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11Diálogos Revista Electrónica de Historia, 26(1): 1-24. Enero-junio, 2025. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica
DOI. 10.15517/dre.v26i1.61691
MEMORIA DE UN DESASTRE: EL ALUVIÓN
DE 1951 EN CERVANTES DE ALVARADO
Rodrigo Granados Jiménez1
Resumen
El impacto de los eventos naturales extremos puede ser signicativo en la
sociedad, la economía y el medio ambiente y pasar a ser parte de la memoria
colectiva, principalmente si han involucrado la pérdida de vidas humanas. Por su
mayor alcance de impacto, los eventos naturales de origen geofísico, terremotos y
erupciones volcánicas historiográcamente han sido los más estudiados en Costa
Rica. Mientras que aquellos de origen hidrológico que involucran la muerte de
personas, como aluviones o grandes cabezas de agua, han sido poco estudiados,
y en muchos casos, olvidados. El presente ensayo aborda un desastre ocurrido
en Costa Rica en 1951 en el distrito de Cervantes, cantón de Alvarado, provincia
de Cartago, que causó la muerte de más de una decena de personas. El propósito
de este artículo es estudiar las causas por las cuales algunos desastres por riesgo
natural corren el peligro de no ser recordados. Recuperar la memoria histórica de
estos acontecimientos enriquece la comprensión de la dinámica sociedad-ambiente
colectiva en la comunidad donde ocurrieron los hechos y de esta manera pueden
convertirse en museos naturales que recuerden la evidencia del suceso como
legítimos lugares de memoria para los habitantes de una comunidad.
Palabras clave: memorización, desastre, inundación, monumento histórico, historia.
Fecha de recepción: 26 de Agosto de 2024 Fecha de aceptación: 19 de Junio de 2025
Rodrigo Granados Jiménez Investigador independiente, San José, Costa Rica
Contacto: granghi@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0009-0000-2782-7444
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MEMORY OF A DISASTER: THE 1951 FLOOD
IN CERVANTES DE ALVARADO
Abstract
The impact of extreme natural events can be signicant on society, the economy
and the environment and become part of the collective memory, especially if
they have involved the loss of human life. Due to their greater scope of impact,
natural events of geophysical origin, earthquakes and volcanic eruptions have been
historiographically the most studied in Costa Rica, while events of hydrological
origin that involve the death of people, such as landslides or large heads of water,
have been little studied, not remembered or forgotten. This essay addresses a
disaster that occurred in 1951 in Costa Rica in the district of Cervantes, canton of
Alvarado, province of Cartago, which caused the death of more than a dozen people,
to study the causes of why some natural disasters risk being forgotten. Recovering
the historical memory of these events enriches the understanding of the collective
society-environment dynamic in the community where the events occurred and the
sites of occurrence can become natural museums that remember the evidence of the
event as legitimate places of memory for the inhabitants of a community.
Keywords: memorization, disaster, ood, historical monument, history.
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INTRODUCCIÓN
La vida de los seres humanos puede cambiar imprevistamente a causa de un
evento natural que afecte su dinámica e interacción con el medio. Ninguna persona
espera que ocurran este tipo de sucesos y mucho menos una afectación directa en su
vida. Ante este panorama, los sujetos generan recuerdos asociados a los aconteci-
mientos naturales vividos. Así, este tipo de eventos pueden convertirse en desastres
para las personas debido a los impactos que puede ocasionar como daño físico y
estructural, pérdida de vidas humanas o pérdida de capital y al integrarse a ellos la
vulnerabilidad de los individuos y de sus asentamientos (CEPAL, 2014), el estudio
de esta índole se vuelve relevante como mecanismo de experiencia para mitigar
futuros impactos por eventos similares.
Hasta nales del siglo XX el concepto comúnmente empleado para referirse
a la afectación provocada al ser humano por los fenómenos de la naturaleza era el
de desastre natural. Empero, con la llegada de nuevas perspectivas, análisis, enfo-
ques y conceptos sobre la interacción de las diversas variables que inuyen en las
decisiones humanas y las circunstancias de su sociedad, este concepto perdió cohe-
rencia al considerarse que los desastres no son naturales, sino, producto de las deci-
siones que la misma humanidad toma (Burón, 2020) al relacionarse con su entorno.
La comprensión de conceptos más amplios como amenaza, vulnerabilidad, riesgo,
gobernanza, así como la interacción con factores económicos y sociales como plani-
cación territorial, deforestación y cambio climático, cambiaron la percepción de
esta interacción entre ser humano, naturaleza y desastre.
La CEPAL (2014) concibe el desastre como la “consecuencia de fenómenos
naturales desencadenantes de procesos que provocan daños físicos y pérdidas de
vidas humanas y de capital, al tiempo que alteran la vida de comunidades y personas,
y la actividad económica de los territorios afectados” (p. 17). Esta denición es rele-
vante para entender el caso del aluvión ocurrido en 1951 en el distrito de Cervantes,
cantón de Alvarado, provincia de Cartago, en una época donde conceptos como
gobernanza, vulnerabilidad y mitigación eran desconocidos. Por tal razón y conside-
rando que los fenómenos naturales son propios del “mecanismo de evolución natural
del sistema medio ambiental o biosférico del planeta” (Ferrando, 2003, p. 17), en
este artículo se emplea la expresión “desastre por riesgo natural” referida a los
eventos calamitosos o eventos disruptivos que sufre el ser humano a consecuencia
de los fenómenos naturales, sean o no resultado de sus decisiones en relación con la
comprensión de su entorno.
Los eventos o riesgos naturales que pueden impactar al ser humano y a
sus sociedades pueden ser geofísicos, meteorológicos o hidrológicos y biológicos
(CEPAL, 2014). En el primer caso se encuentran los terremotos, de carácter comple-
tamente impredecible. Aunque tecnologías modernas aplicadas en países muy
sísmicos como en Chile, México y Japón permiten alertar con algunos segundos
de anticipación su ocurrencia. De esa forma, logran que las personas puedan tomar
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medidas preventivas, o desarrollen infraestructura con base en ingeniería antisísmica
para reducir el impacto del movimiento telúrico. En el segundo tipo de eventos están
los huracanes, las sequías y los que corresponden a este ensayo: las inundaciones,
aluviones o cabezas de agua derivadas de la precipitación.
Los desastres relacionados a la hidrología, como las inundaciones, dejan grandes
rdidas estructurales y agrícolas. Estos eventos tienen periodos de recurrencia
en algunos sitios y muchas veces provocan la muerte de personas. Su ocurrencia
podría ser prevenible desde el análisis histórico de los desastres y desde la perspec-
tiva de la gestión de riesgo, que incluye la identicación de amenazas, vulnerabili-
dades y niveles de exposición al riesgo. La observación y la experiencia permiten
reconocer patrones de recurrencia durante la temporada de lluvias, lo que facilita
la implementación de medidas preventivas. Se destacan, por ejemplo, los sistemas
de alerta temprana (SAT) como el instalado en el río Sarapiquí en 2012 (Oreamuno
& Quirós, 2013). A partir de acciones como la medición del aumento del caudal
de los ríos, este tipo de sistemas permiten salvar vidas al evacuar oportunamente
a la población amenazada, la rápida acción del resguardo de los bienes de primera
necesidad y salvar los componentes de la infraestructura socioeconómica, así como
disminuir la afectación sobre ellos.
Sin embargo, algunos desastres por riesgos naturales asociados a la lluvia
no siempre pueden preverse a pesar de todas las medidas que se puedan tomar.
Las cabezas de agua y los aluviones son un claro ejemplo de este tipo de eventos,
ya que pueden suceder en cualquier comunidad cercana a una quebrada o un río y
no necesariamente en sitios de recurrencia como pasa con las inundaciones deri-
vadas del aumento del caudal de los ríos en la parte baja de su cuenca, cono-
cida como zonas inundables.
Las causas de una avenida son diversas, pero la más común es por el súbito
aumento del caudal de la quebrada o del río por la acumulación de agua llovida
en el cauce. Las cabezas de agua originadas en leves represamientos uyen por
el cauce del río y se mantienen en él; los aluviones, en cambio, arrastran sedi-
mentos y escombros que acumulan a lo largo del viaje de las aguas por el cauce
del río y se convierten en una masa lodosa de gran poder destructivo. La mayor
de las veces los aluviones se producen por represamientos donde se almacena un
volumen considerable de agua que, al colapsar, se precipita cauce abajo con fuerza
y violencia llevándose todo a su paso. De esa manera, cuando llegan a un punto
en el que el cañón de la quebrada o el río no puede contenerles, se desbordan
e inundan los alrededores del punto de desbordamiento, destruyendo todo en su
avance, acarreando grandes pérdidas en la estructura agropecuaria y un severo
impacto social si ocurren en zonas habitadas por el ser humano.
Para encasillar un evento de la naturaleza como desastre por riesgo natural,
el suceso debe ser de considerable proporción y afectar signicativamente las
estructuras sociales. También puede ser de pequeña proporción, pero involucrar
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la muerte de personas en una cantidad estimable. Precisamente, cuando ocurre la
pérdida de vidas humanas los desastres por riesgos naturales generan memoria trau-
mática para los involucrados directos, sus allegados y la memoria colectiva de la
comunidad donde ocurrió el evento. No obstante, tiene poca trascendencia para el
país, salvo que la cantidad de muertes sea considerable u ocurran en asentamientos
humanos de importancia, como el ocurrido en diciembre de 1963 en Cartago.
Entonces, ¿qué pasa con los desastres por riesgo natural acaecidos en zonas
rurales, localidades poco pobladas o alejadas de los centros urbanos como el
aluvión del 29 de septiembre 1951 en el distrito de Cervantes de Alvarado? Los
cuales, además de ser frecuentes por la orografía costarricense, generan memoria
colectiva en la comunidad afectada. La Figura 1 muestra cómo fue abordado el
evento por un periódico nacional.
Figura 1. Detalle de la primera plana de El Diario de Costa Rica del 30 de septiembre de 1951 sobre la afectación
en Cervantes de Alvarado (Gutiérrez, 1951)
El aluvión sucedido en El Descanso, Cervantes, involucra los elementos necesa-
rios para analizar los aspectos relacionados a la memoria histórica y colectiva asociada
a los desastres por riesgos naturales de índole hidrológico, así como los lugares de
memoria en Costa Rica. En este sentido, el presente estudio de caso busca responder
a la pregunta ¿por qué es importante crear y mantener una memoria local en torno a
la ocurrencia de desastres por riesgos naturales? Asimismo, se propone determinar el
valor que adquiere para la comunidad el traer estos desastres a la memoria histórica y
explorar si el lugar donde sucedió el desastre puede convertirse en un “museo natural
de memoria” in situ o en “sitios naturales de memoria” que conmemoren la ocurrencia
del evento para generaciones posteriores.
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Es importante destacar dos conceptos clave mencionados: la memoria histórica
y la colectiva. La primera ha sido denida de varias formas. De acuerdo a Betancourt
(2004), es “la reconstrucción de los datos proporcionados por el presente de la vida
social y proyectada sobre el pasado reinventado” (p. 126), mientras que Ganga (2008)
la entiende como “el recuerdo que tiene una comunidad de su pasado, con todas sus
implicaciones respecto a los valores que transmite, las conductas o habitus que propicia
o las propias pautas de producción, reelaboración o caducidad que posee” (p. 63).
Por su parte, González (2013) propuso que la memoria histórica es
una memoria prestada de acontecimientos del pasado que el sujeto no ha experimentado
personalmente, pero que han dejado un rastro profundo de nociones y símbolos, que no sólo
modican las instituciones, sino que generan tradiciones nacionales, regionales, locales,
grupales, partidistas o familiares. (p. 88)
A esta denición, Rodríguez (2014) agrega que esta memoria “se construye y
modica mediante lecturas, fotografías, videos y otro tipo de registros, y se refuerza
a través de las conmemoraciones” (p. 61). Resumiendo, con estas deniciones, se
puede conceptualizar la memoria histórica como el proceso por el cual una sociedad
reconstruye el conocimiento y recuerdo de su pasado, reinterpretando lo sucedido
desde la narrativa de los individuos, grupos e instituciones que conforman el sistema
social, apoyados en diversos soportes documentales. Además, dicha reconstruc-
ción le proporciona al conglomerado, identidad, valores, experiencias colectivas
y conmemoración de su pasado.
En cambio, la memoria colectiva, partiendo del pensamiento de Halbwachs
(2004) y su obra La memoria colectiva se interpreta como la permanencia de acon-
tecimientos del pasado en un grupo social especíco, construidos a partir de los
recuerdos individuales de sus miembros y limitada a los marcos sociales, de espacio,
tiempo y lenguaje de estos grupos. En su obra, el autor también menciona que
esta “envuelve las memorias individuales, pero sin confundirse con ellas” (p. 54)
y del “pasado sólo se retiene lo que es capaz de vivir en la conciencia del grupo
y que no va más allá de sus límites” (p. 81). Esta conceptualización la enriquece
Betancourt (2004) al referir que es la memoria “que recompone mágicamente el
pasado, y cuyos recuerdos se remiten a la experiencia que una comunidad o un
grupo pueden legar a un individuo o grupos de individuos” (p. 126). Para claricar
el concepto, Juárez et al. (2012) ofrecen una denición más concreta, al referirse a la
memoria colectiva como la
reconstrucción de un pasado signicativo que se hace desde el presente, tiempo que
requiere, en ciertos momentos, cierto sentido, encontrar brújula cuando se ha perdido,
porque cuando el sinsentido hace acto de presencia hay que buscarlo en algún sitio y en
ocasiones se encuentra en el pasado, pero no cualquier pasado sino aquello que ha impac-
tado a una sociedad, como sus gestas, sus hazañas, aquello que se celebra, aquello que ha
dolido, aquello que ha dotado de cierto regocijo al grupo. (p. 14)
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En el caso de Cervantes, el recuerdo del aluvión de 1951, como se demos-
trará más adelante, se sostiene más en la memoria colectiva que, en la memoria
histórica, pues el “aquello” del pasado recordado, al que aluden Juárez et al. (2012),
no marcó la identidad o conformó el sentido de pertenencia a la localidad. Por el
contrario, el “aquello” impactó y dolió en la comunidad, recayendo su recuerdo en
un grupo determinado: la generación que lo vivió y que transmite su experiencia
individual a la siguiente generación.
Sin embargo, pasar de la memoria colectiva a una memoria histórica requiere
un conocimiento transgeneracional, apoyado en soportes que permitan perpetuar el
recuerdo de los acontecimientos, tales como los lugares de memoria. Nora (2008)
desarrolló una amplia teorización sobre este concepto. Se puede resumir en que los
lugares de memoria son aquellos elementos materiales o inmateriales referentes para
la conservación simbólica del recuerdo colectivo de una comunidad. Estos mate-
riales (museos, monumentos, piezas) pueden ser simbólicos (signicados que una
comunidad le otorga a un lugar o a los objetos) y funcionales (rituales, festividades,
conmemoraciones y celebraciones).
Para entender mejor el concepto aplicado, Nora (2008) también argumenta
nociones importantes como lugares de ocurrencia de acontecimientos, ya sean polí-
ticos, militares, sociales o ambientales. De esta forma, El Descanso en Cervantes
donde ocurrió el desastre por riesgos naturales en 1951 puede convertirse en un
espacio de memoria. El autor reere que los lugares de memoria “son, ante todo,
restos. La forma extrema bajo la cual subsiste una conciencia conmemorativa en una
historia que la solicita, porque la ignora” (p. 24). Además, arma que “nacen y viven
del sentimiento de que no hay memoria espontánea, de que hay que crear archivos,
mantener aniversarios, organizar celebraciones, pronunciar elogios fúnebres, labrar
actas, porque esas operaciones no son naturales” (p. 24).
En síntesis, el sitio de memoria debe construirse a partir de los aconteci-
mientos y el valor que adquiere en la comunidad surgirá de los lugares u objetos
materiales e inmateriales empleados para la conservación de la memoria colectiva.
Esto porque deben contener un signicado social y colectivo transformador. Más
que espacios para la consolidación y materialización de las memorias locales, deben
transformarse en “sitios que funcionan como disparadores de nuevos sentidos y rein-
terpretaciones, constituyéndose en lugares en los cuales la memoria se activa, se
vuelve dinámica, se transforma, se torna reexiva y productora de nuevos sentidos y
de resignicaciones constantes” (Fabri, 2013, p. 102).
De estas concepciones surge el planteamiento del “museo natural de memoria”
o “sitio natural de memoria”. Se parte de la denición tradicional de museo como
lugar donde se conservan y se exponen colecciones de objetos artísticos, cientícos,
culturales, históricos, u otros, ya sea para investigación, conservación y exposición
al público (RAE, s.f., denición 1 y 2). En estos lugares se procura conservar la
memoria histórica y cultural de los pueblos. Así, el museo natural de memoria
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cumpliría la misma función de preservación y recordación, pero en el sitio de
ocurrencia del evento natural, con la nalidad que tienen los lugares de memoria.
El Consejo Internacional de Museos (International Council of Museums
[ICOM], 2022) adoptó una nueva denición para museos:
una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga,
colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial. Abiertos
al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad.
Con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profe-
sionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reexión y
el intercambio de conocimientos. (párr. 2)
A partir de esta denición, el “museo natural de memoria” o “sitio natural
de memoria” consistiría en la selección de un área de la zona donde sucedió el
evento natural. En esta se construirían, colocarían o instalarían elementos visuales
para que se recuerde lo ocurrido como parte del patrimonio inmaterial de la comu-
nidad. Es decir, memoriales para ser visitados, pues como indica Roland Arpin,
citado por Desvallées & Mairesse (2010), puede considerarse patrimonio “todo
objeto o conjunto, material o inmaterial, reconocido y apropiado colectivamente
por su valor de testimonio y de memoria histórica, merecedor de ser protegido,
conservado y puesto en valor” (p. 67). Es esta línea, el valor es el servicio social
de recordar la historia comunitaria, acción que permite obtener un insumo vívido
para la toma de decisiones y políticas en planeamiento territorial y análisis de
amenazas, riesgo y vulnerabilidad.
Aspectos metodológicos
La respuesta a la pregunta ¿por qué es importante crear y mantener una
memoria local en torno a la ocurrencia de desastres por riesgos naturales? se argu-
menta a partir de tres objetivos: reconstruir la memoria histórica, determinar las
consecuencias del olvido en la memoria colectiva y proponer un lugar de memoria
del desastre. En el apartado “El desastre, impacto social y colectivo” se describe
y recupera el acontecimiento para asociarlo con el tema de la “memoria histórica”
del desastre por riesgo natural para determinar su importancia e impacto en el
contexto local, así como en el desarrollo de medidas y políticas comunitarias. En
el apartado “Desastres por riesgos naturales: permanencia y olvido” se aborda el
recuerdo del acontecimiento a través de la “memoria colectiva” y las consecuen-
cias de su olvido para la comunidad.
Como la acción de recordar para no olvidar acontecimientos como el ocurrido
en Cervantes en 1951 requiere de un esfuerzo articulado entre organización local
y comunidad, en el último apartado “Sitios de ocurrencia como museos naturales
de memoria”, se propone la creación de un “museo o sitio natural de memoria”
con la instalación en el lugar donde ocurrió el desastre, de memoriales referentes
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a la construcción de lugares de memoria. De este modo, el acontecimiento puede
permanecer como memoria histórica y no como una memoria colectiva que se
desvanecerá luego de dos generaciones.
Finalmente, la investigación se realizó utilizando fuentes primarias: perió-
dicos para la documentación inicial del evento, así como entrevistas y encuestas
para la construcción del caso y fuentes secundarias para la contextualización
teórica. Respecto al método, primero se aplicó el análisis cronológico de la docu-
mentación obtenida para reconstruir el acontecimiento. Posteriormente, un análisis
geográco para determinar el área de afectación e impacto conforme a lo referido
en las crónicas periodísticas y los relatos de las personas entrevistadas.
En la etapa de cierre se realizó trabajo de campo. En ese sentido, se visitó la
zona donde ocurrió el desastre en 1951, se realizaron entrevistas a ocho personas
mayores de 70 años de la comunidad y se recopiló parte de la tradición oral para
analizarla. También, para la recolección de información se realizó una encuesta
electrónica dirigida a la localidad de Cervantes, distribuida en diversos grupos de
redes sociales propios de la comunidad, y por divulgación orgánica en grupos de
WhatsApp comunitarios. El resultado de la encuesta, respondida por 56 personas,
todas mayores de 40 años, permitió obtener información cualitativa y cuan-
titativa para analizar la memoria colectiva y la temática de recuerdo/olvido en
la población de segunda y tercera generación.
El desastre, impacto social y colectivo
Los aluviones y grandes cabezas de agua han ocasionado considerables inun-
daciones en Costa Rica, algunas con el máximo impacto que pueden ocasionar: la
muerte de personas, dejando muy marcada a una población. Dada las caracterís-
ticas del aluvión ocurrido en el distrito Cervantes el 29 de septiembre de 1951 (ver
Figura 1), esta cobra importancia en la temática de la memoria colectiva de una
comunidad precisamente por haber marcado a un sector, y es insumo para construir
una memoria histórica de incidentes desastrosos por riesgo natural.
Ese día, la población vivió la amarga experiencia de la visita inesperada de
un aluvión, que, con gran violencia, arrastrando lodo y escombros, arrasó con todo
lo relacionado a los seres humanos que encontró a su paso. Este evento ocasionó
daños materiales, perjuicios al sector agropecuario, afectación a la infraestructura
habitacional, a la infraestructura de los servicios públicos y cobró la vida de varias
personas. El acontecimiento fue producto de las intensas lluvias o el temporal que
se presentó en la región del cantón de Alvarado para esos días, también incidió en
Pacayas y Capellades, siendo en Cervantes el incidente de mayor gravedad. De
acuerdo con la prensa, el temporal afectó otras localidades como Cipreses y Santa
Rosa en Oreamuno, Paraíso y Orosi.
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En Cervantes, la extensión de la inundación fue considerable y su área de
inuencia amplia. De ese día, don José Rafael Ángel Calderón Araya (1936-2024)
recordaba que su padre “salió en carrera por la calle vieja para ir a ver los ríos crecidos
de La Hacienda [El Descanso] que se habían tirado afuera y cuando llegó al altillo
antes de llegar al bajo de los Pérez no pudo pasar. Viniendo del trapiche había un bajo
que el patrón lo había dado para que jugaran bola [la plaza de El Descanso] y se había
inundado, había un lagunón y se perdió la plaza” (R. A. Calderón Araya, comunicación
personal, 26 de mayo de 2023). Toda la zona se llenó de agua hasta llegar al barrio
El Bajo, al borde de la carretera a Turrialba, cerca de las casas de Antonio “Pío” y
“Quincho” Aguilar (ver Figura 2).
A partir de los reportes y opiniones de personas que vivieron la tragedia, el
aluvión se originó en el cauce de la quebrada Presidio, cerca del lugar conocido con el
mismo nombre (Montero, comunicación personal, 2021), en el distrito de Pacayas de
Alvarado y cercana a un poblado conocido como Las Aguas. Por las lluvias, la quebrada
había crecido y la fuerza de la corriente se agravó con una bomba de agua, que cuando
reventó, ocasionó un aluvión el cual descendió por la quebrada con gran violencia. A la
altura del poblado El Descanso en el distrito de Cervantes, la quebrada, que también era
conocida como “Las Máquinas” porque en su ribera habían instaladas varias máquinas
para elaborar cabuya (A. Granados Calderón, comunicación personal, 12 de abril de
2021), no pudo contener las aguas. Así, la inmensa correntada se desbordó e inundó un
área de tres manzanas (dos hectáreas), lo que formó una inmensa poza. A medida que
la desaguaban, iba dejando al descubierto cadáveres de varias personas y de animales.
Figura 2. Área aproximada de inundación en Cervantes en 1951 a partir de los relatos de pobladores
y descripciones de prensa.
Nota. El bordeado en color celeste corresponde al área principal de inundación donde se formó la “laguna”, cerca del
punto de desbordamiento. En color amarillo se representa al área de inuencia del aluvión, la mayor parte el cauce y
ribera de la quebrada Presidio. Adaptado de [Área del distrito de Cervantes del Cantón de Alvarado, Cartago, Costa
Rica], de Google Earth, 2023, fotografía en relieve y editada en la misma herramienta.
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Cabe destacar que el nombre de la quebrada varía dependiendo de la loca-
lidad y de las referencias orales de los vecinos, recibiendo varios nombres a lo
largo de su trayecto. Para la Municipalidad de Cervantes el nombre de la quebrada
donde ocurrió el suceso en 1951 es Lajas, aunque la población le llama río Canta-
rillo. En la hoja cartográca disponible en línea del Sistema Nacional de Infor-
mación Territorial (SNIT), se registran tanto la quebrada Lajas como la quebrada
Presidio y estas conuyen en el distrito de Cervantes (ver Figura 3).
Al respecto, un telegrama recibido el 30 de septiembre de Enrique Guillén
Quirós, Jefe Político de Oreamuno, además de mencionar afectación en otros
lugares del cantón de Oreamuno, demuestra el cambio de nombre de la quebrada en
diferentes puntos de su trayecto y también como afectó a la localidad de Cipreses,
cercana al posible punto de origen de la bomba de agua (ver Figura 3):
El río causante de la inundación de ayer, denominado El Presidio, destrozó la carretera a
Pacayas, gran trecho despedazado, otros dejó grandes terraplenes y una parte donde era la
carretera dejó un precipicio de grandes proporciones y muy profundo. Dos casas inundadas
perdiendo todos sus haberes. La familia de Gonzalo Montenegro desapareció. A las 11 de
la noche aún permanecen los vecinos de Cipreses tratando de localizarlos. Se presumen la
muerte de cinco menores y sus padres. (Guillén, 1951, p. 1)
Figura 3. Hoja cartográca donde se señalan las quebradas Presidio y Lajas
Nota. El óvalo rojo indica posible zona de origen de la “Bomba de agua”. El polígono amarillo indica el área
de mayor inuencia del aluvión en Cervantes. El punto morado señala la conuencia de las quebradas Presidio
y Lajas en el distrito de Cervantes y las líneas amarillas los límites distritales. La fotografía en el recuadro
corresponde a una vista en el 2024 de la quebrada Lajas [o río Cantarillo]. Adaptado de [Hoja cartográca de las
quebradas Presidio y Lajas], del SNIT, 2024. Fotografía tomada por el autor, 2024.
La causa del aluvión fue la saturación de agua en el suelo adyacente a la
quebrada por las constantes y voluminosas lluvias de días previos. La zona al ser
tan quebrada y con laderas pronunciadas, facilitan que el terreno ceda con el exceso
de agua y se precipite con fuerza debido a las condiciones topográcas del lugar.
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Los vecinos indican que el incidente ocurrió porque una bomba de agua estalló
(R. A. Calderón Araya, comunicación personal, 21 de mayo de 2023), reriéndose
a la apertura abrupta en la montaña de una fuente de agua. Lo que los lugareños
llamaron bomba de agua es lo que ocurre cuando
el suelo absorbe y ltra cierta cantidad de agua, pero cuando supera su capacidad de absor-
ción, se produce una liberación súbita del volumen de agua que se acumula dentro del suelo,
generando un ujo de lodo que generalmente se canaliza por los ríos principales o cauces
importantes incorporando escombros y basura. (Blas Sánchez, citado por Otey, 2017)
Como resultado de la gran cabeza de agua, además de los daños en la agricul-
tura, la cantidad de animales muertos, tanto silvestres como domésticos y los daños en
la infraestructura habitacional y la cañería, 14 personas murieron, de las cuales, cuatro
nunca se encontraron. De lo traumático de este desastre por riesgo natural y que se
recuerda con pesar, es que de las personas fallecidas solo una era nativa de Cervantes
y las demás eran personas de otros lugares. Entre aquellos quienes perdieron la vida
se incluye una familia completa de apellido Montenegro, vecina de Cipreses, y otra
de apellido López, vecina de San Rafael de Oreamuno, que vivía en la casa de una
nca que cuidaban. La desaparición de esta familia también fue notoria para la prensa.
De acuerdo con los testigos, la medida de la cabeza de agua, tanto en su altura
como anchura, fue determinable en las evidencias que esta dejó a su paso. En la
búsqueda de cadáveres en el cauce de la quebrada, encontraron a más de seis metros
de altura, restos de ropa de personas colgando de las ramas de árboles, así como
muchísimas ramas quebradas. Además, el nivel del agua en el río Birrís sobrepasó
el puente donde este se ubica en la carretera hacia Turrialba, pues fue el que recibió
la descarga de la cabeza de agua (A. Granados Calderón, comunicación personal,
12 de abril 2021). En los periódicos publicaron que la cabeza de agua había sido de
7 metros de altura (ver Figura 4).
Las cabezas de agua no son un evento aislado, en Costa Rica ocurren con
frecuencia y tienen su cuota estadística en la muerte de personas. De acuerdo con
el Instituto Meteorológico Nacional (IMN, 2021), fueron la tercera causa de muerte
por incidentes derivados de la ocurrencia de eventos meteorológicos extremos
durante el periodo 1980-2017. La cantidad de muertes ocurridas en el aluvión de
Cervantes pone en perspectiva la magnitud del evento y lo convierte en el segundo
más mortífero de los ocurridos en el país, después de la tragedia del río Reventado en
1963 (Granados, 2025).
Para su tiempo, el evento fue impactante y de importancia en la sociedad
como para hacer eco en las noticias. De acuerdo con los entrevistados C. Mora
Granados y R. Calderón Araya, al día siguiente del suceso personas de localidades
vecinas, de la ciudad de Cartago y otros lugares más lejanos, llegaban a indagar a
la comunidad por lo ocurrido. Es decir, se había extendido el rumor de una tragedia
de gran magnitud en Cervantes y quizás esperaban encontrar el pueblo, o parte de
él, destruido y enterrado bajo el lodo.
Rodrigo Granados Jiménez • Memoria de un desastre: El aluvión de 1951 en Cervantes de Alvarado. 1313
Figura 4. Detalle de la primera plana de La Prensa Libre del 1 de octubre de 1951 sobre la afectación en Cervantes
de Alvarado (Borrase, 1951a)
Desastres por riesgos naturales: permanencia y olvido
Los eventos desastrosos permanecen en la memoria colectiva de los pueblos
por un tiempo determinado debido a la percepción que los habitantes tienen de su
ocurrencia en relación con el impacto o daño ocasionado, siendo más duraderos los
terremotos. Caso contrario ocurre con las “inundaciones y deslizamientos u otros
fenómenos desastrosos, cuya área de inuencia es de menor tamaño y no todos los
habitantes lo perciben” (Meléndez, 1997, p. 2). Esta reducida percepción implica
que, con el paso de las generaciones, muchos desastres por riesgos naturales de
origen hidrometeorológico llegan a ser olvidados o no recordados al no ser “impor-
tantes” en la sociedad presente.
¿Por qué un desastre como el ocurrido en Cervantes no es recordado o solo
la comunidad lo recuerda? Las respuestas podrían ser muchas y estar sustentadas
en el olvido como proceso natural del individuo hasta la interacción de diversas
circunstancias que no favorezcan el recuerdo. Ejemplo de estas son la valora-
ción de la relevancia del evento a nivel comunitario, carencia de una construc-
ción de memoria, la relación del individuo con el medio ambiente o aspectos
relacionados a los sistemas sociales.
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 26(1): 1-24. Enero-junio, 2025. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica1414
Un causal del olvido sobre el desastre en Cervantes podría derivarse de
aspectos socio-geográcos como la estraticación social. Este lugar es un pueblo
rural y las personas allí residentes en 1951 en su mayoría eran campesinas, dedi-
cadas a la agricultura. Las personas fallecidas eran familias de un grupo social bajo,
con poca trascendencia en la vida política y económica del país; y solo una de las
víctimas era nativa de la comunidad de Cervantes. Estas circunstancias indudable-
mente reducen el impacto emocional en la interacción familia-comunidad.
Otra razón puede ser la densidad poblacional. No es lo mismo un evento
ocurrido en una zona rural que uno acontecido en una ciudad con vida social y
económica activa, como la ciudad de Cartago, que además es la ciudad cabecera
de una provincia y centro administrativo de un cantón. Un evento como el ocurrido
en Cervantes, aunque haya ocasionado una cantidad de muertes similar al de 1963
en Cartago repercute menos. La extensión del impacto social y la permanencia
del desastre citadino en la memoria colectiva es mayor, siendo más recordado,
y convirtiéndose en memoria histórica fácilmente, lo que refuerza su recuerdo
y la conmemoración mediática.
En esta construcción del recuerdo, los medios de comunicación desempeñan
un rol signicativo divulgando los desastres por riesgo natural como eventos noti-
ciosos, con los que construyen un discurso mediático a corto plazo —en el momento
que el evento ocurre y días siguientes— dirigido al público que los lee, y en los que
coinciden “los imaginarios que expone el medio y los imaginarios de los destinata-
rios” (Hermelin, 2007, p. 104), sino, por el registro de los acontecimientos. A largo
plazo, algunos medios de comunicación sean locales, regionales o nacionales, tienen
segmentos en los que se recuerdan diversos acontecimientos, como algunos desastres
por riesgo natural. Este tipo de segmentos se realizan porque dejaron una marca social
profunda, y contribuyen a la construcción de una memoria histórica por efeméride.
Como ejemplo en la prensa costarricense, publicaciones como la edición espe-
cial de la “Revista Dominical” del periódico La Nación del 29 de enero de 2017
titulada “70 años: desastres naturales y otras tragedias que desolaron al país”, traen
a la memoria el recuerdo de la erupción del volcán Irazú de 1963 y los lahares que
contribuyeron a la inundación de Taras en diciembre del mismo año que dejó al
menos 17 fallecidos con el artículo “Río Reventado, Cartago: 1963. Madrugada de
terror” (Gómez, 2017). También se encuentra el artículo de Vega (2023) del perió-
dico La Teja: “Testigo de la erupción del volcán Irazú: ‘Estuvimos en medio del
sufrimiento’”. Sin embargo, no hay noticias en esta dirección referidas al aluvión de
1951 en Cervantes que provocó 14 fallecimientos.
El impacto de los desastres por riesgo natural en las urbes permea más el
consciente colectivo, incluso el imaginario social. Esto se puede apreciar con una
emergencia vivida en la ciudad de Cartago días después de la tragedia de Cervantes.
Una noticia de Borrase (1951b) publicada en el periódico La Prensa Libre describe
la inundación provocada por el río Reventado en Cartago, en la que, a pesar de no
haber fallecidos, el suceso se describe como una gran tragedia.
Rodrigo Granados Jiménez • Memoria de un desastre: El aluvión de 1951 en Cervantes de Alvarado. 1515
Al ser Cartago una ciudad, la cantidad de población es mucho mayor y el daño
infraestructural a nivel socioeconómico es más notorio que, por ejemplo, un evento
natural de carácter desastroso en una población rural como Cervantes, donde el mayor
daño puede ser al sector agropecuario. La noticia en su primer párrafo (ver Figura 5)
describía el suceso como una de “las más graves tragedias” en Cartago durante los
últimos años. Además, agregaba que los “daños fueron enormes” (Borrase, 1951b,
p. 4), pero sin desgracias personales. El calicativo de gravísima tragedia respecto
a la tragedia con la que se reeren a lo ocurrido en Cervantes reeja la percep-
ción social del impacto de un desastre por riesgo natural en una urbe con relación a
un pueblo rural donde perdieron la vida de 14 personas. Sin embargo, en algunos
diarios se mantuvo la narrativa de catastróco el evento de Cervantes. En este caso,
la valoración calicativa de “daños enormes” está asociada al impacto material que
eventos como inundaciones y aluviones generan en las ciudades con respecto a los
pueblos rurales, percepción relacionada a la cantidad de personas afectadas en las
ciudades por su mayor densidad poblacional.
Figura 5. Fragmento de la noticia de la inundación de Cartago el 11 de octubre de 1951 (Borrase, 1951b)
Adicionalmente, para el caso de Cervantes, a pesar de la cobertura noticiosa
que recibió el evento desastroso, parece no haber sido referenciado o contabilizado
en los registros históricos, lo que inuye en olvido nacional del suceso. Ejemplo de
ello está en el Histórico de desastres en Costa Rica (1723-2012), documento compi-
lado por Vallejos, Esquivel e Hidalgo para la Comisión Nacional de Prevención de
Riesgos y Atención de Emergencias (CNE). En el recuento de los eventos hidrome-
teorológicos no aparece la referencia a la inundación de Cervantes de 1951 o “bomba
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de agua” como se le llamó, pero sí se registran las inundaciones de octubre de 1951
en Cartago por el desbordamiento del río Reventado. Tampoco se hace alusión al
suceso en Cervantes en el artículo de Meléndez (1997) titulado “Análisis histórico
de los desastres, siglo XX” y publicado en la revista Biocenosis de la UNED. Este
tipo de omisiones en los estudios académicos contribuyen al olvido de los desastres
por riegos natural en zonas rurales.
Olvidar también puede ser un proceso consciente. Según Carretero (2007),
es un proceso natural en sociedades que han vivido episodios violentos o trau-
máticos, donde no recordar se convierte en un mecanismo de defensa. En el caso
de Cervantes, el olvido podría tener como causa el no relato del acontecimiento
a las siguientes generaciones, en la carencia de un proceso sociocultural mediante
la construcción de una relación comunitaria con el lugar del desastre que favo-
rezca su permanencia en la memoria local transgeneracional. Como lo argumentó
Jelin (2002), la memoria surge con la existencia de una cultura compartida donde
se conserven agentes sociales que den sentido al pasado en productos culturales
concebidos como vehículos de memoria, por ejemplo, el relato oral, libros sobre
la historia comunitaria o los memoriales.
De esta forma, un “pueblo ‘olvida’ cuando la generación poseedora del pasado
no lo transmite a la siguiente” (Jelin, 2002, p. 124) generación. Así, en Cervantes el
recuerdo queda únicamente en la memoria de quienes lo vivieron, como un episodio
de su pasado, y hablando muy poco de él. Al respecto, José Joaquín Aguilar Granados
(1932) más conocido como “Quincho”, menciona que a sus hijos o nietos “muy pocas
veces he contado [el suceso] a algunos” (J. J. Aguilar Granados, comunicación personal,
30 de junio de 2023). Comenta que no es porque no quiera contarlo, sino porque es un
suceso del cual no se habla mucho. En el caso de algunos desastres por riesgos naturales,
muchos son percibidos como un hecho aislado único de una población, importante para
la generación que los vivió, pero no para la siguiente. Esta percepción condiciona la
permanencia del recuerdo, y, por ende, suela olvidarse.
Precisamente, el caso de Cervantes es un hecho aislado para Cartago y parte
del país. Para la población de la Vieja Metrópoli y para el resto del país, lo suce-
dido fue un hecho noticioso y curioso: desplazó gente a “vinear”, a ofrecer ayuda
humanitaria y otros a ver como estaban sus parientes. El mismo “Quincho” recuerda
que, al otro día del aluvión, “llegó mucha gente de otros lados a El Descanso a ver
la inundación que se hizo” (J. J. Aguilar Granados, comunicación personal, 30 de
junio de 2023). Por su parte, Clodomira Mora Granados (1942) quien tenía 9 años
para cuando ocurrió el suceso, rememora que fue una noticia escuchada en muchas
partes del país porque su madre, nativa de Cervantes, quien vivía en ese entonces
en Alajuela, se vino desde allá cuando escuchó la noticia para ver cómo estaba la
familia (C. Mora Granados, comunicación personal, 30 de junio de 2023).
En contraposición, la inundación del río Reventado en Taras de Cartago
quedó en la memoria nacional, es decir, no solo permanece en la memoria local,
sino también en la construcción mediática y la investigación académica. Al respecto,
Rodrigo Granados Jiménez • Memoria de un desastre: El aluvión de 1951 en Cervantes de Alvarado. 1717
Jelin (2002) indica que “el pasado cobra sentido en su enlace con el presente en el
acto de rememorar/olvidar” (p. 27) y en una comunidad como la del cantón de Alva-
rado ese pasado aún tiene sentido. Una encuesta en línea realizada a la población
de Cervantes o personas relacionadas a ella2 evidenció que en las personas mayores
de 40 años, segunda generación de recuerdo y 72 años después del trágico aluvión,
aún persiste el recuerdo de aquella fatalidad. De esta forma, quienes respondieron
a la encuesta, un 70% recuerda la ocurrencia de algún desastre por riesgo natural
relacionado con las lluvias y un 77% armó conocer de la inundación ocurrida en el
poblado El Descanso en 1951.
La transferencia de la memoria entre generaciones sí se dio en la población
cervanteña, pues para ellos fue un suceso de nunca olvidar. Sin embargo, su recuerdo
parece no haber traspasado las fronteras del cantón de Alvarado. De las personas que
respondieron conocer de la tragedia, un 80% manifestó saber del suceso porque se lo
contaron. En esa línea, sobre la pregunta de qué recordaban o qué les contaron, indicaron
hechos comprobables en las noticias publicadas en los diarios de la época: muerte de
varias personas, que el río se desbordó e inundó todo el llano. Sobre los daños, explican
que los animales fueron arrastrados por el agua. Varios comentaron ver cómo el agua se
llevaba las vacas o cómo el ganado bajaba junto con las aguas ya muerto. Agregan que
una bomba de agua bajó por una quebrada e inundó El Descanso, que una cabeza de
agua se salió del cauce… Algunos encuestados contestaron: “yo anduve buscando desa-
parecidos”, “yo era joven y oí el gran ruido que hacía la cabeza de agua cuando venía”,
“algunas casas quedaron aisladas y hubo que socorrer, que fue bastante desastroso”.
Se destaca entre los recuerdos de los actuales habitantes de Cervantes, el relato
de que en El Descanso había una virgen y a ella no le llegó la inundación. De este modo,
en el proceso del recuento de los daños se observó que la imagen de la Virgen no había
sufrido daño, y eso elevó el fervor religioso y el espíritu comunitario una vez pasada la
tragedia. Tanto así que la prensa también divulgó la manifestación de fe:
Cerca de la laguna, en el lugar por donde había entrado la correntada, ubicada sobre una
vieja caldera, se hallaba intacta la sagrada imagen de la Virgen de la Inmaculada Concep-
ción. Las piedras habían quedado rodeándola por todas partes, pero ninguna la había derri-
bado. Ni siquiera el barro y la basura habían manchado la pequeña imagen de mármol.
(Borrase, 1951a, p. 10).
Por una parte, es importante recuperar la memoria de los desastres por riesgos natu-
rales, no solo en la comunidad que se vio afectada, sino en las diversas esferas nacionales.
Las razones para recordar son necesarias porque aportan en la construcción de un cono-
cimiento del pasado y contribuyen al autoconocimiento colectivo e integral de nuestra
sociedad. Asimismo, resulta útil para el trabajo interdisciplinario en la gestión del riesgo,
en la identicación de regiones vulnerables y para la toma de acciones mitigadoras.
Por otra parte, los desastres provocados por riesgos naturales no son eventos
políticos que suelen estar en la memoria colectiva por su alcance en la población y por
abarcar más esferas de la estructura social. No obstante, pueden convertirse en acciones
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política con implicaciones sociales, económicas o ambientales que persisten en la
cultura. Un ejemplo de ello ocurrió en Cervantes cuando la tragedia captó la atención
de la sociedad y de las autoridades. Además de la presencia de los Jefes de Seguridad
Pública, la Guardia Civil y el Ministro de Salubridad, hasta el entonces presidente de la
República, don Otilio Ulate Blanco, se apersonó a la comunidad para observar los daños
y ofrecer sus muestras de solidaridad a las personas afectadas y a la comunidad.
Los desastres por riesgos naturales hidrometeorológicos suelen estar presentes
en la memoria colectiva local por ser recurrentes en algunas poblaciones “expresado en
una forma narrativa, convirtiéndose en la manera en que el sujeto construye un sentido
del pasado, una memoria que se expresa en un relato comunicable, con un mínimo de
coherencia” (Jelin, 2002, p. 27). Esta narrativa está presente cuando otro evento similar
recuerda el suceso anterior. En el caso de Cervantes, el 14 de noviembre de 1997 a eso de
las cinco de la tarde, nuevamente la quebrada Presidio fue el escenario de una segunda
tragedia cuando un nuevo aluvión sorprendió a los pobladores de Pacayas y Cervantes
con el saldo de cinco personas fallecidas, varias de las cuales fueron arrastradas hasta El
Descanso (Muerte y daños en Pacayas, 1997). Precisamente, la nota periodística publi-
cada por La Nación transcribe las palabras de un vecino de Pacayas, que indicaba que
hacía más de 30 años había ocurrido una tragedia en esta misma quebrada. A pesar de
no indicar una fecha especíca, era una clara alusión al aluvión de 1951.
Sitios de ocurrencia como museos naturales de memoria
Ricoeur (2004) establece tres funciones del olvido: como capacidad de
olvidar, como desaparición de la memoria y como forma de resistencia. En este
sentido, es la segunda función la que aplica para el caso de los desastres por riesgos
naturales. Para quienes vivieron esta clase de eventos, el olvido es el resultado de
procesos psicológicos y biológicos, donde ciertos recuerdos se desvanecen con el
tiempo como un elemento natural de la memoria, pero siempre quedan rastros de
lo olvidado. Desde esta perspectiva, entran en función los sitios de ocurrencia de
desastres por riesgos naturales como lugares o museos de memoria para no olvidar
lo vivido, antes de que la tercera generación no reciba la información de los sucesos.
Si bien es cierto, olvidar es normal para el ser humano, es también su condi-
ción para aliviar la pesadez del trauma sufrido por el impacto de los eventos por
riesgo natural y que le permite vivir su presente. A pesar de ello el rescate de la
memoria colectiva de estos eventos en comunidades como la de Cervantes, es
determinante para la construcción de una memoria histórica local. Este ejercicio y
la denición de los sitios más vulnerables a riesgos por amenazas naturales, puede
ser clave para impulsar políticas de planicación territorial, máxime si existe el
potencial por reincidencia de eventos disruptivos dada la geografía física de la zona.
Rodrigo Granados Jiménez • Memoria de un desastre: El aluvión de 1951 en Cervantes de Alvarado. 1919
Así como ocurre con los sitios de memoria de acontecimientos políticos, en
los cuales “los lugares como testigos constituyen una característica central de los
lugares de memoria que mayor relevancia adquieren durante la visita, operando
como pivote principal de los relatos (y en la mayoría de las ocasiones, exclusivo) que
acompaña su recorrido” (Sepúlveda et al., 2015, p. 103), los sitios de memoria in situ
deberían existir para recordar el impacto que los desastres por riesgo natural tienen
en la sociedad. Espacios geográcos destinados a conservar alguna huella, marca o
cicatriz de la ocurrencia de estos acontecimientos calamitosos que permitan validar
los relatos de la memoria colectiva de la comunidad afectada, y por consiguiente,
perpetuarse en su memoria histórica. Estos museos o sitios naturales de memoria,
también cumplirían la función de recordar la exposición social a la vulnerabilidad.
En un lugar como El Descanso en Cervantes debería haber un algún objeto
memorial, que además del sitio en sí mismo, cumpla la función de lugar de
memoria. Esto honraría a las 14 víctimas que perdieron la vida en la tragedia del 29
de septiembre de 1951 y a sus allegados. Además, serviría como recordatorio del
impacto que tuvo el evento en la comunidad y serviría para hacer eco de la reinci-
dencia, en situaciones similares como la de 1997. Los memoriales, como lo reeren
Cortés et al. (2018), tienen como función principal “provocar el recuerdo del evento
por el cual fueron creados, y así conservar un fragmento del pasado” (p. 28). Así, se
genera un diálogo transgeneracional entre ese ayer y el presente.
En este sentido, los recuerdos incrustados a un sitio de memoria de desastre
por riesgos naturales se enmarcarían en una experiencia colectiva ligada a un fuerte
impacto en la sociedad, no por la pérdida de vidas como mayor trauma, sino por todo
lo que implicó para la comunidad. Tanto los daños, las pérdidas y las diversas afec-
taciones, un museo natural permitiría tener presente las acciones sociales indivi-
duales y colectivas, el trabajo foráneo y local en la búsqueda de personas reportadas
desaparecidas después del desastre y, posteriormente, de los cuerpos de las víctimas.
Sobre estos grandes momentos solidarios, Alexis Granados Calderón
(1935), una de las personas que participó en labores de búsqueda, con 16
años en ese entonces, rememora
que llegamos el día lunes al Descanso a buscar desaparecidos y al rato de estar buscando
“Chico” Zúñiga encontró un niño de unos tres años atrapado entre los escombros, bajo los
restos de un camastro, y que asustado gritó: “muchachos, aquí hay un cristianito». Inme-
diatamente nos acercamos y entre todos ayudamos a rescatarlo, lo subimos a un carro y lo
llevamos a la policía” (A. Granados Calderón, comunicación personal, 12 de abril de2021).
Respecto a los memoriales, la experiencia de Japón es sumamente deter-
minante y ejemplar. Cortés et al. (2018) recogen una serie de memoriales del país
asiático en los lugares de ocurrencia donde se reeja el recuerdo de eventos por
riesgo natural. Así, se toman en cuenta estatuas, rotulaciones, monumentos, conser-
vación de vestigios y hasta museos memoriales con fotografías del evento. Aunque
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 26(1): 1-24. Enero-junio, 2025. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica2020
estos memoriales recuerdan eventos masivos de gran escala e impacto con miles de
personas fallecidas, como terremotos y tsunamis, la concepción de ellos es funda-
mental para comprender el signicado de la memoria histórica comunitaria.
Para evitar el olvido de los desastres por riesgos naturales se recurre a la
memoria social, también llamada memoria local o memoria de desastre. Este
concepto hace referencia a las experiencias acumuladas, el conocimiento adqui-
rido y las lecciones aprendidas a partir de desastres pasados (López et al., 2015).
Asimismo, tiene múltiples propósitos: recuperar la memoria histórica ambiental,
contribuir a las estrategias de mitigación de impactos por desastres por riesgos natu-
rales, aumentar la capacidad de resiliencia de las naciones, sociedades y comunidades
ante los desastres por riesgos naturales y recordar permanentemente las acciones
solidarias de la comunidad y la sociedad. Un sitio de ocurrencia como un museo de
memoria natural magnica lo más positivo de la sociedad, lo que una comunidad
debe recordar para la comprensión de su presente, y evoca la unión de las personas
en los momentos más difíciles.
Para este efecto, los memoriales en los sitios de ocurrencia “son espacios que
proponen una relación simbólica –y construida– con el fragmento del pasado cuya
memoria quieren activar” (Persino, 2008, p. 3). Por ende, se preserva en la comunidad
y se transmite generacionalmente. También, como lo conciben Cortés et al. (2018),
además de evitar el olvido, los memoriales cumplen las funciones de informar,
educar, así como cumplir con un n espiritual y ser un sitio de esparcimiento. Esto
posibilita “transmitir la experiencia y aprendizajes de un evento anterior a la comu-
nidad, cumpliendo además con el objetivo de recordar un aspecto especíco del
desastre anterior al conservar algún vestigio de él” (Cortés et al., 2018, p. 42).
La función de espiritualidad y esparcimiento tiene mayor signicado si el
memorial se asocia a grandes desastres por riesgos naturales —por ejemplo, el terre-
moto de 1910 en Cartago, Costa Rica—. Esto debido a que generan una conexión
muy profundad con la comunidad por la pérdida de vidas a gran escala, un mayor
trauma colectivo y son tan transcendentales que pueden generar espacios abiertos de
conmemoración. En cambio, los memoriales (que pueden ser desde una placa, una
rotulación, una piedra, hasta un monumento) con la función de informar y educar,
proporcionan más solidez al acto de recordar. Como estarían en el sitio de ocurrencia,
el lugar se convertiría en un sitio de memoria natural, un recuerdo permanente que
fortalezca la memoria histórica local.
Un ejemplo de memorial en el sitio es la placa conmemorativa a las víctimas
del desastre por riesgo natural ocurrido el 6 de septiembre de 1987 en El Limón,
Municipio Mario Briceño Iragorry, estado de Aragua, Venezuela, una inundación
que dejó 96 personas fallecidas. La placa, que indudablemente fortalece la memoria
histórica del desastre, fue gestionada y colocada en el sitio por la Alcaldía y el Concejo
del Municipio tres años después del acontecimiento (Noria, 2015). Además, estos
memoriales pueden ser elaborados en formatos sencillos con un mensaje masivo, de
bajo costo y realizables con presupuesto de gobiernos locales.
Rodrigo Granados Jiménez • Memoria de un desastre: El aluvión de 1951 en Cervantes de Alvarado. 2121
CONCLUSIONES
El desastre por riesgo natural ocurrido en Cervantes es un ejemplo vivo de
memoria local, recuerdo que corre el riesgo de olvidarse si las generaciones presentes
no lo transmiten a las siguientes. El impacto a la población de la localidad fue signica-
tivo, pero no para el resto del país que tuvo poca trascendencia y muy rápidamente quedó
opacado por otros sucesos y desastres por riesgos naturales ocurridos en las ciudades.
Para el concomiendo de la historia local, la memoria colectiva no es suciente
para tener presente las amenazas por eventos naturales a las que se expone la pobla-
ción de una determinada localidad. Esto porque reside en la generación que vivió el
impacto de los eventos y su tendencia es perderse a partir de la tercera generación por
no transmitir el recuerdo.
El olvido de la memoria colectiva genera consecuencias importantes para las
comunidades, como la pérdida de identidad y conocimiento de su localidad. Olvidar
sucesos como el del 29 de septiembre de 1951 en Cervantes, es hacer a un lado la rela-
ción entre la comunidad y medio ambiente, es generar propensión a repetir errores o
vivir experiencias desafortunadas de generaciones anteriores por carencia de lecciones
aprendidas. Relacionada a los desastres por riesgo natural, olvidar la memoria
colectiva es elevar la exposición y vulnerabilidad social a sufrir por la ocurrencia
de fenómenos naturales.
Como se ha mencionado, los desastres ocasionados por cabezas de agua o
aluviones son recordados solo por la memoria local y no llegan a ser parte de la colec-
tiva nacional. No obstante, si suceden en los grandes centros urbanos o son de escala
memoria nacional (por ejemplo, los terremotos o eventos hidrometeorológicos extremos
provocados por huracanes o tormentas tropicales tales como Johan en 1988, Mitch en
1998 u Otto en el 2016), son más recordados por todo el país, y no solo por el pueblo.
La construcción de una memoria histórica sobre los desastres por riesgo natural
es fundamental para rescatar su valor social, tanto para las comunidades como para
las instituciones encargadas en disminuir su impacto. Por consiguiente, rescatar estos
eventos enriquece la comprensión de la dinámica sociedad-ambiente. En este contexto,
los lugares donde ocurrieron dichos sucesos pueden convertirse en un “sitio natural de
memoria” o “museo natural de memoria” in situ. Estos espacios serían valiosos para
generaciones posteriores, pues el recuerdo sería transmitido en la memoria comunitaria.
Además, un memorial u objeto de memoria in situ permitiría, a falta de museos
o casas de cultura locales, mantener la memoria de los eventos desastrosos y reforzar
la presencia de acciones en los planes locales de mitigación. Es pasar de la teoría, de
conocer conceptos como amenaza, vulnerabilidad o riesgo contenidos en documentos,
estudios o planes reguladores, a poseer elementos identitarios que recuerden la realidad
de las amenazas existentes en una comunidad y la exposición de su población a los
desastres por riesgo natural.
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NOTAS
1 Investigador independiente, San José, Costa Rica
2 La encuesta se realizó del 16 de mayo al 16 de junio a través de la plataforma de www.onlineen-
cuesta.com y distribuida en los grupos de Facebook Cervantes Comercial y Gente de Cervantes.
Rodrigo Granados Jiménez • Memoria de un desastre: El aluvión de 1951 en Cervantes de Alvarado. 2323
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