
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 26(1): 1-24. Enero-junio, 2025. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica1616
de agua” como se le llamó, pero sí se registran las inundaciones de octubre de 1951
en Cartago por el desbordamiento del río Reventado. Tampoco se hace alusión al
suceso en Cervantes en el artículo de Meléndez (1997) titulado “Análisis histórico
de los desastres, siglo XX” y publicado en la revista Biocenosis de la UNED. Este
tipo de omisiones en los estudios académicos contribuyen al olvido de los desastres
por riegos natural en zonas rurales.
Olvidar también puede ser un proceso consciente. Según Carretero (2007),
es un proceso natural en sociedades que han vivido episodios violentos o trau-
máticos, donde no recordar se convierte en un mecanismo de defensa. En el caso
de Cervantes, el olvido podría tener como causa el no relato del acontecimiento
a las siguientes generaciones, en la carencia de un proceso sociocultural mediante
la construcción de una relación comunitaria con el lugar del desastre que favo-
rezca su permanencia en la memoria local transgeneracional. Como lo argumentó
Jelin (2002), la memoria surge con la existencia de una cultura compartida donde
se conserven agentes sociales que den sentido al pasado en productos culturales
concebidos como vehículos de memoria, por ejemplo, el relato oral, libros sobre
la historia comunitaria o los memoriales.
De esta forma, un “pueblo ‘olvida’ cuando la generación poseedora del pasado
no lo transmite a la siguiente” (Jelin, 2002, p. 124) generación. Así, en Cervantes el
recuerdo queda únicamente en la memoria de quienes lo vivieron, como un episodio
de su pasado, y hablando muy poco de él. Al respecto, José Joaquín Aguilar Granados
(1932) más conocido como “Quincho”, menciona que a sus hijos o nietos “muy pocas
veces he contado [el suceso] a algunos” (J. J. Aguilar Granados, comunicación personal,
30 de junio de 2023). Comenta que no es porque no quiera contarlo, sino porque es un
suceso del cual no se habla mucho. En el caso de algunos desastres por riesgos naturales,
muchos son percibidos como un hecho aislado único de una población, importante para
la generación que los vivió, pero no para la siguiente. Esta percepción condiciona la
permanencia del recuerdo, y, por ende, suela olvidarse.
Precisamente, el caso de Cervantes es un hecho aislado para Cartago y parte
del país. Para la población de la Vieja Metrópoli y para el resto del país, lo suce-
dido fue un hecho noticioso y curioso: desplazó gente a “vinear”, a ofrecer ayuda
humanitaria y otros a ver como estaban sus parientes. El mismo “Quincho” recuerda
que, al otro día del aluvión, “llegó mucha gente de otros lados a El Descanso a ver
la inundación que se hizo” (J. J. Aguilar Granados, comunicación personal, 30 de
junio de 2023). Por su parte, Clodomira Mora Granados (1942) quien tenía 9 años
para cuando ocurrió el suceso, rememora que fue una noticia escuchada en muchas
partes del país porque su madre, nativa de Cervantes, quien vivía en ese entonces
en Alajuela, se vino desde allá cuando escuchó la noticia para ver cómo estaba la
familia (C. Mora Granados, comunicación personal, 30 de junio de 2023).
En contraposición, la inundación del río Reventado en Taras de Cartago
quedó en la memoria nacional, es decir, no solo permanece en la memoria local,
sino también en la construcción mediática y la investigación académica. Al respecto,