MECANISMOS
DE CONTROL EN LA CIUDAD DE OSORNO: CONTEXTO DE DICTADURA MILITAR, 1973-1990
MECHANISMS OF
POWER AND CONTROL IN OSORNO CITY DURING THE MILITARY
DICTATORSHIP PERIOD, 1973-1990
Miguel Ángel Sepúlveda Chávez
Palabras
claves
Poder,
mecanismos de control, Osorno, dictadura militar.
Keywords
Power, control mechanisms, Osorno, military dictatorship.
Fecha
de recepción: 1 de mayo de 2014 - Fecha de aceptación: 26 de
setiembre de 2014
Resumen
El
siguiente trabajo tiene como objetivo describir los mecanismos de poder y de
control utilizados en la ciudad de
Osorno bajo el periodo de dictadura militar, el cual implícitamente es
un primer acercamiento a una
investigación que busca comprender el proceso de resistencia vivido en
la ciudad durante el periodo
dictatorial. El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 y la
instauración de una dictadura
durante 17 años en Chile, fue un hecho que marcó a la sociedad
chilena en general. Durante el tiempo
que duró, se intentó omitir los violentos actos ejecutados contra
todos los contrarios al régimen
militar. Sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos,
segregación, desigualdad social, instauración
del sistema neoliberal, entre otras, son solo algunas de sus principales
secuelas, que fueron respaldadas por
los variados mecanismos de control utilizados por el Estado chileno.
Metodológicamente, se
recurrirá a bibliografía especializada, libros y artículos
de revistas científicas, muestras
de prensa diaria local y también a entrevistas realizadas a sujetos que
fueron parte del proceso de
represión.
Abstract
The following research aims to describe
the mechanisms of power and control used in Osorno during the military dictatorship period. Having as
an implicit fact being the first approach to an investigation
that tries to understand the process of resistance lived in the city during the
dictatorial period. The military coup
d’état in September 11th in 1973 and the establishment of a
seventeen-year dictatorship in Chile,
was an event that marked the Chilean society. During those times, it was tried to bend the truth about the violent acts
performed against all the opponents of the Military Regime. Systematic violations of Human Rights,
segregation, social inequality, establishment of the
neoliberal system, among others; are just some of the main effects, which were
supported by a variety of control
mechanisms used by the Chilean State. Methodologically, it would turn to
specializing bibliography, books and articles about scientific magazines, samples of local daily press and also to
interviews carried out to subjects that will be part
of the process of repression.
INTRODUCCIÓN
El presente trabajo tiene por objetivo describir los
mecanismos de control utilizados en la
ciudad de Osorno entre los años 1973 y 1990 frente al proceso de dictadura militar en Chile. Asimismo, esto se
enmarca dentro de una investigación más
profunda que tiene como fin analizar las relaciones de poder y,
específicamente, los mecanismos
y estrategias de resistencia desarrollados en el periodo. Por lo que el presente estudio se instala como un
primer acercamiento a la problemática de
investigación.
La dictadura militar constituyó un periodo que
marcó profundos cambios en la
sociedad chilena, dejando innumerables consecuencias en los diferentes
ámbitos de la sociedad.
Sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos,1 segregación, desigualdad
social, instauración del sistema neoliberal, entre otras, son algunas de
sus principales secuelas. Todas ellas
fueron respaldadas por variados mecanismos de
control usados a través del Estado chileno, siendo este mismo el
principal mecanismo de control
utilizado.
Todo mecanismo de control proviene del uso del poder.
Es decir, nace a partir de una
relación de dominación amparada bajo este concepto, con lo cual
los subalternos (sometidos, dominados,
silenciados, etc.) se ven obligados a actuar en diversos
escenarios en función de esta imposición. Estos pueden elaborar
mecanismos y estrategias de
resistencia, capaces de contrarrestar este sometimiento y de llevarlos a un ejercicio del poder y a la
modificación de las relaciones de poder. Es así que entonces cabe preguntarse:
¿Qué es el poder?
PODER Y
MECANISMOS DE CONTROL
Poder
Etimológicamente, poder proviene del latín possum – potes
– potuī – posse,
que según
Ávila-Fuenmayor (2007), de manera general “…significa ser
capaz, tener fuerza para algo, o lo
que es lo mismo, ser potente para lograr el dominio o posesión de un objeto físico o
concreto, o para el desarrollo de tipo moral, política o científica” (p.
2). Por su parte, Raymond Aron (1968) señala: “El poder es la capacidad de un individuo para determinar la
conducta de otros. En su sentido más general,
el poder [agrega] es la capacidad de hacer, producir o destruir” (p. 45).
El concepto de poder generalmente se asocia a
dominación, coacción, mando y
obediencia, imposición, fuerza. Pero es a mediados del siglo XX que
poder adquiere un nuevo o distinto
significado. Michel Foucault lleva a un giro conceptual, en cuanto plantea que “el poder es por
sí y en sí mismo una relación” (como se
citó en Herrán, 1999, p.
237). Es decir, “«El poder como tal no existe»… el
poder no es una esencia, pues
sólo existe de un modo relacional o, lo que es lo mismo, en acción… el poder no es materia de
intercambio” (como se citó en Herrán, 1999, pp. 235-236). Es así que en vez de un poder,
como si fuera un sustantivo, debemos pensar
en relaciones de poder. Por ello Foucault plantea que en vez de realizarnos las preguntas: qué es el poder y de
dónde proviene, debemos, más bien, cuestionar el ejercicio del poder: el cómo y el
quién lo ejerce.
En relación con lo anterior, precisamente, debemos
distinguir dos acepciones de poder:
1. Aquel poder que se
entiende como capacidad, “aquél que se ejerce sobre las cosas, y que da la capacidad de modificarlas,
utilizarlas, de consumirlas o de destruirlas” (Foucault, 1984,
p. 1).
2. El poder como
una relación de dominación, entre individuos o grupos.
Es el grupo dominante quien se privilegia del ejercicio
del poder, quien a través de
mecanismos de control tales como el Estado mismo, hace uso efectivo de esta relación de poder-dominación
frente a los subalternos. No obstante, cabe destacar
que no es en el Estado donde reside el poder, sino más bien es un medio
a través del cual se ejerce.
Citando a Foucault, Herrán (1999) señala que:
Aun considerando la omnipotencia de sus
aparatos, el estado está lejos de ocupar
por completo el campo de las relaciones efectivas de poder, y todavía más porque el estado sólo puede
operar sobre la base de otras relaciones de poder
ya existentes. El estado es superestructural en
relación a toda una serie de
redes de poder que configuran el cuerpo, la sexualidad, la familia, el parentesco, el saber, la tecnología y
demás. (pp. 236-237).
En consecuencia, las relaciones de poder que surgen a
partir del Estado solo son posibles en
la medida en que existen aquellas relaciones basadas en aspectos y cargas culturales de la sociedad. Esto es,
aquellas que nacen en el seno de la sociedad,
desde las relaciones interpersonales más básicas, entendidas
dentro de un contexto
predominantemente patriarcal, machista y elitista, tanto en aspectos socio-culturales como
también en el ámbito intelectual o del conocimiento. Es
así que el Estado logra
establecer relaciones más complejas, valiéndose de relaciones de poder más directas y simples.
Historia,
verdad y manipulación congnitiva
Debemos comprender que el Estado (en conjunto con sus
aparatos burocráticos,
militares y policiales) no es el único mecanismo de control del cual hacen uso aquellos que dominan las relaciones de
poder. Es así como la historia (o
más precisamente lo que conocemos como historia oficial) por su
naturaleza ligada a las elites
dominantes, se transforma de hecho en un mecanismo de control. Citando a Foucault, Ávila-Fuenmayor (2007)
precisa que:
La historia es para nuestro autor, el
discurso del poder, el discurso de las obligaciones
a través de las cuales el poder somete; es el discurso por medio del cual el poder fascina, aterroriza, inmoviliza; al
atar e inmovilizar, el poder es fundador
y garantía del orden… La historia así como los rituales,
los funerales, las consagraciones, los
relatos legendarios, es un operador, un intensificador
del poder. (p. 3).
En tanto estrategia de poder, la historia pasa a ser
sinónimo de verdad. De una
verdad elegida y consensuada por quienes gozan del ejercicio de poder. Es por ello que la historia se transforma en un aliado
imprescindible, en cuanto tradicionalmente
ha protegido y valorizado la verdad creada desde el poder. Entonces, debemos entender la verdad como una
“creación”.2 De acuerdo al propio
Foucault (1979), a fines del siglo XIX
Nietzsche ya daba luces sobre la relación historia-verdad:
La
verdad, especie de error que tiene para sí misma el poder de no poder
ser refutada sin duda porque el largo
conocimiento de la historia la ha hecho inalterable…
¿todo esto no es una historia, la historia de un error que lleva por nombre verdad? La verdad y su reino originario han
tenido su historia en la historia. (p.
11).
La verdad (o las verdades) nace(n) como un mecanismo del
poder (de quienes dominan las
relaciones de poder) con el objeto de perpetuar el control sobre los dominados, interviniendo en todas las esferas de la
sociedad, estableciendo lo que es y no
es debido, lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo. Según Foucault
(1979):
La verdad no existe fuera del poder o sin
poder… La verdad es de este mundo; es
producida en él gracias a múltiples coerciones y produce en
él efectos reglamentados de
poder. Cada sociedad tiene su régimen de verdad, su
‘política general’
de verdad: esto es, los tipos de discurso que ella acoge y hace funcionar como verdaderos; los mecanismos y las instancias
que permiten distinguir los enunciados
verdaderos de los falsos, la manera como se sancionan unos y otros; las técnicas y los procedimientos que
son valorizados para la obtención de
la verdad; el estatuto de aquellos que tienen a cargo decir lo que funciona como verdadero. (p. 187).
Como vemos, la verdad y la historia son dos elementos
fundamentales para perpetuar el
ejercicio del poder por parte de la elite. Cabe señalar que la verdad no
solo se alía con la historia,
sino que además, se asocia con los medios de comunicación (o las máquinas en general),
con la finalidad de consolidar diariamente los intereses
de quienes dominan las relaciones de poder. Al respecto, Hardt
y Negri (2000)
explican que:
El
poder se ejerce por medio de máquinas que organizan las mentes (en sistemas de comunicaciones, redes de
información, etc.) y los cuerpos (en sistemas
de bienestar, actividades monitoreadas, etc.) hacia un estado de alienación autónoma del sentido de la
vida y el deseo de la creatividad. (p. 25).
A través de estos mecanismos y estrategias, las
élites ejercen poder por medio de
la manipulación. Y esta manipulación, más bien, tiene que
ver con el control, fenómeno
que si bien es constitutivo del poder, igualmente se manifiesta de una manera más sutil, lo que la hace diferente,
aunque definitivamente complementaria. Según
van Dijk (2006), esta es “una práctica
comunicativa e interaccional, en la cual el manipulador ejerce control sobre otras
personas, generalmente en contra de su
voluntad o en contra de sus intereses” (p. 50). Agrega
además que, “la manipulación
no solo involucra poder, sino específicamente abuso del poder, es decir,
dominación” (van Dijk, 2006, p. 50). Es por ello que los medios de comunicación
se transforman en uno de los
mecanismos de control más importantes, ya que se encuentran inmiscuidos en la cotidianeidad de la
sociedad, por tanto, su influencia es
constante.
A través de los discursos y los medios de
comunicación en general, la manipulación
se transforma en una práctica dirigida hacia la reproducción del
poder por parte de los grupos
dominantes. Así, “la manipulación, socialmente hablando, es
una forma discursiva de
reproducción del poder de la élite que va en contra de los intereses de los grupos dominados y (re)produce la
desigualdad social” (van Dijk, 2006, p. 53).
El principal objetivo del mecanismo es intervenir en el
plano mental de los individuos, en sus
creencias, en sus cargas culturales. Tal cual precisa van Dijk
(2006) “este control es, antes
que nada, un control de la mente, es decir, de las creencias de los receptores e, indirectamente, un
control de las acciones de los receptores
basadas en estas creencias manipuladas” (p. 51).
En definitiva, los mecanismos de control son los medios
que poseen los grupos dominantes para
perpetuar su supremacía, para mantener las relaciones de poder y el ejercicio de este.
El
cuerpo como medio de control
Cuando hablamos de mecanismos de poder y control,
generalizamos la definición a
los “elementos” externos al individuo que es controlado, asociados
a medios de comunicación,
aparatos policiales-militares, entre otros. No obstante, debemos tener presente que el cuerpo del sujeto
puede y es transformado en una de las
principales formas de represión. Al respecto, Pierre Bourdieu
señala que el cuerpo es un
producto social influenciado por la cultura, por relaciones de poder y relaciones de dominación. Existen distintas
categorías o percepciones del cuerpo, un
cuerpo de aquel que “domina” y otro del “dominado”. Al
ser un constructo social, el cuerpo es un
proceso de aprendizaje. Según Bourdieu (1986):
Las propiedades corporales, en tanto
productos sociales son aprehendidas a través
de categorías de percepción y sistemas sociales de
clasificación que no son
independientes de la distribución de las propiedades entre las clases sociales: las taxonomías al uso tienden a
oponer jerarquizándolas, propiedades
más frecuentes entre los que dominan (es decir las más raras) y
las más frecuentes entre los dominados. (p.
87).
A partir de este aprendizaje, el cuerpo se transforma en
un agente de “marginalización”
en cuanto encontramos un cuerpo legítimo en quienes dominan y un cuerpo ilegítimo o alienado en los
dominados. Michel Foucault (1999) señala al respecto que, “El cuerpo humano es, como
sabemos, una fuerza de producción, pero
el cuerpo no existe tal cual, como un artículo biológico o como
un material. El cuerpo humano existe
en y a través de un sistema político”
(p.
87). Accesoriamente, de acuerdo al propio
Foucault, el cuerpo es parte del sistema político, con lo que determina ciertas condiciones, como por ejemplo, la
alienación a partir del trabajo, afirmando
que este en ningún caso es la esencia concreta del hombre, ya que: “Si
el hombre trabaja, si el cuerpo humano
es una fuerza productiva, es porque está obligado a trabajar. Y está obligado porque se
halla rodeado por fuerzas políticas, atrapado
por los mecanismos del poder” (Foucault, 1999, p. 87). En
consecuencia, el sujeto se ve
individualizado, reprimido, controlado y vigilado a través del cuerpo.
CUERPOS
REPRIMIDOS: TORTURA, PRISIÓN Y MUERTE
En el caso de la dictadura militar chilena, el cuerpo fue
utilizado como estrategia de
represión principalmente a través de distintas violaciones a los
Derechos Humanos, traducidas en
prácticas como la tortura, prisión política y asesinatos.3
En Chile, la práctica de la tortura se encuentra
prohibida desde 1876, por medio del
Código Penal, artículo 150. Aquí, se sanciona a aquellos
que “decretaren o prolongaren
indebidamente la incomunicación de un procesado, le aplicaren tormentos o usaren con él de un rigor
innecesario” (Penal y Leyes Complementarias, 1955, p. 95). El mismo documento establece
además un aumento en la sanción si “de
la aplicación de los tormentos o del rigor innecesariamente empleado
resultaren lesiones o la muerte del
paciente” (Penal y Leyes Complementarias, 1955, p. 95).
Este rechazo a la tortura y muerte será reafirmado
en el Código de Justicia Militar,
dictado en 1926. En su artículo 261, se condena a quien “obligue a
los prisioneros de guerra a combatir
contra sus banderas, los maltrate de obra, los injurie gravemente, o los prive del alimento indispensable o de
la asistencia médica necesaria” (Justicia
Militar, 1955, p. 76). No obstante, en el periodo de 1973 a 1990, la tortura fue una práctica “normal” dentro
del régimen militar. En este sentido, la Comisión Nacional sobre Prisión Política y
Tortura creada en 2003, señala que estas prácticas:
En los primeros años se
caracterizaron por su brutalidad y por dejar secuelas evidentes, poniendo con frecuencia en grave riesgo
la vida de las víctimas, existiendo
posteriormente mayor especialización en el tipo de presión
física aplicada sobre el
detenido. Salvo excepciones, los testimonios coinciden en que, durante su detención, las personas
afectadas sufrieron la aplicación de más
de un método de tortura, en que los golpes eran el más utilizado
y, comúnmente, el primero en
aplicarse. (Comisión
Nacional sobre la Prisión Política y Tortura, 2005, p. 205).
Por otro lado, la Comisión Nacional sobre
Prisión Política y Tortura ha establecido
en Chile post 1973, tentativamente tres periodos acordes a los tipos de tortura, sus métodos y su intensidad:
i. El primer periodo
corresponde desde septiembre hasta diciembre de 1973.
ii. La segunda etapa
abarca desde enero de 1974 y agosto de 1977.
iii.
Mientras
que el tercer periodo comprende desde agosto de 1977 a diciembre de 1989. (Comisión Nacional sobre la
Prisión Política y Tortura, 2005, p. 205).
De manera transversal a estas tres etapas mencionadas, la
tortura fue practicada por miembros de
las Fuerzas Armadas, Carabineros y la Policía de Investigaciones, incluidos civiles, respondiendo a una
práctica generalizada a escala nacional.
Primer
periodo
Entre los mecanismos de tortura encontramos: golpizas
reiteradas, lesiones corporales
deliberadas, colgamientos, posiciones forzadas, aplicación de electricidad, amenazas, simulacro de fusilamientos,
humillaciones y vejámenes, desnudamientos,
agresiones y violencia sexual, presenciar torturas de otros, ruleta rusa, presencia de fusilamientos de otros
detenidos, confinamiento en condiciones infrahumanas,
privaciones deliberadas de medios de vida, privación o
interrupción del sueño,
asfixias, exposición a temperaturas extremas, violencia sexual contra menores de edad, violencia sexual de mujeres
embarazadas que fueron violadas durante
su detención, prisión de mujeres violadas que quedaron
embarazadas, prisión de mujeres
embarazadas cuyos hijos nacieron en cautiverio.4
En este primer periodo se registraron aproximadamente el
68,7% de las detenciones calificadas
(alrededor de 23 000 personas). En los días posteriores al 11 de septiembre “se produjeron arrestos
masivos en allanamientos a empresas, poblaciones,
asentamientos campesinos, centros mineros y universidades” (Comisión Nacional sobre la Prisión
Política y Tortura, 2005, p. 206).
Estos delitos se proyectaron con un patrón similar
a nivel nacional. De acuerdo a la
investigación de la Comisión Nacional sobre la Prisión
Política y Tortura (2005):
“Comenzaban de madrugada y se prolongaban por varias horas. Las personas afectadas, reunidas en un mismo lugar,
eran forzadas a permanecer tendidas de
cara al suelo, con las manos en la nuca. Muchas recibían golpes”
(p. 206). Una
vez terminado el “registro”, los detenidos se trasladaban a los
distintos recintos de
reclusión, donde se aplicaban métodos de tortura más
especializados. Los testimonios
coinciden en señalar que “las detenciones registradas en este
tiempo se acompañaban, desde el
primer momento, con golpes reiterados de pies y puños, alternados con culatazos, insultos, ofensas y
amenazas, de muerte la mayoría de las veces”
(Comisión Nacional sobre la Prisión Política y Tortura,
2005, p. 209). Entre las
técnicas de tortura utilizadas en los interrogatorios en este periodo
encontramos claramente el uso de los
golpes, pero no fue la única práctica que encontramos. De este modo, igualmente se puede detallar,
“la aplicación de electricidad, a la que podían sumarse, por ejemplo, las
amenazas, la asfixia (submarino húmedo, submarino
seco y otros) y diversas lesiones corporales causadas deliberadamente al detenido, entre las cuales sobresalían
las quemaduras” (Comisión Nacional sobre la Prisión Política y Tortura, 2005,
p. 211).
Represión
en la ciudad de Osorno
En el caso de la ciudad de Osorno, por su parte,
encontramos un importante número
de situaciones asociadas a métodos de tortura. Debemos recordar que la sociedad chilena se encontraba paralizada desde el
punto de vista de las garantías ciudadanas
o constitucionales: predominaba el estado de sitio. En cambio, entran en funcionamiento tribunales militares y
precisamente de consejos de guerra. Consecuentemente,
en Osorno se presentaron casos de “tipificación de delitos a partir de conductas muy primarias o
limitadas” (Comisión Nacional sobre la Prisión Política y Tortura, 2005, p. 170).
Esta guerra antimarxista–anticomunista, se lleva a
la práctica a partir del más mínimo
indicio de una posible adherencia a ideas de izquierda o simplemente poseer una opinión distinta a la de quienes
dominaban el país. Una simple discrepancia, transformaba al sujeto en objetivo de las fuerzas
represivas. Consecuentemente, se habilitaron
distintos recintos de detención a lo largo del país. El Estadio
Nacional probablemente fue uno de los
más emblemáticos. En la Región de los Lagos (territorio que actualmente se encuentra dividido
administrativamente en la Región de los
Ríos y la Región de los Lagos), por su parte, se identificaron
131 recintos, de los cuales 12 se
encontraban en la ciudad de Osorno. El detalle es el siguiente:
• Anexo
Cárcel de Osorno - Supermercado COOPRESUR.
• Cárcel
de Osorno.
• Centro de Instrucción
Militar de Cañal Bajo (ocupado por la DINA).
•
Comisaría de Carabineros N°1 - Fiscalía de Carabineros.
•
Comisaría de Carabineros N°3.
• Cuartel de
Investigaciones.
• Estadio
Español.
• Industrias de
Cecinas FELCO.
• Recinto ex
Hospital Base de Osorno - Fiscalía Militar.
• Regimiento de
Ingenieros N°4 Arauco.
• Retén de
Carabineros Ovejería.
• Retén de
Carabineros Rahue Alto.
A partir de 1973, en Valdivia fue designado un general de
brigada como Jefe de Zona en Estado de
Emergencia de acuerdo al Decreto Ley N°4 del 11 de septiembre de 1973, mientras que en la provincia de Osorno fue
designado un teniente coronel (Comisión Nacional sobre la Prisión
Política y Tortura, 2005, p. 395). Además, desde la misma fecha se habilitó un campo de
prisioneros en el recinto deportivo del
Estadio Español, que estaba bajo la custodia y responsabilidad de
personal del Ejército. En estos
recintos los prisioneros fueron interrogados y torturados.
En la ciudad de Osorno, además, se utilizaron dos
lugares de propiedad de empresarios de
la zona. De acuerdo a la mencionada Comisión Nacional sobre la Prisión y Tortura (2005), “para
mantener a cierto número de prisioneros políticos aislados e incomunicados, los [prisioneros]…
fueron interrogados y torturados en la
Fiscalía Militar de Osorno” (p. 395).
Por lo demás, fue una práctica común
sacar a los prisioneros del recinto donde
se encontraban recluidos para ser llevados a los centros de interrogatorios. Ocurrió así con prisioneros que
“se encontraban en la cárcel de Osorno, los que fueron interrogados y torturados en la
Fiscalía Militar ubicada en el hospital base de esa ciudad” (Comisión
Nacional sobre la Prisión Política y Tortura, 2005, p. 395).
Carabineros de Chile fue uno de los aparatos del Estado
que mayor poder ejerció en el
periodo de dictadura localmente. En Osorno, un caso que ejemplificó a cabalidad el abuso de poder y el pensamiento de
aquellos que se vieron “gratificados”,
agradecidos o creyeron que era pertinente el poder desplegado por la dictadura militar que se iniciaba y que superaba sus
expectativas. Es el caso del Capitán Fernández
y su “guerra privada”.
Los
recintos de encierro, tortura y muerte
El año 1973, tanto a nivel nacional como local,
estuvo marcado por el gran número
de detenciones realizadas en los distintos recintos. La Fiscalía Militar
es uno de los espacios más
recurridos. En Osorno también fue utilizado el ex Hospital Base. En torno a este último, disponemos del
testimonio de un hombre recluido en la
Fiscalía Militar de Osorno, en septiembre de 1973:
Fui
llevado a la Fiscalía Militar de Osorno, lo que es actualmente el
Hospital Base de Osorno, donde
nuevamente fui golpeado y amenazado de muerte. Me pusieron largas horas con las manos hacia arriba en
la pared, con la amenaza si bajaba las
manos me mataban. (Comisión Nacional sobre la Prisión
Política y Tortura, 2005, p.
395).
Las posiciones forzadas como la anterior, constituyen una
tortura física, tanto como la
tortura mental. En cuanto a la primera forma, se debe mantener una posición no natural para el cuerpo, que debe
mantenerse un prolongado lapso de tiempo;
esto mismo, además, es una presión mental dado que también
hay que soportar el dolor, con el
agregado de las distintas amenazas por el no cumplimiento del castigo.
Segundo
periodo
Además de la propia actividad del Cuerpo de
Carabineros, tanto la Dirección de
Inteligencia Nacional (DINA) como la Central Nacional de Informaciones (CNI) igualmente
marcaron presencia en Osorno. En las afueras de Osorno, siguiendo la ruta internacional 215, se encuentra el Centro de
Instrucción de Cañal Bajo, que “fue
utilizado el año 1975 por efectivos de la DINA, quienes luego de
interrogar y torturar a los
prisioneros, los trasladaron hasta la ciudad de Santiago, al centro de torturas de Villa Grimaldi y Cuatro
Álamos” (Comisión Nacional sobre la Prisión Política y Tortura, 2005, p. 395).
Por otra parte, la propia CNI
habilita recintos en la ciudad de Valdivia y todavía,
“hubo testimonios que dieron cuenta de que personal de la CNI actuó en los
recintos de Investigaciones y/o de Carabineros en las ciudades de Puerto Montt y Osorno” (Comisión Nacional sobre la
Prisión Política y Tortura, 2005, p. 396). Y todavía, en la década de 1980, son
numerosos los registros de prisioneros que pasaron
por recintos de la CNI antes de ser conducidos a la
cárcel.5
En este periodo, el principal objetivo de las torturas
“son los cuadros directivos del
MIR y de los partidos Comunista y Socialista, a fin de impedir la rearticulación clandestina de redes opositoras a
la dictadura” (Comisión Nacional sobre la Prisión Política y Tortura, 2005,
p. 213). De este modo, en Osorno, por ejemplo, se
puede encontrar el caso de Rolando Rosas, quien pasa a la clandestinidad luego del golpe de Estado. Y pasa a ocupar distintos
roles en la organización (clandestina)
del Partido Socialista, finalmente fue detenido en 1975. De acuerdo con Rosas (2013), “Yo tengo la causa rol n° 54-75,
por el cuarto juzgado militar de Valdivia… Pertenecí
a las Juventudes Socialistas. Entré en el año ’69…
Sufrí tortura física. El submarino
mojado… el submarino seco… golpe de electricidad”. La causa
mencionada seguida en Osorno, es
aplicada en contra de 16 personas. De acuerdo con el Informe del Consejo de Guerra causa rol n°
54-75, a los procesados:
Se atribuye la organización
clandestina del Partido Socialista después del 11 de septiembre de 1973 y a quienes se castigó
por el delito de asociación ilícita establecido en el Decreto Ley N°77 de 1973 y
por otros delitos de la Ley sobre Control
de Armas. Sin embargo, a dos de los procesados se les castigó como autores del delito de espionaje conforme a los
artículos 245, N°12, y 246 del Código
de Justicia Militar, porque, de acuerdo con el consejo de guerra, ‘extrajeron y escribieron secretos militares y otros
datos del Regimiento de Ingenieros
N°4 Arauco, para su entrega al enemigo y para favorecer las operaciones de estos últimos’. Ha quedado
establecido que no había un enemigo a quien entregar secretos ni operaciones que pudieren haber
sido objeto de ayuda. (Comisión
Nacional sobre la Prisión Política y Tortura, 2005, p. 170).
Finalmente, la resolución del fallo a esta
mencionada causa, condenó a los imputados
por “asociación ilícita y espionaje”. Para los
líderes, las penas sumaron 23
años de cárcel: diez años de cárcel por espionaje,
cinco años y un día por tenencia ilegal
de armas, cinco años y un día por porte ilegal de armamento y
tres años y un día por
asociación ilícita.
En contraste con el primer periodo, donde las detenciones
poseían un carácter masivo,
aquí se practica una discriminación a la hora de llevar a cabo
los procedimientos. Consecuentemente,
“Los agentes represivos irrumpían en el entorno de la vida cotidiana, preguntando por quien buscaban;
conocían su ocupación, su rutina habitual,
los lugares que frecuentaba, los nombres de sus familiares y amigos, su militancia política” (Comisión
Nacional sobre la Prisión Política y Tortura, 2005, p. 214).
Durante este periodo, los métodos de tortura
más utilizados fueron los golpes y
la aplicación de electricidad, a diferencia del anterior periodo, donde
claramente existió una
especialización en estos. Según pudo comprobar la Comisión
Nacional sobre Prisión la
Política y Tortura (2005):
Los golpes ya no se propinaban al bulto,
sino en lugares corporales específicos, provocando
desmayos, asfixia o lesiones en órganos internos. Se adoptaron técnicas conducentes a evitar que los golpes
dejen rastros visibles en el cuerpo. Respecto
a la electricidad, la rutina de los recintos secretos comprendía el sometimiento de los detenidos a la parrilla; para
entonces se había consolidado el
uso de aparatos que permitían graduar el voltaje y disminuir las marcas
o quemaduras. (p. 217).
Encontramos además agresiones sexuales, las cuales
consistían incluso en prácticas
brutales contra las mujeres como:
Violaciones con perros especialmente
entrenados al efecto, o la introducción de
arañas en la vagina o en el ano… en Santiago existió un
recinto secreto a cargo de la DINA
—La Venda Sexy, en la jerga de los agentes— en el que las agresiones sexuales fueron el método de
tortura preferente. (Comisión Nacional
sobre la Prisión Política y Tortura, 2005, p. 217).
Tercer
periodo
La CNI es el organismo que se
destacó en este periodo del proceso represivo.
Se ha podido constatar un total de 3 059 detenciones en recintos de la CNI (Comisión
Nacional sobre la Prisión Política y Tortura, 2005, p. 217). No obstante, este organismo se encuentra en un
contexto distinto en este periodo, el
cual está marcado por “la creciente denuncia de las violaciones de
derechos humanos, la progresiva
emergencia de la oposición armada y el desenvolvimiento de un proceso de movilización social que
buscaba forzar por medios pacíficos una pronta
salida democrática” (Comisión Nacional sobre la Prisión
Política y Tortura, 2005, p.
218).
Como si se tratara de una política o programa
institucional, simultáneamente,
la Policía de Investigaciones y Carabineros de Chile vuelven a
intervenir activamente, por ejemplo,
“en tareas de coerción que perseguían doblegar la resistencia al régimen, deteniendo por plazos
más breves y poniendo a los opositores a
disposición de la CNI y de tribunales,
especialmente de fiscalías militares, a efecto
de ser procesados” (Comisión Nacional sobre la Prisión
Política y Tortura, 2005, p.
218).
En este periodo la CNI
dedicó mayor esfuerzo a la persecución de tres grupos involucrados en la oposición armada al
régimen militar: el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), el Frente Patriótico
Manuel Rodríguez y el Movimiento Mapu-Lautaro. En palabras de la
Comisión Nacional sobre la Prisión Política y Tortura (2005):
La CNI realizó detenciones selectivas que afectaban a
los integrantes directos de esas
organizaciones, pero también a las más extensas redes de personas
vinculadas a ellos. Los detenidos de
la CNI también podían ser remitidos a
las fiscalías militares o, en
caso de acusárseles de infringir la Ley de Seguridad Interior del Estado, ante ministros de las Cortes
de Apelaciones” (p. 218).
Este tercer periodo se caracterizó además
por una mayor pulcritud en los instrumentos
jurídicos que facilitaron la privación de libertad. Asimismo,
“se reanudaron los allanamientos
masivos en las ciudades más importantes del país, especialmente en Santiago” (Comisión
Nacional sobre la Prisión Política y Tortura, 2005, p. 220).
Los servicios de seguridad practicaron detenciones,
amedrentamientos, amenazas y
seguimientos. A diferencia de los periodos anteriores y aunque se mantuvieron las detenciones no reconocidas, la
mayoría de individuos detenidos señalaron
que sus detenciones fueron habitualmente reconocidas y registradas, “apelando de preferencia, como
justificación oficial de las mismas, a la legalidad e institucionalidad creada para enmarcar las
acciones de dicho organismo. Los detenidos
eran trasladados a recintos de la CNI, algunos
secretos, pero la mayoría de
público conocimiento” (Comisión Nacional sobre la Prisión
Política y Tortura, 2005, p.
221).
MANIPULACIÓN
COGNITIVA: MEDIOS DE COMUNICACIÓN, DISCURSO Y VIGILANCIA
Hemos visto que el control del cuerpo es uno de los
mecanismos de control más
recurrente, gracias a todas sus variantes. Además, este tipo de
estrategias punitivas son más
visibles. No obstante, encontramos también que quienes dominan las relaciones de poder buscan conjuntamente establecer
un “dominio mental” de los subalternos,
precisamente interviniendo así en el plano mental, en las creencias y en las cargas culturales de estos. Es aquí
donde radica la importancia de los medios de
comunicación y la manipulación de estos. Este es el ámbito
ideológico en donde el
“discurso oficial” se valida.
Tal como quedó señalado en el apartado
teórico, para el concepto de manipulación
se entenderá como una práctica comunicativa e interaccional,
en donde el manipulador ejerce control
sobre otras personas en contra de su voluntad o en contra de sus intereses.6 Por lo tanto, para el
análisis de esta nos situaremos en un marco
de triangulación, que acorde a van Dijk (2006):
Asocia discurso, cognición y
sociedad. [Para lo cual] Se necesita un enfoque analítico
del discurso porque la mayor parte de la manipulación, tal como la entendemos, se realiza mediante el texto oral o
escrito. En segundo lugar, los que
están siendo manipulados son seres humanos y esto ocurre
típicamente a través de
la manipulación de sus ‘mentes’, de manera que
también una explicación
cognitiva puede arrojar luz sobre este proceso. En tercer lugar, la manipulación es una forma de interacción, y
dado que también implica poder y abuso de
poder, también es importante un enfoque social. (p.
50).
Es imperativo diferenciar persuasión de
manipulación, ya que, en la primera los interlocutores “son libres de creer o
actuar como les plazca, según si aceptan o no los argumentos de quien persuade, mientras que
en la manipulación a los receptores
se les asigna, típicamente, un papel más pasivo: son
víctimas de la manipulación” (van Dijk, 2006, p. 51). Consecuentemente, la
manipulación a partir de los medios
de comunicación y del discurso es una de las prácticas
discursivas que los grupos dominantes
utilizan para la reproducción de su poder.
Para el caso de esta investigación, debemos
señalar que el régimen militar hizo
uso de la manipulación. Cabe destacar que la primera esfera en la que se
desenvuelve esta manipulación
se encuentra en el plano ideológico. Según van Dijk (2006), “la
forma más influyente de manipulación no se centra en la
creación de modelos mentales
preferidos específicos, sino en conocimientos abstractos más
generales, como saberes, actitudes e
ideologías” (p. 57). Consecuentemente, es a partir del discurso antimarxista que profesa la Junta Militar
que se buscará influir en el plano mental
de los sujetos. De este modo, en la declaración de principios del
régimen militar encontramos,
expresamente y sin ambigüedades lo siguiente: “los partidos y movimientos marxistas no serán admitidos
nuevamente en la vida cívica”.7
Como vemos, la condición de marxista o cualquier
tipo de relación con esta se
criminaliza, asociándola con aspectos negativos. Se busca provocar un
rechazo expreso y taxativo de la
sociedad hacia esta ideología. Este mecanismo cognitivo de la manipulación es descrito de gran
manera por van Dijk. En primer lugar se usa un suceso muy emocional, señala el autor,
“con un fuerte impacto en los modelos mentales
de la gente con el fin de influir [precisamente] en estos modelos según la preferencia –por ejemplo en
términos de una fuerte polarización entre Nosotros (buenos e inocentes) y Ellos (malos y
culpables)–” (van Dijk,
2006, p. 58). En segunda instancia,
“a través de repetidos mensajes y la explotación de sucesos
relacionados (por ejemplo otros
ataques terroristas)” (van Dijk, 2006, p. 58).
Al respecto, es de gran importancia
comprender que en estos casos, “los intereses y beneficios de quienes tienen el control de la
manipulación se oculten, oscurezcan o
nieguen, mientras que los beneficios de ‘todos nosotros’, de
‘la nación’, etc. se enfaticen” (van Dijk, 2006, pp. 58-59).
Esta criminalización no solo se hace presente en
los documentos oficiales emanados del
gobierno, sino que además, también se manifiestan de manera
directa como indirecta en los
distintos medios de comunicación predominantes en la época: radio, televisión y prensa escrita. En este
sentido, Mario Utreras (2013) nos relata:
En
términos de información, el gobierno militar, lógicamente
manejó todos los medios de
comunicación, especialmente la televisión, que en ese tiempo era totalmente estatal… el Estado manejaba
muy bien la información. Además de
eso está el periódico… el diario El Mercurio… con su
director… Agustín Edwards,
quien manipuló mucho la información.
Localmente encontramos el diario La Prensa,
instrumento encargado de llevar la
“verdad” establecida por la dictadura a la sociedad osornina. La Prensa
de Osorno, será el principal y
único medio escrito en el ámbito comunicacional en Osorno que se objetivará como mecanismo de
control. Groso modo, destacan sus noticias
de nivel nacional y local con un cargado carácter antimarxista.
Así por ejemplo, en su
edición del 25 de octubre de 1973 encontramos lo siguiente:
PIDEN PENA DE MUERTE CONTRA UN DETENIDO
Por traición a la Patria, un
militante del Partido Socialista se encuentra en capilla
en la Penitenciaría de Osorno. De acuerdo a informaciones obtenidas en fuentes oficiales, Alfonso Olivero, de 23
años, estaría confeso de haber participado en diversas acciones de organizaciones
paramilitares en esta Provincia.
Pero, lo más grave del caso, es
que al ser detenido por los efectivos de los operativos
militares y policiales se encontraba preparando la introducción subrepticia al país de un grupo de 150
guerrilleros cubanos, que se encontraban
a la espera en la República Argentina. De acuerdo a los antecedentes que se encuentran en poder de la Fiscalía
Militar, Olivero proyectaba colaborar en
una invasión de extremistas de nacionalidad cubana, por uno de los pasos
cordilleranos, solamente conocidos por
expertos baqueanos de la zona.
El proceso de petición de muerte
«por alta traición a la Patria» en contra de Olivero sería incoado una vez que el Alto
Mando de la Quinta División del Ejército,
con asiento en Valdivia, autorice la constitución del «Consejo de Guerra» para la Provincia de Osorno.
En el caso de ser aplicada la pena
capital, el fusilamiento se efectuaría probablemente en el recinto de la Penitenciaría,
donde el detenido se encuentra fuertemente
custodiado por los funcionarios del Servicio de Prisiones.8
Destaca el discurso ideológico de la Junta Militar
contra del marxismo;9
igualmente es llamativa la
acusación de traición a la Patria; es decir, los acusados, no son
simples detenidos, sino que
constituyen un peligro para la Patria y la sociedad, lo que además, es aún más grave por
su condición de militante del Partido Socialista. Se busca instalar en la sociedad la imagen clara de
aquel sujeto que debe ser rechazado,
excluido de la sociedad, práctica que tiene un doble objetivo, ya que
aparte de definir al sujeto peligroso (el
leproso, dentro del modelo biopolítico de la
lepra) se busca definir cuál
debe ser el sujeto legítimo,
con lo cual a partir de 1975
aparecerá un nuevo sujeto: el sujeto neoliberal.
La prensa igualmente procura preocuparse de
“informar” de las organizaciones
paramilitares, el ingreso de armas al país para derrocar el
régimen militar, actos
terroristas frustrados por las fuerzas armadas, entre otros. Como otro ejemplo digno de tener en cuenta, se puede citar la
edición del 22 de marzo de 1974, en el que
el diario La Prensa de Osorno publicó:
CONDENA
A MUERTE PARA DOS EXTREMISTAS PIDIÓ LA FISCALÍA
La pena de muerte para dos ex dirigentes
de la «Brigada Elmo Catalán» y militantes del Partido Socialista de Riachuelo,
solicitó la Fiscalía del Ejército al «Consejo de Guerra» en su primera
sesión para conocer acusaciones contra presuntos
implicados en actos terroristas y activismo político en la Provincia.
El Tribunal, integrado por oficiales
militares y de carabineros, escuchó a partir de las 15 horas de ayer, en una de las salas del
Regimiento «Arauco», la causa presentada
por el fiscal militar del Ejército, mayor Sergio Rosales, contra Juan Bassay y Renato Invernizze, para quienes solicitó la pena
máxima, por infracción a
la Ley de Control de Armas.10
Aquí, nuevamente se relaciona a los detenidos con
supuestos actos terroristas y
activismo político. Por otra parte, encontramos como patrón
general el hecho de acentuar su
condición de militantes del Partido Socialista. Todos estos argumentos en conjunto, hacen a los detenidos candidatos a la
pena máxima. En concordancia con
lo anterior, el diario exhibe una gran cantidad de mensajes relacionados con una manipulación del plano
ideológico. El día domingo 20 de enero de 1974 el diario La
Prensa de Osorno exponía lo
siguiente:
NADIE
PUEDE DETENER MARCHAR DE LA PATRIA A MEJOR DESTINO
El General Pinochet dijo que hoy
también se está en plena lucha, esa es la “prueba que nos legó el marxismo al
dejar en el caos y en el desastre económico
a un sometido a la demagogia y a la politiquería”.11
El 19 de abril de 1974, Augusto Pinochet visitó la
ciudad de Osorno. No podemos asegurar
que la población en general estuviera alegre o en contra de esta visita. Pero sí podemos aseverar que el
diario La Prensa se alzará como supuesto representante del pensamiento popular, publicando
una nota en que cualquiera puede
interpretar como un gran momento de regocijo la llegada del dictador a la ciudad. De este modo, tanto en las ediciones
anteriores y posteriores al 19 de abril —día
de la visita— se dará un gran énfasis en titulares y
páginas centrales, a la llegada
del “presidente Pinochet”. Consecuentemente, la edición del
día 19 vino cargada de mensajes
a favor de él, sobre todo de los empresarios de la zona, quienes se sentían totalmente perjudicados y atados
de manos en el gobierno de la Unidad Popular
y por tanto, complacidos por tal visita. En consecuencia, en la portada del diario La
Prensa de ese día
encontramos una nota editorial con un rotundo: “Bienvenido. Osorno recibe al Presidente”. Cabe
destacar el siguiente texto:
Unánime
beneplácito existe en las autoridades, dirigentes agropecuarios, de la industria, el comercio, los profesionales, los
trabajadores, los estudiantes, las mujeres,
en una palabra la ciudadanía, por la presencia en Osorno del Presidente de la Junta de Gobierno, General Augusto
Pinochet Ugarte.
A lo anterior, se suman una gran cantidad de saludos de
distintas empresas privadas hacia
Pinochet, como también de entidades públicas. Destaca el saludo
de la Municipalidad de Osorno, la cual
comunicaba que: “La ciudad de Osorno manifiesta
su orgullo en recibir al Excelentísimo Sr. Presidente de la honorable
Junta de Gobierno, General don Augusto
Pinochet Ugarte. Y se adhiere a su programa de
progreso y prosperidad por la Patria”.12 Entre las distintas
organizaciones y empresas privadas que
se adhirieron a los mensajes, podemos nombrar: Feria de Osorno S.A., SIPRODUCAM
Osorno, PILMAIQUEN Asociación de ahorro y
préstamo, Gremios de Osorno,
Soc. Turismo y Hoteles CRILLÓN, Cooperativa
Agrícola Lechera de Osorno,
Alimenticios FELCO Ltda., FRIGORÍFICO OSORNO S.A., KARLE y Cía.
Ltda., Banco de Chile Sucursal Osorno, Fábrica de Cecinas ECO, Fábrica de Maquinarias MOHRFOLL S.A., Compañía Cervecerías
Unidas S.A. y Curtiembre Casanova.13
En la edición del día 20 de abril de 1974,
el titular señala: “¡Se desbordó Osorno!”, con relación a la visita del
día anterior del general Pinochet, mostrando además distintas fotografías con
descripciones tales como: “Multitudinaria y cálida bienvenida”. Mensaje que se repite en toda la
edición.14
Dentro de lo que denominamos como manipulación cognitiva, encontramos además
el sentimiento de desconfianza generado por el régimen a partir de la
constante vigilancia, frente a
peligros tanto reales como ficticios, desplegada en la dictadura.
Vigilancia
y panoptismo
De este modo, podemos hablar de la existencia de una
especie de panoptismo.
La figura arquitectónica
del panóptico nace del pensador inglés Jeremy Bentham. Originalmente, el panóptico es una
particular arquitectura destinada a la vigilancia. Este dispositivo tiene como principio las
siguientes características físicas:
En la periferia, una construcción en forma de anillo; en el centro, una
torre, ésta, con anchas
ventanas que se abren en la cara interior del anillo. La construcción periférica está
dividida en celdas, cada una de las cuales atraviesa
toda la anchura de la construcción. Tienen dos ventanas, una que da al interior, correspondiente a las ventanas de la
torre, y la otra, que da al exterior, permite
que la luz atraviese la celda de una parte a otra. Basta entonces situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada
celda a un loco, un enfermo, un
condenado, un obrero o un escolar. Por el efecto de la contraluz, se pueden percibir desde la torre, recortándose
perfectamente sobre la luz, las
pequeñas siluetas cautivas en
las celdas de la peri-feria. Tantos pequeños teatros como celdas, en los que cada actor está solo,
perfectamente individualizado y constantemente
visible. El dispositivo panóptico dispone unas unidades espaciales que permiten ver sin cesar y reconocer al punto. (Foucault,
1986, p. 124).
El panóptico, de este modo, buscó imponer
la vigilancia constante, la paranoia
de ser vigilado. Quien se encuentre inserto en este, teme ejecutar todo tipo de acciones por el miedo a ser descubierto. Podemos
decir que este sujeto, “Es visto,
pero él no ve; objeto de una información, jamás sujeto en
una comunicación” (Foucault,
1986, p. 124). Además, tal cual señala Foucault (1986):
Si los detenidos son unos condenados, no
hay peligro de que exista complot, tentativa
de evasión colectiva, proyectos de nuevos delitos para el futuro, malas influencias recíprocas; si son
enfermos, no hay peligro de contagio; si
locos, no hay riesgo de violencias recíprocas; si niños, ausencia
de copia subrepticia, ausencia de
ruido, ausencia de charla, ausencia de disipación. Si son obreros, ausencia de riñas, de robos, de contubernios, de esas
distracciones que retrasan el trabajo,
lo hacen menos perfecto o provocan los accidentes. La multitud, masa compacta, lugar de intercambios
múltiples, individualidades que
se funden, efecto colectivo, se anula en beneficio de una colección de
individualidades separadas. Desde el
punto de vista del guardián está remplazada por una multiplicidad enumerable
y controlada; desde el punto de vista de los detenidos,
por una soledad secuestrada y observada. (p. 124).
Consecuentemente, al decir del ya citado Foucault (1986),
el mayor efecto del panóptico
es:
Inducir
en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad que garantiza el funcionamiento automático del
poder. Hacer que la vigilancia sea
permanente en sus efectos, incluso si es discontinua en su acción. Que
la perfección del poder tienda
a volver inútil la actualidad de su ejercicio; que este aparato arquitectónico sea una
máquina de crear y de sostener
una relación de poder
independiente de aquel que lo ejerce; en suma, que los detenidos se hallen insertos en una situación de poder
de la que ellos mismos son los portadores. (p.
124).
Este es el panóptico. El encierro y más, el
encierro vigilado o simplemente la vigilancia
o mejor, la certeza de estar vigilado. Este fenómeno que fue inventado a
fines del siglo XVIII, pasó
progresiva y transversalmente a toda la sociedad. A este nuevo fenómeno social se le puede llamar panoptismo. En consecuencia, el panoptismo será este progresivo
fenómeno que abarca a toda la sociedad y que se objetiva de distintas maneras, y que en cualquier caso se
constituye en unas tácticas de poder que
se especifican en una serie de estrategias de vigilancia social.
En el caso de la dictadura militar en Chile,
existió una especie de panoptismo, extrapolando la estructura arquitectónica de
Bentham a un plano psicológico-social,
donde las celdas, los juegos de luz y de sombras, son distintos mecanismos y agentes represores del Estado.
En relación al mecanismo de vigilancia social,
como señala Foucault, son lugares
destinados a ella la cárcel desde luego, la fábrica, los
hospitales y también las
escuelas (Foucault, 1986, pp. 124-143). No obstante, de un
modo más general todavía,
las ciudades son espléndidos espacios de vigilancia.
La gran mayoría de ciudades chilenas fundadas
durante el periodo colonial español,
conservan su plano damero original, el cual se caracteriza por distribuir la ciudad en cuadrículas. Las calles
están ubicadas unas en dirección norte-sur y las otras en sentido este-oeste. Esta
distribución, para efectos de vigilancia, resulta vital, considerando la visibilidad (hacia las
cuatro direcciones cardinales) obtenida al
ubicarse en una intersección de dichas calles. En el caso de Osorno
encontramos la vigencia de este tipo
de plano en todo el centro de la ciudad, como también en el sector inicial de Rahue
Alto.
Es necesario aclarar, sin embargo, que no se puede
pretender que la mera disposición
física de las cuadrículas o las coordenadas que inevitablemente
se interceptan en esta lógica
baste para dar funcionamiento al panóptico. Debemos
comprender que este se nutre de
distintos mecanismos o estrategias para su funcionamiento.
Teniendo en consideración cierta
disposición física de las ciudades y considerando además que es en ellas donde
preferentemente se desarrolla la vida moderna, la
ciudad evidentemente ofrece las mejores condiciones para el desarrollo del panoptismo.
Entonces, sobre las ciudades y sobre las coordenadas de
poder y vigilancia que permite su
disposición urbana, se asienta la desconfianza política que un
régimen sin legitimidad
política y deslegitimador impone progresivamente.
La
desconfianza y la objetivación de la desconfianza
En un contexto dominado por el panoptismo,
es comprensible que emerja un ícono
o mejor, una objetivación de la desconfianza. Se trata de la figura del
infiltrado. Más conocido como
el “sapo”, este personaje no siempre surge de la certeza cabal de su existencia. La mayoría de las
veces solo va a existir alimentado del sentimiento
de desconfianza “en el otro”, constituyendo una verdadera
“alteridad del miedo”.15
Históricamente las fuerzas policiales y militares
surgen para resguardar el orden
público y las fronteras. A partir de la década de 1960, la Guerra
Fría que enfrentó a la
democracia occidental contra el socialismo y cuya pugna hizo que una parte de la sociedad considerara la
suscripción o no a dicho conflicto, terminó por arrastrar a las policías y fuerzas del orden
y la seguridad. De modo que, a partir del 11
de septiembre de 1973, la sociedad chilena completa se convirtió en una
enorme instancia de vigilancia
expresa, por ejemplo, por medio del toque de queda. A partir de esta circunstancia, operaron igualmente otras
estrategias y tácticas como la delación
y por cierto la vigilancia.
Para el caso de Osorno, Mario Utreras (2013) confirma que
“en esa época existía,
yo creo que hasta los días de hoy existe, el ser [sujeto]
infiltrado”. Utreras (2013)
agrega al respecto: “Nosotros vivíamos en el primer sector de Rahue Alto…
que fue donde existen las copas de agua… que fueron utilizadas…
para esconder militares, para tener un
control… de lo que significaban los movimientos poblacionales”. Paralelamente, Rolando Rosas
(2013) nos relata que: “La gente de Patria
y Libertad, la misma gente del Partido Nacional, era gente que se encargaba de vigilar en las poblaciones. Si tú
vivías en una población tanto, tu misión era vigilar qué movimientos raros, qué
sospechas tienen con ese, y así”.
Las poblaciones y campamentos fueron foco de la
vigilancia desplegada por las Fuerzas
Armadas, pero este control no solo afectó a los asentamientos poblacionales. También impactó a todo tipo
de organización de carácter político. Doris (2013), una entrevistada, recuerda: “La repre operaba con los seguimientos. Los seguimientos deben haber sido la wevá más habitual. Recuerdo en varias
ocasiones los vehículos que
rodaban… era como lo más evidente”.
Es necesario volver a señalar que desde los
primeros años de la dictadura, toda
organización política fue suspendida. No obstante, los partidos
de izquierda funcionaron de manera
clandestina, disfrazada, principalmente porque la experiencia los llevaba a buscar todo tipo de
protección con tal de no ser nuevamente víctimas
de represión corporal.
En consecuencia, tanto los medios de comunicación
y la difusión de un discurso
ideológico oficial de la Junta Militar como la vigilancia absoluta sobre
las poblaciones y la sociedad en
general, contribuyeron a la creación de un ambiente de total hostilidad e inseguridad entre quienes
luchaban en contra de la dictadura. A
su vez, ello generó un alto grado de desconfianza total en la
población, desarticulando las
comunidades. Por último, igualmente se podría sostener que se
destruye el sujeto y se transforma en
objeto.
CONSIDERACIONES
FINALES
Los mecanismos de control descritos se encuentran dentro
del plano de lo oficial. Al ser el
grupo hegemónico quien consecuentemente domina las relaciones de poder, es él mismo quien establece,
discrimina, consensúa lo legítimo o lo
ilegítimo, lo correcto o lo
incorrecto, lo debido y lo no debido, apoyándose además en el uso de la violencia legitimada en el Estado.
De este modo, encontramos una primera categoría de
mecanismos de poder y control
asociados al cuerpo del sujeto. Quizás sean estos los de mayor crudeza
y mayor impacto en la sociedad.
Así también son aquellos que conllevan mayor intención de ser ocultados, desmentidos y
disfrazados. Actualmente existe la certeza de que
durante la dictadura militar se aplicaron una serie de métodos de
tortura.
En una segunda categoría, encontramos aquellos
mecanismos que guardan relación
con una manipulación cognitiva del sujeto. Con el control de las mentes se asientan las bases de la manipulación.
Este fenómeno se expresa a partir del discurso
oficial y los medios de comunicación. La mejor expresión de esto
es la Declaración de Principios
del año 1974 redactada por la Junta Militar, en la cual se da el sustento ideológico al
régimen dictatorial. Así también la reiteración en múltiples ocasiones del concepto de
“guerra interna” contra el marxismo, que es la justificación de la toma del ejercicio de
poder y la búsqueda del respaldo popular. La
ignorancia y el desconocimiento son factores que jugarán un papel
importante en esta tarea legitimadora.
Para el caso de la ciudad de Osorno, la prensa escrita
será el gran aliado del régimen
militar en términos mediáticos. A partir del año 1973 en
adelante, el diario La Prensa se encargará de transmitir el discurso
ideológico de la Junta Militar y de
Augusto Pinochet en particular. Además, este periódico
resaltó todos aquellos hechos
noticiosos que pudieran dar la razón y justificar la dictadura.
Como último aspecto, debemos señalar
además el miedo como un factor de control.
El miedo se plasma en la sociedad, por medio de la figura del infiltrado. Ente que se transforma en el gran enemigo de toda
posible organización en contra del
régimen, generando una desconfianza psicótica entre los sujetos,
incluso de una misma comunidad o un
mismo grupo.
Vemos finalmente cómo el grupo hegemónico,
y por consecuencia su ideología
hegemónica,16 se nutre de una serie de mecanismos de control
para invisibilizar
y silenciar al otro, un otro
representado como un enemigo
natural de la moral, de la normas
sociales, del sistema democrático (que la Junta Militar dice defender), por consecuencia marginado, discriminado y
violentado, hechos que parecen ser características
inherentes desde la creación de este “sujeto enemigo”.
Más allá de un tema
ideológico (el ser marxista), cualquier sujeto que muestre descontento hacia la Junta de Gobierno o empatía hacia
el gobierno de Allende, será asimilado bajo
para la representación anteriormente descrita, siendo castigado de
diferentes formas, ya sea desde un
rechazo social, basado en la manipulación, o directamente por la represión sobre el cuerpo. No
obstante, es primordial señalar que a pesar de todos los mecanismos de control del periodo,
existirán una serie de mecanismos y estrategias
de resistencia, surgidas desde distintos sujetos subalternos que
buscarán modificar su realidad,
derrocando y deslegitimando la dictadura militar.
CITAS Y
NOTAS
1 Para mayor detalle revisar informes de
Comisión Rettig (1991) y Comisión Valech (2005 y 2011).
2 Al respecto Nietzsche señala
acerca de la verdad, “La ‘verdad’ no es, en consecuencia,
algo que exista y que debemos
encontrar y descubrir –sino algo que es preciso crear–, que da su nombre a una operación, mejor aún, la
voluntad de alcanzar una victoria, voluntad que, por sí misma, no tiene finalidad: introducir la
verdad es un processus in infinitum, una
definición activa, y no la
manifestación en la conciencia de algo que sea en sí fijo y
determinado. Es una palabra para la
‘voluntad de poder’”. (Nietzsche, s.f., p. 92).
3 Prácticas que pueden verse
detalladamente en los informes ad hoc: Rettig (1991)
y Valech (2005).
4 Para este caso véase el
“Capítulo V” del Informe
de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, 2005.
5 Para mayor detalle véase el
“Capítulo IV” del Informe
de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, 2005.
6 Véase: van Dijk,
T. (2006). Discurso y manipulación: Discusión teórica y
algunas aplicaciones. Revista Signos,
39(60), 49-74. doi:
10.4067/S0718-09342006000100003
7 Declaración de Principios del
Gobierno [Militar] de Chile, Santiago de Chile, 11 de marzo de 1974. Véase anexo N° III.
8 La Prensa. (25 de octubre de 1973).
Piden pena de muerte contra un detenido.
La Prensa.
9 Para este contexto, debemos comprender
que con el término marxismo o marxista, no solo se hace referencia a la ideología marxista y
sus adherentes, sino también a cualquier sujeto o manifestación colectiva ligada a
algún pensamiento de izquierda, o revolucionario, o más simple aún, cualquier idea que se oponga a
lo establecido por el régimen militar.
10 La Prensa. (22 de marzo de 1974).
Condena a muerte para dos extremistas pidió la Fiscalía. La Prensa.
11 La
Prensa. (20 de enero de 1974). Nadie puede detener marchar de la patria a mejor
destino. La Prensa.
12 La Prensa. (19 de abril de 1974). La Prensa.
13 Para mayor detalle véase: La
Prensa. (19 de abril de 1974). La
Prensa.
14 Para mayor detalle véase: La
Prensa. (20 de abril de 1974). ¡Se desbordó Osorno!. La Prensa.
15 Podemos atribuir el origen de estos
infiltrados principalmente a la CNI y DINA.
16 Cabe destacar que esta
ideología hegemónica no es única del grupo dominante en el
caso de Chile, sino que proviene del
pensamiento hegemónico occidental expandido a partir de los procesos de imperialismo y colonización, y
así también de un proceso de colonialidad.
Para mayor información revisar
Grupo Modernidad/Colonialidad.
REFERENCIAS
Aron, R. (1968). Democracia y totalitarismo. Barcelona: Editorial Seix
Barral.
Ávila-Fuenmayor, F. (2007). El
concepto de poder en Foucault. Revista
A Parte Rei,
(53), 1-16. Recuperado de:
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/avila53.pdf/
Bourdieu, P. (1986). Notas provisionales sobre la percepción
social del cuerpo. En Materiales de Sociología
Crítica. Madrid: Ediciones
La Piqueta.
Comisión Nacional sobre la
Prisión Política y Tortura. (2005). Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. Recuperado de:
http://www.bcn.cl/bibliodigital/dhisto/lfs/Informe.pdf/
Doris. (11 de junio de 2013). Entrevista
de M. A. Sepúlveda [Grabación digital]. Chile.
Foucault, M. (1979). Microfísica del Poder. Madrid: Ediciones La Piqueta.
Foucault, M. (1984). Cómo se ejerce el Poder. Recuperado de: http://www.unizar.es/deproyecto/programas/docusocjur/FoucaultPoder.pdf/
Foucault, M. (1986). Vigilar y Castigar: Nacimiento de la Prisión. Madrid: Siglo XXI Editores.
Foucault, M. (1999). Ética, estética y hermenéutica. Barcelona: Editorial Paidós.
Hardt, M. y Negri,
A. (2000). Imperio (Trad. E. Sadier).
Cambridge, MA: Harvard University
Press.
Herrán, E. (1999). El poder de
Foucault: una miniatura. Isonomía:
Revista de teoría y filosofía del
derecho, (10), 235-244. Recuperado
de: http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc611b8/
Nietzsche, F. (s.f.). Voluntad de Poder.
Brasil: Tecnoprint.
Repertorio de Legislación y
Jurisprudencia Chilenas. Código de Justicia Militar. (1a ed.).
(1955). Chile: Editorial Jurídica de Chile.
Repertorio de Legislación y
Jurisprudencia Chilenas. Código Penal y Leyes Complementarias. (1a ed.). (1955). Chile: Editorial
Jurídica de Chile.
Rosas, R. (23 de mayo de 2013).
Entrevista de M. A. Sepúlveda [Grabación digital]. Chile.
Utreras, M. (31 de mayo de 2013).
Entrevista de M. A. Sepúlveda [Grabación digital]. Chile.
van Dijk, T.
(2006). Discurso y manipulación: Discusión teórica y
algunas aplicaciones. Revista Signos,
39(60), 49-74. doi:
10.4067/S0718-09342006000100003
ACERCA
DEL AUTOR
Miguel
Ángel Sepúlveda Chávez:
Estudiante Magíster en Ciencias Humanas, mención Historia. Universidad de Los Lagos. Chile.
miguelsepulvedachavez@gmail.com