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Revista de Biología Tropical, ISSN: 2215-2075, Vol. 70(Suppl. 1): e53487, October 2022 (Published Dic. 15, 2022)
la similitud o proporcionalidad en atributos de
los ecosistemas naturales, comunidades bióti-
cas y procesos ecológicos (Parkes et al., 2003;
Quétier & Lavorel, 2011). Bajo este criterio, la
indemnización es concebida como una manera
de regresar al menos a la condición inicial
(p.e., a partir de la restauración de ambientes)
o, de sustituir aquellos componentes del medio
que han sido impactados (Calle et al., 2014).
Los aspectos más frecuentemente empleados
para evaluar la equivalencia ecológica son: la
composición de especies, la similitud entre
comunidades y las medidas de diversidad (Kati
et al., 2004; Urbina-Cardona et al., 2006). Estas
métricas proporcionan medidas cuantitativas
claras e información sobre el papel de la bio-
diversidad en el funcionamiento y la salud de
los ecosistemas (Laurila-Pant et al., 2015), por
lo que juegan un papel protagónico sobre el
cual basar decisiones de manejo (Kerr, 1997;
McKenney & Kiesecker, 2009; Rodrigues et
al., 2004; Ten Kate et al., 2004).
En el abordaje empírico de la evaluación
ambiental, el preferido es el enfoque sobre
grupos taxonómicos sustitutos o bioindicadores
(Failing & Gregory, 2003; Quetier & Lavo-
rel, 2011). Los grupos sustitutos pretenden
representar a otros taxones que constituyen
las comunidades presentes en el ecosistema a
evaluar. En general, son relativamente fáciles
de identificar y muestrear en el campo, al
tiempo que representan atributos ecológicos de
interés, por ejemplo, representar diversos nive-
les de la red trófica, jugar papeles claves en el
ecosistema, o servir como especies paragua o
emblemáticas (Barua, 2011; Simberloff, 1998).
Un bioindicador efectivo debe adaptarse bien
a características específicas del paisaje o reac-
cionar a los impactos y cambios que se preten-
den evaluar (Büchs, 2003; Paoletti, 1999). De
hecho, Majer (1983) propone que los grupos
sustitutos deben tener una serie de atributos,
entre los que destacan: el poder relacionarse
con los objetivos de la evaluación que se pre-
tende realizar, cumplir un papel importante
para la estructura y función del ecosistema,
representar una respuesta al estrés ambiental y
poder ser cuantificados fácilmente.
Entre los grupos sustitutos empleados más
comúnmente en estudios ambientales se inclu-
yen: plantas vasculares (Anand et al., 2005;
Kati et al., 2004; Norden et al., 2007; Urbina-
Cardona et al., 2006), vertebrados (Fausch et
al., 1990; Lund & Rahbek, 2002), mariposas
(Lovell et al., 2007; Nally & Fleishman, 2004)
y escarabajos (Azeria et al., 2009; Baldi, 2003;
Lovell et al., 2007); aunque otros invertebra-
dos, como hormigas (Andersen, 1997; Majer,
1983) y macroinvertebrados en sistemas acuá-
ticos (Pérez, 1999; Heino, 2010), también son
extensamente utilizados.
La valoración de la equivalencia ecológica
para compensación basada en atributos de bio-
diversidad, involucra comparaciones estadísti-
cas entre estimados de riqueza o similitud de
comunidades (McKenney & Kiesecker, 2009).
También pueden emplearse procedimientos
estandarizados de puntuación (Butler, 2009),
que consisten en mecanismos que asignan valo-
res a diferentes indicadores e identifican un
procedimiento apropiado para el cálculo de su
pérdida o ganancia (Quetier & Lavorel, 2011).
En un artículo previo en este mismo suplemen-
to (Bonilla et al., 2022) ilustramos el empleo
de uno de esos procedimientos, el método
Hectárea de Hábitat (Parkes et al., 2003),
aplicándolo a un estudio de caso en la Reserva
Biológica Lomas de Barbudal (RBLB), ubica-
da en el noroeste de Costa Rica. Este método,
está diseñado para evaluar el ambiente natural
de un sitio, a partir de la asignación de valores
a una serie de indicadores de estructura de
hábitat que cuantifican su condición (“calidad
ambiental”) con relación a la de un sitio de
referencia. Esa condición es combinada con el
área, para determinar la cantidad de hectáreas
de ese ambiente requeridas para resarcir las
pérdidas en la referencia. En el estudio de caso
mencionado, unas 113 ha en el extremo este de
la RBLB, bajo la cota de 50 m de elevación,
serían anegadas para establecer el Proyecto
Embalse Río Piedras (Fig. 1 en Bonilla et al.,
2022), un plan de desarrollo que busca trasla-
dar agua para irrigación y consumo hacia la
margen izquierda del Río Tempisque en el Pací-
fico norte del país (Cajiao, 2019). Empleando