Resumen

El populismo de América Latina se distingue comúnmente del populismo europeo: el primero es de izquierda, se dice, el segundo de derecha. Pero esa categorización no hace justicia a un fenómeno complejo. Con otras formas de populismo, el latinoamericano comparte el celo redentor y la utopía unanimista, en respuesta a la disgregación del orden político y de los vínculos sociales causada por la modernidad. Sin embargo el concepto de “pueblo” que el populismo elaboró difiere de un caso a otro dependiendo del tipo de pasado que evoca: mientras en los Estados Unidos el pueblo forma parte del orden constitucional y por lo tanto el populismo estadounidense se desarrolla dentro de la democracia liberal, el populismo latinoamericano evoca un grupo natural holístico, el pueblo como una comunidad orgánica subyacente a regímenes políticos intolerantes al ethos y a la estructura institucional de la democracia liberal. El populismo latinoamericano surge de una visión orgánica y cuasirreligiosa que hunde sus raíces en la cristiandad colonial y proclama el principio de la unanimidad política y de la fusión entre espacio político y espacio espiritual. Es inclusivo, pero puede volverse totalitario en nombre del pueblo. Puede tener una base popular e implementar políticas de distribución social, pero su característica sobresaliente es la ambición de transformar a su pueblo en todo el pueblo. Al negarse a ser parte de un orden plural, y al pretender encarnar al único pueblo legítimo, termina desempeñando todos los roles que en un sistema pluralista se comparten entre izquierda y derecha.