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Revista Estudios, (35), 2017. ISSN 1659-3316

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I Sección Historia

Personajes y discursos político-ideológicos en la construcción de una historia identitaria: Rusia y Costa Rica



Pedro El Grande y Vladimir Putin: comparación del expansionismo en la identidad nacional rusa





Erika Gólcher Barguil

Universidad de Costa Rica, Costa Rica

erikagolcher@gmail.com



Recibido: 6 de julio de 2017

Aceptado: 9 de setiembre de 2017



RESUMEN

En esta investigación nos proponemos identificar y analizar los intereses nacionales rusos a partir de una serie de variables presentes en su historia desde el reinado de Pedro el Grande. Esto nos llevará a comprender los elementos del expansionismo en la conformación de la identidad nacional rusa y podremos destacar que los mismos siguen presentes en los gobiernos de Vladimir Putin, a pesar de la diferencia de siglos. Con estos elementos tenemos una nación que justifica su expansionismo en la necesidad de garantizar la seguridad de un país que no tiene fronteras naturales y cuyas salidas a los mares deben ser defendidas. El expansionismo se basa en una identidad nacional que hace referencia al excepcionalismo ruso como la verdadera heredera del Imperio Romano y la elección de Moscú como la tercera Roma y defensora de la cristiandad ortodoxa.

Palabras clave: identidad nacional, expansionismo, intereses nacionales, autocracia, seguridad nacional.

Pedro El Grande and Vladimir Putin: comparision of exansionism in the Russian national identity

ABSTRACT

In this research we aim to identify and analyze Russian national interests from a series of variables present in its history since the reign of Peter the Great. This will lead us to understand the elements of expansionism in the shaping of Russian national identity and we can highlight that they are still present in the governments of Vladimir Putin, despite the difference of centuries. With these elements we have a nation that justifies its expansionism in the need to guarantee the security of a country that does not have natural borders and whose outings to seas must be defended. Expansionism is based on a national identity that refers to Russian exceptionalism as the true heir of the Roman Empire and the election of Moscow as the third Rome and defender of Orthodox Christianity.

Key words: national identity, expansionism, national interests, autocracy, national security.



INTRODUCCIÓN

El 12 de junio de 1991 Vladimir Putin es nombrado presidente del comité de relaciones exteriores de la alcaldía de San Petersburgo y, cuando ocupa su oficina, solicita colgar un retrato de Pedro el Grande, mencionando que es la figura histórica que más admira de la historia rusa. La elección de este cuadro es simbólica y justifica la investigación sobre la noción de que la identidad nacional no puede devenir únicamente de elementos objetivos como el compartir una misma lengua, etnia o religión, un territorio, que son elementos esenciales en la conformación de una nación. Estos elementos para cumplir su papel identificador deben venir acompañados de un sentimiento de misión y de unión, de una conciencia nacional de pertenencia que genere ideales en torno a su identidad histórica. El pasado se hace presente de manera continua a través de símbolos que hacen visible la noción abstracta de la nación y que provocan respuestas emocionales en los ciudadanos. (Gólcher, 2010, p. 248).

Por tanto, en esta investigación nos proponemos analizar el expansionismo ruso como parte de su identidad nacional a partir de la comparación de las políticas de Pedro el Grande y Vladimir Putin. Pedro el Grande, grande tanto en estatura porque medía dos metros de altura, como por su obra; constructor, modernizador, conquistador, construyó su propia ciudad y que llevó al imperio ruso a un nivel sin parangón entre 1682 y 1725. Vladimir Putin asumió la conducción de Rusia en el año 2000 hasta la actualidad, y su obra es parecida a la de Pedro el Grande: modernizador, conquistador y responsable de modelar el nuevo estado ruso y de posicionarlo con fuerza en el escenario internacional después de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Planteamos que en la construcción de la seguridad nacional y del expansionismo la iglesia ortodoxa rusa, que es un pilar de la identidad nacional que tiene sus bases en la construcción de la patria, constantemente lleva a la practica la memoria identitaria, y juega un papel en la memoria de los rusos en la que el pasado estructura al presente, Es la que ha constituido las bases de lo que se considera el bien común desde Pedro el Grande hasta Putin, en una continuidad histórica que tiene por objetivo la protección de la madre patria rusa.

El bien común es el fin de toda sociedad políticamente organizada. Rawls, (Rawls, 2005: cap.3) explica que hay dos valores fundamentales: lo bueno y lo justo. Lo bueno, es la consecución de una serie de mínimos vitales para la vida social, referido a lo material, y lo justo, que corresponde al Estado definir y promover el bien común, referido a la posibilidad. En Rusia ha primado el valor de lo justo y en la cual, ya sean súbditos o ciudadanos, han otorgado al gobierno los procedimientos para la definición del concepto, en donde importa la comunidad como entidad y no los derechos materiales o beneficios, como la libertad del individuo. Esta es una de las características de los gobiernos autócratas. (Popper,1957, p. 264) Por tanto, importa la nación rusa y no el individuo.



  1. AUTOCRACIA: POBLACIÓN Y TERRITORIO



Uno de las variables siempre presentes en la historia rusa es la escasez de su población. En el siglo XVII Rusia tenía apenas 13 millones de habitantes, en un territorio que constantemente se ampliaba. Para Pedro el Grande esto representó un gran problema cuando inició la modernización de Rusia por la escasez de mano de obra para servir en el ejército, para la construcción de obras de infraestructuras, para la colonización de territorios incorporados, para las labores del campo y para poblar las ciudades. (Goehrke, 1975, pp.162-177).

Putin, el líder actual del Kremlin, enfrenta la complejidad de un país más grande que el de Pedro: un territorio de 17 millones de kilómetros cuadrados, con 11 husos horarios, 148 millones de habitantes y un mosaico de 150 grupos étnicos diferentes y con religiones distintas. Sin embargo, enfrenta los mismos problemas de Pedro ya que tras la desintegración de la URSS, la población de Rusia empezó a disminuir rápidamente. Desde 1991, el país ha perdido 8 millones de habitantes, unos 400.000 por año. Las dos causas de la debacle son el escaso índice de natalidad y el alto índice de mortalidad. (Service, 1997, p. 529)

Ambos gobernantes, ante ese problema, se convirtieron en defensores y protectores de los eslavos, habitantes nativos de Rusia, y de lo que se consideraba los pilares de la identidad nacional rusa: la religión cristiano ortodoxa y las tierras rusas, las verdaderas herederas del Imperio Romano. Pero para logar esa protección se convirtieron en autócratas. Como nos dice Paul Johnson, una autocracia es un sistema de gobierno en el que el poder supremo está concentrado en las manos de una persona, cuyas decisiones afectan al resto de la sociedad y no están sujetas a una oposición real; en algunas sociedades en la historia esta distribución del poder delegado en un solo líder ha sido visto como necesario y ese es el caso de Rusia a lo largo de su historia. (Johnson. 2000: p.75)

El Emperador de todas las Rusias, Pedro el Grande, fue un autócrata que sometió a la nobleza, a los campesinos, a la Duma y al Sínodo Eclesiástico. Su objetivo era modernizar el país y expandir el territorio ruso, al costo que fuera. La mayoría del pueblo ruso no entendía la necesidad de la modernización, habían vivido aislados de Europa Occidental por muchos siglos. Una de las razones de esta incomunicación fue la invasión mongola que aisló a Rusia del desarrollo europeo y la otra razón fue la temprana adopción del cristianismo ortodoxo, llevado a la región por misioneros bizantinos, que entraba en conflicto con el cristianismo católico europeo. Los monjes de los miles de monasterios que poblaban la geografía rusa, los campesinos que vivían en condiciones de servidumbre y el patriarca ortodoxo veían con desconfianza la modernidad a la que percibían como una amenaza a su propia identidad y su modo de vida. Es por esto que Pedro tuvo que usar sus poderes autócratas para lograr sus objetivos.

Putin es heredero de la historia de un país que nunca ha conocido realmente la democracia y la libertad en el sentido occidental, excepto tal vez, aunque caótica y muy imperfectamente, durante los últimos veinte años. Sin transición alguna, en el transcurso de un siglo, los rusos pasaron del imperio autoritario y religioso de los zares al imperio dictatorial e ideológico de los soviéticos. Tras tres victorias electorales consecutivas, el poder político en Rusia tiene nombre y apellido: Vladimir Putin, quien se consolida en la Federación Rusa como un gobernante autócrata. Tal y como lo define la investigadora Mira Milosevich, como un régimen autocrático regido por la férrea mano del político ruso, proceso que ha sido favorecido por varias circunstancias, entre ellas, una propagandística potenciación de la imagen del líder ruso cual si de un superhombre se tratara, así como a la incapacidad de los partidos de la oposición de capitalizar el descontento popular y enarbolar las banderas democráticas, a lo cual habría que añadir la apatía política de la mayoría de los ciudadanos. (Milosevich, 2013, p.87)

Tras el colapso de la URSS en la década de los años 90 y el fracaso de la transición a la democracia, el ascenso político de Putin se vio favorecido por la evocación del pasado imperial de Rusia de que sólo un fuerte poder central puede gobernar con éxito el país. Si la Constitución de 1993 otorgaba excesivos poderes al Presidente de la nueva Federación Rusa, en años posteriores se ha producido un mayor endurecimiento del control del sistema político. A modo de ejemplo, la Ley Electoral de 2002 ha sido modificada más de 900 veces, siempre en sentido restrictivo, o el hecho de que, tras las manifestaciones masivas contra el fraude electoral ocurrido en las legislativas de diciembre de 2011, el Kremlin impulsó varias leyes con objeto de legalizar la represión política, tendientes a impedir que la oposición pueda competir en condiciones de igualdad con el todopoderoso y oficialista partido Rusia Unida. (Virgili, 2009, pp. 72- 78).

Los objetivos de Putin son iguales a los de Pedro el Grande: modernizar Rusia, pero de acuerdo a lo que Putin considera moderno, desarrollo industrial y de armamento; y, por otra parte, conservar intactos los territorios rusos, sus puertos en otras áreas del mundo salvos y al costo que sea. Para ello ha tenido que someter a la prensa, a los partidos de oposición y la represión de marchas civiles. Todo en aras de los intereses nacionales rusos y es curioso que a pesar de su autocracia es un gobernante con los más altos índices de aprobación en el mundo, un 82 % en junio del 2017. (ACOP, 2017)



  1. LA TERCERA ROMA Y EL EXPANSIONISMO



La autocracia de Pedro el Grande no puede ser entendida sino se explica la idea de que Moscú es la tercera Roma. En la época de construcción de Moscú como el centro de la unión rusa en el siglo XV, en los monasterios, los monjes entraron en un amplio debate sobre el papel del cristianismo ortodoxo en la unión de todas las Rusias, El monje Philoteus escribió:

Esta tercera nueva Roma, la iglesia universal apostólica bajo tu poderosa autoridad irradia fe ortodoxa cristiana hasta los confines de la tierra, más brillante que el sol. En todo el universo tu eres el único zar de los cristianos, escúchame oh piadoso zar, todos los reinos cristianos han convergido en el tuyo solo. Dos Romas han caído, la tercera es sólida y no habrá una cuarta”. (Jabra, 1956, p. 313).

La primera Roma hace referencia a la capital del gran Imperio Romano y que cayó a manos de Odoacro, general germánico de las legiones romanas, quien obligó a abdicar al último emperador romano Rómulo en el año 476. La segunda Roma fue Constantinopla, la capital del Imperio Bizantino, que se derrumbó en manos de los turcos otomanos en el año 1453. La tercera Roma era Moscú, la verdadera heredera del Imperio Romano.

Conseguir que Moscú cumpliera su destino de ser la tercera Roma implicaba que el cristianismo ortodoxo era la coronación de la historia sagrada y fusionado a la unificación de todas las tierras rusas. Ante la inminente caída de Constantinopla ven a Moscú como la heredera del Imperio bizantino. La teología ortodoxa quería que Moscú se convirtiera en la Ciudad de Dios, filosofía planteada siglos atrás por San Agustín. (San Agustín, 1976)

Lograr el objetivo de la tercera Roma era un deber de los príncipes de Moscú, según lo debatido en los monasterios. La única manera de lograr la unificación y la misión espiritual era si el zar tenía un poder absoluto, autocrático, sin ningún contrapeso político y sin responder ante ningún poder terrenal; solo por este camino se alcanzaría la victoria del poder moscovita. Para esto se someten a la autoridad del zar ya que solo él puede nombrar a los patriarcas, la Iglesia Ortodoxa otorga autoridad para que se consiga la tercera Roma y los príncipes de Moscú se convierten en protectores de la Iglesia y el zar asume funciones espirituales. (Lettembauer, 1963, pp. 30-63)

Así, a partir del siglo XV, la Iglesia y el poder político forman una poderosa alianza ya que tanto la autoridad espiritual y la autoridad del zar han sido elegidos por Dios. Moscú era la portadora de la historia de la salvación.

Pedro el Grande supo utilizar muy bien la idea de la responsabilidad del zar en unir a todas la Rusias y llevar el cristianismo a otras regiones como estandarte de su conquista. Pero, también, vio el peligro de una Iglesia que compitiera en poder con el suyo y que se opusiera a sus planes de modernización. Por esta razón es que tomó una serie de medidas para someterlas completamente bajo su autoridad: a los monasterios les prohibió la compra de tierras, les limitó su influencia en lo político, se negó a nombrar un patriarca para que no tomará el control espiritual o político y así formó un colegio de eclesiásticos a los que controlaba completamente. (Goehrke,1975, pp. 207-221)

En la época soviética la Iglesia ortodoxa fue perseguida. Con el colapso de la URSS los rusos en una época de crisis e incertidumbre se volcaron a las iglesias en la búsqueda de sus raíces ortodoxas. El Presidente Boris Yeltsin (1990-1999) inició una reconciliación entre la Iglesia y el Estado. Pero va a ser Vladimir Putin, a partir del año 2000, que se presenta como un ortodoxo convencido, practicante y fiel creyente quien se acerca activamente al Patriarcado.

El presidente Putin considera que la Iglesia ortodoxa es un socio natural del poder político en Rusia. Se trata de un cambio ideológico importante respecto a la era soviética cuando la ortodoxia fue víctima de una brutal represión. Es por esto que Su Santidad el Patriarca de Moscú y de Toda Rusia Kiril se convirtió en el principal aliado de Putin; ambos están unidos en un mismo discurso y en una idéntica creencia y es que Rusia es la máxima defensora de los valores cristianos en el mundo ante la decadencia occidental y la amenaza del Islam, de los valores tradicionales de los rusos y de la herencia legítima de la identidad rusa: la doctrina del mundo ruso que incluye no solo Rusia, Bielorrusia y Ucrania, sino que abarca grandes zonas de Eurasia y del mundo.

Tanto el Presidente Putin como el Patriarca Kiril son nacionalistas y apoyan el nacionalismo ruso encarnado como objetivo del Estado, Dijo el Patriarca: “Dios está con Putin”. Es una resurrección espiritual, como en el siglo XV: el patriarcado otorga autoridad para que se consiga la tercera Roma y Putin se convierte en el protector de la Iglesia y ambos asumen funciones espirituales. Para el Patriarca Kiril es una nueva guerra fría ideológica en la cual Putin debe liderar la lucha contra la corrupción moral de occidente y el fanatismo del islam. El presidente considera a Moscú como una “ciudad divina”, la tercera Roma que debe convertirse en el centro del mundo del cristianismo tradicional contra “la propagación de la revolución secular hedonista de Occidente. Ambos encarnan el autoritarismo mesiánico y nacionalista de siglos atrás. (Gessen, 2012, pp. 22-46)

Esta ideología de la tercera Roma va a ser utilizada para llevar a cabo políticas de expansión imperialista en nombre de llevar hasta los confines de la tierra la ortodoxia cristiana. Pedro el Grande, en los primeros años de su reinado, acabó con las luchas internas y con el imperio unido pudo enfrentar grandes retos como la conquista y la colonización de nuevos territorios. Fue un gran guerrero que luchó junto a sus soldados en las guerras, así pudo incorporar al imperio: Siberia, el Khanato de Kazam, la cuenca del Volga, el Khanato de Astracam, Levonia en el Báltico, el conde Bering pone la bandera rusa en Alaska. Además, tuvo que enfrentar a varios países que intentaron invadir Rusia: Polonia, a Suecia en la gran guerra del Norte y a los turcos.

Esta expansión imperialista fue posible porque Pedro hizo de su imperio un estado militar. Uno de sus grandes logros fue los cambios que hizo en el ejército. Encontró que los viejos cuerpos militares, organizados de acuerdo a normas de finales del período medieval, eran inoperantes. Así, que los eliminó y sustituyó por regimientos modernos y de gran efectividad en tácticas de guerra. Obligó a los miembros del ejército a afeitarse la barba y utilizar uniformes. Para tener armamento moderno contrató extranjeros para iniciar la industria de armas y fundó colegios superiores para tener rusos educados que lo ayudaran en sus objetivos de modernización. Pero sus cambios fueron más profundos, creó grandes astilleros para la creación de una flota moderna. Pedro no solo quería someter nuevos territorios sino dominar los mares que rodeaban el país. Pero su mayor obra seria San Petersburgo, fundada en los nuevos territorios ganados en el Báltico, la ciudad se convertiría en la capital del Imperio Ruso hasta 1917. (Goehrke, 1975, p. 169)

Bajo su mando el imperio ruso se convirtió en expansivo, y esta es una característica de la identidad nacional rusa que busca la expansión en defensa de los intereses rusos. Vladimir Putin desde que asumió la presidencia ha tenido que enfrentar a los chechenos, ataques terroristas, a los wahabitas que pretendían crear un califato en el Daguestán y contra Georgia. Invadió la península de Crimea, la cual se consumó el 2 de marzo de 2014 y el día 16 del mismo mes llevó a cabo un referéndum en la provincia, en el cual el 93 %de los ciudadanos de Crimea habrían decidido secesionarse de Ucrania y anexarse a Rusia. El 30 de septiembre de 2015 autorizó la intervención rusa en la guerra civil de Siria en ayuda de su aliado al-Asad y para proteger sus puertos en el Mediterráneo. Además, manifiesta su nacionalismo respaldado en un nuevo paneslavismo, sustentado por la iglesia ortodoxa y las manifestaciones imperialistas de la Rusia de Putin que lo lleva a defender a los eslavos, dentro y fuera de su territorio.

Al igual que Pedro, para Putin la modernización del ejercito de Rusia, dotarlo de armamento y equipos modernos, es una de sus prioridades. Durante sus años en la presidencia se han invertido miles de millones de dólares en mejorar el arsenal de las fuerzas rusas: aviones de inteligencia, submarinos, barcos, misiles, bombas, piratas informáticos, entre otros. Un 5.4 % del PIB se invierte en las fuerzas armadas (Banco Mundial). Todo para la defensa de la seguridad nacional.

  1. El BIEN COMÚN



La política de modernización de Pedro el Grande fue muy limitada porque alcanzó a muy pocos miembros de la sociedad. Las ciudades, construidas a lo largo de ríos, fueron las más beneficiadas. Cerca de ellas se construyen las primeras industrias textiles o de armamento y se estimuló el comercio extranjero, con los ingleses principalmente. Pero las ciudades estaban poco pobladas y el emperador no estimuló su crecimiento preocupado por sublevaciones populares. El sector de los artesanos se benefició porque crecieron los trabajos en los astilleros, en el sector de la construcción, en las fundiciones de hierro y en las fábricas o eran necesarios para ir colonizando los nuevos territorios incorporados al Imperio.

El otro sector social beneficiado fue la nobleza, que recibió con gusto el contacto con los ingleses y especialmente con los franceses, de los cuales adoptaron muchos su moda, su idioma, la manera de preparar los alimentos, el teatro y el ballet, entre otros. Fue el único sector consciente de los beneficios de la modernización y del contacto con las potencias europeas para traer a Rusia el desarrollo técnico y militar, los conocimientos en medicina y farmacia, y la innovación del ejército siguiendo el modelo occidental y que los liberó de prestar servicio obligatorio. Además, de que se estableció la Escuela de Números, para educar a la nobleza, con una educación laica y al servicio de la razón. (Service, 1997, pp. 105- 163)

Al resto de los millones de rusos no alcanzó la modernización y seguían con sus tradiciones ancestrales. Los campesinos sometidos con leyes cada vez más restrictivas de servidumbre, siguieron viviendo en la pobreza y la ignorancia; seguía siendo un estado agrario. Los miles de monasterios son sometidos a una fuerte fiscalización estatal, ya que por su posición ideológica criticaban la modernización y cualquier influencia occidental. Es decir, que Pedro no hizo de su imperio un estado occidental, sino que lo transformó en un estado militar expansivo, subordinando a sus súbditos.

Creía que el bien común no consistía en asegurar el valor de la libertad de sus súbditos o que consiguieran ventajas materiales. Al contrario, todos los rusos debían ponerse al servido del estado. Un estado que movilizaría todos sus recursos para la industria de guerra, para la conquista y colonización de nuevos territorios y así asegurar la sobrevivencia rusa. El estado ruso y todas las clases sociales debían someterse a las necesidades bélicas, el dinero recaudado era para la guerra. Creía firmemente que este era el verdadero triunfo de la nación y que el patriotismo era el motor. Haciendo esto se lograba el bien común. (Goehrke, 1975, p.159)

Al acceder a la presidencia Putin se encontró, tras la caída del modelo soviético y el desorden estatal durante el gobierno de Boris Yeltsin, con un estado en ruinas y con un capitalismo que había desajustado las bases del desarrollo. Para ello fue necesario redefinir el estado y sus políticas en todos los niveles: la economía, las políticas sociales, el modelo político, el lugar del país en la geopolítica mundial, y la definición de identidad nacional y cultural. Para ello se elaboró un plan de modernización del sistema económico, basado en el monopolio estatal de la redistribución de los beneficios sociales; es decir, un estado modernitario como régimen autoritario Una de las características de esta modernización es que es conservadora y basada en un país que debe enfrentar los retos de la globalización, pero preservando la tradición. (Gessen, 2012, p. 106)

Esta modernización contó con el apoyo de amplios sectores de Rusia. El actual sistema político ruso es autoritario, pero con el consentimiento de los ciudadanos. Su principal apoyo proviene de la clase media urbana y rural, que prefieren un presidente autocrático que les da estabilidad y permanencia. Lo apoya la nueva clase social oligarca que ha logrado crecer y enriquecerse al amparo del estado, y consideran al gobierno como instrumento clave para su bienestar. Los sectores marginados del desarrollo lo apoyan por la creencia en la posibilidad de que el gobierno los proteja. Es un tipo de consenso en la que el autócrata aumenta el gasto público que garantiza prosperidad, estabilidad, orgullo nacional y los ciudadanos delegan sus derechos ciudadanos a cambio de políticas conservadoras y del orden y la estabilidad. Esto aunado al apoyo de los medios de comunicación que han ensalzado a Putin como un superhéroe.

Las políticas autocráticas de Putin y su modernización conservadora tienen sus detractores. Sin embargo, la oposición en Rusia está fragmentada en sus objetivos y fines. Representan principalmente a los grupos minoritarios. Entre ellos encontramos a grupos pro comunistas, grupos de extrema derecha, conservacionistas ambientales, grupos que presionan contra la corrupción del estado, grupos que claman por una verdadera democracia, artistas que piden libertad de voz, el grupo LGTB, periodistas que piden libertad de expresión, grupos religiosos, entre otros. Es decir, que la diversidad de intereses de cada grupo opositor no permite la unión para una verdadera oposición al régimen.

Para Putin el bien común no debe asegurar la libertad y el desarrollo individual de los ciudadanos. Primero y último están los intereses del estado y el bienestar ruso depende de la protección de la identidad nacional rusa, de sus territorios y de la protección de los eslavos dentro y fuera del estado ruso. La definición de bien común es la misma de Pedro el Grande, modernizar, pero conservadoramente, sin perder la tradición rusa y con los intereses de la Patria antes que los intereses de ciudadanos o súbditos.



REFLEXIONES FINALES

En el año 2012, en la ciudad de Moscú, se realizó un simulacro de elecciones, organizado por la Comisión Electoral de Moscú. En una papeleta se presentaron cinco candidatos históricos para elegir al personaje más influyente de la historia, eran: Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte, Winston Churchill, Gengis Khan y Pedro el Grande. Por supuesto que el ganador absoluto fue Pedro el Grande.

A lo largo de tres siglos, independientemente de si los propósitos del país estaban organizados por el zarismo, los soviéticos o por el presidente de la Federación Rusa, hay surcos históricos que vienen marcados por la identidad nacional y la seguridad de la Patria.

La búsqueda de fronteras seguras, como política de estado, inició con Pedro el Grande que extendió sus fronteras por los cuatro puntos cardinales: Siberia, el Cáucaso, Asia Central y Europa del Este. El expansionismo ruso se justificó en la necesidad de garantizar la seguridad a un país que no tenía fronteras naturales y sin acceso a mares de agua caliente. Actualmente, Putin sigue la misma teoría de la seguridad nacional: cuidar sus fronteras, sus áreas de influencia en regiones consideradas vitales para la sobrevivencia del estado ruso, la protección de los eslavos, dentro y fuera del país y sus salidas a los mares de agua caliente.

Seguridad fundamentada en una identidad nacional que se sostiene del excepcionalismo ruso como Tercera Roma, defensora de la cristiandad ortodoxa y de posicionarse como una potencia en el Asia, Europa y el resto del mundo. Porque si hay algo indudable que une a ambos líderes es por imponer su visión sobre los súbditos y ciudadanos, por no valorar la libertad y los beneficios materiales sino la defensa del estado, por su autocracia y por su amor por la madre patria.



BIBLIOGRAFÍA.

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Jabra, Edward Historia de las grandes religiones. Brasil: Ediciones Cruzeiro, 1956.

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Lettenbauer, William. Moscú: la tercera Roma. España Editorial Taurus, 1963.

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San Agustín. Ciudad de Dios. Madrid: FV Ediciones, 1976.

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