Tecnología y violencias de género. Un
estudio
en dos colegios costarricenses
Technology
and gender violence. A study
in
two schools in Costa Rica
Daniel Fernández Fernández
Escuela de Psicología
Universidad de Costa Rica, San José,
Costa Rica
http://orcid.org/0000-0002-8744-1890
Fannella Giusti Minotre
Instituto
de Estudios de la Mujer
Universidad
Nacional, Heredia, Costa Rica
fannella.giusti.minotre@una.cr
https://orcid.org/0000-0002-8454-1562
Silvia Jiménez Mata
Instituto
de Estudios de la Mujer
Universidad
Nacional, Heredia, Costa Rica
https://orcid.org/0000-0001-9370-0273
Sileny
Mena Gómez
Instituto
de Estudios de la Mujer,
Universidad
Nacional, Heredia, Costa Rica.
https://orcid.org/0000-0003-4011-2704
Fecha de recepción: 5 de
setiembre del 2024
Fecha de aceptación: 14 de febrero del 2025
Cómo
citar:
Fernández Fernández, Daniel;
Fannella Giusti Minotre; Silvia Jiménez Mata y
Sileny Mena Gómez.
2026. Tecnología
y violencias de género. Un estudio en dos colegios costarricenses. Revista
Reflexiones. 105 (1). DOI 10.15517/rr.v105i1.61791
Resumen
Introducción: El presente artículo refleja cómo el auge de las
tecnologías de la información y la comunicación ocupa un papel central en las
relaciones sociales entre adolescentes, así como en la continuación de las
violencias de género en los espacios offline a los espacios online
en contextos de relaciones de pareja.
Objetivo: Estudiar las
manifestaciones de la violencia de género en las relaciones de pareja de
adolescentes y su relación con el uso de las tecnologías de la información y la
comunicación, en dos colegios públicos en Costa Rica durante el año 2022.
Metodología: Se desarrolla una
estrategia cuantitativa de carácter descriptivo, en la que se elaboran análisis
de frecuencias de las principales variables objeto de estudio.
Resultados: Los resultados
coinciden con otras investigaciones en este ámbito en las que se indica que las
redes sociales constituyen uno de los principales medios de socialización entre
la población adolescente. Por otra parte, los datos muestran que los medios
digitales tienen gran importancia en lo que respecta al establecimiento de
vínculos de pareja. Finalmente, las respuestas que brindan las personas
encuestadas permiten identificar diversas situaciones de violencia que se dan,
ya sea en relaciones de pareja entre adolescentes o en vínculos entre una
persona adolescente y una adulta.
Conclusiones: Estos resultados, si
bien no se puede generalizar a todas las personas adolescentes, coinciden a su
vez con las tasas de prevalencia de violencia de género a través de medios
virtuales que muestran distintas investigaciones llevadas a cabo en otros
contextos.
Palabras clave: Adolescencia, Género,
Redes sociales, Relaciones interpersonales, Violencia.
Introduction: This article reflects how the rise of information
and communication technologies have come to occupy a central role in social
relationships amongst adolescents, as well as in the continuation of gender
violence from online spaces to offline spaces in the context of romantic
relationships.
Objective: Study the manifestation of gender violence in
adolescent romantic relationships and their relation
with the use of information and communication technologies in two public
schools in Costa Rica during 2022.
Methodology: A descriptive quantitative strategy has been
developed, which uses frequency analysis of the main variables under study.
Results: The results coincide with other research in this area which indicates
that social networks constitute one of the principal means of socialization
amongst adolescents. On the other hand, the data shows that digital media is of
great importance when it comes to establishing romantic relationships. Finally,
the responses provided by the people surveyed make it possible to identify
various situations of violence that occur, whether in romantic relationships
between adolescents or in romantic relationships between an adolescent and an
adult.
Conclusions: These results, even if they cannot be generalized to
all adolescents, coincide with the prevalence rates of gender violence across
virtual media as shown by different research carried out in other contexts.
Keywords:
Adolescence, Gender, Social networks, Interpersonal relationships,
Violence.
Introducción
Este artículo se deriva del proyecto de investigación “Tecnologías
y Violencia de género en las relaciones de pareja de adolescentes”, llevado a
cabo por
el Instituto de Estudios de la Mujer de la
Universidad Nacional de Costa Rica (UNA) en el
marco de un convenio de cooperación con el Ministerio de Educación
Pública de Costa Rica.
En
este documento se persiguen dos propósitos. Por un
lado, estudiar el uso y acceso a las
tecnologías de la información y la comunicación en adolescentes, y, por otro,
identificar las formas de violencia de pareja que se generan a través del uso
de dichas tecnologías.
El
abordaje metodológico utilizado en este estudio es de carácter cuantitativo y
tiene un alcance de investigación de tipo descriptivo. De acuerdo con Hernández
Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio (2020), la importancia de la
investigación descriptiva reside en el hecho de que permite mostrar distintos
ángulos o dimensiones de un fenómeno que, en este caso, se refiere a la
violencia experimentada en las relaciones de pareja de personas adolescentes
mediante el uso de la tecnología.
En
cuanto a los instrumentos de recolección de información se elaboró un
cuestionario, a partir de
estudios previos sobre la temática y el marco conceptual de la investigación,
que consta de veinticuatro preguntas divididas en tres secciones. La primera sección
recaba información general sobre aspectos sociodemográficos. Por su parte, la segunda
sección se concentra en el acceso y uso de la tecnología. Finalmente, la tercera
sección se dedica al uso de la tecnología en el marco de relaciones de pareja y
el ejercicio de la violencia. Con el fin de garantizar el rigor y calidad
científica, el instrumento se sometió al escrutinio y validación de cinco
personas expertas en violencias de género, tecnologías o adolescencia, representantes
del Ministerio de Educación Pública (MEP), Fundación Paniamor y de la
Universidad Nacional.
La población de estudio se conformó por
una muestra a conveniencia de estudiantes de colegios públicos, uno de zona
urbana y otro de zona rural. Los criterios de selección establecidos
correspondieron a estudiantes mujeres y hombres que cursan décimo y undécimo
año, con edades entre los 16 y los 18 años. En cuanto a las relaciones de
pareja entre personas adolescentes se consideraron relaciones tanto
heterosexuales, bisexuales, lésbicas y homosexuales. El interés de trabajar con
un colegio urbano y uno rural radica en la heterogeneidad de la población que
asiste a estos centros educativos en cuanto a condiciones sociales, económicas,
geográficas, nacionalidad, entre otras.
En cuanto al trabajo de campo, para la
recolección de los datos, se aplicó un cuestionario autoadministrado a un total
de 148 estudiantes (99 del colegio urbano y 49 del colegio rural), durante el
segundo semestre del 2022, en las instalaciones de cada colegio. Dicha
aplicación contó
con la supervisión del equipo de investigación. Para acceder a la población, se
coordinó con cada centro educativo, quienes se encargaron de las tareas
logísticas y de la convocatoria de la población objeto del estudio, del cual
deriva el presente artículo. Previo a la aplicación de las técnicas de
recolección, se firmó un consentimiento informado para representantes legales,
autorizando la participación de las personas estudiantes colaboradoras en la
investigación. Además, se implementó un asentimiento informado para estudiantes
en el que manifiestan su anuencia a ser parte del estudio.
Para
el procesamiento de la información recolectada, se realizaron diferentes
actividades, entre las cuales se incluyen la codificación de los cuestionarios,
la digitación de la información en una base de datos mediante el programa Excel
y, posteriormente, se realizaron análisis de frecuencia de las principales
variables de interés desde
la perspectiva feminista. Las categorías y variables de estudio contempladas
para los análisis de frecuencia se organizan en las siguientes secciones:
1) Aspectos sociodemográficos: identidad
de género, edad, lugar de procedencia, personas con las que vive, condición de
discapacidad e información adyacente.
2) Acceso y uso de tecnología: dispositivos
electrónicos a los que tiene acceso, tenencia de los dispositivos, acceso a
internet, condiciones de conectividad, aplicaciones que utiliza, edad de inicio
en la utilización, frecuencia de uso, usos y contenidos.
3) Tecnología, relaciones de pareja y
violencia: edad de inicio de las relaciones de pareja en adolescentes, uso de
tecnología para formar pareja, nivel de importancia del uso de la tecnología en
las relaciones de pareja, usos de la tecnología en las dinámicas de las
relaciones de pareja, conocimiento de situaciones de violencia digital,
manifestaciones de violencia digital, perpetradores y víctimas de violencia
digital, efectos y reacciones ante la violencia digital.
Por último, en el análisis se
consideraron las diferencias y similitudes en las dinámicas de acceso, uso y
ejercicio de la violencia digital, según las variables sociodemográficas del
estudio. Cabe mencionar que, una vez concluida la investigación, se realizaron
dos talleres de devolución de resultados con estudiantes y autoridades de los
dos colegios participantes.
El texto que se presenta a continuación
se desarrolla en tres secciones. En la primera se abordan los referentes
teóricos que sustentan el artículo. Se incluyen aspectos relacionados con la
adolescencia y el mundo digital, específicamente, vinculado con el uso de
dispositivos y aplicaciones tecnológicas, así como situaciones de violencia
asociadas al ámbito digital. En la segunda parte, se presenta un apartado de
resultados y análisis de la información. Finalmente, la última sección se
brindan las conclusiones y reflexiones derivadas del artículo.
Referente teórico
En
la actualidad, existen diferentes acercamientos para conceptualizar la
adolescencia, pero en su mayoría parecen coincidir en que se trata de un
momento vital para el devenir de toda persona, entre otros aspectos, porque “se alcanza la madurez cognitiva a
través de la consecución del pensamiento formal. En ese sentido, se establecen
avances importantes en el desarrollo de la personalidad que se manifestarán
durante la madurez y se desarrollan muchas de las conductas y actitudes
sociales que rigen las relaciones con los demás” (Del Barrio Fernández y
Ruiz Fernández 2014, 572). Agregan, Linares Bahillo
et al (2023) que, en el mundo contemporáneo, acercarse a la adolescencia
significa entenderla en el marco digital, ya que la gestión de las relaciones y
la información se realiza a través de las tecnologías de la información y la
comunicación (TICs).
En
este contexto, se entiende por TICs a “los
mecanismos, tecnología, instrumentos y aplicaciones que facilitan el contacto y
la conexión entre las personas que tienen establecido algún tipo de vínculo
relacional de pareja” (Boix 2017, 35). Allí, se establece una comunicación
digital a través de medios tecnológicos que permiten crear un contacto
inmediato “entre personas y grupos, en el acto en sí de comunicar y emitir
mensajes escritos, de audio, etc.” (Boix 2017, 35).
Como
señalan Taberno Holgado et al (2010), las personas
adolescentes integran el internet en su
vida cotidiana, como una extensión online
de su entorno offline, en donde,
las personas amigas y compañeras de clase se encuentran incluidas con mayor
frecuencia en las listas de “contactos” de las redes sociales.
Concomitantemente, la configuración de la identidad se vuelve un aspecto clave.
Señala Larsen (2016) que, esta población está constantemente desarrollando su
identidad en las redes sociales, proceso que se da en interacción con esos
“otros” significativos.
Es
importante recordar que cuando se habla de redes sociales se hace referencia
a “un conjunto bien definido de
actores–individuos, grupos, organizaciones, comunidades, etcétera, que están
vinculados unos con otros a través de una o un conjunto de relaciones sociales
que pueden representarse gráficamente a través de nodos y enlaces” (Torres
2008, 8). A partir de esto, las interacciones que se establecen a través de
medios digitales por parte de las personas adolescentes acarrean tanto aspectos
positivos como negativos. Dentro de los efectos positivos de la comunicación
electrónica, se encuentra que favorecen la socialización, la cohesión, la autodivulgación, el compromiso, entre otros procesos de
interacción, debido a que las personas adolescentes conversan y comparten
intereses a través de redes sociales y mensajes instantáneos. Los efectos
negativos ocasionan riesgos emergentes (reales y percibidos), tal es el caso de
la violencia de pareja que comprende actos de abuso y maltrato que ocurren a
través de distintas herramientas de interacción cibernética en las relaciones
románticas adolescentes (Jaén-Cortés et al 2017).
De
esta forma, indudablemente, las relaciones interpersonales están permeadas por
el uso constante de la tecnología, lo que ha venido a generar cambios en la
comunicación interpersonal. En específico, el uso de las redes sociales se da
cada vez a una edad más temprana y de manera generalizada entre las personas
jóvenes. Dicha realidad implica una reconfiguración de los patrones de
filiación en la población adolescente, aspecto que ha supuesto, a su vez, una
variación en lo que respecta a las formas tradicionales de violencia de género
y en particular cuando esta se presenta a lo interno de las relaciones de
pareja.
En
este sentido, a pesar de no tener un consenso en la definición de relación de
pareja por estar asociado a factores culturales y sociales dentro de un
contexto específico, se acoge la propuesta de Espinola
et al (2017). Estos exponen que, una relación de pareja implica la unión
establecida bajo común acuerdo entre dos personas, mediado por el afecto,
interés y la interacción durante un determinado periodo temporal, sin que sea
relevante el grado de formalidad o la orientación sexual de quienes comparten el
vínculo.
Por
su parte, Flores-Hernández et al (2021) explican que en el caso de las personas
adolescentes estos vínculos tienden a ser informales, de corta duración,
motivados por la pasión, romper con la rutina, sin que previamente se dé un
cortejo. Las autoras denominan como “ligue”, es decir relaciones enfocadas en
el interés que puede ser físico o sexual, de manera casual.
Aunado
a esto, Hernández et al (2020) plantean que al incorporar la perspectiva de
género a la comprensión de las relaciones de pareja se concluye que, incluso
los afectos están mediados por las percepciones sobre el amor que deben tener
los hombres y las mujeres al momento de vincularse. Por ende, las expectativas
de una relación de pareja varían a partir incluso del proceso de socialización
de género que ha tenido la persona. Por tanto, se entiende por violencia de
pareja online en la adolescencia a:
los comportamientos abusivos que se ejercen contra la pareja
o expareja a través de Internet, y que implican: (1) violencia (por ejemplo:
amenazas, insultos, poner en ridículo públicamente a través de comentarios o
imágenes en la red que pueden dañar a la víctima) y (2) control (por ejemplo,
control sobre el círculo de amistades o su pertenencia a un grupo virtual).
Así, en la violencia de pareja online
se utilizan las tecnologías de la información y comunicación para aislar,
controlar y desvalorizar a la víctima y poder acercarse al fin último de la
violencia que es la dominación (Muñiz Rivas et al 2015, 86-87).
En
consonancia con esta definición, Esteban Ramiro y Gómez Medrano (2022) apuntan
que diferentes estudios muestran el aumento de conductas de control ligadas a
las tecnologías en parejas jóvenes por parte de ambos miembros. Lo anterior se
ve reforzado por una carencia en la percepción de peligrosidad y violencia
simbólica en patrones de conductas relacionados con el control abusivo,
especialmente, a través del teléfono móvil, que es el dispositivo mediante el
cual se ejerce más violencia entre las personas jóvenes.
A
su vez, es necesario considerar la dificultad que tienen las personas
adolescentes para reconocer que son víctimas de maltrato, aspecto comúnmente
asociado a la idealización de la etapa del noviazgo. Esta fase implica
invisibilizar conductas violentas con base en el amor romántico (Pazos Gómez et
al 2014), lo que exige una reflexión acerca del nexo entre violencia, edad y
tipo de vínculo establecido por parte de las personas adolescentes.
En
lo que se refiere a las características de los dispositivos, de acuerdo con
Blanco Ruiz (2014), las personas que ejercen la violencia a través de las redes
sociales, y en general en Internet, se sirven del anonimato, la rapidez y el
contenido personal que se aloja en estas comunidades de red, para extorsionar,
amenazar o burlarse de sus víctimas con tan solo pulsar una tecla y sin que
nadie les haya podido ver. Por su parte, López-Lucio y Prieto-Quezada (2014) señalan
que, los celos posesivos cobran nuevo rostro en el ciberespacio, pues quienes
ejercen el rol de agresores acechan a sus parejas para vigilar su actividad
tanto en sus ordenadores como en sus teléfonos móviles, violando de esta forma
la intimidad de sus parejas.
Otro
aspecto ineludible, se refiere al carácter diferencial que tiene la violencia
en los medios digitales según la perspectiva de género. Si bien es cierto, existe
una suerte de equiparación de las relaciones de poder entre hombres y mujeres
en la medida en que la coacción física se presenta con menos protagonismo, mientras
los estereotipos en torno a la estética corporal y al deber ser de la
feminidad, acrecientan la brecha tradicional de género en este ámbito.
En
este sentido, el Informe de Ciberviolencia y
Ciberacoso contra las mujeres y niñas desarrollado por las Naciones Unidas,
desarrolla, a partir del análisis conjunto de la Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de
Belém do Pará), la Declaración sobre la Eliminación de la Discriminación en
contra de la Mujer (Comité CEDAW) y la Relatora Especial sobre la Violencia
contra la Mujer (REVM-ONU), el concepto de violencia de género en línea,
describiéndolo como:
Cualquier
acción o conducta en contra de la mujer, basada en su género, que le cause
muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico, económico o simbólico,
en cualquier ámbito de su vida, la cual es cometida, instigada o agravada, en
parte o en su totalidad, con la asistencia de las tecnologías de la información
y comunicación. (ONU Mujeres 2022, 13)
Este
concepto es de gran interés, pues como se indica en el informe antes
mencionado, la tecnología ha venido a facilitar y adaptar las manifestaciones
de diversos tipos de violencia, en particular la violencia de género. Este
fenómeno asume una de las formas más comunes que se presentan dentro de las
relaciones de pareja, por medio del control, humillación y dominación de la
mujer debido a su género. Pero, en este caso, dichas manifestaciones se
trasladan a la virtualidad provocando en las víctimas un sentimiento de
omnipresencia de la agresión y sin límite tempo-espaciales del impacto
ocasionado (ONU Mujeres 2022).
Desarrollo
Las
principales características de las personas encuestadas se muestran en la Tabla
1, las cuales comprenden la distribución según género con el que se identifican
y zona geográfica donde se ubica el colegio al que asisten; además el tipo de
hogar donde habitan, de acuerdo con su conformación.
Tabla 1. Distribución
de las personas encuestadas según género, zona donde se ubica el colegio al que
asiste y conformación de su grupo familiar, 2022
Género y zona (valores absolutos) |
Total general |
Décimo |
Undécimo |
Total general |
146 |
80 |
66 |
Masculino |
76 |
37 |
39 |
Femenino |
70 |
43 |
27 |
Total Urbano |
99 |
52 |
47 |
Masculino |
58 |
26 |
32 |
Femenino |
41 |
26 |
15 |
Total
Rural |
47 |
28 |
19 |
Masculino |
18 |
11 |
7 |
Femenino |
29 |
17 |
12 |
Conformación del grupo
familiar (valores relativos) |
|||
|
Ambos sexos |
Masculino |
Femenino |
Núcleo familiar
tradicional |
28,1 |
32,0 |
23,4 |
Hogar monoparental y
hermanos/as |
29,5 |
28,0 |
31,3 |
Hogar monoparental |
17,3 |
17,3 |
17,2 |
Hermanos/as |
9,4 |
9,3 |
9,4 |
Núcleo familiar
extendido |
9,4 |
5,3 |
14,1 |
Hogar monoparental con
otros |
4,3 |
4,0 |
4,7 |
Otros |
2,2 |
4,0 |
0,0 |
Fuente: Universidad Nacional. Instituto de Estudios de la Mujer.
PTVGRPA-0135-19, 2022.
En
la Tabla 1, se observa que la distribución por género
es cercana al 50%. Con respecto a la zona donde se ubica el colegio, dentro de la muestra de estudiantes hay una representación de casi el doble de zona urbana respecto a estudiantes de zona rural.
Casi una tercera parte de las personas encuestadas
viven en un núcleo familiar tradicional (madre, padres, hijos e hijas) o en un
hogar monoparental con hermanos y hermanas.
Existen pocas diferencias respecto a la conformación
del grupo familiar con relación a la variable de género, si bien una
mayor proporción de los hombres vive en hogares nucleares tradicionales,
mientras que las mujeres tienen una mayor presencia en familias extendidas.
Uso de dispositivos y
aplicaciones
En
este apartado, se muestran los resultados obtenidos en relación con el tipo de
dispositivos con los que cuenta la población encuestada, así como de las
aplicaciones de las que disponen y el uso que hacen de las mismas. La creciente
accesibilidad del internet mediante distintos dispositivos conlleva que las
interacciones que las personas adolescentes mantienen con sus iguales y con
otras personas sea preponderantemente a través del ciberespacio, aspecto que
agrega nuevas complejidades en términos relacionales (Segovia Aguilar, Mérida
Serrano, Olivares García y González Alfaya 2016).
En
la Figura 1 se detalla los dispositivos a los que la población encuestada
indicó tener acceso, según su género.
Fuente: Universidad Nacional. Instituto de Estudios de la Mujer.
PTVGRPA-0135-19, 2022.
Como se muestra en la Figura 1, entre la población
consultada, el celular es el dispositivo del que disponen más estudiantes. Lo
anterior coincide con lo expuesto en la Encuesta
Nacional Niñez, Adolescencia y Tecnologías Digitales en Costa Rica (Fundación
Paniamor 2020). Según este documento, para los niños, las niñas y personas adolescentes
entre 9 y 17 años, este es el dispositivo con el cual se accede a internet una
mayor cantidad de veces al día (3,77 veces al día). En el caso de los datos que
se emplean en este artículo, son los hombres quienes tienen mayor acceso,
mientras que las mujeres señalaron en mayor medida disponer de celular y de
computadora conjuntamente. Pocas personas indicaron disponer sólo de computadora,
o bien de hasta tres dispositivos diferentes.
La mayoría de las personas consultadas (82,1%) indican que
los dispositivos de los que disponen son propios, con pocas diferencias en
términos de género. Si bien había una mayor diferencia en lo que respecta a la
zona donde se ubica el colegio, con 87,9% en la zona urbana y 70,2 en la
rural. No obstante, en lo que se refiere
al acceso a internet, un 97,9% del estudiantado de zona rural dijo tenerlo,
frente a un 85% de la zona urbana que manifiesta contar con dicha condición.
Figura 2. Minutos promedio de utilización de
las aplicaciones consultadas y usadas por el estudiantado de dos colegios según
género, 2022.
Fuente: Universidad Nacional. Instituto de Estudios de la Mujer.
PTVGRPA-0135-19, 2022.
Como
se observa en la Figura 2, las cuatro principales aplicaciones utilizadas por
las mujeres adolescentes corresponden a Tik Tok, WhatsApp, Facebook e Instagram. Mientras que, en el
caso de los hombres, en primer lugar, se ubican los juegos en línea, seguidos
de Tik Tok, YouTube y
WhatsApp. A partir de la información recopilada, no es posible conocer cuál es
el uso específico que hace el estudiantado de cada una de estas aplicaciones.
No obstante, en el caso de los video juegos y de las aplicaciones de citas ―que son las dos únicas aplicaciones
en donde hay diferencias ostensibles entre hombres y mujeres, si bien la
segunda reporta menos minutos de utilización tanto por mujeres como por hombres―, sobresalen, debido a masculinización
del ámbito de los video juegos, así como las conductas referidas a la toma de
iniciativa en el ámbito de lo sexual.
Por
su parte, en el caso de las mujeres, con excepción de Telegram,
en el resto de las aplicaciones de mensajería, como son Whatsapp
y Messenger, estas reportan una mayor cantidad de minutos de utilización. De
forma análoga, en lo que se refiere a las aplicaciones utilizadas especialmente
para el intercambio de contenidos, como son Tik Tok, Instagram, Facebook y Twitter (actualmente X). Las
mujeres también reportan un mayor tiempo de uso, con la única excepción de Snapshot, como se visualiza en la Figura 2.
En
lo referente a la utilización de las aplicaciones, de acuerdo con el colegio de
procedencia, en la Tabla 2, que se presenta a continuación se destacan las
principales aplicaciones en relación también a la variable de género.
Tabla 2. Minutaje promedio de utilización de las principales aplicaciones
utilizadas por estudiantes de colegio
rural y urbano según género
Aplicaciones |
Femenino |
Masculino |
||
Urbano |
Rural
|
Urbano |
Rural
|
|
Tik Tok |
392 |
280 |
260 |
304 |
Videojuego en línea |
131 |
98 |
293 |
282 |
WhatsApp |
294 |
211 |
187 |
215 |
Facebook |
248 |
103 |
154 |
112 |
Fuente: Universidad Nacional. Instituto de Estudios de la Mujer.
PTVGRPA-0135-19, 2022.
En
el caso de las mujeres, para las cuatro aplicaciones destacadas, aquellas
pertenecientes al colegio de zona urbana reportan más minutos de utilización
que sus congéneres de la zona rural. Mientras tanto, en el caso de los hombres,
el uso de estas aplicaciones varía, siendo que los hombres de zona rural
reportan un mayor tiempo de utilización de Tik Tok y WhatsApp, mientras que los video juegos en línea y
Facebook son más utilizados por los adolescentes de zona urbana.
En
lo que respecta a la edad de inicio en el uso de las aplicaciones, el promedio
para ambos sexos es de 12,9 años. Los datos desagregados por colegio presentan
pocas diferencias respecto a esta media general, en el caso del estudiantado
perteneciente a la zona rural es de 13,2 años, mientras que dicho valor
corresponde a 12,7 años para el colegio de zona urbana. En relación con el género,
independientemente de la zona, los hombres tienden a iniciarse más temprano que
las mujeres en el uso de aplicaciones y esta diferencia es levemente más
marcada en la zona rural; la diferencias corresponde a un año.
Al
poner en relación la edad de inicio de uso de las aplicaciones con los minutos
de utilización de cada una de ellas, en el caso del colegio ubicado en la zona
urbana, la edad de inicio de todas las aplicaciones oscila entre los 10 y los
15 años. En lo que respecta a los minutos de utilización de las aplicaciones,
están por un lado las que no superan los 150 minutos y, por otro lado, aquellas
que franquean dicho umbral, siendo Tik Tok la aplicación que el estudiantado de esta zona usa más
veces al día. Para el caso del colegio ubicado en una zona rural, el rango de
inicio de uso oscila entre los casi 12 años (con excepción de YouTube, que se
reporta a partir de los 10 años) y los 16 años. Por otro lado, en lo que se
refiere al tiempo diario que se dedica a cada una de las aplicaciones, aquellas
que superan los 150 minutos de uso coinciden, en términos generales, con las
reportadas por estudiantes de zona urbana, de forma tal que los videos juegos
en línea, Instagram, YouTube, WhatsApp y Tik Tok, en ambos casos superan dicho umbral de tiempo.
Asimismo,
sobresale que existan estudiantes que manifiesten utilizar aplicaciones de
citas a pesar de que este tipo de sitios suelen ser exclusivos para personas
mayores de edad. En el caso de la zona rural, este uso se reporta a los 16
años, mientras que en la zona urbana a partir de los 13 años. El uso de estas
aplicaciones podría asociarse a un inicio más temprano de las relaciones sexoafectivas
por parte de las personas jóvenes, aspecto que, como se muestran en el
siguiente apartado, resulta una hipótesis asequible en el caso del estudiantado
encuestado. Por otro lado, la presencia de personas menores de edad en este
tipo de aplicaciones es a su vez un potencial factor de riesgo para la tenencia
de relaciones impropias, las cuales se definen como “relaciones desiguales y de
poder entre una persona adulta y una persona adolescente. Desde el punto de
vista de los derechos humanos, resultan inconvenientes o dañinas para las
personas menores de edad” (Fondo de Población de las Naciones Unidas 2017, 7).
Según la Ley 9406, aprobada en 2016 en Costa Rica, se penaliza las relaciones
sexuales con personas menores de edad cuando estas sean mayores de 13 años y
menores de 15 y la persona adulta es al menos 5 años mayor. Cuando la persona
menor de edad es mayor de 15 años y menor de 18 y la persona adulta es al menos
7 años mayor (Fondo de Población de las Naciones Unidas 2017, 8).
Inicio de relaciones de pareja
Si
bien, el inicio de las relaciones de pareja no implica de facto que haya un
inicio de las relaciones sexuales, no obstante, el establecimiento de vínculos
afectivos hace más proclive el inicio de la vida sexual. De acuerdo con la Segunda
Encuesta de Salud Sexual y Reproductiva (Centro Centroamericano de Población
2016), el inicio de la vida sexual tanto en hombres como en mujeres ocurre
antes de la mayoría de edad. Según los resultados de dicha encuesta, si se
comparan hombres y mujeres en edades próximas, se puede ver que el aumento es
tan rápido en las mujeres como en los hombres. Así, a la edad de 15 años casi 1
de cada 4 hombres ha iniciado su vida sexual, mientras que a la edad de 16 años
1 de cada 4 mujeres ha iniciado su vida sexual. Los resultados del presente
estudio muestran que en promedio la edad de inicio de las relaciones de pareja
se sitúa a los 14 años tanto para hombres como para mujeres sin distingo de si
el alumnado estudia en una zona rural o urbana.
Por
su parte, cabría incluso interrogarse qué debe entenderse en adelante por
“relación sexual”. Por ejemplo existe una serie de prácticas conocidas como sexting,
las cuales implican el intercambio de videos e imágenes, así como mensajes de
textos con contenido erótico previsibles a que ocurran antes de tener
interacciones sexuales en la dimensión de contacto físico. En este sentido,
dado el peso actual del mundo virtual y de la presencia cada vez más frecuente
de estas formas de vincularse, la ampliación de los márgenes de lo que se
entiende por vida sexual pareciera una necesidad conceptual. Toda esta
discusión involucraría necesariamente cuestionar los datos que existen en la
actualidad sobre la edad de inicio de dicha vivencia.
Usos de la tecnología por parte de las personas adolescentes
En
esta sección, se aborda la importancia que el estudiantado otorga a las
tecnologías en el marco de las relaciones de pareja. Un 76% de las personas
consultadas manifiestan que las tecnologías tienen mucha o alguna importancia,
frente a un 24% que considera que este factor tiene poca o ninguna importancia.
Estos datos desagregados por género muestran que, entre
quienes contestaron que la tecnología tiene mucha o alguna importancia cuando
se encuentran en una relación de pareja, un 87% son mujeres, mientras que en el
caso de los hombres corresponde a un 66,3%. Este aspecto pareciera indicar que,
para las primeras, las interacciones mediadas virtualmente tienen un mayor peso
que para los segundos. A nivel de la zona donde se ubica el colegio, esta
valoración resulta menos marcada, pues entre quienes señalan que la tecnología
tiene mucha o alguna importancia, este valor corresponde al 72.7% en la zona
urbana, mientras que para la zona rural es de un 82,9%. Además de la
importancia otorgada por el estudiantado a las tecnologías en sus relaciones de
pareja, es necesario observar los usos específicos que realizan de éstas. Véase
Tabla 3.
Tabla 3. Estudiantes de educación diversificada entrevistados según formas como usan
la tecnología en sus relaciones de pareja por género*
Usos de tecnología
para relaciones de pareja |
Número de
estudiantes** |
||
Masculino |
Femenino |
Ambos sexos |
|
Conversar |
57 |
49 |
106 |
Compartir fotos y o
videos |
39 |
38 |
77 |
Tener encuentros
sexuales |
17 |
25 |
43 |
Vigilar comportamiento
de pareja en redes sociales |
23 |
15 |
38 |
Saber la ubicación de
la otra persona |
8 |
5 |
13 |
Otros |
11 |
13 |
24 |
Total |
77 |
70 |
147 |
*Se excluye un
estudiante del género masculino procedente del colegio urbano que no
respondió la pregunta. |
|||
**Un estudiante puede
seleccionar una o más formas de utilizar la tecnología. |
Fuente: Universidad Nacional.
Instituto de Estudios de la Mujer. PTVGRPA-0135-19, 2022.
Como
se observa en la Tabla 3, los usos más comunes de las tecnologías en vínculos
de pareja entre las personas adolescentes consultadas son conversar y compartir
fotos y videos, aspectos sobre los cuales existen pocas diferencias entre
hombres y mujeres. Por su parte, aunque de igual forma con variaciones poco
considerables, los hombres refieren un mayor número de conductas posesivas
(tales como vigilar el comportamiento de la pareja en redes sociales o saber la
ubicación de la otra persona) en comparación con las mujeres.
En
lo que se refiere al uso la tecnología para tener relaciones sexuales, este uso
es declarado por poco más de la cuarta parte de las personas entrevistadas.
Aunque las diferencias nuevamente no son muy marcadas, en este caso las mujeres
reportan un mayor uso que los hombres. En continuidad con la discusión
planteada anteriormente, para investigaciones futuras cabría dilucidar la
naturaleza de los encuentros sexuales, pues es claro que no es lo mismo usar
una aplicación para propiciar un encuentro sexual físico que uno virtual.
Situaciones de violencia digital
Otro
de los aspectos consultados al estudiantado se refiere a su conocimiento
respecto a situaciones de violencia digital. Un alto porcentaje de estudiantes,
es decir, un promedio general de 43,8%, manifiesta conocer situaciones de
violencia digital. En lo que respecta al género, los resultados son bastante
homólogos, pues el porcentaje de hombres equivale al 44,2%, mientras que en el
caso de las mujeres corresponde a un 44,5%. Por su parte, con relación a la
ubicación, en la zona rural el porcentaje aumenta respecto a la media general,
siendo que un 50% del estudiantado señala conocer situaciones de violencia
digital, frente a un 41% en el ámbito urbano.
Al
plantearse al estudiantado situaciones específicas de violencia digital en la
pareja, la cantidad de respuestas afirmativas aumentan de manera importante.
Esto se revela en el porcentaje de estudiantes que indicó conocer al menos una
situación de violencia digital, en la zona rural dicho porcentaje alcanza el
90% y en la zona urbana un 85%. En lo que incumbe a la variable de género, el
valor porcentual aumenta en una medida similar para mujeres (90%) y para
hombres (87,1%). En este sentido, es posible afirmar que las situaciones de
violencia mediadas por la tecnología resultan bastante habituales en la
cotidianeidad de las personas adolescentes y que el estudiantado está en la
capacidad de reconocerlas como situaciones que son efectivamente violentas.
Dentro
de las cinco situaciones de violencia mayormente reportadas por las personas
consultadas, se encuentra 1) compartir material íntimo; 2) actitudes de celos a
partir de publicaciones realizadas; 3) publicar contenido vejatorio; 4) envío
de mensajes o llamadas como una forma de control; y 5) hacer comentarios que
afectan la reputación de la persona adolescente.
En relación con
estas categorías existen relativamente pocas diferencias entre los porcentajes
que reportan hombres y mujeres. Así, por ejemplo, la conducta que obtiene el
porcentaje de respuesta más alto, que consiste en compartir fotos, videos y
mensajes íntimos de la persona adolescente o su familia, la cual es reportada
por más de dos terceras partes de las personas entrevistadas, al desagregarse
según el sexo de la persona que realizó la acción y de quien la recibió,
aparece que de mujer a hombre dicho porcentaje es de 43,5%, mientras que de
hombre a mujer es de 46,3%.
Las
restantes cuatro situaciones presentan una mayor variación entre hombres y
mujeres, aunque dichas diferencias no resultan particularmente marcadas y
existe alternancia de los valores superiores entre ambos grupos. Así, celar por
publicaciones que se comparten en las redes sociales y hacer comentarios que
afectan la reputación son situaciones que obtienen mayores porcentajes de
respuesta en la dirección de hombre a mujer, mientras que publicar memes como
burla o acoso y enviar mensajes o llamar repetidamente para vigilar son
porcentualmente mayores en la dirección mujer a hombre.
Por
su parte y en concordancia con la matriz heterosexual (Butler 1990), en la que
la heterosexualidad se configura como la forma de deseo natural, las
direcciones de mujer a mujer y de hombre a hombre tiene un porcentaje de
respuesta considerablemente menor. A nivel intergrupal, las cinco situaciones
reseñadas obtienen mayores porcentajes de respuesta en la dirección de mujer a
mujer.
En
lo que respecta a la comparación según la zona geográfica, aunque en este caso
las diferencias tampoco son particularmente marcadas, con relación a las cinco
situaciones antes destacadas se reportan valores mayores en el colegio ubicado
en la zona rural. De esta forma, la acción de compartir contenidos íntimos
tiene porcentaje del 65% en zona urbana y en la zona rural es de 71,1%. Por su
parte, la acción de celar a partir del contenido publicado tiene un valor 61% a
nivel urbano y de 75% a nivel rural, mientras que este mismo contraste respecto
a la publicación de memes como burla corresponde a un 60% versus un 68,8%,
respectivamente. En la Figura 3 se muestran los porcentajes
de personas entrevistadas que identifican situaciones de violencia en relaciones
de pareja entre adolescentes o en vínculos entre una persona adolescente y una
adulta.
Figura 3. Porcentaje de personas entrevistadas de educación diversificada que identifican
situaciones de violencia en relaciones de pareja entre adolescentes o en
vínculos entre una persona adolescente y una adulta, 2022.
Fuente: Universidad
Nacional. Instituto de Estudios de la Mujer. PTVGRPA-0135-19, 2022.
A partir de la Figura 3, es posible
destacar dos hallazgos de alcance general respecto a la población de estudio.
Por un lado, se evidencia que existe una gran diversidad de situaciones de
violencia digital que están presentes en la vida de las personas encuestadas.
Por otro, si bien es cierto que los porcentajes mayores se ubican en relaciones
de pareja entre las mismas personas adolescentes, aquellos correspondientes a
relaciones impropias son a su vez bastante elevados. De acuerdo con la Encuesta Nacional Niñez, Adolescencia y
Tecnologías Digitales en Costa Rica (Fundación Paniamor 2020), 18 de cada
100 adolescentes han sido contactados personalmente por desconocidos, y de este
grupo, 7 señalan haberse encontrado personalmente con esa persona. Por su
parte, casi la mitad de las personas con las que se encontraron eran de su
edad, y una cuarta parte era mayor que ellos. Además, tres de cada cuatro
personas con las que se encontraron eran conocidos de familiares o amigos. Si
se ponen en relación los datos del presente artículo con la información que
arroja la encuesta supra citada, resulta claro que el uso de las tecnologías
constituye un catalizador para establecer contactos íntimos, que pueden darse
entre parejas de adolescente o con personas adultas, con los correspondientes
agravantes a nivel psicosocial que conllevan las relaciones impropias para las
personas menores de edad.
Por
su parte, el porcentaje de personas entrevistadas de educación diversificada,
del género masculino y femenino, que identifican situaciones de violencia en
relaciones de pareja entre adolescentes o en vínculos entre una persona
adolescente y una adulta muestra pocas variaciones. En un orden jerárquico
distinto, tanto hombres como mujeres ubican las siguientes situaciones como las
principales formas de violencia, ya sea entre adolescentes o entre una persona
adolescente y otra adulta:
●
Compartir fotos, videos, mensajes íntimos de
adolescente o su familia;
●
Celar a persona adolescente por publicaciones
que comparte en redes sociales;
●
Publicar memes como burla o acaso (físico,
intelectual, creencias) de adolescente;
●
Enviar mensajes o llamar repetidamente para
vigilar a
la persona adolescente.
Lo
anterior es indicativo de que existe una determinada regularidad en las formas
en que se ejerce la violencia a través de las redes sociales independiente del
sexo. En este sentido, se podría hipotetizar que las disparidades de género, si
bien es cierto no desaparecen en el marco de las interacciones mediadas por
tecnología, adquieren una forma distinta, en la medida en que la disimetría
física pierde relativamente importancia, aspecto que recuerda a la idea seminal
de McLuhan (1997), según el cual el “el medio es el mensaje”.
De
forma paralela, los porcentajes de respuesta en relación con las situaciones de
violencia reportadas en la dirección de hombre a mujer y de mujer a hombre
resultan similares, aunque en términos generales es mayormente reportando en la
relación de hombre a mujer. Lo anterior es coincidente con el planteamiento de Perusset (2019), quien señala que, en lo
que se refiere a las redes sociales, la mayoría de los perpetradores suelen ser
parejas actuales o exparejas íntimas u otros miembros de redes personales de
mujeres. En este sentido, si bien esta concurrencia no resulta
generalizable a partir de los datos que ofrece el presente artículo, resulta
importante en términos del seguimiento de líneas de investigación a
posteriori.
Aunado
a las posibles conjeturas que se puede realizar sobre el hecho de que se
reporten en mayor medida situaciones de violencia virtual de hombre a mujer,
habría que tener en cuenta que tal como señalan Martínez-Ferrer y Moreno Ruiz
(2017), diversos análisis de datos permiten constatar que las adolescentes
muestran una mayor dependencia de las Redes Sociales Virtuales (RSV) que los
chicos, aspecto asociado con el hecho de que las adolescentes parecen utilizar
en mayor medida herramientas de internet destinadas principalmente a la
comunicación, al fortalecimiento de las amistades y a la interacción social.
Todo esto ha sucedido a pesar de que chicos y chicas
están apuntados a un número equivalente de plataformas virtuales. De acuerdo
con los autores, estos resultados indican que las adolescentes constituyen un
grupo de mayor vulnerabilidad respecto de la dependencia de las RSV.
Otro
aspecto importante por considerar es lo referente a los efectos que traen
aparejadas las situaciones de violencia digital vividas por el estudiantado a
nivel de la salud física y emocional. En la Tabla 4 se muestra dicha
información según el colegio de procedencia de las personas entrevistadas.
Tabla 4. Distribución de las
personas estudiantes entrevistadas de educación
diversificada de acuerdo con los efectos que trajo a su salud física o
emocional las situaciones de violencia vividas, según colegio al que asiste
actualmente. 2022
Efectos que trajo a su
salud física o emocional |
Colegio al que actualmente asisten* |
|||||
Número de estudiantes |
Porcentaje |
|||||
Urbano |
Rural |
Total |
Urbano |
Rural |
Total |
|
Estudiantes que
respondieron* |
27 |
21 |
48 |
84,38 |
100,00 |
90,57 |
Inseguridad |
21 |
14 |
35 |
65,63 |
66,67 |
66,04 |
Enojo |
19 |
15 |
34 |
59,38 |
71,43 |
64,15 |
Ansiedad |
14 |
14 |
28 |
43,75 |
66,67 |
52,83 |
Vergüenza |
14 |
14 |
28 |
43,75 |
66,67 |
52,83 |
Dolor de cabeza |
15 |
11 |
26 |
46,88 |
52,38 |
49,06 |
Baja autoestima |
14 |
11 |
25 |
43,75 |
52,38 |
47,17 |
Aislamiento de amistades y familiares |
12 |
11 |
23 |
37,50 |
52,38 |
43,40 |
Miedo |
11 |
11 |
22 |
34,38 |
52,38 |
41,51 |
Insomnio |
11 |
11 |
22 |
34,38 |
52,38 |
41,51 |
Depresión |
11 |
10 |
21 |
34,38 |
47,62 |
39,62 |
Culpa |
10 |
9 |
19 |
31,25 |
42,86 |
35,85 |
Bajo rendimiento en los estudios |
7 |
9 |
16 |
21,88 |
42,86 |
30,19 |
Pensamientos suicidas |
4 |
5 |
9 |
12,50 |
23,81 |
16,98 |
Problemas estomacales |
5 |
1 |
6 |
15,63 |
4,76 |
11,32 |
Alergias |
2 |
1 |
3 |
6,25 |
4,76 |
5,66 |
Otros |
2 |
3 |
5 |
6,25 |
14,29 |
9,43 |
* Excluye 5 estudiantes
que no responden los efectos que trajo para su salud las situaciones vividas |
Fuente: Universidad Nacional. Instituto de Estudios de
la Mujer. PTVGRPA-0135-19, 2022.
Como se observa en la Tabla 4, existen pocas diferencias según el colegio de procedencia rural o urbana del estudiantado. Las personas estudiantes
reportan en su mayoría afectaciones a nivel psicológico, dentro de las cuales
destacan la inseguridad, el enojo, ansiedad, vergüenza, y la baja autoestima.
De lo anterior es necesario tener en cuenta que, como señalan Blanco, de
Caso y Navas (2012), uno de los mayores problemas en lo que respecta a la
violencia que se ejerce en los espacios virtuales se refiere al silencio que
guardan las víctimas por miedo a las repercusiones que pueda tener. En este
sentido, las reacciones de inseguridad y vergüenza parecieran ser concomitantes
a la reacción de silenciamiento que suele imperar en estos casos.
Por
su parte, si bien es cierto que los efectos a nivel de la salud aquí reportados
tienen un valor en sí mismos y deben ser considerados en su justa dimensión, es
decir, como afectaciones psicosociales que trastocan la vida de muchas personas
adolescentes, es importante vislumbrar las posibles ramificaciones que podría
acarrear tales efectos, dentro de los cuales conviene destacar el suicidio, por
ser esta una de las consecuencias más extremas.
Si
bien es cierto, los datos que se muestran en este artículo, la ideación suicida
es reportada en menor medida por parte del estudiantado, el malestar emocional
a raíz de situaciones de violencia en las redes sociales es una de las
principales causas de este fenómeno entre las personas adolescentes (Rueda
Espinoza y Suárez-Ruiz 2023). En este sentido, los datos recopilados merecen
una aguzada atención, pues los efectos a nivel de la vida psíquica pueden
conllevar consecuencias perdurables y algunas de ellas pueden ser
irreversibles.
Conclusiones
A
lo largo de este artículo, se muestran una serie de datos descriptivos sobre el
uso de la tecnología por parte de personas adolescentes pertenecientes a dos
instituciones de educación secundaria pública costarricense. Los principales
hallazgos obtenidos están en consonancia con la mayoría de las investigaciones
que se han realizado sobre esta temática en otras latitudes. Así, por ejemplo,
resulta claro que la mediación tecnológica tiene una presencia considerable en
la vida de las personas estudiantes jóvenes. Este aspecto resulta especialmente
significativo si se tiene en cuenta la importancia que las personas
entrevistadas atribuyen al uso de redes sociales en lo que respecta a las
relaciones de pareja.
A
su vez, un aspecto que resulta al mismo tiempo positivo y preocupante de la
información que arroja esta investigación, es el hecho de que las personas
entrevistadas identifican diversos tipos de situaciones de violencia en
relaciones de pareja entre adolescentes o en vínculos entre una persona
adolescente y una adulta. Esto resulta inquietante en la medida en que se
ratifica la presencia de dichas actitudes en las relaciones que mantienen las
personas jóvenes en la actualidad. No obstante, la capacidad de identificación
de las conductas violentas es un aspecto positivo en la medida en que, como
señala Blanco Ruiz (2014), la violencia de género en relaciones de pareja no
suele ser identificada como tal, sino que con frecuencia es considerada como
una muestra de amor.
Por
otra parte, para la mayoría de los aspectos que fueron consultados, se muestran
pocas diferencias tanto a nivel de la zona de procedencia como del sexo de las
personas entrevistadas. Sin embargo, las diferencias encontradas
Ahora
bien, lejos de asumir que el ámbito tecnológico conlleva una equiparación de
las formas de violencia de género o que supone un borramiento de las
diferencias en torno a la variable centro-periferia, cabría pensar que “los
espacios virtuales son espacios proclives a la violencia que gozan de una
impunidad que lo fomenta y que por lo tanto las personas son más violentas en
los espacios virtuales que en el cara a cara” (Esteban Ramiro y Gómez Medrano
2022, 11). En este sentido, los datos recabados muestran la necesidad de
desarrollar más investigación sobre esta temática que permita ahondar en este y
en otros posibles marcos interpretativos y que faculten a su vez establecer las
distancias y proximidades que puedan existir entre las formas de violencia que
se ejercen a través de la tecnología y aquellas que se dan al margen de dichos
medios.
Finalmente,
una problematización derivada de la discusión en torno a los resultados atañe a
la definición de qué debe entenderse por “relación sexual”. En el cuestionario
que fue aplicado al estudiantado se consulta sobre la edad de inicio de las
relaciones de pareja, aspecto que no necesariamente conlleva el inicio de las
relaciones sexuales, pero que claramente podría incidir en la probabilidad de
que éstas tengan lugar. En este sentido, un cuestionamiento que se hizo
palpable, especialmente en el marco de esta investigación, cuyo interés es
estudiar la relación entre tecnología y violencia de género, se refiere al
hecho de que existen formas de interacción sexual a través de la tecnología que
no serían menos sexuales que los vínculos que se generan de manera física o
presencial.
En
consonancia con lo anterior, si, como señalan Rodríguez-Castro, Alonso-Ruido, Lameiras-Fernández y Faílde-Garrido
“la violencia en las relaciones de pareja de adolescentes a través del sexting parece
que ha encontrado en la esfera virtual un nuevo espacio para manifestarse por
medio de las estrategias de control, dominación y coacción” (2018, 177), parece
también imprescindible repensar los límites en torno a cuáles se comprende lo
sexual. De esta forma, una consideración relevante, especialmente para el
desarrollo de investigaciones venideras, refiere a la necesidad de contemplar
las manifestaciones de la sexualidad que se generan por medio de la tecnología
como efectivamente sexuales, aspecto que, por demás, vendría a cuestionar los
datos actuales referentes al inicio de las relaciones sexuales.
Agradecimientos: se extiende el agradecimiento al
Ministerio de Educación Pública por la confianza y el apoyo a lo largo de la
realización del proyecto, en el cual se basa el presente artículo, siendo una
alianza clave para el alcance de los objetivos propuestos. Asimismo, agradecemos
a Patricia Delvó y Sofía Bartels
quienes apoyaron con la sistematización de los datos cuantitativos que dieron
pie al análisis y desarrollo de los resultados acá expuestos. Su trabajo y
orientación fueron fundamentales a lo largo de esta investigación.
Contribución de las personas
autoras:
el presente artículo retoma los resultados del proyecto “Tecnologías y
violencia de género en las relaciones de pareja de adolescentes” desarrollado
por todas las personas autoras citadas al inicio del texto. Por lo anterior,
tanto la propuesta, desarrollo y análisis de la información acá descritas
fueron construidas de manera conjunta con base en los conocimientos de cada
autoría enriqueciendo el presente documento.
Apoyo financiero: el presente artículo fue realizado
en el marco del proyecto “Tecnologías y violencia de género en las relaciones
de pareja de adolescentes”, adscrito al Instituto de Estudios de la Mujer de la
Universidad Nacional, instancia académica que aportó el presupuesto laboral y
de ejecución del proyecto.
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