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Alessandroni
Actualidades en Psicología, 31(122), 2017, 45-60
sistema psicológico no es una colección de elementos,
sino un conjunto de procesos de tipo global que no
pueden escindirse y deben enmarcarse siempre en
condiciones de posibilidad históricas y culturales que
permiten develar los nexos entre las dimensiones inter
e intrasubjetivas que determinan el desarrollo de los
sujetos. De allí que el “carácter histórico y cambiante
de los sistemas psicológicos se expresa, a su vez, como
la historia misma del desarrollo, que se constituye,
al fin, en procesos graduales y también por saltos”
(Castorina & Baquero, 2005, p. 173).
El método que propone Vygotski es el método de
análisis por unidades (Vygotski, 1973/1987[1934]),
creado con el afán de no simplificar los fenómenos
que se abordan y que busca tomar como unidad de
análisis objetos complejos que conservan todas las
propiedades básicas del total, ya que “no es cierto
que una reacción compleja consista en una cadena de
procesos separados que podrían añadirse y sustraerse
arbitrariamente” (Vygotski, 1979/2009 [1931-1934],
p. 107). Los procesos psicológicos, en esta visión,
no deben ser entendidos como sumas algebraicas de
componentes, tal como propone el método de análisis
por elementos.
El método de análisis por unidades busca, en
cambio, analizar procesos reconstruyendo cada uno de
los estadios del desarrollo de los mismos para evitar ser
engañados por lo que él denominó formas fosilizadas
de conducta. Por ejemplo, muestras de conducta
estáticas, analizadas transversalmente y despojadas de
toda historia constructiva. Al contrario, el análisis debe
ser dinámico, es decir, debe contemplar las íntimas
relaciones entre presente y pasado
1
.
En sus propias investigaciones, Vygotski utiliza
este método, por ejemplo, al estudiar las relaciones
entre pensamiento y lenguaje, para lo cual postula
como unidad de análisis compleja el significado de la
palabra. Para el autor, la conexión entre pensamiento
y palabra no es una vinculación primaria e invariante,
sino que se origina en el desarrollo y se modifica
y hace más estrecha a lo largo de él (Rivière, 1988).
En este proceso de variación genética del significado,
se exhiben las diferentes formas de relación entre
pensamiento y lenguaje, funciones que tienen raíces
genéticas distintas que, en el curso del desarrollo, se
sintetizan dialécticamente.
De igual manera, al estudiar el desarrollo del habla
privada, Vygotski se basa en la premisa de que ella
“no suprime las formas de habla social o dialogada,
sino que, por el contrario, se revierte sobre ellas o
las co-define. En sentido estricto, los procesos intra-
e interpsicológicos se co-definen” (Castorina &
Baquero, 2005, p. 175), definiendo así a su objeto de
estudio como una entidad inseparable (y en ciertos
aspectos, indiferenciada) del contexto sociocultural
en el que se enmarca. Tal como menciona Vygotski,
estudiar algo históricamente implica estudiarlo en el
proceso de su cambio y, estudiar el proceso de cambio
de una función psicológica, implica considerar el
“mundo de la cultura socialmente organizado, creado
por un sujeto que, procesualmente, ha desarrollado sus
fuerzas y habilidades” (Yaroshevsky, 1989, p. 19).
En sintonía con la propuesta vygotskiana y
comprendiendo a la práctica pedagógica como el
contexto social fundamental en el que tiene lugar
la reproducción-producción cultural (Daniels,
2001/2003, p. 3), Baquero, por ejemplo, propone
pensar como unidad de análisis a la educabilidad
de los sujetos, ya no como una propiedad de los
mismos, sino como “un efecto de la relación de las
características subjetivas y su historia de desarrollo con
las propiedades de una situación” (Baquero, 2001b).
Del mismo modo, Rogoff (1997) ha propuesto
como unidad de análisis del desarrollo psicológico a la
actividad (o evento), entendida esta como un sistema
complejo que involucra tres planos (los del aprendizaje,
la participación guiada y la apropiación participativa) y
como constructo que permite reformular la relación
entre el individuo y el desarrollo social y cultural,
“(…) una relación en la que cada uno está implicado
en la definición del otro. Ninguno de ellos existe
separadamente” (Rogoff, 1997).
1
De modo interesante, Cole (1996) ha propuesto integrar también
la dimensión de futuro en el análisis de los procesos psicológicos,
a través de, por ejemplo, el concepto de “prolepsis”.