Imaginación, creatividad y fantasía en Lev S. Vygotski:
una aproximación a su enfoque sociocultural
Resumen. Este trabajo persigue dos objetivos; en primer lugar, exponer sucintamente algunas de las características
de las categorías conceptuales que constituyen el núcleo duro de los enfoques socioculturales, tanto en su formulación
vygotskiana (Teoría Histórico-Cultural), como en aquellas postvygotskianas. Ello permitirá sentar bases conceptuales desde
las cuales encarar el segundo objetivo, a saber, analizar el texto Imaginación y creatividad en el adolescente [Pedologija
podrostka (Pedagogía del Adolescente), 1931] de Lev S. Vygotski. Dicho texto resulta un caso de análisis útil tanto para
ilustrar el abordaje sociocultural del autor en relación con la creatividad y su vinculación con otras funciones psicológicas
al interior del desarrollo sociogenético del individuo, como su poder de creación de consciencia y control autorregulatorio.
las organizaciones y la sociedad en reducir las desigualdades en el lugar de trabajo y apoyar mejores acciones preventivas.
Palabras clave. Teoría histórico-cultural y enfoques socioculturales, Vygotski, imaginación, creatividad, Psicología del
Desarrollo.
Abstract. This article has two aims. First, to expose briefly some characteristics of the key conceptual categories of
sociocultural approaches, both in its Vygotskian (Historical-Cultural Theory) and post-Vygotskian interpretations. This
will lay the conceptual foundations needed to address the second aim, that is, to analyse the text Imagination and Creativity
in the Adolescent [Pedologija podrostka (Pedagogy of the Adolescent), 1931] by Lev S. Vygotski. This text makes up a
useful case to explain the author’s sociocultural approach about creativity and its relationship with other psychological
functions within the sociogenetic development of subjects, as well as its power of creation of consciousness and auto-
regulatory control.
Keywords. Historical-cultural theory & sociocultural approaches, Vygotski, imagination, creativity, developmental
psychology.
Actualidades en Psicología, 31(122), 2017, 45-60
http://revistas.ucr.ac.cr/index.php/actualidades
1
Nicolás Alessandroni. Instituto de Investigaciones Filosócas (SADAF) - Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas y Técnicas
(CONICET). Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina. Dirección postal: Bulnes 642, C.A.B.A (C1176ABL), Argentina.. E-mail:
n.alessandroni@conicet.gov.ar
Nicolás Alessandroni
1
Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas y Técnicas (CONICET)
Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina
Imagination, Creativity and Fantasy in Lev S. Vygotski:
An approximation to his sociocultural approach
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.
ISSN 2215-3535
DOI: http://dx.doi.org/10.15517/ap.v31i122.26843
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Alessandroni
Actualidades en Psicología, 31(122), 2017, 45-60
Las categorías conceptuales de los enfoques
socioculturales
Siguiendo la lectura que Baquero (1996) hace de
Vygotski como matriz interpretativa, en esta primera
sección se explorararán algunas categorías importantes
al interior de la Teoría Histórico-Cultural, tal como
fuera planteada inicialmente por el autor ruso y
recepcionada posteriormente por otros teóricos. Para
ello, se hará pausa, especialmente, en diversos aspectos
básicos del núcleo duro de la teoría vinculados con:
1. El origen histórico y social de los Procesos
Psicológicos Superiores (PPS). La diferenciación entre
Procesos Psicológicos Elementales (PPE) y Superiores
Rudimentarios (PPSr) y Avanzados (PPSa).
2. El papel central que cumplen los instrumentos de
mediación en la constitución de los PPS. Los aportes
de los teóricos de la actividad.
3. El necesario abordaje genético y no teleológico
de los PPS. La idea de desarrollo psicológico como
reorganización de funciones psíquicas o revolución
psíquica de la consciencia. Las características de las
unidades de análisis en este paradigma.
Con este análisis se espera circunscribir, de modo
general, el alcance de algunas categorías analíticas que
pueden ser heurísticos útiles a la hora de analizar el
tratamiento de Vygotski a la creatividad durante la
adolescencia como fase transicional del desarrollo,
cuestión que se abordará en la segunda sección del escrito.
Definición de Procesos Psicológicos Superiores
En la Teoría Histórico-Cultural, el concepto de
PPS hace referencia a ciertas funciones psicológicas
específicamente humanas que tienen origen en
-y pertenecen al dominio de- la vida social; están
caracterizadas por poseer (o haber poseído en su historia
reconstructiva) algún tipo de control consciente;
además, se valen de instrumentos de mediación. Así,
por ejemplo, el lenguaje se erige como uno de los
PPS más importantes del desarrollo psicológico. Los
procesos pertenecientes a este dominio histórico-
social, si bien son ontogenéticamente posteriores a
los PPE, no constituyen formas evolucionadas de
estos últimos. Más bien, son el resultado de procesos
de reorganización psíquica que poseen una legalidad
diferenciada (Baquero, 1996) de aquella que caracteriza
a los procesos evolutivos biológicos. Esto es, los PPS no
constituyen una continuación lineal de otros procesos
de nivel básico, sino que requieren de la apelación a un
nivel cultural para ser comprendidos cabalmente.
Se dijo que los PPS dependen, en algún sentido, del
dominio histórico-cultural. Sin embargo, esta relación
de dependencia no debe ser confundida con un vínculo
causal en términos de variable independiente-variable
dependiente. Al contrario, desde la Teoría Histórico-
Cultural se sostiene que la vida cultural no modula el
desarrollo de procesos superiores, sino que los genera a
partir de un proceso de desarrollo diferenciado. Dicho
de otro modo, el vínculo entre cultura y procesos
psicológicos es bidireccional y de co-determinación;
en fin, dialéctico. Es en este sentido que es posible
afirmar, por ejemplo, que al tiempo en que un sujeto
se apropia de la cultura, la cultura se apropia del sujeto.
Este tipo de abordajes holísticos no se restringen a la
propuesta de Vygotski. Todo el campo de la Psicología
Cultural actual propone, en línea con lo planteado
supra, incluir como elemento clave a la cultura y a su
relación con el individuo como motor del desarrollo
cognoscitivo (Valsiner, 2000, 2007, 2012). Mente y
cultura deben ser entendidas como dos términos
indisociables de un proceso de co-construcción en el
que ambas están en la génesis y son producto de la
otra (Cole, 1996/1999; Cubero Pérez & Santamaría
Santiagosa, 2005; Wertsch, 1998).
Como se desprende de lo dicho, en este paradigma
el origen del psiquismo es social y está garantizado por
la participación del sujeto en actividades compartidas
con otros sociales, en el marco de procesos culturales
organizados en un contexto activo. Conviene, en este
punto, precisar la noción de contexto, ya que con ella se
designa no solo a la especificación de las circunstancias
en las que tiene lugar el pensamiento, sino también
a aquello que rodea y entrelaza al funcionamiento
psíquico, a “una relación cualitativa entre un mínimo
de dos entidades analíticas que son dos momentos
en un único proceso” (Cole, 1996/1999, p. 129), o a
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una “envoltura supraindividual con respecto a la cual
se definen el objeto/ambiente, el texto/contexto”
(Cole, 1996/1999, p. 135). Desde esta perspectiva,
el funcionamiento intersubjetivo y las prácticas
culturales no se piensan como “incidentes, sino
como inherentes al propio desarrollo y aprendizaje”
(Baquero, 2001a, p. 165).
Diferenciación entre PPSr y PPSa
Los PPS, tal como se definió en el apartado
anterior, se instancian en dos tipos de procesos
distintos: rudimentarios y avanzados. La diferencia
entre ambos tipos de procesos radica en el prototipo
de prácticas socioculturales que están a la base de
ellos y en el tipo de uso de herramientas de mediación
que los caracteriza. Así, los PPSr son específicamente
humanos, pero emergen como resultado de las
prácticas sociales genéricas de la especie humana;
es decir, de aquellos procesos que habilitan la
socialización primaria, razón por la cual son poseídos
por todos los individuos humanos.
A diferencia de ellos, los PPSa requieren de
prácticas sociales diseñadas específicamente para su
transmisión (por ejemplo, contextos de enseñanza-
aprendizaje escolares), involucran un mayor uso de
instrumentos de mediación, poseen un mayor grado
de independencia del contexto y también de regulación
voluntaria. La distinción entre estos tipos de procesos
superiores opera al interior del dominio sociocultural;
en palabras de Baquero (1996):
La distinción entre PP Elementales y PP Superiores
se situaría en la diferenciación y transición entre el
dominio filogenético y el socio-cultural, mientras
que la discriminación entre Procesos Rudimentarios
y Avanzados, que operaría en el interior de los
Procesos Superiores, supone un tratamiento de las
transiciones genética dentro del dominio socio-
cultural (p. 35).
Resulta ilustrativo complementar esta distinción
vygotskiana entre procesos superiores con la
propuesta cartográfica de Ángel Rivière respecto
de las funciones mentales (Rivière, 2002), que en su
modelo se corresponde con las funciones Tipo III
y Tipo IV. Las funciones Tipo III (que en la jerga
vygotskiana se llamarían superiores rudimentarias)
poseen un componente de habilitación biológica
(están permitidas por el genoma, dice Rivière) y surgen
en todas las sociedades humanas gracias a la existencia
de ciertos tipos de contextos interactivos particulares,
como aquellos propios de las situaciones de crianza. El
lenguaje, en este modelo, corresponde a una función
de Tipo III. Estos contextos interactivos, nota el autor,
no están diseñados con el objetivo de promover las
funciones que finalmente promueven. Esto es, las
pautas de interacción que operan en interior (como
aquellas que caracterizan a la relación madre-bebé)
no son planificadas deliberadamente y, sin embargo,
logran promover las funciones Tipo III con un alto
nivel de eficacia.
Las funciones Tipo IV (vinculadas con aquellas
que Vygotski denominó superiores avanzadas) son
dependientes de formas especializadas y artificiales
de interacción que están “dirigidas a la interiorización
por el niño de ingenios de la cultura” (Rivière, 2002,
p. 216). En este sentido, si las funciones Tipo III
humanizan (son aquellas que definen a la especie de
manera ubicua), las funciones Tipo IV enculturan y, en
este sentido, pueden no ser compartidas por todos los
humanos. Así, es difícil concebir un humano con una
trayectoria de desarrollo “típico” que no hable, pero
no un humano que no pueda codificar los sonidos
que escucha en una partitura recurriendo a símbolos
específicos de la notación musical moderna.
Por otra parte, las funciones Tipo IV no se
encuentran determinadas filogenéticamente (como
lo están las funciones Tipo I y II y también las Tipo III,
en menor medida), sino históricamente. Pertenecen al
ámbito particular de la cultura de una sociedad y, es por
ello que, además, son las funciones menos económicas.
Estas obtienen resultados cognitivos prescindiendo de
una economía de recursos (cuestión que no ocurre
con las funciones Tipo I, que son muy eficaces; por
ejemplo, el establecimiento visual de las constantes
de brillo). En palabras de Rivière, son aquellas que
presentan los mayores “problemas de interiorización”
(Rivière, 2002, p. 220), porque son “como alianzas
provisionales y altamente volátiles entre subsistemas,
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por eso el aprendizaje escolar viene y va y se pierde”
(Rivière, 2002, p. 225).
Desde esta perspectiva, el ámbito escolar, por
ejemplo, puede verse como el terreno concreto donde
se despliegan prácticas particulares que favorecen
el “impulso, desarrollo y complejización creciente
de los Procesos Psicológicos Superiores” (Baquero,
1996, p. 99).
En busca del mecanismo explicativo del surgimiento de los PPS
Habiendo establecido que el origen de los Procesos
Psicológicos Superiores debe buscarse en el dominio
sociocultural, es menester, ahora, caracterizar al
mecanismo que permite al sujeto aprehender y
dominar las pautas de comportamiento sociales y las
formas de uso de los instrumentos de mediación de
su entorno. Este mecanismo está dado por lo que
Vygotski denominó interiorización de las funciones
psicológicas, a saber, la reconstrucción en el plano
intrapsicológico de una función cuya forma primigenia
debe buscarse en el ámbito interpsicológico.
Una lectura simplista de este mecanismo podría
implicar que los sujetos, gracias a la interiorización,
acumulan en sus mentes copias exactas de las funciones
interpsicológicas. Sin embargo, Vygotski hace notar
que el proceso de interiorización está caracterizado
por una reorganización de la actividad psicológica
original; es decir, por una operación de reconstrucción
de la función, un cambio en su estructura.
En consonancia con la consideración del vínculo
dialéctico y co-formativo entre mente y cultura
que sostiene este paradigma, la interiorización de
funciones psicológicas no debe conceptualizarse como
la recepción en la conciencia de contenidos externos,
sino como un proceso creador de consciencia (Baquero,
1996, p. 45) que implica una vinculación genética con
ciertos instrumentos de mediación que poseen carácter
también formativo. En palabras de Wertsch:
Existe una conexión íntima, enraizada en las
transiciones genéticas, entre las estructuras
específicas y los procesos de funcionamiento inter
e intramental, los cuales, a su vez, implican que
diferentes formas de funcionamiento intermental
dan lugar a la emergencia de diferencias relativas en
las formas de funcionamiento intramental” (Wertsch,
1991/1993, p. 27).
Una concepción del desarrollo psicológico no teleológica
A partir de lo desarrollado hasta aquí, es dable definir
al desarrollo psicológico superior como el resultado
del entrelazamiento de dos líneas del desarrollo (una
natural y otra cultural), posibilitado por la participación
en prácticas sociales específicas, en contextos
particulares, y caracterizado por la apropiación de
diferentes instrumentos de mediación y el dominio
progresivamente adquirido sobre diferentes sistemas
de representación. Sin embargo, conviene detenerse
por unos instantes en la concepción vygotskiana de
dirección del desarrollo psicológico.
Ya se ha adelantado que la psicología de Vygotski
es de corte antinaturalista, por cuanto no reconoce
que exista una continuidad lineal entre el desarrollo
de los PPE y los PPS y, en cambio, hace depender a
estos últimos de una legalidad específica del dominio
sociocultural. En relación con este punto, y al contrario
de lo sostenido por otros psicólogos del desarrollo
(por ejemplo, Piaget, 1936/1981), Vygotski sostiene
que el desarrollo psicológico funciona al modo de
una integración dialéctica no teleonómica o de una
reorganización del funcionamiento psicológico global,
caracterizada por una variación de las interrelaciones
funcionales entre los diversos procesos psicológicos.
Desde esta perspectiva, no existe una relación
de necesidad lógica o antecedencia causal entre una
función psicológica y otra, ni tampoco una estricta
relación de superación cualitativa: el lenguaje escrito
no constituye la forma avanzada del lenguaje oral
y, como se verá en la segunda sección del trabajo,
la creatividad del adulto no constituye una versión
mejorada de la creatividad del adolescente. Lo que
caracteriza la transición entre diferentes momentos
evolutivos son los cambios en las relaciones
interfuncionales del sistema psíquico todo, el cual
tiene lugar bajo la forma de una compleja dinámica
de interiorización-reorganización. Así, el desarrollo
psíquico se caracteriza por presentar relaciones de
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convergencia y mutua reorganización de los procesos
durante su curso.
La función autorregulatoria de las funciones psicológicas
Este proceso de interiorización de instrumentos y
signos que circulan en el medio social hacia la esfera
intrapsicológica convierte los sistemas de regulación
externa en medios de regulación interna, es decir, en
herramientas para el control y la regulación de las
propias funciones psicológicas. De esta manera, la
progresiva capacidad autorregulatoria del sujeto se
inserta como hito evolutivo en el proceso de obtención
de logros crecientes en el dominio de la naturaleza,
la cultura y sobre mismo; es decir, en el curso del
desarrollo psíquico entendido como apropiación de
objetos, saberes, normas e instrumentos culturales en
contextos de actividad conjunta socialmente definidos
(Baquero, 1999).
La lógica de las condiciones de posibilidad de los
mecanismos autorregulatorios debe buscarse en las
implicancias de la participación del sujeto en prácticas
sociales culturalmente determinadas. Tal como
explica Rivière, “El contacto social con uno mismo
se posibilita por el hecho de que la organización
psicológica, a través de la relación con los demás, se
desdobla y replica con respecto a misma, las pautas
de inter-acción” (Rivière, 1988, p. 82).
Un caso de función psicológica autorregulatoria
es el habla privada. En los párrafos que siguen se
presentan brevemente, a modo de ejemplo, algunos
desarrollos vygotskianos y posvygotskianos al
respecto. El término habla privada refiere al habla
exteriorizada y audible que, no estando dirigida a
otra persona, cumple una función eminentemente
autorregulatoria (Winsler, 2009).
Al contrario de lo planteado por Piaget, quien
afirmaba que este tipo de manifestaciones debía
entenderse como consecuencia de un egocentrismo
cognitivo generalizado y de un lenguaje social pobre
(Winsler, Díaz, & Montero, 1997), fue Vygotsky quien
propuso que el habla privada, en lugar de poseer un
origen de tipo interno y una trayectoria de desarrollo
ontogenético inside-out, encuentra sus condiciones de
posibilidad en la esfera sociogenética, es decir, en el
mundo social del infante, en la trama interactiva que el
infante teje junto con otros, para luego ser interiorizado
bajo la forma de herramienta para guiar el pensamiento
y resolver problemas (Vygotsky, 1973/1987[1934]).
El habla privada representa, entonces, la apropiación
subjetiva progresiva de la historia de interacciones
sociales con otros. En este proceso de interiorización,
la estructura del lenguaje sufre algunas modificaciones
relativas; por ejemplo, a la longitud de las expresiones,
a su claridad estructural y al carácter predicativo
de ellas, lo que genera que el lenguaje se vuelva
progresivamente más abreviado y se elidan los sujetos
de la enunciación, prescindiendo así de la necesidad de
actualización semiótica propia del lenguaje social.
En relación con la función del habla privada,
Vygotsky argumenta que:
Según la concepción de Piaget, el lenguaje
egocéntrico del niño no se adapta a la inteligencia
de los adultos […] El habla egocéntrica no cumple
ninguna función en el pensamiento o la actividad
realista del niño: simplemente los acompaña […]
Los resultados de nuestras experiencias indican que
la función del lenguaje egocéntrico es similar a la
del lenguaje interiorizado: no constituye un mero
acompañamiento de la actividad del niño, sino que
sirve de ayuda a la orientación mental […] (Vygotsky,
1973/1987[1934], p. 174-175).
El lenguaje, en tanto herramienta cultural simbólica,
es utilizado primero con fines comunicativos
interpersonales y, más tarde, es utilizado en la
esfera intrapersonal con fines comunicativos y de
autorregulación. Con la ayuda del habla privada es
posible para los niños lograr una distancia respecto de
los estímulos circundantes y del contexto inmediato
para dar lugar a sus planes internos. Sin embargo,
las posibilidades que brinda el habla privada no se
restringen a la adquisición de cierta maestría sobre las
características del entorno.
Existe evidencia para pensar que el habla privada
facilita también la transición desde la performance
colaborativa hasta la performance independiente.
Además, por estar basada en la transferencia del rol
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regulatorio desde el adulto hasta el niño, su utilización
por parte de los infantes es conducente al éxito en la
planificación, realización y monitorización de tareas
(Winsler, Díaz & Montero, 1997).
El habla privada se erige así como mediador
metacognitivo privilegiado de la función
autorregulatoria durante el curso de actividades
dirigidas a metas (Atencio & Montero, 2009). Aún
más, es conocido que la utilización del habla privada
es, en los niños, directamente proporcional a la
dificultad de la tarea a resolver (Fernyhough y Fradley,
2005; Berk, 1992).
Se plantea así la necesidad de considerar la relación
entre habla privada y performance como un vínculo
“dinámico y complejo en el que la dificultad de la
tarea actúa como variable que interactúa con el habla
privada, modulando sus efectos en la performance”
(Montero & De Dios, 2006, p. 176). A medida que una
tarea se vuelve más dificultosa –es decir, desafiante
para el nivel de desarrollo actual de competencia no
mediada-, el niño utilizará el habla privada como un
medio para ganar dominio en la tarea.
Además de funcionar como una herramienta para la
modulación de los procesos cognitivos, se ha propuesto
que el habla privada se encuentra vinculada con la
transmisión de los procesos motivacionales humanos.
En este sentido, se argumenta que, además de colaborar
con la planificación y organización cognitiva general, el
habla privada se encuentra ligada a la dimensión volitiva
del self, al establecimiento de metas, a la auto-evaluación
subjetiva de la performance enactiva y a la adecuación
experiencial del contenido intencional de nuestras
acciones, dimensiones que se encuentran en marcadas
al interior de las categorías motivación intrínseca y
motivación intrínseca. De esta forma,
Los individuos pueden socavar o mejorar su propia
motivación intrínseca en relación con una tarea a
partir de la emisión de expresiones de habla privada
con valencias diferenciadas (Atencio & Montero,
2009, p. 209).
Si bien hasta ahora solo se ha mencionado la
utilización que realizan los niños del habla privada,
es menester notar que los adultos también hacen uso
de este recurso del pensamiento. Por ejemplo, se ha
comprobado que, en contextos en los que se vuelve
necesario alternar rápidamente entre dos o más tareas,
recurrir al habla privada disminuye notablemente el
costo de alternancia (Winsler, 2009). Esto sugeriría que,
ante determinados conflictos o desafíos cognitivos, los
adultos son capaces de re-externalizar (Fernyhough,
2004) el habla privada con fines de autorregulación y
reorganización de la actividad mental.
El breve desarrollo realizado en relación con esta
temática solo intentó destacar el modo en que ciertas
herramientas semióticas “están disponibles y ordenan
la vida social y, como resultado de su apropiación,
podrán constituirse en herramientas de regulación del
propio psiquismo” (Baquero, 2012a, p. 67).
Los aportes de la Teoría de la Actividad
Si se trata de evaluar las formas particulares que
adopta el desarrollo psíquico en el tiempo, es posible
considerar a la actividad como unidad de análisis
y concepto bisagra entre las esferas individual y
cultural (Baquero, 1996). Así, es posible pensar a la
actividad como una interfaz que permite comprender
los procesos de desarrollo cognitivo y cuyo análisis
puede complementar la labor de aquellos teóricos que
prefieren encarar el análisis sociocultural por la vía del
análisis de la acción mediada.
La Teoría de la Actividad, tal como fuera enunciada
por diferentes autores posvygotskianos, parte de
considerar que el desarrollo psicológico se basa
en actividades culturales prácticas. Esta noción de
actividad que posee un antecedente etimológico en la
acepción rusa del término praxis (Daniels, 2001/2003),
involucra pensar a la mente individual dentro de ciertos
sistemas de actividad. Fue Leontiev (1972/1977) quien
planteó originalmente la distinción entre actividad,
acción y operación. En sus desarrollos, la actividad es
vista como una unidad molar y sistémica definida por
un motivo. En tanto, la acción pertenece a un nivel
inferior jerárquico y está determinada por sus fines. Por
último, en el sustrato jerárquico inferior encontramos
al concepto de operación, que es dependiente de una
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consideración de sus medios (Baquero, 1996, 2012b).
Posteriormente, Engeström (2015) sistematizó
diferentes aportes vinculados con la Teoría de la
Actividad, asiló tres generaciones de ella y destacó
la necesidad de atender a los procesos de evolución
de los sistemas de actividad y a su eventual adopción
de formas institucionales y organizacionales. De este
modo, y como un intento de solucionar el problema
de la insensibilidad cultural de aportes previos sobre la
actividad, situó en el centro de la escena a la relación
entre los sistemas de actividad y ciertos elementos
pertenecientes al macronivel de lo colectivo y de la
comunidad, en vez de concentrarse en el individuo.
Además, Engeström postuló la urgencia de
abordar el análisis de redes de sistemas de actividad
en interacción, definidas dialógica y multivocalmente,
y de las cuales pueden emerger conflictos. Para este
abordaje, el autor propuso como unidad de análisis
mínima al complejo compuesto por dos sistemas de
actividad en interacción, cada uno de los cuales se
define en términos de los siguientes subcomponentes:
sujeto, instrumento, objeto, comunidad de referencia,
reglas de la división de tareas y normas de la comunidad
(Daniels, 2001/2003).
El problema de las unidades de análisis
Redefinir el desarrollo psíquico en relación con el
medio sociohistórico y pensar el desarrollo humano
como producto de la actividad intersubjetiva,
culturalmente situada y mediada semióticamente
(Baquero, 2001b), hace que la Teoría Histórico-Cultural
sobrepase en su formulación teórica los límites de los
procesos cognitivos individuales (Baquero, 2009). A su
vez, hace que requiera como necesidad epistemológica
del paradigma encontrar nuevas unidades de análisis
que conserven las propiedades del todo sistémico, es
decir, “vivas”, para explicar los procesos de evolución
de las funciones psicológicas (Baquero, 2012a).
Fue el mismo Vygotski quien avizó este problema
al criticar las propuestas metodológicas de ciertas
corrientes de pensamiento (por ejemplo, la Psicología
Experimental) dedicadas a estudiar las funciones
psicológicas desde lo que él llama un contexto reactivo.
Se trata de un marco de investigación que concibe al
objeto de estudio como una entidad susceptible de ser
escindida e interpelada apelando a constructos tales
como factores o variables independientes y variables
dependientes; es decir, constructos pertenecientes a la
lógica estímulo-respuesta (Vygotski, 1979/2009 [1931-
1934]). Retomando a Lewin (1931), caracterizó a este
tipo de abordaje como un punto de vista fenotípico
basado en la descripción de ciertos rasgos del fenómeno
y la negación de la historia evolutiva del mismo.
En esta perspectiva, las totalidades complejas son
analizadas a partir de la separación de lo que se considera
son sus elementos constituyentes o componentes,
método que Vygotski propone llamar de análisis por
elementos. Es conocido el ejemplo brindado por Stuart
Mill (2011 [1843]) para desacreditar este punto de vista:
si se quisieran analizar las propiedades del agua, sería
poco feliz proceder descomponiéndola en Hidrógeno
y Oxígeno, puesto que ninguno de estos componentes
posee las propiedades que sí posee el agua como
compuesto (por caso, tanto el Hidrógeno como el
Oxígeno alientan la permanencia y amplificación del
fuego, mientras que el agua lo extingue).
Esta perspectiva resulta insuficiente para una Psicología
que desee desentrañar los mecanismos explicativos de las
funciones psicológicas, cuestión que había sido postulada
también por Wundt en su Völkerpsychologie (1916/2003
[1904]), donde este último destacó la imposibilidad de
estudiar experimentalmente las funciones psicológicas
superiores ignorando la naturaleza unitaria y compleja que
las define. En palabras de Vygotski, “(…) si la esencia de los
objetos coincidiera con la forma de sus manifestaciones
externas, la ciencia sería totalmente superflua” (Vygotski,
1979/2009 [1931-1934], p. 101–102).
Al contrario, Vygotski concibe a las funciones
psicológicas al interior de la evolución psicológica
del individuo y como parte del desarrollo dialéctico-
histórico general. Su compromiso marxista lo lleva a
afirmar que el hombre debe ser estudiado en tanto
modificador de la naturaleza y creador de nuevas
condiciones de posibilidad para su existencia, sin
perder de vista la organización de la estructura de la
conciencia como una totalidad. De esta manera, un
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Alessandroni
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sistema psicológico no es una colección de elementos,
sino un conjunto de procesos de tipo global que no
pueden escindirse y deben enmarcarse siempre en
condiciones de posibilidad históricas y culturales que
permiten develar los nexos entre las dimensiones inter
e intrasubjetivas que determinan el desarrollo de los
sujetos. De allí que el “carácter histórico y cambiante
de los sistemas psicológicos se expresa, a su vez, como
la historia misma del desarrollo, que se constituye,
al fin, en procesos graduales y también por saltos”
(Castorina & Baquero, 2005, p. 173).
El método que propone Vygotski es el método de
análisis por unidades (Vygotski, 1973/1987[1934]),
creado con el afán de no simplificar los fenómenos
que se abordan y que busca tomar como unidad de
análisis objetos complejos que conservan todas las
propiedades básicas del total, ya que “no es cierto
que una reacción compleja consista en una cadena de
procesos separados que podrían añadirse y sustraerse
arbitrariamente” (Vygotski, 1979/2009 [1931-1934],
p. 107). Los procesos psicológicos, en esta visión,
no deben ser entendidos como sumas algebraicas de
componentes, tal como propone el método de análisis
por elementos.
El método de análisis por unidades busca, en
cambio, analizar procesos reconstruyendo cada uno de
los estadios del desarrollo de los mismos para evitar ser
engañados por lo que él denominó formas fosilizadas
de conducta. Por ejemplo, muestras de conducta
estáticas, analizadas transversalmente y despojadas de
toda historia constructiva. Al contrario, el análisis debe
ser dinámico, es decir, debe contemplar las íntimas
relaciones entre presente y pasado
1
.
En sus propias investigaciones, Vygotski utiliza
este método, por ejemplo, al estudiar las relaciones
entre pensamiento y lenguaje, para lo cual postula
como unidad de análisis compleja el significado de la
palabra. Para el autor, la conexión entre pensamiento
y palabra no es una vinculación primaria e invariante,
sino que se origina en el desarrollo y se modifica
y hace más estrecha a lo largo de él (Rivière, 1988).
En este proceso de variación genética del significado,
se exhiben las diferentes formas de relación entre
pensamiento y lenguaje, funciones que tienen raíces
genéticas distintas que, en el curso del desarrollo, se
sintetizan dialécticamente.
De igual manera, al estudiar el desarrollo del habla
privada, Vygotski se basa en la premisa de que ella
“no suprime las formas de habla social o dialogada,
sino que, por el contrario, se revierte sobre ellas o
las co-define. En sentido estricto, los procesos intra-
e interpsicológicos se co-definen” (Castorina &
Baquero, 2005, p. 175), definiendo así a su objeto de
estudio como una entidad inseparable (y en ciertos
aspectos, indiferenciada) del contexto sociocultural
en el que se enmarca. Tal como menciona Vygotski,
estudiar algo históricamente implica estudiarlo en el
proceso de su cambio y, estudiar el proceso de cambio
de una función psicológica, implica considerar el
“mundo de la cultura socialmente organizado, creado
por un sujeto que, procesualmente, ha desarrollado sus
fuerzas y habilidades” (Yaroshevsky, 1989, p. 19).
En sintonía con la propuesta vygotskiana y
comprendiendo a la práctica pedagógica como el
contexto social fundamental en el que tiene lugar
la reproducción-producción cultural (Daniels,
2001/2003, p. 3), Baquero, por ejemplo, propone
pensar como unidad de análisis a la educabilidad
de los sujetos, ya no como una propiedad de los
mismos, sino como “un efecto de la relación de las
características subjetivas y su historia de desarrollo con
las propiedades de una situación” (Baquero, 2001b).
Del mismo modo, Rogoff (1997) ha propuesto
como unidad de análisis del desarrollo psicológico a la
actividad (o evento), entendida esta como un sistema
complejo que involucra tres planos (los del aprendizaje,
la participación guiada y la apropiación participativa) y
como constructo que permite reformular la relación
entre el individuo y el desarrollo social y cultural,
“(…) una relación en la que cada uno está implicado
en la definición del otro. Ninguno de ellos existe
separadamente” (Rogoff, 1997).
1
De modo interesante, Cole (1996) ha propuesto integrar también
la dimensión de futuro en el análisis de los procesos psicológicos,
a través de, por ejemplo, el concepto de “prolepsis”.
Imaginación, creatividad y fantasía en Vygotski
Actualidades en Psicología, 31(122), 2017, 45-60
53
¿Qué aporta el enfoque sociocultural de Vygotski al abordaje
psicológico de la imaginación, la creatividad y la fantasía?
La imaginación, la creatividad y la fantasía forman
parte del repertorio de las funciones psicológicas
humanas, ocupando en él un lugar primordial.
Diferentes estudios abonan esta afirmación y señalan,
por ejemplo, que ellas resultan de importancia
insoslayable tanto para la resolución de problemas de
nivel individual (Maier, 1970) como para un amplio
ámbito de actividades humanas sociales, como lo son
el avance del conocimiento científico (Kim, 2016;
Sánchez-Ruiz, Romo Santos & Jiménez Jiménez,
2013), la innovación organizacional (Amabile, 1988) y
la invención técnica y artística (Weisberg, 2006).
Dicho de otro modo, no caben dudas respecto de
la utilidad cultural de la imaginación y la creatividad.
Sin embargo, el estudio del desarrollo cultural de estas
funciones psicológicas constituye, desde hace mucho
tiempo, un ámbito de vacancia (Sternberg, 1999). En
un artículo de 1983, por ejemplo, Amabile sostiene que
“no existe investigación alguna acerca de la psicología
social de la creatividad” (Amabile, 1983, p. 357).
Del mismo modo, Feldman, Csikszentmihalyi y
Gardner (1994) resaltan las limitaciones del modelo
hegemónico de investigación de la creatividad cuyos
diseños metodológicos consisten en descripciones en
profundidad de las vidas de individuos “descollantes”
que no incluyen elementos culturales ni sociales.
En este modelo, la unidad de análisis es el individuo
creativo que propulsa innovaciones por fuera (Paulus
& Nijstad, 2003) o a pesar de (Weiner, 2000) su
contexto social. En palabras de Glăveanu (2010), en el
modelo hegemónico, “la sociedad y la cultura actúan
repetidamente como las ‘villanas’ contra las cuales
lucha el creador” (p. 80).
La perspectiva sociocultural acerca de la
creatividad del adolescente desarrollada por Vygotski
resulta francamente opuesta al modelo individualista
hegemónico. En ella, la sociedad y la cultura no son las
villanas que obstaculizan los procesos de innovación,
sino las condiciones de posibilidad de estos. Como
se desarrollará en la próxima sección, para Vygotski
la creatividad es un proceso psicológico superior
cuyo origen ontogenético es histórico-cultural y
está vinculado a contextos de actividad cotidianos
donde se ponen en juego ciertos instrumentos de
mediación semiótica.
Por este motivo, la unidad de análisis considerada
por Vygotski excede la esfera individual y abarca la
participación de los sujetos en sistemas de actividad
culturalmente organizados. Además, la creatividad es
abordada por el autor como una función psicológica
en despliegue dinámico y esto le permite explicar,
desde una óptica longitudinal del desarrollo humano,
de qué modo pensamiento y creatividad se enlazan
durante la adolescencia para nutrirse mutuamente
y dar lugar a la emergencia de la novedad. Así,
la creatividad es analizada como una función en
desarrollo que se orienta desde la interacción social
hacia la autorregulación y que se vincula tanto con los
procesos cognitivos como con los aspectos afectivos
de la vida psicológica de los sujetos.
Un abordaje sociocultural de la
imaginación, la creatividad y la fantasía
“Es para uno mismo, en la mente, que
se producen los poemas y las novelas, que
se actúan los dramas y las tragedias, y que
se componen las elegías y los sonetos”
(Vygotski, 1998 [1931], p. 165).
Esta sección tiene el objetivo de analizar, en
tanto caso ilustrativo, la propuesta vygotskiana para
comprender la creatividad del adolescente. Para
esta tarea, se hará uso de las categorías de análisis
desarrolladas con anterioridad.
En Imaginación y creatividad en el adolescente
[Pedologija podrostka (Pedagogía del Adolescente),
1931], Vygotski comienza por situar a la creatividad, la
fantasía y la imaginación
2
como funciones psicológicas
superiores de relevancia insoslayable en el desarrollo
del sujeto, porque lo habilitan tanto a interpretar y
construir novedades, como a “transponer propiedades
de las cosas, reemplazar unas por otras y combinar
propiedades y acciones” (Vygotski, 1998 [1931], p.
54
Alessandroni
Actualidades en Psicología, 31(122), 2017, 45-60
152-153). La consideración sobre la relevancia de estas
funciones se refuerza, en el texto, a partir de la cita
de ciertos testimonios clínicos de E. Cassirer (1929)
respecto de pacientes con disturbios complejos de los
PPS atendidos en un instituto neurológico de Frankfurt.
Estos pacientes que, según Vygotski, carecían de fantasía
y creatividad, no podían, entre otras cuestiones, repetir
una frase cuyo contenido semántico no fuera congruente
con la experiencia sensorial concreta individual. Del
mismo modo, estos pacientes eran incapaces de utilizar
objetos de la vida cotidiana en circunstancias no usuales.
Del análisis de estas viñetas clínicas, Vygotski
extrae la conclusión de que la imaginación y la
creatividad, caracterizadas por poder procesar
libremente los elementos de la experiencia, requieren
a la libertad interna de pensamiento, acción y
cognición como precursora. Esta característica solo
es alcanzada por aquellos sujetos que han logrado
formar verdaderos conceptos.
Uno de los puntos más interesantes del escrito es
la discusión que entabla Vygotski con la perspectiva
tradicional en Psicología acerca de la creatividad, que
la entiende como una función primordial que conduce
el desarrollo mental del adolescente. Así, en este
paradigma, la imaginación sería aquella función que
caracteriza toda la vida intelectual del adolescente:
El punto de vista tradicional intenta subordinar todos
los otros factores del comportamiento del adolescente
a esta función básica, asumiendo que se trata de una
manifestación primaria e independiente de los factores
fundamentales y dominantes de toda la psicología de
la maduración sexual (Vygotski, 1998 [1931], p. 153).
Por otra parte, la perspectiva tradicional ha obviado,
según el autor, las relaciones entre la creatividad y la vida
intelectual, solo considerando los vínculos de la misma
con la esfera emocional. En contra de esta visión,
Vygotski avanza una hipótesis: durante la adolescencia,
las funciones de la imaginación y el pensamiento en
conceptos atravesarían procesos de reorganización
psíquica que les permitirían conectarse. De esta
forma, la imaginación en contacto con los conceptos
se intelectualizaría y el pensamiento en conceptos -en
contacto con la imaginación- se creativizaría. Esta
relación de entrelazamiento inaugura una función
totalmente nueva al interior de la personalidad del
adolescente. La fantasía adolescente no sería, así, una
función primaria y elemental, sino el resultado de la
reestructuración psíquica de la creatividad infantil en
contacto con la función de formación de conceptos.
Aun cuando Vygotski plantea esta alternativa
hipotética sustantiva, debe dar, también, respuesta
a emprendimientos investigativos empíricos. Estos
indican que la utilización de imágenes eidéticas (es
decir, representaciones visuales) que constituyen la
expresión más notable de la fantasía infantil desaparece
durante la adolescencia. Dicha cuestión parecería
abonar la idea de que el pensamiento visual, al quedar
despojado de sus funciones intelectuales, desaparecería
para dar lugar al pensamiento lógico abstracto.
En este punto, la propuesta del autor es que, durante
la adolescencia, la creatividad se libera de lo concreto, de
los factores gráficos, pudiendo penetrar en el campo de
los elementos abstractos. De esta forma, la creatividad
empezaría a depender de los conceptos. No obstante,
esta nueva vinculación no implica que la creatividad
sea absorbida por el pensamiento lógico, sino que estas
dos funciones se acercan dialécticamente la una a la
otra, sin llegar nunca a fundirse. En función de ello,
el autor afirma que: “Tenemos frente a nosotros el
problema de encontrar las relaciones únicas entre los
factores abstracto y concreto que son característicos de
la imaginación durante la edad transicional” (Vygotski,
1998 [1931], p. 157).
Sería imposible hacer justicia al detallado análisis
que inicia Vygotski en el tercer apartado del
manuscrito para iniciar la vía de resolución de este
problema de conocimiento. Sin embargo, interesa
remarcar que, haciendo gala de su concepción del
desarrollo psíquico como conjunto complejo de
reorganizaciones dialécticas, el autor propone que la
2
En ciertos pasajes del manuscrito, estas tres funciones parecen
utilizarse de modo intercambiable. En otros, Vygotski pareciera
situar a la creatividad y a la imaginación como sub-tipos de fanta-
sía. La resolución de esta precisión no reviste mayor importancia
para el desarrollo argumental del autor. En cualquier caso, impor-
ta establecer que se trata de funciones estrechamente vinculadas.
Imaginación, creatividad y fantasía en Vygotski
Actualidades en Psicología, 31(122), 2017, 45-60
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imaginación del adolescente posee sus bases genéticas
en el juego del niño.
La única diferencia entre el juego concreto y la
imaginación es la necesidad de recurrir al sustrato
material: en lugar de jugar, el adolescente fantasea
haciendo uso de representaciones visuales y, en vez de
construir castillos en la arena, los construye en el aire
(vale decir, en su mente). De esta manera, Vygotski
rechaza que el pensamiento visual desaparezca junto
con el advenimiento de la adolescencia; más bien, el
pensamiento visual es “movido a otro lugar, a la esfera
de la fantasía y cambia parcialmente bajo la influencia
del pensamiento abstracto, elevándose, como todas las
demás funciones, a un nivel más elevado” (Vygotski,
1998 [1931], p. 159). La formación de conceptos
posibilita a la imaginación adolescente al permitirle
liberarse de situaciones concretas y acceder a procesos
de procesamiento creativo diferenciales (ver figura 1).
Ahora, resta explicar qué novedad emerge de
este entrelazamiento dialéctico entre la imaginación
adolescente (que es continuación del juego infantil) y
el pensamiento en conceptos. Uno de los puntos de
desacuerdo de Vygotski con otras teorías psicológicas
radica en la aseveración de que el pensamiento abstracto
se mueve en los planos abstracto y general, y la fantasía
y la imaginación solo en el plano de lo concreto.
El autor entenderá, asimismo, que la imaginación es
una actividad creativa que procede de lo concreto a
lo concreto, pero dirá que dicho proceder es posible
únicamente gracias a la ayuda de elementos abstractos.
Así, un proceso de fantaseo adolescente iniciaría con
la consideración de una imagen visual que solo gracias
al auxilio de verdaderos conceptos logra mutar en una
nueva representación imaginada. Por otra parte, según
el autor, la fantasía del adolescente es más creativa que
la fantasía del niño; esta modificación cualitativa está
íntimamente vinculada con los cambios en las condiciones
de vida del adolescente. Durante la adolescencia, los
sujetos atraviesan una revolución creativa, suelen exhibir
una tendencia hacia la productividad y hacia la creación
artística bajo la forma de diarios íntimos y poemas. Las
imágenes que la imaginación adolescente utiliza quedan
definidas, según el autor, por poseer un tono emocional.
No por ello menos importante, la fantasía del
adolescente es consciente, lo cual la habilita, como a
otros PPS, a cumplir funciones de autorregulación.
La función autorregulatoria más importante de la
fantasía, la imaginación y la creatividad está vinculada
a la vida emocional. La fantasía resulta reparatoria allí
donde existen necesidades, actitudes y sentimientos
que perturban al adolescente y, por ello, es un
“cumplimiento de deseo
3
, un correctivo de actividades
que no brindan satisfacción (…) La vida que no se vive
exteriormente encuentra expresión en las imágenes
creativas” (Vygotski, 1998 [1931], p. 164-165).
Aún más, este uso autorregulatorio de la fantasía
es privado: el adolescente no suele compartir sus
fantasías con nadie, sino más bien todo lo contrario,
es decir, las oculta. De esta forma, y por la vinculación
ya establecida por el autor entre la imaginación y el
Figura 1. Posible trayectoria genética de la imaginación adolescente.
56
Alessandroni
Actualidades en Psicología, 31(122), 2017, 45-60
juego infantil, sería posible intuir que existe una
trayectoria genética que inicia con una actividad social
concreta en contextos de interacción específicos: el
juego. Este evoluciona reconstructivamente hacia
el establecimiento de una función autorregulatoria
privada de la esfera emocional, intuición que, a
priori, sería compatible con los desarrollos teóricos
de Vygotski; por ejemplo, con su caracterización del
concepto de habla privada.
Vale la pena notar que, en este texto, la imaginación
creativa constituye una unidad de análisis compleja,
sistémica, que conjuga las relaciones dialécticas
existentes entre el impulso sexual, el juego infantil, el
pensamiento en imágenes y el pensamiento mediante
verdaderos conceptos. El breve recorrido realizado
respecto de la fantasía en el adolescente permite
ilustrar el modo en que
(…) sobre la base de la formación de conceptos,
se desarrollan algunas funciones mentales
completamente nuevas; el modo en que sobre esta
nueva base la percepción, la memoria, la atención, y la
actividad práctica del adolescente es reestructurada;
y lo que es el punto principal, cómo se unen en
una nueva estructura, cómo, gradualmente, ciertos
cimientos se colocan para habilitar nuevas síntesis
superiores de personalidad y visiones del mundo
(Vygotski, 1998 [1931], p. 165-166).
Conclusiones y comentarios sobre
la relevancia actual de la temática
En la primera parte de este artículo se propuso un
recorrido conceptual por las principales categorías
analíticas de los enfoques socioculturales, tanto en su
formulación Vygotskiana (Teoría Histórico-Cultural)
como en aquellas postvygotskianas. Se señaló, en
primer lugar, la importancia de comprender a los
PPS como funciones psicológicas humanas con una
legalidad diferenciada, originadas en la vida social
y que habilitan la creación de consciencia y control
autorregulatorio. La diferenciación entre los PPS
rudimentarios y avanzados permitió abordar el
complejo asunto del surgimiento de los PPS y analizar,
muy brevemente, la concepción del desarrollo no
teleológico defendida por Vygotski. Finalmente, se
abordaron los aportes de la Teoría de la Actividad y
de las disquisiciones epistemológico-metodológicas
vinculadas con la delimitación de unidades de análisis
que permitan estudiar los procesos psicológicos como
formas en despliegue longitudinal, y no como muestras
fosilizadas de conducta.
En la segunda parte del trabajo, se mostrpo de
qué modo aplica Vygotski las categorías de la Teoría
Histórico-Cultural al análisis de la imaginación, la
creatividad y la fantasía en el adolescente. Se trata
de una propuesta analítica ciertamente original y
cuya unidad de análisis es verdaderamente compleja:
la creatividad se sitúa en el centro de un campo
dinámico de relaciones entre pensamiento, emociones,
contextos de actividad cotidianos, uso de instrumentos
de mediación y procesos de autorregulación.
Además, para Vygotski, la creatividad (como
todo proceso psicológico) debe ser abordada
longitudinalmente, es decir, como una función en
despliegue permanente. Ello tiene implicancias varias,
siendo una de las más relevantes la inclusión del
tópico de la creatividad al interior de las discusiones
sobre el desarrollo psicológico humano. Si, como ya
se ha mencionado, existen autores que reniegan de la
ausencia de perspectivas que consideren a la creatividad
en sus relaciones con la sociedad (Amabile, 1983), es
importante reconocer el carácter vanguardista de la
mirada histórico-cultural y del desarrollo que Vygotski
formuló sobre la creatividad en 1931.
La perspectiva vygotskiana sobre la creatividad no
solo reviste valor en tanto aporte históricamente notable,
sino que resulta fundamental para cualquier discusión
actual de la creatividad. Ello es así porque, dado que
para Vygotski “toda función aparece dos veces: primero,
a nivel social, y más tarde, a nivel individual” (Vygotski,
1979/2009 [1931-1934], p. 94), las características
histórico-culturales del presente resultan centrales para
comprender las particularidades y el rol de la creatividad
en el mundo contemporáneo. En efecto, el contexto
sociocultural de 1931 no es el mismo que el actual.
3
Nótese cómo esta armación exhibe cierta inuencia psicoanalí-
tica freudiana.
Imaginación, creatividad y fantasía en Vygotski
Actualidades en Psicología, 31(122), 2017, 45-60
57
La vertiginosa aceleración del ritmo de vida en el
trabajo y el hogar, el contexto generalizado de crisis
global en relación con los recursos económicos y las
identidades culturales, como así también el avance
(a veces desmedido) de las nuevas tecnologías son
solo algunos de los elementos que configuran el
presente. En este escenario hostil, el ser humano
asiste a un proceso paradójico: mientras las categorías
convencionalmente empleadas para explicar la
creatividad están siendo cuestionadas y deconstruidas
por el discurso posmoderno (Eisler & Montuori,
2007), la creatividad, en tanto responsable del avance
social, cultural y tecnológico, deviene no tanto una
necesidad como una cuestión de supervivencia (Romo
Santos, 1997). En palabras de Richards:
La creatividad cotidiana es fundamental para nuestra
supervivencia. Gracias a la creatividad cotidiana nos
adaptamos flexiblemente, improvisamos y probamos
diferentes opciones, tanto si estamos criando a un
niño, aconsejando a un amigo, arreglando nuestro
hogar, o planeando un evento para recaudar fondos
(Richards, 2007, p. 25-26).
En la medida en que la tecnología se hace cargo
de la mayor parte de las tareas rutinarias antes
realizadas por los humanos, la creatividad se vuelve
más y más necesaria, en tanto función psicológica
capaz de crear nuevos futuros y empujar a la
sociedad a través de procesos de innovación (Moran,
2010; Runco, 2004; Westwood & Low, 2003). Tal
vez por ello, en los últimos años, las discusiones
sobre la creatividad y sus posibles aplicaciones en
diferentes áreas de la educación se han multiplicado
exponencialmente (Hennessey & Watson, 2016;
Santos & André, 2015; Sintoni, 2016). Convendría
entonces, dadas las circunstancias que atraviesan
las subjetividades, revalorizar la propuesta
teórica vygotskiana y emprender un análisis de la
creatividad, la imaginación y la fantasía desde una
perspectiva cultural del desarrollo. Ello permitiría,
por un lado, ensayar descripciones y explicaciones
situadas, socio y ontogenéticamente relevantes,
sobre estas funciones psicológicas. Pero, además,
habilitaría lecturas más abarcativas, que no desdeñen
la complejidad multinivel que la creatividad, la
imaginación y la fantasía entrañan, sino que la
asuman y la comprendan como condición de
posibilidad de ellas.
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Recibido: 11 de noviembre de 2016
Aceptado: 29 de mayo de 2017