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Torres-López, Munguía, Aranda y Salazar
Actualidades en Psicología, 29(118), 2015, 35-46
Introducción
Las diversas causas de los problemas de salud mental y
de los trastornos mentales incluyen no sólo características
individuales (tales como la capacidad para gestionar
nuestros pensamientos, emociones, comportamientos
e interacciones con los demás), sino también factores
sociales, culturales, económicos, políticos y ambientales; las
políticas nacionales, la protección social, el nivel de vida, las
condiciones laborales y los apoyos sociales de la comunidad
(Organización Mundial de la Salud [OMS], 2013).
Los programas de promoción y atención de
salud mental existentes por parte del sector salud de
México han tenido un impacto limitado. La mayoría
de los programas implementados se orientan hacia
la atención de problemas específicos de enfermedad
mental, dejando de lado la promoción y fomento de la
misma. Además, no se toma en cuenta la perspectiva
de los sujetos a los cuales se dirigen los programas, es
decir, los actores implicados.
La promoción de la salud mental procura fomentarla
mediante el mejoramiento de los recursos, habilidades
y fortalezas de las personas, familias, comunidades e
instituciones. También, busca fomentar el establecimiento
de condiciones de vida adecuadas, así como “empoderar”
a los actores sociales para que esas condiciones puedan
lograrse (OMS, 2005). La Organización Mundial para la
Salud (OMS) define a la salud mental como un estado de
bienestar en el que la persona materializa sus capacidades
y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de
trabajar de forma productiva y de contribuir al desarrollo
de su comunidad (OMS, 2004).
Los estudios que se han enfocado a identificar la
conceptualización de la salud no sólo desde la visión
de los expertos, sino de la población en general,
destacan un creciente interés por la perspectiva de las
personas que no cuenta con formación académica en el
campo de la salud, es decir, de los profanos o legos. La
correcta promoción de la salud metal, considera que las
estrategias e intervenciones terapéuticas, profilácticas
y de promoción, tienen que basarse en pruebas
científicos y en prácticas óptimas, teniendo en cuenta
consideraciones de carácter cultural (OMS, 2013).
Un enfoque teórico y metodológico que permite
el acercamiento a las conceptualizaciones culturales
de la población es el análisis de consenso cultural. El
cual estudia cómo las personas de diferentes culturas
adquieren información sobre el mundo, cómo la
procesan, toman decisiones y actúan en formas
consideradas apropiadas para otros miembros de su
cultura (transmisión cultural).
La cultura es un conjunto de conocimientos, creencias
y conductas compartidas que constituyen los elementos
normativos de un grupo. La teoría del consenso es un
conjunto de técnicas analíticas y modelos que pueden
usarse para estimar los saberes culturales. El conocimiento
individual, o competencia cultural individual, puede ser
analizado desde el acuerdo entre los integrantes de un
grupo determinado. Se parte de la idea de que las personas
son culturalmente competentes en un área específica
de un objeto social en la que son expertos no sólo por
su conocimiento científico, sino también, y sobre todo,
por los saberes culturalmente compartidos El análisis de
consenso es teoría y método, ya que como teoría especifica
las condiciones bajo las cuales un mayor acuerdo entre
los individuos, indica un mayor conocimiento sobre un
dominio cultural. Y como método permite evaluar el
grado del conocimiento de los informantes (Weller, 2007).
Los dominios culturales son categorías significativas
de conocimiento para una cultura en particular. Son
creados por la población, a partir de reglas cognitivas
que permiten organizar las ideas, cosas y formas que
tienen en mente, además de crear modelos para percibir,
relacionar e interpretar la información (Bernard, 2006).
Se accede a ellos con el uso de técnicas estructuradas
de obtención de información (listados libres, card
sorting, formación de triadas o pares, entre otras). Lo
que permite generar información cuantificable, con el
fin de comprobar los tres supuestos del la teoría del
consenso cultural: a) verdad común: se asume que
todos los informantes provienen de una cultura común.
b) independencia local: supone que las respuestas de
cada informante son independientes de las respuestas
de los otros informantes. c) la homogeneidad en los
ítems: cada informante tiene una competencia cultural
fija sobre cada término (Weller, 2007).