Resumen

La natación es uno de los deportes individuales más practicados a nivel mundial; los beneficios que brinda en la salud de la población incluyen un eje biopsicosocial. La interacción del individuo con el medio acuático hace posible experimentar habilidades en un medio totalmente diferente al que vive. Sin embargo, existen pocos aportes de la literatura científica cuando se refiere a la práctica de la natación y los benefícios de este deporte a la salud mental. Faltan estudios que aborden los beneficios de la práctica, intensidades de entrenamiento y volúmenes ideales, métodos utilizados y frecuencia semanal que correspondan a las respuestas psicofisiológicas desencadenadas en niños, adultos y adultos mayores.

INTRODUCCIÓN

La natación es uno de los deportes individuales más practicados en todo el mundo, por los beneficios reales que tiene sobre la salud sistémica de la población y porque permite experimentar habilidades en un ambiente totalmente distinto a aquel en el cual se vive (Brum y Santos, 2020). Al buscar programas de enseñanza de la natación, se los encuentra para todas las edades, desde bebés hasta adultos mayores.

La práctica de la natación en un ambiente favorable, con la programación de la enseñanza, definición de metas, el suministro de conocimientos de los resultados (CR) y de conocimientos del desempeño (CD), motiva al aprendiz a darle seguimiento al proceso de enseñanza-aprendizaje y, por consiguiente, a alcanzar el éxito deportivo.

Esas herramientas auxilian la continuidad de la práctica deportiva a lo largo del proceso de enseñanza, lo cual, a su vez, motiva a sus adeptos y desencadena beneficios sobre la salud sistémica y mental del grupo que se ha insertado en el programa (Moreira, Nascimento Junior, Mizoguchi, Oliveira, y Vieira, 2016).

Varios estudios han recolectado evidencia de que la práctica sistemática de los deportes y del ejercicio físico promueve varios beneficios sobre la salud mental de distintas poblaciones. Algunos estudios en modelos animales y humanos indican que la práctica del ejercicio físico sistematizado alcanza resultados satisfactorios en relación con la neurogénesis y la cognición (Diamond y Lee, 2011; Kandola, Hendrikse, Lucassen, y Yücel, 2016).

La mejora del control motor y del sistema cardiorrespiratorio con la práctica de la natación queda en evidencia durante la sincronización de las extremidades superiores e inferiores, a lo largo del desarrollo de los estilos de natación culturalmente determinados: crol (libre), dorso, pecho y mariposa. Esta sincronía se relaciona con la activación de áreas cerebrales como la corteza prefrontal, la amígdala y el cerebelo (Da Silva et al., 2019).

El estudio de Cordeiro et al., (2017) reportó que la práctica del nado estimula la producción de neurotransmisores, especialmente la dopamina, la cual provoca sensación de bienestar y relajamiento durante y después de las sesiones de entrenamiento. La producción de ese neurotransmisor ayuda en el control de la ansiedad y del estrés y atenúa los niveles de fatiga incitados por los quehaceres cotidianos (Cordeiro et al., 2017).

También, existe evidencia de que la natación genera efectos beneficiosos sobre la capacidad atencional (atención concentrada y distribuida), tanto de los aprendices como de los expertos, posibilitando que los individuos consigan mantener la atención en distintas situaciones. Una programación elaborada en condiciones óptimas les aportará mayores recursos a los alumnos, por encima de sus habilidades motrices y cognitivas en distintas fases del proceso de enseñanza, a saber, el aprendizaje, el entrenamiento o la competición (Geamonond, 2019).

Al mantener un proceso de enseñanza jerárquicamente organizado, se promueve un abanico de nuevas sensaciones. Se trata de esa estimulación motriz que propicia el aprendizaje de un nuevo repertorio motor, a través de los ejercicios practicados, potencializando el desarrollo cognitivo y las relaciones sociales entre distintos grupos etarios (Geamonond, 2017; Nunes, 2019).

Los ejercicios físicos y los deportes practicados de forma moderada tienen un potencial neuroprotector sobre la salud mental de la población en general, por el aumento del flujo sanguíneo y de la vascularización cerebral. Lo anterior favorece la estimulación de la producción de factores neurotróficos derivados del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés), que a su vez son responsables de la neurogénesis, angiogénesis, sinaptogénesis y neuroplasticidad (Ferreira et al., 2018).

Los profesionales en Educación Física e investigadores del deporte consideran que el desempeño del deportista recreativo o del atleta profesional a un nivel óptimo en su deporte, es el resultado de la interacción de la práctica organizada con el desarrollo de las capacidades físicas, motrices, cognitivas y técnico-tácticas (De Oliveira Silva, de Oliveira, y Helene, 2014).

Con la presentación de este contenido, se puede destacar que la práctica de la natación deportiva establece interfases con la salud mental. Esa conexión potencializa el desempeño cognitivo de forma global y proporciona bienestar y socialización a sus practicantes, pero todavía existen lagunas que se deben completar en la literatura científica en este eje temático en amplia expansión.

CONCLUSIÓN

La natación es de suma relevancia, por posibilitar el aprendizaje de nuevas habilidades en un ambiente líquido totalmente diferente de aquel en el cual se vive y por promover beneficios para la salud sistémica y mental de sus practicantes. Sin embargo, existen pocas contribuciones en la literatura científica: hay una carencia de estudios que aborden los beneficios de la práctica, las intensidades y volúmenes ideales de entrenamiento, los métodos utilizados y la frecuencia semanal que corresponden a las respuestas psicofisiológicas desencadenadas por la natación en niños, adultos y adultos mayores.