Experiencias de vida en el asentamiento informal Martina Bustos de
Liberia, Guanacaste (1940-2020)
Life Experiences
in the Informal Settlement of Martina Bustos in Liberia, Guanacaste (1940-2020)
Irene María Baltodano-Rodríguez
Escuela de Historia,
Egresada
Universidad de
Costa Rica, San José, Costa Rica
https://orcid.org/0009-0001-3041-3776
Fecha de recepción: 14 de mayo
del 2024
Fecha de aceptación: 26 de febrero del 2025
Cómo citar:
Baltodano-Rodríguez,
Irene María. 2026. Experiencias
de vida en el asentamiento informal Martina Bustos de Liberia, Guanacaste (1940-2020).
Revista Reflexiones. 105 (1). DOI 10.15517/rr.v105i1.59909
Resumen
Introducción: Este
artículo analiza las experiencias de vida de las personas habitantes del asentamiento
informal de Martina Bustos, en Liberia, Guanacaste. Se investigan su infancia,
contexto familiar y situación actual en términos de educación, empleo y
economía, así como las dinámicas diarias en una comunidad con acceso limitado a
servicios básicos.
Objetivo:
Visibilizar las vivencias comunitarias y personales de quienes residen en el
asentamiento informal de Martina Bustos, considerando las condiciones sociales
y estructurales en torno a derechos básicos entre 1940 y 2020.
Metodología
y técnica: Se aplicaron 12 entrevistas semiestructuradas con cinco hombres
y siete mujeres, cuyas edades oscilan entre 26 y 83 años. Las entrevistas
fueron grabadas, transcritas literalmente y sometidas a análisis de contenido.
Para proteger a las personas participantes, se garantizaron la confidencialidad
y el anonimato mediante acuerdos firmados que explicaban los objetivos del
estudio y sus derechos.
Resultados: Las
personas habitantes del asentamiento provienen de entornos marcados por la
pobreza, lo que se refleja en su situación actual respecto a educación,
economía y acceso a servicios básicos. Las organizaciones comunitarias emergen
como actores fundamentales para mitigar estas desigualdades.
Palabras
clave: Asentamiento informal, Derechos humanos, Desigualdad social,
Marginalidad, Población rural.
Abstract
Introduction: This article examines the life
experiences of the inhabitants of the informal settlement of Martina Bustos in
Liberia, Guanacaste. It explores their childhood, family background, and
current circumstances in terms of education, employment, and economy, as well
as their daily dynamics in a community with limited access to basic services.
Objective: To highlight the communal and personal experiences of the
inhabitants of the Martina Bustos informal settlement, considering social and
structural conditions regarding basic rights from 1940 to 2020.
Method and technique: Twelve semi-structured interviews
were conducted with five men and seven women aged 26 to 83. The interviews were
recorded, transcribed verbatim, and analyzed for content. Confidentiality and
anonymity were ensured through signed agreements detailing the study’s
objectives and participants' rights.
Results: Residents of the Martina Bustos
informal settlement face challenges stemming from impoverished backgrounds,
reflected in limited education, economic instability, and restricted access to
basic services. Community organizations play a crucial role in mitigating these
inequalities.
Keywords: Informal settlement, Human rights, Social inequality, Marginalization, Rural population.
Introducción
La informalidad habitacional debe entenderse como una manifestación
interconectada con procesos estructurales que perpetúan patrones de exclusión
social. En este contexto, la pobreza rural desempeña un papel clave, ya que las
limitaciones económicas y la falta de oportunidades en las zonas rurales
generan desplazamientos hacia entornos urbanos y periurbanos, donde las
familias se ven obligadas a recurrir a soluciones habitacionales informales
como una alternativa frente a la precariedad. Según el World
Cities Report 2022, se
estima que, en los próximos 30 años, dos mil millones de personas podrían vivir
en asentamientos informales, lo que equivale a aproximadamente 183,000 personas
por día (UN-Hábitat 2022).
A nivel nacional, al adentrarse en el estudio de los asentamientos
informales, se observa que las investigaciones se centran en caracterizar
espacialmente las comunidades y socialmente a las personas que residen en estos
espacios, utilizando principalmente metodologías basadas en fuentes
cuantitativas, como los censos. Por ejemplo, Mora (2014) empleó datos del censo
2011 y cartografía digital para destacar la vulnerabilidad de estos hogares,
mientras que Molina (2013) analizó la segregación habitacional en la Gran Área
Metropolitana entre 1984 y 2000, identificando áreas periféricas con bajos
niveles educativos pero menor segregación. Además, Espinoza (2013), en
colaboración con el Programa del Estado de la Nación, investigó el acceso a la
vivienda para las clases media y baja, evaluando el impacto de las
instituciones públicas y las posibles mejoras.
En contraste, los enfoques cualitativos suelen ser más de enfoque
urbanísticos y arquitectónicos[1], con pocos
estudios que adopten una perspectiva histórica o exploren las experiencias de
las personas residentes. Por ejemplo, Murillo-Víquez y Ramírez-González (2020)
se enfocaron en los asentamientos informales de Cartago desde una perspectiva
urbanística, mientras que De la Espriella (2007) analizó los proyectos de
Vivienda de Interés Social (VIS) en Liberia, relacionándolos con la
distribución territorial de la pobreza.
Esta investigación se centra
en el asentamiento de Martina Bustos, ubicado en Liberia, Guanacaste, cuyos
orígenes se remontan a la década de 1980, cuando la pareja Muñoz Fonseca cedió
verbalmente terrenos a familias. El estudio busca profundizar en los aspectos
humanos de sus habitantes a través de entrevistas, utilizando un enfoque integral
para abordar el fenómeno de los asentamientos informales en las zonas
periféricas del país, con el objetivo de avanzar en la comprensión de las
causas y consecuencias de estas problemáticas (Figura 1).
Figura 1. Ubicación
de la comunidad de Martina Bustos, Liberia, Costa Rica, basada en imágenes
satelitales de Google Maps. La figura muestra la
distancia al Parque Central de Liberia y la calle principal de la comunidad.
Fuente: Adaptación
de Google Maps. Fundación Ayuda en Acción y UNA 2014.
Elaboración propia.
El estudio
busca profundizar en los aspectos humanos de sus habitantes a través de
entrevistas, utilizando un enfoque integral para abordar el fenómeno de los
asentamientos informales en las zonas periféricas del país, con el objetivo de
avanzar en la comprensión de las causas y consecuencias de estas problemáticas.
Este trabajo también está inspirado, en parte, en la experiencia en voluntariado
de la persona autora en esta comunidad, colaborando por cuatro años con una ONG
que desarrolla proyectos de mejora comunitaria. Esta experiencia permitió
observar de cerca las dinámicas sociales y económicas de Martina Bustos, y
proporcionó una comprensión más profunda del contexto local. Desde una
perspectiva ética, el análisis presentado no sólo busca describir las
condiciones presentes, sino también contribuir a un entendimiento más amplio
que pueda informar para políticas públicas y estrategias comunitarias.
En esta
investigación, para resguardar la privacidad de las personas participantes, se
garantizó la confidencialidad de sus datos mediante el uso de nombres
ficticios, la modificación de lugares de trabajo, direcciones y otras
características identificables, así como la firma de un acuerdo de
confidencialidad. Dicho acuerdo especificaba los objetivos del estudio y el uso
previsto de la información proporcionada. Además, se prometió a los
entrevistados entregarles los resultados del estudio y publicarlos como parte
de un esfuerzo por visibilizar sus historias y las problemáticas de su
comunidad.
Niñez en la
ruralidad (1939-1995): Contexto familiar, económico y sociocultural de los
núcleos familiares de la infancia de las personas vecinas de la comunidad de
Martina Bustos, Liberia, Guanacaste.
Entre los hallazgos de la
investigación es que una buena parte de estas personas no proviene de una
familia nuclear biparental tradicional, es decir, aquella en la que conviven
ambos padres y hermanos bajo un mismo techo, sino que pertenecen a estructuras
familiares de carácter diverso y más complejo, como se muestra en la Tabla 1.
Tabla 1. Características
generales de las familias nucleares de las personas entrevistadas durante su
infancia (1939-2008)
Lugar
de crianza |
Número de miembros en su núcleo familiar |
Personas que integraron su núcleo familiar |
¿Sus
padres se separaron? |
|
Josué |
Puntarenas |
13 |
Padre,
madre, hermanos y hermanas |
No,
pero su padre muere |
Harold |
Guanacaste |
8 |
Padre, madre, hermanos y hermanas |
No |
Pablo* |
Managua/Puntarenas |
11 |
Padre,
madre, hermanos y hermanas |
No,
pero él huye de la casa |
Esteban |
Managua |
10 |
Madre, abuela, abuelo, hermanos y hermanas |
N/A |
David** |
Guanacaste/Puntarenas |
3 |
Persona
encargada y pareja de persona encargada |
N/A |
Marcela |
San Juan del Sur/Rivas |
12 |
Madre, padrastro, abuela, pareja de la abuela
hermanos y hermanas |
Sí |
Raquel |
León |
8 |
Madre,
padre, hermanos y hermanas |
Sí |
Rebeca |
Managua/León |
5 |
Abuela, padre, tío y prima |
Sí, desde su nacimiento |
Susana |
Guanacaste |
22 |
Padre,
madre, abuela, abuelo, hermanos y hermanas |
No |
Sara |
Rivas |
4 |
Padrastro, madre y hermanas |
Sí |
Valeria |
Heredia |
3 |
Padre
y madre |
Sí,
pero ella ya era adulta joven cuando esto pasó |
Daniela |
Guanacaste |
7 |
Padre,
madre y hermanas |
Sí, pero ella ya era adulta joven cuando esto pasó |
*Se analiza su
familia biológica.
**Se analiza su
familia de acogida
Fuente: elaboración propia,
a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del
asentamiento informal Martina Bustos.
En términos
generales, la composición familiar se puede dividir en tres grupos. En primer
lugar, se hallan familias nucleares
con padre y madre. El segundo, lo constituye el caso de una persona ajena a la
familia consanguínea, en otras palabras, un hogar de acogida. En tercer lugar,
familias en las cuales las personas entrevistadas fueron criadas por abuelos,
abuelas, tíos, tías o un solo progenitor o progenitora.
A continuación,
se presentan casos representativos de las tres estructuras familiares
identificadas. El primer grupo corresponde a personas entrevistadas que durante
su niñez formaron parte de familias nucleares, pero que en la adolescencia
enfrentaron transformaciones significativas en su dinámica y situación
económica. Por ejemplo, Susana y Harold relataron haber vivido en una finca
donde sus padres trabajaban como administradores, actividad que les permitía
subsistir de lo cultivado y cubrir algunos gastos, hasta que posteriormente se
convirtieron en asalariados en Liberia. De manera similar, Valeria y Daniela
vivieron la separación de sus padres durante la adolescencia (a los 15 y 16
años, respectivamente), lo que afectó sus respectivas economías familiares.
En el segundo grupo,
se encuentran situaciones donde las personas
entrevistadas huyeron de sus familias y se establecieron con otras personas
adultas, quienes fueron las que se encargaron de velar por su cuido. Tal es el
caso de Pablo y David, que dejaron a sus familias a una corta edad, nueve y
doce años, respectivamente. En ambos casos, abandonaron sus núcleos por
problemas familiares, lo que ellos denominaron «malentendidos» y «castigos
severos», sin dar mayores detalles al respecto. Ellos siendo unos niños, se
movilizaron solos y recorrieron grandes distancias, más tarde tuvieron que
buscar trabajos para poder mantenerse, antes de poder encontrar una familia que
los recibiera. Pablo, para inicios de la década de los ochenta, con doce años
salió de Managua para Costa Rica, y una vez en el país, empezó a trabajar
en una lechería. Específicamente,
refiere que «El señor dueño de Quebrada de Agua (finca localizada en Liberia),
don Octavio, no sé qué vio en mí y me dijo “... de hoy en adelante se va a
levantar a las 3:00 a.m. a aventar el ganado para la lechería”. Ahí dilaté (me
quedé) como dos años. Más tarde pasaba un señor de Puntarenas … y él me decía: “eh,
Pablo, ¿usted qué hace acá? Usted es un niño, usted está perdiendo
todo…prepárese que yo me lo llevo … el otro jueves vengo por usted”. Y yo me
fui» (Pablo, Entrevistas, 4 de junio de 2022).
En el relato queda en
evidencia cómo la composición familiar de Pablo dio un cambio abrupto, pues
pasó de vivir con sus papás en Nicaragua para terminar en Puntarenas, con un
señor que era desconocido para él, dado que apenas lo conoció unos meses atrás.
Por su parte, David, durante este proceso de separación de su familia
nuclear, vivió muchos cambios en
cuanto a materia laboral y educación, situación que perjudicó su necesidad
básica de cuidado.
En relación con el
tercer grupo, se trató de familias en las que las personas entrevistadas
crecieron bajo el cuidado de abuelos, abuelas, tíos, tías o un único
progenitor. Esta categoría incluye a la mayoría de las personas entrevistadas,
con un total de seis. Siendo Rebeca una de ellas, Rebeca menciona que fue un
cambio muy grande cuando sus padres se separaron, ya que por la ruptura se
mudaron de Managua a León, ella explica que: «Otra vida, ahí fue diferente, ahí
fue más dura la vida … nos llevaban al tejar a hacer ladrillos, a cargar hornos
y a descargar hornos. Mi hermano, como era el mayorcito, picaba tierra y
quebraba con un palo los terrones… Sí íbamos a la escuela, pero cuando vivíamos
en Managua… (cuando se mudaron a León) pues, rara vez, tal vez unos dos años
estudiamos más, y ahí no, no seguimos...» (Rebeca, entrevista, 20 de julio de
2022).
La infancia de Rebeca, al igual que la de las demás
personas entrevistadas provenientes de Nicaragua, se vieron afectadas también
por la situación política de ese país. Soto (2020, 49) explica que, durante las
décadas de los setenta y ochenta, la región experimentó inestabilidad y
fragmentación generalizadas, marcadas por la dictadura de Somoza y la
persistente pobreza rural. La migración hacia áreas urbanas o regiones con
empleo temporal también pudo haber contribuido a la desestructuración familiar,
situación que se refleja en la experimentaron varias personas entrevistadas. En
este contexto histórico, Barahona (2006) explica que los hogares rurales en
Nicaragua han experimentado transformaciones, como el aumento de hogares
extensos y compuestos en comparación con los nucleares. Estas estructuras se
desarrollan como una respuesta a las condiciones económicas y sociales, ya que
la pobreza afecta más intensamente a los hogares rurales numerosos y con
dependientes, haciéndolos especialmente vulnerables.
Asimismo, en Costa
Rica se observan transformaciones en la estructura
familiar. Rodríguez (2003, 28) señala que, aunque los hogares conyugales
seguían siendo predominantes entre 1973 y 1984, ya estaban experimentando
cambios significativos. Este fenómeno puede atribuirse, en parte, al incremento
en la tasa de divorcios, el cual se volvió más frecuente, debido a los cambios
en las dinámicas de género y la disminución de la influencia de la Iglesia
Católica en la sociedad.
En relación con la educación formal de quienes
estuvieron a cargo del cuidado de las personas entrevistadas, se observa que el
acceso a la educación fue considerablemente limitado. La mayoría no recordaba
con precisión el nivel educativo alcanzado por sus cuidadores; en cambio, lo
que más destacaron fue si tenían habilidades de lectura y escritura. Sin
embargo, una excepción fue el
caso del padre de Esteban, quien ejercía como arquitecto. Empero, Esteban tenía poco contacto con él,
ya que vivía en el campo con su madre, su abuelo, abuela y sus hermanos y
hermanas, mientras su padre residía en la ciudad. A pesar de esta separación
geográfica, sus padres permanecían juntos.
Con el aspecto
laboral de las madres, padres y otras personas cuidadoras, se considera
adecuado para esta investigación clasificarlas según el tipo de trabajo, para
lo cual surgen dos grandes grupos: las personas asalariadas y las no
asalariadas (Ver Tabla 2).
Tabla 2. Tipo de
ingreso y percepción económica durante la infancia de las personas
entrevistadas (1939-2004).
Nombre |
Tipo
de ingreso familiar |
Percepción sobre su nivel económico |
Josué |
Asalario |
Medio |
Harold |
Asalario |
Medio |
Pablo |
No
asalariado |
Medio/Alto |
Esteban |
No
asalariado |
Medio/Alto |
David |
N/A |
Bajo |
Marcela |
No
asalariado |
Bajo |
Raquel |
No
asalariado |
Bajo |
Rebeca |
No
asalariado |
Medio/Bajo |
Susana |
Asalario |
Media |
Sara |
Asalario |
Bajo |
Valeria |
Asalario |
Medio |
Daniela |
No
asalariado |
Muy
bajo |
Fuente: Elaboración propia,
a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del
asentamiento informal Martina Bustos.
Las personas con hogares asalariados representan el
grupo más pequeño. Este grupo realiza labores diversas que incluyen la
administración de fincas y la operación de maquinaria pesada. Estas actividades
suelen estar asociadas a niveles salariales bajos y no siempre requieren una
formación técnica avanzada. Algunos trabajadores agrícolas de este grupo poseen
tierras propias, mientras que otros cultivan alimentos en las fincas donde
laboran, ambos casos destinados principalmente al autoconsumo, lo que contribuye
a su sostenibilidad económica.
Un aspecto relevante es el rol que desempeñaron las mujeres en las
dinámicas familiares de las personas entrevistadas durante su niñez. Muchas de
estas madres laboraban en las fincas como cocineras y participaban de la labor
de cosecha, otras, por su parte, tuvieron oficios de empleadas domésticas,
vendedoras ambulantes, entre otros. A su vez, queda en evidencia, el recargo de
funciones y responsabilidades que sufrieron las madres, debido a las
diferencias salariales y la división sexual del trabajo, que da como
consecuencia una doble jornada laboral (el hogar y otra fuera). En ese sentido,
Pablo menciona el papel que jugaba su mamá en los negocios familiares cuando él
era pequeño, es decir, a finales de la década de los setenta, e inicios de los
ochenta, cuando él vivía en Managua.
Al respecto refiere: «mi mamá
era la cabeza principal y mi mamá era la que hacía números… mi mamá se dedicó a
ser el cerebro y mi papá a ejecutar la obra. Cuando mi
papá decía: “¿te parece tal cosa? ¿Veo este negocio, veo que voy a perder?” y
mi mamá le decía: “adelante”» (Pablo, Entrevista, 4 de junio de 2022). En el
caso específico de Pablo, cuando este vivía con sus papás, donde la figura del
padre y la madre convivían en un mismo hogar, la mujer no solo tomó un rol
participativo en la economía familiar, sino que fue más allá y asumió el papel
de jefa de hogar de un hogar nuclear.
En resumen, la mayoría de las
personas entrevistadas vivieron su infancia en zonas rurales, con excepción de
Valeria, originaria de una zona urbana en Heredia. Así mismo,
la composición y estructura familiar, en su mayoría caracterizadas por la
ausencia de una configuración biparental, presentaron similitudes
independientemente de su país de origen. Además, la inestabilidad familiar, los bajos ingresos económicos
y la precariedad laboral de sus cuidadores llevaron a muchas personas a
trabajar desde temprana edad para contribuir al sustento del hogar, lo que
impactó negativamente su educación formal.
Estas infancias descritas de las
personas vecinas de Martina Bustos permiten entender un poco mejor sus
trayectorias migratorias, educativas, laborales y habitacionales de las personas entrevistadas. Aspectos que serán analizados con mayor
detalle en los siguientes apartados.
Realidades
migratorias y brechas educativas: un análisis socioeducativo de las personas
residentes de la comunidad de Martina Bustos.
Para comprender a profundidad las dinámicas sociales y económicas que
caracterizan la comunidad de Martina Bustos, resulta esencial analizar las
condiciones migratorias, los niveles educativos y los factores que han influido
en el acceso a la educación de sus residentes. Este apartado se enfoca en
examinar el acceso y nivel de educación presentes entre las personas que fueron
entrevistadas.
La población
residente de Martina Bustos tiene alta presencia de migrantes nicaragüenses
(Fundación Ayuda en Acción y Universidad Nacional de Costa Rica, 2012). La alta
presencia de esta población migrante no puede comprenderse sin examinar los
factores históricos y estructurales que han impulsado los flujos migratorios
entre Nicaragua y Costa Rica. Ahmer (1984, 104)
explica que previo a la Revolución Sandinista, Nicaragua vivía en condiciones
de pobreza y desigualdad social que obligaron a muchos hogares a buscar mejores
oportunidades en otros lugares. La crisis económica y política generada por el
régimen de Anastasio Somoza y posteriormente el conflicto civil de la
Revolución Sandinista impulsaron la migración hacia Costa Rica, donde las
personas migrantes buscaban seguridad y empleo en un entorno más estable.
Por otro lado, durante los años cuarenta, Costa Rica implementó
importantes reformas sociales, como la fundación de la Universidad de Costa
Rica en 1940, la creación de la Caja Costarricense de Seguro Social en 1941 y
la aprobación del Código de Trabajo en 1943, junto con la incorporación de
Garantías Sociales en la Constitución Política (Molina y Palmer 2017, 102-103).
Estas medidas consolidaron un modelo de bienestar social que hizo del país un
destino atractivo para migrantes centroamericanos.
Específicamente para este trabajo, la mitad de las personas entrevistadas
son migrantes nicaragüenses, como se observa en la Tabla 3, es relevante
considerar también las condiciones educativas en Nicaragua durante el mismo
periodo, ya que las trayectorias educativas de estas personas han estado
marcadas por su contexto de origen. Nicaragua sufría de grandes dificultades
para educar a la población, para el año de 1979, con la toma del poder por
parte de la Revolución Sandinista, el nuevo gobierno tuvo como prioridad
urgente la erradicación del analfabetismo con la creación de la Gran Cruzada
Nacional de Alfabetización (López, 2020). En este contexto, la población rural
enfrentaba aún mayores limitaciones: en promedio, las personas rurales
alcanzaban una escolaridad de 3.4 años, significativamente menor que los 7 años
en áreas urbanas. Además, el 37% de los adultos rurales eran analfabetos, en
comparación con el 14.5% en las zonas urbanas (CIASES 2008, 4).
Por otro lado, en
Costa Rica, las regiones rurales han presentado y siguen presentando rezago en
comparación a las urbanas. En Costa Rica, según los datos disponibles, las
áreas rurales muestran índices más altos de analfabetismo y deserción escolar
en comparación con las zonas urbanas (Internacional de la Educación para
América Latina 2015, 25).
Estas realidades
educativas influyeron directamente en las experiencias de las personas residentes de Martina Bustos. Dentro
de la categoría de personas con primaria incompleta, se detectó que cinco de
ellas residieron durante sus años escolares en Costa Rica y tres en Nicaragua.
Además, se encontró que cinco de estas personas tuvieron que emigrar de su zona
de origen durante su niñez. El desplazamiento descrito ocurrió tanto por la
separación de progenitores como por la búsqueda de oportunidades laborales. En
ambos casos, la precariedad económica y la falta de escuelas cercanas obligaron
a las personas menores de edad a trabajar, afectando su acceso a la educación.
En cuanto a las tres
personas restantes dentro del grupo de primaria incompleta, se observó que cada
uno dejó la escuela por razones distintas. Uno de ellos es Josué, originario de
Matapalo de Puntarenas y el mayor del grupo de las personas entrevistadas.
Comentó que dejó la escuela por la muerte de su padre, único sostén económico
del hogar. Esto ocurrió cuando Josué tenía apenas nueve años, a principios de
la década de los cincuenta, lo que lo obligó a empezar a trabajar desde muy
joven. Específicamente dice: «sí, cuando él murió, yo quedé pequeño, nuevo,
muchacho, pues muchachón, entonces me dediqué a una finca para andar allí
trabajando. Un señor me dijo: «Mire, vengase para acá, yo le doy trabajito ahí»
... me dio arreglar terneros a las dos de la mañana y a las tres había
que andar para llevarlos a otro lugar, ya que tenían lechería.» (Pablo,
entrevista, 4 de junio del 2022). Eso implicó que a los nueve años tuvo que
dedicarse a realizar labores pesadas de campo, para poder ayudar a su familia.
También, se concluye que de las personas que fueron entrevistadas,
específicamente, ocho tienen primaria incompleta, tres tienen secundaria
incompleta y tan solo uno, obtuvo el título de bachillerato de secundaria.
Según el informe del Estado de la Educación, en las áreas rurales la cobertura
de secundaria apenas alcanzaba el 60% en el año 2002. Además, las escuelas
rurales, aunque constituyen el 97% de las instituciones educativas, solo
atienden al 8% de la matrícula total nacional, con 42,000 estudiantes aproximadamente
(Ovares et al. 2007). Se puede afirmar que siguen existiendo brechas en el
acceso y la calidad en la educación, lo que queda evidenciado con las personas
entrevistadas costarricenses de nacimiento (Tabla 3).
Tabla 3. Personas
entrevistadas según edad, nacionalidad, nivel educativo y condición migratoria (1939-2022).
Edad |
Nacionalidad |
Nivel
educativo |
Condición
migratoria |
|
Josué |
83 |
Costarricense |
Primaria
incompleta |
N/A |
Harold |
82 |
Costarricense |
Primaria
incompleta |
N/A |
Pablo |
52 |
Nicaragüense |
Bachillerato |
Regular |
Esteban |
47 |
Nicaragüense |
Secundaria incompleta |
Irregular |
David |
38 |
Costarricense |
Primaria
incompleta |
N/A |
Marcela |
63 |
Nicaragüense |
Primaria
incompleta |
Regular |
Raquel |
58 |
Nicaragüense |
Primaria
incompleta |
Irregular |
Rebeca |
58 |
Nicaragüense |
Primaria
incompleta |
Regular |
Susana |
52 |
Costarricense |
Secundaria incompleta |
N/A |
Sara |
47 |
Nicaragüense |
Primaria
incompleta |
Irregular |
Valeria |
31 |
Costarricense |
Primaria
incompleta |
N/A |
Daniela |
26 |
Costarricense |
Secundaria incompleta |
N/A |
Fuente: Elaboración propia,
a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del
asentamiento informal Martina Bustos.
En resumen, no se
observa una diferencia significativa entre el nivel de escolaridad de las
personas entrevistadas y su país de origen. Sin embargo, los niveles educativos
reflejan las brechas existentes entre las zonas rurales y urbanas. Estas
limitaciones educativas han impactado directamente en las oportunidades
laborales obtenidas y las posibles implicaciones para su nivel económico, como
se analiza en el siguiente apartado.
Desigualdad de género y condiciones laborales: impacto
del trabajo informal y las restricciones educativas en la economía familiar en
la comunidad de Martina Bustos.
Este apartado analiza las condiciones y las experiencias laborales de
las personas entrevistadas, destacando las diferencias según el género, así
como las implicaciones económicas de estos trabajos en sus hogares.
Más específicamente, con el tema del trabajo (Tabla 4), hay una clara
disparidad en las condiciones laborales, según el género. Se puede observar que
las restricciones educativas previamente mencionadas influyeron también en las
mujeres ya que la mayoría de ellas se dedican al trabajo doméstico o a labores
informales, como la venta ambulante.
Rebeca, por ejemplo, vende alimentos frente al hospital de Liberia,
mientras que Raquel hace y vende empanadas en su comunidad. Ambas son el
principal sostén económico de sus familias, ya que sus esposos están
incapacitados para trabajar y no cuentan con suficientes contribuciones para
una pensión debido a que sus diferentes patronos no reportaron todas las cuotas
a la Caja.
Tabla 4. Mujeres
según condición laboral y de seguro médico (2022)
Nombre |
Ocupación |
Asegurado |
Marcela |
Ama
de casa |
No |
Raquel |
Vendedora ambulante |
Sí |
Rebeca |
Vendedora ambulante |
No |
Susana |
Ama
de casa |
Sí |
Sara |
Ama
de casa |
No |
Valeria |
Ama
de casa |
No |
Daniela |
Ama
de casa |
Sí |
Fuente: Elaboración propia,
a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del
asentamiento informal Martina Bustos.
En el caso de las mujeres que se dedican a labores domésticas, todas
habían trabajado previamente fuera de casa, aunque fuera por un corto período.
La mayoría dejó sus empleos anteriores para enfocarse en las tareas del hogar
tras unirse a sus parejas actuales, según relataron Marcela, Sara, Valeria y
Daniela. En cuanto a las parejas de estas mujeres, que ahora se dedican a las
labores domésticas, en su mayoría trabajan en el sector de la construcción para
complejos turísticos y servicios relacionados con el turismo. Por ejemplo, el
compañero de Valeria se desempeña como mesero en un restaurante en la zona de
playas
En contraste, los hombres entrevistados presentan una variedad de
ocupaciones, desde trabajos formales hasta labores ocasionales en la
construcción y la soldadura (Tabla 5). Josué y Harold, los de mayor edad, son
asalariados y pensionados tras haber trabajado en el sector público, mientras
que otros, como Esteban y David, tienen empleos menos estables y sufren
dificultades económicas y de salud.
Tabla 5. Hombres
según condición laboral y de seguro médico (2022)
Nombre |
Ocupación |
Asegurado |
Josué |
Conductor de maquinaria |
Sí |
Harold |
Policía |
Sí |
Pablo |
Constructor |
Sí |
Esteban |
Soldador |
No |
David |
Constructor |
No |
Fuente: Elaboración propia,
a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del
asentamiento informal Martina Bustos.
En relación con los tres hombres que tienen trabajos menos formales:
Pablo, con educación secundaria completa, está pensionado por invalidez, debido
a un accidente laboral en una construcción; Esteban y David se autodenominan «chamberos»,
con trabajos ocasionales en soldadura y construcción, respectivamente. David
enfrenta dificultades de salud, debido a problemas en los riñones. Durante la
entrevista, David mencionó: «... yo era técnico en las antenas y arreglaba todo
eso, pero ya no… ahora he estado hasta chatarreando[2], no me
avergüenzo… Para sacar ¢10000 tengo que hacer 100 kilos. A veces me salen
trabajos de construcción, porque soy operario de construcción … son ocasionales
y duran de tres a cuatro días hasta una semana, es decir, no pasa de un mes»
(David, Entrevista, 25 de junio del 2022). David explica que tienen que
ayudarse con la beca que reciben sus hijos, y ese ingreso, más la pensión de
él, es para pagar la comida y la electricidad, los únicos gastos que dicen
tener.
Según la Encuesta Nacional de
Hogares del INEC (2021, 20), la línea de pobreza extrema se establece en ¢51
307 per cápita para la zona urbana y ¢42 871 para la zona rural en Costa Rica.
De acuerdo con estos parámetros, la familia de David se encuentra por debajo de
la línea de pobreza extrema, ya que sus ingresos mensuales combinados,
provenientes de su situación de salud y las becas escolares recibidas por sus
hijos, no son suficientes para cubrir las necesidades básicas de su núcleo
familiar. Este hogar reporta uno de los ingresos más bajos entre las personas
entrevistadas (Tabla 6).
Esta situación refleja un fenómeno más amplio en muchas regiones de
Costa Rica, como se observa en la investigación de Vargas y Viales (2021),
quienes señalan que las estrategias para impulsar la economía a nivel nacional
se centraron en las zonas urbanas, dejando rezagadas otras regiones del país,
como Guanacaste, donde el turismo se convirtió en el principal motor económico.
Los investigadores también explican que la transición económica en la región,
que pasó de una economía agrícola a una centrada en el sector secundario y
terciario, con el desarrollo de proyectos inmobiliarios y el aumento de
trabajos en la industria hotelera, ha acentuado la falta de oportunidades
laborales formales en áreas rurales. Esta escasez de empleo estable contribuye
a la dependencia de muchos de los hogares entrevistados hacia los trabajos
informales y ayudas sociales.
En lo que respecta al dinero
percibido por el resto personas participantes, resulta más complicado calcular
el promedio de ingresos mensuales para aquellas personas que se dedican a las
ventas ambulantes o realizan trabajos informales. Dadas las características de
estas actividades, los ingresos suelen variar considerablemente. Además,
proporcionaron escasa información sobre sus finanzas. Sin embargo, se lograron
obtener ciertas conclusiones como se observa en la Tabla 6.
Tabla 6. Personas
entrevistadas, según los ingresos mensuales de su núcleo familiar (2022)
Nombre |
Cantidad
al mes* |
Cantidad de personas en su núcleo familiar |
Josué |
Ingreso básico |
2 |
Harold |
Ingreso básico |
2 |
Pablo* |
Por
debajo de la línea de pobreza |
2 |
Esteban |
N/A |
5 |
David |
Por
debajo de la línea de pobreza extrema |
4 |
Marcela* |
Por debajo de la línea de pobreza |
5 |
Raquel |
N/A |
3 |
Rebeca |
N/A |
2 |
Susana* |
Por
debajo de la línea de pobreza |
2 |
Sara |
N/A |
5 |
Valeria |
Ingreso básico |
4 |
Daniela |
Ingreso básico |
4 |
*Datos no aportados por la
persona entrevistada, cálculo aproximado.
Fuente: Elaboración propia,
a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del
asentamiento informal Martina Bustos.
Por ejemplo, Esteban y Sara, una pareja entrevistada,
mencionan que los ingresos fijos mensuales que reciben provienen de ayudas del
gobierno destinadas a cubrir los gastos escolares de sus hijos. Durante la
entrevista, Esteban explicó que esta ayuda es fundamental para su familia, pero
su situación financiera es inestable debido a que carece de un salario fijo, ya
que trabaja de manera esporádicamente como «chambero».
Debido a esto, sus ingresos pueden variar significativamente de un día a
otro, ya que algunas veces logra ganar un monto modesto y en otras ocasiones no
tiene ingresos, según lo que mencionó.
En relación con la categoría
de ingreso básico suficiente, esta se refiere a familias cuyos ingresos son
equivalentes al salario mínimo para ocupaciones no calificadas. En el caso de
Daniela, quien no proporcionó detalles específicos sobre los ingresos de su
hogar, comentó que su esposo trabaja como peón de construcción y que no reciben
ayudas adicionales del gobierno. Ella misma menciona que esta situación
representa importantes desafíos para mantener a dos adultos y dos niñas
pequeñas[3].
Valeria, por su parte, menciona que su esposo trabaja como mesero y que sus
hijas reciben la beca Avancemos por parte del Estado. Sumando ambas fuentes de
ingresos, su familia logra cubrir algunos gastos básicos, aunque también explica que sus ingresos
son limitados y pueden variar dependiendo de las propinas que su esposo
ocasionalmente recibe. Por
otro lado, Susana que es ama de casa, indicó que recibe una pequeña ayuda de
una fundación llamada Unbound, combinada con una beca
para su hija y una pensión menor proveniente del padre de la niña. Aunque sus
hijos mayores la apoyan económicamente para cubrir algunos servicios básicos
como el cable, sus ingresos mensuales siguen siendo insuficientes para satisfacer
todas las necesidades familiares.
Según los datos recopilados y
analizados, David y Marcela se encuentran por debajo de la línea de pobreza
extrema. En cuanto a Daniela, Valeria, Susana y Pablo, sus ingresos los sitúan
en la categoría de pobreza, pero no se cuenta con suficiente información para
determinar la situación económica de Rebeca, Raquel, Sara y Esteban. Por otro
lado, Josué y Harold son los únicos cuya situación económica parece estar por
encima de la línea de pobreza, de acuerdo con los parámetros de ingreso per
cápita y el costo de la canasta básica alimentaria. Es importante señalar que
esta métrica no considera otros aspectos esenciales para el desarrollo humano,
como el acceso a agua potable, electricidad y viviendas dignas. En muchos
hogares, las becas escolares de los hijos e hijas representan un apoyo crucial
para complementar los ingresos familiares.
En resumen, las condiciones laborales muestran diferencias según el
género. Las mujeres participan en trabajos informales, como el doméstico no
remunerado, mientras que los hombres se desempeñan en actividades agrícolas, de
construcción y, en algunos casos, en empleos formales. La mayoría trabaja en
ocupaciones de baja especialización y alta informalidad, predominando los
sectores de servicios domésticos, agricultura y construcción, con una división
de tareas donde las mujeres se concentran en el ámbito doméstico y los hombres
en actividades agrícolas y de construcción. Estas dinámicas están influenciadas
por factores como el nivel educativo, las condiciones económicas y la situación
migratoria, lo que también incide en el tipo de viviendas y las condiciones de
vida de las familias, exploradas a continuación en el contexto de asentamientos
informales.
Viviendo en Martina Bustos: Vivienda informal y
estrategias de acceso a servicios básicos.
Los procesos estructurales de desigualdad y
segregación socioeconómica han llevado a la proliferación de asentamientos
informales, como la comunidad de Martina Bustos. Castillo de Herrera (2009),
explica que, en América Latina, las ciudades se han desarrollado a partir de
migraciones no planificadas y han sido moldeadas por un sistema político y
económico marcado por el capitalismo dependiente. Esto ha generado desigualdad
y segregación socioeconómica y espacial, evidenciada en la proliferación de
asentamientos precarios, la autoproducción de vivienda y el desigual desarrollo
regional, así como en la concentración de recursos como tierra, capital,
trabajo y ciencia.
En este contexto, la informalidad
debe verse como un fenómeno que abarca aspectos sociales, económicos, políticos
y culturales. A través de ella, la comunidad intenta resolver sus necesidades
más urgentes mediante acciones que la sitúan fuera de los marcos normativos y
legales establecidos por el sistema vigente. En el caso de la comunidad de
Martina Bustos, en las entrevistas realizadas, muchas de las personas
participantes mencionaron que eligieron vivir en dicho lugar para tener algo
que estas
personas puedan considerar como
propio y evitar los altos costos de alquiler. Esta situación, sumada a las
limitaciones económicas, ha llevado a estas personas a optar por vivir en un
lugar donde la falta de recursos y un marco legal adecuado resultan en la
ausencia de servicios básicos.
Según lo observado y lo
compartido por las personas entrevistadas, existen algunas diferencias dentro
de la misma comunidad informal en cuanto al acceso a servicios básicos como
agua, electricidad, desecho de
aguas negras y recolección de basura. En la Tabla 7 se detallan los diversos
métodos empleados por las personas entrevistadas para poder acceder a los
servicios básicos.
Tabla 7. Formas en
que satisfacen sus necesidades básicas las personas entrevistadas de Martina
Bustos (2022)
Nombre |
Tipo
de servicio sanitario |
¿Comparten medidor? |
Forma en que acceden al agua |
Forma en que se deshacen de los desechos sólidos |
Josué |
Tanque
séptico |
No |
Tubería
informal |
Quema |
Harold |
Hueco |
No |
Manguera y baldes |
Quema |
Pablo |
Tanque
séptico |
No |
Tubería
informal |
Lo
va a dejar donde la hija |
Esteban |
Tanque
séptico |
Sí |
Manguera y baldes |
Quema |
David |
Hueco |
Sí |
Manguera
y baldes |
Quema |
Marcela |
Tanque
séptico |
Sí |
Manguera y baldes |
La tira a un lote baldío |
Raquel |
Hueco |
Sí |
Tubería
informal |
Quema |
Rebeca |
Tanque
séptico |
No |
Tubería informal |
Quema |
Susana |
Tanque
séptico |
No |
Manguera
y baldes |
Quema |
Sara |
Tanque
séptico |
Sí |
Manguera y baldes |
Quema |
Valeria |
Tanque
séptico |
Sí |
Manguera
y baldes |
La
tira a un lote baldío |
Daniela |
Hueco |
Sí |
Tubería informal |
Quema |
Fuente: Elaboración propia,
a partir de las entrevistas realizadas a las personas residentes del
asentamiento informal Martina Bustos.
Con respecto a la eliminación de excretas, las entrevistas revelaron que
las personas residentes utilizan al menos dos métodos distintos. El más común
es el uso de tanques sépticos, siendo esta la práctica predominante en Martina
Bustos. Sin embargo, surge la interrogante sobre la calidad técnica de estas
fosas sépticas y su capacidad para procesar adecuadamente las aguas residuales.
En segundo lugar, se menciona el uso de pozos negros, también conocidos como «servicios
de hueco», que pueden representar un riesgo higiénico para el hogar y la
comunidad en general. En las entrevistas, no se mencionó el uso de sistemas de
eliminación de aguas negras que condujeran a fuentes externas, como quebradas o
propiedades adyacentes, ni la práctica de la defecación al aire libre, que se
reporta en otros asentamientos.
En cuanto al servicio de electricidad, ninguna de las personas
entrevistadas reportó problemas graves. Solicitar el servicio de electricidad
solo requiere presentar la cédula de identidad o de residencia. En el caso de
personas en situación migratoria irregular, suelen recurrir a un vecino con
medidor para permitirles conectarse a su servicio. Esta práctica surge de los
testimonios de las entrevistadas, quienes indicaron que, en tales
circunstancias, la persona con el medidor establece el monto a pagar por el
otro, aunque generalmente se divide la factura por la mitad. En la
investigación se concluye que Ana es la que ha tenido más dificultades con este
servicio. Su vecino, con quien compartía el medidor, tenía una pulpería con
equipos de refrigeración de alto consumo energético, lo que resultaba en una
factura considerable, ya que dividían los costos a la mitad. Además, Ana
menciona que, durante gran parte de su infancia, su familia no tuvo acceso a
electricidad, debido a dificultades económicas. En cuanto a las demás personas
entrevistadas que comparten un medidor con un vecino, ninguno informó haber
tenido problemas graves con el servicio, o con el vecino en sí. Sin embargo,
expresaron el deseo de tener su propio medidor en el futuro.
En cuanto a
la acumulación de residuos sólidos en espacios no regulados, producto de la
ausencia de planificación urbana formalizada, genera graves problemas de
contaminación del suelo y del agua, afectando directamente la calidad de vida
de las personas habitantes. Esta falta de políticas públicas adecuadas impide
la implementación de programas efectivos para el manejo de desechos, lo que a
su vez agrava la informalidad y perpetúa condiciones insalubres en estas
comunidades (Castillo de Herrera 2009, 145).
Al no pasar el camión de basura obliga a gestionar la disposición de sus
desechos de manera independiente. La práctica de quemar basura, común en estos
entornos, puede generar riesgos para la salud, como enfermedades respiratorias
y alergias, y causar impactos ambientales significativos, como la degradación
de la capa de ozono. Además, es importante considerar que Liberia es una zona
de alto riesgo por su clima seco, lo que aumenta la posibilidad de incendios si
la quema no se controla adecuadamente.
Otra estrategia para gestionar los desechos sólidos es trasladarlos a
otros lugares. Algunos optan por llevar la basura a propiedades de familiares o
amigos ubicadas en áreas donde pasa el camión recolector. Otros la depositan en
un hueco dentro de su propio terreno, en lotes baldíos cercanos o, en algunos
casos, la arrojan a quebradas próximas. Esta problemática de la disposición de
residuos sólidos, comúnmente conocida como basura, también contribuye a su
acumulación en el barrio y crea diversos riesgos para la salud. Susana, en el
momento de la entrevista comentaba: «No hay este servicio (recolección de
basura) aquí, la mayoría de la gente lo que hace es quemar la basura o igual,
no sé si vio qué fea que está en la calle, porque por todos lados hacen basurero
acá y no se ha podido parar eso … si no se quema, la gente lo que hace es
tirarla ahí, hacen basurero donde mejor le parezca». (Susana, entrevista,
20 de julio del 2022).
Esta práctica de botar la basura en la calle conlleva un impacto
ambiental y expone a las personas de la comunidad a importantes problemas de
salubridad.
Para este estudio en particular, todas las personas entrevistadas se
encuentran en condición de tugurio, debido a que casi todas las personas que
conforman esta categoría tienen piso de tierra, paredes de zinc o de
fibrocemento (con huecos y filtraciones) y una estructura de techo deficiente.
La única excepción es el caso de Pablo, aunque es relevante mencionar, que, en
el resto de la comunidad no consultada, se puede observar casas que tampoco
entran en la categoría de tugurio, pero representan la minoría.
En cuanto al derecho al agua, la problemática principal que mencionan
las personas entrevistadas es la del acceso al agua. La comunidad de Martina
Bustos, al igual que la gran mayoría de los asentamientos informales del país,
carecen del servicio de agua potable[4], debido a
la falta de títulos de propiedad. El Instituto de Acueductos y Alcantarillados
establece, entre varios requerimientos, que, para poder brindar el servicio de
agua a una vivienda, la persona tiene que contar con título que lo acredite
como dueño.
Las personas entrevistadas explican que la situación descrita motivó
para que la Asociación de Desarrollo Comunal de Martina Bustos, iniciara años
atrás la lucha por el acceso al agua. El gobierno, ante tal
requerimiento, se vio en la obligación de colocar en puntos estratégicos de la
comunidad tubos comunales que tenían que compartir entre todas las familias.
Antes de que se instalarán las tomas de agua, las condiciones para
acceder al agua a finales de la década de los ochenta eran limitadas, con
grandes dificultades para su obtención. En ese sentido, Esteban, de las
personas residentes más antiguas, relata que: «Bueno, la verdad era muy
triste porque aquí hay una quebrada cerca... Entonces, de ahí íbamos a agarrar
agua como para bañarnos, había charcos de agua limpia, entonces uno … agarraba
agua de ahí y se bañaba. Así todos los días, hasta que el pozo se secó, y
para tomar sí había que ir como hasta el centro, ahí a Liberia a traer agua en
una bicicleta, en una bicicleta con forma de alforjas … Y en el invierno, pues
entonces sí aprovechamos a llenar todos los tanques con agua de lluvia» (Esteban,
entrevista, 20 de junio del 2022).
Ahora bien, ¿qué son esos tubos comunales que se utilizan en la
actualidad? Son tubos con un grifo localizados en la vía principal de la
comunidad, en donde residentes de Martina Bustos pueden recolectar agua para
sus hogares, la cual no tiene que pagar la comunidad. Se trata de varias pajas
o fuentes para el abastecimiento de agua, y cada una de ellas posee
aproximadamente cuatro llaves que resultan insuficientes para la demanda del
servicio. Estas fuentes o pajas se encuentran localizadas aproximadamente cada
50 metros. Las limitaciones para disponer de tan valioso recurso, conlleva dos
maneras de recolectar el agua por medio de los tubos comunales: una de
ellas es por medio de baldes; la segunda, es conectar una manguera larga que
comunica la toma de agua más cercana con sus respectivos hogares, así no tienen
que ir a cargar agua todo el tiempo.
Sin embargo, las mangueras producen problemas entre las personas
vecinas, debido a que no hay suficientes bocas o llaves para conectarlas. Más
específicamente, debido a la poca oferta de tomas y a la gran demanda, contar
con unas cuantas pajas hace que esta manera de gestionar el acceso al agua
constituya un importante problema. Por tales razones, para tratar de atender
tal situación la comunidad ideó establecer horarios de uso, con el fin de organizarse
al precisar las horas para poder conectar la manguera. No obstante, tal programación
no siempre se respeta, lo que produce altercados entre las personas residentes,
sin mencionar el robo de mangueras, que se hace con el propósito de venderlas
posteriormente.
Como
resultado de los problemas de acceso al agua, algunas personas han intentado
conectarse directamente mediante tuberías de plástico a la fuente de agua
principal proporcionada por el AyA, lo que ha
provocado un uso ineficiente del recurso y ha afectado el suministro. Esta
situación se agrava por la falta de herramientas y conocimientos técnicos de
quienes intentan conectarse, lo que resulta en un uso ineficiente del agua.
Además, el AyA interrumpe el suministro, interrupción
que en las entrevistas han mencionado que pueden durar hasta semanas,
argumentando la falta de cuidado en el uso del recurso hídrico, lo que es
especialmente preocupante, debido a las altas temperaturas en la zona y la
escasez de agua en la provincia de Guanacaste, lo que aumenta el riesgo para la
salud en general y, especialmente, para los problemas renales (Figura 2).
Figura 2. Distribución
de agua potable en la comunidad de Martina Bustos. La fotografía muestra a
habitantes de la comunidad recolectando agua suministrada por un camión
cisterna debido a los cortes del servicio en los tubos comunales. El camión
está estacionado justo enfrente de un tubo comunal que no es visible en la
imagen, ya que queda cubierto por el vehículo.
Fuente: Fotografía
tomada por Irene María Baltodano-Rodríguez, Martina Bustos, Liberia,
Guanacaste, junio de 2022.
Davis (2006), explica que la falta de servicios básicos y saneamiento,
son características comunes de los asentamientos informales en el mundo en
desarrollo. Más específicamente, en Martina Bustos, estas carencias también son
evidentes con respecto al acceso al agua, electricidad y manejo de residuos.
La autogestión se identifica como
una estrategia importante para la supervivencia en Martina Bustos. Las
iniciativas comunitarias en Martina Bustos han facilitado el acceso a servicios
básicos como el agua y la electricidad, pese a las limitaciones legales y
económicas.[5]
Esto
pone de manifiesto una negociación social dentro de un sistema legal
fragmentado, donde la comunidad busca asegurar su derecho a la ciudad mediante
acciones colectivas.
Conclusiones
Con este trabajo se
demuestra a través de las experiencias de vida de estas personas residentes de
la comunidad de Martina Bustos, que la informalidad habitacional no puede
entenderse como un fenómeno aislado, sino como el resultado de procesos
estructurales que perpetúan patrones de exclusión social. Como señala Deckel (2020), la informalidad es un fenómeno que surge de
constelaciones y procesos sistémicos identificables de carácter económico,
político y cultural.
De esta manera, en este caso preciso, los bajos
ingresos, la inestabilidad familiar y las limitaciones educativas
experimentadas en la infancia que caracterizaron sus contextos rurales
influyeron directamente en sus condiciones laborales, migratorias y habitacionales
posteriores, perpetuando lo que se conoce como una trampa de la pobreza. En
este ciclo, las desventajas iniciales en términos de recursos y oportunidades
generan desigualdades que se transmiten entre generaciones y limitan la
posibilidad de salir de estas condiciones. La falta de recursos y oportunidades
en entornos rurales empujó a estas familias a buscar alternativas en
asentamientos informales, donde enfrentan nuevas formas de vulnerabilidad, como
el acceso limitado a servicios básicos y la falta de garantías legales. Estas
condiciones, lejos de romper el ciclo, lo transforman, perpetuando la exclusión
social y económica en diferentes contextos de vida.
La conexión entre
ruralidad e informalidad habitacional permite comprender cómo las limitaciones
en las zonas rurales impactan directamente en el aumento de la marginalidad no
solo en entornos urbanos sino también
en ciudades intermedias, como es el caso de Liberia donde se encuentra
localizada la comunidad.
Con respecto a esto, resulta importante
mencionar que, a diferencia del patrón predominante de migración rural-urbana
asociado a los asentamientos informales, la experiencia migratoria de las
personas entrevistadas refleja una dinámica de periferia a periferia. Este
fenómeno se caracteriza por desplazamientos hacia regiones marginales o rurales
que no constituyen grandes polos urbanos, como en el
caso de Martina Bustos.[6]
Carrión
Mena y Enríquez Bermeo (2023) señalan que este tipo de migración no se limita
al traslado hacia grandes ciudades, sino que también incluye movimientos hacia
ciudades intermedias o zonas rurales que ofrecen empleo en sectores
específicos.
Por otro lado, las condiciones laborales en la comunidad reflejan una
marcada desigualdad de género, donde las mujeres suelen concentrarse en
trabajos informales y precarios, como el trabajo doméstico no remunerado. En el
contexto de una ciudad intermedia, estas dinámicas están estrechamente
relacionadas con la exclusión histórica de las mujeres del espacio público y
del ámbito laboral, derivada de un modelo urbano y social diseñado desde una
perspectiva masculinizada (Cardozo Delgado y Torre Nicolini 2023).
Esta exclusión es particularmente evidente en el hecho de que el 90% de
las mujeres rurales realizan tareas domésticas, mientras que solo el 49% de los
hombres lo hacen (INAMU 2019, 23), perpetuando los roles tradicionales de
género que limitan la participación femenina en la economía formal. Además, en
estas regiones las mujeres se concentran en ocupaciones elementales (33%) y en
servicios y comercio (31%), estos son sectores caracterizados por bajos
ingresos y falta de seguridad social, en contraste con la mayor presencia
masculina en actividades agrícolas y oficios calificados, que suelen ser mejor
remunerados y más estables (INAMU 2019, 27).
Asimismo, la
autogestión en Martina Bustos se destaca como una estrategia clave para la
supervivencia, permitiendo a la comunidad acceder a servicios básicos como agua
y electricidad a través de acciones colectivas, pese a las restricciones
legales y económicas. Esto refleja, que más que una ausencia de normas, la
informalidad habitacional implica un proceso complejo de negociación y
adaptación en un sistema legal fragmentado, donde las interacciones sociales y
acuerdos implícitos desempeñan un papel central.
Además, los
resultados de este trabajo resaltan la necesidad de implementar políticas
públicas que aborden las desigualdades estructurales detectadas. Estas incluyen
la regularización de tierras para garantizar acceso a servicios básicos,
programas educativos y de empleo que reduzcan la desigualdad de género, y apoyo
a las iniciativas de autogestión comunitaria, reconociendo su papel central en
la mejora de las condiciones de vida. Por esto, se subraya la necesidad de
abordar estas desigualdades desde una perspectiva integral que combine acciones
locales con estrategias regionales y nacionales, garantizando el derecho a la ciudad y mitigando la
vulnerabilidad en comunidades marginadas.
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[1]Existen también
algunos estudios cualitativos que abordan el tema desde otros enfoques. Chacón y Freer (1999) analizan
la transformación de asentamientos en barrios formales en Pavas, De Sárraga Montoya (2020) destaca la necesidad de vivienda y
las invasiones de terrenos en Amelia 3, Goicoechea, y Szalachman
(2008), junto con la CEPAL, examinan el déficit habitacional en Costa Rica y la
evolución de sus políticas.
[2]Según lo conversado con
David, «chatarrear» consiste en recolectar desechos, específicamente metales,
para su posterior reciclaje o reutilización.
[3] El salario promedio para dicha
ocupación es de un poco menos de ¢300 000 mensuales, según el Ministerio de
Trabajo (2022).
[4]Según la encuesta
realizada por Techo (2013), solo el 53,2% de los 394 asentamientos
identificados reciben agua de una municipalidad o cooperativa, y el 40%
enfrenta problemas de abastecimiento, sin importar la fuente de obtención.
[5]Respecto a esto Ziccardi (2020) analiza la autogestión como herramienta
clave para transformar el tejido urbano en ciudades como São Paulo, Río de
Janeiro, Ciudad de México, Guayaquil, Lima y Bogotá, destacando el rol de los
movimientos y organizaciones como agentes de cambio y promotores de justicia
social.
[6]De los 296 asentamientos
informales identificados en Costa Rica, 146 están ubicados fuera del Valle
Central (INEC 2013, 25).