
Diálogos Revista Electrónica de Historia ISSN 1409- 469X
Volumen 6 Número 2 Agosto 2005 - Febrero 2006.
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Artículo Relacionado: Alvaro Montero Vega: Recuerdos de vida y de Lucha. Dirección web:
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( páginas 287- 292-) p.
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Esto es de suma importancia pues, hasta el momento, en la mayoría de los casos, se ha
insistido en su papel meramente asistencial, como simples correos u oficiosas cocineras, en
los episodios de movilización y conflicto. Los recuerdos de Alvaro Montero permiten
advertir, sobre todo para el último tercio del Siglo XX, una más directa, menos simbólica y
quizás hasta decisiva participación de las mujeres, tanto en la cotidianidad de la vida
organizativa como en los grandes momentos de confrontación y protesta. Es claro que no
puede, bajo ningún criterio, sobrevalorarse tal situación, pues a las claras la participación
femenina en el movimiento organizado fue asumida con cierta reserva por los sindicalistas,
pero entre el reconocimiento de tal situación de subordinación, relativa subestimación,
beligerancia excepcional, arrojado protagonismo, y la mera imagen de la mujer bananera
llevando discretamente la correspondencia y alimentando a los piquetes de huelga, existe
una enorme diferencia.
El testimonio de Montero es valioso, con todo y que en su discurso se remarque una
inextinguible identificación política. Son principios irrenunciables, más que banderías
políticas, los que prevalecen. Son experiencias y dinámicas de clase, más que hechos
aislados y protagonismos individuales, los que parecieran hacer girar los duros engranajes
de esta singular historia, en la que el sensible memorioso, finalmente está a la altura, no
solo como juez honesto, sino también como parte definitivamente interesada. En el relato,
y esto debe decirse, jamás se resiente el afán de figuración, ni la palabra dicha
envanecidamente, pensando en la posteridad.
Alvaro Montero es sujeto de la Historia simple y sencillamente porque fue parte de la
trama, porque asumió responsabilidad junto a otros y porque, en todo caso, es indiscutible a
estas alturas que los individuos suman sus ingredientes y también circunstancialmente
incluso pueden decidir el rumbo final de un largo o entreverado proceso.
Por si todo lo dicho fuera poco, cabe apuntar que el proceso de formación de la identidad de
clase es captado y referido tanto en el plano habitual de la vida organizativa, como en las
relaciones y vivencias cotidianas. Las ideas y signos definitorios, no nacen únicamente de
la lectura del periódico o la literatura; la moral solidaria y el compromiso no se aprenden
del discurso del gran vocero u organizador; el sentido de pertenencia a un grupo particular
no se origina en la simple constatación de comunes denominadores de entrada fácilmente
reconocibles. Es la vida diaria, con sus privaciones y dificultades, con sus carencias e
injusticias, la cotidianidad del obrero que madruga a llevar sol y agua, a ser testigo del trato
diferenciado en los más diversos planos de la vida social, la vida anónima del que entra a
un bar y reconoce en las nostalgias del inmigrante, o en los rencores y malestares de una
conversación cualquiera, su desgracia de todos los días.
Es todo esto lo que va a ser crucial para entender los motivos esenciales de la afirmación de
la identidad y la lucha de clases, en las regiones de enclave, y es por esto que las líneas que
nacen de esta buena memoria de Alvaro Montero, son generosas y esclarecedoras, toda vez
que hacen comprensible lo que al final de cuentas él sentencia en una escueta frase: son la
vida y las angustias del bananal, las que permiten entender el por qué de una historia tan
singular, marcada de principio a fin por las glorias, las furias y las penas.