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11Diálogos Revista Electrónica de Historia, 26(1): 1-20. Enero-junio, 2025. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica
DOI:10.15517/dre.v26i1.62904
GUERRA Y PROPAGANDA. LA FIGURA DE
SANDINO EN CARTELES PROPAGANDÍSTICOS
DURANTE LA LUCHA EN LAS SEGOVIAS
Leonardo Astorga Sánchez
Resumen
En este artículo se lleva a cabo un análisis de los principales conceptos utilizados
durante la lucha en Las Segovias, Nicaragua. Para ello, se revisa y consulta el
material propagandístico producido entre 1927 y 1933 por las fuerzas de ocupación
estadounidense, el Cuerpo de Infantería de Marina, y el Ejército Defensor de la
Soberanía Nacional, encabezado por Augusto César Sandino. De esta manera, se
plantea que conceptos como patriotismo, rebelión, bandidos, traidores, entre otros,
fueron fundamentales para construir una representación de los actores políticos
enfrentados. La historia conceptual y la historia de las ideas sirvieron como
referentes teóricos para el trabajo.
Palabras clave: Nicaragua, Sandino, Marines, Historia Conceptual, Historia
de las Ideas.
Fecha de recepción: 19 de Noviembre de 2024 Fecha de aceptación: 14 de Junio de 2025
Leonardo Astorga Sánchez Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica.
Contacto: leoastorgacr@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-9753-2158
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WAR AND PROPAGANDA. THE FIGURE OF
SANDINO ON PROPAGANDA POSTERS DURING
THE STRUGGLE IN LAS SEGOVIAS
Abstract
This article analyzes the main concepts used during the ght in Las Segovias,
Nicaragua. To this end, it reviews and consults propaganda material produced
between 1927 and 1933 by the US occupation forces, the Marine Corps, and the
Army for the Defense of National Sovereignty, headed by Augusto César Sandino.
It is suggested that concepts such as patriotism, rebellion, bandits, and traitors,
among others, were fundamental when constructing a representation of the
opposing political actors. The conceptual history and the history of ideas served as
theoretical references for this work.
Keywords: Nicaragua, Sandino, Marines, Conceptual History, History of Ideas.
Leonardo Astorga Sánchez • Guerra y Propaganda. La gura de Sandino en carteles propagandísticos... 33
INTRODUCCIÓN
El presente artículo tiene como principal objetivo analizar la manera en
que se construyó la imagen de Augusto C. Sandino y las razones de su lucha,
a través de comunicados, volantes, hojas sueltas y otros materiales impresos.
La principal fuente utilizada para localizar el material de análisis proviene de
la página web The Sandino Rebellion.1 En esta línea, se consultó un total de 31
documentos, publicados entre 1927 y 1933, de los cuales 12 fueron seleccio-
nados para la investigación. El trabajo surge de un interés por identicar cuáles
fueron los conceptos que se encargaron de orientar la forma en que Sandino y su
lucha eran representados, tanto por sus partidarios como por quienes lo perse-
guían. Para ello, se utilizó, como acercamiento teórico, la historia conceptual y
la historia de las ideas.
Asimismo, la manera en cómo fueron utilizados los conceptos y la orien-
tación de la narrativa presente en los documentos consultados respondió a una
campaña de propaganda. Por tal razón, desde las propuestas de Noam Chomsky
y Edward Herman (2022), así como de María García (2002), se parte de la idea
de que la propaganda puede denirse como un proceso político y comunicativo
intencionado, orientado a inuir en las actitudes de un público concreto mediante
la apropiación y difusión de objetivos previamente establecidos de acuerdo con
una determinada posición ideológica o visión del mundo. De tal manera, al estu-
diar la campaña de propaganda en Las Segovias, fue necesario comprender cómo
se maximizaron las acciones favorables y desfavorables, tanto de los marines
como de los sandinistas; cómo se apeló a la emotividad y a lo visceral, y cómo se
llevó a cabo una monstricación/deshumanización del adversario.
Como se mencionó, la historia de las ideas y la historia conceptual permiten
acercarse al estudio de las representaciones de Sandino, los sandinistas y su lucha;
así como de quienes los combatían: los infantes de marina. Por ello, se tomaron
como referencia los planteamientos de Quentin Skinner (2000) y de Reinhart
Koselleck (2004). Ambos autores parten de la idea que, siempre que se trabaje
con un concepto, es necesario ubicarlo en el contexto de su surgimiento o de su
uso y, al hacerlo, indagar cómo los actores le dan un sentido histórico y político.
De igual manera, se debe reconocer que ningún concepto es una abstrac-
ción teórica, sino que surge y se congura como reejo de los cambios sociales,
políticos y económicos que suceden a lo largo del tiempo. Según Skinner (2000),
quien se interese por el estudio de los conceptos debe identicar las relaciones
entre el contexto (los factores económicos, sociales, políticos y culturales) y el
texto (discursos y manifestaciones). Por su parte, Koselleck (2004) explica que
todo análisis debe identicar la intencionalidad y las motivaciones de los actores
involucrados en los procesos discursivos o narrativos, pues eso permite identi-
car a los conceptos claves.
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En este sentido, al recuperar la intencionalidad no solo se está logrando identi-
car el concepto clave vinculado a ella, sino también las experiencias y expectativas
de los actores políticos y sociales. Lo anterior es posible ya que los conceptos son
construidos históricamente, permitiendo tener acceso a las esperanzas, deseos y sufri-
mientos de los sujetos en una época determinada (Carriscondo, 2008).
En los planteamientos de Skinner (2000) y de Koselleck (2004), existe el interés
por localizar las ideas, los conceptos y los sujetos en su contexto. Por tal motivo, la
investigación realiza una contextualización tanto de Nicaragua como de Centroamé-
rica y Latinoamérica. Esto porque los acontecimientos y procesos ocurridos en los
años anteriores e inmediatos a la lucha de Sandino inuyeron en la manera en que él,
sus partidarios y sus adversarios fueron representados, así como en las conceptualiza-
ciones que se construyeron alrededor de ellos.
Así pues, se hace una presentación de quién fue Sandino, principal referente
y gura en los documentos consultados. Posteriormente, se analizan los conceptos
claves que orientaron la discusión en torno a lo ocurrido en Nicaragua entre 1927 y
1933. Para este último punto, se tiene como centro el enfrentamiento entre los infantes
de marina (marines) y el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (los sandinistas).
LA REGIÓN FRENTE A CALIBÁN, EL CONTEXTO
LATINOAMERICANO Y CENTROAMERICANO
1898 fue una fecha clave para entender el sentimiento antimperialista que
llegó a inuir en el pensamiento latinoamericano. Para ese año, los Estados Unidos,
naciente potencia industrial, demostró su poderío al derrotar a un moribundo imperio
español y al anexionarse las Filipinas, Cuba, Puerto Rico y Hawái. Dos años más
tarde, en 1900, se publicaba Ariel de José Enrique Rodó, como una respuesta al
imperialismo expansionista estadounidense, lo que marcó el inicio de una pugna y
una contraposición entre las dos Américas.
Si bien contextualizar la historia latinoamericana entre 1898 y 1933 sería un trabajo
rebasa los parámetros propuestos para esta investigación, es necesario aclarar que el
expansionismo denunciado por Rodó y que hacía eco también en los planteamientos de
pensadores como José Martí y Eugenio María Hostos, fue una constante y un factor clave
para entender la historia de América Latina. Sin embargo, sería hasta pasada la Primera
Guerra Mundial (1914-1918) cuando el imperialismo norteamericano alcanzó grandes
cuotas de penetración y manipulación económica y nanciera no solo en los países lati-
noamericanos, sino también en naciones asiáticas e incluso en las europeas (Rinke, 2014).
En esa línea, para 1922 los Estados Unidos eran dueños de 388 499 kilóme-
tros cuadrados en América Central y el Caribe, con una población de 10 millones de
personas. En el Pacíco, controlaban 323 748 kilómetros cuadrados y 13 millones de
personas (Quesada, 2001). Asimismo, en Suramérica, entre 1919 y 1929, las inver-
siones estadounidenses superaban por mucho a las inglesas (Cuevas, 2008).
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En América Latina, junto con el poder económico y el militar, los Estados
Unidos se encargaron de promover el gobierno de oligarquías y dictadores acordes
a sus intereses. Por tal razón, el pensamiento antimperialista (expresión polí-
tica del arielismo) se encargaba de denunciar y rechazar a las elites y dictaduras
entreguistas y al imperialismo que las apoyaba. Cuestión que luego se obser-
varía en los discursos de Sandino y sus seguidores, al acusar a políticos nicara-
güenses de vendepatrias.
A partir de la segunda década del siglo XX, la política de Estados Unidos
hacia Latinoamérica se caracterizó por una doble estrategia. Mientras se promovía
el panamericanismo bajo la idea de una comunidad de naciones libres e iguales,
también se implementaba una política basada en el aanzamiento del poderío y
los intereses norteamericanos en la región por medios militares o por la presión
económica, valiéndose de préstamos de atadura.
Otro aspecto relevante fue el surgimiento de las exigencias de los traba-
jadores de sectores artesanales y obreros. Además, las primeras décadas del
siglo XX en Latinoamérica fueron testigos de una radicalización de sectores de
la clase media y de la intelectualidad, al entrar en contacto con doctrinas como
el comunismo, el socialismo y el anarquismo. Con relación a eso, la Revolución
rusa (1917) y la Revolución mexicana (1910-1917) inuyeron en el pueblo Lati-
noamérica, pues ambos eventos representaron el poder de lucha tanto de obreros
como de campesinos (Rojas, 2021).
Ahora bien, en Centroamérica, es importante recordar que, a partir de 1870,
las elites políticas llevaron a cabo un proceso de centralización del poder. Este
proceso permitió el desarrollo del Estado-nación de corte liberal y, de manera
paralela, se efectuó una secularización de las tierras de la Iglesia y una privatiza-
ción de los terrenos que pertenecían a las comunidades indígenas. Tales medidas
propiciaron su desarticulación en aras de una vinculación al mercado mundial capi-
talista a través de productos como el café. Asimismo, parte del proyecto estatal
de las elites centroamericanas fue la promoción de una identidad nacional: mestiza
para el caso de Nicaragua, ladina en Guatemala y blanca en Costa Rica.
El capital extranjero, primero inglés y luego estadounidense, desempeñó un
papel clave en la historia centroamericana. Mediante los préstamos, los ferroca-
rriles y la industria bananera, este capital logró grandes cuotas de poder dentro de
las sociedades del istmo. De esta forma, compañías como la United Fruit Company
y sus subsidiarias se encargaron de imponer y destituir gobernantes, sobornar a
políticos y pasar por encima no solo de la soberanía del país, sino también sobre
los derechos laborales de los trabajadores de las plantaciones. Por último, la idea
de la unidad de Centroamérica mediante una federación se mantuvo presente en
el imaginario de políticos e intelectuales. Por ejemplo, el Partido Unionista de
Guatemala (1919) consideraba que Centroamérica debía ser un solo país, una
nación fuerte y respetada capaz de defender intereses comunes, la explotación de
su riqueza y la lucha por ideales colectivos (García, 2008).
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NICARAGUA Y EL CONTEXTO DE SANDINO
A lo largo de su historia, Nicaragua se ha destacado por ser el objetivo
de constantes intervenciones extranjeras, debido a su posición geoestraté-
gica y a la posibilidad de construir un canal que enlazara el mar Caribe con el
océano Pacíco. Desde la colonia los españoles poseían tal ambición y, luego
de la independencia de España, potencias como Gran Bretaña se interesaron por
esta nación del istmo centroamericano. En 1855, bajo la dirección de William
Walker, un contingente armado logró apoderarse del país, siendo esta la primera
de muchas intervenciones norteamericanas.
La poca estabilidad política del país, resultado de los constantes enfren-
tamientos entre las elites granadinas y leoneses, facilitó la injerencia extranjera,
tanto británica como estadounidense. Fue hasta la llegada de José Santos Zelaya
al poder, cuando se alcanzó cierto grado de estabilidad. Santos Zelaya desde su
gobierno promovió una reforma liberal (Cuevas, 2008). Para ello, se alió con
los sectores agroexportadores (café), distanciándose de quienes producían para
el mercado nacional y de quienes se encargaban del comercio de importación,
ambos sectores más conservadores (Cuevas, 2008).
Asimismo, durante el gobierno de Santos Zelaya, se privilegió a las inver-
siones de capital norteamericano, dando grandes concesiones a las industrias
minera, maderera y bananera (Bulmer-Thomas, 2001). En respuesta a esas conce-
siones, el gobierno de los Estados Unidos correspondió con un préstamo de 15
millones de dólares, con el cual se aseguraba el monopolio sobre la posibilidad
de construcción de una vía que uniera el Caribe con el Pacíco. Debe mencio-
narse que, para Estados Unidos, era muy importante la estabilidad de los países
situados cerca de Panamá, donde seguía la construcción del canal. Por tal razón,
el préstamo que se hizo a Nicaragua era una estrategia para evitar la intromisión
de potencias rivales (LaFeber, 1993).
No obstante, Santos Zelaya estableció mayor contacto con los gobiernos de
Japón y Alemania, interesados en construir un canal que atravesara Nicaragua, pese
a los esfuerzos de Estados Unidos por impedirlo. Por este motivo, cuando en 1909
estalló una insurrección en la costa Caribe nicaragüense, el Departamento de Estado
norteamericano vio la oportunidad de derrocar al gobierno de Zelaya apoyando a los
insurrectos. Ese mismo año, Zelaya renunció y se instauró en el poder un gobierno
proestadounidense. Sin embargo, la situación se mantuvo convulsa, razón por la cual
en 1912 los marines desembarcaron en Nicaragua (LaFeber, 1993).
La presencia de los marines permitió que los gobiernos favorables a la
ocupación cedieran el control de las principales fuentes de ingresos estatales al
capital norteamericano. Para 1917, los banqueros estadounidenses contralaban el
51 % de las acciones tanto del Banco Nacional de Nicaragua como del ferroca-
rril. Además, se formó una Alta Comisión (integrada en su mayoría por nortea-
mericanos) que se encargaba de mantener un control sobre las rentas aduaneras
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(Bulmer-Thomas, 2001). Esto último era de gran importancia en un país donde
más del 50 % de los ingresos del Estado procedían de los impuestos al comercio
exterior, especialmente a las importaciones.
Al asegurar el control económico, las tropas estadounidenses se retiraron en
1924. Así, se dio inicio a una serie de gobiernos de transición. Estos se organizaron
mediante la fórmula presidente conservador y vicepresidente liberal (combinación
que debía alternarse) con el objetivo de garantizar la paz y la estabilidad (Cuevas,
2008). No obstante, en 1925 el gobierno encabezado por el conservador Carlos Solór-
zano y el liberal Juan Bautista Sacasa fue depuesto, lo que desencadenó una guerra
civil entre conservadores y liberales. Este conicto provocó que en 1926 se llevará a
cabo el segundo desembarco de marines en Nicaragua, es decir, una segunda ocupa-
ción en el país. Es en ese contexto donde hace aparición Sandino, quien regresó de
México para unirse y luchar en las las del Ejército Constitucionalista (liberal).
SANDINO UN HOMBRE DE SU TIEMPO
Sandino nació en Niquinohomo, Nicaragua en 1895 y fue asesinado en 1934
por órdenes de Anastasio Somoza García, comandante de la Guardia Nacional, un
cuerpo militar formado bajo la asesoría y la dirección de los Estados Unidos. Durante
su juventud, viajó a Guatemala y trabajó en las plantaciones de la UFCO, donde
presenció de primera mano los abusos y las penurias vividas por los trabajadores
guatemaltecos. Posteriormente, se trasladó a México y laboró en los campos petro-
leros de la Huasteca Petroleum Company. Ambas experiencias laborales inuyeron
en su forma de pensar hacia las compañías norteamericanas.
Durante su estadía en México (1923-1925) presenció el nacionalismo mexi-
cano, resultado de la revolución de ese país. También fue testigo de las políticas
reformistas de Álvaro Obregón, como la ley que reivindicaba para la nación las
riquezas del subsuelo (Rojas, 2021). Asimismo, mientras permaneció en México
entró en contacto con sociedades teosócas y espiritistas, especialmente la Escuela
Magnético Espiritualista. Este contacto inuyó en su idea sobre la misión que debía
cumplir cada hombre en la tierra. Su relación con organizaciones comunistas, anar-
cosindicalistas y antimperialistas también contribuyó a su ideología y le permitió
conocer a importantes guras como Gustavo Machado, Diego Rivera, Julio Antonio
Mella, entre otros (Cuevas, 2008).
De esta forma, en 1926 volvió a Nicaragua para luchar por la causa liberal
en contra de los conservadores. Este primer momento posibilita catalogar su lucha
como antioligárquica (Rojas, 2021). Sin embargo, tras la rendición de los liberales,
quienes aceptaron la propuesta de los Estados Unidos de deponer las armas y desmo-
vilizarse a cambio de la presidencia de Nicaragua —volviendo así a la fórmula de los
gobiernos de transición—, Sandino decide continuar la lucha solo y es ahí donde su
lucha toma una dirección antimperialista, antintervencionista y nacionalista.
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ANÁLISIS DE LOS VOLANTES, HOJAS SUELTAS Y
COMUNICADOS SOBRE SANDINO Y SU LUCHA.
Como se mencionó, el objetivo de este trabajo es visualizar y comprender
cómo se construyó una representación de Sandino, sus partidarios, sus adversa-
rios y su lucha. Para lograr tal propósito se trabajó con 12 documentos, publicados
entre 1927 y 1933. Al revisar los documentos, fue posible identicar una serie de
conceptos claves que orientaron la discusión y la construcción de representaciones
sobre los actores en conicto.
Tales conceptos buscaban establecer una lógica de contraste, propia de la
propaganda, donde la información se presenta en términos dicotómicos. Mediante
esta estrategia fue posible establecer una relación basada en la idea del ejemplo y
el contraejemplo. En otras palabras, se creaba una noción de lo que era correcto y
lo que no se consideraba deseable y aceptable. Por tal razón, la lucha de Sandino
fue aprovechada para desplegar una campaña de propaganda, en la que los
conceptos utilizados tenían como objetivo denir con precisión quiénes estaban del
lado “correcto” de la historia.
Como propone Koselleck (2004), los conceptos no solo denían el proyecto
político, sino también la visión de mundo que debía orientar el tipo de sociedad y
de civilización que caracterizaría a Nicaragua. En este sentido, se observa en los
documentos consultados que el enfrentamiento entre dos ideas de sociedad se de-
nieron a partir de los conceptos que utilizaban en las hojas, comunicados y volantes.
Lo anterior fue el resultado de una estrategia propagandística que, como explica
García (2002), buscaba maximizar ciertas acciones (presentarlas como despreciables
u honorables al extremo), apelaba a lo emotivo y más importante aún, pretendía
deshumanizar al adversario.
Los conceptos centrales identicados fueron: patriotismo, rebelión, bandole-
rismo/bandolero, traición y guerra. A esos conceptos se sumarían otros, en función
del proyecto político y el ideario de los actores involucrados. Así, se encuentran
llamados a la democracia, a defender el honor de la patria, a categorizar la rebelión
como justa o caótica y a la guerra como una liberación o como el acto imperialista
de una potencia. Para facilitar y avanzar con la exposición se establecieron dos apar-
tados. El primero de ellos corresponde a los documentos producidos por los marines.
En el segundo se abarca todo lo publicado por los partidarios de Sandino e, incluso,
hojas publicadas por el Ejército Sandinista.
LOS MARINES Y LOS OPOSITORES A SANDINO
Desde el momento en que las tropas norteamericanas, y otros opositores a
Sandino (la Guardia Nacional, grupos de civiles armados), se incorporaron en un
enfrentamiento directo con el Ejército de Defensa de la Soberanía Nacional, lo
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principal fue no reconocerlos como un contingente armado, sino como bandas de
criminales que se organizaban para delinquir. Al categorizar a los sandinistas de tal
manera, se buscaba legitimar las acciones de los marines como parte de un esfuerzo
de garantizar el orden y la estabilidad en un país que, por su historia, se había carac-
terizado por el enfrentamiento constante.
Como lo explica McPherson (2014), para las autoridades militares estadou-
nidenses, su presencia en Nicaragua, lejos de verse como una ocupación, debía
ser entendida como el esfuerzo para acabar un ciclo de inestabilidad política que
había iniciado en 1912. Siguiendo lo planteado por Schroeder (2008), llamar a los
sandinistas bandidos se ajustaba a esa lógica de asociarlos con el caos que debía ser
combatido hasta las últimas consecuencias.
Además, al caracterizarlos como criminales se lograba otro elemento clave
presente en las diferentes hojas volantes y material entregado por los marines: un
bandido no podía llevar a cabo una rebelión exitosa, ni mucho menos justa. De tal
manera, la rebelión de Sandino y sus hombres era caótica y desastrosa. Se conceptua-
lizó como un acto que causaba división y promovía una lucha fratricida:
Esta llamada rebelión en contra de los extranjeros ha resultado un verdadero desastre para
los Nicaragüenses mismos, exaltando las pasiones, poniendo en lucha hermanos contra
hermanos y Nicaragüenses contra Nicaragüenses, destruyendo propiedades, quitando la
vida a nuestros propios conciudadanos, y, en n en hacernos más daños a nosotros mismos
que a los extranjeros. (Cívicos Expedicionarios, 1932, párr. 1)
Frente a ese panorama de desorden, se observa el contraste de los esfuerzos
de los marines para ofrecer paz y armonía, “venimos a ofrecer paz y garantías a los
hombres que han estado en armas, sosteniendo un falso patriotismo que solo males le
ha causado a la República” (Cívicos Expedicionarios, 1932, párr. 1). Aunado a la idea
de la rebelión como algo desastroso, se le calica de falso patriotismo. De esta forma,
los marines establecen un contraste que busca diferenciar a los falsos patriotas, los
alzados en armas, de los verdaderos.
Por consiguiente, se caracterizó a los buenos patriotas como aquellos que apoyaban
la presencia de los marines y las salidas que estos proponían. Tal era el caso de la celebra-
ción de elecciones vigiladas y controladas por las fuerzas militares, siendo esta la manera
en cómo se lograría remediar la situación de desorden por la que atravesaba Nicaragua:
El Gobierno de los Estados Unidos que ha accedido a la solicitud del Gobierno de Nica-
ragua de supervigilar las elecciones de este país en 1928, cree necesario el desarme general
del país para el adecuado y feliz manejo de dicha elección. (Latimer, 1927, párr. 1)
El vínculo entre el patriotismo y la celebración de elecciones se repite cons-
tantemente como una máxima del proyecto político que se tenía pensado para
Nicaragua. Lo anterior se lee en las declaraciones hechas en 1932, en las cuales
se aseguraba que el resultado de los comicios había sido un éxito, lo que posibili-
taba la pronta salida de los marines:
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El problema Nacional eleccionario está resuelto satisfactoriamente. Por una inmensa
mayoría fué electo como futuro Presidente de la República el Doctor Juan Bautista Sacasa.
Esta inmensa mayoría muestra que él ha sido escogido por los votos de la mayor parte de los
ciudadanos Nicaragüenses (…) Habiendo sido seleccionado por los ciudadanos, es deber
de todos los Nicaragüenses que amen de verdad a nuestra Patria, rodearle y sostenerle (…)
pues en esto consiste el verdadero patriotismo. (Cívicos Expedicionarios, 1932, párr. 3)
En este sentido, el concepto de patriotismo, promovido por los marines y las
autoridades gubernamentales nicaragüenses, establecía una visión de mundo donde la
democracia era el tipo de régimen y sistema de gobierno que se debía consolidar como
una expresión de civilización y progreso. Sin embargo, no podía ser cualquier tipo de
democracia, sino una representativa, propia de la experiencia de los Estados Unidos.
Lo anterior respondía a la promoción de un proceso de transformación
de la cultura política de Nicaragua. Se esperaba que, mediante la celebración de
elecciones, las lealtades de los nicaragüenses pasaran de ser personales y parti-
darias, a institucionales y profesionales (Brooks & Schroeder, 2018). De hecho,
resulta muy interesante cómo esa visión de mundo se mantenía aún para 1936,
año en que Anastasio Somoza García, se presentaba como candidato del Partido
Liberal Nacionalista para las elecciones:
DEMOCRACIA ORDENADA en que prevalezca el concepto del respeto a la opinión
mayoritaria del pueblo, sin los extravíos de la demagogia, ni los desbordamientos anarqui-
zantes de los profesionales del desorden. (Somoza, 1936, párr. 6)
Parte de la campaña de Somoza como candidato era rearmar su cercanía con
las ideas promovidas durante la lucha contra Sandino, apelando a la necesidad de un
orden que debía contraponerse frente a la anarquía. Sin embargo, para lograr tal orden,
la democracia debía contar con un aparato estatal fuerte, apoyado por un ejército que
tendría que ser la institución clave: “PAZ mantenida por un Gobierno fuerte, de voluntad
pronta, de acción denida, con el respaldo de un ejército perfeccionado, disciplinado,
que constituya el baluarte de las instituciones del Estado” (Somoza, 1936, párr. 5).
Resulta interesante, como lo explican Brooks y Schroeder (2018) y también
Gobat (2005), que la formación del Estado moderno nicaragüense estuviera estre-
chamente vinculada a una institución como la Guardia Nacional. Su creación fue una
de las consecuencias más directas de los años de ocupación por parte de los marines.
Estos propusieron moldear una fuerza Constabularia capaz de trasladar el ejercicio y
el monopolio de la violencia de los líderes locales y los caudillos a manos del Estado.
Asimismo, al llevar a cabo esa centralización del poder, se experimentó una militari-
zación de la sociedad rural y la política (Brooks & Schroeder, 2018).
Además, el proceso de modernización de Nicaragua no se puede alejar,
como lo señala Walter (2008), de los intentos de Somoza por hacer del Estado un
instrumento de conciliación política y económica. La Guardia Nacional, entonces,
se maniesta como la institución clave para el soporte del régimen y como último
baluarte ante la oposición y las amenazas al orden social. De ese modo, la rebe-
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lión de Sandino sirvió como aliciente para la creación y el fortalecimiento de la
Guardia Nacional. Así, la institución llegaría a ser esencial para terminar con el
ciclo de enfrentamientos entre caudillos locales y líderes de los partidos tradicio-
nales (Brooks & Schroeder, 2018).
Si la rebelión se conceptualizaba como caótica y desordenada, el bandole-
rismo aparecía como otro concepto clave que la acompañaba. Sandino era carac-
terizado como un criminal y, más aún, como un cobarde y un fracasado.
Sandino es un bandido cualquiera.
Sandino les ha quitado bestias, ganado y provisiones sin pagarles un centavo.
Sandino nunca va a la cabeza de sus soldados a ningún combate; manda a su gente
a pelear mientras que él se queda atrás lejos de las balas. (A Los Seguidores de
Sandino, 1928, párr. 1-3)
Frente a esa representación poco favorable de Sandino, se contraponía la
idea de virtud y honor de los marines. Incluso, había una intencionalidad de
mostrarlos como como protectores de los nicaragüenses contra las acciones de
los bandidos comandados por Sandino y no como una fuerza invasora.
Los Marinos pagan al contado todo lo que cogen o reciben.
Los Marinos no han retrocedido nunca, ni dejarán de avanzar.
Los Marinos nunca se cansan ni se detienen. (…)
Los Marinos no hacen daño a la gente pacíca, pero jamás le darán descanso a
los que andan armados y sigan a Sandino (…)
Los Marinos desean la paz en Nicaragua (…).
Los Marinos desean que todos los nicaragüenses vayan a sus casas a dedicarse al trabajo
honrado y pacíco. (“A Los Seguidores de Sandino”, 1928, párr. 6-8, 10, 13-14)
Aunque los marines intentaron presentarse de manera favorable ante la
población, no puede ignorarse que, en Nicaragua, durante la lucha contra los
sandinistas, las tropas norteamericanas introdujeron una forma distinta de
violencia, una manera inédita de hacer la guerra. La incorporación de nuevos
recursos militares, como la aviación, junto con innovadoras formas de orga-
nizar la estructura, la estrategia y las tácticas, dio lugar a una experiencia de la
violencia más industrial, mecanizada y masicada (Schroeder, 2007).
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Igualmente, la ocupación estadounidense facilitó el contexto y las condi-
ciones para la creación de la Guardia Nacional. Con ello, se promocionó —hasta
consolidarse— una nueva experiencia y realidad en torno a lo militar. Esta realidad
se basaba en la vigilancia y el control coercitivo de las poblaciones rurales, gracias
a la existencia de un aparato militar con una estructura de comando burocratizada,
jerarquizada y profesional (Brooks & Schroeder, 2018).
Para concluir con esta sección, se puede formular que la presencia de los
marines llegó a ser fundamental para garantizar la estabilidad política nicara-
güense, estabilidad continuada por la Guardia Nacional. Por consiguiente, una
Nicaragua vigilada por los marines y, luego por la Guardia, correspondía a la
idea de una sociedad pacíca y democrática. En ese marco, quienes aceptaban
tal situación eran los verdaderos patriotas.
SANDINO Y LOS SANDINISTAS
Por parte de Sandino y sus seguidores, también se hizo uso de conceptos claves
para dotar de sentido a su lucha y construir una visión de la Nicaragua deseada. Al
igual que sus adversarios, la estrategia utilizada fue la de establecer un contraste
entre la Nicaragua ocupada y la patria liberada, razón por la cual, el primer concepto
a destacar fue el del martirio/martirologio.
Por tal motivo, en los documentos consultados se enfatizaba la idea de consi-
derar que la intervención había provocado el sufrimiento y el deshonor de Nicaragua.
Desde este planteamiento, el concepto de martirio, uno con fuertes connotaciones
religiosas, cobraba mayor sentido dentro del discurso de Sandino y sus partidarios.
¡¡Veintitrés años de martirio!! (…) Desde el 9 de octubre de 1909, á esta fecha
de octubre de 1932 veintitrés años ha, que Nicaragua y el Pueblo, vivimos reci-
biendo del elemento ocial y militares yanquis y sus ruanes, todos los días,
semanas, meses y años, ultrajes y ofensas al Honor y Soberanía Nacional.
(Vega, ca. 1932, párr. 1 y 2)
No es de extrañar que lo religioso fuera un elemento importante en el discurso
con que los sandinistas se referían a su lucha. De hecho, el pensamiento político de
Sandino se caracterizaba por mezclar lo espiritual con lo político. Así, mediante prin-
cipios teosócos y espiritistas, buscaba recalcar que cada hombre posee una misión
que cumplir sobre la tierra, enfatizando una visión de la historia mesiánica y mística
(Rojas, 2021). De tal manera, los conceptos que orientaban a Sandino y sus partida-
rios se caracterizaban por su eclecticismo y giraban en torno a la idea de un naciona-
lismo redentor y antimperialista.
Asimismo, el martirio/martirologio permitía señalar que la intervención esta-
dounidense era un acto indigno que ensombrecía el futuro de Nicaragua. El concepto
planteaba que el futuro sería prometedor si se expulsaban a los norteamericanos y a
Leonardo Astorga Sánchez • Guerra y Propaganda. La gura de Sandino en carteles propagandísticos... 1313
sus cómplices; al hacerlo así, las proclamas adquirían un fuerte sentido moralizante
(Rojas, 2021). El martirio, además, calzaba muy bien con otra estrategia llevada a
cabo por los sandinistas: concebir a los marines como monstruos. Si bien los estadou-
nidenses caracterizaron a los sandinistas como bandidos, fueron estos últimos quienes
construyeron una imagen monstruosa de sus oponentes, catalogándoles de bestias y
bárbaros. Los seguidores de Sandino se encargaron de construir una imagen nefasta
sobre quienes se opusieran a este. Así, fortalecieron la idea de los verdaderos criminales:
los guardias nacionales saquean y, generalmente esos saqueos van acompañados de verda-
deros asesinatos, incendios, violaciones y torturas inenarrables. Todos los nicaragüenses
somos testigos de esos horrores y podemos citar innidad de casos, con nombres de
personas, fechas, lugares y crímenes.
El caso del ocial yanki Pedington, el corta cabezas, es nada comparado con millares de
salvajadas que otros facinerosos de la misma calaña han cometido y continúan cometiendo
(…) Gladen, que en, Somotillo se divertía colgando a cualquier infeliz nicaragüense y
quemándole la piel, desde la cabeza hasta los pies, con el cigarro que fumaba (…) Mcdo-
nald, que, primero, en Jinotega, dió la manía de identicar a los ciudadanos que conside-
raba sospechosos, cortándoles las orejas, acabando por matarlos fríamente a puñaladas; y
después llamado a la capital, ha sembrado el terror en las principales ciudades del interior”.
(Grupo de Obreros y Estudiantes, 1932, párr. 12-13)
Lo interesante es que, en momentos de fuerte conictividad, como el vivido
en Nicaragua entre 1927 y 1933, recurrir a la idea de monstruo para referirse a los
enemigos era una forma de normalizar y legitimar acciones que, en otro contexto,
serían vistas como cuestionables o reprobables (Díaz, 2015). Al monstricar a los
marines y a los guardias nacionales, se establecía una distancia que, como señala
Glover (2011), les privaba de su humanidad, anulando los principios morales que
evitaban acciones violentas en su contra. En este sentido, hay una completa pérdida
de simpatía (o empatía) que reduce el sentimiento de responsabilidad emocional, es
decir, se promovía una psicología de guerra.
Igualmente, la monstricación hacía eco del contraste entre dos tipos de
cultura o civilización: la nicaragüense (latina) contra la estadounidense (anglosa-
jona) (Rojas, 2021). Además, se establecía una referencia con el arielismo, corriente
encargada de recalcar las diferencias y los peligros que representaban para América
Latina (Ariel) los deseos de hegemonía de Estados Unidos (Calibán).
La representación del monstruo se valía de todos aquellos conceptos que
lograban recalcar los antivalores de la civilización estadounidense, su ambición, sus
rasgos criminales y, ante todo, la búsqueda de acabar con la libertad de los demás:
Somos nosotros los que debemos conquistar nuestro caro suelo villanamente ofendido y
pisoteado por la férrea y taconante bota de las horas conquistadoras de la piratería yanqui,
en nefasta hora importados por los esclavistas e indignos partidos, CONSERVADORES y
LIBERALES, quienes son los responsables del suplicio de nuestros hermanos ejecutados
por las manos conquistadoras, en todas la ciudades, pueblos y aldeas del país. (“Al pueblo
todo de Nicaragua”, 1932, párr. 6)
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 26(1): 1-20. Enero-junio, 2025. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica1414
Sin embargo, no solo se buscaba monstricar a los marines, sino también
señalar quiénes eran los responsables de traer la “la plaga” a Nicaragua. En
ese contexto, emerge otro concepto clave, ampliamente utilizado por Sandino
y sus partidarios: los vendepatrias. Este concepto refería a quienes se consi-
deraban los causantes de la entrega de Nicaragua en manos extranjeras y esta-
blecía una diferencia entre los verdaderos nicaragüenses y aquellos que debían
ser excluidos del cuerpo de la nación.
Por consiguiente, el concepto vendepatria pasó a ser un elemento clasi-
cador y categorizador, cumpliendo una función similar a la de bandido en el
caso de los adversarios de Sandino. Asimismo, la idea de ejemplo y contrae-
jemplo toma fuerza con este concepto. Como señala Verdo (1998), los vende-
patrias son excluidos del grupo de referencia, la nación, y ubicados junto con
el enemigo. Al posicionarlos en ese lugar, se entra en la dicotomía entre el
buen patriota y el traidor a la patria.
El buen patriota y su lucha servían de ejemplo de lo que signicaba amar
verdaderamente a su país, al punto de enfrentarse a un enemigo superior, tecno-
lógica y militarmente, pero no en el campo de la moral, el honor y el valor:
Mientras Nicaragua tenga hijos que la amen, Nicaragua será libre. Han sido hijos que
la aman quienes en representación de todo el pueblo nicaragüense, la han convertido,
de pesadilla que era para las hermanas Repúblicas de Latino América, en la hermana
digna de todo aprecio mediante la lucha que contra la piratería yanqui entabló aquella
columna el 4 de mayo de 1927. (Sandino, 1929, párr. 4)
Gracias al uso del concepto vendepatrias, fue posible determinar lo que se
llegaba a considerar como verdadero patriotismo. Así, la mayor expresión de ese
concepto fueron los actos del Ejército Sandinista, que eran vistos no solo como
patrióticos, sino también como libertadores:
El Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional. Es [aquel] ejercito de rebeldes patriotas,
á quienes los traidores venden patrias llaman (…) bandoleros. Pero, para los ciuda-
danos consientes de la noción de patriotismo, los sandinistas ocupamos un nivel moral
superior del desenfrenado bandolerismo ocial (…) de levita, anteojos de oro y buen
bastón de la chusma canalla abyecta y servil de los funcionarios públicos y poderes del
Estado, indignos representantes de la nación, quienes están traicionado a la Patria. (Los
bandoleros de Las Segovias, ca. 1932, p. 1)
Así, al contraponer el patriotismo de los sandinistas frente a los vendepa-
trias, se justicaba y legitimaba la lucha en contra del Gobierno (y los partidos
tradicionales) que habían entregado, según el imaginario sandinista, a la Nación:
Y estamos convencidos que esos partidos y sus caudillos están envilecidos, servilizados
y humillados por los patones [los marines], y que 6 verdes y 6 rojos hacen una docena de
pistoleros traidores, vende patrias, y porque los verdi rojos quedaron colgados con sus
principios en el fúnebre Espino Negro. (Los bandoleros de Las Segovias, ca. 1932, p. 2)
Leonardo Astorga Sánchez • Guerra y Propaganda. La gura de Sandino en carteles propagandísticos... 1515
Es destacable cómo el concepto de traición remite a un momento espe-
cíco dentro del imaginario sandinista: la rma del pacto del Espino Negro,
en Tipitapa (4 de mayo de 1927). Al desconocerse lo acordado por los líderes
liberales y conservadores, la rebelión de Sandino, lejos de ser presentada como
causante de caos y desorden, —tal como lo hacían los marines y el gobierno
nicaragüense— adquirió un carácter, a los ojos de los sandinistas y sus parti-
darios, de cruzada redentora, no solo para Nicaragua, sino para el resto de
Latinoamérica. Esto se reforzó al enfrentarse a una civilización que, como
Calibán, atentaba contra un estilo de vida:
A Nosotros nos toca salvar a Nicaragua y a nuestro pueblo, sí es que también deseamos
salvarnos nosotros mismos y salvar nuestras familias, a nuestros hijos, leyes y costum-
bres; a nuestra religión y a nuestra lengua; y para que no las ultraje y corrompa más el
absorbente invasor: tan profundamente corrompidos; y unirnos como un solo hombre:
el hombre autonomista; quien acompañará y acuerpará al Ejercito Defensor de la Sobe-
ranía Nacional, y a su Jefe: el heroico patriota general A. C. Sandino, El León de las
Segovias. (Al pueblo todo de Nicaragua, 1932, párr. 9)
Así, se creaba una imagen romántica y mística de una lucha que, según las
palabras del propio Sandino, no mantenía relaciones ni le debía favores a nadie:
“Nuestro Ejército repite por mi medio que no tiene compromisos con nadie como lo han
propalado nuestros enemigos falaces y la prensa venal azalariada (...)
Esta campaña y guerra autonomista que siete años ha sostenemos con nuestro propio
esfuerzo, no se crea que terminará con la vil oferta y el halago o las visibles amenazas
de quienes nos tratan solo de Bandidos. (Nuestra ofensiva dignicadora del honor
nacional, 1932, p. 1)
En contraste con esa lucha justa, se señaló que las acciones militares y
la intervención de los Estados Unidos en Nicaragua eran el resultado de una
política imperialista, capitalista y de ocupación. Esa manera de referirse a la
presencia de tropas estadounidenses cobró mayor peso cuando fue planteada por
la Liga Antiimperialista, integrada por comités de solidaridad en el extranjero
que se llegaron a identicar con la lucha de Sandino:
The war in Nicaragua is an imperialist war!
It throws once more into the limelight the sinister story of U.S. activities in Haiti, Santo
Domingo, Panama, and the whole Caribbean area, where, with accompanying threats of
force against Mexico and the countries of South America, the military might of the U.S.
government has long played the role of universal oppressor. (All-America Anti-Impe-
rialist League, 1928, The war in Nicaragua is an imperialist war, párr. 1)
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Finalmente, no puede obviarse el hecho de que las hojas y volantes san-
dinistas buscaron, ante todo, construir una imagen de Sandino no solo como el
líder de una rebelión libertadora y justa, sino también como un héroe que luch-
aba en contra de los vendepatrias y las bestias y monstruos intervencionistas:
el irreductible rebelde Sandino, prócer de la liberación de su patria. Surge por su
propio esfuerzo, resplandeciente y nimbado por la gloria y la fama de sus proezas y
hazañas! Sobre la podredumbre del inmundo cieno en que se revuelcan los hombres
del actual desgobierno, para limpiarle al país la mancha que le puso esa lacra de
traidores gobiernistas, y limpiar la tierra, de los absorbentes tentáculos del pulpo-
hidra-buitre rubio. (Ejército en Defensa de la Soberanía Nacional, ca. 1932, párr. 8)
CONCLUSIONES
El estudio de la propaganda en torno a la gura de Augusto C. Sandino y
su lucha en Las Segovias (1927-1933) permite comprender cómo los conceptos
fueron utilizados como armas políticas e ideológicas por los actores enfrentados.
Tanto los marines y sus aliados nicaragüenses como los sandinistas, desarrollaron un
lenguaje cargado de simbolismo y emocionalidad que buscaba inuir en la percep-
ción popular, legitimar sus acciones y deslegitimar las del adversario. A través de
comunicados, hojas sueltas y volantes, se conguraron dos visiones opuestas de la
realidad. Por un lado, se entendía la intervención estadounidense como una misión
civilizadora y estabilizadora. Por otro lado, una visión que denunciaba la ocupa-
ción como imperialista y que atentaba contra la soberanía nacional.
El análisis de los materiales propagandísticos revela la existencia de un enfren-
tamiento no solo militar, sino también discursivo e ideológico. La lucha por el control
del signicado de conceptos como patriotismo, rebelión, bandolerismo y traición fue
central para construir representaciones sobre los protagonistas del conicto. En esa
línea, en el discurso de los marines, Sandino y sus seguidores fueron caracterizados
como bandidos, criminales y perturbadores del orden, mientras que las fuerzas de
ocupación se presentaban como garantes de la paz y del progreso. En cambio, desde
la visión sandinista, la resistencia armada se entendía como una expresión del verda-
dero patriotismo, un acto heroico de redención frente a los vendepatrias y los opre-
sores extranjeros. De esta manera, el lenguaje se convirtió en un campo de batalla
donde se disputaban los sentidos de nación, legitimidad y justicia.
Asimismo, la investigación muestra que la propaganda funcionó como un
instrumento de pedagogía política. En el caso de los marines, los mensajes apelaron a
la idea de orden, democracia representativa y civilización. El propósito de la ocupa-
ción estadounidense era instaurar una cultura política afín a los valores norteame-
Leonardo Astorga Sánchez • Guerra y Propaganda. La gura de Sandino en carteles propagandísticos... 1717
ricanos. Por el contrario, el discurso sandinista articuló un nacionalismo profunda-
mente moral, en el que la lucha contra el imperialismo adquiría un sentido espiritual
y redentor. Los mensajes sandinistas mezclaron elementos políticos, religiosos y
simbólicos, con el objetivo de fortalecer la unidad del pueblo frente al invasor y
dotar de trascendencia moral a la causa revolucionaria. En ambos casos, la propa-
ganda no solo buscaba informar o persuadir, sino modelar subjetividades, emociones
y percepciones colectivas.
Otro aspecto relevante es el papel de la monstricación o deshumanización del
adversario. Tanto los marines como los sandinistas recurrieron a esa estrategia donde
el enemigo era presentado como una amenaza moral y física. Mientras los estadouni-
denses describían a los rebeldes como bandoleros y cobardes, los sandinistas repre-
sentaban a los marines y a la Guardia Nacional como bestias, asesinos o demonios
desprovistos de humanidad. Este tipo de discurso cumplió una función de legitimación
de la violencia, al crear una frontera simbólica entre “nosotros”, los patriotas, y “ellos”,
los monstruos. Así, la propaganda no solo sirvió para difundir ideas, sino también para
justicar la guerra y desatar una lógica de enfrentamiento absoluto.
La gura de Sandino emerge como un símbolo complejo y polifacético. Su
imagen fue moldeada simultáneamente por sus seguidores, que lo elevaron al rango
de héroe y mártir nacional, y por sus enemigos, que lo presentaron como un caudillo
peligroso. No obstante, más allá de las representaciones antagónicas, el estudio
demuestra que su gura condensó las tensiones ideológicas, políticas y culturales
del período: el conicto entre el antimperialismo y la injerencia extranjera; entre
el nacionalismo popular y las élites aliadas con Estados Unidos; entre la tradición
de los caudillos y la emergencia de un Estado moderno centralizado bajo el control
militar. En ese sentido, Sandino fue tanto producto como símbolo de su tiempo.
Finalmente, la propaganda operó como un espacio de construcción de sentido,
a través del cual se denieron identidades colectivas, se delimitaron enemigos y se
imaginaron futuros posibles para Nicaragua. En suma, la propaganda se revela como
un instrumento esencial para entender la dimensión simbólica de la lucha por la
soberanía y la manera en que los nicaragüenses, en el campo de batalla y en el de las
ideas, disputaron el signicado mismo de la patria.
NOTAS
1 Esta página web corresponde a un esfuerzo académico por parte de Dr. Michael J. Schroeder,
quien se encargó de reunir una gran cantidad de fuentes documentales sobre un periodo signi-
cativo de la historia nicaragüense: la intervención y ocupación del país por parte del Cuerpo de
Infantes de Marina de los Estados Unidos y la lucha de Sandino. Actualmente, el sitio cuenta con
aproximadamente 4855 archivos, que comprenden más de 12 000 páginas de texto e imágenes.
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