Experiencias de vida en el asentamiento informal Martina Bustos de Liberia, Guanacaste (1940-2020)
Life Experiences in the Informal Settlement of Martina Bustos in Liberia, Guanacaste (1940-2020)

 

Irene María Baltodano-Rodríguez

Escuela de Historia, Egresada

Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica

ire.balto@gmail.com  

https://orcid.org/0009-0001-3041-3776

 

Fecha de recepción:  14 de mayo del 2024

Fecha de aceptación: 26 de febrero del 2025

                                                                                                        

Cómo citar:

Baltodano-Rodríguez, Irene María. 2026. Experiencias de vida en el asentamiento informal Martina Bustos de Liberia, Guanacaste (1940-2020). Revista Reflexiones. 105 (1). DOI 10.15517/rr.v105i1.59909

 

Resumen

 

Introducción: Este artículo analiza las experiencias de vida de las personas habitantes del asentamiento informal de Martina Bustos, en Liberia, Guanacaste. Se investigan su infancia, contexto familiar y situación actual en términos de educación, empleo y economía, así como las dinámicas diarias en una comunidad con acceso limitado a servicios básicos.

Objetivo: Visibilizar las vivencias comunitarias y personales de quienes residen en el asentamiento informal de Martina Bustos, considerando las condiciones sociales y estructurales en torno a derechos básicos entre 1940 y 2020.

Metodología y técnica: Se aplicaron 12 entrevistas semiestructuradas con cinco hombres y siete mujeres, cuyas edades oscilan entre 26 y 83 años. Las entrevistas fueron grabadas, transcritas literalmente y sometidas a análisis de contenido. Para proteger a las personas participantes, se garantizaron la confidencialidad y el anonimato mediante acuerdos firmados que explicaban los objetivos del estudio y sus derechos.

Resultados: Las personas habitantes del asentamiento provienen de entornos marcados por la pobreza, lo que se refleja en su situación actual respecto a educación, economía y acceso a servicios básicos. Las organizaciones comunitarias emergen como actores fundamentales para mitigar estas desigualdades.

Palabras clave: Asentamiento informal, Derechos humanos, Desigualdad social, Marginalidad, Población rural.

 

Abstract

 

Introduction: This article examines the life experiences of the inhabitants of the informal settlement of Martina Bustos in Liberia, Guanacaste. It explores their childhood, family background, and current circumstances in terms of education, employment, and economy, as well as their daily dynamics in a community with limited access to basic services.

Objective: To highlight the communal and personal experiences of the inhabitants of the Martina Bustos informal settlement, considering social and structural conditions regarding basic rights from 1940 to 2020.

Method and technique: Twelve semi-structured interviews were conducted with five men and seven women aged 26 to 83. The interviews were recorded, transcribed verbatim, and analyzed for content. Confidentiality and anonymity were ensured through signed agreements detailing the study’s objectives and participants' rights.

Results: Residents of the Martina Bustos informal settlement face challenges stemming from impoverished backgrounds, reflected in limited education, economic instability, and restricted access to basic services. Community organizations play a crucial role in mitigating these inequalities.

Keywords: Informal settlement, Human rights, Social inequality, Marginalization, Rural population.

 

 

Introducción

 

La informalidad habitacional debe entenderse como una manifestación interconectada con procesos estructurales que perpetúan patrones de exclusión social. En este contexto, la pobreza rural desempeña un papel clave, ya que las limitaciones económicas y la falta de oportunidades en las zonas rurales generan desplazamientos hacia entornos urbanos y periurbanos, donde las familias se ven obligadas a recurrir a soluciones habitacionales informales como una alternativa frente a la precariedad. Según el World Cities Report 2022, se estima que, en los próximos 30 años, dos mil millones de personas podrían vivir en asentamientos informales, lo que equivale a aproximadamente 183,000 personas por día (UN-Hábitat 2022).

A nivel nacional, al adentrarse en el estudio de los asentamientos informales, se observa que las investigaciones se centran en caracterizar espacialmente las comunidades y socialmente a las personas que residen en estos espacios, utilizando principalmente metodologías basadas en fuentes cuantitativas, como los censos. Por ejemplo, Mora (2014) empleó datos del censo 2011 y cartografía digital para destacar la vulnerabilidad de estos hogares, mientras que Molina (2013) analizó la segregación habitacional en la Gran Área Metropolitana entre 1984 y 2000, identificando áreas periféricas con bajos niveles educativos pero menor segregación. Además, Espinoza (2013), en colaboración con el Programa del Estado de la Nación, investigó el acceso a la vivienda para las clases media y baja, evaluando el impacto de las instituciones públicas y las posibles mejoras.

En contraste, los enfoques cualitativos suelen ser más de enfoque urbanísticos y arquitectónicos[1], con pocos estudios que adopten una perspectiva histórica o exploren las experiencias de las personas residentes. Por ejemplo, Murillo-Víquez y Ramírez-González (2020) se enfocaron en los asentamientos informales de Cartago desde una perspectiva urbanística, mientras que De la Espriella (2007) analizó los proyectos de Vivienda de Interés Social (VIS) en Liberia, relacionándolos con la distribución territorial de la pobreza.
            Esta investigación se centra en el asentamiento de Martina Bustos, ubicado en Liberia, Guanacaste, cuyos orígenes se remontan a la década de 1980, cuando la pareja Muñoz Fonseca cedió verbalmente terrenos a familias. El estudio busca profundizar en los aspectos humanos de sus habitantes a través de entrevistas, utilizando un enfoque integral para abordar el fenómeno de los asentamientos informales en las zonas periféricas del país, con el objetivo de avanzar en la comprensión de las causas y consecuencias de estas problemáticas (Figura 1).

Figura 1. Ubicación de la comunidad de Martina Bustos, Liberia, Costa Rica, basada en imágenes satelitales de Google Maps. La figura muestra la distancia al Parque Central de Liberia y la calle principal de la comunidad.

Fuente: Adaptación de Google Maps. Fundación Ayuda en Acción y UNA 2014. Elaboración propia.

 

El estudio busca profundizar en los aspectos humanos de sus habitantes a través de entrevistas, utilizando un enfoque integral para abordar el fenómeno de los asentamientos informales en las zonas periféricas del país, con el objetivo de avanzar en la comprensión de las causas y consecuencias de estas problemáticas. Este trabajo también está inspirado, en parte, en la experiencia en voluntariado de la persona autora en esta comunidad, colaborando por cuatro años con una ONG que desarrolla proyectos de mejora comunitaria. Esta experiencia permitió observar de cerca las dinámicas sociales y económicas de Martina Bustos, y proporcionó una comprensión más profunda del contexto local. Desde una perspectiva ética, el análisis presentado no sólo busca describir las condiciones presentes, sino también contribuir a un entendimiento más amplio que pueda informar para políticas públicas y estrategias comunitarias.

En esta investigación, para resguardar la privacidad de las personas participantes, se garantizó la confidencialidad de sus datos mediante el uso de nombres ficticios, la modificación de lugares de trabajo, direcciones y otras características identificables, así como la firma de un acuerdo de confidencialidad. Dicho acuerdo especificaba los objetivos del estudio y el uso previsto de la información proporcionada. Además, se prometió a los entrevistados entregarles los resultados del estudio y publicarlos como parte de un esfuerzo por visibilizar sus historias y las problemáticas de su comunidad.

 

Niñez en la ruralidad (1939-1995): Contexto familiar, económico y sociocultural de los núcleos familiares de la infancia de las personas vecinas de la comunidad de Martina Bustos, Liberia, Guanacaste.

Entre los hallazgos de la investigación es que una buena parte de estas personas no proviene de una familia nuclear biparental tradicional, es decir, aquella en la que conviven ambos padres y hermanos bajo un mismo techo, sino que pertenecen a estructuras familiares de carácter diverso y más complejo, como se muestra en la Tabla 1.

 

Tabla 1. Características generales de las familias nucleares de las personas entrevistadas durante su infancia (1939-2008)

Nombre

Lugar de crianza

Número de miembros en su núcleo familiar

Personas que integraron su núcleo familiar

¿Sus padres se separaron?

Josué

Puntarenas

13

Padre, madre, hermanos y hermanas

No, pero su padre muere

Harold

Guanacaste

8

Padre, madre, hermanos y hermanas

No

Pablo*

Managua/Puntarenas

11

Padre, madre, hermanos y hermanas

No, pero él huye de la casa

Esteban

Managua

10

Madre, abuela, abuelo, hermanos y hermanas

N/A

David**

Guanacaste/Puntarenas

3

Persona encargada y pareja de persona encargada

N/A

Marcela

San Juan del Sur/Rivas

12

Madre, padrastro, abuela, pareja de la abuela hermanos y hermanas

Raquel

León

8

Madre, padre, hermanos y hermanas

Rebeca

Managua/León

5

Abuela, padre, tío y prima

, desde su nacimiento

Susana

Guanacaste

22

Padre, madre, abuela, abuelo, hermanos y hermanas

No

Sara

Rivas

4

Padrastro, madre y hermanas

Valeria

Heredia

3

Padre y madre

Sí, pero ella ya era adulta joven cuando esto pasó

Daniela

Guanacaste

7

Padre, madre y hermanas

Sí, pero ella ya era adulta joven cuando esto pasó

*Se analiza su familia biológica.       

**Se analiza su familia de acogida

Fuente: elaboración propia, a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del asentamiento informal Martina Bustos.

 

En términos generales, la composición familiar se puede dividir en tres grupos. En primer lugar, se hallan familias nucleares con padre y madre. El segundo, lo constituye el caso de una persona ajena a la familia consanguínea, en otras palabras, un hogar de acogida. En tercer lugar, familias en las cuales las personas entrevistadas fueron criadas por abuelos, abuelas, tíos, tías o un solo progenitor o progenitora.

A continuación, se presentan casos representativos de las tres estructuras familiares identificadas. El primer grupo corresponde a personas entrevistadas que durante su niñez formaron parte de familias nucleares, pero que en la adolescencia enfrentaron transformaciones significativas en su dinámica y situación económica. Por ejemplo, Susana y Harold relataron haber vivido en una finca donde sus padres trabajaban como administradores, actividad que les permitía subsistir de lo cultivado y cubrir algunos gastos, hasta que posteriormente se convirtieron en asalariados en Liberia. De manera similar, Valeria y Daniela vivieron la separación de sus padres durante la adolescencia (a los 15 y 16 años, respectivamente), lo que afectó sus respectivas economías familiares.

En el segundo grupo, se encuentran situaciones donde las personas entrevistadas huyeron de sus familias y se establecieron con otras personas adultas, quienes fueron las que se encargaron de velar por su cuido. Tal es el caso de Pablo y David, que dejaron a sus familias a una corta edad, nueve y doce años, respectivamente. En ambos casos, abandonaron sus núcleos por problemas familiares, lo que ellos denominaron «malentendidos» y «castigos severos», sin dar mayores detalles al respecto. Ellos siendo unos niños, se movilizaron solos y recorrieron grandes distancias, más tarde tuvieron que buscar trabajos para poder mantenerse, antes de poder encontrar una familia que los recibiera. Pablo, para inicios de la década de los ochenta, con doce años salió de Managua para Costa Rica, y una vez en el país, empezó a trabajar en una lechería. Específicamente, refiere que «El señor dueño de Quebrada de Agua (finca localizada en Liberia), don Octavio, no sé qué vio en mí y me dijo “... de hoy en adelante se va a levantar a las 3:00 a.m. a aventar el ganado para la lechería”. Ahí dilaté (me quedé) como dos años. Más tarde pasaba un señor de Puntarenas … y él me decía: “eh, Pablo, ¿usted qué hace acá? Usted es un niño, usted está perdiendo todo…prepárese que yo me lo llevo … el otro jueves vengo por usted”. Y yo me fui» (Pablo, Entrevistas, 4 de junio de 2022).

En el relato queda en evidencia cómo la composición familiar de Pablo dio un cambio abrupto, pues pasó de vivir con sus papás en Nicaragua para terminar en Puntarenas, con un señor que era desconocido para él, dado que apenas lo conoció unos meses atrás. Por su parte, David, durante este proceso de separación de su familia nuclear, vivió muchos cambios en cuanto a materia laboral y educación, situación que perjudicó su necesidad básica de cuidado.

En relación con el tercer grupo, se trató de familias en las que las personas entrevistadas crecieron bajo el cuidado de abuelos, abuelas, tíos, tías o un único progenitor. Esta categoría incluye a la mayoría de las personas entrevistadas, con un total de seis. Siendo Rebeca una de ellas, Rebeca menciona que fue un cambio muy grande cuando sus padres se separaron, ya que por la ruptura se mudaron de Managua a León, ella explica que: «Otra vida, ahí fue diferente, ahí fue más dura la vida … nos llevaban al tejar a hacer ladrillos, a cargar hornos y a descargar hornos. Mi hermano, como era el mayorcito, picaba tierra y quebraba con un palo los terrones… Sí íbamos a la escuela, pero cuando vivíamos en Managua… (cuando se mudaron a León) pues, rara vez, tal vez unos dos años estudiamos más, y ahí no, no seguimos...» (Rebeca, entrevista, 20 de julio de 2022).

La infancia de Rebeca, al igual que la de las demás personas entrevistadas provenientes de Nicaragua, se vieron afectadas también por la situación política de ese país. Soto (2020, 49) explica que, durante las décadas de los setenta y ochenta, la región experimentó inestabilidad y fragmentación generalizadas, marcadas por la dictadura de Somoza y la persistente pobreza rural. La migración hacia áreas urbanas o regiones con empleo temporal también pudo haber contribuido a la desestructuración familiar, situación que se refleja en la experimentaron varias personas entrevistadas. En este contexto histórico, Barahona (2006) explica que los hogares rurales en Nicaragua han experimentado transformaciones, como el aumento de hogares extensos y compuestos en comparación con los nucleares. Estas estructuras se desarrollan como una respuesta a las condiciones económicas y sociales, ya que la pobreza afecta más intensamente a los hogares rurales numerosos y con dependientes, haciéndolos especialmente vulnerables.

Asimismo, en Costa Rica se observan transformaciones en la estructura familiar. Rodríguez (2003, 28) señala que, aunque los hogares conyugales seguían siendo predominantes entre 1973 y 1984, ya estaban experimentando cambios significativos. Este fenómeno puede atribuirse, en parte, al incremento en la tasa de divorcios, el cual se volvió más frecuente, debido a los cambios en las dinámicas de género y la disminución de la influencia de la Iglesia Católica en la sociedad.

En relación con la educación formal de quienes estuvieron a cargo del cuidado de las personas entrevistadas, se observa que el acceso a la educación fue considerablemente limitado. La mayoría no recordaba con precisión el nivel educativo alcanzado por sus cuidadores; en cambio, lo que más destacaron fue si tenían habilidades de lectura y escritura. Sin embargo, una excepción fue el caso del padre de Esteban, quien ejercía como arquitecto. Empero, Esteban tenía poco contacto con él, ya que vivía en el campo con su madre, su abuelo, abuela y sus hermanos y hermanas, mientras su padre residía en la ciudad. A pesar de esta separación geográfica, sus padres permanecían juntos.

Con el aspecto laboral de las madres, padres y otras personas cuidadoras, se considera adecuado para esta investigación clasificarlas según el tipo de trabajo, para lo cual surgen dos grandes grupos: las personas asalariadas y las no asalariadas (Ver Tabla 2).

 

Tabla 2. Tipo de ingreso y percepción económica durante la infancia de las personas entrevistadas (1939-2004).

Nombre

Tipo de ingreso familiar

Percepción sobre su nivel económico

Josué

Asalario

Medio

Harold

Asalario

Medio

Pablo

No asalariado

Medio/Alto

Esteban

No asalariado

Medio/Alto

David

N/A

Bajo

Marcela

No asalariado

Bajo

Raquel

No asalariado

Bajo

Rebeca

No asalariado

Medio/Bajo

Susana

Asalario

Media

Sara

Asalario

Bajo

Valeria

Asalario

Medio

Daniela

No asalariado

Muy bajo

Fuente: Elaboración propia, a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del asentamiento informal Martina Bustos.

 

Las personas con hogares asalariados representan el grupo más pequeño. Este grupo realiza labores diversas que incluyen la administración de fincas y la operación de maquinaria pesada. Estas actividades suelen estar asociadas a niveles salariales bajos y no siempre requieren una formación técnica avanzada. Algunos trabajadores agrícolas de este grupo poseen tierras propias, mientras que otros cultivan alimentos en las fincas donde laboran, ambos casos destinados principalmente al autoconsumo, lo que contribuye a su sostenibilidad económica.

Un aspecto relevante es el rol que desempeñaron las mujeres en las dinámicas familiares de las personas entrevistadas durante su niñez. Muchas de estas madres laboraban en las fincas como cocineras y participaban de la labor de cosecha, otras, por su parte, tuvieron oficios de empleadas domésticas, vendedoras ambulantes, entre otros. A su vez, queda en evidencia, el recargo de funciones y responsabilidades que sufrieron las madres, debido a las diferencias salariales y la división sexual del trabajo, que da como consecuencia una doble jornada laboral (el hogar y otra fuera). En ese sentido, Pablo menciona el papel que jugaba su mamá en los negocios familiares cuando él era pequeño, es decir, a finales de la década de los setenta, e inicios de los ochenta, cuando él vivía en Managua.

Al respecto refiere: «mi mamá era la cabeza principal y mi mamá era la que hacía números… mi mamá se dedicó a ser el cerebro y mi papá a ejecutar la obra. Cuando mi papá decía: “¿te parece tal cosa? ¿Veo este negocio, veo que voy a perder?” y mi mamá le decía: “adelante”» (Pablo, Entrevista, 4 de junio de 2022). En el caso específico de Pablo, cuando este vivía con sus papás, donde la figura del padre y la madre convivían en un mismo hogar, la mujer no solo tomó un rol participativo en la economía familiar, sino que fue más allá y asumió el papel de jefa de hogar de un hogar nuclear.

En resumen, la mayoría de las personas entrevistadas vivieron su infancia en zonas rurales, con excepción de Valeria, originaria de una zona urbana en Heredia. Así mismo, la composición y estructura familiar, en su mayoría caracterizadas por la ausencia de una configuración biparental, presentaron similitudes independientemente de su país de origen. Además, la inestabilidad familiar, los bajos ingresos económicos y la precariedad laboral de sus cuidadores llevaron a muchas personas a trabajar desde temprana edad para contribuir al sustento del hogar, lo que impactó negativamente su educación formal.

Estas infancias descritas de las personas vecinas de Martina Bustos permiten entender un poco mejor sus trayectorias migratorias, educativas, laborales y habitacionales de las personas entrevistadas.  Aspectos que serán analizados con mayor detalle en los siguientes apartados.

 

Realidades migratorias y brechas educativas: un análisis socioeducativo de las personas residentes de la comunidad de Martina Bustos.

Para comprender a profundidad las dinámicas sociales y económicas que caracterizan la comunidad de Martina Bustos, resulta esencial analizar las condiciones migratorias, los niveles educativos y los factores que han influido en el acceso a la educación de sus residentes. Este apartado se enfoca en examinar el acceso y nivel de educación presentes entre las personas que fueron entrevistadas.               
               
La población residente de Martina Bustos tiene alta presencia de migrantes nicaragüenses (Fundación Ayuda en Acción y Universidad Nacional de Costa Rica, 2012). La alta presencia de esta población migrante no puede comprenderse sin examinar los factores históricos y estructurales que han impulsado los flujos migratorios entre Nicaragua y Costa Rica. Ahmer (1984, 104) explica que previo a la Revolución Sandinista, Nicaragua vivía en condiciones de pobreza y desigualdad social que obligaron a muchos hogares a buscar mejores oportunidades en otros lugares. La crisis económica y política generada por el régimen de Anastasio Somoza y posteriormente el conflicto civil de la Revolución Sandinista impulsaron la migración hacia Costa Rica, donde las personas migrantes buscaban seguridad y empleo en un entorno más estable.

Por otro lado, durante los años cuarenta, Costa Rica implementó importantes reformas sociales, como la fundación de la Universidad de Costa Rica en 1940, la creación de la Caja Costarricense de Seguro Social en 1941 y la aprobación del Código de Trabajo en 1943, junto con la incorporación de Garantías Sociales en la Constitución Política (Molina y Palmer 2017, 102-103). Estas medidas consolidaron un modelo de bienestar social que hizo del país un destino atractivo para migrantes centroamericanos.         

Específicamente para este trabajo, la mitad de las personas entrevistadas son migrantes nicaragüenses, como se observa en la Tabla 3, es relevante considerar también las condiciones educativas en Nicaragua durante el mismo periodo, ya que las trayectorias educativas de estas personas han estado marcadas por su contexto de origen. Nicaragua sufría de grandes dificultades para educar a la población, para el año de 1979, con la toma del poder por parte de la Revolución Sandinista, el nuevo gobierno tuvo como prioridad urgente la erradicación del analfabetismo con la creación de la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización (López, 2020). En este contexto, la población rural enfrentaba aún mayores limitaciones: en promedio, las personas rurales alcanzaban una escolaridad de 3.4 años, significativamente menor que los 7 años en áreas urbanas. Además, el 37% de los adultos rurales eran analfabetos, en comparación con el 14.5% en las zonas urbanas (CIASES 2008, 4).

Por otro lado, en Costa Rica, las regiones rurales han presentado y siguen presentando rezago en comparación a las urbanas. En Costa Rica, según los datos disponibles, las áreas rurales muestran índices más altos de analfabetismo y deserción escolar en comparación con las zonas urbanas (Internacional de la Educación para América Latina 2015, 25).

Estas realidades educativas influyeron directamente en las experiencias de las personas residentes de Martina Bustos. Dentro de la categoría de personas con primaria incompleta, se detectó que cinco de ellas residieron durante sus años escolares en Costa Rica y tres en Nicaragua. Además, se encontró que cinco de estas personas tuvieron que emigrar de su zona de origen durante su niñez. El desplazamiento descrito ocurrió tanto por la separación de progenitores como por la búsqueda de oportunidades laborales. En ambos casos, la precariedad económica y la falta de escuelas cercanas obligaron a las personas menores de edad a trabajar, afectando su acceso a la educación.

En cuanto a las tres personas restantes dentro del grupo de primaria incompleta, se observó que cada uno dejó la escuela por razones distintas. Uno de ellos es Josué, originario de Matapalo de Puntarenas y el mayor del grupo de las personas entrevistadas. Comentó que dejó la escuela por la muerte de su padre, único sostén económico del hogar. Esto ocurrió cuando Josué tenía apenas nueve años, a principios de la década de los cincuenta, lo que lo obligó a empezar a trabajar desde muy joven. Específicamente dice: «sí, cuando él murió, yo quedé pequeño, nuevo, muchacho, pues muchachón, entonces me dediqué a una finca para andar allí trabajando. Un señor me dijo: «Mire, vengase para acá, yo le doy trabajito ahí» ...  me dio arreglar terneros a las dos de la mañana y a las tres había que andar para llevarlos a otro lugar, ya que tenían lechería.» (Pablo, entrevista, 4 de junio del 2022). Eso implicó que a los nueve años tuvo que dedicarse a realizar labores pesadas de campo, para poder ayudar a su familia.

También, se concluye que de las personas que fueron entrevistadas, específicamente, ocho tienen primaria incompleta, tres tienen secundaria incompleta y tan solo uno, obtuvo el título de bachillerato de secundaria. Según el informe del Estado de la Educación, en las áreas rurales la cobertura de secundaria apenas alcanzaba el 60% en el año 2002. Además, las escuelas rurales, aunque constituyen el 97% de las instituciones educativas, solo atienden al 8% de la matrícula total nacional, con 42,000 estudiantes aproximadamente (Ovares et al. 2007). Se puede afirmar que siguen existiendo brechas en el acceso y la calidad en la educación, lo que queda evidenciado con las personas entrevistadas costarricenses de nacimiento (Tabla 3).

 

Tabla 3. Personas entrevistadas según edad, nacionalidad, nivel educativo y condición migratoria (1939-2022).

Nombre

Edad

Nacionalidad

Nivel educativo

Condición migratoria

Josué

83

Costarricense

Primaria incompleta

N/A

Harold

82

Costarricense

Primaria incompleta

N/A

Pablo

52

Nicaragüense

Bachillerato

Regular

Esteban

47

Nicaragüense

Secundaria incompleta

Irregular

David

38

Costarricense

Primaria incompleta

N/A

Marcela

63

Nicaragüense

Primaria incompleta

Regular

Raquel

58

Nicaragüense

Primaria incompleta

Irregular

Rebeca

58

Nicaragüense

Primaria incompleta

Regular

Susana

52

Costarricense

Secundaria incompleta

N/A

Sara

47

Nicaragüense

Primaria incompleta

Irregular

Valeria

31

Costarricense

Primaria incompleta

N/A

Daniela

26

Costarricense

Secundaria incompleta

N/A

Fuente: Elaboración propia, a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del asentamiento informal Martina Bustos.

 

En resumen, no se observa una diferencia significativa entre el nivel de escolaridad de las personas entrevistadas y su país de origen. Sin embargo, los niveles educativos reflejan las brechas existentes entre las zonas rurales y urbanas. Estas limitaciones educativas han impactado directamente en las oportunidades laborales obtenidas y las posibles implicaciones para su nivel económico, como se analiza en el siguiente apartado.

 

Desigualdad de género y condiciones laborales: impacto del trabajo informal y las restricciones educativas en la economía familiar en la comunidad de Martina Bustos.

Este apartado analiza las condiciones y las experiencias laborales de las personas entrevistadas, destacando las diferencias según el género, así como las implicaciones económicas de estos trabajos en sus hogares.

Más específicamente, con el tema del trabajo (Tabla 4), hay una clara disparidad en las condiciones laborales, según el género. Se puede observar que las restricciones educativas previamente mencionadas influyeron también en las mujeres ya que la mayoría de ellas se dedican al trabajo doméstico o a labores informales, como la venta ambulante.

Rebeca, por ejemplo, vende alimentos frente al hospital de Liberia, mientras que Raquel hace y vende empanadas en su comunidad. Ambas son el principal sostén económico de sus familias, ya que sus esposos están incapacitados para trabajar y no cuentan con suficientes contribuciones para una pensión debido a que sus diferentes patronos no reportaron todas las cuotas a la Caja.

 

Tabla 4. Mujeres según condición laboral y de seguro médico (2022)

Nombre

Ocupación

Asegurado

Marcela

Ama de casa

No

Raquel

Vendedora ambulante

Rebeca

Vendedora ambulante

No

Susana

Ama de casa

Sara

Ama de casa

No

Valeria

Ama de casa

No

Daniela

Ama de casa

Fuente: Elaboración propia, a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del asentamiento informal Martina Bustos.

 

En el caso de las mujeres que se dedican a labores domésticas, todas habían trabajado previamente fuera de casa, aunque fuera por un corto período. La mayoría dejó sus empleos anteriores para enfocarse en las tareas del hogar tras unirse a sus parejas actuales, según relataron Marcela, Sara, Valeria y Daniela. En cuanto a las parejas de estas mujeres, que ahora se dedican a las labores domésticas, en su mayoría trabajan en el sector de la construcción para complejos turísticos y servicios relacionados con el turismo. Por ejemplo, el compañero de Valeria se desempeña como mesero en un restaurante en la zona de playas

En contraste, los hombres entrevistados presentan una variedad de ocupaciones, desde trabajos formales hasta labores ocasionales en la construcción y la soldadura (Tabla 5). Josué y Harold, los de mayor edad, son asalariados y pensionados tras haber trabajado en el sector público, mientras que otros, como Esteban y David, tienen empleos menos estables y sufren dificultades económicas y de salud.

 

Tabla 5. Hombres según condición laboral y de seguro médico (2022)

Nombre

Ocupación

Asegurado

Josué

Conductor de maquinaria

Harold

Policía

Pablo

Constructor

Esteban

Soldador

No

David

Constructor

No

Fuente: Elaboración propia, a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del asentamiento informal Martina Bustos.

 

En relación con los tres hombres que tienen trabajos menos formales: Pablo, con educación secundaria completa, está pensionado por invalidez, debido a un accidente laboral en una construcción; Esteban y David se autodenominan «chamberos», con trabajos ocasionales en soldadura y construcción, respectivamente. David enfrenta dificultades de salud, debido a problemas en los riñones. Durante la entrevista, David mencionó: «... yo era técnico en las antenas y arreglaba todo eso, pero ya no… ahora he estado hasta chatarreando[2], no me avergüenzo… Para sacar ¢10000 tengo que hacer 100 kilos. A veces me salen trabajos de construcción, porque soy operario de construcción … son ocasionales y duran de tres a cuatro días hasta una semana, es decir, no pasa de un mes» (David, Entrevista, 25 de junio del 2022). David explica que tienen que ayudarse con la beca que reciben sus hijos, y ese ingreso, más la pensión de él, es para pagar la comida y la electricidad, los únicos gastos que dicen tener.

Según la Encuesta Nacional de Hogares del INEC (2021, 20), la línea de pobreza extrema se establece en ¢51 307 per cápita para la zona urbana y ¢42 871 para la zona rural en Costa Rica. De acuerdo con estos parámetros, la familia de David se encuentra por debajo de la línea de pobreza extrema, ya que sus ingresos mensuales combinados, provenientes de su situación de salud y las becas escolares recibidas por sus hijos, no son suficientes para cubrir las necesidades básicas de su núcleo familiar. Este hogar reporta uno de los ingresos más bajos entre las personas entrevistadas (Tabla 6).

Esta situación refleja un fenómeno más amplio en muchas regiones de Costa Rica, como se observa en la investigación de Vargas y Viales (2021), quienes señalan que las estrategias para impulsar la economía a nivel nacional se centraron en las zonas urbanas, dejando rezagadas otras regiones del país, como Guanacaste, donde el turismo se convirtió en el principal motor económico. Los investigadores también explican que la transición económica en la región, que pasó de una economía agrícola a una centrada en el sector secundario y terciario, con el desarrollo de proyectos inmobiliarios y el aumento de trabajos en la industria hotelera, ha acentuado la falta de oportunidades laborales formales en áreas rurales. Esta escasez de empleo estable contribuye a la dependencia de muchos de los hogares entrevistados hacia los trabajos informales y ayudas sociales.

En lo que respecta al dinero percibido por el resto personas participantes, resulta más complicado calcular el promedio de ingresos mensuales para aquellas personas que se dedican a las ventas ambulantes o realizan trabajos informales. Dadas las características de estas actividades, los ingresos suelen variar considerablemente. Además, proporcionaron escasa información sobre sus finanzas. Sin embargo, se lograron obtener ciertas conclusiones como se observa en la Tabla 6.

 

Tabla 6. Personas entrevistadas, según los ingresos mensuales de su núcleo familiar (2022)

Nombre

Cantidad al mes*

Cantidad de personas en su núcleo familiar

Josué

Ingreso básico

2

Harold

Ingreso básico

2

Pablo*

Por debajo de la línea de pobreza

2

Esteban

N/A

5

David

Por debajo de la línea de pobreza extrema

4

Marcela*

Por debajo de la línea de pobreza

5

Raquel

N/A

3

Rebeca

N/A

2

Susana*

Por debajo de la línea de pobreza

2

Sara

N/A

5

Valeria

Ingreso básico

4

Daniela

Ingreso básico

4

*Datos no aportados por la persona entrevistada, cálculo aproximado.       

Fuente: Elaboración propia, a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del asentamiento informal Martina Bustos.

 

Por ejemplo, Esteban y Sara, una pareja entrevistada, mencionan que los ingresos fijos mensuales que reciben provienen de ayudas del gobierno destinadas a cubrir los gastos escolares de sus hijos. Durante la entrevista, Esteban explicó que esta ayuda es fundamental para su familia, pero su situación financiera es inestable debido a que carece de un salario fijo, ya que trabaja de manera esporádicamente como «chambero». Debido a esto, sus ingresos pueden variar significativamente de un día a otro, ya que algunas veces logra ganar un monto modesto y en otras ocasiones no tiene ingresos, según lo que mencionó.
            En relación con la categoría de ingreso básico suficiente, esta se refiere a familias cuyos ingresos son equivalentes al salario mínimo para ocupaciones no calificadas. En el caso de Daniela, quien no proporcionó detalles específicos sobre los ingresos de su hogar, comentó que su esposo trabaja como peón de construcción y que no reciben ayudas adicionales del gobierno. Ella misma menciona que esta situación representa importantes desafíos para mantener a dos adultos y dos niñas pequeñas
[3]. Valeria, por su parte, menciona que su esposo trabaja como mesero y que sus hijas reciben la beca Avancemos por parte del Estado. Sumando ambas fuentes de ingresos, su familia logra cubrir algunos gastos básicos, aunque también explica que sus ingresos son limitados y pueden variar dependiendo de las propinas que su esposo ocasionalmente recibe.                                                                                                  Por otro lado, Susana que es ama de casa, indicó que recibe una pequeña ayuda de una fundación llamada Unbound, combinada con una beca para su hija y una pensión menor proveniente del padre de la niña. Aunque sus hijos mayores la apoyan económicamente para cubrir algunos servicios básicos como el cable, sus ingresos mensuales siguen siendo insuficientes para satisfacer todas las necesidades familiares.           
            Según los datos recopilados y analizados, David y Marcela se encuentran por debajo de la línea de pobreza extrema. En cuanto a Daniela, Valeria, Susana y Pablo, sus ingresos los sitúan en la categoría de pobreza, pero no se cuenta con suficiente información para determinar la situación económica de Rebeca, Raquel, Sara y Esteban. Por otro lado, Josué y Harold son los únicos cuya situación económica parece estar por encima de la línea de pobreza, de acuerdo con los parámetros de ingreso per cápita y el costo de la canasta básica alimentaria. Es importante señalar que esta métrica no considera otros aspectos esenciales para el desarrollo humano, como el acceso a agua potable, electricidad y viviendas dignas. En muchos hogares, las becas escolares de los hijos e hijas representan un apoyo crucial para complementar los ingresos familiares.           

En resumen, las condiciones laborales muestran diferencias según el género. Las mujeres participan en trabajos informales, como el doméstico no remunerado, mientras que los hombres se desempeñan en actividades agrícolas, de construcción y, en algunos casos, en empleos formales. La mayoría trabaja en ocupaciones de baja especialización y alta informalidad, predominando los sectores de servicios domésticos, agricultura y construcción, con una división de tareas donde las mujeres se concentran en el ámbito doméstico y los hombres en actividades agrícolas y de construcción. Estas dinámicas están influenciadas por factores como el nivel educativo, las condiciones económicas y la situación migratoria, lo que también incide en el tipo de viviendas y las condiciones de vida de las familias, exploradas a continuación en el contexto de asentamientos informales.

 

Viviendo en Martina Bustos: Vivienda informal y estrategias de acceso a servicios básicos.

 Los procesos estructurales de desigualdad y segregación socioeconómica han llevado a la proliferación de asentamientos informales, como la comunidad de Martina Bustos. Castillo de Herrera (2009), explica que, en América Latina, las ciudades se han desarrollado a partir de migraciones no planificadas y han sido moldeadas por un sistema político y económico marcado por el capitalismo dependiente. Esto ha generado desigualdad y segregación socioeconómica y espacial, evidenciada en la proliferación de asentamientos precarios, la autoproducción de vivienda y el desigual desarrollo regional, así como en la concentración de recursos como tierra, capital, trabajo y ciencia.

En este contexto, la informalidad debe verse como un fenómeno que abarca aspectos sociales, económicos, políticos y culturales. A través de ella, la comunidad intenta resolver sus necesidades más urgentes mediante acciones que la sitúan fuera de los marcos normativos y legales establecidos por el sistema vigente. En el caso de la comunidad de Martina Bustos, en las entrevistas realizadas, muchas de las personas participantes mencionaron que eligieron vivir en dicho lugar para tener algo que estas personas puedan considerar como propio y evitar los altos costos de alquiler. Esta situación, sumada a las limitaciones económicas, ha llevado a estas personas a optar por vivir en un lugar donde la falta de recursos y un marco legal adecuado resultan en la ausencia de servicios básicos.

Según lo observado y lo compartido por las personas entrevistadas, existen algunas diferencias dentro de la misma comunidad informal en cuanto al acceso a servicios básicos como agua, electricidad, desecho de aguas negras y recolección de basura. En la Tabla 7 se detallan los diversos métodos empleados por las personas entrevistadas para poder acceder a los servicios básicos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tabla 7. Formas en que satisfacen sus necesidades básicas las personas entrevistadas de Martina Bustos (2022)

Nombre

Tipo de servicio sanitario

¿Comparten medidor?

Forma en que acceden al agua

Forma en que se deshacen de los desechos sólidos

Josué

Tanque séptico

No

Tubería informal

Quema

Harold

Hueco

No

Manguera y baldes

Quema

Pablo

Tanque séptico

No

Tubería informal

Lo va a dejar donde la hija

Esteban

Tanque séptico

Manguera y baldes

Quema

David

Hueco

Manguera y baldes

Quema

Marcela

Tanque séptico

Manguera y baldes

La tira a un lote baldío

Raquel

Hueco

Tubería informal

Quema

Rebeca

Tanque séptico

No

Tubería informal

Quema

Susana

Tanque séptico

No

Manguera y baldes

Quema

Sara

Tanque séptico

Manguera y baldes

Quema

Valeria

Tanque séptico

Manguera y baldes

La tira a un lote baldío

Daniela

Hueco

Tubería informal

Quema

Fuente: Elaboración propia, a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del asentamiento informal Martina Bustos.

 

Con respecto a la eliminación de excretas, las entrevistas revelaron que las personas residentes utilizan al menos dos métodos distintos. El más común es el uso de tanques sépticos, siendo esta la práctica predominante en Martina Bustos. Sin embargo, surge la interrogante sobre la calidad técnica de estas fosas sépticas y su capacidad para procesar adecuadamente las aguas residuales. En segundo lugar, se menciona el uso de pozos negros, también conocidos como «servicios de hueco», que pueden representar un riesgo higiénico para el hogar y la comunidad en general. En las entrevistas, no se mencionó el uso de sistemas de eliminación de aguas negras que condujeran a fuentes externas, como quebradas o propiedades adyacentes, ni la práctica de la defecación al aire libre, que se reporta en otros asentamientos.

En cuanto al servicio de electricidad, ninguna de las personas entrevistadas reportó problemas graves. Solicitar el servicio de electricidad solo requiere presentar la cédula de identidad o de residencia. En el caso de personas en situación migratoria irregular, suelen recurrir a un vecino con medidor para permitirles conectarse a su servicio. Esta práctica surge de los testimonios de las entrevistadas, quienes indicaron que, en tales circunstancias, la persona con el medidor establece el monto a pagar por el otro, aunque generalmente se divide la factura por la mitad. En la investigación se concluye que Ana es la que ha tenido más dificultades con este servicio. Su vecino, con quien compartía el medidor, tenía una pulpería con equipos de refrigeración de alto consumo energético, lo que resultaba en una factura considerable, ya que dividían los costos a la mitad. Además, Ana menciona que, durante gran parte de su infancia, su familia no tuvo acceso a electricidad, debido a dificultades económicas. En cuanto a las demás personas entrevistadas que comparten un medidor con un vecino, ninguno informó haber tenido problemas graves con el servicio, o con el vecino en sí. Sin embargo, expresaron el deseo de tener su propio medidor en el futuro.               
               
En cuanto a la acumulación de residuos sólidos en espacios no regulados, producto de la ausencia de planificación urbana formalizada, genera graves problemas de contaminación del suelo y del agua, afectando directamente la calidad de vida de las personas habitantes. Esta falta de políticas públicas adecuadas impide la implementación de programas efectivos para el manejo de desechos, lo que a su vez agrava la informalidad y perpetúa condiciones insalubres en estas comunidades (Castillo de Herrera 2009, 145).

Al no pasar el camión de basura obliga a gestionar la disposición de sus desechos de manera independiente. La práctica de quemar basura, común en estos entornos, puede generar riesgos para la salud, como enfermedades respiratorias y alergias, y causar impactos ambientales significativos, como la degradación de la capa de ozono. Además, es importante considerar que Liberia es una zona de alto riesgo por su clima seco, lo que aumenta la posibilidad de incendios si la quema no se controla adecuadamente.

Otra estrategia para gestionar los desechos sólidos es trasladarlos a otros lugares. Algunos optan por llevar la basura a propiedades de familiares o amigos ubicadas en áreas donde pasa el camión recolector. Otros la depositan en un hueco dentro de su propio terreno, en lotes baldíos cercanos o, en algunos casos, la arrojan a quebradas próximas. Esta problemática de la disposición de residuos sólidos, comúnmente conocida como basura, también contribuye a su acumulación en el barrio y crea diversos riesgos para la salud. Susana, en el momento de la entrevista comentaba: «No hay este servicio (recolección de basura) aquí, la mayoría de la gente lo que hace es quemar la basura o igual, no sé si vio qué fea que está en la calle, porque por todos lados hacen basurero acá y no se ha podido parar eso … si no se quema, la gente lo que hace es tirarla ahí, hacen basurero donde mejor le parezca».  (Susana, entrevista, 20 de julio del 2022).

Esta práctica de botar la basura en la calle conlleva un impacto ambiental y expone a las personas de la comunidad a importantes problemas de salubridad.

Para este estudio en particular, todas las personas entrevistadas se encuentran en condición de tugurio, debido a que casi todas las personas que conforman esta categoría tienen piso de tierra, paredes de zinc o de fibrocemento (con huecos y filtraciones) y una estructura de techo deficiente. La única excepción es el caso de Pablo, aunque es relevante mencionar, que, en el resto de la comunidad no consultada, se puede observar casas que tampoco entran en la categoría de tugurio, pero representan la minoría.

En cuanto al derecho al agua, la problemática principal que mencionan las personas entrevistadas es la del acceso al agua. La comunidad de Martina Bustos, al igual que la gran mayoría de los asentamientos informales del país, carecen del servicio de agua potable[4], debido a la falta de títulos de propiedad. El Instituto de Acueductos y Alcantarillados establece, entre varios requerimientos, que, para poder brindar el servicio de agua a una vivienda, la persona tiene que contar con título que lo acredite como dueño.

Las personas entrevistadas explican que la situación descrita motivó para que la Asociación de Desarrollo Comunal de Martina Bustos, iniciara años atrás la lucha por el acceso al agua.  El gobierno, ante tal requerimiento, se vio en la obligación de colocar en puntos estratégicos de la comunidad tubos comunales que tenían que compartir entre todas las familias.

Antes de que se instalarán las tomas de agua, las condiciones para acceder al agua a finales de la década de los ochenta eran limitadas, con grandes dificultades para su obtención. En ese sentido, Esteban, de las personas residentes más antiguas, relata que: «Bueno, la verdad era muy triste porque aquí hay una quebrada cerca... Entonces, de ahí íbamos a agarrar agua como para bañarnos, había charcos de agua limpia, entonces uno … agarraba agua de ahí y se bañaba.  Así todos los días, hasta que el pozo se secó, y para tomar sí había que ir como hasta el centro, ahí a Liberia a traer agua en una bicicleta, en una bicicleta con forma de alforjas … Y en el invierno, pues entonces sí aprovechamos a llenar todos los tanques con agua de lluvia» (Esteban, entrevista, 20 de junio del 2022).

Ahora bien, ¿qué son esos tubos comunales que se utilizan en la actualidad? Son tubos con un grifo localizados en la vía principal de la comunidad, en donde residentes de Martina Bustos pueden recolectar agua para sus hogares, la cual no tiene que pagar la comunidad. Se trata de varias pajas o fuentes para el abastecimiento de agua, y cada una de ellas posee aproximadamente cuatro llaves que resultan insuficientes para la demanda del servicio. Estas fuentes o pajas se encuentran localizadas aproximadamente cada 50 metros. Las limitaciones para disponer de tan valioso recurso, conlleva dos maneras de recolectar el agua por medio de los tubos comunales: una de ellas es por medio de baldes; la segunda, es conectar una manguera larga que comunica la toma de agua más cercana con sus respectivos hogares, así no tienen que ir a cargar agua todo el tiempo.

Sin embargo, las mangueras producen problemas entre las personas vecinas, debido a que no hay suficientes bocas o llaves para conectarlas. Más específicamente, debido a la poca oferta de tomas y a la gran demanda, contar con unas cuantas pajas hace que esta manera de gestionar el acceso al agua constituya un importante problema. Por tales razones, para tratar de atender tal situación la comunidad ideó establecer horarios de uso, con el fin de organizarse al precisar las horas para poder conectar la manguera. No obstante, tal programación no siempre se respeta, lo que produce altercados entre las personas residentes, sin mencionar el robo de mangueras, que se hace con el propósito de venderlas posteriormente.

Como resultado de los problemas de acceso al agua, algunas personas han intentado conectarse directamente mediante tuberías de plástico a la fuente de agua principal proporcionada por el AyA, lo que ha provocado un uso ineficiente del recurso y ha afectado el suministro. Esta situación se agrava por la falta de herramientas y conocimientos técnicos de quienes intentan conectarse, lo que resulta en un uso ineficiente del agua. Además, el AyA interrumpe el suministro, interrupción que en las entrevistas han mencionado que pueden durar hasta semanas, argumentando la falta de cuidado en el uso del recurso hídrico, lo que es especialmente preocupante, debido a las altas temperaturas en la zona y la escasez de agua en la provincia de Guanacaste, lo que aumenta el riesgo para la salud en general y, especialmente, para los problemas renales (Figura 2).

Figura 2. Distribución de agua potable en la comunidad de Martina Bustos. La fotografía muestra a habitantes de la comunidad recolectando agua suministrada por un camión cisterna debido a los cortes del servicio en los tubos comunales. El camión está estacionado justo enfrente de un tubo comunal que no es visible en la imagen, ya que queda cubierto por el vehículo.

Fuente: Fotografía tomada por Irene María Baltodano-Rodríguez, Martina Bustos, Liberia, Guanacaste, junio de 2022.

 

Davis (2006), explica que la falta de servicios básicos y saneamiento, son características comunes de los asentamientos informales en el mundo en desarrollo. Más específicamente, en Martina Bustos, estas carencias también son evidentes con respecto al acceso al agua, electricidad y manejo de residuos.

            La autogestión se identifica como una estrategia importante para la supervivencia en Martina Bustos. Las iniciativas comunitarias en Martina Bustos han facilitado el acceso a servicios básicos como el agua y la electricidad, pese a las limitaciones legales y económicas.[5] Esto pone de manifiesto una negociación social dentro de un sistema legal fragmentado, donde la comunidad busca asegurar su derecho a la ciudad mediante acciones colectivas.

 

 

Conclusiones

 

Con este trabajo se demuestra a través de las experiencias de vida de estas personas residentes de la comunidad de Martina Bustos, que la informalidad habitacional no puede entenderse como un fenómeno aislado, sino como el resultado de procesos estructurales que perpetúan patrones de exclusión social. Como señala Deckel (2020), la informalidad es un fenómeno que surge de constelaciones y procesos sistémicos identificables de carácter económico, político y cultural.                                                                                                                       
               
De esta manera, en este caso preciso, los bajos ingresos, la inestabilidad familiar y las limitaciones educativas experimentadas en la infancia que caracterizaron sus contextos rurales influyeron directamente en sus condiciones laborales, migratorias y habitacionales posteriores, perpetuando lo que se conoce como una trampa de la pobreza. En este ciclo, las desventajas iniciales en términos de recursos y oportunidades generan desigualdades que se transmiten entre generaciones y limitan la posibilidad de salir de estas condiciones. La falta de recursos y oportunidades en entornos rurales empujó a estas familias a buscar alternativas en asentamientos informales, donde enfrentan nuevas formas de vulnerabilidad, como el acceso limitado a servicios básicos y la falta de garantías legales. Estas condiciones, lejos de romper el ciclo, lo transforman, perpetuando la exclusión social y económica en diferentes contextos de vida.

La conexión entre ruralidad e informalidad habitacional permite comprender cómo las limitaciones en las zonas rurales impactan directamente en el aumento de la marginalidad no solo en entornos urbanos sino también en ciudades intermedias, como es el caso de Liberia donde se encuentra localizada la comunidad.

Con respecto a esto, resulta importante mencionar que, a diferencia del patrón predominante de migración rural-urbana asociado a los asentamientos informales, la experiencia migratoria de las personas entrevistadas refleja una dinámica de periferia a periferia. Este fenómeno se caracteriza por desplazamientos hacia regiones marginales o rurales que no constituyen grandes polos urbanos, como en el caso de Martina Bustos.[6] Carrión Mena y Enríquez Bermeo (2023) señalan que este tipo de migración no se limita al traslado hacia grandes ciudades, sino que también incluye movimientos hacia ciudades intermedias o zonas rurales que ofrecen empleo en sectores específicos.

Por otro lado, las condiciones laborales en la comunidad reflejan una marcada desigualdad de género, donde las mujeres suelen concentrarse en trabajos informales y precarios, como el trabajo doméstico no remunerado. En el contexto de una ciudad intermedia, estas dinámicas están estrechamente relacionadas con la exclusión histórica de las mujeres del espacio público y del ámbito laboral, derivada de un modelo urbano y social diseñado desde una perspectiva masculinizada (Cardozo Delgado y Torre Nicolini 2023).

Esta exclusión es particularmente evidente en el hecho de que el 90% de las mujeres rurales realizan tareas domésticas, mientras que solo el 49% de los hombres lo hacen (INAMU 2019, 23), perpetuando los roles tradicionales de género que limitan la participación femenina en la economía formal. Además, en estas regiones las mujeres se concentran en ocupaciones elementales (33%) y en servicios y comercio (31%), estos son sectores caracterizados por bajos ingresos y falta de seguridad social, en contraste con la mayor presencia masculina en actividades agrícolas y oficios calificados, que suelen ser mejor remunerados y más estables (INAMU 2019, 27).

Asimismo, la autogestión en Martina Bustos se destaca como una estrategia clave para la supervivencia, permitiendo a la comunidad acceder a servicios básicos como agua y electricidad a través de acciones colectivas, pese a las restricciones legales y económicas. Esto refleja, que más que una ausencia de normas, la informalidad habitacional implica un proceso complejo de negociación y adaptación en un sistema legal fragmentado, donde las interacciones sociales y acuerdos implícitos desempeñan un papel central.

Además, los resultados de este trabajo resaltan la necesidad de implementar políticas públicas que aborden las desigualdades estructurales detectadas. Estas incluyen la regularización de tierras para garantizar acceso a servicios básicos, programas educativos y de empleo que reduzcan la desigualdad de género, y apoyo a las iniciativas de autogestión comunitaria, reconociendo su papel central en la mejora de las condiciones de vida. Por esto, se subraya la necesidad de abordar estas desigualdades desde una perspectiva integral que combine acciones locales con estrategias regionales y nacionales, garantizando el derecho a la ciudad y mitigando la vulnerabilidad en comunidades marginadas.

 

 

 

 

 

Referencias

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[1]Existen también algunos estudios cualitativos que abordan el tema desde otros enfoques. Chacón y Freer (1999) analizan la transformación de asentamientos en barrios formales en Pavas, De Sárraga Montoya (2020) destaca la necesidad de vivienda y las invasiones de terrenos en Amelia 3, Goicoechea, y Szalachman (2008), junto con la CEPAL, examinan el déficit habitacional en Costa Rica y la evolución de sus políticas.

[2]Según lo conversado con David, «chatarrear» consiste en recolectar desechos, específicamente metales, para su posterior reciclaje o reutilización.

[3] El salario promedio para dicha ocupación es de un poco menos de ¢300 000 mensuales, según el Ministerio de Trabajo (2022).

[4]Según la encuesta realizada por Techo (2013), solo el 53,2% de los 394 asentamientos identificados reciben agua de una municipalidad o cooperativa, y el 40% enfrenta problemas de abastecimiento, sin importar la fuente de obtención.

[5]Respecto a esto Ziccardi (2020) analiza la autogestión como herramienta clave para transformar el tejido urbano en ciudades como São Paulo, Río de Janeiro, Ciudad de México, Guayaquil, Lima y Bogotá, destacando el rol de los movimientos y organizaciones como agentes de cambio y promotores de justicia social.

[6]De los 296 asentamientos informales identificados en Costa Rica, 146 están ubicados fuera del Valle Central (INEC 2013, 25).