Cuando las monedas de
plata de Costa Rica duplicaron su valor: el decreto de 1923
When the silver
coins of Costa Rica doubled their value: the decree of 1923
José A.
Vargas Zamora
Universidad
de Costa Rica, Escuela de Biología,
San
José, Costa Rica
Investigador
independiente de numismática
https://orcid.org/0000-0003-3431-8802
Ronald
Vílchez Rodríguez
Investigador
independiente de numismática
San
José, Costa Rica
https://orcid.org/0009-0001-7595-0452
Josué I.
Sánchez Chaves
Investigador
independiente de numismática
San
José, Costa Rica
https://orcid.org/0009-0004-3683-8179
Fecha de recepción: 22 de octubre del 2025
Fecha de aceptación: 8 de
abril del 2026
Cómo citar:
Vargas Zamora,
José A., Ronald Vílchez Rodríguez, y Josué I. Sánchez Chaves. 2027. Cuando las
monedas de plata de Costa Rica duplicaron su valor: el decreto de 1923. Revista
Reflexiones. DOI 10.15517/9n38gb78
Resumen
Introducción: El coleccionar monedas antiguas de Costa Rica ha
aumentado en años recientes, y las monedas con resellos son de especial interés.
En 1923, la Casa de Moneda de Costa Rica reselló, por
el doble de su valor facial y con fecha 1923, las monedas nacionales con
contenido de plata. Esto fue motivado principalmente por el aumento del precio
del metal plata y la inflación.
Objetivo: Analizar las circunstancias que motivaron el resello, sus
características y las de monedas huésped, así como sus valores actuales en el mercado
internacional.
Métodos: Se consultó la literatura impresa y datos en páginas
electrónicas. Se localizó y fotografió monedas reselladas y otras sin resellar.
Resultados: El resello obedeció al Decreto n.º 93 del
10 de julio de 1923 y fue aplicado a monedas emitidas entre 1850 y 1918, para
un total de 1 472 242,00 colones equivalente al duplo de su valor facial
original. No hay certeza sobre la cantidad resellada y se estimó que 425 981 lo
fueron por UN COLON y 1 161 654 por 50 CENTIMOS. Existen resellos
falsos, así como otros aplicados en las caras opuestas a las indicadas en el
decreto. Algunas monedas reselladas, por ejemplo, las del árbol de encina (1850-1875),
alcanzan precios altos en subastas internacionales. Errores y variedades se
encuentran frecuentemente en las monedas huésped. Monedas originales
defectuosas fueron fundidas y el metal utilizado en las nuevas de 25 céntimos
con fecha 1924.
Conclusiones: En el
centenario del decreto de 1923, se destaca la abundancia de algunas monedas
reselladas, aunque otras son muy escasas. Un siglo después, algunas monedas
valiosas son adquiridas para colecciones o como inversión, especulación o
refugio financiero. El decreto de 1923 ilustra una de las medidas exitosas de
emergencia para mejorar la caótica situación de la economía de Costa Rica en
esa época.
Palabras clave: Numismática, Casa de Moneda, Resello, Coleccionables,
Inflación.
Abstract
Introduction: Collecting old coins of
Costa Rica has increased in recent years. Of special interest are those with
counterstamps. The Mint of Costa Rica counter stamped national coins with
silver content for twice their face value and with the date 1923. This was prompted
mainly by the rise of the price of silver metal and the inflation.
Objective: To
analyse the circumstances motivating the counter stamping, its characteristics as
well as those of the host coins, and their present international market value.
Methods: Printed literature
was accessed. Coin auction data was downloaded. Counter stamped coins, as well
as those without counterstamps were localized and photographed.
Results: The counter stamping was ordered by decree 93 of July
10th, 1923. Silver coins
issued from 1850 to 1918 were habilitated for a total of 1 472 242,00 colones equivalent to twice their original face value. The
number of counterstamped coins is uncertain. An
estimated 425 981 coins were marked UN COLON and 1 161 654 were so for 50 CENTIMOS. There
are counterfeited counterstamps as well of those applied to the opposite coin sides
indicated in the decree. Several counterstamped coins,
as for example those with the oak tree (1850-1875)
have reached relatively high prices in international auctions. Errors and
varieties are frequently found in host coins. Original silver coins with
defects were melted down and the metal used in new 25 cents coins dated 1924.
Conclusions: In
the centennial of decree of 1923 calls the attention the abundance of certain coin
types, while others are very rare. One century later several expensive examples
are purchased for collections or as speculative objects, investment, or as a financial
refuge. The 1923 decree illustrates one of the successful emergency measures to
improve the chaotic situation of the economy of Costa Rica of the time.
Key
words: Numismatics, Counterstamp, Mint, Collectibles,
Inflation.
Introducción
En Costa Rica, el
interés en coleccionar monedas, billetes, medallas, boletos de café y otros
objetos numismáticos se ha fomentado gracias a la apertura del Museo de
Numismática del Banco Central, la promoción de actividades divulgativas y la
publicación de estudios en revistas y libros a cargo de varios autores. El
aumento de personas interesadas en estos objetos ha coincidido recientemente
con las emisiones de monedas coleccionables. Ejemplo de esto es la moneda
conmemorativa del bicentenario de la Independencia del país en 2021 (500
colones). Pero también, destaca la emisión de monedas en 2023, relacionadas con
la fundación de la República y la abolición del ejército y, en 2025, sobre la
Anexión del Partido de Nicoya. En los años 2025 y 2026, la sustitución
paulatina del cono monetario y la emisión de piezas para coleccionistas generaron
que estas monedas se agotaran rápidamente después de ser ofertadas al público.
En Costa Rica, durante
varios años, no se emitieron monedas conmemorativas de efemérides u otros
motivos como, por ejemplo, las alusivas al 150 conmemoración de la independencia
en 1971, acuñadas en oro y plata. De este grupo destaca la pieza de 1000
colones, en oro de 900 milésimas, que por su peso de 149 g y su diámetro de 60
mm hacen de ella una rareza muy buscada por personas
interesadas a nivel mundial. Aún más
apreciada es la moneda de oro de 20 pesos de 1873, 32 g, 33 mm,
Estos y otras
piezas son objetos buscados por coleccionistas, así como inversionistas, que los
adquieren con el propósito de que, después de un tiempo, puedan ser ofrecidos nuevamente
a la venta y alcanzar valores muy superiores a los esperables si el dinero
hubiese sido invertido de otra forma. Tal como lo han indicado Koford y Tschoegl (1998), Caballer y De la Poza (2010) y Ortega
(2025), las personas profesionales y aficionadas en numismática coleccionan y
comercian estos objetos por interés personal, como depósito móvil de valor
seguro o como objetos especulativos. El tema del valor agregado a los objetos
numismáticos antiguos de Costa Rica ha sido abordado recientemente por Cardoce (2025), quien cita como ejemplo una moneda huésped
de 50 céntimos, sin resello de 1923, que alcanzó, en 2013, un valor cercano a
los 5 000 dólares en una subasta.
Entre las monedas
de Costa Rica muy buscadas y valoradas están aquellas que portan un resello o
marca. El resello de monedas extranjeras y nacionales, para modificar su valor
o legitimarlas, ha sido utilizado por la Casa de Moneda
de Costa Rica entre 1822 y 1923. El tema del resello de 1923 fue tratado
brevemente por varios autores, como Gurdián Montealegre (1997), De la Cruz
(2001), Murillo (2004), Chacón Hidalgo (2003, 2007, 2018), Vargas Zamora y
Chacón Hidalgo (2022). En este trabajo, se enfatiza el caso particular de las
monedas de plata de Costa Rica emitidas entre 1850 y 1918 y habilitadas
mediante resellado por decreto de 1923 para duplicar su valor facial.
Por tanto, el
objetivo de este estudio es aportar información sobre el contexto del resello
de 1923, los tipos de monedas reselladas, las variedades y su valor en el
mercado numismático actual.
Métodos
En este
estudio se abordó a partir de valoraciones de juicio de experto. Se consultó
literatura impresa depositada en la Biblioteca de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Costa Rica y en bibliotecas privadas, así como información
digital disponible en páginas electrónicas de casas vendedoras y subastadoras
de objetos numismáticos. Se contactó a coleccionistas que facilitaron sus
monedas para la toma de fotografías, la identificación de tipos y de variedades.
Resultados
¿Por qué fue necesario duplicar el valor de las monedas de plata?
Los acontecimientos previos a 1923 que provocaron la
necesidad de duplicar el valor facial de las monedas de plata son varios y
complejos, según se desprende de la literatura consultada. Un resumen de los
eventos que llevaron a resellar las monedas lo aportan autores como Young
(1925), Soley Güell (1923, 1925, 1926, 1947, 1949) y León (2012). Gurdián
Montealegre (1997) y Peters Solórzano (2012) divulgaron otros datos.
Don Tomás Soley
Güell ejercía el cargo de secretario (ministro) de Hacienda en esa época y
publicó en el Diario de
Costa Rica un
total de 63 artículos que luego formarían el cuerpo de su libro Historia monetaria de Costa Rica. El
resello de 1923 se trata en el artículo LV, publicado el 5 de febrero de 1926.
Recientemente, estos 63 artículos han sido reunidos en el libro editado por
Sánchez Castillo (2025).
Entre los motivos para resellar las monedas destacan tres:
1. El patrón oro de 1896
y su impacto en la aceptación de las monedas de plata
Desde la época colonial, el sistema monetario de Costa Rica
fue bimetálico, con monedas de oro (escudos) y de plata (reales). La moneda de
oro de 8 escudos se conocía como Onza y la de 8 reales de plata como Peso. A
partir de 1864, las acuñaciones de oro fueron en pesos y las de plata en
monedas de múltiplos de centavos. A fines del siglo XIX, las oscilaciones en el
precio de la plata hicieron necesario el abandono del bimetalismo y la
promulgación de la Ley del Talón de Oro, así como la adopción del colón como
moneda dividida en 100 céntimos.
El
Decreto n.º 3 del 24 de octubre de 1896, referente a la Ley de la
Moneda (Gobierno de Costa Rica, 1897: 550),
indica en su justificación:
Considerando
que la plata, por razón de las constantes fluctuaciones que desde hace algún
tiempo viene experimentando en su valor intrínseco, ha perdido el carácter de
estabilidad que determinó su adopción como base del sistema monetario de la
República, y que, en tal virtud, se hace preciso, para dar garantía al capital,
normalidad al tipo de los cambios internacionales y positiva eficacia al
desarrollo de la riqueza pública, adoptar el oro como base del sistema
monetario, en sustitución de la plata, de conformidad con lo dispuesto en la
fracción 19.ª del artículo 73 de la Constitución.
Entre las acciones
tomadas para estabilizar la economía están las emisiones de billetes de un
colón y de dos colones, que se iniciaron en 1902, y mediante las cuales la
persona usuaria podía cambiar sus monedas de plata por estos billetes. Esto
ocurría porque las monedas de plata tenían menor aceptación, debido a que la
adopción del colón oro en 1896 afectó su circulación a tal grado que la Ley de
la Moneda de 1896, en su artículo IX, indicaba que nadie estaba obligado a
recibir ni se aceptaba en pago de impuestos y contribuciones fiscales más de 10 colones en monedas de plata.
Esos billetes (Figura 1) fueron conocidos como certificados de plata y se emitieron hasta 1921. Del billete de un
colón se imprimieron 1 750 000 ejemplares y del de dos colones, 2 099 135.
Entre 1917 y 1921 (Figura 1) se emitieron 752 000 billetes de 50 céntimos
(Carranza Astúa 2022, 95-102). En estos tres billetes se utilizó el busto
imaginario de Cristóbal Colón, obra del artista español Francisco Asís López
(Vargas Zamora 2007).
Figura 1. Anversos y
reversos de billetes emitidos entre 1902 y 1921. Casa impresora American Bank
Note Company, Nueva York. A. Specimen
(muestra de impresión, sin firmas, sin serie y sin fecha), por valor de dos
colones. Escudo de armas anterior a 1906. 152 × 68 mm.
Emitidos entre 1902 y 1921. B. Un colón, serie 675122, del 1 de julio de
1906. 152 × 68 mm. Emitidos entre 1902 y 1918. C.
50 céntimos, serie 616265, del 21 de septiembre de 1921. Escudo de armas nuevo,
vigente entre 1906 y 1964. 94 × 52 mm. Emitidos entre
1917 y 1921. A, B y C: República de Costa Rica. Busto imaginario de
Cristóbal Colón. D. Banco Internacional. 25 céntimos, serie 778968, del
25 de julio de 1918. 93 × 48 mm. Emitidos en
1918 y 1919. Fuente:
Fotografías SAAM. Colección
privada.
2. El incremento en el
precio del metal plata en el mercado internacional
Además del
argumento expresado en la sección anterior, a partir de 1915 el precio de la
plata se incrementó, agravando el problema ya existente desde años atrás,
consistente en que el valor facial (el valor grabado en el reverso) de las
monedas de plata era menor que su valor intrínseco (su contenido de metal plata).
Según Young (1925:
210), el precio promedio de la onza troy (31,1035 g) de plata en 1918
promediaba cerca de 1,02 dólares en Nueva York. Como un colón equivalía a dos
monedas de plata de 50 céntimos
con cerca de 18 g de plata pura (0,5787 oz), entonces el valor del metal en
esas dos monedas era de 59 centavos de dólar. El tipo de cambio del dólar en Nueva
York en octubre de 1918 hacía que esos 59 centavos se vendieran por cerca de 2,83
colones en Costa Rica. Por tanto, la moneda valía cerca de tres veces más que su
equivalente en papel moneda, debido a las alzas del precio de la plata y de la
tasa de cambio. Como consecuencia, la moneda de plata resultaba más rentable
venderla fuera del país o atesorarla.
En la Figura 2 se
ha incluido el valor promedio anual de la onza troy de plata en el mercado de
Nueva York, desde 1910 hasta 1930. Allí también se notan los impactos de la Primera
Guerra Mundial (1914–1918) y la caída de la Bolsa de Nueva York en 1929.
Figura 2. Precio
promedio anual de la onza troy (31,1035 g) en Nueva York, desde 1910 hasta
1930. En amarillo, el período de alto precio relativo del metal hasta 1923,
cuando se decidió duplicar el valor de las monedas de plata. Figura elaborada
con base en datos del Federal Reserve Board (1920, 8) y Chang (1989,
100). Fuente: Gráfico
de elaboración original.
El problema del
aumento del precio de la plata, especialmente acentuado a partir de 1915, hizo
que la moneda con alto contenido de ese metal, así como la de oro, fueran
desapareciendo de la circulación para ser atesoradas o vendidas por su
contenido metálico. De acuerdo con Young (1925, 210), la exportación de monedas
de plata y de oro fue prohibida mediante una ley de noviembre de 1914; esto
ocurría de forma clandestina y resultó ser un arma de doble filo, pues el Gobierno
tampoco podía beneficiarse de ese negocio de venta del metal en los mercados
internacionales. Según
lo indica Soley Güell (1926, 146):
El alto valor que
adquirió la plata en el mercado mundial, unido a la constante desvalorización
del billete, provocó la desaparición de toda la moneda de plata. Aun la de
cobre, obligada a sustituir aquella, resultó escasísima. Las pequeñas
operaciones del mercado viéronse casi imposibilitadas
y el comercio y las municipalidades recurrieron a crear tiquetes o contraseñas
para los vueltos.
En el año 1917, la
escasez de moneda de plata se hizo muy evidente para las transacciones menores,
por lo que el Gobierno emitió la ley de junio de 1917 que autorizó la emisión
de billetes de plata, como el ilustrado en la Figura 1. La segunda ley, promulgada el 7 de septiembre
de 1917, autorizó la acuñación de monedas de plata de 50 céntimos con menor
contenido de metal (500 milésimas), con fecha de 1918. Gracias a estas dos
leyes, una gran cantidad de monedas fue rescatada y conservada por el Banco de
Costa Rica (Young 1925, 210).
3.
La
inflación monetaria acelerada por la dictadura de los Tinoco (27 de enero de
1917 al 12 de agosto de 1919)
El Diccionario Enciclopédico UTEHA (1953, 314) define inflación así:
Excesiva emisión de billetes en reemplazo de moneda.
Aumento de la cantidad de moneda en circulación no correspondiente a las
necesidades del mercado, en virtud de un aumento de los préstamos bancarios o
de sus valores, y que, al romper el equilibrio normal entre el volumen de las
mercancías y la cantidad de dinero, origina una alteración anormal de los
precios, elevándolos.
Durante el
gobierno de facto de los hermanos Tinoco, las numerosas emisiones de billetes
provocaron varios problemas. El período comprendido entre 1917 y 1919 fue
conocido como el de las finanzas extravagantes, y una de sus
consecuencias fue el encarecimiento de los bienes de consumo hasta cerca del 80
% (León 2012). Sobre este período, Soley Güell (1926, 208) plantea lo
siguiente:
Desde 1919 pesaba sobre el mercado una suma
desproporcionada de billetes plata, los cuales, por su pequeña denominación de
¢2,00 y ¢1,00, trastornaban la circulación y sufrían demérito cuando se trataba
de adquirir, con ellos, giros o artículos de algún valor. Los bancos
establecieron división en sus cuentas corrientes para recibirlos y, así, se
giraban cheques a cargo de cuenta corriente en billetes plata y cheques contra
cuenta corriente en billetes de las otras denominaciones. Esos billetes,
además, se usaban y deterioraban, rápidamente, por su constante empleo en todas
las pequeñas transacciones del mercado y obligaban a un fuerte gasto,
desproporcionado con su pequeño valor, para reemplazarlos.
Como lo ha
indicado Gurdián Montealegre (1997, 159), la dictadura se caracterizó por realizar
emisiones de billetes sin respaldo. Diversos factores llevaron a la
depreciación del colón, que pasó de 2,25 colones por dólar a 5,00 colones. Como
el precio de la plata había aumentado, el Gobierno incrementó la emisión de
billetes con el objetivo de retener las monedas y evitar su venta por un valor
superior al facial. Entre el 22 de septiembre de 1917 y el 2 de octubre de 1918
se realizaron 22 emisiones de billetes de 0,50, 1,00 y 2,00 colones; de estas
últimas se efectuaron 14 emisiones. El valor total ascendió a 3 272 250,00 colones, suma que
cubría con exceso el valor facial de las monedas de plata a rescatar, si se
toma en cuenta el Decreto del 10 de julio de 1923, que se analizará más
adelante. Sobre el tema de
la política económica de la dictadura, Barrantes Zamora. (2012, 254) indica
al respecto:
El efecto directo de esta política fue la desvalorización
de todos los tipos de moneda y el crecimiento sin control del circulante en
billetes al portador que no tenían ningún valor, así como la inflación
desmedida acompañada de aumento de precios en una buena cantidad de productos
de consumo popular
El Gobierno produjo
emisiones de billetes de otras denominaciones, por lo que, según Soley Güell
(1926: 155), al caer la dictadura la circulación general en el país, al 1.º de septiembre de 1919, fue:
|
*Emisiones de los bancos Internacional y Comercial: |
¢16 590 000,00 |
|
*Emisiones de los bancos Anglo, Mercantil y Costa
Rica: |
¢1 511 610,00 |
|
Billetes plata: |
¢3 272 250,00 |
|
Monedas de cobre: |
¢265 476,55 |
|
Monedas de níquel: |
¢12 600,00 |
|
Certificados de plata: |
¢160 384,00 |
|
Total: |
¢21 812 320,55 |
*Nota: A partir
del 15 de julio de 1921, el Banco Internacional pasó a ser el único emisor de
billetes (Young 1925, 215). No solo las numerosas emisiones sin respaldo fueron
la causa única de la inflación, sino que existieron otras causas internas y
externas, pues la interna también estaba relacionada con la inflación mundial
que siguió a la Primera Guerra Mundial (1914-1918).
Cabe mencionar que
la moneda de plata desapareció de la circulación por tres años, debido a su
mayor valor intrínseco (Gurdián Montealegre 1997, 158). La gente optaba por acumular esas monedas y usar las de cobre y níquel. Esta
situación es, según Peters Solórzano (2012, 320), un ejemplo de la Ley de
Gresham (Thomas Gresham, 1519-1579), pues se usaban las monedas de valor
cuestionable (cobre y níquel) y se atesoraban las
de mayor valor intrínseco: las de plata.
El Decreto n.º 93 del 10 de
julio de 1923
Con el propósito
de retirar paulatinamente de la circulación la gran cantidad de billetes de
baja denominación y evitar la exportación y salida de circulación de las
monedas de plata, el Gobierno de don Julio Acosta aprobó el Decreto n.º 93 del
10 de julio de 1923, que se reproduce en la Figura 3.
Figura 3. A:
El Decreto n.º 93 del 10 de julio de 1923, que ordena resellar por el doble de
su valor facial las monedas de plata existentes en el país, según se indica en
la Colección de Leyes y Decretos del segundo semestre de 1923 (pp. 43-44).
B: Autorización para poner en circulación monedas reselladas de 50
céntimos y descripción del resello, según el Acuerdo n.º 186 del 6 de agosto de
1923. Un monto equivalente en billetes debía ser incinerado. Fuente: Adaptado de la Colección
de Leyes y Decretos de 1923. Biblioteca de Derecho de la Universidad de
Costa Rica.
Nótese que en su artículo
1.º el monto que el Banco Internacional abonaría a la cuenta del Gobierno fue
de 1 472 242,00 colones, lo que equivale al duplo del valor facial de la plata
acuñada. Esto indica que el valor facial de las monedas sin resello fue de 736
121,00 colones. Tal como lo indica Soley Güell (1926, 209):
Para
corregir esta situación (la circulación de billetes de baja denominación) propuso
el Ejecutivo el resello de la moneda de plata que sirvió como encaje de los
primitivos certificados y el retiro de estos y de los billetes de plata de la
circulación. El Congreso aceptó el proyecto y dictó la ley de julio de 1923,
según la cual el Banco Internacional recibiría ¢736 121 en monedas de 900
milésimas, las resellaría al doble de su valor y las pondría en circulación,
retirando e incinerando billetes propios por igual valor al dado a la plata
(véase artículo 2.º), es decir, por la suma de ¢1 472 242,00
El contenido de plata en las monedas según el Decreto n.º 93
El Decreto n.º 93
indica que las monedas a resellar son las que existen en el país. Soley Güell (1923, 223) hace
una aclaración sobre el contenido de 900 milésimas de plata en las monedas:
Es el caso de que la plata que se dice tener 900 m/m
no tiene ya tal ley. Me consta que gran parte de ella, tal vez las dos terceras
partes, es moneda de la llamada de árbol, que el público ha tenido siempre por
muy buena y que ha creído que tenía 900/mm, porque tiene la inscripción 9 Ds, que traduce malamente por 9 décimas, cuando,
en realidad, lo que significa es 9 dineros (sobre 12 dineros), es decir, 750
milésimos.
Las monedas
reselladas fueron las que, según el Decreto n.º 93, existían en el país. El
resello fue aplicado (Figura 4) exclusivamente a las nacionales, pues también había
algunas monedas de plata extrajeras. El contenido de plata de las nacionales varía
desde 500 milésimas (1918), 750, 900, hasta 903 (1850).
Las monedas con el
grabado del árbol reselladas a 50 céntimos (Figura 4 E) son muy escasas y
valiosas. Aún más raras son las de árbol reselladas a un colón, de las que se
conocen solo unos pocos ejemplares. El árbol es un roble o encina, y fue en
1848 cuando se decretó que fuera grabada en las monedas de plata de la recién
fundada República de Costa Rica. En cuanto al simbolismo y la utilidad de las
encinas, así como los de otras plantas grabadas en las monedas, Vargas Zamora y
Gómez Laurito (2004) incluyen información pertinente.
Descripción del resello
Sobre la
aplicación de resellos, el diccionario de Burzio (1958, 305): define esta
moneda como: “Llamada la pieza
monetaria a la que se le ha punzonado un nuevo sello para su circulación,
alterando su valor primitivo en más o en menos, o refirmando la buena ley de su
metal”. El autor hace una aclaración importante sobre el significado de
los términos resello y contramarca:
El resello, a pesar de ser una contramarca, no debe
confundirse con esta. El primero se distingue en que lleva el escudo de armas
del país que punzona la pieza, o bien algunos de sus atributos. La contramarca
es un número, signo, letra, monograma o figura punzonada por causas diversas.
El catálogo
de Michael (2019, 11) hace referencia a las monedas de 1923 para enfatizar la
distinción entre contramarca (countermark) y
contrasello (counterstamp), y reserva este
último para las monedas de 1923.
Se deja al lector
su interpretación. No obstante, en el Decreto de 1923, en el artículo 2.º, se
utilizó el término resellar.
Por ese motivo, en este estudio se siguió a autores como De la Cruz (2001),
Murillo (2004) y Chacón Hidalgo (2007), quienes lo utilizan. Gurdián
Montealegre (1997, 78) aporta la siguiente descripción del resello que se
aplicó a las monedas de plata:
Resello circular de 13 milímetros en ambas caras, con la leyenda al
centro de «Un colón» en el anverso de monedas de 50 centavos o céntimos de
emisiones anteriores y de «50 céntimos» en el reverso de monedas de 25 centavos
o céntimos de las mismas emisiones, y en la cara opuesta «1923».
En cuanto al
diámetro del resello, De la Cruz (2001, 51) anota dos medidas: el de UN COLÓN,
de 12 mm, y el de 50 CÉNTIMOS, de 10,5 mm. En la Figura
4, se incluyeron ejemplos con sus respectivas dimensiones.
Figura 4. 50
céntimos, 1918, 500 milésimas, G.C.R. Resello normal. B. 50 centavos,
1890, G.W., 9 Ds (750
milésimas), resello invertido. C. Detalle de la contramarca de la moneda
B y su diámetro. D. 25 centavos, 1889, 9 Ds,
Heaton, Birmingham. Resello normal. E. 25 centavos, 1864, 9 Ds, G.W. Resello invertido. F. Detalle del
resello de la moneda E y su diámetro. Fuente: Fotografías SAAM.
Colecciones privadas.
La aplicación del
resello se efectuó, en la mayoría de los casos, tal como lo indica Gurdián
Montealegre (1997, 78); es decir, con el año 1923 en el anverso, sobre el
escudo de armas, en las monedas reselladas a 50 céntimos, y dentro de la corona
del reverso en las reselladas a un colón. Se ha documentado la existencia de
resellos invertidos, como aquellos aplicados en las caras opuestas de la moneda
(Figura 4).
De la Cruz (2001, 52-53)
elaboró una lista de las monedas con resellos invertidos que había sido
documentadas, así como de otras posibles no conocidas a la fecha de su estudio,
por lo que es factible la existencia de ejemplares identificados con
posterioridad. Desde luego, estas monedas con la inscripción alterada son
escasas y su precio para coleccionistas o inversionistas es mayor que el de las
piezas con resello normal. Nótese que en las monedas ilustradas en la Figura 4,
este fue aplicado sin considerar la orientación de la moneda huésped, de modo
que en algunas quedó invertido sobre el escudo de armas (Figura 4 A) o
dispuesto en otro ángulo (Figura 4 B).
La mayoría de las
monedas huésped reselladas están acuñadas a tipo moneda (al girarlas sobre el eje vertical, la cara
opuesta queda en posición invertida). No obstante, existen piezas con acuñación
a tipo medalla (al
girarlas, ambas caras permanecen en posición normal); esta variante es, también,
muy apreciada por coleccionistas.
Según Wallace
(1966), de las monedas de 50 céntimos con fecha 1917 solamente diez piezas no fueron reselladas; una de ellas fue
depositada en la colección del Banco y las otras nueve distribuidas entre
numismáticos. En el caso de las acuñadas en 1918, todas habrían sido reselladas.
Sin embargo, algunas piezas de estos valores subastadas recientemente permiten
cuestionar el número real de monedas no reselladas.
La falsificación del resello
Tal como se ha
mencionado, el aumento del precio del metal plata en el mercado internacional
llevó a algunas personas usuarias, que podían afrontar ese ahorro, a atesorar
las monedas, a la espera de negociarlas a un precio mayor que el facial. Con la
puesta en vigencia del Decreto de 1923, hay quienes vieron la oportunidad de
elaborar un troquel para falsificar el resello, aplicarlo a las monedas
atesoradas e introducirlas, ya alteradas, en el comercio.
Según lo ha
indicado De la Cruz (2001, 49), los resellos falsos pueden hallarse tanto de
mala como de buena calidad. Entre los defectos más comunes se encuentran la
letra N invertida, la letra U
de mayor tamaño y alterada, así como otras letras o dígitos deformados o fuera
de alineación. Esta variedad de errores hace suponer la existencia de varios
troqueles o de distintos falsificadores.
Las monedas de 50
centavos o de 50 céntimos con resello de un colón parecen ser las que con mayor
frecuencia portan resellos falsos, probablemente por su mayor valor en
comparación con las reselladas a 50 céntimos. En la Figura 5, se incluyen
algunos ejemplos de monedas cuyos resellos permiten cuestionar su legitimidad.
Figura 5. Ejemplos
de monedas con defectos evidentes que indican resellos falsos y otros menos
notorios que generan duda. A. 50 centavos, 1865. Letras N desiguales. B.
50 centavos, 1866. Letras irregulares. C. 50 centavos, 1870. Letras
irregulares y borde del círculo más grueso. D. 50 centavos, 1880.
Falsificación evidente: letras N invertidas, dígitos irregulares y
desalineados. E. 50 centavos, 1885. UN desigual; dígitos de 1923 mal
alineados y espaciados. F. Un cuarto de peso, 1850. Letras irregulares;
dígito 9 de 1923 irregular. A–F. Las posibles falsificaciones
conservaron los diámetros de los resellos de un colón y de 50 céntimos, como se
ilustra en F. Fuente:
Fotografías SAAM. Colección privada.
Monedas por resellar: características
y valor del metal plata
En
la Tabla 1, se presentan datos sobre las monedas de plata que
fueron reselladas en cumplimiento del Decreto n.º 93 de julio de 1923. En el
proceso se incluyeron monedas que, para esa época, ya estaban fuera de
circulación, especialmente aquellas que presentan grabado un árbol de encina o
roble en el reverso (1850-1875). Además, se incluye el cálculo aproximado del
valor de la plata contenida en dichas monedas.
Tabla 1. Lista de las monedas
reselladas y cálculo del valor de la plata contenida en las monedas, según el
valor promedio de la onza en 1919
|
A |
B |
C |
D |
E |
F |
G |
H |
I |
J
* |
|
1850 |
KM-154 |
1/4
Peso |
J.
Barth |
Encina |
0,903 |
6,40 |
0,186 |
0,208 |
¢0,447 |
|
1864 |
KM-155 |
25
cvs peq |
G.
Witting |
Encina |
0,750 |
6,25 |
0,150 |
0,169 |
¢0,363 |
|
1864 |
KM-156 |
25
cvs gde |
G.
Witting |
Encina |
0,750 |
6,25 |
0,150 |
0,169 |
¢0,363 |
|
1865 |
KM-156 |
25
cvs |
G.
Witting |
Encina |
0,750 |
6,25 |
0,150 |
0,169 |
¢0,363 |
|
1875 |
KM-156 |
25
cvs |
G.
Witting |
Encina |
0,750 |
6,25 |
0,150 |
0,169 |
¢0,363 |
|
1886 |
KM-157 |
25
cvs |
G.
Witting |
Corona |
0,750 |
6,25 |
0,150 |
0,169 |
¢0,363 |
|
1887 |
KM-157 |
25
cvs |
G.
Witting |
Corona |
0,750
|
6,25 |
0,150 |
0.169 |
¢0,363 |
|
1886 |
KM-158 |
25
cvs |
G.
Witting |
Corona |
0,750 |
6,25 |
0,150 |
0,169 |
¢0,363 |
|
1887 |
KM-158 |
25
cvs |
G.
Witting |
Corona |
0,750
|
6,25 |
0,150 |
0,169 |
¢0,363 |
|
1889 |
KM-159 |
25
cvs |
Heaton-Birm |
Corona |
0,750 |
6,30 |
0,152 |
0,170 |
0,366 |
|
1890 |
KM-159 |
25
cvs |
Heaton-Birm |
Corona |
0,750 |
6,30 |
0,152 |
0,170 |
¢0,366 |
|
1892 |
KM-159 |
25
cvs |
Heaton-Birm |
Corona |
0,750 |
6,30 |
0,152 |
0,170 |
¢0,366 |
|
1893 |
KM-159 |
25
cvs |
Heaton-Birm |
Corona |
0,750 |
6,30 |
0,152 |
0,170 |
¢0,366 |
|
1890/80 |
KM-159 |
25
cvs |
Heaton-Birm |
Corona |
0,750 |
6,30 |
0,152 |
0,170 |
¢0,366 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
1865 |
KM-162 |
50
cvs |
G.
Witting |
Encina |
0,750 |
12,5 |
0,301 |
0,337 |
¢0,724 |
|
1875 |
KM-162 |
50
cvs |
G.
Witting |
Encina |
0.750 |
12,5 |
0,301 |
0,337 |
¢0,724 |
|
1867 |
KM-162 |
50
cvs |
G.
Witting |
Encina |
0,750 |
12,5 |
0,301 |
0,337 |
¢0,724 |
|
1870 |
KM-162 |
50
cvs |
G.
Witting |
Encina |
0,750 |
12,5 |
0,301 |
0,337 |
¢0,724 |
|
1872 |
KM-162 |
50
cvs |
G.
Witting |
Encina |
0,750 |
12,5 |
0,301 |
0,337 |
¢0,724 |
|
1866/5 |
KM-162 |
50
cvs |
G.
Witting |
Encina |
0,750 |
12,5 |
0,301 |
0,337 |
¢0,724 |
|
1880 |
KM-163 |
50
cvs |
G.
Witting |
Corona |
0,750 |
12,5 |
0,301 |
0,337 |
¢0,724 |
|
1885 |
KM-163 |
50
cvs |
G.
Witting |
Corona |
0,750 |
12,5 |
0,301 |
0,337 |
¢0,724 |
|
1886 |
KM-163 |
50
cvs |
G.
Witting |
Corona |
0,750 |
12,5 |
0,301 |
0,337 |
¢0,724 |
|
1887 |
KM-163 |
50
cvs |
G.
Witting |
Corona |
0,750 |
12,5 |
0.301 |
0,337 |
¢0,724 |
|
1890 |
KM-163 |
50
cvs |
G.
Witting |
Corona |
0,750 |
12,5 |
0,301 |
0,337 |
¢0,724 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
1902 |
KM-164 |
50
cts |
C.
Yglesias |
Corona |
0,900 |
10,0 |
0,289 |
0,323 |
¢0,694 |
|
1903 |
KM-164 |
50
cts |
J.
Cubero V. |
Corona |
0,900 |
10,0 |
0,289 |
0,323 |
¢0,694 |
|
1914 |
KM-164 |
50
cts |
Gobierno CR |
Corona |
0,900 |
10,0 |
0,289 |
0,323 |
¢0,694 |
|
1917 |
KM-165 |
50
cts |
Gobierno CR |
Corona |
0,500 |
10,0 |
0,160 |
0,179 |
¢0,385 |
|
1918 |
KM-165 |
50
cts |
Gobierno CR |
Corona |
0,500 |
10,0 |
0,160 |
0,179 |
¢0,385 |
A. Año grabado en la moneda. B. Código del
catálogo internacional (Standard Catalog of World Coins 1901-2000), de Michael (2019, 591). C.
Valor facial (cvs = centavos; cts
= céntimos). D. Ensayador o ceca. E. Figura
grabada en el reverso. F. Milésimas de plata (ley).
G. Peso teórico en gramos. H. Fracción
de la onza troy (31,1035 g de plata 0,999) contenida en la moneda. I.
Valor aproximado de la fracción en dólares, según el valor promedio de la onza
en 1919 (US$ 1,12; Figura 2). J. Valor aproximado en colones del
metal plata, a una tasa de cambio de 2,15 colones por 1 US$. Fuente: A-D: Michael (2019). G–J. Elaboración propia
* Ejemplo del
cálculo en J: 0,903 × 6,40 = 5,779 / 31,1035 = 0,185 × 1,12 = 0,208 ×
2,15 = 0,447. Nota: la
casa inglesa Heaton acuñó monedas de 50 centavos con fecha 1889; sin embargo,
estas nunca fueron rechazadas por no tener el peso legal (Murillo 2004, 110).
Las monedas originales de 50 centavos de los años 1865, 1866, 1867, 1870 y 1872
son muy escasas.
De la tabla 1 se
infiere que, las monedas por resellar fueron principalmente las emitidas a
partir de la fundación de la República de Costa Rica, en 1848. En ellas, se
eligió grabar en el reverso un árbol de encina o roble y, en el anverso, el
escudo de armas. Estas primeras monedas se emitieron con fecha 1850 y con
valores de 1/16, 1/8 y de 1/4 de peso (Un peso = 8 reales)
A partir de 1864, se adoptó el sistema decimal, y las monedas
se acuñaron en valores de centavos; se resellaron las de 25 y 50 centavos. En
1875, se acuñaron las últimas monedas con el motivo del árbol de encina, y en
las emisiones posteriores, desde1880, este fue sustituido por una corona
formada por dos ramas entrelazadas, posiblemente una de palma datilera (Phoenix
dactylifera) como símbolo de victoria, y la otra
de laurel europeo (Laurus nobilis) como insignia de mérito (Vargas Zamora y
Gómez Laurito 2004).
En las emisiones
de 50 céntimos, a partir de 1902, se modificó nuevamente el diseño. En el
anverso se grabó el escudo de armas utilizado en las monedas de oro a partir de
1897. En la Figura 6, se
incluyen ejemplos de monedas huésped sin resello, excepto las de 1914, 1917 y
1918 que, como se ha mencionado, son escasas.
Figura 6. Tipos de monedas huésped reselladas
en 1923: A. 1/4 de peso, 1850. J. B. (Juan
Barth, ensayador), 10 Ds, 20 Go (903 milésimas de plata), 24 mm. Árbol de encina. B. 25 centavos (25 Cs),
1864, números pequeños, 9 Ds (750
milésimas), G.W. (Guillermo Witting), 24 mm. C.
25 centavos (25 Cs), 1875, números grandes, 9 D,
G.W., 24 mm. D. 25 centavos, 1887, G.W., 9 Ds
; microletras C.B. (Cruz Blanco,
grabador) bajo la punta del escudo de armas, 25 mm. Corona de palma y laurel. E. 25
centavos, 1892. 9 Ds, Heaton Birmingham, 25
mm. F. 50
centavos, 1875, 9 D, G.W. 33 mm. G. 50 centavos, 1885, G.W., 9 Ds. 31 mm. H. 50
céntimos, 1902, 900 milésimas, C. Y. (Carlos Yglesias,
ensayador), 29 mm. Corona de laurel. Las monedas de
1914, 1917 y 1918 presentan un diseño similar a esta última. Fuente: Fotografías SAAM.
Colección privada.
La emisión paulatina de las monedas reselladas
De la manera que se ha
señalado, la aplicación del resello a las monedas de plata se llevó
a cabo de forma paulatina y se extendió a años posteriores a 1923. A principios
de 1926, los montos de monedas en circulación se detallan en la Tabla 2, junto con las emisiones de
pesetas de 1924. Fuente: Soley Güell (1926, 210).
Tabla 2. Montos en colones
en circulación por el Banco Internacional de Costa Rica entre el 6 de agosto de
1923 y el 20 de enero de 1926, correspondientes a monedas reselladas de 50
céntimos y de un colón, así como a las nuevas emisiones de 25 céntimos
|
Un colón |
50 céntimos |
Pesetas (25 céntimos),
1924 |
|
|
6 agosto, 23* |
|
¢40 000,00 |
|
|
22 agosto, 23 |
|
¢60 000,00 |
|
|
17 septiembre, 23 |
|
¢30 000,00 |
|
|
2 octubre, 23 |
|
¢70 000,00 |
|
|
7 noviembre, 23 |
|
¢100 000,00 |
|
|
23 noviembre, 23 |
¢50 000,00 |
0 |
|
|
19 diciembre, 23 |
¢50 000,00 |
¢50 000,00 |
|
|
15 febrero, 24 |
¢30 000,00 |
¢30 000,00 |
¢40 000,00 |
|
29 marzo, 24 |
¢50 000,00 |
¢50 000,00 |
0 |
|
7 junio, 24 |
¢30 000,00 |
¢10 000,00 |
0 |
|
2 junio, 24 |
¢40 000,00 |
0 |
¢10 000,00 |
|
6 agosto 24 |
¢50 000,00 |
¢30 000,00 |
¢20 000,00 |
|
20 noviembre, 24 |
¢50 000,00 |
0 |
0 |
|
30 enero, 25* |
¢30 000,00 |
0 |
¢20 000,00 |
|
23 marzo, 25 |
¢30 000,00 |
0 |
¢20 000,00 |
|
5 junio, 25 |
¢50 000,00 |
¢20 000,00 |
¢30 000,00 |
|
16 octubre, 25 |
¢18 000,00 |
¢4 000,00 |
¢18 000,00 |
|
7 diciembre, 25 |
¢30 000,00 |
¢10 000,00 |
¢20 000,00 |
|
20 enero, 26 |
¢30 000,00 |
¢14 000,00 |
¢6 000,00 |
|
Subtotales 1, 2, 3 |
¢538 000,00 |
¢518 000,00 |
¢184 000,00 |
|
Total 1 + 2 |
¢1 056 000,00 |
|
|
*Nota: Por alguna
razón, Soley Güell (1926) no incluyó las cantidades de ¢20 000 en monedas
reselladas a un colón ni las de ¢30 000 en monedas reselladas a cincuenta
céntimos, aprobadas según el Acuerdo n.º 8 del 7 de enero de 1925 (Colección de
Leyes y Decretos, 1925, 2).
Previo a cada
emisión, el Banco Internacional debía solicitar autorización al Gobierno y, al
otorgarse esta, se indicaba —como se hizo, por ejemplo, para las emisiones del
6 de agosto de 1923 (Figura 1) y la del 6 de agosto de 1924—:
…Cantidad (de monedas) que está destinada a sustituir
igual valor en billetes retirados de la circulación, del referido Banco, de
varias series y denominaciones que serán entregados para la incineración a la
Oficina del Sello Nacional (Colección Leyes y Decretos 1924, II semestre: 113).
Un dato
interesante es que el 23 de noviembre de 1923 se pusieron en circulación las
primeras monedas de plata que llevan grabado: UN COLÓN. No obstante, desde 1896
este había sido adoptado como unidad monetaria. Con respecto a las monedas de
oro, estas ya se habían emitido desde 1897 con valores de 2, 5, 10 y 20
colones. En 1928 se realizó la última
emisión de monedas de oro, con valor de dos colones (Vargas Zamora 2007).
Otro antecedente
relevante para comprender el impacto del resellado en el contexto de las
finanzas del país al 31 de diciembre de 1925 lo aporta Soley Güell (1949, 210),
quien indica:
Billetes a cargo del Banco Internacional ¢16 697 330,00
Billetes de la Caja de Conversión ¢3 802 392,00
Plata resellada al doble ¢1
300 000,00
Moneda de cobre ¢500
000,00
Moneda de níquel ¢8
490,00
Circulación total ¢22 308 212,00
Esto es, la moneda
resellada representaba aproximadamente el 5,8 % del total del circulante en el
país.
¿Cuántas monedas
fueron reselladas?
De la misma
manera que lo indicó Soley Güell (1926, 209),
la fecha 1923 se
conservó en los resellos. No obstante, su aplicación fue paulatina y se ejecutó
durante los años 1923, 1924 y 1925. Sin embargo, Wallace (1966, 32), Gurdián
Rojas (1958, 43) y Murillo (2004, 157) señalan que la aplicación continuó hasta
1931.
Una revisión de
las leyes y decretos emitidos entre 1926 y 1931 indica que, en el periodo comprendido
entre 1926 y 1930, no se autorizaron nuevas emisiones de monedas reselladas. No
obstante, en 1931 aparecen los siguientes
acuerdos, de los cuales se deduce que aún existía moneda previamente resellada que
no había entrado en circulación y que, de esta había más bien un exceso
para las necesidades del mercado:
¾ No. 31, del 30
/1/1931. Quedando en poder del Banco Internacional de Costa Rica, una cantidad
de moneda de plata, reselladas, de propiedad del mismo.
Autorizar la emisión de esas monedas que suman: En piezas de cincuenta céntimos
¢ 18 962,00. En piezas de veinticinco céntimos ¢32 827,00. Total ¢51 789,25
¾ No. 32, del 30 /1/1931. Con
el fin de normalizar la circulación de moneda de plata y apareciendo esta
excesiva para la necesidad del mercado. Autorizase al Banco de Costa Rica para
exportar y vender la suma de ¢175 000 en moneda de plata resellada de un colón.
¾ No. 33, del 30/1/1931. Para
regularizar la circulación de la moneda de plata, que aparece excesiva para las
necesidades del mercado y, habiendo recogido el Banco Internacional de Costa
Rica cierta suma con dicho fin. Facultar
al Banco Internacional de Costa Rica para exportar y vender por cuenta del
Gobierno, ¢100 000 en moneda de plata resellada de un colón.
¾ No 47, del 4/2/1931. Se
autoriza emisión de ¢18 962 en monedas reselladas de 50 céntimos y de ¢32 827,20 en monedas de 25
céntimos.
Estimaciones de la cantidad de monedas reselladas
De acuerdo con los
datos de la Tabla 1,
los montos en circulación por valor de un colón suman un total de ¢538 000; si
se agregan los ¢20 000 no incluidos por Soley Güell (1926), el monto asciende a
¢558 000. A esta cifra debe añadirse lo indicado en los acuerdos 31, 32, 33:
¢558 000 + ¢18 962 + ¢175 000 + ¢100 000 = ¢851 962, puestos en circulación
como monedas reselladas de un colón. Si se considera que el número de monedas
huésped correspondería a la mitad de ese monto, el resultado aproximado sería
de 425 981 monedas de un colón.
El catálogo de
Michael (2019, 600) indica que el número de piezas reselladas identificadas
como KM-162, KM-163 y KM-164 (Tabla 1) fue de 421 810. Para las KM-165 (1917 y
1918), el total fue de 38 190. Por tanto, según ese autor, las monedas
reselladas a un colón sumarían aproximadamente 460 000 piezas. No se indica la
cantidad de monedas que fueron reselladas correspondientes a las emisiones de
1902, 1903 y 1914, ni cuántas lo fueron entre las acuñadas identificadas como
KM-162 y KM-163 (Tabla 1). El total de 460 000 también es citado por Harris
(1966, 57), aunque este autor solo incluye las monedas huésped emitidas entre
1880 y 1918.
Del mismo modo,
los datos de la Tabla 1
suman un total de ¢518 000,00 en monedas de veinticinco céntimos reselladas a
50 céntimos. Si a esta cifra se agregan los ¢30 000,00 no incluidos por Soley
Güell (1926) y los ¢ 32 827,00 correspondientes al Acuerdo n.º 31, el total
asciende a ¢580 827,00, equivalentes a 1 161 654 monedas.
Wallace (1966, 33)
menciona un total (ambos valores) de 1 330 448 monedas, mientras que
Michael (2019, 600) indica un total de 1 866 000. Harris (1966, 57) señala
un total de 1 866 000 para monedas reselladas a 50 céntimos sobre aquellas
emitidas entre 1850 y 1893.
En particular, un aspecto
relevante es que, según el Decreto de 1923, el monto total a resellar sería de
¢1 472 242,00. Si se considera los totales citados, ¢851 962.00 en monedas
reselladas a un colón y ¢580 827,00 en monedas reselladas a 50 céntimos, et
total resultante es ¢1. 432 789,00 que se aproxima al indicado en el Decreto
93. ¿Qué ocurrió con los restantes ¢39.453,00 colones?
Un dato adicional
sobre los movimientos realizados tendientes a retirar de circulación la moneda
de plata y su posible influencia en las estimaciones del número final de
monedas, se encuentra en el siguiente acuerdo:
No. 34, del
30/1/1931. Existiendo en el Banco Internacional de Costa Rica cierta cantidad
de plata en monedas sin resellar, barras y cospeles, cuyo uso no es necesario
para la circulación, facultase al Banco Internacional de Costa Rica para
exportar y vender trece cajas que contienen plata de Costa Rica sin resellar
por valor facial de 1000 colones cada caja y una caja de barras y cospeles. El
Banco acreditará esas monedas por el duplo de su valor facial equiparándola así
al resto de la moneda resellada que se exporte.
Otro dato de
referencia sobre el número de monedas reselladas lo aporta Gurdián Rojas (1958,
43), quien cita un informe de 1948 de la Tesorería General del Banco Nacional
de Costa Rica. En dicho informe se indica que la plata resellada en esos años ascendió
a ¢665 224,00 en monedas de un colón y a ¢536 962,00 en monedas de 50 céntimos,
para un total de ¢1 202 186,00. Estos montos equivaldrían aproximadamente a 332
612 monedas de un colón y a 1 073 924 monedas de 50 céntimos, para un
total de 1 406 536 monedas de ambos valores.
Las discrepancias
entre las estimaciones expuestas constituyen evidencia de que se requiere mayor
investigación para intentar alcanzar un consenso sobre el número real de
monedas reselladas.
El destino de las monedas defectuosas
Otra
posible fuente de error a investigar en las estimaciones tenga relación con la
cantidad de monedas defectuosas o de baja ley, las cuales, de acuerdo con el Decreto
del 19 de enero de 1924 (Gobierno de Costa Rica 1924, 10), debían ser
rescatadas y fundidas, según se especificó de la siguiente manera:
El Banco Internacional de Costa Rica procederá a
fundir todas las monedas de cinco y diez céntimos que haya recibido, o reciba,
en virtud de la ley No 4 de 7 de mayo de 1922, así como las de
veinticinco y cincuenta céntimos (¢0,25 y ¢0,50) defectuosas y los discos de plata no sellados,
y, con ese material acuñará monedas de tres gramos y cuatrocientos cincuenta
miligramos (3 grms y 450 mlgms)
con ley de seiscientos cincuenta milésimos de fino (650 mlms),
diámetro de veintitrés milímetros (23 mms) y grueso
de un milímetros (1 mlm) con las siguientes
inscripciones y figuras: en el anverso y en el centro llevará el Escudo de
Costa Rica y en la orla la leyenda «República de Costa Rica 1924»
y, en el reverso, entre dos palmas entrelazadas el valor de la moneda: 25
céntimos y en la orla «América Central», «650
mms» y las iniciales «G.C.R» del Gobierno de Costa Rica.
Por lo anterior,
las monedas de 25 céntimos de 1924 (Figura
7), conocidas como pesetas,
deben ser consideradas como producto de los acontecimientos que condujeron a la
aplicación del resello de 1923. Por lo
tanto, deben ser incluidas en las colecciones junto con las que portan la
contramarca y las monedas huésped no reselladas.
Figura 7.
Veinticinco céntimos, 1924, 650 milésimas de plata. Gobierno de Costa Rica
(G.C.R.), 23 mm, 3,5 g. Corona de laurel. Fuente:
Fotografías SAAM. Colección privada.
Además de las emisiones de pesetas con fecha 1924
incluidas en la Tabla 2, una revisión de las Colecciones
de Leyes y Decretos menciona emisiones de pesetas en los años 1927 (¢50 000,
Acuerdo n.º 213, 17/9/1927), 1928 (¢50 000, Acuerdo n.º 60, 9/3/1928), (¢
50 000, Acuerdo n.º 146, 3/11/1928), 1929 (¢ 50 000 Acuerdo n.º 148,
15/5/1929) y 1931 (¢ 32 827,25 Acuerdo n.º 47, 4/2/1931), para un total
equivalente (Tabla 2, más
las emisiones posteriores a 1926) de 1 115 309 monedas hasta febrero de 1931.
Según Harris (1966),
se acuñaron 1 336 000 pesetas. De acuerdo con Wallace (1966), se trató de 1 867
309, mientras que Michael (2019, 592) menciona una emisión de 340 000 piezas. Al
igual que con las emisiones de monedas reselladas, son necesarios estudios más
detallados para establecer la cantidad real de pesetas. A mediados de la década de 1970
todavía había algunas pesetas de 1924 en circulación. Estas fueron las últimas
monedas no conmemorativas con contenido de plata utilizadas en Costa Rica.
El poder adquisitivo de las monedas en 1923
Los billetes de baja denominación incluidos en la Figura 1 posiblemente
llamen la atención del lector y lo lleven a preguntarse qué insumos se podían
comprar con ellos en 1923. Del mismo modo, la pregunta es válida de acuerdo con
la circulación de monedas de cincuenta céntimos y de un colón. Resulta
significativo el monto correspondiente a la circulación total en 1923, que
ascendía a ¢ 20 139 369,00, cifra que hoy resulta minúscula. En la Figura
8, se han incluido los salarios mensuales de funcionarios que laboraban en esa
época, desde el presidente de la República, con un salario mensual de 1000
colones, hasta las personas encargadas de preservar en el Museo Nacional el
patrimonio arqueológico y biológico de Costa Rica, así como quienes, en el
Instituto Geográfico, estaban a cargo de la predicción del clima y del registro
de los sismos. Algunas personas, como los porteros del Museo, ganaban
diariamente 1,5 colones.
Figura 8. Salarios
mensuales en 1923 de algunas personas funcionarias gubernamentales, como el
presidente de la República y sus colaboradores, así como de personal directivo y
empleados del Museo Nacional y del Instituto Físico-Geográfico. Fuente: Adaptado de G. C. R., Colección
de Leyes y Decretos, segundo semestre de 1923 (pp. 475 y 519), Biblioteca
de Derecho, Universidad de Costa Rica.
¿Qué ocurrió con las monedas
reselladas?
En
1935 revivió el problema del valor intrínseco de las monedas de plata. Por tal
motivo, la Ley n.º 168, del 23 de agosto de 1935, en su artículo 1, indica:
Considerando. 1. Que la moneda de plata tiene
actualmente un valor intrínseco superior a su valor nominal, lo cual ha
provocado su ocultamiento y retiro de la circulación. 2. Que es preciso
sustituir esa moneda con otra de iguales condiciones de durabilidad…
Se autorizó al
Banco Internacional de Costa Rica para que la Casa de Moneda
de Filadelfia (Philadelphia Mint) acuñara
nuevas monedas con fecha 1935. Asimismo, la Casa de Moneda de Inglaterra (Royal
Mint) acuñó piezas con fecha 1937 por encargo
del Banco Nacional. Las acuñaciones fueron en valores de 25 y 50 céntimos y de
un colón. Ambas emisiones fueron hechas en una aleación de cobre y níquel.
Si bien las
monedas reselladas circulaban aún en 1935, fue hasta 1947 cuando se emitió la
Ley de Moneda n.º 846, del 18 de marzo de ese año, y
en su artículo 31 se derogó el Decreto n.º 93
de 1923.
El destino final
de las monedas reselladas después de 1947 es incierto y constituye un tema adicional
para futuras investigaciones. Dos joyeros entrevistados, que ejercían su oficio
en esa época y en años posteriores, relatan que una gran cantidad de piezas fue
fundida para aprovechar el metal. La relativa facilidad con que hoy se
encuentran piezas reselladas, como las acuñadas entre 1889 y 1893 por la casa
Heaton, podría indicar que muchas de ellas fueron atesoradas.
El valor de las monedas reselladas en subastas internacionales
Tal como se ha
mencionado al principio, el coleccionar objetos numismáticos, como monedas,
billetes, boletos de café y medallas, puede ser un pasatiempo, pero al mismo
tiempo servir como refugio para generar efectivo con alta plusvalía agregada al
cabo del tiempo. Como señala Prado Román (2011, 46), conviene aclarar que no
todos los bienes numismáticos aumentan de precio, ya que algunos mantienen un
valor estable a lo largo del tiempo.
No obstante, los
altos precios alcanzados por algunas monedas en subastas internacionales han
hecho necesario establecer estándares de calidad que, en primera instancia,
garanticen la autenticidad de la pieza y, en segundo lugar, la clasificación de
su estado de conservación, definida con base en una escala predeterminada de
aceptación internacional. Entre los factores que afectan la clasificación se
encuentran, entre otros, el desgaste de la pieza, los daños menores, los
errores de acuñación, la pátina y la nitidez del grabado (Cobin 2014). La
escala no toma en cuenta la escasez o abundancia de la pieza. Una vez realizada
esta valoración, la pieza suele ser encapsulada en acrílico, de forma que no
pueda ser sustituida y, al mismo tiempo, se garantice su conservación. La
existencia actual de empresas dedicadas a proveer este servicio es una
indicación de su importancia en el mercado. El Standard Catalogue of World Coins (Michael 219) es una referencia muy
utilizada que incluye, cuando existen datos, las acuñaciones de monedas y el
valor aproximado según la escala de calidad.
En la Tabla 3, se incluyen algunos ejemplos de precios
alcanzados en subastas, a partir de 2012, por monedas reselladas en 1923. No se
ha encontrado información sobre subasta de monedas de un colón sobre 50 centavos,
tipo encina (KM-162), pero se conoce la existencia de algunos ejemplares. En la
Tabla 3, también, se resalta el hecho
de que, en varios casos, el valor de un mismo tipo de moneda depende en gran
medida de su estado de conservación y de la oferta y demanda en el mercado. Por
tanto, el beneficio de invertir en objetos numismáticos depende de diversos
factores externos, tal como lo han indicado Caballer y De la Poza (2010).
Tabla 3. Ejemplos de precios,
en US $ dólares, alcanzados por monedas con el resello de 1923 en subastas
internacionales
|
A |
B |
C |
D |
E |
F |
|
H |
62 043 |
8/11/12 |
50 cts - 1864 |
VG |
$470,00 |
|
H |
29 297 |
4/01/15 |
50 cts - 1850 |
VF-30 |
$2.585,00 |
|
H |
31 993 |
18/4/16 |
50 cts - 1865 |
VG |
$940,00 |
|
S |
845 |
2/11/17 |
50 cts - 1875 |
XF-45 |
$2.085,63 |
|
S |
1 012 |
2/11/18 |
1 colón - 1918 |
AU |
$386,75 |
|
S |
807 |
5/11/19 |
1 colón - 1890 |
MS-64 |
$476,00 |
|
S B |
22 038 |
16/1/21 |
1 colón - 1902 |
MS-63 |
$480,00 |
|
S |
862 |
4/11/22 |
50 cts - 1893 |
MS-66 |
$312,00 |
|
S B |
71 592 |
27/2/23 |
1 colón – 1917 * |
MS-64 |
$1.560,00 |
|
S B |
71 594 |
27/2/23 |
50 cts - 1887 |
MS-63 |
$408,00 |
|
S B |
71 595 |
27/2/23 |
50 cts - 1886 |
MS-63 |
$1.320,00 |
A. Casa subastadora (H = Heritage Auctions,
S = Sedwick, S B = Stacks Bowers). B. Lote. C. Fecha de la
subasta (día/mes/año). D. Valor facial de la moneda resellada y año de
la moneda original. E. Clasificación
del estado de conservación de la moneda (VG = Very Good, VF = Very
Fine, XF = Extra Fine, AU = Almost
Uncirculated, MS = Mint
State). F.
Precio alcanzado Fuente: Páginas de libre acceso en internet.
*El libro de Gurdián Montealegre (1997, 77) indica que,
de las monedas de 50 céntimos de 1917 (KM-165), solamente diez (10) no fueron
contramarcadas. Recientemente, una de estas, sin resello, alcanzó un precio de
$ 45 000,00 (Sedwick, lote 896, 4/5/2023, MS-63), mientras que otra, en menor
estado de conservación, adquirió $18 750,00 (Doyle, lote 17, 13/9/2022, AU).
La diversidad de detalles en las monedas huésped
Para
las personas coleccionistas interesadas en las monedas reselladas en 1923,
puede constituir un pasatiempo adicional recopilar ejemplares que presentan
pequeños detalles que las diferencian de aquellas que podrían considerarse como
normales. Para ilustrar este aspecto, en la Figura 9 se incluyeron algunos
detalles de piezas correspondientes a los años 1886 a 1902.
Figura 9. Detalles frecuentes en las monedas huésped: A. Resello
incompleto y difuso en la cara opuesta. B. Ausencia de microletras C B en la base del escudo. C. Presencia de microletras C B
en la base del escudo. D. E. F. Diferentes posiciones de los dos últimos
dígitos (90) de la fecha. G. Ausencia del último digito (2) en la fecha.
H. Iniciales G.W. y fino 9 Ds en
secuencia G.W. 9 Ds. I. Iniciales y fino
en secuencia 9 Ds. G.W. J. Resello difuso. K. Moneda habilitada como boleto de café
(Iniciales J.R). L. Detalles grabados en una cara transferidos a la
opuesta. M. Moneda de
1880 con el dígito 8 alterado para circular como 1890 (1890/80). Fuente:
Fotografías SAAM. Colección privada.
El promotor del resello de 1923
En la decisión de
resellar las monedas de plata al doble de su valor facial, así como en las
medidas tomadas para sanear la economía de la época, destacó la labor de don
Tomás Soley Güell (1875-1947), economista e historiador costarricense formado
en Europa. Don Tomás ocupó el cargo de secretario de Hacienda y fue creador del
Servicio Civil y del Banco de Seguros, posteriormente Instituto Nacional de
Seguros (INS). Por sus méritos, su retrato fue incluido en los billetes de 1000
colones (serie B, 1975-1985, y serie C, 1986-1994). A manera de conclusión de
este trabajo, en la Figura 10 se destaca una imagen del anverso del billete de
1000 colones, serie B 000013, de 1975.
Figura 10. Anverso del billete de 1000 colones con el
retrato del don Tomás Soley Güell. Fuente: Fotografía
SAAM. Colección privada.
Conclusiones
El Decreto n.º 93
del 10 de julio de 1923, que duplicó el valor de las monedas de plata,
convirtiéndolas en piezas de 50 céntimos y de un colón, fue motivado por la
precaria situación económica del país. El deterioro de las finanzas fue causado
principalmente por el aumento del valor del metal plata en el mercado
internacional —las monedas valían más por su contenido metálico que por su
valor facial— y por la inflación atribuible a la emisión de billetes sin
respaldo y de baja denominación.
El resello doble
utilizado para habilitar las monedas es relativamente sencillo: un círculo en
cuyo centro aparece el año 1923, aplicado en una cara, y el nuevo valor en la
otra, también dentro de un círculo. Estos resellos fueron aplicados entre 1923
y 1926 a monedas con alto contenido de plata (500, 750 y 903 milésimas),
emitidas entre 1850 y 1918. No existe certeza sobre cuántas monedas fueron reselladas,
y las estimaciones varían. Es necesario más investigación sobre este tema.
Existen monedas
con resellos falsos. El Decreto n.º 93 de 1923 fue derogado mediante la Ley n.º
846 del 18 de marzo de 1947. Muchas piezas fueron fundidas, exportadas o
atesoradas. Algunas, como las acuñadas por la casa Heaton, son hoy relativamente
accesibles para el coleccionista y pueden obtenerse por alrededor de 25 dólares,
según su estado de conservación; otras piezas, como las del árbol de roble o
encina (1850-1875), son muy escasas y cuyo valor en subastas internacionales
alcanza varios miles de dólares.
El resello de las
monedas de plata al doble de su valor facial original fue una medida oportuna,
promovida por el economista don Tomás Soley Güell, y resultó importante para
mejorar la situación de las finanzas públicas en los años posteriores a 1923.
Agradecimientos
A Sergio A.
Aguilar Mora (SAAM), por la elaboración del archivo fotográfico, el
procesamiento de imágenes y la preparación de las figuras. A varios
coleccionistas, por facilitar el acceso a sus monedas. A los revisores externos,
que aportaron valiosos comentarios. A Mery Segura Ortega, por la corrección
textual.
Contribución
de los autores
1.
José A. Vargas
Zamora: Planificación y
redacción del texto; recopilación de literatura impresa.
2. Ronald Vílchez Rodríguez: Recopilación
de muestras de monedas e identificación de detalles y defectos.
3. Josué I. Sánchez Chaves: Recopilación
de literatura digital y localización de monedas raras.
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