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11Diálogos Revista Electrónica de Historia, 26(1): 1-17. Enero-junio, 2025. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica
DOI: 10.15517/dre.v26i1.59752
EL ARCHIVO COMO CAMPO DE BATALLA
La participación de Juan piveL devoto en La
conformación deL archivo artigas
Néstor J. Gutiérrez
Resumen
Este artículo trabaja sobre el proceso de discusión y puesta en funcionamiento
del Archivo Artigas (1944) en Uruguay, centrando su análisis en el papel
desempeñado por Juan Pivel Devoto durante la conformación del proyecto. A
partir de documentación inédita y archivos institucionales, se reconstruyen los
conictos internos de la Comisión honoraria responsable del acervo, centrándose
fundamentalmente en el enfrentamiento con Eduardo Acevedo Vásquez, importante
gura del Partido Colorado y de la historiografía positivista de la primera mitad
del siglo XX. La investigación sostiene que el choque entre Pivel y Acevedo
no fue simplemente por cuestiones técnicas o personales, sino que reejaron un
enfrentamiento entre dos modelos historiográcos: uno, basado en la organización
cronológica de los documentos y la supuesta neutralidad y objetividad del relato, y
otro, propuesto por Pivel, que defendía un ordenamiento temático con intenciones
pedagógicas y políticas explícitas. Asimismo, se destaca cómo Pivel, con respaldo
político y legitimidad intelectual creciente, logró imponer su visión metodológica y
asumir un rol protagónico en el proyecto. Finalmente, el caso del Archivo Artigas
permite observar las formas en que los archivos, lejos de ser meros depósitos
neutrales, operan como campos de batalla donde se disputan sentidos, posiciones
de poder y legitimidades historiográcas.
Palabras clave: Pivel Devoto, historiografía, intelectuales, Uruguay.
Fecha de recepción: 01 de Mayo de 2024 Fecha de aceptación: 18 de Junio de 2025
Néstor J. Gutiérrez
ANII-CFE, Montevideo, Uruguay.
Contacto: prof.ngutierrez@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0009-0001-8614-2602
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THE ARCHIVE AS A BATTLEFIELD
Juan Pivel Devotos Role in the FoRmation
oF the aRtigas aRchive
Abstract
This article examines the process of discussion and implementation of the Artigas
Archive (1944) in Uruguay, focusing on the role played by Juan Pivel Devoto
during the formation of the project. Drawing on unpublished documentation and
institutional archives, it reconstructs the internal conicts within the honorary
commission responsible for the collection, with particular emphasis on the
confrontation with Eduardo Acevedo Vásquez—an inuential gure of the Colorado
Party and of positivist historiography in the rst half of the twentieth century.
The research argues that the clash between Pivel and Acevedo was not merely
about technical or personal matters but rather reected a deeper conict between
two historiographical models: one, based on the chronological organization of
documents and the supposed neutrality and objectivity of historical narrative;
and the other, advocated by Pivel, favoring a thematic arrangement with explicit
pedagogical and political intentions.
The article highlights how Pivel, backed by political support and growing
intellectual legitimacy, managed to impose his methodological vision and assume a
leading role in the project. It concludes that the case of the Artigas Archive reveals
how archives—far from being neutral repositories—function as battlegrounds
where meanings, power positions, and historiographical legitimacies are contested.
Keywords: Pivel Devoto, historiography, intellectuals, Uruguay.
Néstor J. Gutiérrez• El archivo como campo de batalla 33
INTRODUCCIÓN
El Archivo Artigas (1944-2024) consta de 39 volúmenes y se ha constituido
como el proyecto heurístico más importante en la historia del Estado uruguayo1. Su
historia es la de una importante empresa estatal tendiente a recuperar la documen-
tación del prócer de la nación. Pero también, fue un terreno de disputa ideológico,
metodológico y personal que marcó un antes y un después en la constitución del
campo historiográco uruguayo de mediados del siglo XX.
A nivel metodológico, el artículo intenta una reconstrucción histórica a
través del estudio y análisis de las fuentes primarias existentes en el Museo Histó-
rico Nacional del Uruguay y en el Archivo General de la Nación. Además, se busca
presentar los conictos internos de la Comisión honoraria encargada de la constitu-
ción y puesta en funcionamiento del Archivo Artigas, situándolo en un contexto más
amplio, como lo fue la disputa por la hegemonía del relato histórico nacional en un
momento fundamental para la institucionalización de la historiografía uruguaya.
Para ello, me concentraré en dos guras centrales: por un lado, Eduardo
Acevedo Vásquez (1857-1948), anciano historiador y político del Partido Colorado,
además de presidente del Archivo, y por otro, a la joven gura en ascenso Juan
Pivel Devoto (1910-1997), también historiador e integrante del Partido Nacional.
Estas dos guras antagónicas representaban distintas formas de concebir el trabajo
historiográco. Las diferencias entre ellos no serán meramente técnicas (cómo orga-
nizar el material del novel archivo, si de forma cronológica o por series temáticas),
sino también las hijas de una disputa más importante, correspondiente a cómo se
contará el relato del origen nacional. Fue en ese contexto, donde Pivel emergió como
un historiador de perspectivas renovadoras que propuso articular un nuevo discurso
integrador y canónico sobre los orígenes de la nación uruguaya, en oposición al
relato colorado que seguía siendo dominante al momento de la discusión.
La creación del Archivo Artigas y sus características formales
En la década de 1940, el campo historiográco uruguayo todavía era amateur.
Sin embargo, comenzaban a gestarse transformaciones que posteriormente serán
decisivas. Algunas guras intelectuales iniciaron una transformación de la historio-
grafía en los años venideros que iniciaron la profesionalización de la disciplina, y
comenzaron a inuir en el discurso histórico gracias a sus nombramientos en insti-
tuciones estatales relevantes, donde lograron ejercer un creciente poder cultural y
consolidar su hegemonía en el ámbito académico.
Todo este proceso se desarrolló de forma paralela a la amenaza del avance
nazifascista en Eurasia que generaba una sensación de peligro signicativo en la
joven nación uruguaya.2 En consecuencia, se activaron una serie discursos de corte
nacionalista que expresaban la necesidad de rearmar la identidad cultural del país.
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En este marco, el Estado impulsó una serie de iniciativas orientadas a formar nuevos
profesionales en Historia, disciplina esencial para la construcción simbólica de la
nación. Una de las acciones más importantes llevadas a cabo fue la creación de
dos instituciones educativas fundamentales: la Facultad de Humanidades (1945) y el
Instituto de Profesores Artigas (1949). Estas instituciones se convirtieron en pilares
esenciales para la formación de los futuros docentes e historiadores, y signicaron el
paso decisivo para la profesionalización del campo historiográco.3
Paralelamente, el Estado promovió dos proyectos tendientes a moldear la
identidad cultural del ciudadano nacional aprovechando la conmemoración del
centenario del fallecimiento de José Artigas en el Paraguay que se cumpliría en
1950. Uno de ellos fue la creación del Archivo Artigas, propuesto por el senador
del Partido Nacional, Gustavo Gallinal, que se completará posteriormente, con la
creación de la Colección de Clásicos Uruguayos (1950), también llamada Biblioteca
Artigas (Gutiérrez, 2022).
El 7 de junio de 1943, Gallinal presentó un proyecto de ley con el objetivo de
establecer una Comisión de carácter honorario capaz de publicar una serie de docu-
mentos centrados en la gura de Artigas. Para la conformación de dicho Archivo, la
búsqueda de documentos se extendió tanto a nivel nacional como internacional, abar-
cando repositorios públicos y privados. Esto implicaba necesariamente emplear una
considerable cantidad de personal y asignar recursos adecuados al proyecto. Además,
el equipo responsable de recopilar la documentación debía contar con experiencia en
la consulta y manejo de materiales en archivos históricos, con el n de “ordenar,
copiar y preparar para la publicación los documentos relativos a la historia de Artigas
que existan en el país” (Museo Histórico Nacional [MHN], 1944a, p. 3). Por este
motivo, para acceder a los archivos extranjeros, se designarían “personas de reco-
nocida competencia, con experiencia comprobada en trabajos o publicaciones histó-
ricas” (p. 3), encargadas de supervisar la autenticidad de las copias de los documentos
existentes. Dichas copias serían custodiadas por el Archivo Histórico Nacional.
La Comisión estaría integrada por referentes institucionales de la Historia
Nacional, tales como los directores del Archivo y Museo Histórico Nacional, un
miembro perteneciente al Instituto Histórico y Geográco, un profesor de la Sección
Preparatorios que fuera escogido por el Consejo de Enseñanza Secundaria y Prepa-
ratoria. Por su parte, la presidencia recaería en el Ministro de Instrucción Pública o
de otra persona designada por él (MHN, 1944a).
Para dirigir el proyecto sobre Artigas, no había nadie más adecuado que
Eduardo Acevedo, uno de los historiadores más destacados de la primera mitad
del siglo XX. Acevedo fue una gura polifacética en la vida intelectual y política
uruguaya, destacándose como abogado, economista, periodista, historiador y activo
miembro del Partido Colorado, especialmente durante la era batllista. A lo largo de
su carrera, ocupó diversos cargos en múltiples ministerios, ejerció como catedrá-
tico en la Facultad de Derecho y desempeñó roles prominentes como Rector de la
Universidad (1904-1906), director del Banco República (1914-1924) y director de
Néstor J. Gutiérrez• El archivo como campo de batalla 55
Enseñanza Primaria (1925-1929). Además, participó en varias instituciones sociales
y académicas, entre ellas el Ateneo de Montevideo, la Sociedad de Amigos de la
Educación Popular (cofundada junto a su cuñado José Pedro Varela y otras persona-
lidades intelectuales de la época) y el Instituto Histórico y Geográco del Uruguay
(Rilla, 2008; Ribeiro, 1991, 1994).
Su contribución historiográca dejó una profunda huella en sus contemporá-
neos y en los estudiosos posteriores de la historia nacional. El punto culminante de
su obra se situó en el Golpe de Estado de Gabriel Terra en marzo de 1933, que marcó
el n del período batllista. Entre sus obras más inuyentes se destacan José Artigas,
Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos Libres. Su obra cívica. Alegato
Histórico, publicado en 1909 y fuertemente inclinado hacia la perspectiva pro-arti-
guista. También se encuentran los “Anales Históricos del Uruguay”, que vieron la
luz en seis tomos entre 1933 y 1936.
Para lograr el nombramiento del historiador colorado como presidente de la
Comisión se hizo una modicación al proyecto de ley original:
La Comisión considera que en el texto de la ley debe establecerse que corresponde la
Presidencia de la Comisión Especial que se crea por el artículo 1º, al doctor don Eduardo
Acevedo, como acto de reconocimiento público de su obra de historiador, tan estrecha-
mente vinculada al conocimiento y difusión de la personalidad del Jefe de los Orientales.
(MHN, 1944b, p. 9)
De esta manera, se procuraba otorgar un lugar destacado al historiador, ya
anciano, quien representaba uno de los defensores y estudiosos más importantes de
la gura histórica de Artigas. Formalmente, y según lo expresado en el proyecto del
senador, el objetivo primordial no solo consistía en reunir los documentos sobre
Artigas en un Archivo, sino sobre todo en publicarlos en una “edición monumental”,
similar a otras ya existentes. En efecto, el concepto de monumental se entendió
como sinónimo de grande; nalmente, los tomos que fueron editados posteriormente
tuvieron un tamaño poco manejable (29 cm de alto por 20 cm de largo), el libro fue
un objeto que necesariamente comunicaba monumentalidad.
En cuanto al público meta, la publicación estaba diseñada para ser accesible
a lectores sin una formación especíca en Historia. Aunque también se esperaba
que fuera consultada por especialistas, los diferentes tomos del Archivo tenían la
intención de llegar a toda la población y despertar su interés. Una expectativa un
tanto particular, pues las series documentales presentadas requerían una cantidad
considerable de lecturas adicionales para su comprensión, algo que los prólogos,
a priori, no alcanzarían a solventar. En este contexto, los especialistas a cargo de
la publicación tenían la tarea de facilitar el trabajo del lector al darle un contexto
a la documentación presentada.
La organización, el orden y el diseño de los tomos siempre fueron idénticos.
Inicialmente, en la portada se situaba en la parte superior, en negrita y subrayado, el
nombre de la Comisión Nacional Archivo Artigas, responsable de la elaboración de
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la publicación. En el centro de la página se mostraba el escudo nacional seguido del
título “Archivo Artigas”; debajo, el número del tomo en letras; y en la tercera línea,
el nombre del autor del prólogo o la advertencia. En la parte inferior de la página se
especicaba la ciudad de edición, que siempre fue Montevideo, la imprenta encar-
gada de la producción del tomo y, debajo, el año de publicación en números romanos.
En la tercera página se presentaban los integrantes de la Comisión redactora del
tomo, junto con sus respectivas aliaciones institucionales. En la página siguiente se
incluía una ilustración, que podía variar ampliamente: desde un cuadro o un dibujo
hasta una copia fotográca de algún documento. Finalmente, los prólogos o adver-
tencias comenzaban en la página 7, seguidos luego por la reproducción documental.
La densidad del aire
Una vez congurada y organizada la Comisión honoraria para la discusión
y puesta a punto del nuevo Archivo, comenzaron las reuniones. Según se recoge
en las primeras actas, el inicio del proyecto no estuvo libre de problemas entre los
miembros fundadores. Los distintos actores que participaron en la conformación del
acervo documental para la edición del primer tomo experimentaron conictos que
culminaron con renuncias, despidos y querellas internas que se hicieron públicas
en la prensa periódica. En este caso, interesa dar cuenta del principal frente de
batalla: Acevedo contra Pivel.
Como mencioné, Acevedo lideró el Archivo Artigas como presidente de la
Comisión honoraria, siendo una gura crucial tanto para los colorados como para
la historiografía nacional uruguaya. Para el partido en el poder, Acevedo encarnaba
la narrativa histórica desde la perspectiva coloradista. Gracias a su inuencia como
gura arraigada en el poder político, fue designado director de la comisión encargada
de editar los documentos relacionados con Artigas.
Por su parte, está el joven Pivel, quien durante su extensa carrera abogó por
una visión nacionalista de la Historia que, entre sus objetivos, buscaba eliminar las
disparidades sociales partidarias mediante una denición unicadora y fusionadora
de los partidos políticos. Pivel, ya respetado en los selectos círculos historiográcos
del Uruguay, ostentaba una posición de cierta importancia como director del Museo
Histórico desde 1940, respaldado por el caudillo blanco Luis Alberto de Herrera, de
quien era cercano amigo, y respaldado también por una notable lista de historiadores,
entre ellos Acevedo. Además, ya había publicado dos de sus libros más destacados:
Historia de los partidos políticos en el Uruguay (1942) e Historia de la República
Oriental del Uruguay (1945), junto a su esposa Alcira Ranieri.
La cuestión de la identidad nacional ocupaba un lugar central en los intereses
de Pivel. Este tema actuaba como el punto de convergencia de sus diversas respon-
sabilidades como administrador estatal. La nación constituía el eje alrededor del cual
giraba su vida en un fervor militante que caracterizó toda su existencia.
Néstor J. Gutiérrez• El archivo como campo de batalla 77
La intención de Pivel era consolidar, a través de su labor historiográca,
una base documental sólida en relación con el origen de Uruguay, con el obje-
tivo de fomentar una conciencia nacional. Dentro de su función en el Estado,
encontraba mayor facilidad para llevar a cabo este proyecto. A lo largo de su
vida, sus experiencias lo llevaron a ocupar posiciones privilegiadas que le permi-
tieron avanzar en esta empresa.
La clase política vio en él a un historiador con aliación blanca, pero con una
perspectiva del pasado lo sucientemente matizada como para ofrecer un relato equi-
librado y aceptable para todas las partes implicadas. Durante una de las supuestas
entrevistas que Pivel le brindó a Vidaurreta4 el historiador expresó, como una manera
de justicar sus acciones posteriores, que:
muy temprano me convencí [de] que el país tenía que buscar su identidad nacional en la
Historia, en sus raíces, en la tradición, en los documentos y en todos los valores representa-
tivos del pasado y a ello me apliqué, no con la mentalidad de un anticuario o coleccionista;
sí, con inquietud sobre el presente, en el que no podía rehuir mis deberes en todos los
órdenes, a través de la militancia cívica y de la información más directa que podía alcanzar
sobre los problemas nacionales. (Vidaurreta, 2001, pp. 38-39)
Resaltar los sentimiensdfvaertos patrióticos fue una herramienta para cumplir
con el objetivo de fortalecer el papel unicador del Estado, concebido como la repre-
sentación política de la nación. Una de las principales iniciativas en esta dirección
fue la realización de la Colección de Clásicos Uruguayos, destinada a convertirse
en el amalgama cultural, literario e histórico de Uruguay (Gutiérrez, 2022). La otra
faceta del proyecto unicador se materializó con la creación del Archivo Artigas
del que trata este artículo.
La consolidación nacional implicó también la atenuación de las discrepan-
cias partidarias, las cuales hallaron una resolución denitiva con la instauración
del sistema colegiado integral del Poder Ejecutivo en 1952. Ya en los años veinte,
Uruguay había intentado sustituir la gura presidencial por un órgano colegiado al
estilo suizo, pero tuvo un resultado fallido que culminó con el golpe de Estado de
Gabriel Terra en 1933. Sin embargo, esta idea, impulsada por el batllismo, se concretó
tras la negociación entre los partidos Colorado y Nacional en la nueva Constitución
de 1952, cuando se estableció que el partido ganador de las elecciones contaría con
seis representantes en el Ejecutivo nacional —donde los primeros cuatro alternarían
anualmente en la presidencia— y tres corresponderían a la minoría mayor.
De este modo, los dos partidos mayoritarios y autodenominados tradicionales
se repartían el poder político. A comienzos de los años cincuenta, el país se presen-
taba como una sociedad políticamente pacicada, socialmente cohesionada y simbó-
licamente fortalecida gracias al prestigio deportivo obtenido luego del Maracanazo
—victoria a Brasil en el Mundial de fútbol de 1950— en un contexto económico
favorable, debido al auge de las exportaciones durante la Guerra de Corea. Esta serie
de factores permitió la construcción de un mito nacional denominado la “Suiza de
América” (Machado, 1992; Frega et al., 2008; Nahum, 2014; Maiztegui, 2016).
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Pivel desempeñó un papel crucial en este gobierno de conciliación, partici-
pando en diversas comisiones ociales dedicadas a cuestiones históricas y culturales.
Su posición dentro de la administración estatal se mantuvo en una aparente neutra-
lidad, centrada en promover la unidad nacional, aunque nunca ocultó sus propias
anidades partidistas. No obstante, demostró que estas no le impedían asumir con
responsabilidad las diversas tareas encomendadas.
La visión nacional de Pivel se fundamentaba en sus estudios historiográcos,
pero su contribución no se limitaba a este ámbito. Sus roles como prologuista y
editor fueron igualmente relevantes para el proyecto nacional, quizás incluso más
que sus obras históricas. En conjunto, conformaron un discurso ocial que se iría
transformando en hegemónico, difícil de desmontar cuando se difundía y operaba en
benecio de la maquinaria estatal.
Al comparar a Pivel y Acevedo desde una perspectiva historiográca, se
observa que mientras Pivel dominó el panorama durante la segunda mitad del siglo
XX, Acevedo ejerció una inuencia similar en la primera mitad. Es notable que
Acevedo premiara a Pivel en 1941, al ganar el concurso “Pablo Blanco Acevedo”
por su libro Historia de los partidos políticos.... Este reconocimiento histórico los
conecta y marca el traspaso de relevancia hacia el joven Pivel.
Es evidente que el relato histórico de Acevedo se alineaba claramente con el
coloradismo y difería en muchos aspectos con las perspectivas posteriores de Pivel.
Por ejemplo, mientras Acevedo criticaba fuertemente a Manuel Oribe, creador del
Partido Blanco, por su alianza con Juan Manuel de Rosas, y exaltaba la gura de
Rivera, fundador del Partido Colorado, Pivel, si bien no castigaba a Rivera, resaltaba
a Oribe como defensor de la nacionalidad oriental.
Pivel emergía como una voz alternativa, desaando la posición dominante de
Acevedo, que con el tiempo comenzaba a desmoronarse. Pivel tenía dos ventajas
clave: una marcada diferencia generacional (Acevedo falleció en 1948, antes de ver
el primer tomo del Archivo publicado) y el ascenso electoral de su Partido Nacional
que lograría llegar al poder en 1959.
Si bien Pivel y Acevedo compartieron los primeros años de sus trayectorias
académicas y administrativas (es importante recordar la limitada amplitud del campo
historiográco en aquel entonces), fue durante la elaboración del primer tomo del
Archivo Artigas cuando su relación se vio denitivamente marcada. Los desacuerdos
evidenciados en la documentación custodiada por el Museo Histórico alcanzaron su
punto más álgido el 20 de junio de 1945, cuando Acevedo, quien ejercía como director
de la Comisión del Archivo Artigas, presentó su renuncia ante el Ministro de Instruc-
ción Pública y Previsión Social, Adolfo Folle Juanicó. Aunque la dimisión no se
concretó, provocó una polémica que enrareció el clima de la edición del primer tomo.
Para comprender la renuncia de Acevedo, es necesario examinar las diversas
causas que subyacen en este asunto. En primer lugar, existe una causa coyuntural
que se maniesta en los documentos como un desacuerdo sobre la organización del
archivo: si se debe ordenar de manera cronológica o por series. No obstante, más
Néstor J. Gutiérrez• El archivo como campo de batalla 99
allá de esta discrepancia inicial, emerge un segundo nivel de conictos relacionales
que también requieren atención: la tensa relación de Pivel con varios miembros de
la Comisión. Finalmente, se evidencia un conicto directo entre Acevedo y Pivel,
centrado en el control de la Comisión y en la estrategia para abordar el trabajo con el
archivo y su posterior edición. En todas estas instancias triunfará Pivel.
Para comprender el contexto en el que se llevaban a cabo las primeras
reuniones entre los diversos miembros de la Comisión, los archivos disponibles
en el MHN resultan sobresaliente. Estos archivos contienen cartas, libros de actas
de las reuniones y reclamos administrativos presentados durante el período estu-
diado (1945-1948). Un ejemplo de estas batallas intestinas se encuentra en una
carta a Acevedo del 22 de junio de 1945, dos días después de su renuncia, en donde
Pivel le comunica que
ha llegado a mi conocimiento la versión según la cual se me atribuye el propósito de incluir,
en determinada serie documental del Archivo Artigas, un documento en el que se compara
la época de Artigas con la de Rosas. Yo no tengo noticia de la existencia de esta pieza. Por
lo tanto, solicito del Señor Presidente se me informe. 1.° Si es exacta aquella versión. 2.°
Qué investigador localizó ese documento y en qué Archivo nacional o extranjero se halle
el original. 3.° Cuándo fue incorporado al Archivo Artigas, datos estos que solicito me sean
facilitados previo informe del departamento respectivo. (AGNU, 1945b)
Además, señalaba que al no haber podido asistir a la reunión, solicitaba una
copia del fragmento correspondiente. De esta serie documental se entreve la actitud
rígida de Pivel hacia el director de la comisión y el resto de sus compañeros. Aparen-
temente, él consideraba que la mejor manera para ganarse un espacio en el ámbito
historiográco era mostrarse inexible y profesional. Pivel no solo criticaba abier-
tamente a la comisión, sino que también expresaba su punto de vista de manera
franca y sin temor, defendiéndolo ante cualquier persona, independientemente
de su posición jerárquica.
Pivel siempre destacaba la capacidad de trabajo de los equipos que lide-
raba. En su autobiografía, relataba cómo, incluso enfermo, dormía poco y llevaba
trabajo a casa. Esta mentalidad incansable centrada en lograr una mayor produc-
tividad se reejaba también en los informes presentados a las diversas comisiones
en las que participaba. Por ejemplo, en relación con los gastos de funcionamiento
del Departamento de Coordinación bajo su dirección, se enfatizaba su eciencia,
indicando que eran mínimos. (Vidaurreta, 2001).
La habilidad y productividad laboral de Pivel y su equipo se pueden apreciar en
una nota dirigida a Juan Carlos Gómez (Secretario del Archivo), donde expresaba que:
El Departamento a mi cargo extracta, aproximadamente, 250 documentos por mes, lo cual
supone igual número de borradores que insumen no menos de 100 hojas en las que se
redactan dichos exhortos en borrador (…) De donde resulta que mensualmente se necesitan
150 hojas de papel. Los documentos que se devuelven semanalmente se envían en carpetas,
de donde resulta que se necesitan 5 carpetas mensuales, pues una se destina a archivar los
borradores. Al material ya mencionado correspondería agregar, solamente, dos lápices.
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El Museo pone a disposición del personal que en él trabaja para el ARCHIVO ARTIGAS
tres máquinas de escribir cuyo mantenimiento y limpieza está, como es natural, a cargo de
esta ocina5. (MHN, 1945b)
Por otro lado, hacia nales de junio de 1945, la situación no parecía mejorar.
En una nota dirigida a Acevedo, Pivel se quejaba de que en las dos últimas reuniones
a las que había asistido, ningún miembro de la Comisión estuvo presente, llegando
a preguntar si se habían suspendido (MHN, 1945d) A las claras, le estaban haciendo
el vacío. En las siguientes cartas de Pivel se puede observar cómo la tensión iba en
aumento, se acumulaban quejas y la situación empeoraba. Además, en varias notas
comunicaba que no tenía trabajo debido a la falta de material, lo cual subrayaba una
vez más su capacidad laboral.
A nales de julio de 1945, Pivel expresó su descontento por algunas versiones
que circulaban en su contra con respecto a su trabajo con ciertos documentos. En
una carta dirigida al Presidente de la Comisión, calicó estas acusaciones como
insidiosas y despreciables (MHN, 1945e). Más que el tema en sí, lo relevante aquí
es el evidente enfrentamiento que Pivel estaba teniendo con algunos miembros
del equipo de trabajo.
En una carta de noviembre de 1945, Pivel informó que no podría asistir a la
próxima reunión, pero dejó constancia de que votaría en contra si se considerabaau-
mentar la asignación de recursos a Edmundo Narancio, debido a la escasez de dinero
para continuar con el trabajo (MHN, 1945f). Esta no será la única discrepancia que
tenga con Narancio, pues en febrero de 1946, tanto él como José María Traibel serán
suspendidos en sus funciones en los archivos argentinos debido a los informes nega-
tivos presentados por Pivel.
Finalmente, después de un litigio abierto entre los miembros del Archivo que
involucró acusaciones cruzadas y la presentación de recursos de reposición y apela-
ción, tanto Traibel como Narancio serán expulsados (MHN, 1945a). Sin embargo,
más allá de los problemas internos de convivencia y de las pujas de poder entre los
diferentes integrantes de la Comisión, los conictos más importantes se produjeron
entre Pivel y Acevedo.
La querella con Eduardo Acevedo6
Como se ha comentado, y más allá del clima tenso que se vivió durante la
preparación del primer tomo del Archivo Artigas, marcado por fricciones internas en
la Comisión y la conformación de bandos en disputa, interesa centrarse en los dos
protagonistas del conicto en torno a la organización del Archivo. Supuestamente, la
discusión giró en torno a dos métodos de ordenamiento documental: uno cronológico
y otro temático o por series.
Néstor J. Gutiérrez• El archivo como campo de batalla 1111
El conicto inició cuando Pivel, en conversación telefónica con Silva Vila, se
enteró de que los documentos serían publicados siguiendo un criterio cronológico
(MHN, 1945c) lo que generó el problema con la Comisión.
En respuesta, Pivel realizó una exposición ante la Comisión el 31 de mayo de
1945, en la cual defendió la necesidad de ordenar el Archivo por series temáticas, en
lugar de hacerlo según la sucesión temporal. Inicialmente, se había aceptado que el
chaje preliminar se hiciera en forma cronológico, pero, según Pivel, esta modalidad
debía limitarse al trabajo interno de cada departamento, y no aplicarse a la publica-
ción denitiva del Archivo.
Pivel creía que era conveniente crear una colección de archivos que facilitara
las tareas de lectura, tanto para profesionales como para acionados. De acuerdo con
su posicionamiento, la consulta de temas especícos sería considerablemente más
sencilla si la organización interna se estructuraba en series. Una solución plausible
para abordar este desafío era implementar índices que facilitaran una búsqueda más
eciente. No obstante, en relación con este punto, Pivel hacía la siguiente observación:
en cuanto a la función que cumplen los índices (…) no puede ir más allá de la localización
de los documentos y de los conceptos y datos que aportan con referencia a la página de cada
tomo. Los índices mas perfectos, no impedirán que el estudioso o el curioso que deseara
leer los documentos relativos a un aspecto, por ejemplo sobre la vida de Artigas antes de
1810, tuviere que manejar varios tomos para consultar las piezas que le interesan publi-
cadas entre otras sobre distintos temas, cuando ordenadas en serie, se les podría estudiar
con la facilidad y ventaja que derivan de su estructura organica (sic).
Una colección de documentos debe hacerse con sentido arquitectónico y no con un criterio
de xustaposición (sic). El orden cronológico no es la historia, es una cosa mecánica, una
conexión muerta. Lo que da vida a los testimonios es el enlace causal que liga los hechos
a sus orígenes y a sus derivaciones. Al compilarse la papelería relativa a una época deben
tenerse en cuenta, asimismo, factores de orden psicológico. Una colección de esta especie
se publica para que el especialista extraiga de ella material para sus obras; pero será
leída también por la más variada categoría de personas - ¿Qué le ocurría- en el caso de
adoptarse el sistema cronológico-, al lector profundo pero no especialista en historia que
quisiera hallar en los documentos la impresión viva de los hechos? Extraería datos, detalles
particulares, elementos dispersos pero no sentiría la época porque el orden cronológico
no engendra conexión interna. Si se le suministran en cambio, series orgánicas aprehen-
derá el uir de un momento histórico. Esto último no se alcanza jamás con la lectura de
un material amorfo. (MHN, 1945c)
La fundamentación propuesta por Pivel implicaba una postura historiográca
que contrastaba con el enfoque puramente factual y objetivo de la perspectiva positi-
vista, como la adoptada por Acevedo. De acuerdo con el director del Museo Histórico,
la mera secuencia cronológica de los documentos no revelaba la verdadera esencia
de la historia. Al señalar y criticar esa forma de organizar la documentación como un
modo “mecánico” y “muerto”, Pivel destacaba que no era una forma procedente de
mostrar el sentido de una época. Más bien, era la interrelación entre estos documentos
lo que proporcionaba una comprensión completa de los eventos pasados dándole una
lógica narrativa y explicativa fomentada por el conocimiento historiográco.
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Según la visión de Pivel, la labor del historiador consistía en explicar lo
sucedido, en lugar de limitarse a acumular datos históricos, buscando una lógica
interna en las series documentales, aproximándolo a las formas de hacer historia
postuladas por escuelas historiográcas contemporáneas a él como la francesa de
los Annales. Por lo tanto, el conicto de ideas dentro de la Comisión del Archivo
Artigas no se limitaba a la simple cuestión de cómo organizar documentos; era una
confrontación impulsada por un historiador joven que cuestionaba las metodologías
tradicionales de hacer historia.
Asimismo, la crítica piveliana señalaba la necesidad de permitir el acceso
al Archivo al público no especializado, agregando una dimensión social y, por tanto,
pedagógica. La preocupación por la democratización del conocimiento histórico
generaba el clima propicio para una posterior gestación de prácticas orientadas a la
divulgación que Pivel impulsaría en los años subsiguientes en muchas de las institu-
ciones estatales que conducirá cuando se convierta en un historiador ocial.
Esta orientación quedó plasmada incluso en los documentos del Museo Histó-
rico vinculados al Archivo Artigas. En los fundamentos de la ley proyectada por
Gallinal, se lee —en una parte subrayada a lápiz por el propio Pivel—:
La publicación, en series ordenadas, de los documentos relativos a nuestro pasado histórico
que yacen en los archivos, es la más importante contribución que en el momento presente
pueda concebirse para el estudio y esclarecimiento de ese pasado7. (MHN, 1944c, p. 4)
Cabe destacar que toda esta documentación también se encuentra en el archivo
personal de Pivel.8 El contacto que los historiadores actuales tienen con los papeles
de Pivel pueden llevarlos a verse seducidos por un discurso netamente coherente
con las posturas sostenidas por él. En los miles de documentos bajo su nombre,
tanto en el AGN como en el Museo Histórico, las series para su consulta han pasado
previamente por las manos del estudiado. Como queriéndole hablar al historiador
futuro, el lápiz de Pivel remarca aquello que le parecía sustancial en los documentos
y lo tenían a él como protagonista. La polémica aquí investigada no es la excepción.
Pivel se dirige al público y dice que él tenía razón, no solo gracias a sus argumentos
técnicos, sino también porque el Archivo se había ideado de esa manera.
Una vez desatado el conicto, Acevedo optó por ofrecer una extensa expli-
cación sobre los motivos que lo llevaron a tomar la decisión de alejarse de la presi-
dencia del Archivo:
He atribuido escasa importancia a los planes casi siempre provisorios, del primer momento,
convencido de que es solo después de formalizados los trabajos, cuando llega la oportu-
nidad de plantearlos y resolverlos con verdadero conocimiento de causa.
Esa oportunidad acaba de llegar, con motivo de una disidencia fundamental entre el Jefe de
la Sección de Coordinación, el Profesor Pivel Devoto, y el jefe de la sección Publicaciones,
Fichado e Índices, profesor Silva Vila.
Néstor J. Gutiérrez• El archivo como campo de batalla 1313
En concepto del señor Pivel Devoto, el Archivo Artigas debe ser organizado sobre la base
de series documentales y no por orden cronológico de los documentos.
En concepto del señor Silva Vila, el Archivo Artigas debe ser organizado por oden (sic)
cronológico, juzgando que las series documentales tienen que hacerse a base de interpre-
taciones, o sea de crítica histórica, y que esas interpretaciones no corresponden a nuestra
Comisión Ocial, sino a los historiadores que se propagan estudiar a Artigas.
Advierto que la opinión mundial está dividida. (agnu, 1 945a)
Como se indicó, el problema señalado tiene que ver con el manejo documental,
pero de fondo hay otra cuestión: el inicio de una lucha por la hegemonía del campo histo-
riográco, con Pivel como antagonista de Acevedo.
Volviendo a los motivos que provocaron la renuncia de Acevedo, el historiador
colorado explica cómo se desarrollaron los hechos en la Comisión:
Puesta a discusión esta disidencia, votó la mayoría de nuestra Comisión la fórmula del Profesor
Pivel Devoto, con modicación, según el cual, dentro de las series documentales se mantendría
el orden cronológico.
Yo me pronuncié a favor del orden cronológico, propuesto por el profesor Silva Vila. Y debo
establecer los fundamentos de mi voto porque no lo hice en la sesión del viernes último, por
razones personales.
Tengo un alto concepto del profesor Pivel Devoto, como hombre de estudio, revelado en nume-
rosas e importantes publicaciones históricas; como hombre de extraordinaria laboriosidad y
como organizador extraordinario también de los Museos Tivera (sic), Lavalleja y Pablo Blanco
Acevedo.
Pero yo no estoy de acuerdo con su criterio histórico. Y tal falta de acuerdo es de capital impor-
tancia para mí tratándose de Artigas. (AGNU, 1945a)
Esta cita corresponde a un documento conservado en el archivo personal de
Pivel. El subrayado, perteneciente al original, probablemente fue hecho por el propio
Pivel como una manera de señalar que Acevedo aseguraba el porqué de su alejamiento
y, por tanto, su posterior mentira en la prensa. Los problemas de Acevedo con Pivel
tocaron fondo: en la votación, Pivel había podido vencerlo, y Acevedo no pudo tolerar
esa derrota. La información sobre el alejamiento de Acevedo de la Comisión del Archivo
Artigas llegó a la opinión pública, y
se dijo en la prensa que esa renuncia era motivada por discrepancias técnicas e ideológicas con
un miembro de la Comisión. Que ese mismo día llamó la atención sobre el hecho al Sr. Presi-
dente, y como éste en la copia de la renuncia que le dio a conocer, se refería a discrepancias de
criterios históricos y no se decidiera a enviar ninguna satisfacción —como lo ha hecho en otro
caso sin necesidad de reunir a la Comisión-, se creyó plenamente habilitado para publicar en la
prensa parte de la exposición que había leído, con lo cual desautorizaba las versiones antoja-
dizas. (AGNU, 1945b)
Ante la difusión de versiones erróneas, Pivel publicó la copia de la renuncia de
Acevedo, desmintiendo la existencia de un desacuerdo ideológico y atribuyendo el
conicto exclusivamente a razones técnicas. Además, luego de la muerte de Acevedo
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en 1948, Pivel terminó tomado el control de la Comisión del Archivo Artigas y logró
organizar el trabajo según su perspectiva heurística y metodológica. Desde la salida del
primer tomo, el 19 de junio de 1950 (natalicio de Artigas y cien años después de su
muerte), hasta la impresión del tomo 29, el Archivo fue uno de los principales proyectos
históricos nacionales que contaron con la atenta mirada piveliana, que no solo se observó
en la confección de los tomos sino también en la redacción de los 16 prólogos, introduc-
ciones o advertencias (con un total de 566 pág.) redactadas por él . La impresión de todos
los números estuvo a cargo de la editorial Monteverde, con una tirada inicial de 5.000
ejemplares para los primeros cuatro tomos (1950-1953) y de 2.000 para los 25 tomos
restantes.
Luego del fallecimiento de Pivel, su viuda Alcira Ranieri escribió la última
advertencia, sin mencionar a su esposo. Con los cambios tecnológicos, otras imprentas
asumieron la edición, y el número de ejemplares fue disminuyendo, hasta llegar a 250.
Así, el Archivo Artigas se consolidó como uno de los proyectos historiográcos más
relevantes del siglo XX en Uruguay. Su estructura y espíritu respondieron, en última
instancia, a la visión heurística y pedagógica de Pivel.
CONCLUSIÓN
El artículo pretende, gracias a la documentación inédita consultada, trabajar con
los problemas surgidos entre Eduardo Acevedo y Juan Pivel Devoto en torno a la organi-
zación del Archivo Artigas. Al analizar la participación de Pivel en la Comisión honoraria,
es posible entender cómo las disputas historiográcas no se desarrollaban únicamente en
el terreno de las ideas, sino que también se llevaban adelante en espacios institucionales
especícos, donde las decisiones técnicas, como el ordenamiento de los documentos,
condensaban proyectos intelectuales y visiones antagónicas del pasado nacional. En este
sentido, el conicto con Acevedo ponía de maniesto la existencia de dos modelos histo-
riográcos enfrentados. Por un lado, el enfoque positivista y cronológico defendido por
Acevedo, heredero del liberalismo batllista. Y, por otro, la postura temática impulsada por
Pivel, orientada a construir un relato nacional que amalgamara las diferentes versiones
históricas de los dos partidos mayoritarios, lo que le permitió demostrar su éxito en los
años subsiguientes.
Pivel, aún joven, logró desplazar a Acevedo, ya anciano, mediante una combina-
ción de ecacia administrativa, solvencia intelectual, demostrada capacidad de trabajo y
respaldo político. Este episodio marcó el inicio del dominio piveliano en el campo histo-
riográco uruguayo de la segunda mitad del siglo XX y representó una redenición del
vínculo entre historia, Estado e identidad nacional. La polémica en torno al ordenamiento
del Archivo Artigas desnuda un enfrentamiento historiográco que terminará cambiando
el sentido del discurso hegemónico estatal para los años subsiguientes en el Uruguay.
El conicto entre Pivel y Acevedo permite observar cómo las posiciones histo-
riográcas se estructuran como en un campo de batalla, donde los criterios de lo que es
Néstor J. Gutiérrez• El archivo como campo de batalla 1515
legítimo y verídico no son algo dado de antemano, sino que se construye en función de
posiciones concretas dentro del campo intelectual y político. La gura de Pivel –funcio-
nario, historiador y militante del Partido Nacional– sintetiza esa tensión entre la profe-
sionalización académica y la responsabilidad política, y señala cómo el saber histórico
muchas veces puede adquirir una dimensión performativa cuando se articula con los
dispositivos institucionales dados por el Estado nacional. Su obsesión por la organiza-
ción, su compromiso con hacer llegar a la mayor cantidad de personas posible la edición
de los documentos y su discurso que pretendía amalgamar las visiones del pasado, deben
leerse como parte de un proyecto político e intelectual coherente y ecaz.
El Archivo Artigas, lejos de ser únicamente una empresa editorial o archivística, se
convirtió en un instrumento de intervención cultural, pensado para sostener una narrativa
nacional unicadora en el marco de un Estado que buscaba neutralizar los enfrentamientos
políticos partidarios del pasado reciente. En denitiva, este trabajo buscó demostrar que
los archivos no son espacios neutros de preservación, sino escenarios privilegiados de
enfrentamiento simbólico. El caso presente, y el lugar que en él ocupó Pivel, ilustra cómo
y desde dónde se construyen los relatos legitimadores del pasado, cómo se negocian las
memorias ociales y, nalmente,cómo se intenta modelar desde el Estado la conciencia
histórica de una nación.
NOTAS
1 Puede ser consultado íntegramente desde el sitio web: https://www.gub.uy/ministerio-educa-
cion-cultura/politicas-y-gestion/archivo-artigas
2 Es necesario recordar que ni bien iniciada la Segunda Guerra Mundial, Uruguay fue prota-
gonista del incidente que terminó con el hundimiento del acorazado de bolsillo alemán Graf
Spee en 1939. Este hecho marcó a toda la población, y es recordado hasta el día de hoy.
Ver: Rodríguez (2024).
3 Las vicisitudes, tensiones y aproximaciones entre estos dos centros formativos tienen su propia
trayectoria y no constituyen el enfoque central de este artículo.
4 Se sabe que en realidad Pivel escribió una especie de autobiografía, y posteriormente se la seg-
mentó y se le agregaron las preguntas para que pareciera una entrevista. Ver: Archivo General
de la Nación del Uruguay (AGNU, s.f.).
5 Subrayado en el original.
6 Este segmento está basado, en parte, en mi tesis doctoral realizada sobre el caso de la Colección
de Clásicos Uruguayos. Ver: Gutiérrez, 2022.
7 Subrayado en el original.
8 La carpeta que lleva por título «Archivo Artigas» cuenta con 300 folios (agnu, Archivo
Pivel Devoto).
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REFERENCIAS
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del Archivo Artigas, Eduardo Acevedo al Ministro de Instrucción Pública y Previsión Social
Adolfo Folle Juanicó]. Archivo Pivel Devoto, Caja 114, Carpeta 362.
Archivo General de la Nación del Uruguay. (1945b, 22 de junio). [Carta de Pivel Devoto a Eduardo
Acevedo]. Archivo Pivel Devoto, Caja 114, Carpeta 362.
Archivo General de la Nación del Uruguay. (s.f.). [Antecedentes personales para publicación. “Con-
versaciones con Juan E. Pivel Devoto” de Alicia Vidaurreta]. Archivo Pivel Devoto, Caja 233.
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