriento
a los nuevos compañeros” e ítem 10: “me esfuerzo por lograr mis objetivos personales
en mi trabajo”) no produjo una mejora significativa en el ajuste (SBχ
2
= 2.94; GFI = .82;
CFI = .80; RMSEA = .10, IC 95% [.09; .12]; AIC = 164.89). La inspección de los índices
de modificación, permitió observar que un cambio en los parámetros estimados entre
los errores pertenecientes al par conformado por el ítem 3 (“optimizo la distribución de
mi trabajo para ayudar a que la organización logre sus metas”) e ítem 8 (“busco nuevos
modos de realizar mi trabajo para ser más eficiente”) produce una ganancia en el modelo.
No obstante, tampoco fue suficiente para alcanzar un ajuste satisfactorio (SBχ
2
= 2.11;
GFI = .84; CFI = .82; RMSEA = .09, IC 95% [.08; .11]; AIC = 151.29).
Por su parte, los resultados obtenidos para un modelo tri-factorial (3 factores oblicuos,
con 11 ítems como indicadores observables y sus respectivos errores de medida) indicaron
un grado de ajuste aceptable pero no óptimo (SBχ
2
= 2.79; GFI = .85; CFI = .81; RMSEA
= .04, IC 95% [.03; .05]; AIC = 143.91). Las cargas factoriales se ubicaron entre .42 y .79
estandarizadas (p < .05). La eliminación del ítem con menor carga factorial (ítems 10: “me
esfuerzo por lograr mis objetivos personales en mi trabajo”) produjo una leve mejora en
el ajuste (SBχ
2
= 2.36; GFI = .88; CFI = .86; RMSEA = .04, IC 95% [.03; .05]; AIC =
123.18). La inspección de los índices de modificación permitió observar que un cambio
en los parámetros estimados entre los errores pertenecientes al par conformado por el
ítem 9 (“me capacito para desarrollarme profesionalmente”) e ítem 11 (“asumo tareas
que contribuyen al desarrollo de mi carrera laboral”) produce una ganancia en el modelo
(SBχ
2
= 1.79; GFI = .95; CFI = .94; RMSEA = .03, IC 95% [.04; .05]; AIC = 112.68). Los
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tres factores correlacionaron positiva y significativamente, con coeficientes variando entre
.47 y .59 (p < .001). Las cargas factoriales estandarizadas en el factor comportamientos
proactivos orientados a la organización se ubicaron entre .56 y .68 (p < .05); entre .54 y .66
(p < .05) en el factor comportamientos proactivos orientados a los demás y; entre .48 y .75
(p < .05) en el factor comportamientos proactivos orientados a uno mismo.
Análisis de invarianza factorial
El modelo de base estuvo compuesto por tres factores latentes oblicuos, 10 ítems como
variables observables y sus respectivos errores de medición. Los índices de ajuste obtenidos
por este modelo fueron adecuados (S-Bχ
2
= 218.01, GFI = .91, CFI = .90, RMSEA =
Tabla 2
Matriz de estructura y matriz de configuración correspondiente a los ítems de la adaptación argentina de la Escala
de Comportamientos Proactivos en el Trabajo
Dimensiones y contenido del ítem
Matriz de
Configuración
Matriz de
estructura
I II III I II III
Comportamientos proactivos orientados a la organización
1. Sugiero soluciones para los problemas de mi organización
.73 .80
2. Aprendo nuevos conocimientos que beneficiarán a mi
organización
.68 .66
3. Optimizo la distribución de mi trabajo para ayudar a que la
organización logre sus metas
.72 .93
Porcentaje de varianza explicada: 26.81%
Comportamientos proactivos orientados a los demás
4. Comparto mis conocimientos con mis compañeros .75 .81
5. Colaboro con las tareas de mis compañeros, aunque no esté
obligado a hacerlo
.72 .78
6. Oriento a los nuevos compañeros .78 .80
7. Ayudo a que mis compañeros concreten sus ideas .76 .87
Porcentaje de varianza explicada: 22,19%
Comportamientos proactivos orientados a uno mismo
8. Busco nuevos modos de realizar mi trabajo para ser más
eficiente
.80 .81
9. Me capacito para desarrollarme profesionalmente
.86 .85
10. Me esfuerzo por lograr mis objetivos personales en mi
trabajo
.42 .45
11. Asumo tareas que contribuyen al desarrollo de mi carrera
laboral
.85 .80
Porcentaje de varianza explicada: 18.98%
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.03). Similares valores de ajuste se observaron para el modelo con restricciones en los
pesos factoriales (S-Bχ
2
= 218.88, GFI = .90, CFI = .89, RMSEA = .04); con restricciones
en las varianza y covarianza (S-Bχ
2
= 239.91, GFI = .89, CFI = .89, RMSEA = .04) y con
restricciones en la varianza residual de los factores (S-Bχ
2
= 247.27, GFI = .88, CFI = .87,
RMSEA .05). En todos los casos, la diferencia entre los respectivos χ
2
entre el modelo de
base y los modelos con restricciones no fue estadísticamente significativo (Dχ
2
= .80, gl
= 4, p = .93;
2
= 21.9, gl = 18, p = .23; Dχ
2
= 21,1, gl = 23, p = .18, respectivamente),
demostrando la invarianza de la escala entre varones y mujeres.
Análisis de validez convergente, discriminante y concurrente
La tabla 3 muestra los coeficientes de correlación y los valores correspondientes al índice
AVE y a su raíz cuadrada. Se observa que todos los comportamientos proactivos se relacionan
positivamente a la personalidad proactiva, a la satisfacción laboral y a la implicación con
el trabajo; siendo tales asociaciones levemente superiores para los comportamientos
proactivos orientados a uno mismo y para los comportamientos proactivos orientados a
la organización. Los coeficientes AVE obtenidos evidencian validez convergente, habida
cuenta que la varianza capturada por los factores identificados es mayor que la debida a
los errores de medida. Asimismo, todos los constructos presentan evidencia de validez
discriminante, desde el momento que la raíz cuadrada del AVE es mayor que la correlación
al cuadrado entre cada factor y los demás (Bagozzi & Yi, 2012; Henseler et al., 2015).
Análisis de confiabilidad
Se obtuvo evidencia de fiabilidad tanto para escala total = .78; CR = .77; ω = .72, IC
95% [.69; .75] como para cada uno de sus sub-escalas. En este sentido, los valores para el
factor comportamientos proactivos orientados a la organización se encontraron dentro
del rango esperado = .80; CR = .79; ω = .74, IC 95% [.72; .79]); mientras que, los
valores obtenidos para los factores comportamientos proactivos orientados a los demás
y comportamientos proactivos orientados a uno mismo, fueron ligeramente superiores (α
= .82; CR = .80; ω = .79, IC 95% [.77; 83]; α = .81; CR = .79; ω = .76, IC 95% [.73; 81],
respectivamente).
Tabla 3
Índices de correlación y varianza media extraída correspondientes a las variables bajo estudio
Variables 1 2 3 4 5 6 AVE
1. CP orientados a la organización (.86) .55* .48* .34* .40* .36* .74
2. CP orientados a los demás (.87) .42* .30* .31* .25** .76
3. CP orientados a uno mismo (.88) .36* .44* .42* .79
4. Personalidad proactiva (.87) .38* .30* .77
5. Satisfacción laboral (.92) .67* .85
6. Implicación laboral (.84) .72
Nota: Sobre la diagonal se informa la raíz cuadrada del AVE. CP = comportamientos proactivos.
p < .10.* p < .05.**
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Discusión
La investigación realizada tuvo como objetivos adaptar y validar la Escala de
Comportamientos Proactivos en el Trabajo desarrollada por Belschak y Den Hartog
(2010). Los análisis factoriales desarrollados indican que, en comparación a un modelo
uni-factorial, un modelo oblicuo de tres factores correlacionados es el que mejor se
ajusta a la matriz de varianzas y covarianzas analizada. Tales hallazgos armonizan con
las conclusiones de los autores del instrumento (Belschak & Den Hartog, 2010; 2017),
así como con la adaptación efectuada por Hwang et al. (2015) sobre una muestra de 259
trabajadores taiwaneses. Sin embargo, a diferencia de estas versiones, en esta adaptación
solo se retuvieron 10 ítems como indicadores observables, prescindiendo de uno de los
reactivos que integraban la sub-escala comportamientos proactivos orientados a uno
mismo, dada su baja saturación en dicho factor.
Paralelamente, los resultados obtenidos proporcionan evidencia favorable a la invarianza
factorial del instrumento en relación con el sexo de los participantes. Vale decir que, el
modelo de medida sugerido por el AFE y confirmado por el AFC no presenta variaciones
significativas entre varones y mujeres. Asimismo, el presente estudio presenta evidencias
de validez convergente-discriminante, desde el momento que la varianza capturada por
los factores identificados es mayor que la debida a los errores de medida y se puede
explicar adecuadamente a través de los indicadores elegidos (Bagozzi & Yi, 2012; Henseler
et al., 2015). Las relaciones entre los tres factores se ubicaron en el orden de .42 a .55,
coincidiendo con las asociaciones informadas por Belschak y Den Hartog (2010; 2017).
Los índices de confiablidad obtenidos fueron adecuados, encontrándose en línea con
los valores informados en otros estudios (Belschak & Den Hartog, 2017; Hwang, et al.,
2015). En conjunto, estos hallazgos proporcionan evidencia favorable a la homogeneidad
de los ítems, permitiendo aseverar que las 3 sub-escalas miden de forma consistente la
característica para la cual fueron elaboradas. Del mismo modo, se muestran en armonía
con la literatura especializada (Belschak & Den Hartog, 2017; Grant & Ashford, 2008;
Parker & Collins, 2010); la que señala que los comportamientos proactivos se desglosan
en tres categorías diferentes en función de los objetivos (individuales, grupales u
organizacionales) que los motivan.
En lo que respecta a la validez concurrente, el análisis de correlaciones indica que los
comportamientos proactivos se asocian en la dirección esperada, tanto entre como
con el resto de los constructos evaluados. Así, por ejemplo, las correlaciones entre
comportamientos proactivos y satisfacción laboral coinciden con la literatura publicada
(Ismaeli, Nowalid, & Bakar, 2016; Thomas et al., 2010; Tornau & Frese, 2013) mostrando,
una vez más, que la proactividad se asocia a actitudes positivas hacia el trabajo y hacia
las organizaciones. En lo que respecta a la implicación laboral, si bien hasta la fecha son
escasos los estudios que se han interesado por examinar sus vinculaciones directas, la
evidencia disponible se encuentra en línea con los presentes hallazgos. En este sentido,
las conclusiones de Mallin, Ragland y Finkle (2014) subrayan que los trabajadores que
desarrollan comportamientos proactivos se encuentran cognitiva y emocionalmente
absorbidos y comprometidos por su trabajo, concibiéndolo como un dominio central
en sus vidas y un aspecto crítico para su autoestima y autoimagen. Finalmente, las
Salessi & Omar
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asociaciones positivas observadas con personalidad proactiva replican los resultados de
múltiples metaanálisis (Crant, et al., 2017; Thomas et al., 2010; Tornau & Frese, 2013),
corroborando la vinculación entre la predisposición a controlar el ambiente (personalidad
proactiva) y la posibilidad de manifestar acciones deliberadas orientadas al cambio
(comportamientos proactivos).
Entre las principales limitaciones de la investigación realizada hay que citar la
representatividad de la muestra; la que, por un lado, presentó un porcentaje superior
de mujeres y, por otro lado, fue seleccionada en forma no probabilística. Si bien la
generalización de los resultados a la población en su conjunto se ve obstaculizada, vale
destacar que, a pesar de la desproporción en el sexo de los participantes, la invarianza
factorial de la escala quedó garantizada. Una segunda limitación podría estar vinculada
con la validez externa del instrumento aquí presentado. En este sentido, como no se
ha verificado la estabilidad de las dimensiones a lo largo del tiempo sería recomendable
que próximos estudios exploren la confiabilidad test-retest. Del mismo modo, no haber
analizado otros aspectos tales como la validez predictiva e incremental, podría constituir
una tercera limitación. Frente a este panorama, se alienta a que otras investigaciones
examinen si las puntuaciones en esta escala constituyen predictores válidos y precisos de
comportamientos relevantes para las organizaciones.
Por último, cabe remarcar que no haber examinado la posibilidad de que los hallazgos pudiesen
estar contaminados por sesgos, tales como los asociados al método común y a la deseabilidad
social, también podría considerarse una limitación del presente estudio. Producto de estos
fenómenos las relaciones entre las variables de interés se verían indefectiblemente afectadas,
desde el momento que tales sesgos son independientes de la varianza sustantiva que pueda
existir entre ellas. Así, por ejemplo, si el deseo de “aparecer mejor” influyó las respuestas;
entonces, la correlación encontrada obedecería s a este hecho que a su verdadera asociación
teórica. Incluso, cabe la posibilidad que variables que no comparten varianza alguna exhiban
correlaciones significativas como resultado del método de recolección utilizado. Esto último
quis poda explicar por qué, tanto en este estudio como en investigaciones precedentes
(Crant, et al., 2017; Thomas et al., 2010), la personalidad proactiva exhibe asociaciones con
medidas que operacionalizan a la proactividad en términos de comportamientos, cuando
tales correlaciones debean ser exiguas (Tornau & Frese, 2013). Frente a este panorama, se
sugiere que futuros estudios correlacionales sobre proactividad que midan simultáneamente
los constructos de personalidad proactiva y comportamientos proactivos por medio de
una encuesta autoadministrada, analicen la existencia de sesgos debido a la varianza del
método común, apelando a algunas de las estrategias desarrolladas a tal efecto (Podsakoff,
MacKenzie, & Podsakoff, 2012). Asimismo, sería importante que pudieran incluir otros
mecanismos de validez interna tales como, escalas específicamente desarrolladas para medir
la deseabilidad social.
Como corolario de estas reflexiones vale subrayar que, aun cuando la utilización de
instrumentos de autoinforme constituye una práctica habitual en la evaluación psicológica
por razones pragmáticas, la investigación contemporánea sobre proactividad precisa de
métodos de medición consistentes con la concepción situacional vigente. La literatura
sobre la temática se encuentra atravesada por una profunda confusión e incongruencia
Validación escala comportamientos proactivos en el trabajo
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entre las definiciones conceptuales y operacionales del constructo. Al respecto, diversos
autores (Frese et al., 1997; Parker, Williams, & Turner, 2006; Torneau & Frese, 2013) han
subrayado que identificar un comportamiento como “proactivo” depende en parte del
contexto, por lo que es indispensable desarrollar un enfoque de medición específico que
atienda a las particularidades de este.
Del mismo modo, obtener información de otras fuentes, tales como compañeros
y supervisores, constituiría una alternativa superadora en la evaluación de los
comportamientos proactivos. Así, por ejemplo, las entrevistas podrían constituir un
método idóneo, desde el momento que la información del observador se encuentra basada
en la observación del comportamiento y no en la personalidad del empleado objeto de la
observación; vale decir, en sus sentimientos y pensamientos internos (Frese et al., 1997;
Hogan & Shelton, 1998; Torneau & Frese, 2013). Además, las evaluaciones situacionales
podrían constituir un recurso valioso para la predicción de comportamientos proactivos
(Lievens & Motowidlo, 2016).
En última instancia, la elección del método deberá obedecer a una constelación de factores,
tales como el diseño del estudio, el acceso a la muestra, quién se encuentra en la mejor
posición para evaluar con precisión la proactividad, etc.
Entre las fortalezas, vale destacar que el trabajo realizado constituye la primera tentativa
de operacionalizar el constructo proactividad en Argentina, por lo que representa una
contribución genuina para que futuros estudios puedan ser concretados con el recurso
de un instrumento respaldado por evidencias de confiabilidad y validez. La validación
efectuada abre la necesidad de llevar a cabo nuevos estudios instrumentales en otros
contextos laborales y socioculturales. En este sentido, sería necesario presentar evidencias
adicionales de las propiedades psicométricas de la escala aquí presentada, analizando
para ello los datos proporcionados por otras muestras de trabajadores. Del mismo
modo, sería importante desarrollar otras pruebas más adecuadas y eficientes, enmarcadas
en modelos más idóneos (por ejemplo, modelos tipo Rasch), capaces de subsanar las
limitaciones de las pruebas construidas según la teoría clásica de los tests. Más allá de
estas recomendaciones, el instrumento aquí validado queda a partir de este momento,
disponible para investigadores y profesionales de recursos humanos.
Contar con una herramienta adaptada a la realidad local conlleva ltiples beneficios
prácticos. El más importante quizás, sea la posibilidad de hacer un diagnóstico preliminar
del comportamiento proactivo y delinear acciones consecuentes. Al respecto, vale destacar
que la investigación contemporánea (Belschak & Den Hartog, 2017; Fatimah et al., 2016;
Grant & Ashford, 2008; Parker & Wang, 2015) muestra que la variabilidad interindividual
de la proactividad, no se debe tanto a las diferencias en rasgos fijos y estables, sino a
características maleables y abiertas al cambio. De aquí que sea lícito sostener que, en mayor
o menor medida, todas las personas pueden ser proactivas en diversas circunstancias y;
paralelamente, que la proactividad pueda ser desarrollada con intervenciones específicas.
Por lo tanto, las organizaciones preocupadas por incrementar su productividad y garantizar
su competitividad, deberían concentrarse en la creación de un entorno capaz de contribuir
al florecimiento de comportamientos proactivos. En efecto, la evidencia empírica
Salessi & Omar
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(Caesens, Marique, Hanin, & Stinglhamber, 2016) señala que aquellos trabajadores que
perciben que la organización valora sus contribuciones y se preocupa por su bienestar
presentan mayor cantidad de comportamientos proactivos; principalmente del tipo pro-
organizacionales. Del mismo modo, se ha subrayado (Parker & Wing, 2015) que las
percepciones de apoyo y la confianza en el equipo actúan como facilitadores de este tipo de
conductas. Paralelamente, se ha comprobado que un estilo de liderazgo transformacional
resulta en mayor proactividad en rol y extra rol (Schmitt, Den Hartog, & Belschak, 2016).
Finalmente, se ha indicado (Maden, 2016) que procesos de trabajos flexibles y puestos
enriquecidos por la autonomía y la diversidad de tareas predisponen favorablemente a
comportamientos proactivos; posiblemente, dada la mayor libertad, responsabilidad y reto
que presuponen para el trabajador.
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Recibido: 28 de Setiembre 2017
Aceptado: 16 de Febrero 2018