Honduras: determinantes de la exclusión social durante el modelo de acumulación neoliberal (2006-2013)

Honduras: determinants of social exclusion during the neoliberal accumulation model

 

Mario Enrique Pineda Talavera

Departamento de Economía,

Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Tegucigalpa, Honduras

enrique.pineda@unah.edu.hn; mariopt9227@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-0618-8791

 

Fecha de recepción:  16 de octubre del 2024

Fecha de aceptación: 19 de mayo del 2025

 

Cómo citar:

Pineda Talavera, Mario Enrique. 2026. Honduras: determinantes de la exclusión social durante el modelo de acumulación neoliberal (2006-2013). Revista Reflexiones. 105 (1). DOI 10.15517/rr.v105i1.62336

 

Resumen

 

Introducción: La redefinición del Estado como consecuencia del cambio de modelo de acumulación modificó sus funciones y permitió la profundización de la desigualdad social en su versión extrema: la exclusión social.

Objetivo: Analizar los determinantes de la exclusión social en Honduras en el contexto del modelo de acumulación neoliberal (2006-2013), explorando así la relación entre ciudadanía social, inserción laboral y acceso a derechos fundamentales.

Metodología: Mediante la estadística descriptiva y multivariada y utilizando como fuentes de información las Encuestas Permanentes de Hogares y Propósitos Múltiples (EPHPM) del Instituto Nacional de Estadística de Honduras, se construyó un índice de exclusión social. También, se estimaron tres regresiones logísticas binarias para determinar los rasgos socioeconómicos y sociodemográficos de los excluidos.

Resultados: Se evidencia la persistencia de amplios segmentos de la población en condición de exclusión social, quienes carecen de acceso a seguridad social, credenciales educativas y tienen una inserción laboral de baja calidad al mercado de trabajo.

Palabras clave: Ciudadanía social, Desigualdad social, Estado, Mercado laboral, Regresión logística binaria.

 

Abstract

 

Introduction: The redefinition of the State as a consequence of the change in the accumulation model, modified its functions and allowed the deepening of social inequality in its extreme version: social exclusion.

Objective: To analyze the determinants of social exclusion in Honduras within the context of the neoliberal accumulation model (2006–2013), thereby exploring the relationship between social citizenship, labor market integration, and access to fundamental rights.

By adopting a relational and structural approach, this study seeks to capture the determinants of social exclusion in Honduras under the neoliberal accumulation model.

Methodology: Using descriptive and multivariate statistics and drawing on data from the Permanent Household Surveys and Multiple Purpose Surveys (EPHPM) conducted by the National Institute of Statistics of Honduras, a Social Exclusion Index was constructed. Additionally, three binary logistic regressions were estimated to identify the socioeconomic and sociodemographic characteristics of the excluded population.

Results: The findings reveal the persistence of large segments of the population living in conditions of social exclusion, lacking access to social security, educational credentials, and experiencing low-quality integration into the labor market.

Keywords: Social citizenship, Social inequality, State, Labor market, Binary logistic regression.

 

 

Introducción

 

La desigualdad social define las condiciones permisivas de que unas personas accedan de forma diferenciada a recursos, servicios, bienes y posiciones socialmente valorados (Kerbo 2003). El estudio de la desigualdad social como condición estructurante se ha enmarcado en dos tradiciones teóricas fundamentales: la liberal y la crítica. La primera presupone que la lógica capitalista tiende a la generación de mayores niveles de igualdad social y confiere un papel central al individuo como categoría básica para el estudio del fenómeno. Además, destaca que, si bien el movimiento lineal de la historia conduce a mejores escenarios de igualdad social, la característica distintiva y natural de las sociedades humanas es la desigualdad entre los individuos (Pérez Sáinz, 2014).

Desde esta perspectiva, la unidad analítica es el individuo, el cual está inmerso en la dinámica social. Este posee mayores posibilidades de desarrollo individual, resultado de la paulatina atenuación de los niveles de desigualdad. Sin embargo, dicho proceso de nivelación social siempre será relativo, puesto que la sociedad es por naturaleza desigual (Pérez Sáinz, 2014).

La tradición radical plantea que el individuo es una abstracción, este configura la negación de los condicionamientos que invariablemente el contexto social impone a cada ser humano. Así se explica la desigualdad por mecanismos de producción y apropiación de la riqueza social derivada de decisiones y acciones de grupos dominantes en perjuicio de otros dominados (Mora Salas, 2004; Pérez Sáinz, 2014).

Según Mora Salas (2004), la tradición radical critica el argumento liberal sobre la naturalización de las desigualdades. En contraposición, afirma que estas son construcciones socioculturales que definen procesos persistentes de diferenciación social a favor de grupos específicos. Pérez Sáinz (2010) enfatiza tres diferencias entre el enfoque radical y el liberal: a) el primer enfoque desconoce el individualismo metodológico defendido por los liberales, b) la visión radical se opone a la perspectiva acrítica del desarrollo capitalista y c) cuestiona el carácter natural de las desigualdades, asumiendo en cambio, que estas son una construcción sociohistórica y, por tanto, susceptibles de ser modificadas.

La notable diferenciación y desigualdad social es reflejo de su carácter sociohistórico, ya que es el resultado del quiebre del pacto entre el Estado, las élites económicas y los sectores obreros organizados. Estos procesos, según ciertas particularidades, permitieron la relativización de las desigualdades sociales en el período de la segunda posguerra por medio del fortalecimiento de la ciudadanía social, mediante la protección de los derechos civiles, políticos y sociales.

 

Marco teórico

 

Siguiendo la propuesta teórica de Pérez Sáinz (2014), la desigualdad social se analiza a partir de dos dimensiones: el Estado y el mercado. La aproximación a estas dimensiones se realiza a través de la ciudadanía social y la inserción laboral. La ciudadanía social es el conjunto de derechos sociales que garantiza el Estado a través de los sistemas educativo y de salud; mientras que, la inserción laboral remite a la incorporación al mercado de trabajo. Esta perspectiva es clave para entender el contexto hondureño, donde el limitado acceso educativo y salud de calidad limita las oportunidades de desarrollo de la población. Al mismo tiempo, el mercado laboral está caracterizado por una fuerte informalidad y precariedad laboral. Esto crea un círculo vicioso; aquellos sin acceso a salud y educación enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos de calidad, reforzando la exclusión social.

La conceptualización de ciudadanía social desarrollada por Marshall (1997) permitió establecer una relación tripartita entre las instituciones para el funcionamiento de la economía capitalista, la democracia liberal y el bienestar de la población; y, en tal sentido, es un esfuerzo de mediación entre los derechos civiles, políticos y sociales (Freijeiro 2008). De acuerdo con Aragón (2012), los aspectos centrales de la ciudadanía refieren al estatus que le atribuyen derechos al individuo que se establecen por la pertenencia a una comunidad. Este desarrollo siempre es gradual y constituye un patrimonio común en cada sociedad.

La noción de ciudadanía social implica que los ciudadanos son titulares de derechos y, en el marco de la expansión capitalista, este reconocimiento de los derechos sociales de las clases subalternas opera como un mecanismo garante de la igualdad social. Según Gordon (2001), esta noción de ciudadanía social permite la conciliación entre los valores de la democracia liberal. Al mismo tiempo, enfatiza en la centralidad del bienestar material por medio de la compensación con los efectos del mercado. La lógica inherente es que la inclusión de derechos sociales, más allá de los civiles y políticos, garantiza la prestación de servicios y recursos necesarios para el desarrollo de una ciudadanía plena (Antxustegi 2010).

A partir de la década de los noventa el Estado hondureño redujo aún más su participación como mediador de los diversos y antagónicos intereses sociales y asumió un rol administrativo cuya finalidad era la regulación del mercado, produciendo un acceso inequitativo a los recursos, el aumento de las desigualdades sociales y el deterioro de los servicios públicos. Esto está en línea con lo sostenido por Buenrostro (2011) para el caso europeo en los setenta. Este proceso condicionó los recursos, los esfuerzos organizativos y el diseño de procedimientos orientados a prestaciones públicas como protección social, acceso a educación y servicios sanitarios, objetivos, únicamente alcanzados en un lapso breve caracterizado por el crecimiento económico. Así se fue encausando una infraestructura estatal profesional y eficiente (Gordon 2001). Por ello, la función de la ciudadanía social está referida a la creación de mecanismos institucionales expresados en derechos sociales (sistema educativo y servicios de protección social), que no alteran la base de la desigualdad social, pero sí posibilitan la redistribución de recursos y garantiza una igualdad social básica. Así se van reduciendo desigualdades que han alcanzado niveles intolerables (Calderón Umaña 2012).

Como se ha mencionado, uno de los principales mecanismos de relativización de las desigualdades sociales es el acceso al sistema educativo. Las desigualdades educativas se expresan como el cierre social y del acaparamiento de oportunidades educativas, resultado de la jerarquía de estratificación social y su reproducción intergeneracional (Rambla 2013). Los sistemas educativos constituyen un sector relevante de inclusión-exclusión social institucionalizada que refuerzan los círculos viciosos sustentados en el origen de clase. Aunque tambien reproducen determinados ordenamientos sociales como consecuencia del abandono estatal y el avance del mercado (García et al. 1998).

La protección social brinda garantías básicas para los individuos, las clases sociales y los pares categóricos, de tal forma que puedan hacer frente a los riesgos que surgen del contexto. Permite reparar los efectos una vez materializados dichos riesgos, como el desempleo, la discapacidad o la vejez, atendiendo los factores estructurales que los originan (pobreza y desigualdad), esto como producto de alianzas entre élites, sectores medios y subalternos, que garanticen mayores índices de solidaridad y protección social universal (CEPAL 2019; Sojo 2017). El fortalecimiento de la ciudadanía social se materializa por medio de la creación de marcos legales para el reconocimiento de derechos y el aumento de la inversión para la transformación de la infraestructura requerida para garantizar el acceso al sistema educativo, a servicios de salud de calidad y la configuración de un sistema de protección que reduzca los riesgos y la vulnerabilidad.

 

La exclusión social: la desigualdad social radicalizada

La exclusión social es la forma en que se expresa la radicalización de la desigualdad en las sociedades contemporáneas. Según Pérez Sáinz (2007), el concepto de exclusión social se explica como: 1) ejercicio de poder de un grupo sobre otro, 2) expresión extrema de la desigualdad social, 3) procesos de clausura social, 4) fenómeno multidimensional; y, 5) debilitamiento de la ciudadanía social. La exclusión social se entiende como el proceso en el cual se acumulan y combinan diversas desventajas que, al constituirse en déficits culturales, económicos, políticos y sociales, impiden que un individuo pueda alcanzar un estatus ciudadano. De igual forma, supone un distanciamiento de los centros de poder, de los principales recursos y de los valores dominantes (Hernández 2008). De aquí, se deriva su carácter estructural, ya que depende de la configuración misma de las sociedades contemporáneas y los procesos que afectan y distribuyen de forma cambiante tanto los beneficios como los riesgos y la vulnerabilidad de ciertos grupos sociales (Jiménez 2008).

Según Rizo López (2006), la naturaleza multidimensional de la exclusión social se evidencia en que depende directamente del Estado, de la normativa y los procedimientos legales para reconocer y proteger los derechos sociales. Además, está relacionada con las dinámicas económicas y las posibilidades de empleo que ofrecen o se niegan. Finalmente, está arraigada en elementos sociales que operan como factores de cohesión e integración social o como estímulos para la atomización social.

Cuando las asimetrías sociales son profundas, uno de los mecanismos de desempoderamiento más notorios se produce por medio de la explotación en el campo laboral, perjundicando con ello el bienestar material de un sector significativo (Pérez Sáinz 2012). La precariedad laboral indicaría el debilitamiento de los nexos sociales, los cuales posibilitaría la integración y la protección social. En sentido contrario, representa el aumento de la inestabilidad e inseguridad laboral, la expansión de las relaciones no formales y la ausencia de marco legales de protección social (Julián Vejar 2014).

En el contexto de la restructuración productiva fomentada por el neoliberalismo, la precariedad y flexibilización laboral emergieron como signos de la ruptura de los pactos sociales entre Estado, sindicatos y empresa privada (De la Garza Toledo 2003). Para Standing (2011), la flexibilidad del mercado laboral supuso la transferencia de los riesgos y la inseguridad a los trabajadores. Así, se produjo un quiebre entre los procesos de acumulación de capital y la legitimidad política del Estado. Se impulsaron la reducción de la seguridad y la protección del empleo, la flexibilidad en las tareas productivas y un cambio significativo de la estructura laboral (De la Garza Toledo 2003; Standing 2011). En esta dimensión, la exclusión social representa limitaciones en la participación en el mercado laboral, que conduce a la reducción de los niveles de ingreso y afecta el acceso a viviendas, educación y salud de las clases subalternas; materializando su desempoderamiento en contraposición a la apropiación del excedente por la clase dominante (Jiménez 2008; Pérez Sáinz 2012).

 

Ciudadanía y exclusión social

Honduras fue escenario de la implementación de políticas de ajuste estructural en las últimas décadas del siglo XX. De acuerdo con Guzmán y León (2019), uno de los principales efectos fue el control de actividades productivas estratégicas por actores privados y la configuración de un marco jurídico que garantizaba su reproducción. Esto propició el auge del sector financiero, la agroexportación, la manufactura ligera y el turismo. Para García (2015), las acciones estatales a lo largo de esta etapa persiguieron dos objetivos fundamentales. Primero, se garantiza equilibrio macroeconómico para reducir el impacto de la deuda externa. Segundo, se implementa programas orientados a la reducción de la pobreza. Sin embargo, uno de los rasgos distintivos del país era la polarización social reflejada en los elevados niveles de pobreza que afectaron a más del 60 % de la población en los primeros años del siglo en curso.

Una de sus iniciativas de mayor alcance fue el Programa de Red Solidaria (2007-2009) y (2022-actualidad), por medio del cual se implementó la Estrategia de Reducción de la Pobreza (ERP), con intervenciones en salud, educación, infraestructura social y proyectos productivos, potenciando así al Programa de Asignación Familiar (PRAF) y el Fondo Hondureño de Inversión Social (FHIS) (García 2015).

A nivel educativo las desigualdades se presentan en diferentes etapas: ingreso al sistema, permanencia y culminación. Así, la distribución de las oportunidades de acceso no se presenta de forma equitativa en la población, las zonas rurales presentan menores niveles de acceso al sistema en comparación con aquellas de áreas urbanas y, de igual forma, el nivel de ingreso familiar incide de forma directa y proporcional en las posibilidades de avance y logro en los diferentes niveles educativos (Espino 2015). Además, el gasto social en salud representa el 8.5 % del PIB, una cifra inferior al 14.1 % del promedio de América Latina. Esto limita el desarrollo de infraestructura hospitalaria y dificulta la contratación de personal sanitario suficiente para atender el creciente nivel de demanda en los servicios de salud (Organización Mundial de la Salud, 2014, citado por Carmenate Milián, Herrera Ramos y Ramos Cáceres 2016).

Por su parte, Pineda Talavera (2019, 108) señala que la implementación del modelo de acumulación neoliberal generó un proceso sostenido de precarización laboral como resultado de la relación desigual entre capital y trabajo. Todo esto sucedió en el marco de una estructura de clases organizada para la contratación de la fuerza de trabajo de los asalariados, como un mecanismo de expansión de los márgenes de acumulación de excedente por parte de los propietarios del capital.

En Honduras los esfuerzos orientados a la consolidación de sistemas de protección social se han visto afectados por el reducido impacto de las políticas fiscales redistributivas, la definición de bajos aportes obligatorios, niveles de crecimiento económico insuficientes, altos porcentajes de informalidad laboral, entre otros aspectos. La articulación de estos elementos al establecimiento de sistemas regresivos impositivos incide en sistemas de protección social con baja cobertura (Ocampo y Gómez-Arteaga 2016).

Todo lo anterior indicaría las limitaciones del Estado hondureño para garantizar la integración de un gran sector de su población vía ciudadanía social. En cambio, supone que incluso en un momento específico y puntual de apertura democrática, los mecanismos institucionales fueron débiles e incapaces de evitar la reproducción de la exclusión social (Sojo 2007).

 

 

Marco metodológico

 

Los estudios de Perdomo y Díaz Burdett (2013, 2015), en el Foro Social de la Deuda Externa y el Desarrollo de Honduras (FOSDEH), analizan la pobreza en Honduras mediante la medición de carencias materiales y movilidad social. Sin embargo, presentan un vacío teórico-metodológico ya que no consideran las relaciones de poder entre grupos sociales, lo que limita su capacidad para explicar la exclusión social desde una perspectiva relacional.

Por esto se parte de cuestionar el enfoque de la pobreza porque presenta limitaciones analíticas al despolitizar la distribución de recursos, asumir el consumo como única vía de integración social y considerar que la movilidad social ascendente depende exclusivamente de políticas focalizadas de combate a la pobreza (Mora Salas y Pérez Sáinz 2009).

El enfoque de la exclusión social supone el cierre de oportunidades para las clases subordinadas, reflejando privaciones estructurales en América Latina desde una perspectiva relacional. Esta noción permite analizar las estructuras de acumulación históricas y entender la exclusión como la expresión más extrema de la desigualdad social (Pérez Sáinz, 2007). Por ello, este estudio analiza la exclusión social en Honduras a partir de tres dimensiones: educación, salud y mercado laboral (asalariado y autoempleo). La precariedad laboral, característica de los mercados en América Latina, permite comprender la relación capital-trabajo. Además, el autoempleo se vincula con la reestructuración del capital, donde las actividades cuentapropistas son un rasgo estructural de las economías periféricas.

Esto permite recuperar los procesos de precarización laboral al situar el salario mínimo, la temporalidad en el empleo, la duración de la jornada de trabajo y seguridad social. En vista de lo expresado, según Mora Salas y Pérez Sáinz (2009, 56), «el núcleo central de la noción de exclusión social no es el de las necesidades básicas insatisfechas, sino el de la marginación social, entendida como privación de ciudadanía y afuncionalidad laboral». Este abordaje posee dos bondades: la primera, remite al carácter relacional, y la segunda, incorpora la dimensión del poder,[1] ofreciendo una visión más integral que supera las interpretaciones tradicionales basadas únicamente en la pobreza. Por lo tanto, el objetivo de este estudio es analizar los determinantes de la exclusión social en Honduras en el contexto del modelo de acumulación neoliberal (2006-2013), explorando así la relación entre ciudadanía social, inserción laboral y acceso a derechos fundamentales. La hipótesis central es que el modelo de acumulación neoliberal en Honduras ha profundizado la exclusión social al debilitar la ciudadanía social y precarizar la inserción laboral, limitando el acceso a derechos fundamentales como salud, educación y seguridad social.

En el estudio se seleccionaron tres momentos clave a partir de las Encuestas Permanentes de Hogares y Propósitos Múltiples (EPHPM) del INE-Honduras, basándose en dos criterios: a) disponibilidad de datos, y b) comparabilidad metodológica. Estas encuestas tienen comparabilidad metodológica y representatividad a nivel nacional y en los dominios de Distrito Central, San Pedro Sula, Resto Urbano y Resto Rural. Estas encuestas utilizan un muestreo probabilístico, estratificado y bietápico, lo que permite obtener estimaciones confiables. Además, los criterios analíticos que justifican esta selección de años se muestran en la Tabla 1.

Los datos se obtienen de la EPHPM del INE y consideran dos dimensiones: ciudadanía social e inserción laboral. La ciudadanía social se mide a través de la seguridad social, representada por la afiliación al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), y las credenciales educativas, que incluyen el nivel educativo alcanzado, el rezago escolar y la titulación en educación superior. La inserción laboral se evalúa mediante la precariedad laboral, considerando el cumplimiento del salario mínimo, la estabilidad en el empleo, la jornada laboral y la cotización al IHSS, así como la tipología del autoempleo, determinada por la ubicación del establecimiento (dentro o fuera del hogar), el nivel de ingresos y las credenciales educativas y la condición de patrono medida por la capacidad de contratación de fuerza de trabajo y nivel de ingresos.

 

Tabla 1. Selección de coyunturas

Año

Momentos

Criterios

Económico

Político-social

2006

Solidez económica

Auge del ciclo económico

Inicio del progresismo zelayista

2010

Cierre del progresismo y de la política social ampliada

Incremento al salario mínimo (decretado en 2009)

Efectos del golpe de estado

2013

Consolidación del modelo de acumulación

Estancamiento del ciclo económico

Cierre de la Estrategia de Reducción de la Pobreza

Fuente: elaboración propia (2024)

 

De acuerdo con la tabla 1, los diferentes momentos seleccionados en este estudio, se explican de manera más detallada como sigue:

 

 

 

2006: Auge del ciclo económico e inicio del progresismo

El crecimiento económico y estabilidad macroeconómica favorecieron el empleo, especialmente en la agricultura, que concentra una gran parte de la fuerza laboral. Se inició un ciclo de reformas sociales para ampliar la participación y mejorar la protección laboral, marcando una fase inicial de expansión relativa de derechos sociales.

 

2010: Cierre del progresismo y efectos del Golpe de Estado

El aumento del salario mínimo en 2009 generó tensiones entre el sector empresarial, la población trabajadora y el Estado, mientras que la inestabilidad política tras el Golpe de Estado debilitó la economía nacional. Este cambio supuso una reducción del papel del Estado y favoreció la flexibilización laboral en las dinámicas del mercado de trabajo.

 

2013: Estancamiento económico y consolidación del modelo neoliberal

El estancamiento económico redujo la generación de empleo de calidad y aumentó la informalidad laboral. En le parte política, el cierre de la ERP marcó el fin de las políticas sociales focalizadas, consolidando un modelo basado en la reducción del gasto público y la precarización del empleo, lo que retrotrae la capacidad distributiva.

 

Metodología

El estudio sigue un enfoque cuantitativo con un alcance correlacional. Se trata de una investigación observacional, retrospectiva y transversal en tres puntos de corte que permitirán evaluar la evolución de la exclusión social en el caso hondureño. En vista de lo anterior, se aplicó el índice de exclusión-inclusión social desarrollado por Mora Salas y Pérez Sáinz (2009) y Pérez Sáinz (2012). 

En la Figura 1, se muestra el esquema conceptual de las zonas de exclusión/inclusión, estructurado en ciudadanía social e inserción laboral. La ciudadanía social se analiza a través de dos escalas: por un lado, seguridad social (afiliación al IHSS) y, por otro, credenciales educativas (nivel educativo y rezago escolar). La inserción laboral se mide con una escala general que se desglosa en escalas según la población ocupada, diferenciando entre precarización laboral (asalariados), tipología del autoempleo (no asalariados) y tipología de patronos (empleadores). Este esquema permite comprender cómo las condiciones laborales y el acceso a derechos determinan la inclusión o exclusión social desde la dimensión del Estado y del mercado.

Figura 1. Construcción de zonas de exclusión e inclusión social

Fuente: elaboración propia a partir de Pérez Sáinz. 2012.

 

Construcción de la escala de ciudadanía social

Subescala 1: subescala de seguridad social

La seguridad social se evaluó según la cotización al IHSS, asignando un valor de 2 a los asegurados directos, 1 a quienes reciben cobertura indirecta a través de un familiar y 0 a quienes no cuentan con acceso al sistema de salud.

 

Subescala 2: subescala de credenciales educativas

La subescala de credenciales educativas mide el acceso y permanencia en el sistema educativo como parte de los derechos sociales garantizados por el Estado. Su construcción se basa en tres variables: nivel educativo alcanzado, asistencia al sistema educativo (para diferenciar entre quienes finalizaron un nivel y quienes abandonaron) y titulación en educación superior (clasificada en técnico superior, superior no universitaria, superior universitaria y posgrado).

Los valores asignados en la escala oscilan entre 0 y 7, donde 0 corresponde a niveles educativos más bajos (menos de primaria o primaria incompleta) y 7 a estudios de posgrado completo. Para afinar el análisis, se incorporaron dos variables de ponderación: rezago educativo (clasificado en alto, medio, bajo y sin rezago) y probabilidad de inserción laboral según la titulación, lo que permitió ajustar los valores de la subescala y reflejar con mayor precisión las barreras estructurales en el acceso y permanencia en el sistema educativo. La estandarización de estos valores asegura comparabilidad y facilita su integración en el análisis de la exclusión social.

 

Cálculo matemático

Para unificar la escala de ciudadanía social, se aplicaron dos ajustes. Primero, la escala de credenciales educativas se modificó para reflejar mejor su impacto en la inclusión social, ajustando sus valores según el nivel educativo alcanzado y el rezago escolar. Con este ajuste, su rango quedó entre 0 y 9, permitiendo que se combine correctamente con la subescala de seguridad social.

 

 

Esta fórmula ajusta la escala de credenciales educativas para mostrar de manera más precisa las diferencias en el nivel educativo alcanzado.

·         Escala de credenciales educativas: representa el nivel de educación de una persona, desde primaria incompleta hasta postgrado.

·         Escala de credenciales educativas ponderada: introduce ajustes considerando factores como el rezago educativo y la probabilidad de inserción laboral según la titulación.

·         División entre 8: permite que los valores finales sean proporcionales y comparables dentro del análisis.

Segundo, para lograr que la escala de ciudadanía social tuviera un rango uniforme de 0 a 10, se aplicó un ajuste combinando ambas escalas en una ecuación que garantiza su proporcionalidad. La fórmula utilizada fue:

 

 

Inicialmente, la combinación de ambas escalas resultaba en un rango de 0 a 9, por lo que se aplicó este ajuste para extender su distribución y lograr que sus valores oscilaran entre 0 y 10. Este proceso permitió una medición más precisa y homogénea. Esto facilitó la comparación de los distintos niveles de ciudadanía social.

 

Construcción de la escala inserción laboral

La escala de inserción laboral se compone de tres subescalas: precariedad laboral, tipología del autoempleo y condición de patronos.

 

            Subescala 3: precariedad laboral

Evalúa la estabilidad y calidad del empleo asalariado a partir de cuatro variables:

·         Salario mínimo: recibe el salario mínimo (0) o no lo recibe (1).

·         Estabilidad en el empleo: contrato formal (0) o contrato verbal/otro tipo (1).

·         Jornada laboral: cumple con la jornada establecida (0) o no la cumple (1).

·         Seguridad social: cotiza al IHSS (0) o no cotiza (1).

 

Cada dimensión suma 1 punto si la condición es precaria, con un máximo de 4 puntos. Para estandarizar la escala en un rango de 0 a 10, se aplica la siguiente fórmula:

 

 

Un valor cercano a 0 indica baja precariedad laboral, mientras que un valor próximo a 10 refleja una precariedad laboral crítica (Mora Salas y Pérez Sáinz, 2009, 145; Pineda Talavera 2019, 106).

 

Subescala 4: tipología de autoempleo

La tipología del autoempleo se determinó con base en tres criterios: a) Ubicación del establecimiento (dentro o fuera del hogar); b) Nivel educativo (alto, medio o bajo) y c) Nivel de ingresos (alto, medio o bajo). Siguiendo la propuesta de Mora Salas y Pérez Sáinz (2009), estos criterios permiten clasificar tres tipos de autoempleo: a) autoempleo dinámico: se desarrolla fuera del hogar, con altos ingresos y credenciales educativas y que tiene capacidad de acumulación, b) autoempleo de subsistencia: se ubica dentro del hogar, con bajos ingresos y educación, sin capacidad de acumulación, y, c) autoempleo intermedio: se encuentra entre ambos extremos, con características mixtas en ingresos y educación. Los valores de la subescala oscilan entre 0 y 17, y fueron estandarizados dividiéndolos entre 1.7 para ajustar la escala a un rango de 0 a 10.

 

Subescala 4: subescala de patronos

Se construyó a partir de dos variables clave: a) Nivel de ingresos del empleador y b) Tamaño del establecimiento (capacidad de contratación de trabajadores).  Esto permitió diferenciar dos tipos de patronos: a) Patronos con alta capacidad de contratación: Más de 10 trabajadores y b) Patronos con baja capacidad de contratación: 10 trabajadores o menos. Para garantizar la comparabilidad, la escala se estandarizó en un rango de 0 a 10, dividiéndola entre 0.8. Estas subescalas permiten capturar con mayor precisión la segmentación y desigualdad en el autoempleo y el empresariado.

 

 

 

Modelo de regresión logística binaria

Para analizar los determinantes de la exclusión e inclusión social, se estimaron tres modelos de regresión logística binaria, correspondientes a los momentos críticos seleccionados. Este enfoque permitió evaluar la probabilidad de exclusión social en función de diferentes factores socioeconómicos y laborales. La forma funcional de la regresión logística binaria se expresa como sigue:

 

 

Donde:

a)      p es la probabilidad de que el evento de interés ocurra (es decir, la probabilidad de que la variable dependiente, en este caso la exclusión social sea 1).

b)    es el odds ratio, que es la razón de las probabilidades de que el evento ocurra frente a que no ocurra.

c)    es el logit, que es logaritmo natural del odds ratio.

d)    es el intercepto de la regresión

e)  

 

Posteriormente, siguiendo la metodología de Pineda Talavera (2019), el análisis se llevó a cabo en varias etapas. Primero, las variables dependientes e independientes fueron dicotomizadas, convirtiéndolas en valores binarios para facilitar su interpretación dentro del modelo. Luego, se aplicó la prueba de Chi cuadrado para evaluar la relación entre las variables de estudio y sus respectivas variables de contraste. Para medir la intensidad y dirección de estas asociaciones, se calcularon los coeficientes Phi y V de Cramer, lo que permitió determinar la fuerza del vínculo entre las distintas variables analizadas.

A partir de estos resultados, se estimó el modelo de regresión logística, incluyendo únicamente las variables independientes que mostraban un nivel significativo de asociación con la variable dependiente. Finalmente, se realizaron pruebas de hipótesis, evaluando los p-valores y su significancia estadística en función del nivel de error establecido, garantizando la validez de los resultados obtenidos. Este proceso permitió identificar qué factores explican la exclusión social y su tendencia en el período bajo análisis.

 

 

Discusión de resultados

 

Los modelos estadísticos estimados son de carácter multivariado, donde la variable dependiente es dicotómica: hogares incluidos = 1 y hogares excluidos = 0. Las regresiones logísticas binarias resultaron estadísticamente significativas con un nivel de error del 5 % para los tres años. El coeficiente de determinación Nagelkerke R-cuadrado fue de 0.35 para 2006; de 0,39 para 2010 y de 0,48 para 2013. Esto indica que solo el 35 % de la variación de la variable dependiente es explicada por las variables independientes en 2006; mientras que para 2010, 39 % de la variación de la variable dependiente es explicada por las variables independientes y 48 % de dicha variación es explicada por los factores independientes en 2013. El porcentaje de aciertos entre los valores observados y esperados tanto para la categoría de hogares incluidos como para la de hogares excluidos es alto en los tres años, mostrando un porcentaje de 88,9 % en 2006, 88,6% en 2010 y 89 % en 2013.

 

Escala de ciudadanía social

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Figura 2. Zonas de exclusión e inclusión social[2]

Fuente: Pérez Sáinz. 2012

 

La desigualdad social entendida como continuum permite explicar que esta se manifiesta en diversos grados, y que, así como existe la exclusión y la inclusión sociales como polos opuestos, también persisten dinámicas de inclusión parcial. Estas pueden ser vía mercado laboral o a través de la ciudadanía social, como garantías de un piso social mínimo brindado por el Estado, mediante el acceso a educación y salud.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tabla 2. Zonas de exclusión-inclusión

Zonas de exclusión/inclusión

Años

2006

2010

2013

Exclusión

47,2

42,7

57,7

Inclusión vía ciudadanía social

16,4

21,4

8,4

Inclusión vía mercado laboral

15,0

13,9

10,9

Inclusión social

13,0

13,9

14,4

Sistema[3]

8,4

8,0

8,6

TOTAL

100.0

100.0

100.0

Fuente: elaboración propia a partir de INE. Encuesta Permanente de Hogares y Propósitos Múltiples (EPHPM) 2006, 2010, 2013.

 

Se ha presentado un incremento de los hogares en condición de exclusión social durante los años bajo estudio; el comportamiento de la exclusión social para 2006 fue de 47, 2 %, ubicándose en 42,7 % para 2010 y en 57,7 % en 2013. Esto permite interpretar que en 2013 prevalecía un segmento importante de los hogares (57,7 %) abandonados por el Estado y que no recibieron una base social mínima a través de derechos fundamentales como acceso al sistema de salud y al sistema educativo. Dichos hogares tampoco gozaron de una inserción laboral de calidad en el mercado de trabajo, propiciando así, la existencia de condiciones excluyentes derivadas del modelo de acumulación vigente.

En el otro extremo del continuum de la desigualdad social que supone el predominio de dinámicas inclusivas, pareciera prevalecer un contingente de hogares incluidos sin mostrar variaciones importantes, al incrementarse en 1.4 % los hogares incluidos a través del mercado y la ciudadanía social entre 2006 y 2013. Las dinámicas de inclusión parcial posibilitan dos escenarios particulares. El primero caracterizado únicamente por la inclusión mediante la ciudadanía social (salud y educación), y el segundo, implica una inclusión de calidad al mercado de trabajo. El escenario referido a la inclusión vía ciudadanía social muestra que el contingente de hogares con dicha inclusión parcial pasó de 16,4 % en 2006 a 21,4 % en 2010, para situarse en 8,4 % en 2013. Mientras que, el escenario de la inclusión mediante el mercado de trabajo mostró un porcentaje de 15 % en 2006, 13,9 % en 2010, y finalmente 10,9 % en 2013. Lo anterior, pareciera indicar la persistencia de tendencias excluyentes tanto a nivel del mercado de trabajo como a nivel de las garantías sociales otorgadas por el Estado. En el primer caso, porque el mercado no proporciona mecanismos de inserción laboral de calidad, y, en el segundo caso, debido a que no existe una ciudadanía social consolidada.

 

 

Tabla 3. Honduras: determinantes de la exclusión social

Dimensión

Variables

2006

2010

2013

Exp(B)

Exp(B)

Exp(B)

Socioeconómica

Agricultura

1.25

1.94

16.16

Minas

2.28

*[4]

*

Electricidad

*

*

10.91

Industria

*

2.12

15.01

Operador

*

*

1.02

Comerciantes

*

*

1.11

Comercio

*

2.44

15.59

Transporte

*

1.62

15.04

Construcción

1.55

*

31.48

Financiero

1.31

2.48

19.69

Servicios

1.2

2.48

23.47

Profesionales

1.43

2.57

4.05

Directores

*

2.6

2.01

Empleados de oficina

*

1.55

3.06

Agricultores

2.83

2.5

2.47

Conductores

1.25

*

1.05

Trabajadores industria textil

2.1

1.48

*

Trabajadores industria gráfica

3.1

*

*

Profesión de los servicios

2.53

*

*

Excedente laboral

2.65

2.8

3.88

Trabajadores asalariados desprotegidos

1.44

*

2.64

Pequeña burguesía sin capacidad de contratación

1.35

*

1.26

Trabajadores de élite

8.52

2.47

35.93

Pequeña burguesía

2.58

*

4.44

Capitalistas

5.22

*

4.29

Sociodemográfica

 

 

 

Hombre

1.54

1.26

1.16

Tegucigalpa

1.57

2.07

2.32

San Pedro Sula

1.34

2.13

2.42

Ciudades pequeñas

*

*

1.1

Ciudades medianas

*

1.64

1.78

Rural

1.21

*

*

Constante

2.79

5.12

10.08

Fuente: elaboración propia a partir de INE. Encuesta Permanente de Hogares y Propósitos Múltiples (EPHPM) 2006, 2010, 2013

 

Según los resultados de la tabla 3, en la dimensión socioeconómica, que el jefe del hogar pertenezca a la clase de trabajadores de élite y a la clase capitalista, el hogar esté ubicado en Tegucigalpa (capital político-administrativa) o San Pedro Sula (capital industrial), limita las probabilidades de que el hogar se encuentre excluido. 

Por el contrario, los determinantes socioeconómicos identificados de los hogares excluidos se constituyen por jefes de hogar que se desempeña en ramas de actividad económica como la explotación de minas y canteras; la agricultura; la construcción; ocupaciones como trabajadores agrícolas, conductores, trabajadores de la industria textil, albañilería, electricidad, trabajadores de la industria gráfica; profesión de los servicios; y que pertenecen al contingente del excedente laboral o de la pequeña burguesía. El hecho de que la pequeña burguesía (con capacidad de contratación de fuerza de trabajo y sin capacidad de contratación de fuerza de trabajo), se muestren como factores que permiten la reproducción de la desigualdad social pareciera reflejar la debilidad de dicha posición de clase en términos sociales y políticos.

De los determinantes socioeconómicos, el que tiene un mayor impacto medido a través del riesgo multivariado sobre la condición de exclusión social es ser trabajador de la industria gráfica, puesto que el riesgo multivariado medido por el Exp (B) es igual a 3.10. Adicionalmente, de los determinantes sociodemográficos, los que tienen una mayor incidencia sobre los hogares en exclusión social son el ser hombre y vivir en la zona rural. Se identificó que ellos tienen un mayor riesgo multivariado el ser hombre, puesto que el Exp (B) de ser hombre es de 1.54 y de estar en la zona rural es de 1.21. Además, existen factores que limitan la probabilidad de estar en situación de exclusión social. Algunos determinantes socioeconómicos son profesionales, directores y gerentes, empleados de oficina, trabajadores de élite. Sobre esto, algunos determinantes sociodemográficos son vivir en Tegucigalpa, San Pedro Sula o en ciudades medianas.

En 2010, los determinantes de los hogares en condición de exclusión social se caracterizaron por ser hogares cuya persona responsable del hogar, se desempeñaba en las siguientes ramas de actividad: agricultura, industria, comercio, transporte, financiera y servicios. De estas variables, las ramas de los servicios y financiera son las que tiene una mayor incidencia medida a través del riesgo multivariado sobre la exclusión social. Ambas con un riesgo multivariado Exp (b) de 2.48.

Los hogares donde la persona responsable se desempeña como agricultores y trabajadores de la industria textil tienen un mayor riesgo multivariado de estar en exclusión social, mostrando una mayor incidencia en la categoría agricultor. Además, tanto en 2006 como en 2010, los determinantes sociodemográficos como ser persona responsable del hogar hombre y pertenecer al excedente laboral inciden en mayor medida en la exclusión social.

En 2013, los determinantes socioeconómicos que limitan la exclusión social fueron desempeñarse como profesionales, los directores y gerentes, los empleados de oficina, los comerciantes, los conductores, los trabajadores de élite y los capitalistas. Mientras que, los determinantes sociodemográficos que limitan dicha condición son: vivir en Tegucigalpa, San Pedro Sula, ciudades medianas y pequeñas.

 

La inserción laboral de los asalariados y autoempleados

La dimensión de la inserción laboral constituye el mecanismo de aproximación para desentrañar las dinámicas en el ámbito del mercado laboral. A través del tipo de inserción, es posible precisar las formas que presenta efectivamente la incorporación de la fuerza laboral al mercado, permitiendo con ello, vislumbrar las dinámicas del autoempleo.

 

Figura 3. Honduras: Tipología de autoempleo. Enero 2018

Fuente: Elaboración propia a partir de INE-Honduras. Encuesta Permanente de Hogares y Propósitos Múltiples (EPHPM) 2006, 2010 y 2013

 

Es posible observar una persistencia del autoempleo de subsistencia, revelando que alrededor del 50 % de las actividades generadas por la dinámica laboral del autoempleo son de este tipo. Esto tiene como implicación que son autoempleados que poseen un nivel de ingreso bajo y que la ubicación de la actividad económica se lleva a cabo dentro del mismo hogar o casa de habitación. Por otro lado, el comportamiento del autoempleo dinámico, aquel caracterizado por gozar de márgenes de acumulación relativamente mayores respecto de los demás autoempleos (subsistencia e intermedio), mostró una tendencia a la baja.

 

Figura 4. Honduras: calidad de inserción laboral. Enero 2018

Fuente: Elaboración propia a partir de INE-Honduras. Encuesta Permanente de Hogares y Propósitos Múltiples (EPHPM) 2006, 2010 y 2013.

 

Los resultados indican un mayor porcentaje de población cuya inserción al mercado de trabajo es de baja calidad, concretamente, este contingente de población constituido por asalariados, autoempleados y patronos. A pesar de la relativa mejora en 2010, refleja un incremento del 2,5 % en la inserción de calidad baja, al pasar de 35,2 % en 2006 a 37,7 % en 2013. Caso contrario ocurre con la inserción laboral de calidad alta, puesto que mostró una reducción del 2,7 % en el período comprendido entre 2006 y 2013.

 

Una aproximación a la ciudadanía social a través de la educación y la salud como garantías

El nuevo modelo de acumulación trajo consigo cambios en las funciones sociales y económicas del Estado, limitando su capacidad de intervención y debilitando su rol en la reducción de desigualdades. Esto se manifiesta en la persistencia de bajos niveles de credenciales educativas en una gran parte de los hogares, con un estancamiento general a lo largo de los tres años analizados. Además, el grupo con credenciales educativas medias ha disminuido entre 2006 y 2013, acentuando la brecha educativa. Sin embargo, este impacto se atenúa parcialmente por el crecimiento del sector de la población con credenciales educativas altas, como se observa en la Figura 5.

 

Figura 5. Honduras: población según nivel de credencial educativa. Enero 2018

Fuente: Elaboración propia a partir de INE. Encuesta Permanente de Hogares y Propósitos Múltiples (EPHPM) 2006, 2010 y 2013

 

Un mecanismo adicional para analizar el debilitamiento de la capacidad del Estado en materia del otorgamiento de garantías básicas, lo constituye la seguridad social y su baja cobertura. La aproximación para gozar de un estimado de la población asegurada a nivel nacional se realizó a través de la subescala de seguridad social, cuyo objetivo consistió en determinar el porcentaje de asegurados directos, indirectos y los no asegurados al IHSS en los tres momentos analíticos.

Figura 6. Honduras: población según cobertura del IHSS. Enero 2018

Fuente: Elaboración propia a partir de INE-Honduras. Encuesta Permanente de Hogares y Propósitos Múltiples (EPHPM) 2006, 2010 y 2013

 

De estos, las personas aseguradas indirectas han mostrado un comportamiento creciente durante los años en estudio, puesto que pasaron de representar el 1,8 % en 2006 a ubicarse en 15,7 % en 2013. Aunado a ello, la población asegurada directa vio crecer su porcentaje de participación dentro de la población asegurada, aunque de forma modesta, puesto que crecieron 1,7 % entre 2006 y 2013. Por otro lado, los no asegurados han disminuido su participación en un 15,6 % en el mismo periodo comprendido entre 2006 y 2013. Sin embargo, sigue siendo un porcentaje elevado (78,4 %).  Ambos constructos, el de credenciales educativas y seguridad social y su articulación, ofrecen un vistazo general sobre la ciudadanía social como mecanismo social básico, la cual opera como soporte de la población expulsada, no reconocida y precarizada del mercado de trabajo durante el modelo neoliberal. 

 

 

Conclusiones

 

La implementación del modelo neoliberal en Honduras marcó un punto de inflexión en la concepción del Estado y su rol en el proceso de desarrollo. Esta investigación partió de la hipótesis de que la implementación del modelo neoliberal en Honduras generó una transformación estructural del papel del Estado, reduciendo sus funciones como garante de derechos sociales y debilitando su capacidad para integrar a la ciudadanía a través de mecanismos públicos de bienestar. Este repliegue estatal habría dejado un vacío que el mercado, por su naturaleza selectiva y excluyente, no ha podido ni ha intentado llenar.

Los datos empíricos analizados confirman esta hipótesis. El debilitamiento estatal se refleja en la reducción del acceso a derechos básicos, mientras que el mercado ha demostrado ser incapaz de garantizar inclusión social. Como consecuencia, se ha consolidado una estructura profundamente desigual y estratificada. Este contraste entre la hipótesis inicial y la evidencia empírica permite afirmar que el modelo neoliberal ha contribuido activamente al debilitamiento de la ciudadanía social en Honduras. También esta retracción estatal ha contribuido a reforzar una estructura social excluyente, donde amplios sectores de la población carecen de acceso a recursos fundamentales para ejercer una ciudadanía plena. Las fuerzas del mercado, lejos de compensar esta ausencia, han sido ineficaces para integrar socialmente a los excluidos, generando una agudización sistemática de la desigualdad.

La exclusión en Honduras se expresa con fuerza en el mercado laboral, donde predomina una forma de autoempleo de subsistencia, caracterizada por ingresos bajos y actividades realizadas principalmente en el hogar. Esta forma de inserción laboral no solo limita la acumulación económica de los hogares, sino que también impide su movilidad social. El análisis reveló que dos tercios de la población ocupada presenta una inserción laboral de calidad media o baja, compuesta mayoritariamente por asalariados precarios y autoempleados mal remunerados.

En el ámbito educativo, el Estado ha demostrado una capacidad limitada para garantizar el acceso universal a conocimientos, habilidades y destrezas fundamentales. Aunque se ha registrado un incremento en la cantidad de personas con credenciales educativas altas, en todos los años del período estudiado más del 40 % de la población mantuvo un nivel educativo bajo. Esta cifra es indicativa de un sistema educativo estructuralmente desigual, que refuerza mecanismos de clausura social y perpetúa las brechas existentes.

En el caso del sistema de seguridad social, los datos revelan una exclusión severa y persistente. El porcentaje de la población no asegurada fue superior al 78 % en 2013, mientras que el porcentaje de asegurados directos no superó el 10 % a lo largo del período analizado. Esta situación denota una incapacidad estructural del Estado para proteger a su población ante los riesgos sociales fundamentales como la enfermedad, el desempleo o la vejez.

El retiro del Estado, combinado con la incapacidad del mercado para generar integración, ha dado lugar a una estructura social profundamente estratificada. La ciudadanía en Honduras se encuentra debilitada, sin acceso a mecanismos efectivos de protección ni participación política significativa. Las desigualdades han alcanzado niveles intolerables, configurando un escenario en el que grandes sectores sociales permanecen “desempoderados”, desintegrados y desarticulados.

Esta situación no solo implica privación material, sino también exclusión simbólica y política, lo cual erosiona los fundamentos de la democracia y favorece la consolidación de un orden social excluyente. La convergencia de estas dinámicas en los sistemas de educación, empleo y seguridad social evidencia que la exclusión es un fenómeno multidimensional, interdependiente y sostenido.

Uno de los principales aportes de esta investigación radica en la adopción de un enfoque estructural y multidimensional que permite comprender la exclusión social como un fenómeno sistémico. Al analizar de manera integrada los sistemas de educación, empleo y seguridad social. Se evidencia la forma en que las dinámicas de exclusión se refuerzan mutuamente, operando como mecanismos de reproducción de la desigualdad a lo largo del tiempo. La utilización de datos longitudinales para identificar patrones estructurales a lo largo de más de una década aporta evidencia empírica robusta que supera las explicaciones coyunturales o episódicas. Este enfoque permite construir una narrativa analítica crítica sobre el modelo de desarrollo hondureño y sus consecuencias sociales.

Pese a sus aportes, el estudio presenta algunas limitaciones. La ausencia de información cualitativa limita la posibilidad de captar las dimensiones subjetivas de la exclusión, especialmente en términos de percepción, agencia y resistencia de los sujetos afectados. Asimismo, se requiere un análisis territorial más detallado, que permita identificar las particularidades de la exclusión social en función del territorio (urbano-rural, regiones, departamentos), del género y del ciclo de vida. Futuras investigaciones podrían enfocarse en las interrelaciones entre exclusión social y participación política, los efectos de la exclusión sobre la legitimidad institucional, y los mecanismos mediante los cuales ciertos grupos logran resistir o revertir su marginación. Resulta urgente evaluar alternativas de política pública que fortalezcan la capacidad del Estado para garantizar derechos y reconfigurar el vínculo entre ciudadanía y desarrollo.

 

Apoyo financiero: Esta investigación recibió fondos del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD), en el marco del financiamiento para cursar la Maestría Centroamericana en Sociología de la Universidad de Costa Rica.

 

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[1] La dimensión del poder para comprender la exclusión social en el contexto del actual modelo de acumulación carece de rigurosidad conceptual y precisión teórica.

[2] La lectura de las zonas prototípicas se realiza bajo la lógica del plano cartesiano, donde la combinación de la inserción laboral y ciudadanía social, forman distintos pares ordenados que pueden concentrarse en cada una de las zonas construidas mediante los puntos de corte de las escalas de ciudadanía social e inserción laboral.

[3] Indica aquellos hogares que no lograron ser clasificados a través del programa SPSS.

[4]