Roberto Fragomeno Castro

La universidad y sus circunstancias.
Universidad y neoliberalismo en Costa Rica

Resumen: Con la irrupción del neoliberalismo en la vida universitaria se ha ido instalando la idea de que la educación superior no es un derecho; sino un bien mercantilizable. En este artículo se muestra teórica y políticamente la influencia del ideario neoliberal y las tensiones políticas que se han producido en Costa Rica en los años recientes.

Palabras clave: Neoliberalismo. Universidad. Derechos. Mercancías.

Abstract: With the irruption of neoliberalism in university life, the idea that higher education is not a right, but rather a marketable good, has been installed. This article shows, theoretically and politically, the influence of the neoliberal ideas and tensions that have been produced in Costa Rica in recent years.

Keywords: Neoliberalism. University. Rights. Commodities.

Si pensaste que esto iba a tener un final feliz

es que no estuviste prestando atención.

Ramsey Bolton en Juego de Tronos

1. Al comenzar quisiera hacer explícita de manera sintética cual es la convicción y el prejuicio que ha guiado la producción de este texto: el proyecto neoliberal reorganiza el plexo de contratos que la sociedad costarricense pergeñó después del conflicto del 48 y propone un nuevo modelo de país. Trabajo entonces bajo el supuesto de que entre el modelo de país y la Educación Universitaria Pública hay una racionalidad compartida. Que la producción autónoma de conocimiento es, al mismo tiempo, expansión de la soberanía tal como lo entendió, por ejemplo, Rodrigo Facio.

La educación, tal como la entendieron Kant, Fichte y Hegel, produce subjetividad. A través de la educación, la sociedad decide las formas que los sujetos necesitan para integrarse a procesos sociales. Costa Rica tuvo durante varias décadas una convicción básica que era la solidaridad entre sociedad, cultura y educación. Y la educación del pueblo para el ejercicio de la ciudadanía era la consecuencia de la acción de sus maestros/as y profesores/as. Esa convicción hoy está perdida1.

Tengo también una convicción sociológica, a saber: las formas sociales son configuraciones generales que reoperan en las formas de producción, distribución y consumo del conocimiento. No hay por tanto una discusión internalista o doméstica sobre la Universidad que no sea, al mismo tiempo, una discusión sobre la hegemonía política y el modelo de país2.

Las universidades públicas costarricenses nacieron incrustadas en un modelo de país y su organización y objetivos las convirtieron en un momento estratégico de la inversión estatal. Pero bajo el empuje neoliberal hay, por carácter transitivo, un proyecto para reconvertir la Universidad en una institución habitada por la lógica neoliberal porque, así como está, la Universidad pública no contribuye a la forma de la legitimidad que los neoliberales pretenden3.

Como el modelo de desarrollo progresista ha sido cuestionado por el neoliberalismo, la Universidad que estaba acoplada a él es concebida como anacrónica, pues pertenece al ámbito estatal y se pretende adecuarla al terreno de la reorganización del mundo del trabajo y de las condiciones subjetivas que le acompañan. Así, se busca que la Universidad sucumba a la simplista idea de que su función es preparar a la gente para que trabaje en mercados desregulados. No están solos los neoliberales costarricenses. Se apoyan en las normas y papers de la Organización Mundial de Comercio que inscribe a la educación en la gama de productos que se trasiegan en el mercado mundial.

2. Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando decimos “neoliberalismo”? Hayek en su libro Derecho, legislación y libertad de 1982 planteó un desafío al marxismo y con él a todas las teorías políticas intervencionistas que a partir de ese momento pasaron a subsumirse en el vocablo “socialistas”: “el ideal de justicia social que define a la tradición socialista es totalmente ilusoria y todo intento de hacerlo realidad corre el riesgo de crear una pesadilla” (Hayek, 1982, 46).

Veamos la clave del argumento: desunir los derechos-libertades de los derechos-sociales. (Lo que el marxismo llama derechos formales en contraposición a los derechos materiales).

Según Hayek, el error originario radica en querer construir voluntariamente un proyecto político basado en la razón humana. Este voluntarismo quiere… remodelar nuestra sociedad y nuestras instituciones… de acuerdo a un plan y de acuerdo con objetivos.

Hayek le llama “racionalismo constructivista”. Todo proyecto de reconstrucción racional, voluntario y deliberado del orden social supondría, para no ser absurdo, un sujeto omnisciente. Ahora bien, ningún conocimiento objetivo de los procesos sociales en su totalidad es posible. Sería posible si el sujeto cognoscente formara parte de aquello cuya visión busca, pero esto es aporético porque no podría ver con objetividad desde el exterior una totalidad en la que él mismo está inmerso.

A esto le contrapone un orden natural, inmanente en lo social que no habría que engendrar sino descubrir y proteger. Un orden que no se origina en el sujeto cognoscente sino que este interpreta. Y ese orden es el del mercado.

La teoría económica de Hayek intenta mostrar que el automatismo del mercado capitalista tiende al equilibrio como solución óptima al reparto de los recursos y es, obviamente, subsidiaria de la economía de la oferta de Milton Friedman.

Hayek presenta el orden del mercado como “cataláctico” (en griego catalaxia es intercambio) es decir, como procedente de un intercambio de información con el que se ajustan espontáneamente los objetivos y las conductas de los individuos.

La tesis fuerte del neoliberalismo es ético-política: en el estado de equilibrio el poder económico desaparece y es reemplazado por el cálculo de conveniencias económicas de la sociedad. En el interior del mercado, cada quien persigue sus objetivos sin otra limitación que sus iniciativas y el respeto a las reglas jurídicas relativas a la propiedad, a los daños y a los contratos. Cuando persigue así sus propios fines, el individuo recibe del mercado información sobre la integración de sus proyectos en el orden social. La información que recibe le indica que productos contribuyen a satisfacer preferencias que no conoce.

El mercado funciona a través de una difusión cifrada de información y toda intervención política provocaría desorden pues interferiría en el flujo de información.

Además, el modelo de competencia tiene una conclusión política que es muy conocida en el anarco-capitalismo: las instituciones no hacen falta y por eso hay que reducirlas a su mínima expresión.

El Estado será, ante todo y como consecuencia, el defensor de los derechos individuales, de los así llamados “derechos negativos” cuya proclama consiste en prohibir todo aquello que impida actuar al individuo.

Abandonando la herencia de la ilustración; Hayek planteó que el mercado no produce justicia distributiva pero sí es el más eficaz. Hayek relativiza la cuestión del equilibrio económico para poner el centro ético y político en la iniciativa privada identificada con la libertad y esa debería ser la orientación de toda política.

Son tres los principios de aplicabilidad de la economía política del neoliberalismo. Globalización, dolarización, privatización. Estos tres principios articulados producen desempleo, pauperización, concentración de la riqueza y han demostrado ser incapaces de mantener la paz social.

El neoliberalismo impuso el vocablo “globalización” para indicar la articulación de una política global, a saber: apertura de las economías al mercado mundial; privatizaciones de todo lo que fuera capital social acumulado y dolarización de la economía. Este proyecto está en sintonía con la última revolución tecno-científica. El mérito de Fukuyama, por ejemplo, fue articular las promesas neoliberales en una frase: el fin de la historia como fin de todos los conflictos estructurales; como nueva división internacional del trabajo y como estrategia de apropiación del tiempo y del espacio.

La globalización hace sistema con la “dolarización”. Con esto me refiero a que la soberanía de un Estado y los controles democráticos son amarrados a las reservas que un país obtiene en moneda extranjera y revela que las funciones principales del proceso económico están referidas a una moneda externa. Las funciones de producción, distribución y comercio se miden en esa moneda y esa moneda es unidad de cuenta, reserva de valor y medio de cambio en beneficio de los exportadores. La dolarización neoliberal produce un sistema bimonetario donde la moneda nacional solo se usa como medio para intercambios menores.

Globalización entonces, porque se globalizan intereses particulares que se hacen fuertes en la destrucción de todo lo que sea intervención estatal; precarización de las relaciones laborales, hiperindividualismo ético y reducción de la ciudadanía a usuarios o consumidores. Se trata de un proceso que no pone a las necesidades históricas en primer plano sino al puro rendimiento económico como la única necesidad real. Por eso es neoliberal y no cualquier globalización4.

La “privatización” es parte de una teoría política que considera corrupto y monopólico todo lo administrado por el Estado. La de-sestructuración del Estado de Bienestar que era un Estado orientado a la protección social viene acompañada de una teoría que considera “privilegios” lo que antes eran derechos sociales. En las políticas de privatización encontramos el modelo de acumulación originaria del neoliberalismo: es acumulación por despojo del capital social acumulado y de los derechos sociales y laborales.

Tenemos entonces, un modelo de apertura indiscriminada de mercados para beneficio de las grandes empresas y un modelo de gestión pública hecha por empresarios. Por eso, en las democracias latinoamericanas, ocurre lo que en otros lugares del mundo: el resultado de elecciones libres no altera el pacto no escrito en las “democracias” de mercado. Los intereses del gran capital no se tocan.

El proyecto neoliberal es una reformulación del capitalismo y ha puesto en crisis al llamado Estado de Bienestar, a la sociedad basada en el trabajo y la producción y a los actores sociales y partidos de inspiración socialdemócrata o el nacionalismo popular. Estas fuerzas dejaron de asentarse en el mundo del trabajo y sus organizaciones y dejaron el discurso de la igualdad de lado. Eso los fue alienando de su base social y de su sentido histórico.

Por último, quiero señalar que el neoliberalismo no se agota en una economía política. También es performativo porque es un sistema de ideas que construye realidad, sentido común y esquemas de significación. Alimenta un sistema de ideas que justifica las prácticas de las grandes corporaciones empresariales y que solemos llamar “neoliberalismo corporativo” y su representante más conocido es el Fondo Monetario Internacional y, al mismo tiempo, provee a los individuos de una suerte de prótesis ética que les permite naturalizar la desigualdad social; culpar a los pobres por su pobreza y a los empleados públicos del déficit fiscal y que podríamos llamar “neoliberalismo subjetivo”. La ética neoliberal promueve la creencia de que aquello de lo que carecemos es solo responsabilidad del que lo necesita.

Esta ética se manifiesta en el trato dado a los pobres y a los que no pueden trabajar. Desde antiguo, la desigualdad social, los pobres han sido un asunto ético-político. En la tradición judeo-cristiana se ofrecen dos tipos de narrativas y en ambas los pobres son víctimas: en un caso los pobres deben aceptar resignadamente su pobreza porque serán recompensados en otra vida y en el otro, los pobres son la existencia de una justicia escamoteada y sin más, las víctimas de un orden “que no es de Dios5.

En la narrativa protestante la justificación de la pobreza recayó en los mismos pobres. El pastor T.R. Malthus culpó a los pobres de reproducirse sin control (por lujuriosos) afectando la cantidad de recursos disponibles. Y en otros discursos “teológicos” de la tradición protestante, la pobreza es el resultado de la predestinación.

Esta última justificación conserva su vigencia. Toda ayuda eclesial o gubernamental a los pobres destruiría la moral de éstos pues no los incentivaría a trabajar manteniéndolos en la pobreza y desalentando a los laboriosos. Según esta curiosa “explicación”, los pobres preferirían la ayuda estatal antes que tener un buen empleo. En síntesis, para los liberales y los neoliberales, la pobreza es un asunto de hecho no de derecho, es un asunto inscrito en la naturaleza de las cosas o en los defectos de la personalidad (según Margaret Thatcher) y por tanto este problema es de naturaleza no política.

El neoliberalismo tiene también un carácter estético-autoritario porque “enseña” a los sujetos a vivir en la precariedad y a gozar con esa precariedad. Al mismo tiempo, resemantiza la creatividad y la espontaneidad estética en fuerzas productivas y en exigencias que todo individuo competente debería tener. Así, el momento estético deja de ser emancipador para convertirse en una obligación.

3. En segundo lugar, considero necesario exponer como se traducen las estrategias neoliberales en la Educación Superior.

Ya dije más arriba cual es la definición principal que ha llegado desde los organismos multilaterales: la educación es considerada un “bien” y como tal (no importa si es público o privado) entra en el elenco de los bienes negociables en el mercado. Así, la educación asume la forma mercancía y es desalojada de la lista de derechos humanos y/o ciudadanos. Se trata entonces de un capitalismo del conocimiento o, dicho de otro modo, una mercantilización del conocimiento que comienza por los recortes presupuestarios. Con la excusa de la disciplina fiscal se instrumentan transferencias regresivas bajo la forma de restricciones a la educación pública junto con beneficios impositivos a la educación privada. (No estoy especulando. Esto está en el Plan Fiscal)

Sigue con el desprestigio de los educadores. Sea porque se consideran privilegiados o porque se los responsabiliza por el bajo nivel educativo que presentan los estudiantes. Para “solucionar” estos problemas, se trata de reducir o derogar derechos laborales de los docentes y someterlos a evaluaciones represivas. (Tampoco estoy especulando. Esto estaba en el Proyecto de Ley de Empleo Público)

Otro asunto a considerar es la política de permitir que los centros educativos privados y las empresas dicten políticas educativas y/o se apropien de espacios antes destinados a la enseñanza de las universidades públicas como p. ej. los hospitales públicos.

El modelo de desarrollo que el neoliberalismo pretende ve a la universidad (y a todo el sistema educativo) como una organización empresarial más que como una institución estratégica de inversión pública. Bajo la forma de la mercancía, la Universidad neoliberal latinoamericana se comportaría como las universidades privadas y privatizaría sus investigaciones, patentaría sus resultados; dejaría de producir sus insumos cognoscitivos y sería la fuente educativa de una élite. Por tanto, se termina imponiendo que es la cantidad de los recursos monetarios los que estimulan la producción del conocimiento y no a la inversa.

En las universidades, hemos visto en los últimos años el crecimiento exponencial del reglamentarismo y los controles disciplinarios a través del “sistema informático” y la proliferación de reglamentos de carácter objetivista. Su ética es agresiva para con los funcionarios y profesores/as porque legitima el principio de la desconfianza. El sistema de controles se ha vuelto exuberante y burocrático y a través de ellos se le ha dado carta de ciudadanía universitaria a instancias estatales que son gendarmes en lo político, evaluadores en lo pedagógico al mismo tiempo que pretenden desertar de proveer los recursos económicos que las Universidades necesitan.

La nueva disciplina administrativa que se ha ido abriendo paso en la Universidad de Costa Rica es un exceso de planeación y de la evaluación como control. Y uno de los argumentos más potentes para la implantación de esta disciplina es el posicionamiento de la Universidad en los rankings que son mediciones internacionales que “miden” (valga la redundancia) el potencial mercantilizador del trabajo académico. Por eso, estamos contemplando como se controla mucho y se mejora poco.

Los rankings no son una teoría del valor del trabajo académico sino la vieja teoría del valor transformando lo educativo en una mercancía más. La labor académica queda indexada a las mediciones de los rankings y a criterios productivistas.

Los indicadores de estos rankings fueron construidos en Universidades del mundo anglosajón pero a nosotros se nos presentan como inexorables. Su retórica explícita es guiar a los futuros estudiantes (ahora tratados como usuarios) por los supuestos logros de una universidad pero terminan siendo guía orientadora de financiamientos o, peor aún, para homogeneizar sistemas universitarios destruyendo el perfil disciplinar construido histórica y socialmente y los tejidos culturales y económicos con su contexto local.

Por supuesto, en los primeros lugares de dichos rankings aparecen las universidades que diseñaron sus criterios y rúbricas. Y a través de ellos el carácter unilateral de los conceptos de “calidad” o “excelencia” académica.

Otro ejemplo de neoliberalismo en las universidades son los sistemas de evaluación y acreditación. La acción de agencias privadas o estatales de evaluación y/o acreditación que supuestamente atienden a la “calidad” de la educación son, en verdad, agencias clasificadoras cuyos criterios parecen salidos de las agencias de selección de personal para las empresas.

El docente o investigador debe ser obediente a los indicadores para generar los recursos que hagan viable su labor. Entonces ya no se hace lo que el investigador puede o quiere en base a la libertad creativa de la razón sino hace lo que exige la evaluación. Las evaluaciones y acreditaciones reinterpretan lo académico en términos de intereses de los usuarios, productividad, eficiencia y comparación entre costos y beneficios. Lo mismo sucede con los criterios que construyen para establecer que universidades son “mejores” que otras.

El vocablo “internacionalización” es la forma lingüística de este campo de batalla. En el uso humanista, internacionalización hacía forma con un proyecto de paz global e igualdad social e intercambios de conocimientos y tecnologías sin asimetrías. Pero incorporado en la trama semántica del neoliberalismo, internacionalización se dice de un conjunto de requisitos que de no cumplirse hacen descender a las universidades de un supuesto ranking de calidad que tiene cuatro efectos devastadores para la educación:

a) Crea una aristocracia académica que se autopostula como “mejor” en virtud de dedicarse casi exclusivamente a la investigación y por participar en redes deslocalizadas y en publicaciones que cumplen con el protocolo anglosajón. Inclusive son premiadas monetariamente por publicar en idioma extranjero. La “internacionalización” neoliberal promueve un tipo humano con todas las características de eso que Adorno y Horkheimer llamaron “la personalidad autoritaria”. Estos nuevos docentes e investigadores “internacionalizados” solo ven a la Universidad como el agente que paga sus salarios y no como la institución que debería liderar el desarrollo tecno-científico del país.

b) Es un proyecto adultocéntrico porque asfixia a los jóvenes con obligaciones administrativas que funcionan como votos de obediencia. Quien no cumpla con esas exigencias será declarado “vagabundo” y otros epítetos para culpabilizarlo de su fracaso. Pero quien obedezca la autoridad quedará exento de responsabilidad moral y hasta llegará a ser premiado por el sistema meritocrático.

c) Crea la falsa evidencia de que el incremento en los grados académicos del profesorado (popularmente conocido como “titulitis”) se traduce mecánicamente en una mejora en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

d) Es colonialista toda vez que lo que se “internacionaliza” son los modos académicos de las universidades anglosajonas. Así, nuestros docentes e investigadores se desentienden de las necesidades y urgencias de la sociedad de la que reciben su sustento y se acoplan a la pirámide de las universidades de vanguardia, como maquilas del conocimiento y como obediencia a los indicadores renunciado a la libertad creativa.

Lo mismo sucede con la presión para hacer de nuestros jóvenes brillantes “emprendedores”. Los emprendedores tecno-científicos son un tipo antropológico mercantil invadiendo la ciencia. Se les enseña a ocultar (se) el esfuerzo social y hacer brillar la singularidad de individuos sin individualidad.

La ideología que anima los cursos de “emprendedurismo” coincide con la ideología del coaching. Este anglicismo (cuya mejor traducción sería entrenamiento) expresa el traslado de las motivaciones teológicas y deportivas a todas las esferas de la vida. Se ha constituido en un ideal normativo hiperindividualista donde se “enseña” a los jóvenes a ser competitivos, eficientes, productivos, adaptables y a gozar con los “sacrificios” del capitalismo actual. Y así como en la teología neopentecostal se utiliza la metáfora de Dios como diseñador, en el coaching emprendedurista, el individuo sin sociedad sería el diseñador de su propia trayectoria vital. El emprendedurismo le enseñaría la virtud del autoexamen permanente para el rediseño permanente. La forma simple de la competencia y la premiación proyectada a todas las esferas de la vida, producidas por una narrativa teológica (sacrificio, resignación, culpa) mezclada con la narrativa de los deportes (competitividad, mérito, ganadores, perdedores).

La meritocracia inculcada en los cursos de emprendedurismo, supone dialécticamente, que para que un individuo sea exitoso debe producirse una multitud obediente, perdedora y culpable. Entonces, ya no se trata de la ética democrática de individuos autónomos, sino de un individualismo depredador convertido en ética social.

No se les enseña que no son los individuos los que producen conocimiento, ni son los individuos los que aprenden. Son las sociedades las que lo hacen y las sociedades necesitan instituciones que se articulen con empresas (no al revés). Por el contrario, en estas “capacitaciones” prevalece un tipo antropológico meritocrático en su disciplina científica habitado por un modelo estoico de voluntad. Este es el perfil de personalidad para el desempeño tanto del académico como del estudiante6.

Por último, quisiera referirme a algunos elementos contenidos en el Proyecto de Ley de Empleo Público presentado por el Poder Ejecutivo a la Asamblea Legislativa, y que posteriormente fue retirado.

El sistema de evaluación del desempeño que estaba contenido en dicho Proyecto transformaría la vida laboral universitaria con un horario, una tarea y unos derechos garantizados en un ambiente hostil, angustiante y tóxico porque no prevé un proceso reflexivo por parte de los docentes ni rescata aspectos afectivos sino que es productivista y construye un programa de compensación salarial que pone a los/as docentes a competir entre sí. Una parte importante del salario de los/as funcionarios/as y docentes sería resultado de las rivalidades.

Las comisiones de evaluación del desempeño no estarían preocupadas en la dinámica de cada campo de saber sino centralizadas en el Ministerio de Planificación que se autopostula como una cúpula de administradores y gestores de lo académico. Al otorgar puntajes (con o sin compensación salarial) los académicos guiarían sus actividades en función de estos indicadores que pasarían a ser sustitutivos de su genuina vocación.

4. Ahora, quiero señalar a los actores de la corporación neoliberal en Costa Rica, creadores del clima de malestar social y hostiles a la Universidad; al ICE y a todo lo que sea público (aunque me referiré especialmente a sus posiciones contra la Educación Superior Pública):

a) Los actores político-jurídicos: el Poder Ejecutivo y casi todos los partidos representados en la Asamblea Legislativa; en particular los partidos políticos tradicionales (PLN, PUSC) y los “nuevos” (PAC; PRN, NR). Estos actores cuestionan la autonomía universitaria porque quieren que la educación pública sea declarada un bien transable. Y esto solo se logra erosionando la autonomía universitaria que queda reducida a “libertad de cátedra” y nada más7.

b) El complejo económico trabaja en el cambio de los precios relativos en contra del salario, ha logrado que más de la mitad de la población del país esté endeudada (el endeudamiento financiero hace sintagma con la ética hiperindividualista) y quieren capitalismo pero destruyendo el mercado interno y además empujan a las universidades a la privatización o a financiarse “vendiendo servicios” y compitiendo con sus propios graduados.

c) El actor mediático ataca desde el lenguaje y produce significantes del tipo “privilegios”, “élite académica”, “arrogantes” tratando de devaluar el trabajo de las universidades. Se trata de la producción socio-política de una suerte de “indignación” como cuando se asimila el sindicalismo a un grupo de matones. Estos significantes arbitrarios transforman a los sujetos universitarios en insignificantes. Los actores mediáticos neoliberales están hechos a la medida de las redes sociales: urgentes; anti intelectuales y anti científicos; emotivos, autoritarios pero sonrientes8.

Es que una universidad productora y transmisora de conocimientos y al mismo tiempo, generadora de derechos y recursos sociales no es funcional al proyecto de la globalización neoliberal ni al modelo de país que se pregona. Y por ello y desde hace varios años, trabajan en el desprestigio de la universidad y sus docentes y estudiantes para su futura mercantilización. Su apoyo es externo y poderoso pues son las normas de los organismos multilaterales que inscriben a la educación en el elenco de productos que se trasiegan en el mercado como cualquier otra mercancía.

Cuando los neoliberales acusan a los universitarios de autoadjudicarse “privilegios” están intentando convencer al resto de la sociedad de que si no pueden vivir mejor al menos tienen derecho a pedir que otros vivan peor.

Por último y adicionalmente a lo que venimos diciendo, hay un estancamiento del crecimiento poblacional de los jóvenes, por tanto, el crecimiento de la matrícula estudiantil en las universidades públicas atenta contra las universidades privadas. Además, debido a la “recesión técnica” en la que se encuentran amplios sectores de la economía, muchos jóvenes intentan salir de la educación privada para pasarse a la pública. Para eso necesitarían una política de crecimiento de la matrícula en el sector público. Pero estos están impedidos de crecer por aplicación de la “Regla Fiscal” contenida en el Plan Fiscal9.

5. Ahora bien; comparado con el resto de América Latina, el neoliberalismo no ha conseguido mucho en Costa Rica. Su mayor logro, ha sido la aprobación del Plan Fiscal en el 201810. Este “Plan” no era meramente una ley para ordenar las finanzas del Estado. Era el nombre de una mirada sobre el país, su historia y su lugar en el mundo y es una involución democrática y económica porque reorganiza autoritariamente el plexo de contratos que sostenían a nuestra sociedad.

Veamos cuales han sido los efectos de las políticas neoliberales contenidas en el Plan Fiscal: impuestos a la canasta básica modificada a posteriori; una restrictiva política salarial; derogación del derecho de huelga que hace retroceder los derechos laborales a los que existían en la Primera República y, de paso, rompen el mito de la democracia costarricense poniéndola en contradicción con la legislación internacional11; amnistías tributarias (a los ricos); concentración de beneficios y la política de bajar el gasto en lugar de mejorar los ingresos han producido una ralentización de la economía por la baja en el consumo y la “pérdida de confianza12 (que es un eufemismo para disimular la causa).

Se verifica entonces la disminución en el dinamismo del mercado interno; un pesimismo generalizado; un aumento del desempleo (40000 puestos de trabajo perdidos solo en el primer año de gobierno) y la pobreza que el gobierno anterior había logrado (levemente) reducir.

Y si la economía empieza a mostrar el deterioro que produce la política neoliberal, entonces se apela a la “inseguridad” transformando la cuestión social en una cuestión policial. La derecha se vuelve instintiva y trata a la protesta social como un hecho de inseguridad.

Al mismo tiempo, en todos los países donde se implementaron reformas neoliberales aumentó la delincuencia organizada. Es que neoliberalismo y crimen organizado tienen una racionalidad compartida. El miedo por la precariedad laboral se refuerza por el miedo a la delincuencia organizada. En ambos casos hay producción social de la inseguridad.

Todos estos efectos combinados no son el precio a pagar para “entrar” con ventajas en el siglo XXI, sino que son los síntomas del fracaso de una ideología y de su implementación económica, social y política. Y no solo afectan el trabajo, la producción, el consumo y la distribución de la riqueza. Tampoco sirven para mejorar la convivencia democrática. Cuando se dice que los costarricenses carecen del “espíritu animal” del capitalismo avanzado13, se nos dice una verdad: los costarricenses y los latinoamericanos no somos gente para poner en práctica esos relatos salvajes que tanto agradan al señor González Vega.

El modelo de país del neoliberalismo o del neopentecostalismo14 no es una acción política del Siglo XXI sino un exceso de siglos anteriores porque ambos modifican regresivamente el umbral de tolerancia; promueven la necesidad de volver al concepto griego de democracia que era una democracia para pocos; es el malestar; el retorno de lo reprimido; la lucha de clases de siglos anteriores conducida desde arriba para recuperar privilegios y donde nos está esperando Hobbes con una vida “solitaria, pobre, horrible, brutal y corta”.

Los neoliberales y los neopentecostales nos están empujando a una guerra civil de alta intensidad social donde se benefician en polarizar pero de baja intensidad política que algunos creen que se solucionará aumentando el número de diputados y otros instalando una teocracia. En ambos proyectos, la destrucción del modelo universitario dañará la formación subjetiva y la secuencia simbólica solidaria con arraigo en el país.

Si del gobierno se trata es la misma derecha de siempre pero con maquillaje, la misma intensidad y extremismo capitalista pero estetizada; es un neoliberalismo soviético15 y cruel pero con matrimonio igualitario; impuestos a la canasta básica y poliamor; arte de ignorar a los pobres y banderas de siete colores. Es la misma derecha de siempre que se presenta como “reformista” pero confunde cambio socio-político con representación unificante y porque su método es la economía y el objetivo de su economía es producir pobres para después ignorarlos; la apropiación de la riqueza y la colonización del alma.

¿Hacia dónde se dirige el malestar neoliberal y neopentecostal? Hacia los pobres porque tanto los neoliberales como los neopentecostales están convencidos que los pobres no devolverán el golpe mientras mantengan esos gestos tristes y resignados que denotan dispersión espiritual y desafección política. Y hasta ahora tanto el neoliberalismo como el neopentecostalismo han demostrado ser agresivamente eficaces en el mantenimiento de esta desesperación cultural que impide a los pobres convertirse en pueblo.

6. En toda la historia de la Segunda República no encontraremos una intromisión tan agresiva contra las Universidades Públicas como la que está dirigiendo este gobierno, como dije arriba en compañía de casi todos los partidos de “oposición”; medios masivos de comunicación; poder económico y poder judicial.

Insisto: no hay precedentes de una hostilidad tan grosera contra la educación superior pública. Pero esta hostilidad no se realiza para corregir las contradicciones de la Universidad Pública ni para refundar la universidad y hacerla funcional a un modelo de país para el siglo XXI. Por el contrario; la “Tercera República” tiene la forma de la primera. Y por eso, estamos retrocediendo hacia formas primitivas de lo político y entonces, se considera que la cultura igualitaria del país es un problema en lugar de una virtud.

Mientras reflexionaba sobre estos problemas se me “apareció” una paradoja muy interesante: en esta coyuntura es necesario señalar que las lógicas de “afuera” de la universidad están “adentro”; el neoliberalismo es una amenaza para la estabilidad democrática del país y su modelo universitario pero a su vez, la Universidad de Costa Rica (y todas las Universidades Públicas del país) apoyaron el Plan Fiscal, mayor logro político del neoliberalismo en la historia del país hasta ahora.

Aquí es necesario recordar que el poder es la pura inmanencia: lo político es, siempre, una toma de posición de poder, ante el poder y condicionada por el poder. Por eso, este apoyo al Plan Fiscal no fue un simple hecho político producido por las autoridades de nuestra universidad. También fue apoyado por todos los sectores que dicen adversar la gestión del rector; ha sido apoyado por el feminismo hegemónico universitario y los grupos de la diversidad sexua16; por la Federación de Estudiantes17; por el Consejo de Decanos; por el Instituto de Investigaciones Económicas justificando ciertas relaciones de poder y de distribución del ingreso (es decir, los economistas de la UCR se comportaron más como ideólogos que como “científicos”); por intelectuales que dicen poseer “un corazón y un cerebro de izquierda”; por los medios de comunicación universitarios y por la indiferencia despolitizada de la mayoría de la comunidad de profesores18, investigadores y administrativos confirmando una convicción básica de la sociología de que la clase media universitaria es burguesa y aspiracional y solo rara vez se vuelve insurgente.

A estos universitarios/as el chantaje “Fabricio” los llevó a apoyar a “Carlos” para salvar la democracia. El brazo largo de esa falsa antinomia llega hasta nuestros días y siguen insistiendo que en el país solo hay dos opciones. Y así continúan teniendo una relación especulativa con “Carlos” y por eso lo tratan como un estado permanente de la política en lugar de verlo como es: el momento neoliberal, autoritario y contingente19. En definitivas, los neoliberales que gobiernan el país son el momento de ruptura de la cadena experiencial: conocimiento-progreso-bienestar-libertad y justicia.

Esta relación tóxica llevó a los universitarios a confundirse. Y no vieron (ni ven) que, el así llamado Plan Fiscal, exacerba las desigualdades sociales, promueve la violencia física y simbólica y altera las normas básicas de la convivencia democrática. Cuando el presidente dice que tener un título universitario no es importante, está reconociendo su inmersión en el cóctel tóxico de la ignorancia y de los buenos negocios.

A estos universitarios, esa polarización los instala en su zona preferida de confort: frente al avance neopentecostal justifican apoyar al gobierno aunque no les “guste” su política económica. Es decir, creen que pueden ejercer el “pensamiento crítico” sobre los efectos después de haber apoyado las causas; que pueden separar actos de consecuencias y, por último, creen que pueden aislar el síntoma de su origen.

Las universidades públicas frente al drama social que provocaría el Plan Fiscal eligieron mirar para otro lado. En ese hacerse los distraídos/as y mirar para otro lado se encerraba una mirada fuerte. Y los/as que apoyaron la violencia del Plan Fiscal no nos convencen con sus novedosos “arrepentimientos”, justificaciones ni con su victimización20. Ya estaban dentro del círculo de la violencia neoliberal contra los pobres. Lo digo de otro modo: los que no quisieron darse cuenta de la violencia del Plan Fiscal es porque ya la estaban ejerciendo.

Y con el proyecto de “Ley de Empleo Público” que reduce a cenizas la Convención Colectiva (y con ella las anualidades) y posiblemente el Régimen Académico, tal vez los actores universitarios salgan de su letargo y tomen nota de que este gobierno no es la continuación del anterior sino su antítesis.

Ahora tenemos la memoria de un error lleno de abulia que solo benefició a la oligarquía de siempre; a la nueva oligarquía internacionalizada y a los grupos económicos más concentrados. Al actuar como empresarios defensores de un grupo social, hemos perdido el derecho a reclamar como ciudadanos.

Pero al caer en la cuenta del error político cometido, no tienen más originalidad que decir “todos tenemos que hacer autocrítica” (representantes del Consejo Universitario en la Asamblea de la Facultad de Letras) o hacer tardíamente una presentación judicial para decir que el Plan Fiscal no nos incluye (lo cual es falso) y todo para disolver las responsabilidades de apoyo al gobierno y de olvido de las causas altruistas que caracterizaron a nuestra Universidad en casi toda su historia.

Y en contra de tanta tesis posmoderna, quiero señalar que el país y sus rasgos identitarios no son solo la construcción ficcional y cuasi conspirativa de la oligarquía cafetalera. Hay un subsuelo nacional y popular; una expectativa; una Costa Rica imaginaria que se construyó con sueños. Esa patria existe y si existe no tiene caso preguntarse por su existencia, sino ponerse a trabajar para hacerla justa y nuestra en contra de todos esos pseudo patriotas que cuando dicen amar a la patria están amando otra cosa.

7. Ahora bien: ¿en las condiciones del capitalismo periférico y en un país pequeño como Costa Rica, hay una ruta de salida del neoliberalismo que sirva de proyecto político para el corto y mediano plazo?

Ensayaré brevemente una respuesta:

a) El país debe autoabastecerse de energía y alimentos y su mercado interno necesita consumo para funcionar, por tanto, hay que proteger el mercado interno aplicando aranceles a los productos importados que ya se producen en el país. Es decir, la política comercial y productiva debe desagregar el mercado interno del externo.

b) Instalando los mecanismos necesarios para aplicar las políticas de presupuestos participativos tanto en los cantones como a nivel nacional.

c) Implementando estrategias políticas para evitar la dispersión de la economía del conocimiento21.

d) Ampliar el concepto de contrato social incorporando las variables ambientales y de protección de la biodiversidad.

e) Derogando el Plan Fiscal, en particular, la regla fiscal porque el ajuste en el gasto para cumplir metas fiscales contrae la inversión, tanto pública como privada. Por el contrario, se trataría de redistribuir progresivamente la presión impositiva y situarla en el 35% del PIB. (Noruega está en 38%; Suecia en 44% y Dinamarca en 46% y estos son países que están en la cima del desarrollo humano y las libertades democráticas)

f) No renovando los contratos que se tengan con la OCDE y no aceptando sus exigencias.

g) Reduciendo la jornada laboral, aumentando los salarios y disponiendo de un ingreso básico para los desempleados para hacer crecer la economía por la vía de la demanda22.

h) Aumentando el gasto público para expandir la demanda y la producción que son las fuentes más justas para el futuro aumento de la recaudación.

i) Debatir cuantas reservas necesita Costa Rica. Estoy seguro que en este momento el país tiene reservas excedentes que podría usar para desendeudar al Estado e iniciar proyectos de obras públicas sin endeudarse porque con el endeudamiento externo el país termina trabajando para la banca internacional.

j) Fortalecer el Estado para regular el comportamiento de los agentes económicos y devolverle la capacidad de conducir los intereses populares planificando el desarrollo y la distribución.

k) La mejora en el nivel de consumo popular debe venir acompañada de un plan de alfabetización política para recuperar el sentido común popular, hoy en manos neoliberales y neopentecostales.

Lo que quiero señalar es que parte de las tensiones políticas que se viven hoy en América Latina responden a ver si nuestra región puede participar de un nuevo mapa de intercambios globales por fuera de la influencia de las potencias clásicas y basado en la complementariedad económica y no en la vigilancia que los EE UU ejercen en la economía y política de nuestra región. Por ello, sería vital romper el cerco monetario de los intercambios y hacerlo en otras monedas para disponer de un sistema de pago internacional por fuera del patrón dólar. Siendo esta moneda la referencia (y en los casos de Ecuador y Panamá siendo, además, la única moneda circulante), se acota el espacio para hacer política monetaria, financiera, comercial y fiscal.

Pero si el presente social y político del país está hegemonizado por la falsa antinomia entre neoliberales “demócratas” y neopentecostales “cristianos” entonces creo que es bueno ver lo que está pasando en distintas partes del mundo (Brasil; California y Australia) y recordar el final de “El Señor de las moscas” con los niños en la miseria, los bosques y los derechos sociales en llamas en el incendio neoliberal.

Notas

1. El hiperindividualismo neoliberal coincide con el conservadurismo religioso y su consigna “a mis hijos los educo yo” en quitarle al sistema educativo (escuelas, colegios y universidades) la potestad de ser los ordenadores subjetivos y garantes de una distribución democrática del saber. Así convierten a los niños y jóvenes en objetos propiedad de sus padres.

2. Uso los vocablos “configuración” o “modelo” en el sentido de la Gestalt donde éstas son reordenamientos de elementos pero los elementos mismos no son necesariamente diferentes.

3. Legitimidad que se decide en tres configuraciones, todas políticas: teológicas, epistemológicas y estéticas.

4. Entiendo que la globalización neoliberal presenta dos etapas: la primera surgida después de la caída del muro de Berlín. La segunda, de reciente aparición, es la irrupción de China como potencia comercial y la “guerra” que el presidente de los EE UU le ha declarado para mantener la hegemonía estadounidense en la conducción de la globalización. América Latina es territorio de esa guerra pues los EE.UU. hacen todo lo posible para destruir cualquier intento de vínculo industrial; comercial o de infraestructura con China.

5. Esta última consideración es la que se ha tomado en cuenta en América Latina para estimular un acuerdo político entre cristianismo y marxismo en la Teología de la Liberación.

6. Esta “pedagogía” está haciendo estragos en las Universidades Públicas de Costa Rica. Está provocando la desestructuración psíquica de los jóvenes. En el ITCR hay políticas institucionales de prevención del suicidio y la depresión cuando, al mismo tiempo, esa institución se jacta de que casi todos sus egresados (un 98%) tienen empleos bien remunerados, y en la UCR son las mismas agrupaciones estudiantiles las que están solicitando a las autoridades un aumento de la atención psicológica y la creación de espacios para “poder llorar”. Lamentablemente, las agrupaciones estudiantiles de ambas instituciones han despolitizado el problema y solo lo tratan con un enfoque sanitarista porque, al igual que la mayoría de profesores y funcionarios, están adscritos al partido de gobierno y habitados por las ideas y la sensibilidad neoliberal.

7. Por autonomía universitaria entendemos:

a. Autonomía académica, administrativa y económica. (Sin duda este es el principio más importante y en él está contenida la libertad de cátedra)

b. Cogobierno asegurando la representación de todos los sectores. Por ello, lo propio del gobierno universitario es el diseño parlamentario.

c. Responsabilidad del Estado en asegurar el financiamiento adecuado de todo el sistema educativo y en particular, del sistema universitario.

d. Autoevaluación permanente y rendición de cuentas. Estos cuatro elementos han sido reconocidos por la Sala Constitucional del Poder Judicial de Costa Rica el 26 de marzo de 1993 en el dictamen 93-001313-0007-CO.

8. Mancomunados, estos actores ya han aplicado tres recortes al presupuesto de las Universidades Públicas en menos de dos años: diez mil millones de colones en el presupuesto del 2019 de manera inconsulta e inconstitucional; la no devolución del impuesto del 4% a las compras a pesar de las promesas y de los “análisis” de los más importantes tributaristas del país y de funcionarios universitarios. Quedó demostrado que este impuesto no se aplicó para asegurar la trazabilidad sino para recortar el presupuesto. Por último, debemos contabilizar como recorte el aplicado por la Contraloría General de la República al acuerdo firmado entre los Rectores y el presidente de la República que estipulaba un 2.32% para el año 2020. Las Universidades públicas han empezado el año 2020 con el presupuesto del 2019 por orden (amparada en un tecnicismo jurídico-administrativo) de la Contraloría General de la República en una clara muestra de que, a pesar de la confianza de la ciudadanía en sus Instituciones políticas, una funcionaria que no fue electa democráticamente por la ciudadanía ejerce más autoridad que el mismo presidente y lo desautoriza. Al mismo tiempo queda expresada la debilidad política del mandatario y expuesta la lógica neoliberal: si los mecanismos democráticos no gobiernan en función de los intereses concentrados, entonces se apela a funcionarios de instituciones que fueron colonizadas con anterioridad.

9. La Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas (conocida popularmente como Plan Fiscal) ha sido el proyecto insignia del gobierno de Carlos Alvarado. Al punto tal, que el presidente de la República manifiesta su desacuerdo con la Sala Constitucional pues considera que este “plan” tiene prioridad sobre la Constitución Política (ver sus declaraciones en el periódico La Nación del 22 de diciembre de 2019).

10. Muchos piensan que el mayor logro del neoliberalismo en Costa Rica fue la aprobación del Tratado de Libre Comercio con EE UU y Centroamérica en 2007. Mi opinión es que la crisis del 2008 lo redujo a papel mojado y las políticas del presidente D. Trump lo han terminado de sepultar.

11. Cuando la Asamblea Legislativa aprobó la ley que “regula” el derecho de huelga (de hecho lo suprime al poner requisitos incumplibles) una diputada expresó que “La clase política no le tiene miedo al pueblo”. Esta expresión coincide con mi descripción de “neoliberalismo soviético”. La autoconciencia de la clase política es aquella donde no son representantes del pueblo sino sus adversarios. Y al mismo tiempo dicen cómo van a administrar el conflicto social que están provocando: con el código penal. Por eso, esta frase no debe ser interpretada como un exabrupto, sino como síntoma.

12. Sorprendentemente y contrario a toda lógica este es el motivo que esgrime el actual presidente del Banco Central de Costa Rica. La “pérdida de confianza” es, tanto en economía como en el “mundo de la vida”, un efecto, nunca una causa.

13. Expresión de Claudio González Vega al periódico La Nación el 20 de noviembre de 2019.

14. Por neopentecostalismo entendemos un modo de interpretar y vivir la forma cristiana de la vida religiosa descendiente del puritanismo inglés del siglo XVII y acompañada de un proyecto de poder que es global. El neopentecostalismo pasó de ser una práctica religiosa extravagante en América Latina a ser un actor político con agenda propia y ha conseguido subsumir a todas las otras formas de inspiración cristiana en su proyecto. En Costa Rica este modo está conducido por sectores de la alta burguesía (como en EE UU y su desayuno de oración nacional) pero su base social es netamente popular. Y este modo ha hegemonizado al viejo pentecostalismo de las Iglesias históricas del protestantismo como al mundo católico construyendo una sólida alianza pentecostal, católica, neopentecostal. El neopentecostalismo instaló un imaginario propio respecto del vínculo del cielo con la tierra que es la manera “teológica” de hablar de las relaciones entre religión, poder político y control social. Y como si esto fuera poco, el neopentecostalismo confundió la fe de los creyentes con las normas de las instituciones del Estado reviviendo el agustinismo político. Su “éxito” con los sectores populares tiene las dos vertientes clásicas de la teología política: la material que dispone de recursos económicos para funcionar haciendo asistencia social focalizada y la narrativa basada en promesas y discursos teológicos de procedencia agustiniana basados en la predestinación. Y “trabajan” para el neoliberalismo. Con su gigantesca red de asistencia social y contención política, emocional y de organización de los pobres y excluidos, evitan una suerte de estallido social y mantienen la puja distributiva diferida o directamente reprimida.

15. Uso el vocablo “soviético” en el sentido que le da Merleau-Ponty en su polémica con Sartre. Además, con el uso del vocablo “soviético” quiero expresar una idea que encontramos en Hosbawn y en Stiglitz, a saber: la lógica del mercado y la lógica de la democracia son incompatibles. La expresión “democracias de mercado” es una contradictio in terminis. En Costa Rica encontramos la expresión “Un solo Estado, un solo Patrono” en el proyecto de Ley de Empleo Público. Asimismo, el gobierno del Partido Acción Ciudadana, ha presentado un proyecto de ley de flexibilización laboral que extiende la jornada de trabajo a doce horas durante cuatro días o a criterio del empresario. Este proyecto de ley, retrotrae las condiciones laborales a las existentes en la primera república y extiende el riesgo empresario a las condiciones del trabajador. Estos son ejemplos de cómo el proyecto neoliberal desestructura psíquica y socialmente a los pueblos generando inestabilidad social permanente. A sabiendas de la inestabilidad que provocarán, se preparan para gobernar con represión directa y el Código Penal. Y eso es bien conocido en América Latina: quienes matan, golpean o encarcelan son los que se quedaron sin argumentos.

16. La filósofa y feminista Nancy Fraser acuñó el oxímoron “Neoliberalismo progresista” para referirse a una combinación de políticas económicas regresivas con un reconocimiento (meramente gestual) de multiculturalismo, ecologismo y derechos sexuales y reproductivos. Y en su reemplazo propone la construcción de un “populismo progresista” para los EEUU pero que conocemos bien en América Latina como populismo de izquierda o nacionalismo popular tal como fue teorizado, por ejemplo, por Ernesto Laclau en “La razón populista” (ver bibliografía). Este oxímoron de Nancy Fraser, hace sintagma con la expresión del filósofo Diego Tatián que habla del “neoliberalismo académico”. En Costa Rica es la alianza entre el Partido Acción Ciudadana (en el gobierno) y los grupos universitarios que estoy señalando. Estas alianzas obligan a recurrir a construcciones lingüísticas bizarras para ser descritas: cosmopolitismo segregacionista; pluralismo meritocrático (un invento de los filósofos analíticos) o feminismo clasista. Por mi parte, considero que la expresión “neoliberalismo soviético” tiene mayor capacidad explicativa.

17. Inclusive, los estudiantes de la Federación de Estudiantes del Instituto Tecnológico de Costa Rica, llegaron a solicitar un congelamiento salarial para sus profesores ante diputados de la Asamblea Legislativa. El sindicato de esa institución universitaria le dio su apoyo al Plan Fiscal y el rector de esa Institución expresó que “…le gustaría ser un socio estratégico del Gobierno”. El Instituto Tecnológico de Costa Rica es la primera institución de educación superior de Costa Rica que ha modificado su Estatuto Orgánico y se ha autorizado a sí misma a constituir empresas en alianzas Público-Privadas que implica un nuevo ordenamiento organizacional de las Universidades Públicas. No fue casual que las altas autoridades de esa institución se negaran a colaborar con la producción de este texto. La Vicerrectora de Docencia de esa Institución, la bachiller Grettel Castro Portuguez, refiriéndose a mi solicitud de apoyo institucional para la escritura de este texto y la compilación de este libro, expresó: “…actividad académica importante con reconocimiento institucional en el reglamento de carrera profesional. Sin embargo, la coyuntura presupuestaria no permite utilizar carga en detrimento de la oferta de cursos…” Esto es neoliberalismo en acto porque docentiza y desagrega la labor universitaria obligándonos a ser meras maquilas sin posibilidad de producir conocimiento. La más alta autoridad en docencia del Instituto Tecnológico de Costa Rica termina reduciendo lo académico a dar clases.

18. La indiferencia despolitizada es una estrategia equivocada de los académicos. Están convencidos que ponerse au-dessus de la melée los hace inmunes a los ataques que llegan desde el Estado y las corporaciones.

19. No piense el lector que estoy personalizando. El nombre es arquetipo de la cosa según reza un famoso poema de J.L. Borges. Lo que señalo aquí es que el “nombre” es referencia de un proyecto político.

20. Al caer en la cuenta del error las Universidades públicas han presentado un recurso por inconstitucionalidad judicializando la cuestión y publicado “explicaciones” criticando al diputado Wagner Jiménez del Partido Liberación Nacional. El rector de la Universidad de Costa Rica ha expresado el 25 de septiembre de 2019: Las medidas que han afectado el financiamiento de la Educación Superior Pública, especialmente aquellas tomadas al calor de una situación de crisis en las finanzas públicas, han puesto en riesgo la educación de miles de estudiantes en el país y han legitimado diversos ataques al propio Estado Social de Derecho. No solo se violenta así la Constitución Política, sino también la autonomía universitaria…” Como puede leerse, para los rectores de las Universidades Públicas del país, las Universidades y la educación están siendo atacadas pero no sabemos por quién ni por qué. Los rectores de las Universidades Públicas se cuidan de no criticar al presidente de la República ni al partido de gobierno.

21. Habitualmente, se incluyen en la “economía del conocimiento” las empresas que utilizan y producen bienes y servicios intensivos en conocimiento. Es decir, aquellas empresas relacionadas con la producción de conocimiento e información basadas en la digitalización. Pero también, se trata de empresas que tienen (o deberían tener) un enfoque social (democrático, ambiental, de género, etc.) de su labor y no meramente lucrativo. En Costa Rica el impulso a esta economía proviene de las Universidades Públicas. En ellas se combinan virtuosamente los tributos con el sistema tecnológico y educativo. Es el Estado, a través de las Universidades Públicas, el creador de valor y es aquí donde podemos ver con toda claridad que el Estado no es un mero agente “facilitador” de rentas privadas o un extractor de rentas, sino un agente activo que define estrategias de desarrollo y que, a través de las Universidades, alcanza implantación cognitiva y territorial.

22. Los economistas neoliberales plantearán dos falacias: la primera es que, según ellos, la economía debe crecer para después distribuir (teoría del derrame). Esto es falso. El capitalismo no funciona así porque nadie invierte si no hay una demanda creciente y, segundo, dirán que al crecer la demanda aumentarán los precios automáticamente. Pero esto también es falso. Aumentarán los precios si y solo si no aumenta la producción de los bienes demandados.

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Roberto Fragomeno Castro (roberto.fragomeno@ucr.ac.cr): Licenciado en Filosofía y Máster en Sociología. Profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad de Costa Rica. Sus últimos dos libros son “Las palabras intermitentes. Progreso, nación y utopía” y “Todas las palabras y los silencios juntos. Filosofía y tragedia en Hegel”.

Recibido: 14 de junio de 2020

Aprobado: 21 de junio de 2020


Rev. Filosofía Univ. Costa Rica, LIX (155), 147-160, Setiembre-Diciembre 2020 / ISSN: 0034-8252 / EISSN: 2215-5589