
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 26(1): 1-17. Enero-junio, 2025. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica44
En este marco, el Estado impulsó una serie de iniciativas orientadas a formar nuevos
profesionales en Historia, disciplina esencial para la construcción simbólica de la
nación. Una de las acciones más importantes llevadas a cabo fue la creación de
dos instituciones educativas fundamentales: la Facultad de Humanidades (1945) y el
Instituto de Profesores Artigas (1949). Estas instituciones se convirtieron en pilares
esenciales para la formación de los futuros docentes e historiadores, y signicaron el
paso decisivo para la profesionalización del campo historiográco.3
Paralelamente, el Estado promovió dos proyectos tendientes a moldear la
identidad cultural del ciudadano nacional aprovechando la conmemoración del
centenario del fallecimiento de José Artigas en el Paraguay que se cumpliría en
1950. Uno de ellos fue la creación del Archivo Artigas, propuesto por el senador
del Partido Nacional, Gustavo Gallinal, que se completará posteriormente, con la
creación de la Colección de Clásicos Uruguayos (1950), también llamada Biblioteca
Artigas (Gutiérrez, 2022).
El 7 de junio de 1943, Gallinal presentó un proyecto de ley con el objetivo de
establecer una Comisión de carácter honorario capaz de publicar una serie de docu-
mentos centrados en la gura de Artigas. Para la conformación de dicho Archivo, la
búsqueda de documentos se extendió tanto a nivel nacional como internacional, abar-
cando repositorios públicos y privados. Esto implicaba necesariamente emplear una
considerable cantidad de personal y asignar recursos adecuados al proyecto. Además,
el equipo responsable de recopilar la documentación debía contar con experiencia en
la consulta y manejo de materiales en archivos históricos, con el n de “ordenar,
copiar y preparar para la publicación los documentos relativos a la historia de Artigas
que existan en el país” (Museo Histórico Nacional [MHN], 1944a, p. 3). Por este
motivo, para acceder a los archivos extranjeros, se designarían “personas de reco-
nocida competencia, con experiencia comprobada en trabajos o publicaciones histó-
ricas” (p. 3), encargadas de supervisar la autenticidad de las copias de los documentos
existentes. Dichas copias serían custodiadas por el Archivo Histórico Nacional.
La Comisión estaría integrada por referentes institucionales de la Historia
Nacional, tales como los directores del Archivo y Museo Histórico Nacional, un
miembro perteneciente al Instituto Histórico y Geográco, un profesor de la Sección
Preparatorios que fuera escogido por el Consejo de Enseñanza Secundaria y Prepa-
ratoria. Por su parte, la presidencia recaería en el Ministro de Instrucción Pública o
de otra persona designada por él (MHN, 1944a).
Para dirigir el proyecto sobre Artigas, no había nadie más adecuado que
Eduardo Acevedo, uno de los historiadores más destacados de la primera mitad
del siglo XX. Acevedo fue una gura polifacética en la vida intelectual y política
uruguaya, destacándose como abogado, economista, periodista, historiador y activo
miembro del Partido Colorado, especialmente durante la era batllista. A lo largo de
su carrera, ocupó diversos cargos en múltiples ministerios, ejerció como catedrá-
tico en la Facultad de Derecho y desempeñó roles prominentes como Rector de la
Universidad (1904-1906), director del Banco República (1914-1924) y director de