
2
Kelman
Actualidades en Psicología, 29(118), 2015, 1-11
Introducción
El título del trabajo manifiesta el propósito de este
artículo, el realizar un primer abordaje genérico al
devenir histórico de lo político a partir del psicoanálisis.
Se trata de establecer un conjunto de cuestiones, sin
pretender su agotamiento exhaustivo, que serán motivo
de nuevas escrituras más particularizadas; de este
modo, se deja también al lector, un campo abierto al
retrabajo compartido. Se opta por no definir lo político,
apoyado en la imposibilidad que ofrece toda definición.
La definición intenta en vano, la aprehensión de la
esencia; intento siempre fallido por la inadecuación de
estructura del lenguaje a lo real.
A diferencia de la propuesta aristotélica de la palabra
como etiqueta de la cosa, se dirá que la palabra siempre
derrapa la cosa. No obstante, este es un buen punto de
partida: la palabra y la cosa.
La política se organiza como discurso, constituyendo
su figuración en el espacio de lo representable,
ámbito de la inscripción de las subjetividades y de
las identificaciones. Lo político es el acontecimiento,
cuando la cosa, lo real que escapa siempre a la
representación, irrumpe produciendo la ruptura
de la escena política y su reformulación, a través de
un reordenamiento de la misma. El acontecimiento
entonces, excede las intencionalidades.
“Eso” político acontece en una dimensión
a-subjetiva. Su elucidación es retroactiva, inferida a
través de la aprehensión de las consecuencias, en un
despliegue lógico que no es lineal, sino del mismo
orden que el acto.
El devenir histórico de lo político implica en
consecuencia, una historia que no es cronológica, sino
de acontecimientos donde se articulan palabras y cosas,
en una superficie imaginaria, una y otra vez. Entonces,
¿cómo leer este devenir que involucra las dimensiones
simbólica, imaginaria y real? Por lo pronto, no se trata
de la aprehensión de significaciones. Dicha lectura
requiere de topologizar la política y lo político, tomando
como marco de referencia, el que provee la lógica de
un psicoanálisis.
¿Qué es un psicoanálisis sino la lectura de la efectuación
de la estructura singular de un ser hablante, trazado en el
recorrido de la experiencia del analizante? El analizante
hace el recorrido de un análisis, atravesando su realidad
hasta arribar al origen imposible, en la escritura de la
modalidad singular de goce que le es propia y desconocida,
entramada en su síntoma; y en la pregunta por la causa.
Que el origen sea imposible, sitúa una abertura en el
plano topológico, en modo análogo al que Freud figura
el ombligo de los sueños (Freud, 1900/1984), el autor
nos transmite que el análisis de los sueños progresa en
la superficie de la escena onírica hasta arribar a un límite,
borde del espacio de lo representable que linda con una
abertura por donde el ser hablante se umbilica a lo real
de la estructura. Es el lugar topológico de donde somos
cortados cuando hay nacimiento del sujeto.
De modo similar, la realidad política puesta en plano
–y esto es ya una topología– ofrece un cuadro de realidad
establecido. La realidad política como dada y arrojada en el
plano de la existencia, implica que ya conlleva el montaje
de la repetición: lo actual es ya efecto de repetición. La
grieta del origen donde se aloja la causa, coincide con
lo que se presenta en la ruptura de la escena política: el
acontecimiento por el cual irrumpe lo político. La lectura
de la política como realidad también hace recorrido.
Un movimiento de la lectura es entonces, el recorrido
por el anverso del cuadro de realidad, hasta arribar a la
abertura del origen imposible, tanto para la lectura en un
psicoanálisis como en la lectura de la escena de la política,
efecto de la repetición que inscribe en el futuro lo que
retorna del pasado, en un tiempo siempre segundo.
Arribar al límite con la escritura que produce, es un
final y al mismo tiempo hay otro recorrido que se abre,
por el reverso del cuadro de realidad, donde la abertura de
origen no es ya el punto de llegada del recorrido, sino un
relanzamiento. Anverso y reverso implican dos recorridos
lógico en una heterogeneidad sin identidad, aunque
articulados en puntos de atravesamiento, puntos de cruce:
no hay simetría ni biunivocidad.
Dos recorridos lógicos que implican lo tercero del
corte y del pasaje, con la salvedad que con lo tercero se
inicia la cuenta. Lo hétero aquí es alteridad y diferencia.