Resumen

Al aproximase el siglo XXI nos damos cuenta de que hemos entrado en un período de profundas trasnformaciones que, según la UNESCO (1990), se centran en tres desafíos: el desarrollo, la protección del medio ambiente y la paz.

Para Reardon, B. (1988) el mundo actual se caracteriza por una marcada violencia. Esta se manifiesta en explotación, descriminación, guerra, degradació ecológica, narcotráfico, analafabetismo, subdesarrollo y menos precio a los derechos humanos fundamentales. En este contexto, la población infantil es una de las más afectadas. La Declaración Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo del niño (ONU, 1990), concluye que día a día innumerables niños de todo el mundo se ven expuestos a peligros que dificultan su crecimiento y desarrollo, padecen grandes sufrimientos como consecuencia de la guerra y la violación, son víctimas de la descriminación, la agresión, la ocupación extranjera, la falta de atención y la explotación.

Surge la interrogante acerca de ¿qué podemos hacer? y es en este sentido que la educación se convierte en un medio que puede contribuir al logro de la paz. Su vinculación con las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales de la sociedad, la convierten en el mejor vehículo para conseguir positivos resultados en el cambio de mentalidad del ser humano, de tal manera que éste utilice sus recursos y su poder de creación en beneficio de la humanidad.