Prácticas mortuorias en Río Verde, San Luis Potosí.

Una aproximación a través de los restos óseos sumergidos del manantial Media Luna

Mortuary practices in Rio Verde, San Luis Potosi.

An examination through the underwater human remains of Media Luna

 

Pamela Nayeli Lara Tufiño

Indiana University, Estados Unidos

plaratuf@iu.edu

https://orcid.org/0009-0005-0545-679X

 

Cómo citar:                                                                                      

Lara Tufiño, Pamela Nayeli. 2025. «Prácticas mortuorias en Río Verde, San Luis Potosí. Una aproximación a través de los restos óseos sumergidos del manantial Media Luna». Revista Reflexiones. Dossier Especial. 104. DOI 10.15517/rr.v104i1.63505

 

 

Resumen

 

Introducción: Las relaciones que las comunidades de Mesoamérica mantenían con sus difuntos se han analizado a través de los comportamientos que abordan el cuerpo humano desde su fallecimiento hasta su destino final. La presencia de restos óseos humanos en el manantial Media Luna ha revelado la existencia del único contexto mortuorio sumergido en la región de Río Verde, San Luis Potosí. Esto ofrece una oportunidad única de conocer las prácticas que estas comunidades mantenían en torno a la muerte.

Objetivo: El presente escrito pretende examinar los rituales mortuorios realizados en Media Luna por las comunidades de Río Verde durante el periodo Clásico y Posclásico temprano (500-1000 d.C.).

Método: El estudio de los restos óseos sumergidos se realizó a través de la combinación de análisis ostebiográficos, tafonómicos y contextuales, incluyendo una investigación detallada del contexto acuático como espacio de depósito de los restos, así como de la cultura material asociada a ellos.

Resultados: A partir del estudio de dos depósitos óseos primarios, se propone que una de las prácticas mortuorias celebradas en el cuerpo de agua eran los rituales funerarios. Por otro lado, se reflexiona sobre la posibilidad de que existieran ciertas prácticas sacrificiales a través del hallazgo de elementos óseos dispersos por todo el manantial.

Conclusión: Se discute la intencionalidad de los depósitos óseos y se explora sobre las acciones y comportamientos en torno a los restos humanos en el contexto acuático de Media Luna. Esto contribuye al conocimiento de las prácticas mortuorias en Rio Verde durante la época prehispánica.

Palabras Claves: Contexto mortuorio, Rituales funerarios, Prácticas sacrificiales, Arqueología subacuática, Aguas continentales.

 

 

Abstract

 

Introduction: The relationships that Mesoamerican communities maintained with their deceased have been analyzed through the behaviors that address the human body from the moment of death until its final destination. The discovery of human remains at the Media Luna spring has unveiled the existence of the only known underwater mortuary context in the Rio Verde region of San Luis Potosi. This provides an opportunity to examine how these groups deal with death.

Objective: This paper aims to discuss the mortuary ritual practices performed at the Media Luna site by the communities of Rio Verde during the Classic and early Postclassic periods (500-1000 AD).

Method: The investigation of the underwater human remains was conducted through a combination of osteobiographical, taphonomic, and contextual analysis. This included a detailed examination of the aquatic environment where the remains were deposited, as well as the material culture associated with them.

Results: Based on the analysis of two primary archaeological deposits, I argue that funerary rituals were one of the mortuary practices performed in the body of water. Additionally, the documentation of scattered bone elements throughout the spring suggests the possibility of certain sacrificial practices within this context.

Conclusion: The intentionality of the bones deposits is examined, alongside the actions and behaviors surrounding the human remains within the aquatic context of Media Luna. This analysis enhances our understanding of mortuary practices in Rio Verde during the prehispanic period.

Key words: Mortuary context, Funerary rituals, Sacrificial practices, Underwater archaeology, Inland waters.

 

 

Introducción

 

La percepción de la muerte, así como las relaciones complejas que las comunidades de Mesoamérica mantenían con sus difuntos, han sido analizadas a través de las acciones y comportamientos que abordan el cuerpo humano desde su fallecimiento hasta su destino final. El estudio de los restos óseos, la cultura material asociada y el espacio mortuorio, resulta ser indispensable para explorar los patrones socioculturales y la multiplicidad de ritos que limitaban en un área la descomposición del cadáver, posibilitaban la transición del difunto a otro mundo o propiciaban la inmolación del cuerpo para diversos propósitos (Chávez 2007; Martin, Harrod, y Pérez 2013; Pereira y Goudiaby 2022; Pijoan y Lizarraga 2004; Tiesler 2007).

Aunque los datos son menores que en otras áreas de Mesoamérica, las prácticas mortuorias en la región de Río Verde, San Luis Potosí, se han abordado eventualmente gracias al registro de algunos entierros y sus bienes funerarios, usualmente localizados debajo de las estructuras habitacionales y asociados principalmente a la última fase de ocupación Río Verde B (700 – 1000 d.C.) (Michelet 1996; Serrano y Ramos 1984; Walz 2010). No obstante, los trabajos arqueológicos subacuáticos realizados en el manantial Media Luna y el análisis de las colecciones de materiales provenientes de este contexto sumergido han permitido profundizar en los rituales funerarios de la región, así como reflexionar sobre la variedad de prácticas mortuorias que pudieron haberse llevado a cabo en el sitio durante los periodos Clásico y Posclásico temprano (500-1000 d.C.).

Media Luna fue un cuerpo de agua frecuentado por grupos llamados cultura de Río Verde. Las numerosas ofrendas depositadas dentro y alrededor del agua han permitido integrarlo en el corpus del culto acuático mesoamericano asociado con la fertilidad, el inframundo y la comunicación con ancestros o deidades (Heldman 1971; Michelet 1996; Lara Tufiño 2017; Luna y Riqué 1982). De igual manera, la presencia de restos óseos ha permitido identificar al venero como un contexto mortuorio, entendido como un espacio donde se desarrollaron actividades que incorporaron uno o más cadáveres, al igual que segmentos corporales (Martínez 2013, 214).

Los contextos mortuorios asociados con manantiales, cenotes, lagos y lagunas se han vinculado principalmente a rituales sacrificiales, y en menor medida a rituales funerarios. La diferencia entre ambas prácticas radica en la percepción y el tratamiento que los descendientes le dan al cuerpo. En el acto ritual del sacrificio, los restos humanos no son el motivo de la celebración ritual, es decir, el cadáver forma parte de las ofrendas al igual que otros materiales (Chávez 2012; Tiesler 2007). Por otro lado, en los ritos funerarios, el cuerpo del difunto se convierte en el centro del ritual ya sea para socializar y lidiar con la pérdida de un miembro de la comunidad o para integrar sus fuerzas vitales al otro mundo (Chávez 2007; Thomas 1983).

La complejidad se reconoce al tratar de identificar o diferenciar estos contextos mortuorios a través del registro arqueológico. Para algunos autores (González y Tiesler 2022; Tiesler 2007; Tiesler y Cucina 2010), las prácticas sacrificiales producen patrones en la cultura material que permiten diferenciarlos de los contextos funerarios. Por ejemplo, señalan la particularidad de los espacios donde son depositados los cuerpos, las intervenciones culturales en los huesos, el procesamiento corporal, la fragmentación del material óseo y la disposición desordenada del mismo. De igual manera, la identificación del tratamiento mortuorio y los objetos asociados contribuyen a su diferenciación ya que, se espera que las posturas corporales no sean las mismas entre ambas prácticas, y que los objetos que comúnmente se encuentran asociados con los entierros, no se observen en los depósitos sacrificiales al no estar vinculados con el propósito de determinada esfera ceremonial (Pereira 2020).

El presente escrito pretende explorar los rituales mortuorios realizados en el manantial Media Luna a través de la combinación de análisis osteobiográficos, tafonómicos y contextuales de los restos óseos sumergidos. Se propone que los depósitos óseos primarios podrían corresponder a la realización de rituales funerarios a orillas del venero. Por otro lado, a partir del hallazgo de depósitos secundarios, es decir restos óseos no articulados, se reflexiona sobre la posibilidad de que ciertas prácticas sacrificiales también fueran llevadas a cabo en el cuerpo de agua. Finalmente, al discutir la intencionalidad de los depósitos óseos y explorar las acciones y comportamientos en torno a los restos humanos en un contexto acuático, se pretende contribuir al conocimiento de las practicas mortuorias llevadas a cabo por las comunidades de Río Verde durante los periodos Clásico y Posclásico temprano.

 

Las comunidades de Río Verde

El sitio arqueológico subacuático Media Luna se localiza en el municipio de Rioverde, del actual estado de San Luis Potosí, México (Figura 1). El área se encuentra delimitada geográficamente por la Sierra Madre Oriental al este, la Sierra de Álvarez al oeste y la Sierra Gorda al sur. Diferentes académicos han postulado que el origen de los habitantes de Río Verde se debe a múltiples migraciones provenientes del centro de Veracruz, la Huasteca y posiblemente Teotihuacan. Estos grupos más tarde desarrollaron una cultura local que los arqueólogos llamaron Río Verde (Heldman 1971; Juárez et al. 2009; Michelet 1996; G. Stresser-Péan y Michelet 1990; Tesch 2000).

Figura 1. Ubicación de la región Río Verde.

Fuente: Mapa elaborado por la autora.

 

Michelet (1996) identifica tres fases de ocupación durante el periodo Clásico y Posclásico temprano: Pasadita (250-500 d.C.), Río Verde A (500-700 d.C.) y Río Verde B (700-1000 d.C.). Durante las fases Río Verde A y Río Verde B la población aumenta al igual que el número de asentamientos en el valle. La estratificación social se vuelve evidente a través de la producción agrícola, la creación y la diferenciación de cerámicas locales, los talleres de producción de pigmento rojo y la construcción de arquitectura publica que incluyó estructuras administrativas, plazas ceremoniales y juegos de pelota (Heldman 1971; Michelet 1996; R. Troike, Troike, y Graham 1991; Walz 2010). El desarrollo de prácticas rituales también es notable durante estas fases, donde se observan entierros en los asentamientos, ceremonias relacionadas con lo acuático, el uso de caches o escondites y la práctica colectiva del juego de pelota (Heldman 1971; Lara Tufiño 2017; 2023; Michelet 1996).

Por otro lado, la complejidad social y política del área se ve reflejada en las interacciones interregionales que se mantuvieron durante estas fases, incluso con los grupos nómadas de la frontera norte. La presencia de cerámicas de Río Verde mezcladas con cerámica de tradición Huasteca y del centro de Veracruz en sitios arqueológicos de la Sierra Gorda y el Valle de Tancama demuestran las relaciones entre estas comunidades (Juárez et al. 2009; Mejía 2005; Muñoz y Castañeda 2017). De igual manera, se ha sugerido que el valle era parte de la ruta para comerciar pigmento rojo, el cual era extraído de las minas de Guadalcázar y procesado en sitios de Río Verde. Posteriormente el pigmento era exportado a centros urbanos como Teotihuacan o el Tajín (Michelet 1996; Gutiérrez y Ochoa 2009; Walz 2010).  

Con base en la cultura material de la región, las conexiones más evidentes de Río verde, al menos durante el periodo Clásico, se dieron con las denominadas Culturas del Golfo. Algunos investigadores incluso consideran a Río Verde como parte de estos grupos o como una zona de amortiguamiento de la cultura huasteca (Arnold y Pool 2008; Gutiérrez y Ochoa 2009).

 

Prácticas funerarias en Río Verde

Las comunidades de Río Verde acostumbraban a enterrar a sus difuntos cerca de sus descendientes, razón por la cual la mayoría de los restos óseos se han localizado debajo de pisos habitacionales durante las fases Río Verde A y Río Verde B. En general, los individuos, adultos femeninos y masculinos con deformación tabular erecta, eran inhumados directamente en la tierra de forma individual y cuidadosamente depositados en posición decúbito lateral flexionado y sedente. También se ha sugerido que eran envueltos en petates o textiles, motivo por el cual sus extremidades superiores e inferiores se encontraban flexionadas (Michelet 1996; Serrano y Ramos 1984; Walz 2010). Aunque no se ha registrado una orientación generalizada del cuerpo, predomina ligeramente el rumbo nor-noroeste y oeste (Michelet 1996). Las mismas posiciones de enterramiento se han documentado durante el Clásico en sitios cercanos a Río Verde, otros dentro del área denominada Huasteca, así como en el centro de Veracruz (Hernández Espinoza y Watson 2022; Sánchez y Montiel 2022; Serrano y Ramos 1984; Valdovinos 2018).

En cuanto a la delimitación del cuerpo, Michelet (1996, 409) menciona la presencia de rocas planas o bloques calcáreos debajo o sobre el centro de algunas osamentas. Por otro lado, la presencia de ajuar funerario se ha identificado en la mayoría de las inhumaciones excavadas en la región. Entre los bienes funerarios se han registrado puntas de proyectil, placas de concha con o sin perforaciones, cuentas, orejeras, artefactos para el procesamiento de pigmento rojo, herramientas, vasijas de cerámica, conchas y fragmentos de calcita verde (Troike 1962; Michelet 1996; Walz 2010). Michelet (1996, 374) sugiere que al menos en un entierro, la calcita verde se colocó en la boca del difunto.

Algunas variantes de las prácticas funerarias en la región de Río Verde se registran en la zona Norte del valle, así como en la zona sur en su transición a la Sierra Gorda. Respecto a la primera, en Guadalcázar, se ha documentado la presencia de restos humanos en posición lateral flexionado dentro de abrigos rocosos; estos depósitos corresponden al periodo Posclásico (Hernández Espinoza y Watson 2022; Serrano y Ramos 1984). Por otro lado, al sur, se han registrado entierros en posición sedente, en cistas de plantas rectangulares, o con pigmentación roja en los dientes. El ajuar funerario que los acompaña es más numeroso e incluye cerámica de Río Verde de las fases A y B (Juárez et al. 2009). Las diferencias observadas en estos últimos ejemplos pueden corresponder a la diversidad cultural de grupos que habitaron el área, la temporalidad, o a las complejidades sociales, ideológicas, políticas y religiosas de la comunidad.

 

El contexto mortuorio del manantial Media Luna

Media Luna fue un importante centro sagrado para las comunidades de Río Verde durante el periodo Clásico y Posclásico temprano, particularmente durante las fases Río Verde A (500-700 d.C.) y Río Verde B (700-1000 d.C.) (Figura 2).  El manantial se caracteriza por tener diversos puntos donde se origina el líquido vital, algunos con profundidades de hasta 36 metros. La temperatura termal de sus aguas y la transparencia que permite observar el fondo desde la superficie, son otros atributos que lo hacen destacar en el paisaje del valle. Notablemente, el espacio sagrado se formaba por tres estructuras de planta circular localizadas en la orilla noroeste; no obstante, las construcciones han desaparecido.

 

Figura 1. Panorámica del manantial Media Luna.

Fuente: Fotografía: Alberto Soto, SAS-INAH, 2018.

 

El registro de cientos de figurillas antropomorfas de cerámica asociadas con vasijas y objetos de lítica reflejan la complejidad de actividades rituales que se llevaban a cabo dentro y alrededor del manantial, en el cual las ofrendas eran arrojadas desde las orillas o depositadas a través de inmersiones rituales con diversos propósitos (Lara Tufiño 2017). Es probable que las particularidades físicas del espacio acuático contribuyeran a asociar el venero con nociones de fertilidad, creación y transformación, y, asimismo, facilitaran la percepción de otro mundo a través del espejo de agua en el cual se entablaba una comunicación con las deidades o los ancestros (Lara Tufiño 2017; 2023; Lara Tufiño y Estrada 2020).

Además de la evidencia arqueológica mencionada, la presencia de restos óseos llamó la atención desde las primeras exploraciones realizadas por grupos de buceo deportivo durante los años sesenta. A finales de esa década, investigadores como Pauld Heldman (1971) y Dominique Michelet (1996) también mencionaron la existencia de restos infantiles en colecciones que provenían del manantial Media Luna.

No obstante, el análisis osteobiográfico se inició formalmente hasta 1982 con la creación del Proyecto de Prospección y Muestreo de Superficie y Subacuático en el Área del Manantial de la Media Luna, dirigido por Pilar Luna y Juan Riqué quienes durante la segunda temporada excavaron un depósito primario infantil, registraron diferentes huesos durante las prospecciones subacuáticas y documentaron fragmentos óseos que fueron entregados al entonces Departamento de Arqueología Subacuática por buzos de la región ( Luna y Riqué 1985; Romano 1982).

Treinta y cinco años después, la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) retomó las investigaciones en Media Luna, incluyendo el análisis osteobiográfico, tafonómico y contextual de los materiales óseos previamente extraídos en los ochenta. Los trabajos de investigación también incluyeron el estudio de un depósito primario femenino descubierto accidentalmente por los buzos de Rioverde y resguardado en el museo del Parque Natural Media Luna, así como dos restos óseos aislados documentados durante recorridos y excavaciones subacuáticas en el marco del Proyecto Arqueológico Media Luna iniciado en el 2018 (Estrada 2015; 2017; Lara Tufiño 2017; 2020; Straulino 2017). El material osteológico que forma parte del presente trabajo proviene de las temporadas de campo mencionadas, mientras que los análisis osteobiográficos se retoman de los informes de los antropólogos físicos Arturo Romano (1982), Adrián Martínez (1987) y Salvador Estrada (2015; 2017).

 

Depósitos primarios sumergidos

La categoría de depósitos primarios es utilizada para identificar aquellos contextos en los que los restos óseos presentan relación anatómica, es decir, la osamenta se recupera mayormente articulada (Martin, Harrod, y Pérez 2013; Pereira y Goudiaby 2022). El primer deposito primario registrado en Media Luna está formado por dos individuos infantiles que fueron localizados en la pared este del manantial a una profundidad de 5.10 metros debajo del espejo de agua. Del primer individuo se documentaron 11 fragmentos craneales, siete vertebras, cinco cuerpos vertebrales, un mango de esternón, un omóplato izquierdo, una clavícula izquierda, 12 fragmentos de costilla derecha y 12 fragmentos de costilla izquierda, un íleon, un metatarsiano derecho, dos húmeros, un radio, dos fémures, una cabeza humeral sin osificar, y una epífisis distal del fémur derecho. Debido a que se encontró la mayor parte de la osamenta en relación anatómica, se pudo determinar que su cuerpo fue colocado en posición decúbito dorsal extendido. Respecto al segundo individuo, sólo se localizaron dos fragmentos craneales, un fragmento de costilla izquierdo y una diáfisis de la tibia izquierda (Romano 1982).

Los restos óseos infantiles se encontraron asociados con diferentes materiales. En el área del cráneo se localizaron dos piezas prismáticas de calcita verde, una de ellas presentaba un fragmento de cráneo adherido postmortem por los minerales y la materia biorgánica del lugar. Por otro lado, cerca del fémur, se documentó la presencia de dos rocas calizas careadas (Luna y Riqué 1985, 13-15). Finalmente, a la altura de las vértebras lumbares, se encontraron siete fragmentos de fibra entretejida, tres de ellos con pequeñas tiras en los extremos. Las muestras fueron identificadas como fibras dura de henequén o yuca (García 1984) (Figura 3).

 

Figura 2. Cultura material asociada al depósito de dos infantes.

Fuente: Foto: SAS-INAH, 1982, 2017.

 

El segundo depósito se trata de un individuo femenino con una edad mayor a 18 años (Estrada 2017). De acuerdo con los buzos informantes, se encontraba en posición flexionada cuando fue localizado durante un derrumbe de la pared norte del manantial, a una profundidad aproximada de 4 metros debajo del espejo de agua. La osamenta se encuentra casi completa, los únicos elementos ausentes son el esternón, el coxis y algunas falanges de los pies y las manos. Al documentar detalladamente el material osteológico, se observó que la mujer tenía los dientes incisivos superiores pulidos. Asimismo, se registraron conglomerados de materia orgánica con impresiones de fibra entretejida y posibles restos de petate en las falanges derechas de la mano y el pie, el húmero derecho, el temporal, la clavícula izquierda y el fémur (Straulino 2017) (Figura 4). Una vasija formó parte de la cultura material asociada a este depósito.

 

 

 

 

 

Figura 3. Cráneo de individuo femenino y huellas de petate asociadas a la osamenta.

Fuente: Foto: SAS-INAH, 2017.

 

Elementos óseos aislados

Generalmente, los depósitos secundarios se refieren a contextos que no necesariamente fueron el sitio original de la descomposición del cadáver. Estos se reconocen por la inexistencia de relación anatómica, la desorganización de los elementos osteológicos y la ausencia de huesos pequeños o ciertas partes del esqueleto (Martin, Harrod, y Pérez 2013; Pereira y Goudiaby 2022). La mayoría de la muestra ósea recuperada en Media Luna, pertenece a esta categoría. Aunque se desconoce el sitio exacto en el que fueron encontrados los elementos óseos y su relación con otros materiales, a excepción de un cráneo femenino y una tibia que se localizaron en la pared suroeste durante el 2018 (Lara Tufiño 2020), el resto de los huesos se encontraron dispersos en la zona norte, oeste y sur del manantial.

La evidencia osteológica se conforma por diez huesos craneales, cinco mandíbulas, un ilion, un conjunto de cinco costillas, una tibia y un cráneo (Figura 5). Todos pertenecen a diferentes individuos, entre los cuales se distinguen diez infantes, dos subadultos femeninos y siete indeterminados. Dos de ellos presentan deformación tabular erecta (Estrada 2015; Martínez 1987; Romano 1982). Cabe mencionar que el antropólogo físico Salvador Estrada identificó dos huesos craneales con huellas de corte, y cuatro huesos con evidencia de traumatismo contuso. Tanto las huellas de corte como una fractura por trauma contuso se determinaron postmortem, asociadas con afectaciones propias del ambiente acuático o al manejo de la colección. No obstante, el resto de la evidencia por traumatismo, dos en huesos frontales y una localizada en un hueso parietal, podría identificarse como perimortem.

 

 

 

 

Figura 4. Elementos óseos provenientes del manantial Media Luna.

Fuente: Foto: SAS-INAH, 2018.

 

Rituales funerarios

Con base en los depósitos primarios de dos infantes y una mujer subadulto, así como la cultura material asociada, se propone que una de las prácticas mortuorias celebradas en Media Luna eran los rituales funerarios, ritos de paso que tuvieron el objetivo de integrar al difunto a otro espacio y tiempo sagrado.

Se considera que estos individuos fueron enterrados en las orillas del manantial debido a la relación anatómica que presentan las osamentas. En este caso, la articulación del esqueleto no se hubiera conservado si el cuerpo hubiese sido arrojado al espacio acuático ya que los cadáveres experimentan fases de flotación y sumergimiento debido a los gases de descomposición. Aunque factores micro-ambientales como la temperatura, la salinidad, la oxigenación o la corriente del agua, así como las características del propio difunto y su vestimenta u ornamentación, intervienen en el desplazamiento del cadáver, es natural que la perdida de tejido blando, la grasa y humedad afecten la densidad de las unidades del cuerpo y lo huesos provocando la desarticulación paulatina del esqueleto (Haglund y Sorg 2001).

Si bien algunos de estos elementos óseos presentan concreciones y adherencias que evidencian su exposición al ambiente acuático, se considera que estas partes del hueso quedaron expuestas debido a las modificaciones naturales del manantial como la aparición de nuevos puntos de origen de agua o deslaves, así como las transformaciones artificiales del sitio, como la creación de canales para irrigación o la construcción de plataformas para el turismo.

Por otro lado, la muestra de siete fragmentos de fibra entretejida identificada en la inhumación de los infantes, así como la evidencia de petate y sus huellas en las concreciones del individuo femenino, sugieren que el tratamiento del cuerpo previo al entierro consistía en el amortajamiento del difunto. Aunque los envoltorios en Mesoamérica podían cubrir sólo ciertas partes del cuerpo y dejar al descubierto la cabeza o los pies (Pereira y Goudiaby 2022, 369), las huellas de fibra en las extremidades inferiores y superiores de la mujer, así como en el área del cráneo, permiten suponer que todo el cuerpo era envuelto por el petate.  

Respecto a la cultura material, se considera que las calcitas verdes asociadas a los infantes y la vasija del entierro femenino eran parte de las ofrendas de bienes funerarios, ya sea para los ancestros o deidades, para las necesidades del propio difunto o como objetos necesarios para la realización del ritual (Chávez 2007). Las piedras calizas del entierro infantil pudieron haber delimitado o clausurado el sitio de la inhumación.

 

¿Rituales sacrificiales?

La muestra de 19 elementos óseos aislados, principalmente huesos del cráneo y mandíbulas infantiles, permite reflexionar sobre las posibles prácticas sacrificiales llevadas a cabo en Media Luna. Anteriormente se mencionó que ciertos patrones como la fragmentación o disposición desordenada del esqueleto, las intervenciones culturales en los huesos y las particularidades de los espacios donde son depositados los cuerpos, podrían ayudar a identificar este tipo de contextos (González y Tiesler 2022; Tiesler 2007). De igual manera la edad infantil o juvenil de los restos óseos y su concentración en un cuerpo de agua percibido como un espacio liminal podría ser evidencia indirecta de la práctica de  un sacrificio humano (Tiesler y Cucina 2010, 203).

Las características señaladas se pueden reconocer en el sitio arqueológico sumergido Media Luna, sin embargo, la interpretación de la evidencia es compleja. Aunque se tiene la certeza de que los huesos aislados provienen del manantial, se desconoce dónde se localizaban exactamente, cómo estaban depositados y si se encontraban asociados a otros materiales. A falta de esta información, se puede pensar que los cuerpos fueron arrojados al agua y debido a los procesos bioestratinómicos ya mencionados, los esqueletos se desarticularon y distribuyeron en todo el manantial. No obstante, también se debe considerar la posibilidad de que las transformaciones físicas y naturales del venero a través del tiempo, dejarán expuestos los entierros ubicados en las orillas y por lo tanto los huesos terminarán en el fondo del contexto acuático. 

Si bien la disposición desordenada del esqueleto es tema de discusión, también es cierto que la recurrencia de huesos infantiles y las tres fracturas de trauma contuso identificadas probablemente como perimortem, es decir, que ocurrieron alrededor de la muerte, podrían ser una evidencia más fuerte de prácticas sacrificiales (Heldman 1971; Houston y Scherer 2010; Estrada 2015; Tiesler y Cucina 2005). En Mesoamérica, los tipos de muerte que han sido vinculados a los rituales acuáticos y terrestres han sido el ahogamiento, la extracción del corazón y el degollamiento (Chávez 2010; Declercq 2016; Graulich y Olivier 2004). No obstante, un análisis más detallado sobre las marcas culturales en los huesos, sobre todo de las huellas de impacto como indicador de la forma de muerte, podría ahondar en estas interpretaciones.

 

Discusión

La diversidad de materiales arqueológicos documentados en Media Luna es un reflejo del significado polisémico del manantial y de las múltiples y complejas relaciones que las comunidades de Río Verde entablaron con el espacio acuático. No es insensato sugerir que diversas ceremonias con propósitos variados se pudieron llevar a cabo en el sitio, siempre vinculadas con la percepción del agua como sustancia transformadora, destructora y necesaria para la vida, pero también como sustancia asociada a la muerte, que posibilitaba el tránsito y la comunicación con otro mundo (Eliade 2009; Ochoa y Gutiérrez 2011; Oestigaard 2020; Strang 2005).

Particularmente, el venero se destaca por su carácter mortuorio debido a la presencia de depósitos primarios y elementos óseos aislados de mujeres y niños localizados en un contexto subacuático. Con base en los datos planteados, se puede considerar que al menos dos prácticas mortuorias pudieron llevarse a cabo en el sitio, rituales funerarios y/o posibles rituales sacrificiales.

En cuanto a los rituales funerarios, la evidencia sugiere que los difuntos eran inhumados a orillas del manantial, los infantes en posición decúbito dorsal extendido y la mujer en posición flexionada. Los cuerpos eran previamente envueltos con un petate o fibras duras entretejidas y acompañados de bienes funerarios que consistían en calcitas de color verde o vasijas cerámicas. Ya se había sugerido que una de las prácticas funerarias en Río Verde consistía en el amortajamiento del difunto, sin embargo, es en el contexto sumergido de Media Luna donde se preservó la evidencia de materia orgánica asociada a esta práctica. Por otro lado, es probable que algunos entierros fueran delimitados o clausurados con rocas planas o careadas como aquellas registradas en la inhumación infantil. Esta práctica funeraria también se documenta en otros entierros de la región (Michelet 1996, 409-410).

A pesar de que se observan similitudes en cuanto a la postura, tratamiento del cadáver y las categorías de artefactos que componen los bienes funerarios entre los depósitos del manantial y aquellos excavados en otros sitios de Rioverde, es evidente que Media Luna no estaba destinada a todos los miembros de la comunidad, sobre todo si se considera la ausencia de individuos masculinos. Hasta el momento, todo indica que el espacio mortuorio se destinó a cierto tipo de personas, ya sea por alguna característica física específica, condición social, edad, por el tipo de muerte, o alguna particularidad religiosa.

Por otro lado, aunque se sostiene la hipótesis de los ritos funerarios, aún no se puede descartar la existencia de rituales sacrificiales. Anteriormente se planteó la posibilidad de que la concentración de elementos óseos aislados pudiera no ser intencional, es decir, que el desorden del material osteológico fuera resultado del dinamismo y las transformaciones del cuerpo de agua que dejó expuestas las osamentas inhumadas. No obstante, la representatividad de huesos infantiles en la muestra y las posibles fracturas por traumatismo, son datos que definitivamente se deben discutir y profundizar.

No esta de más mencionar que tanto las prácticas funerarias como las sacrificiales, podrían ser parte de un mismo contexto. Algunos investigadores incluso han señalado que el enterramiento era el tratamiento más utilizado para la disposición del cadáver sacrificado (Graulich y Olivier 2004; Declercq 2016). Asimismo, ambos rituales pudieron corresponder a diferentes momentos y temporalidades, o inclusive haberse llevado a cabo por diferentes grupos.

La sacralidad del agua de Media Luna propició la elección de este sitio como un umbral que facilitaba la transición a otros mundos. Por ende, las relaciones con los difuntos, los ancestros y las deidades se manifestaban a través de diversos rituales realizados en el contexto acuático. Aunque persisten numerosas preguntas, la evidencia de prácticas funerarias, tratamiento del cuerpo y posibles actividades sacrificiales vinculadas al venero, contribuyen a explorar las creencias, tradiciones y perspectivas de las comunidades de Río Verde sobre la existencia de otro espacio y tiempo después de la muerte. De igual manera, sugieren una relación significativa con los ancestros, quienes probablemente mantenían roles importantes en la vida diaria de la comunidad.

Las variaciones hasta ahora observadas en el sitio arqueológico sumergido, interpretado como un espacio mortuorio dinámico donde los restos humanos eran abordados de diversas formas, reafirman la complejidad de los comportamientos y conductas rituales que los pobladores de la región tenían con respecto a los fallecidos. La documentación de nuevos contextos y la discusión sobre la intencionalidad de los depósitos óseos nos permitirán seguir explorando las particularidades de estas prácticas mortuorias entre las comunidades prehispánicas de Río Verde.

 

Agradecimientos: A Salvador Estrada, Roberto Junco, Luisa Straulino e Iris Hernández por su colaboración durante la investigación en campo. Al equipo de la Subdirección de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México. Al Parque Estatal Manantial de la Media Luna.

 

Referencias

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