Posverdad y narrativas engañosas:
consecuencias en la democracia costarricense (2022-2024)
Post-truth and
misleading narratives: consequences for Costa Rican democracy (2022-2024)
Wilson Hernández-Arroyo
Escuela de Bibliotecología y
Ciencias de la Información
Universidad de Costa Rica,
San José, Costa Rica
wilson.hernandezarroyo@ucr.ac.cr
https://orcid.org/0000-0003-4216-1382
Fecha
de recepción: 7 de octubre
del 2024
Fecha
de aceptación: 24 de febrero del 2025
Cómo citar:
Hernández-Arroyo,
Wilson.
2026. Posverdad y narrativas engañosas: consecuencias en la democracia
costarricense (2022-2024). Revista
Reflexiones. 105 (1). DOI 10.15517/rr.v105i1.62086
Resumen
Introducción: Este ensayo
explora el impacto de la posverdad y la desinformación en la democracia
costarricense durante el periodo 2022-2024. Se analizan las afirmaciones falsas
y las narrativas engañosas del presidente Rodrigo Chaves y su equipo,
enfocándose en cómo estas distorsionan la percepción pública y afectan las
instituciones democráticas.
Objetivo: Analizar cómo la desinformación emanada del
Poder Ejecutivo ha influido en la estabilidad democrática y la participación
ciudadana, resaltando los diferentes tipos de desinformación utilizados.
Método: Se realizó un análisis de
contenido de las declaraciones públicas del gobierno costarricense, extraídas
de la prensa nacional, organizando las falsedades en categorías según su tipo
(contenido falso, engañoso, contexto falso, entre otros). También se
consultaron encuestas y estudios de opinión para contextualizar el impacto de
estas narrativas.
Resultados: El análisis
revela un patrón de uso deliberado de desinformación para influir en la opinión
pública. A pesar de la exposición de falsedades, el apoyo popular hacia el
presidente se mantuvo estable, lo que refleja el poder de la desinformación en
consolidar narrativas políticas.
Conclusiones: Se
concluye que la desinformación emitida desde los altos niveles gubernamentales
representa un desafío significativo para la democracia costarricense. La
alfabetización informativa es crucial para combatir este fenómeno, permitiendo
que la ciudadanía tome decisiones informadas y proteja la integridad
democrática.
Palabras clave: Desinformación,
Posverdad, Democracia costarricense, Manipulación informativa, Narrativas
engañosas.
Abstract
Introduction: This essay
explores the impact of post-truth and disinformation on Costa Rican democracy
during the 2022-2024 period. It analyzes the false statements and misleading
narratives of President Rodrigo Chaves and his team, focusing on how these
distort public perception and affect democratic institutions.
Objective: To analyze
how disinformation emanating from the Executive Branch has influenced
democratic stability and citizen participation, highlighting the different
types of disinformation used.
Method: A content analysis of the
Costa Rican government's public statements, extracted from the national press,
was carried out, organizing the falsehoods into categories according to their
type (false content, misleading, false context, among others). Surveys and
opinion studies were also consulted to contextualize the impact of these
narratives.
Results: The analysis reveals a
deliberate pattern of disinformation used to influence public opinion. Despite
the exposure of falsehoods, popular support for the president remained stable,
reflecting the power of disinformation in solidifying political narratives.
Conclusions: It is
concluded that disinformation issued from high levels of government represents
a significant challenge to Costa Rican democracy. Information literacy is
crucial in combating this phenomenon, enabling citizens to make informed
decisions and protect democratic integrity.
Key words: Disinformation,
Post-truth, Costa Rican democracy, Information manipulation, Misleading
narratives.
Introducción
La posverdad es un fenómeno contemporáneo que se ha
consolidado en la cultura y el discurso político de las sociedades modernas,
pero su desarrollo no puede entenderse sin considerar el contexto posmoderno en
el que surge. La transformación del sujeto moderno al sujeto posmoderno ha dado
lugar a una sociedad donde la verdad objetiva cede paso a narrativas
construidas a partir de emociones y creencias personales. Esta mutación ha sido
facilitada, en gran medida, por el auge de las redes sociales, la crisis de
credibilidad en las instituciones y la instrumentalización de la información
con fines políticos y económicos.
Este concepto, aunque utilizado desde antes, alcanzó
notoriedad en 2016 cuando fue nombrado palabra del año por el Diccionario
Oxford (Oxford Languages 2016). La posverdad está
estrechamente vinculada a la desinformación y la proliferación de fake news, donde la manipulación de hechos y la
apelación a las emociones prevalecen sobre la realidad objetiva. Como menciona
Araújo, la posverdad ha surgido gracias a «uma
conjunção de diversos fatos ou
fenômenos que já vinham acontecendo há décadas [una combinación de varios hechos o
fenómenos que se venían produciendo desde hacía décadas]» (2020b, 36), entre
ellos, la desintermediación de los medios tradicionales y la creciente
influencia de plataformas digitales en la construcción del discurso público.
En este escenario, el papel del periodismo en la
difusión de noticias engañosas resulta fundamental para comprender la
propagación de la posverdad. Ramonet (2004) advierte sobre la transformación de
los medios de comunicación en lo que él denomina el Quinto Poder, un
conglomerado de grupos mediáticos que han dejado de ejercer su función de
contrapoder para convertirse en actores políticos y económicos con intereses
propios. En palabras de Ramonet «los grandes grupos mediáticos, cómplices y
difusores de la globalización liberal […] que, en determinadas circunstancias,
no solo dejan de defender a los ciudadanos, sino que a veces actúan en contra
del pueblo en su conjunto» (2004, 29).
Este fenómeno ha llevado a la instrumentalización de
la información con el fin de consolidar narrativas dominantes que favorecen
determinados intereses políticos y económicos. En este sentido, el periodismo
ya no actúa exclusivamente como el «cuarto poder» encargado de vigilar a los
gobiernos, sino que, en muchos casos, opera como un actor que legitima la
desinformación y contribuye a la construcción de relatos engañosos.
El objetivo de este ensayo es analizar el impacto de la posverdad en el
contexto político del Poder Ejecutivo costarricense entre los años 2022 y 2024,
durante la administración de Rodrigo Chaves Robles. A través de este análisis,
se busca entender cómo la desinformación y la manipulación de hechos objetivos
han tenido consecuencias sobre la democracia costarricense, explorando el papel
de los medios en la legitimación de estas narrativas.
Acercamiento conceptual
La posverdad y la desinformación han adquirido una
importancia creciente dentro de las Ciencias de la Información debido a su
impacto directo en la circulación de información y la conformación de la
opinión pública. Como afirma Araújo (2020a, 1), la «posverdad es una expresión
sobre la cual se ha debatido mucho en los medios de comunicación, en las redes
sociales, en la política y, también, en la producción científica en diversas
áreas». Esta relevancia se refleja en la necesidad de desarrollar enfoques
críticos que analicen las dinámicas de desinformación y sus efectos en la
democracia y el acceso a la información. En este contexto, el campo de la ciencia
de la información se ve desafiado a «adoptar otros problemas y perspectivas de
estudio» (Araújo 2020a, 4), que permitan combatir la propagación de desinformación
y fortalecer la competencia informativa.
Posverdad
La historia del término posverdad muestra cómo ha
pasado de ser un concepto marginal para convertirse en un elemento central del
discurso político y social contemporáneo. Si bien la palabra ya existía, su uso
se popularizó en 2016, durante eventos como el referéndum del Brexit en Reino
Unido y las elecciones presidenciales en Estados Unidos, en donde las
estrategias de comunicación apelaban más a la emoción y a la identidad de los
votantes que a la veracidad de los hechos (Oxford Languages,
2016). Sin embargo, el concepto no es del todo reciente. Ya en la década de
1990, Tesich (1992, 13) hacía referencia al término
al afirmar: «we, as a free people,
have freely decided that we
want to live
in some post-truth world [nosotros, como pueblo libre, hemos decidido
libremente que queremos vivir en un mundo de posverdad]».
Desde una perspectiva filosófica, Nicolás Marín (2019)
plantea que la posverdad es más que un fenómeno coyuntural; se trata de un
síntoma de un profundo malestar cultural, resultado de un proceso histórico que
ha puesto en cuestión los pilares fundamentales de la modernidad ilustrada. En
este sentido, no se trata simplemente de la proliferación de mentiras en el
ámbito político o mediático, sino de un cambio estructural en la forma en que
la sociedad construye y valora la verdad.
«La posverdad expresa todo un diagnóstico de la
actualidad en sus más diversos aspectos culturales, científicos, sociales,
personales, etc. […] La relación con la verdad expresada en el término «posverdad»
alude de entrada a algún tipo de posterioridad, a que en algún sentido la
verdad ha quedado atrás, ha sido rebasada, superada o neutralizada» (Nicolás
Marín 2019, 303).
Por su parte, Oxford Languages
define la posverdad como lo «relating to or denoting
circumstances in which objective facts are less influential in shaping public opinion than appeals to emotion and personal belief [relativo o que denota circunstancias en las que
los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que
las apelaciones a la emoción y a las creencias personales]» (2016, 2). Sumado a
esto, desde un enfoque sociopolítico, Carrera Umaña la concibe como el
«diagnóstico de la situación que enfrenta la sociedad actual, en la cual se
evidencia un cuestionamiento de la fiabilidad del saber mismo y una
incertidumbre en torno a los fundamentos que guían la acción humana»
(Universidad de Costa Rica, Noticias, 23 de mayo de 2023, 3). Esta visión
resalta el papel de la posverdad en la deslegitimación de la información
científica y en la erosión del discurso basado en evidencia.
En este contexto, la relación entre posverdad y
desinformación se vuelve crucial, pues ambas operan como mecanismos que
distorsionan la percepción de la realidad en el espacio público. Como señalan
García-Marín y Aparici (2019), las estrategias de la
posverdad se apoyan en la desinformación como herramienta clave para modelar la
opinión pública y reforzar narrativas preexistentes. Según estos autores, la
desinformación combina hechos reales con contenido falso de manera que resulta
difícil de descifrar para el ciudadano medio. Dentro de estas estrategias se
encuentran la falsa atribución, los titulares engañosos y el contenido
manipulado. A esto se suman las fake news, es decir, contenidos
enteramente falsos diseñados deliberadamente para manipular la percepción
pública con fines políticos o económicos, utilizando tácticas como la
automatización de la desinformación a través de bots
y la creación de portales web que imitan el diseño de medios tradicionales.
Como señala Nicolás Marín (2019), vivimos en un
periodo de coexistencia entre verdad y posverdad, donde la mentira y la
desinformación han dejado de ser percibidas como anomalías para convertirse en
elementos estructurales del discurso público, ya que la posverdad no ha
reemplazado a la verdad, sino que «la posverdad ha entrado de modo
significativo en un cierto tipo de interacción con la verdad […]. Estamos en un
momento de coexistencia de verdad y posverdad» (Nicolás Marín 2019, 307-308).
Desinformación
Para Castro Ávila (2021, 15), «la desinformación se
refiere a textos, imágenes, audios o videos falsos, manipulados o sacados de
contexto. Son producidos intencionalmente con diferentes objetivos: dañar a una
persona o institución». Por otro lado, Olmo y Romero coincide al decir que «la
desinformación puede definirse como la difusión intencionada de información no
rigurosa que busca minar la confianza pública, distorsionar los hechos,
transmitir una determinada forma de percibir la realidad y explotar
vulnerabilidades con el objetivo de desestabilizar» (2019, 4).
A partir de estas definiciones, es claro que la
desinformación no solo implica la creación de contenidos falsos, sino que
también puede ser el resultado de la manipulación de hechos o de su
presentación en contextos distorsionados. Este fenómeno, al igual que la
posverdad, tiene profundas implicaciones en el ámbito social y político, ya que
influye directamente en la formación de opiniones y en la percepción de la
realidad. La desinformación saca provecho de las emociones y las debilidades
cognitivas de las personas para influir en sus creencias, lo que la hace una
herramienta de poder para manipular el discurso público, desestabilizar
democracias y polarizar sociedades. De esta forma, se trata de «obtener
ventajas políticas, de minar los valores democráticos, de extender una nueva
narrativa para, en definitiva, cambiar nuestra realidad» (Olmo y Romero 2019, 4).
Tipos de desinformación
La desinformación puede presentarse de diversas
formas, cada una con características y objetivos específicos. Esta diversidad se
puede clasificar en distintas categorías, las cuales se definen según su
naturaleza y su intención de engaño o manipulación. Es crucial entender estos
tipos para poder abordarlos y combatirlos adecuadamente, principalmente en la
era digital, donde las redes sociales juegan un papel crucial en la propagación
de información errónea. A continuación, en la Tabla 1, se presentan los principales
tipos de desinformación, junto con una breve definición de cada uno.
Tabla
1. Tipos de desinformación
Tipo de
desinformación |
Definición |
Contenido falso
(fake news) |
Información completamente fabricada para engañar,
sin ninguna base en hechos reales. Imita a medios de comunicación
tradicionales para aparentar legitimidad. |
Contenidos
creados con fines humorísticos o irónicos, pero que pueden engañar si se
toman fuera de contexto o si no se reconoce la intención original. |
|
Conexión falsa |
También conocida como clickbait,
utiliza titulares sensacionalistas para generar visitas, pero el contenido no
cumple con las expectativas creadas. |
Contenido
engañoso |
Usa hechos o datos reales manipulados para inducir
al lector a una interpretación errónea. |
Contexto falso |
Información verídica compartida fuera de su contexto
original para distorsionar su significado o crear una falsa relación entre
hechos. |
Contenido
impostor |
Suplantación de identidad de una fuente legítima
para hacer creer que la información proviene de una fuente confiable. |
Contenido
manipulado |
Textos, imágenes o vídeos alterados deliberadamente
para engañar o cambiar el mensaje original |
Fuente: Información extraída de Castro Ávila (2021); Sánchez Duarte y
Magallón-Rosa (2023); y Anguita et al. (2023).
Este enfoque ayuda a clasificar y comprender los
distintos formatos en los que puede presentarse la desinformación, y facilita
el diseño de categorías para analizar, abordar y mitigar su impacto en la
sociedad.
Posverdad y desinformación en la política
contemporánea
La
posverdad y la desinformación han transformado profundamente la política
contemporánea, generando un clima donde los hechos objetivos pierden peso
frente a las emociones y las creencias personales. Para Avaro (2021), la
posverdad y las verdades empíricas conviven en un frágil equilibrio epistémico,
lo que ha permitido que el discurso político se aleje cada vez más de los
hechos verificables. Este fenómeno ha sido amplificado por el uso de redes
sociales y otros medios digitales, donde los mensajes emocionales y
polarizadores encuentran mayor resonancia que las argumentaciones basadas en
evidencias. Como señala Araújo, «a ampla disseminação
de informações falsas […] com
suporte tecnológico que permite alcances inimagináveis
[la difusión generalizada de información falsa [...] con un soporte tecnológico
que permite un alcance inimaginable]» (2021, 7).
La posverdad no solo impacta la percepción de la
realidad, sino que también altera el comportamiento electoral y la confianza en
las instituciones. En América Latina, la desinformación ha sido utilizada como
una estrategia para manipular el debate público y moldear la opinión de los
votantes. Mendoza, Dagatti y López López (2023), documentan cómo la propagación de noticias
falsas ha sido utilizada para influir en elecciones y desestabilizar gobiernos
en la región, destacando casos como las elecciones en Argentina y Perú, donde
las redes sociales jugaron un papel central en la construcción de narrativas
falsas que afectaron la confianza en los procesos democráticos.
Uno de los casos más representativos en el contexto
latinoamericano es el de Argentina, donde la posverdad se ha materializado a
través de la exposición selectiva a fake news. Según Clavero
(2018), las noticias falsas han sido utilizadas como un recurso estratégico en
el periodismo y la política, generando audiencias polarizadas que consumen y
comparten información sesgada sin cuestionar su veracidad. En su estudio,
Clavero (2018) identifica cómo la posverdad no solo implica la difusión de
información falsa, sino que también representa una reconfiguración de la
comunicación política, en la que la percepción y la identidad ideológica se
vuelven más relevantes que los hechos objetivos
En el caso de Costa Rica, la elección presidencial de
2022 fue un claro ejemplo de cómo la desinformación y la posverdad han moldeado
la política contemporánea. Como se analiza Siles González (2024), la campaña
electoral estuvo marcada por el uso masivo de redes sociales y estrategias de
comunicación digital que favorecieron la viralización de mensajes políticos sin
control de veracidad. Durante la contienda electoral, los candidatos
utilizaron plataformas como Facebook, TikTok y WhatsApp para amplificar sus
discursos, muchas veces recurriendo a estrategias de desinformación. Como se
señala, «las elecciones presidenciales de 2022, atípicas en muchos aspectos,
merecían un análisis científico profundo, dado el uso extendido de redes
sociales, plataformas digitales, creación de contenidos y desinformación»
(Siles González, 2024, 383).
Uno de los fenómenos más llamativos fue la estrategia
de confrontación con los medios de comunicación tradicionales, donde el
presidente electo Rodrigo Chaves utilizó narrativas de posverdad para atacar a
la prensa y consolidar su apoyo popular. Durante su campaña, Chaves popularizó
el término «prensa canalla», desacreditando a los medios e incentivando la
desconfianza en la información oficial. Este discurso polarizador permitió que
su mensaje llegara directamente a los votantes a través de redes sociales,
evitando los filtros de verificación de los medios tradicionales.
Además, Siles González (2024) destaca cómo la
viralización de contenidos en redes sociales contribuyó a la personalización de
la política y a la fragmentación del debate público. Fenómenos como el uso de
memes, stickers y videos cortos en plataformas
como TikTok fueron determinantes para el posicionamiento de candidatos,
relegando los programas políticos y las propuestas a un segundo plano.
En este sentido, se refleja cómo la posverdad y la
desinformación han reconfigurado la dinámica política en América Latina. Las
estrategias de manipulación de la información no solo afectan la percepción de
la realidad, sino que también transforman la relación entre los ciudadanos y
las instituciones democráticas, debilitando la confianza en los procesos
electorales y en los medios de comunicación.
Metodología
Este estudio adopta un enfoque cualitativo basado en
análisis de contenido con el objetivo de examinar la presencia de posverdad y
desinformación en la comunicación del Poder Ejecutivo de Costa Rica durante la
administración de Rodrigo Chaves Robles, entre los años 2022 (desde el 8 de
mayo) y 2024 (hasta septiembre). Se busca comprender cómo la desinformación ha
sido utilizada estratégicamente en el discurso oficial y su impacto en la
estabilidad democrática del país.
El análisis se centra en el artículo periodístico «52
falsedades del gobierno», publicado por La Nación el 18 de agosto de 2024
(Córdoba 2024), el cual compila una serie de afirmaciones falsas o engañosas
emitidas por el presidente y su equipo de gobierno. Este documento fue
seleccionado debido a su sistematización de información, lo que facilita la
identificación de patrones discursivos y la categorización de las estrategias
de desinformación utilizadas. Asimismo, el medio de comunicación La Nación es
reconocido por su trayectoria en la cobertura política costarricense y por su
metodología de verificación de datos, lo que garantiza que las afirmaciones
incluidas en el análisis hayan sido contrastadas. No obstante, se reconoce que
la dependencia de una única fuente podría limitar la amplitud del estudio, por
lo que se realizó una triangulación con otras fuentes secundarias, como la encuesta
de opinión pública del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la
Universidad de Costa Rica (Alfaro Redondo, Camacho Sánchez, Chacón Mendoza,
Ruiz Tijerino 2024), informes de medios de comunicación y estudios académicos
previos sobre desinformación y posverdad en América Latina.
La técnica de análisis de contenido utilizada en este
estudio permite examinar patrones discursivos y clasificar las afirmaciones del
gobierno según su nivel de veracidad y su estrategia de manipulación. La
clasificación de las falsedades gubernamentales se realizó en función de cinco
categorías previamente identificadas en la literatura especializada: contenido
falso, contenido engañoso, contexto falso, contenido impostor y contenido
manipulado (Castro Ávila 2021; Sánchez Duarte y Magallón-Rosa 2023; y Anguita
et al. 2023). Cada una de estas categorías fue operacionalizada con base en
estudios sobre desinformación y estrategias de comunicación política, lo que
permitió definir con mayor precisión los mecanismos empleados en la difusión de
información errónea.
Falsedades
del gobierno de Costa Rica
La posverdad y la desinformación han tenido un impacto
significativo en la política contemporánea de Costa Rica, especialmente en el
manejo de la información por parte del gobierno. A lo largo de los últimos
años, puntualmente a partir de 2022, se han documentado numerosas afirmaciones
falsas por parte del presidente Rodrigo Chaves Robles y su equipo, tal como
consta en el artículo de La Nación sobre las «52 falsedades del gobierno» (Córdoba,
La Nación, 18 de agosto 2024). Estas afirmaciones, que abarcan desde
datos imprecisos sobre infraestructura pública hasta la tergiversación de
estadísticas de empleo y pobreza, han sido utilizadas para moldear la
percepción pública y consolidar apoyo político en un entorno donde los hechos
objetivos son menos influyentes que las emociones y creencias personales.
Desinformación desde el gobierno de Costa Rica
Las falsedades presentadas por Córdoba (La Nación, 18
de agosto 2024), se organizaron en diferentes tablas, clasificadas según los
tipos de desinformación que se establecieron en la Tabla 1. Estas falsedades
incluyen una variedad de tácticas que van desde la creación de contenido falso,
como afirmaciones completamente fabricadas, hasta el uso de contexto falso,
donde hechos verídicos son presentados fuera de su contexto para distorsionar
su significado. Además, algunas de las afirmaciones corresponden a contenido
engañoso, en el que se manipulan datos reales para inducir a la opinión pública
a interpretaciones erróneas. Esta clasificación permite entender cómo
diferentes estrategias de desinformación pueden ser empleadas para moldear la
percepción pública y manipular la opinión sobre temas relevantes en Costa Rica.
Contenido
falso
Se considera que la información es de contenido falso
cuando esta es completamente fabricada para engañar, sin ningún sustento en
hechos reales (Castro Ávila 2021; Sánchez Duarte y Magallón-Rosa 2023; y
Anguita et al. 2023). Por lo general, se imita a medios de comunicación
tradicionales para aparentar legitimidad, o bien, «simulan ser información
periodística real», además, se «apela a las emociones; por ello, suelen incluir
informaciones que indignan, enojan o entristecen a fin de motivar a las
personas para que compartan el mensaje» (Castro Ávila 2021, 15). A
continuación, en la Tabla 2, se presentan las falsedades identificadas como
contenido falso en el discurso del presidente y su equipo.
Tabla
2. Desinformación: contenido falso
Hecho en el que se detecta la falsedad |
Descripción |
Decreto de vacunación inexistente al firmarse. |
El gobierno afirmó haber
firmado un decreto eliminando la vacunación obligatoria, pero el decreto no
existía al momento de la firma y fue redactado después. |
Poseer armas de fuego automáticas de guerra es un delito en el país. |
Se afirmó que poseer un arma de guerra era solo una
contravención, pero la ley establece que es un delito con penas de cárcel. |
Sala IV corrigió al Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) sobre
la delimitación del Refugio Natural de vida Silvestre Gandoca-Manzanillo. |
Se negó que la Sala IV
ordenara la delimitación del área protegida, pero la Sala IV confirmó que sí
emitió esa orden en el 2019. |
Ministerio de Justicia y Paz desmintió al presidente sobre estudios
para cárceles de carpas. |
Se afirmó que había estudios técnicos que avalaban
la viabilidad de cárceles de carpas, pero el Ministerio de Justicia admitió
que no existían tales estudios. |
Embajada de los Estados Unidos desmintió visita de expertos para evaluar
terreno de nuevo hospital de Cartago. |
Se afirmó que la embajada
estadounidense traería expertos para evaluar un terreno, pero la embajada
negó estar coordinando tal visita. |
Intel negó que evaluara permanecer en Costa Rica. |
Se afirmó que Intel estaba reconsiderando su
permanencia en el país, pero la empresa lo desmintió y reafirmó su compromiso
con Costa Rica. |
Tormenta Bonnie no causó daños en pista de aterrizaje del aeropuerto
Daniel Oduber. |
Se justificó la reparación
de la pista del aeropuerto debido a daños causados por la tormenta Bonnie,
pero un informe técnico indicó que no hubo daños relacionados con la
tormenta. |
Banco Central contradijo al presidente al mencionar que Costa Rica sí
cuenta con reservas de dólares suficientes. |
Rodrigo Chaves afirmó que el país no tenía
suficientes reservas de dólares, pero el Banco Central demostró que las
reservas son suficientes. |
Nogui Acosta, ministro
de Hacienda, aclaró que la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) está
excluida de la regla fiscal. |
El presidente afirmó que la
CCSS estaba sujeta a la regla fiscal, pero el ministro de Hacienda aclaró que
no es así, que la institución se encuentra exenta de la norma. |
Personas directivas del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE)
no fueron nombradas ilegalmente. |
Se afirmó que tres personas directivas del ICE
fueron nombradas ilegalmente, pero la Fiscalía concluyó que no hubo
irregularidades en los nombramientos. |
Fiscalía desmiente tardanza en caso de agresión a colegiala. |
Se afirmó que la Fiscalía no
actuó hasta que el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) denunció el caso,
pero la Fiscalía demostró que ya había iniciado el proceso antes. |
Contraloría General de la República (CGR) desmintió al presidente
sobre freno a marina y terminal de cruceros. |
Se afirmó que la CGR había impedido la construcción
de una marina, sin embargo, la institución negó haber emitido tal criterio. |
Directivos de la CCSS nunca aprobaron plan contra listas de espera. |
Se afirmó que la Junta
Directiva de la CCSS aprobó un plan para combatir las listas de espera, pero
la propia CCSS confirmó que no se había tomado tal decisión. |
Marcha LGBTI+ sí contaba con permisos. |
Se afirmó que la marcha LGBTI+ no tenía los permisos
requeridos, pero la organización demostró que sí se contaba con todos los
permisos en regla. |
Presidencia ocultó orden de suspender publicidad en medios. |
Se negó haber emitido una
orden para suspender publicidad en ciertos medios de comunicación, pero
audios revelaron que la directriz sí existió. |
Mario Zamora, ministro de Gobernación, Policía y Seguridad Pública, contradijo
a presidencia sobre uso de finca de Allan Pacheco Dent. |
Presidencia afirmó que varias fuerzas policiales,
incluida la Fuerza Pública, utilizaban una finca para entrenamiento, pero
Mario Zamora negó la participación de la Fuerza Pública en el uso de la
finca. |
Municipio desmintió informe del Instituto Nacional de Vivienda y
Urbanismo (INVU) sobre Parque Viva. |
Se afirmó que Parque Viva
tenía anomalías en sus permisos, pero la Municipalidad de Alajuela confirmó
que el uso de suela era conforme al Plan Regulador. |
Estudio del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) negó
sobrepoblación de cocodrilos. |
Se afirmó que había una sobrepoblación de cocodrilos
en los ríos del país, pero un informe del MINAE desmintió esta afirmación,
indicando que no hay evidencia que lo respalde. |
Fiscala Cris González no incurrió en conflicto de intereses en
supuesto caso de evasión. |
Se acusó a la fiscala
González de conflicto de intereses en un caso de evasión fiscal, pero una
investigación determinó que no existió tal conflicto. |
Juzgado desmintió denuncia de Luis Amador contra exviceministra del
Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT). |
Se acusó a la exviceministra de obstrucción de
evidencias, pero el juzgado desestimó la denuncia por falta de pruebas. |
Fiscal negó orden para detener a manifestantes en Hatillo, San José. |
Se afirmó que el Poder
Judicial emitió una orden de detención contra los manifestantes, pero el
Fiscal aclaró que nunca se emitió tal orden. |
Asaltante de autobús no contaba con tobillera electrónica. |
Se afirmó que el sospechoso de un asalto a un
autobús portaba tobillera electrónica, pero el Ministerio de Justicia y Paz
confirmó que no la utilizaba. |
Acuerdos de Comisión de Vacunación no eran nulos según criterios de la
Procuraduría. |
Se afirmó que los acuerdos
de la Comisión Nacional de Vacunación eran ilegales debido a nombramientos
vencidos, pero la Procuraduría General de la República indicó que los actos
del órgano seguían siendo válidos. |
Fundación MarViva no encabezó denuncia de
los Estados Unidos contra el gobierno. |
Se afirmó que MarViva
estaba detrás de una demanda en los Estados Unidos contra el gobierno, pero
la organización desmintió la afirmación y aclaró que solo suscribió una
denuncia presentada por otra entidad. |
Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura no consultó a
instituciones sobre inclusión de fauna silvestre en lista comercial. |
Se afirmó que varias
instituciones (Universidad de Costa Rica, Universidad Nacional, MINAE y SINAC),
fueron consultadas para inclusión de fauna silvestre en una lista comercial,
pero estas instituciones negaron haber sido consultadas. |
Terreno para el nuevo hospital de Cartago no fue de los más caros. |
Se afirmó que el terreno comprado para el hospital
de Cartago fue de los más caros, pero la CCSS informó que fue una de las
ofertas más económicas. |
Sala IV no ordenó a Justicia la compra masiva de computadoras. |
Se afirmó que la Sala IV
ordenó una compra masiva de computadoras para reclusos, pero la Sala aclaró
que solo ordenó proporcionar medios electrónicos para consulta de
expedientes. |
Sala IV no impidió despido de policía penitenciario. |
Se afirmó que la Sala IV impidió el despido de un
policía penitenciario, pero la Sala aclaró que no había emitido tal medida
cautelar. |
Compra de terrenos por parte del Poder Judicial para la Sala IV. |
Se afirmó que la CGR
permitió al Poder Judicial comprar terrenos por excepción, pero el Poder
Judicial aclaró que la compra se realizó mediante un fideicomiso. |
Gobierno no instaló nuevos escáneres en el 2023. |
Se afirmó que el gobierno instaló nuevos escáneres
en el 2023, pero los únicos escáneres en operación fueron instalados por APM Terminals en 2022. |
Inexistencia de orden para suspender cobro de peajes. |
Se afirmó que el jerarca del
MOPT pidió suspender el cobro de peajes el día del derrumbe en Cambronero
(San Ramón, Alajuela), pero la concesionaria confirmó que la solicitud llegó
un día después del siniestro. |
Consultoría inexistente de la CCSS con Banco Mundial. |
Se anunció una consultoría con el Banco Mundial para
evaluar seguros de salud y pensiones, pero se confirmó que nunca existió. |
Pilar Cisneros afirma que Hatillo, San José, gasta el doble de agua
que el país. |
Se afirmó que Hatillo en San
José consume le doble de agua que el resto del país, pero datos del Instituto
Costarricense de Acueductos y Alcantarillados indicaron que su consumo es
menor que el promedio de San José. |
Exministro de Hacienda, Elian Villegas, contradice a presidenta del Instituto
Mixto de Ayuda Social. |
Se afirmó que las becas del programa Avancemos
fueron recortadas debido a una meta irreal, pero el exministro Villegas
desmintió esto, indicando que la meta fue cumplida. |
Ley Jaguar sí debilitaría a la CGR. |
Se afirmó que la Ley Jaguar
no afectaba a la Contraloría, pero la Sala IV declaró que el proyecto sí
reducía las funciones del órgano controlador. |
Sala IV no ordenó poner cámaras corporales en todos los policías
penitenciarios. |
Se afirmó que la Sala IV exigió que todos los
policías penitenciarios llevaran cámaras corporales, pero la Sala aclaró que
solo ordenó grabar las intervenciones, no adquirir cámaras para todos. |
Tribunal pidió más policías por informe de director carcelario. |
Se afirmó que una jueza
ordenó el traslado de policías entre centros penitenciarios, pero el tribunal
aclaró que la orden se basó en un informe de carencias de personal en la
cárcel de Alajuela. |
Construcción de obra pública de calidad, sin sobrecostos y cumpliendo
plazos. |
Se afirmó que la infraestructura pública se estaba
construyendo sin sobrecostos, pero se revelaron irregularidades y sobrecostos
en un contrato para reparar la pista del Aeropuerto Daniel Oduber. |
Denuncia contra periodista sin pruebas ni testigos. |
Se denunció a un periodista
por agredir a una funcionaria, per la denuncia fue archivada por falta de
pruebas y testigos. |
Segunda Ley Jaguar sí puede ir a consulta a la Sala IV. |
Se afirmó que ciertas reformas incluidas en la Ley
Jaguar no fueron sujetas a consulta por el Tribunal Supremo de Elecciones,
pero este ente aclaró que esas reformas aún se encontraban en etapa de
análisis. |
Fuente:
Información
extraída de Córdoba (La Nación, 18 de agosto 2024).
El análisis de las desinformaciones clasificadas como
de contenido falso revela un patrón claro de afirmaciones completamente
fabricadas o distorsionadas por parte del gobierno, que carecen de base en
hechos verificables. Este tipo de desinformación tiene el potencial de
manipular la opinión pública, ya que se presenta bajo el manto de autoridad y
legitimidad, lo que aumenta su capacidad de engaño. Al revisar casos como el
del decreto inexistente sobre vacunación obligatoria, o la falsa información de
que Intel reconsideraba su permanencia en Costa Rica, se evidencia un uso
recurrente de información inventada para influir en la percepción pública.
Además, este tipo de desinformación también apela a emociones fuertes, como la
indignación o el miedo, lo que motiva a las personas a compartir dichos
mensajes sin verificar su veracidad. De esta forma, las estrategias de diseminación
de contenido falso están alineadas con los intereses políticos inmediatos del
gobierno, generando un impacto considerable en la confianza en contra de las
instituciones y la estabilidad del discurso público.
Contenido engañoso
La desinformación por contenido engañoso se suele dar
cuando se utilizan hechos o datos reales manipulados, de manera tal que las
personas sean inducidas a una interpretación errónea de los hechos, o bien,
parcialmente verdadera (Castro Ávila 2021; Sánchez Duarte y Magallón-Rosa 2023;
y Anguita et al. 2023). Este tipo de desinformación suele ser más sencilla de
detectar, ya que se basa en información que puede tener sustento en la realidad,
pero se distorsiona para ajustar un determinado mensaje o narrativa. A
continuación, en la Tabla 3, se presentan las falsedades identificadas como de
contenido engañoso en las declaraciones del gobierno.
Tabla
3. Desinformación: contenido engañoso
Hecho en el
que se detecta la falsedad |
Descripción |
Documentos equivocados
sobre nuevo terreno para hospital en Cartago. |
Se usaron informes de un terreno equivocado para
justificar la paralización del nuevo hospital de Cartago, cuando el terreno
real era adecuado. |
Luis Amador (exministro
del MOPT) sabía que las reinspecciones vehiculares
no podía ser gratis. |
Se afirmó que las reinspecciones
vehiculares no podían ser gratuitas debido a regulaciones, sin embargo, Luis
Amador ya conocía que Dekra no realizaría reinspecciones gratuitas por razones económicas. |
Listas de
espera para mamografías no llegaron a cero, como mencionó Joselyn Chacón (exministra
de Salud Pública). |
Se afirmó que las listas de espera para mamografías
habían llegado a cero, pero no se cumplió la meta debido a retrasos en la
revisión de pacientes. |
Natalia Díaz
(exministra de la Presidencia) corrigió al presidente sobre reforma a prisión
preventiva. |
Rodrigo Chaves, afirmó que un proyecto de ley fue
archivado, pero Natalia Díaz corrigió y explicó que el proyecto sería
incorporado en un texto sustitutivo. |
₡
200 000 millones para listas de espera se trasladaron a hospital de
Limón. |
Se afirmó que un fondo de ₡200 000
millones se destinó para erradicar las listas de espera, pero se confirmó que
el dinero fue utilizado para el nuevo Hospital Tony Facio en Limón. |
Recortes a la
inversión pública en vivienda. |
Se afirmó que se habían entregado 16 000
viviendas en dos años, pero los datos mostraron que el número de bonos
entregados fue mucho menor que en años anteriores. |
Fuente: Información extraída de Córdoba (La Nación, 18 de agosto 2024).
Como se puede apreciar, el uso de contenidos engañosos
es especialmente insidioso porque, al basarse en hechos parcialmente
verdaderos, puede generar confusión en el público, al hacer que las mentiras
sean más difíciles de detectar. Casos como el de los documentos equivocados
sobre el nuevo hospital de Cartago o el traslado de fondos originalmente
destinados a listas de espera al hospital de Limón, son ejemplos claros de cómo
se manipulan los hechos para distorsionar la realidad. Estos casos buscan
desviar la atención de la verdadera situación y mantener una imagen favorable
del gobierno, al tiempo que perjudican la transparencia en el manejo de la
información pública.
Contexto falso
El contexto falso, referido a la presentación de
información verídica, pero fuera de su contexto original, lo que puede generar
la distorsión de su significado o crear una relación falsa entre los hechos
(Castro Ávila 2021; Sánchez Duarte y Magallón-Rosa 2023; y Anguita et al. 2023).
Esta técnica de desinformación es particularmente engañosa porque la
información presentada puede ser cierta, pero su uso descontextualizado induce
a las personas a interpretarla de manera incorrecta. En la Tabla 4, se detallan
las falsedades clasificadas como contexto falso empleadas por el gobierno.
Tabla
4. Desinformación: contexto falso
Hecho en el
que se detecta la falsedad |
Descripción |
Sospechoso de
narco sí se reunió en el Instituto Costarricense de Ferrocarriles (INCOFER) durante
este gobierno. |
Se afirmó que la reunión ocurrió en la
administración pasada (Alvarado Quesada, 2018-2022), pero en realidad sucedió
durante la gestión actual. |
Viceministro de
Seguridad fue destituido por perdida de confianza. |
Se destituyó al viceministro de Seguridad por
presunta pérdida de confianza en un proceso de licitación, pero una
investigación lo exoneró de toda responsabilidad. |
Gobierno de
Laura Chinchilla Miranda (2010-2014) no negoció acuerdo de rotación del
Sistema de Integración Centroamericana (SICA). |
Se afirmó que la administración Chinchilla Miranda negoció
el acuerdo de rotación de la secretaría general del SICA, pero dicho acuerdo
fue alcanzado durante la administración de Luis Guillermo Solís (2014-2018). |
Fuente: Información extraída de Córdoba (La Nación, 18 de
agosto 2024).
El uso de desinformaciones de contexto falso en las
declaraciones gubernamentales busca aprovechar hechos reales para generar
narrativas engañosas. Al sacar de contexto acontecimientos, como la reunión de
un sospechoso de narcotráfico en el INCOFER, o el supuesto acuerdo de rotación
del SICA negociado en el gobierno de Laura Chinchilla Miranda, se altera la
percepción pública de la realidad. Este tipo de desinformación es efectivo para
confundir y distraer a la población, ya que se aprovecha de la veracidad
parcial de los hechos para construir relaciones falsas entre los mismos, dañando
la confianza en los actores políticos y en la veracidad de la información
gubernamental.
Contenido impostor
Otro de los tipos de desinformación identificados fue
el de contenido impostor, el cual se caracteriza por la suplantación de
identidad de una fuente legítima para hacer creer que la información proviene
de una entidad o persona confiable (Castro Ávila 2021; Sánchez Duarte y
Magallón-Rosa 2023; y Anguita et al. 2023). Esta estrategia busca confundir a
las personas, utilizando el prestigio o autoridad de una fuente falsamente
atribuida para otorgar credibilidad a la información difundida. A continuación,
en la Tabla 5, se presentan las falsedades identificadas como de contenido
impostor.
Tabla
5. Desinformación: contenido impostor
Hecho en el
que se detecta la falsedad |
Descripción |
Caso de evasión
fiscal carecía de un informe técnico. |
Se afirmó que un caso de evasión fiscal estaba respaldado
por un informe técnico, pero se descubrió que no existía dicho informe. |
Gobierno no
presentó amparo sobre pensiones del Poder Judicial. |
Se afirmó que el gobierno presentó un amparo para
obtener información sobre pensiones, pero la Sala IV aclaró que el amparo lo
presentó una actuaria personalmente y no el gobierno. |
Fuente:
Información
extraída de Córdoba (La Nación, 18 de agosto 2024).
Se considera a el contenido impostor especialmente
dañino porque socava la confianza en las instituciones al hacer que
declaraciones falsas parezcan respaldadas por fuentes oficiales o técnicas. Casos
como el supuesto informe técnico que respaldaba un caso de evasión fiscal o la
presentación de un amparo sobre pensiones por parte del gobierno, revelan cómo
se intenta legitimar información fabricada o manipulada al atribuirla
falsamente a actores institucionales. Esta técnica no solo confunde a las
personas, sino que erosiona la credibilidad de las instituciones involucradas,
afectando la percepción de transparencia y responsabilidad en la gestión
pública.
Contenido manipulado
Por último, se identificó la desinformación haciendo
uso del contenido manipulado, es decir, del uso de deliberado de textos,
imágenes o videos alterados, con el fin de engañar o cambiar el mensaje
original (Castro Ávila 2021; Sánchez Duarte y Magallón-Rosa 2023; y Anguita et
al. 2023). Este tipo de desinformación se utiliza para distorsionar la
realidad, creando una percepción errónea de los hechos y generando confusión en
las personas. En la Tabla 6, se presenta un caso identificado de este tipo.
Tabla
6. Desinformación: contenido manipulado
Hecho en el
que se detecta la falsedad |
Descripción |
Ministra de la
Presidencia fingió firmar una ley. |
La ministra simuló firmar una ley, pero un video
mostró que el lapicero no tocó el papel y no se estampó la firma. |
Fuente: Información extraída de Córdoba (La Nación, 18 de agosto 2024).
Al hacer uso de contenido manipulado, se tiene el
potencial de causar un alto impacto debido a su capacidad para alterar
evidencias visuales o escritas que suelen considerarse irrefutables. En este
caso, al simular la ministra de la Presidencia firmar una ley, el uso de un
video manipulado para dar la impresión de que se había realizado una firma
oficial refleja una estrategia de desinformación visual, diseñada para engañar
a las personas. Este tipo de manipulación mina la confianza en los procesos
institucionales y fomenta la desconfianza hacia los representantes del gobierno
y su accionar.
Desinformación: sátira o parodia
Aunque estos casos no están incluidos en las 52
falsedades previamente identificadas, se mencionan ya que pueden ser analizados
bajo la categoría de sátira o parodia. El primero de los casos corresponde a
los ruidos extraños (imitando el rugir de un jaguar) emitidos por el presidente
Rodrigo Chaves durante un discurso (Ramírez, CRHoy 16 de
junio 2024), mientras que en el segundo hace referencia a la
frase «no tengo pruebas, pero no tengo dudas» (Chaves Robles, citado por Semanario
Universidad 2024), tomada de un meme popular divulgado en redes sociales y dicho
durante conferencia de prensa; ambos comentarios y comportamientos podrían
haber tenido un tono irónico o humorístico. Sin embargo, si se toman fuera de
contexto o de manera literal, pueden llevar a la confusión y a una
interpretación errónea.
Aunque estas expresiones no están directamente
relacionadas con falsedades deliberadas, su uso puede distorsionar el enfoque
de temas serios. Estos episodios, como la onomatopeya del jaguar, utilizado
puntualmente para criticar a la CGR, demuestran cómo el humor o la ironía en
discursos gubernamentales pueden trivializar asuntos importantes y, al mismo
tiempo, desviar la atención del público hacia interpretaciones ambiguas.
Impacto de la
desinformación en la democracia
La desinformación tiene un impacto profundo y
peligroso en la democracia, afectando tanto a las instituciones como a la
ciudadanía. En primer lugar, distorsiona el proceso de toma de decisiones al
suministrar información falsa o manipulada que confunda a los votantes,
limitando su capacidad para tomar decisiones informadas. Para López-López, Dagatti, y Mendoza (2022, 13), «la propagación de noticias
falsas en la sociedad digital constituye un peligro para la política, para la
economía y también para la salud pública», debido a la manipulación de la
opinión en contextos electorales y de crisis. En segundo lugar, la
desinformación erosiona la confianza en las instituciones democráticas, debido
a que, al circular información incorrecta o tergiversada, se socava la
credibilidad de las entidades gubernamentales y de los medios de comunicación.
En este sentido, Blanco Alfonso plantea que «la pérdida de credibilidad de las
noticias es un fenómeno que recurrentemente aparece vinculado con la
polarización social» (2023, 16); lo que lleva a un aumento de la desconfianza
entre la ciudadanía.
Además, la desinformación favorece la polarización
política al amplificar narrativas falsas que apelan a las emociones y fomentan
la división social. Blanco Alfonso señala que las noticias falsas, y la
desinformación en general, son emitidas «habitualmente por fuentes anónimas o
desconocidas, y que se propaga entre amplias masas de público a gran velocidad»
(2023, 3). Esta rápida difusión de mentiras refuerza prejuicios y contribuye a
la creación de burbujas informativas, donde los individuos solo consumen
información que confirma sus creencias preexistentes.
Sin embargo, el impacto de la desinformación no puede
analizarse únicamente desde la perspectiva de quienes la emiten, sino también
desde la recepción y reacción del público. Los ciudadanos no son meros
receptores pasivos, sino que su forma de procesar la información está mediada
por emociones y procesos cognitivos que determinan sus respuestas ante la
desinformación. Corduneanu señala que «las emociones
sociales y socializadas, así como las emociones personales, desempeñan un papel
importante en la movilización» (2019, 71). Esto implica que el fenómeno de la
posverdad no solo se basa en la manipulación informativa desde el poder, sino
en cómo las emociones individuales y colectivas influyen en la interpretación y
difusión de dicha información.
La movilización política basada en emociones ha sido
clave en contextos de crisis y elecciones recientes en América Latina. Según Corduneanu (2019), el enojo y el miedo pueden actuar como
detonantes de la acción colectiva, pero también pueden ser instrumentalizados
para generar adhesión política. Este aspecto es fundamental para entender por
qué, a pesar de que muchas falsedades son desmentidas, ciertos sectores de la
ciudadanía continúan apoyando a sus líderes políticos. En esa dirección, la
desinformación no solo es un problema de circulación de información errónea,
sino de construcción de identidades políticas basadas en el afecto y la
pertenencia a comunidades afectivas que comparten emociones y narrativas
comunes.
De esta forma, las consecuencias de la desinformación
no solo afectan la calidad de la democracia, sino también la convivencia
social. López-López, Dagatti y Mendoza explican que
«la desinformación afecta a muchos aspectos de la esfera pública: a la toma de
decisiones, a la formulación de preferencias, a la construcción de los afectos,
a la polarización o, simplemente, a la adquisición de valores democráticos» (2022,
13). Por lo tanto, combatir la desinformación requiere no solo estrategias de
verificación y alfabetización informacional, sino también una comprensión de
los mecanismos emocionales que la sostienen y la hacen efectiva.
Impacto de la
desinformación en la democracia costarricense
En el caso de la democracia costarricense, la
desinformación emitida por el presidente Rodrigo Chaves y su equipo ha generado
un impacto significativo en la percepción ciudadana y el funcionamiento de las
instituciones democráticas. Uno de los principales problemas radica en que la
manipulación de la información no solo confunde al electorado, sino que también
dificulta la participación informada de la ciudadanía. Al presentar hechos
tergiversados o falsos, especialmente en ámbitos como la economía y la
infraestructura, se distorsiona el debate público y se debilita la rendición de
cuentas. Sin embargo, como señalan Alfaro Redondo, Camacho Sánchez, Chacón
Mendoza y Ruiz Tijerino (2024), a septiembre de 2024, el 52 % de la población
costarricense mantiene una valoración positiva del presidente, a pesar de la
recurrencia de falsedades en su discurso. Esta aparente paradoja sugiere que el
apoyo a Chaves no puede explicarse únicamente por la influencia de la posverdad
y la desinformación, sino que es necesario considerar una serie de factores
sociales y culturales que influyen en la percepción ciudadana.
El uso estratégico de plataformas digitales ha sido un
elemento central en la comunicación gubernamental y la construcción de la
imagen del presidente. Molina (Semanario Universidad 14 de junio de 2024)
señala que el 21 % de los costarricenses ha compartido desinformación a través
de WhatsApp, lo que refleja la facilidad con la que se propagan narrativas
engañosas en un país donde esta plataforma es utilizada por el 98 % de la
población, y donde Facebook alcanza una penetración del 85 % (Brenes Peralta,
Siles González, y Tristán Jiménez 2024). La repetición de información sesgada y
la segmentación del público en redes sociales refuerzan percepciones
preexistentes y consolidan el apoyo a figuras políticas que utilizan estas
herramientas con eficacia. Sin embargo, reducir el respaldo al presidente
únicamente a la propagación de noticias falsas sería simplista.
Para Vergara, Vergara Estévez y Gundermann
(2010), las identidades culturales en América Latina ofrecen una perspectiva
clave para entender por qué ciertos sectores mantienen su respaldo a líderes
como Chaves. Según estos autores, la identidad cultural y política de los
latinoamericanos no puede entenderse de manera aislada, sino que está
atravesada por una historia de crisis estructurales, incertidumbre y búsqueda
de representatividad. «Debe reconocerse la historicidad del fenómeno de las
identidades colectivas, sociales o culturales, y el impacto que en ellas han
tenido las transformaciones experimentadas en las últimas décadas en América
latina» (Vergara, Vergara Estévez y Gundermann 2010,
58). En este caso, el respaldo a Chaves no solo responde a la efectividad de su
estrategia comunicacional, sino a la manera en que su discurso apela a una
identidad nacional que se siente amenazada por las élites políticas
tradicionales y los medios de comunicación.
Asimismo, la estrategia comunicacional del presidente
se inscribe dentro de una tendencia más amplia en la política latinoamericana,
donde el populismo ha utilizado la comunicación para reforzar su legitimidad. Koeneke analiza las estrategias de líderes como Hugo Chávez
y Juan Domingo Perón, quienes «han tendido a coincidir en el uso intenso y
sesgado a su favor de los medios de comunicación social. Con ello se proponen,
con matices diferentes, ascender y perpetuarse en el poder» (2014, 79). En el
caso costarricense, la constante confrontación de Chaves con los medios de
comunicación y su apelación a la «verdad del pueblo» frente a los «poderes
tradicionales» refuerzan su imagen como un líder que desafía el statu quo.
Por otro lado, el fenómeno de la desinformación
gubernamental no puede analizarse sin considerar las dinámicas emocionales y
cognitivas que intervienen en la percepción política. La identidad política y
el sentido de pertenencia a un grupo juegan un papel crucial en la forma en que
los ciudadanos procesan la información. Para Vergara, Vergara Estévez y Gundermann «las identidades culturales no se refieren
únicamente al pasado, sino también al presente y al futuro, a lo que se quiere
llegar a ser» (2010, 62). En este sentido, el apoyo al presidente Chaves puede
interpretarse no solo como un reflejo de la posverdad, sino como una
reafirmación de una identidad colectiva que se posiciona en oposición a las
élites tradicionales y a los medios críticos de su gestión.
Finalmente, si bien la desinformación contribuye a la
consolidación del apoyo político, también es fundamental considerar el contexto
socioeconómico y político del país. El respaldo al gobierno puede estar
influenciado por factores como el descontento con los partidos tradicionales,
la crisis económica y la necesidad de estabilidad. Como señala Koeneke «los neopopulistas, en
vez de auspiciar el «movimientismo», han tendido a
promover el rechazo a los partidos, simultáneamente con su auto-exaltación como líderes carismáticos» (2014, 81).
En el caso de Costa Rica, el fenómeno del desencanto con la política
tradicional y la búsqueda de nuevas formas de representación pueden ser clave
para comprender el apoyo sostenido a Chaves, independientemente de la
exposición a desinformación.
De esta forma, el impacto de la desinformación en la
democracia costarricense es innegable, pero no debe analizarse de forma
aislada. La consolidación del apoyo al presidente responde a una combinación de
factores que incluyen estrategias comunicacionales, identidades colectivas,
emociones políticas y dinámicas socioeconómicas. Comprender esta complejidad es
fundamental para desarrollar estrategias efectivas que fortalezcan la
democracia y el acceso a información verificada.
Conclusiones
El análisis realizado evidencia cómo la desinformación
y la posverdad, utilizadas desde los altos niveles del gobierno, han impactado
significativamente la democracia costarricense. La manipulación de la verdad,
la difusión de información tergiversada y la fabricación de falsedades han
erosionado la confianza en las instituciones y han condicionado la capacidad de
los ciudadanos para tomar decisiones informadas. A pesar de que diversas
afirmaciones han sido verificadas y desmentidas, el apoyo hacia el presidente y
su equipo de gobierno se ha mantenido, lo que demuestra el poder de la
desinformación en la construcción de narrativas políticas. Este fenómeno ha
sido amplificado por la utilización estratégica de redes sociales,
especialmente WhatsApp, donde la viralización de información sin verificación
contribuye a reforzar creencias preexistentes y profundizar la polarización.
La desinformación no solo altera la percepción de la
realidad, sino que también influye en la estabilidad democrática al priorizar
las emociones sobre los hechos. Como lo señala Sullivan (2018), el problema no
radica únicamente en que la desinformación exista, sino en el impacto que tiene
sobre la mente de los ciudadanos, afectando su capacidad de discernir la verdad
de la mentira y promoviendo la consolidación de falsas percepciones sobre la
realidad política. En este contexto, la posverdad se convierte en una
herramienta eficaz para moldear la opinión pública, explotando sesgos
cognitivos y apelando a narrativas emocionales que favorecen la adhesión
política sin un análisis crítico de los hechos.
Ante esta situación, es fundamental considerar
estrategias que permitan contrarrestar la desinformación y fortalecer la
resiliencia democrática. Una de las respuestas más relevantes es el
fortalecimiento de instituciones que verifican la información y combaten la
manipulación mediática. Según Bontcheva y Posetti (2020), la respuesta a la desinformación debe ser
integral e incluir esfuerzos gubernamentales, regulaciones mediáticas, campañas
de alfabetización informacional y apoyo a un periodismo crítico e independiente.
Así, la transparencia institucional y la rendición de cuentas se convierten en
elementos clave para evitar la propagación de narrativas engañosas desde el
poder político.
Además del fortalecimiento de instituciones, la
alfabetización informacional se posiciona como una herramienta esencial para
combatir la desinformación. La alfabetización informacional no solo implica la
capacidad de acceder a información verificada, sino también el desarrollo de
habilidades críticas para analizar y evaluar la veracidad de los contenidos a
los que se expone la ciudadanía. Como plantea Sullivan (2018), la simple
disponibilidad de información de calidad no es suficiente si los ciudadanos no
poseen herramientas para discernir entre fuentes confiables y manipulaciones
mediáticas. Es por ello por lo que, dentro de las múltiples estrategias
para abordar la crisis de la posverdad, es imperativo fomentar programas
educativos que refuercen la capacidad de análisis crítico y el reconocimiento
de tácticas de desinformación.
Si bien la alfabetización informacional es una
respuesta clave, no es la única solución. La lucha contra la desinformación
requiere un enfoque multidimensional que involucre tanto a los medios de
comunicación, las plataformas digitales y la sociedad civil. Bontcheva y Posetti (2020)
enfatizan en la importancia de la regulación de contenidos en redes sociales,
el desarrollo de políticas públicas que promuevan la transparencia informativa
y la implementación de mecanismos de verificación de datos en tiempo real.
Asimismo, la cooperación internacional y la creación de redes de verificación
colaborativa pueden contribuir a mitigar la propagación de información
engañosa, evitando que las narrativas de posverdad sean utilizadas como
herramientas de manipulación política.
La
desinformación y la posverdad representan desafíos significativos para la
democracia costarricense y para el ejercicio ciudadano de la toma de decisiones
informadas. La creciente influencia de la desinformación en los procesos
políticos evidencia la necesidad de una respuesta integral que combine
educación, regulación y fortalecimiento de instituciones encargadas de
verificar la información. Solo mediante el desarrollo de una ciudadanía
informada y crítica, y el compromiso de los actores políticos y mediáticos con
la transparencia y la veracidad, será posible mitigar el impacto de la
posverdad en la esfera pública y fortalecer los cimientos democráticos de la
sociedad.
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