
Microsociología de la interacción y constitución del sí mismo en la vivencia comunitaria neopentecostal
culto. La acción y el sentido entran en romance por los actos discursivos y
por sus ‘extremidades’ en “la vida cristiana” (una cotidianidad cuasi-mística).
Hay un alto valor convencional del acto del discurso, tanto para el locutor
como para su audiencia. Las oposiciones son consensuadas: Dios-el diablo,
riqueza-pobreza, sanidad-enfermedad, iglesia-mundo, etc. Las expectativas
son reconocibles por la regularidad discursiva e interactiva: el ‘golpe al alma’
(que se expresa en llanto, euforia, etc.) la presencia divina (que también
aparece en llanto y euforia, pero que se materializan en glosolalia, sanidad,
imposición de manos con desplomes, etc.). Mucho de lo que se dice ya se
sabe, y su decir aparece como novedad, como revelación. De aquí que los
mensajes, los contenidos de los actos discursivos pasan por la recursividad,
por la confirmación de lo sabido y lo esperado.
Las palabras y frases con las que se construye la prédica (y que nos
sirven de datos para sostener tales valoraciones del acto discursivo) son de
distinto ‘orden’. En el orden de lo negativo se usa las locuciones “trampa”,
“mentira”, “ofensa”, “contaminación”, “raíz”, “condenación”, “infierno”,
“lazo”, “bloqueo”, “enfermedad”, “sangre y carne”, “conmiseración”,
“trampa”, “indiferencia”, “sospecha”, “Satanás”, “enemigo”. En el orden de
lo positivo se usan las locuciones “potencia”, “perdón”, “sanidad”,
“espíritu”, “cielo”, “misericordia”, “obediencia”.
Estas locuciones se conjugan de modos distintos con frases que
contextualizan y expresan los sentidos de las aseveraciones. Se puede
escuchar frases con sentido completo tales como “La ofensa provee un
terreno para que Satanás traiga un montón de mentiras” o “raíz de
amargura”. Otras frases muy significativas que se recabaron de una de las
predicas analizadas, denominada “Perdón”, son las siguientes: “vienen los
espíritus de condenación”, “aislarse es convertirse en blanco fácil del
enemigo”, “lazo terrible del temor”, “lazo de obsesión”, “nuestras armas no
son carnales, sino espirituales” (tomado como referencia directa del verso
neotestamentario “no luchamos contra carne y sangre, sino contra
principados y potestades”), “¿cuántos quieren un consejo sabio de Dios?”,
“Satanás está interesado en que usted no perdone”, “las personas que no
perdonan son las personas que se enferman”, ¿Hay alguien aquí que quiere
que Dios le quite la misericordia?”, “espíritu de sospecha”, etc.
En suma, hemos podido encontrar en los actos discursivos una suerte
de desvanescencia de la individualidad en la experiencia y el sentido de sí.
Tanto el contenido de las prédicas como la dinámica misma de su acaecer
muestra el factor jerarquía como axial y detonante de la dilución identitaria.
Esta dilución se genera a través de la abstracción de La Palabra y el uso
particular de las palabras como vehículo de tal perdida de sí. El acto discursivo
como interacción se muestra tan fuerte como el ‘contenido’ en los discursos
como razones. Más aún, las razones –tan fuertes como parecen– se hacen
dependientes de la interacción discursiva, cuyos rasgos autoritarios y de
Actualidades en Psicología,
22, 2008, 19-42
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