Feng shui y medioambiente:
una interpretación ético-estética
Feng shui and environment:
an ethical-aesthetic interpretation
Alejandro Jiménez Delgado
Doctorando en Estudios Avanzados en Humanidades (Filosofía)
en la Universidad de Málaga, Málaga, España.
ORCID: https://orcid.org/0009-0003-0789-5695
Resumen: Este artículo examina críticamente la apropiación occidental del feng shui, destacando los problemas que resultan de interpretarlo como ciencia natural o técnica de autoayuda. Frente a estas, se propone una interpretación ético-estética que entiende el feng shui como una práctica de conexión afectiva con el entorno habitado. Desde su trasfondo filosófico se argumenta que el feng shui promueve una forma de habitar relacional y respetuosa con la naturaleza. Esta perspectiva permite replantear su aplicación en contextos contemporáneos, especialmente ante la crisis ecológica, como lo evidencian los casos de los bosques feng shui en China.
Palabras clave: feng shui, descontextualización, habitar, crisis medioambiental, estética china.
Abstract: This article critically examines the Western appropriation of feng shui, highlighting the problems that arise from interpreting it as a natural science or a self-help technique. In contrast, it proposes an ethical-aesthetic interpretation that understands feng shui as a practice of affective connection with the inhabited environment. Drawing from its philosophical background, the article argues that feng shui promotes a relational and respectful way of dwelling in harmony with nature. This perspective allows for a reconsideration of its application in contemporary contexts, especially in light of the ecological crisis, as demonstrated by the examples of feng shui forests in China.
Key words: feng shui, descontextualization, dwelling, environmental crisis, chinese aesthetics.
Citar como: Jiménez Delgado, Alejandro. “Feng shui y medioambiente: una interpretación ético-estética.” Revista Internacional de Estudios Asiáticos, 5 n.º 1 (2026), 33-59. DOI https://doi.org/10.15517/cz8dbq14
Fecha de recepción: 30/08/2025 | Fecha de aceptación: 18/09/2025
Introducción
Es de sobra conocido el interés de occidente por ciertas prácticas orientales, las cuales llegan a nosotros como “alivios espirituales”, formas de “escape” de nuestra contemporaneidad caótica que prometen ser una solución efectiva para todos nuestros problemas. Entre ellas encontramos prácticas como el kintsugi, el yoga y, la cuestión de este artículo, el feng shui.
El feng shui (风水), también conocido como geomancia, es la práctica de situar las construcciones de tal forma que se encuentren relacionadas armónicamente con los alrededores naturales1. Ha sido practicado desde hace siglos en la antigua China, basándose en la simbología del I Ching y en varios principios taoístas, aunque su mayor momento de expansión fue durante la dinastía Qing (1644-1912). El objetivo de esta práctica no es otro que el de alinear la fuerza vital (qi 氣) de las construcciones humanas con el qi de la naturaleza, favoreciendo una relación que beneficie ambas partes por igual2.
Actualmente el feng shui goza de bastante fama tanto en su país de origen como en occidente, utilizándose en varias construcciones importantes. Sin embargo, su comprensión y práctica se han distanciado notablemente de sus orígenes, entendiéndose como una forma de autoayuda o como una posible ciencia natural. No son pocos los críticos de ambas líneas de interpretación, defendiendo que son un intento fallido de representar con la razón occidental una práctica que es una expresión directa de la cultura china3.
Por ello, en este artículo, se presenta una interpretación alternativa que se acerca más a la concepción original de esta práctica y que, al mismo tiempo, puede resultar de gran utilidad en su implementación a los problemas medioambientales que nos afectan actualmente: una interpretación estética. Desde la estética tradicional china podemos entender el feng shui como una práctica de conexión sensible y emocional con nuestros alrededores, logrando alcanzar un estado de cooperación con el espacio que habitamos y compartimos con el resto de seres vivos.
En primer lugar, se introducirá brevemente el feng shui, sus orígenes e ideas principales. Seguidamente, se presentará su interpretación actual como “autoayuda” y ciencia natural, señalando los problemas de ambas. Tras ello, se expondrá cómo puede entenderse el feng shui como práctica estética desde la estética tradicional china, favoreciendo una comprensión más cercana a la cosmología y cultura del país de origen. Finalmente, se conectará esta interpretación estética del feng shui con otras líneas de investigación estéticas actuales, analizando cómo podrían implementarse contra la crisis climática.
En conclusión, este artículo cuestiona la apropiación occidental del feng shui, que lo despoja de su significado cultural, y reivindica su valor como práctica estética. Esta interpretación no solo se acerca más a su concepción original, sino que puede enriquecer varias estrategias para enfrentar los desafíos ambientales de la actualidad.
Breve historia del feng shui
Como se ha mencionado anteriormente, el feng shui es una práctica que consiste en situar de forma armónica las construcciones humanas con los espacios naturales, enfatizando así la relación entre el ser humano y la naturaleza tan propia de las distintas cosmovisiones chinas. En general, esta es una característica común en la construcción y la arquitectura china, encontrado desde la dinastía Zhou (1046-246 ac) varios escritos sobre arquitectura que señalan que aquello que hace realmente buena a una construcción es, al mismo tiempo, la funcionalidad cotidiana para sus habitantes y la consonancia y respeto con los alrededores4. Sin embargo, la práctica del feng shui no fue inicialmente pensada para construcciones a gran escala o lugares habitables, sino para la situación de tumbas y lugares sagrados5.
Como señala Bruun, es complicado situar el inicio del feng shui en un momento específico, pues es resultado de una gran variedad de ideas y prácticas de la antigua china como pueden ser la adivinación o la geomancia más primitiva6. Lo que sí podemos saber es que el término comenzó a utilizarse en la dinastía Jin (266- 420), apareciendo por primera vez en el Zang Shu (Libro de los entierros) haciendo referencia a la práctica de ubicar las tumbas en los lugares apropiados para la veneración de antepasados7.
Este desacuerdo acerca de los inicios del feng shui se debe, por un lado, a la gran variedad de prácticas o actividades que pudieran estar relacionadas al compartir una misma fundamentación filosófica aplicada a distintos contextos, como la situación de tumbas o el diseño de las ciudades, y, por otro lado, a la relativa poca presencia en textos, lo que da a entender que es una práctica que, al menos en un inicio, se transmitía oralmente o entre comunidades que la practicaban.
La rama más conocida del feng shui, aquella que hace referencia directa a la armonía de las construcciones humanas y la naturaleza, no se consolidó hasta la dinastía Song (960-1276), siendo desarrollada y enseñada por maestros como Zhu Xi. Conocido por sus comentarios y la organización de los Cuatro Libros del confucianismo, sentó las bases filosóficas de la práctica, siendo altamente influenciado por la doctrinas taoístas y budistas, dando así forma a un confucianismo más espiritual.
Zhu Xi buscó hacer accesible la sabiduría confuciana al pueblo, promoviendo su aplicación en la vida cotidiana, siendo su idea más importante la de que el hombre y el cosmos eran uno y que, por tanto, la naturaleza humana y su fuerza vital (qi) participaba directamente con el qi de todo lo natural8. Esta idea implicaba que toda acción y producción humana debía estar dirigida a la interconexión entre el ser humano y el cosmos, por lo que el feng shui se volvió una herramienta fundamental. Las construcciones debían garantizar el bienestar de sus habitantes y fortalecer su vínculo con el entorno. Esto se traducía en prácticas como la correcta orientación de las viviendas hacia paisajes que favorecieran la meditación, la selección de materiales adecuados al clima local o la disposición eficiente de cultivos9.
Sin embargo, su expansión alcanzó un punto crítico durante la dinastía Qing (1644–1912), cuando la práctica vivió simultáneamente un auge popular y una creciente oposición oficial. El feng shui gozaba de gran aceptación entre la población, pero entraba en conflicto con los intereses económicos del país, particularmente con la minería. Al principio, las autoridades respetaban las zonas consideradas sagradas por las comunidades locales, incluso deteniendo proyectos mineros para preservar tumbas o construcciones fundadas bajo principios del feng shui y negociando diversas construcciones con la comunidad10.
La defensa del feng shui también se intensificó con la llegada de comerciantes y misioneros europeos. Frente al desprestigio de las tradiciones chinas promovido desde Occidente, el feng shui adquirió un carácter simbólico de resistencia cultural11. Sin embargo, la presión internacional y la necesidad de modernización llevaron al debilitamiento de estas posturas. El gobierno acabó autorizando la intervención de empresas extranjeras en el uso del territorio, lo que supuso la restricción del feng shui y la expropiación de espacios sagrados, proceso que se agravó durante la Revolución Cultural (1966–1976) bajo el liderazgo de Mao Zedong, quien promovió la erradicación de elementos tradicionales del patrimonio cultural.
A pesar de ello, el feng shui experimentó un proceso de recuperación tras las reformas de Deng Xiaoping en las décadas finales del siglo XX, cuando las políticas se flexibilizaron frente a las tradiciones culturales12. Su persistencia en zonas rurales y la publicación de obras destinadas a revitalizar el legado cultural chino permitieron su revalorización como instrumento de preservación del paisaje y de los sitios sagrados. Ejemplos recientes de esta resistencia incluyen las protestas contra la campaña de eliminación de tumbas en Henan en 2012 y la actual protección de los denominados “bosques de feng shui”.
En resumen, la historia del feng shui da cuenta de una práctica profundamente enraizada en las cosmovisiones tradicionales chinas, cuyo propósito original no era meramente utilitario, sino ontológico y espiritual: vincular al ser humano con el cosmos a través del espacio que habita. A lo largo de los siglos, su aplicación ha oscilado entre la legitimación institucional y la resistencia popular, adaptándose a contextos históricos cambiantes y superando las tensiones derivadas de la modernización forzada.
La introducción y práctica
del feng shui en Occidente
La introducción del feng shui como ciencia ambiental
La concepción científica tiene lugar en las ya mencionadas misiones religiosas a China, en las que los misioneros escribieron varios textos acerca de las costumbres y prácticas tradicionales del país. Por supuesto, entre estas prácticas se encontraba el feng shui, el cual fue bien aceptado por los occidentales. Un ejemplo puede verse en el libro Everyday Life in China (1885) escrito por en británico Edwin Dukes (1847-1930)
Cuando la especulación toma el lugar de la ciencia y las teorías se alaban como hechos, intentando incluso desentrañar los principios más elementales, nacen prácticas inexplicables como el feng shui. Solo podemos esperar a que la verdad cristiana y el espíritu de la filosofía acaben con esta arraigada superstición13.
Otro ejemplo lo encontramos en el libro Feng-shui: Or, The Rudiments of Natural Science in China (1873) escrito por el misionero alemán Ernst Eitel (1838-1908)
El feng shui está basado en un esquema filosófico materialista, el cual estudia la naturaleza de forma muy superficial y supersticiosa, utilizando varias fórmulas “lógicas” y diagramas místicos para resolver los problemas naturales y conocer todo aquello entre el cielo y la tierra. El resultado, por supuesto, es un farragoso conjunto absurdidades infantiles sin sentido14.
Durante esta época, el feng shui se describe como un conjunto de supersticiones sin sentido, una supuesta “ciencia” que no se basaba en ninguno de los principios que se utilizaban en occidente. Esto, obviamente, tenía un sentido profundamente racista, ya que al ser producto de la mentalidad china era intelectualmente inferior a cualquier idea científica occidental15.
Sin embargo, esta visión fue cambiando debido al creciente interés por la cultura china a mediados del siglo XX. A raíz de este auge, muchos científicos se propusieron estudiar las prácticas chinas, sin atender directamente al canon científico occidental. Un ejemplo claro de esta tendencia fue el historiador de la ciencia británico Joseph Needham (1900-1995), quien enfocó sus estudios en profundizar en los avances científicos chinos.
Según Needham, la filosofía neo-confuciana y taoísta que surgió durante la dinastía Song fue clave para el desarrollo de una ciencia natural china, pues puso directamente el foco en el pensamiento acerca de la naturaleza de forma profunda16. El propio Needham afirma que esta forma de entender la interacción entre el ser humano y el universo se asemeja claramente a la concepción einsteniana o al organicismo de Whitehead, en la que se defiende una concepción relacional y dinámica de todos los componentes del universo17.
El historiador británico sostenía que la tradición intelectual china desarrolló un pensamiento científico propio, distinto del modelo moderno occidental, pero que, no obstante, permitió a esta civilización comprender el universo y la interacción humana con él de una manera que resulta notablemente avanzada desde la perspectiva de la ciencia contemporánea. Sin embargo, persistía el problema de que dichas concepciones cosmológicas estaban profundamente entrelazadas con creencias de carácter supersticioso, las cuales se alejaban considerablemente de los criterios que en Occidente se asociaban con el conocimiento científico.
Joseph Needham argumentó que buena parte del pensamiento científico moderno en Occidente también se fundaba sobre principios metafísicos, al igual que sucedía en otras tradiciones culturales como la china. Sin embargo, diversos críticos señalaron que, mientras que la metafísica occidental tendía a nutrirse de los avances científicos e incorporarlos dentro de una ontología, la metafísica china solía estar más orientada hacia la especulación, sin una conexión directa con el desarrollo científico18. Desde esta perspectiva, la única vía posible para integrar la tradición científica china dentro del marco moderno consistía en transformar o abandonar ciertos supuestos metafísicos propios de sus cosmovisiones tradicionales. Esto implicaría una revolución o reformulación epistemológica semejante a la que tuvo lugar en Occidente durante la modernidad19.
Este debate abrió la posibilidad de examinar las diversas corrientes de pensamiento chinas con el objetivo de identificar sus posibles aportes al desarrollo de una ciencia universal, que pudiera amalgamar los elementos más valiosos tanto de la tradición científica occidental como de la oriental. En este contexto, el feng shui comenzó a ser revalorizado, especialmente desde una perspectiva ecológica, que reconocía en él un potencial significativo.
Desde los estudios ambientales, el feng shui fue visto como una práctica que integra conocimientos de topografía, climatología y biología, definiéndolo como una ciencia pragmática que ha demostrado eficacia a lo largo de los siglos20. Es importante destacar la definición como ciencia pragmática, pues aquí se señala que el aporte del feng shui a la ecología es meramente práctico y no teórico, pues se buscaba dar un giro cientificista a estas prácticas reduciendo al máximo posible su contenido metafísico.
Esta tendencia sigue vigente en la actualidad, como lo demuestra el trabajo de Michael Mak y Albert So en Scientific Feng Shui for the Built Environment (2015), donde se analizan las aplicaciones del feng shui en diversas disciplinas científicas. Ambos autores sostienen que esta práctica puede y debe ser comprendida como científica, a partir de sus aplicaciones empíricas y sus paralelismos con teorías contemporáneas como la mecánica cuántica, residiendo la dificultad de su estudio en la poca importancia que se le da desde la ciencia ortodoxa y en las supersticiones y prejuicios históricos de la propia práctica21.
Sin embargo, como señala Ambrogio, el problema de la interpretación del feng shui en tono científico es la reducción de una práctica tan variada y antigua a algo tan debatible hoy día como el método científico22. Las diversas conceptualizaciones del feng shui como una forma de ciencia tienden a configurarlo en función de categorías propias del pensamiento occidental, omitiendo su dimensión cultural y el trasfondo ético-estético que lo caracteriza.
En conclusión, la clasificación del feng shui como una ciencia, o su interpretación en términos estrictamente racionales, conduce a malentendidos, ya que se trata de una práctica que escapa a los marcos conceptuales de la racionalidad moderna occidental y se rige por una lógica distinta. Más que una forma de conocimiento racional-científico, el feng shui debe entenderse como una práctica ético-estética orientada a fomentar una relación de interdependencia armónica entre el ser humano y la naturaleza como se presentará más adelante.
La interpretación del feng shui como autoayuda
A finales del siglo XX comenzó a popularizarse lo que se conoce como New Age, un conjunto de prácticas espirituales y religiosas alternativas que confrontaban las creencias tradicionales. Todas estas tenían como objetivo el desarrollo espiritual e individual de sus practicantes, buscando el desarrollo personal y la “autosanación” más que la creencia y la cooperación comunitaria23.
Todas estas nuevas prácticas espirituales tienen en común dos aspectos fundamentales: la promesa de una “una vida mejor y más sana” y la comercialización de productos alternativos. Esta mercantilización se manifiesta en la proliferación de libros de autoayuda, manuales de alimentación saludable o, en formatos más contemporáneos, cursos ofrecidos por gurús en plataformas digitales, quienes afirman poseer las claves del éxito y el crecimiento personal.
Según sus mentores, estas prácticas van más allá de las actividades cotidianas, presentándose como una vía espiritual superior a cualquier otra ofrecida por la sociedad moderna. Sin embargo, como advierte Paul Heelas, muchas de estas propuestas no constituyen sino una forma renovada de mercado y consumo que comercializa una idea idealizada de bienestar y felicidad24.
En muchos casos, estas prácticas no son otra cosa que la mercantilización del bienestar y la felicidad, insertándose en un contexto contemporáneo caracterizado por la sobre estimulación y la desconexión. Ante este escenario, diversos gurús encuentran en la confusión y la pérdida de propósito de las personas una oportunidad para ofrecer y comercializar discursos simplificados que prometen revelar el secreto de la felicidad. Tal como lo identifica Binkley
En resumen, la mayoría de gestos de rechazo o trascendencia a la sociedad o el consumo a menudo expresan una reinversión de sus aspectos centrales. [...]. Las supuestas prácticas anticonsumistas suelen radicalizar en vez de revertir los aspectos de la vida mercantilizada25
En este contexto, las religiones y cosmovisiones orientales encontraron una recepción favorable, en tanto representaban una alternativa frente a los valores de la modernidad occidental que el movimiento New Age buscaba superar. No obstante, ello ha implicado un proceso de descontextualización y romantización de las prácticas orientales, instrumentalizadas en función del bienestar individual y el crecimiento personal26.
Este nuevo tipo de consumo vacía de contenido original dichas prácticas, reduciéndolas a experiencias superficiales adaptadas específicamente para su inserción en el mercado27. En consecuencia, es común encontrar libros sobre yoga, kintsugi o feng shui que omiten toda referencia al contexto filosófico o religioso de origen. Lo relevante no es el trasfondo conceptual, sino su atractivo superficial y su asociación con el bienestar personal.
El feng shui constituye un claro ejemplo de la descontextualización y mercantilización a los que se ven sometidas muchas prácticas de origen oriental. Una disciplina que históricamente ha enfatizado la relación armónica entre el ser humano, la naturaleza y el entorno construido ha sido progresivamente reducida a una técnica de decoración y diseño de interiores28. En este proceso, la conexión con el mundo natural ha sido desplazada por una búsqueda individual de bienestar, facilitada mediante el consumo de objetos decorativos o manuales de diseño.
Incluso en aquellos discursos que reconocen, aunque sea superficialmente, la importancia del vínculo con la naturaleza dentro del feng shui u otras prácticas orientales, esta relación es igualmente instrumentalizada y transformada en un producto más dentro del mercado. Como señala Lau: “todas estas prácticas se sitúan en la retórica de lo natural, retórica que participa del discurso de criticar la modernidad a través de la romantización de cómo otros han conectado con la naturaleza”29
Este fenómeno da lugar a una visión simplificada y estilizada de lo natural, donde la supuesta reconexión con el entorno se traduce en experiencias comerciales como retiros espirituales organizados en espacios naturales cuidadosamente preparados. Así, la rica y compleja relación con el medio ambiente que proponen muchas tradiciones orientales queda reducida a actividades esporádicas, como la meditación en parques o el consumo de productos que, supuestamente, permiten “alinear el qi”.
Esto se presenta con claridad en las figuras de los maestros feng shui contemporáneos, a quienes las personas acuden en busca de orientación para reconectarse con las fuerzas de la naturaleza a través de rituales o del uso de determinados objetos simbólicos30. En este contexto, la práctica del feng shui se reduce a gestos superficiales, como colgar una campana de viento o ubicar plantas en habitaciones del hogar, estando toda consulta mediada por el consumo y la compra de artículos que prometen restaurar la armonía energética del espacio31.
En consecuencia, la interpretación del feng shui como una forma de autoayuda conduce a una separación de su sentido original. Esta reinterpretación simplifica su contenido filosófico y despoja a la práctica de su profundidad, reconfigurándola como una herramienta de consumo adaptada a las lógicas del mercado y alejándola significativamente de la conexión con la naturaleza que defiende. Es por ello necesaria una reinterpretación que mantenga y defienda el contexto filosófico originario del feng shui al mismo tiempo que lo acerque a los problemas medioambientales de la actualidad, véase, una interpretación estética.
Comprendiendo el feng shui como práctica
ético-estética
La relación entre estética, ética y naturaleza en la filosofía china
El hecho de que el feng shui haya sido malinterpretado en contextos occidentales puede atribuirse, en gran medida, a las profundas diferencias filosóficas y cosmológicas entre Oriente y Occidente. Como se mencionó anteriormente, es comprensible que ocurran este tipo de malinterpretaciones cuando se intenta analizar una práctica profundamente oriental desde la perspectiva del pensamiento occidental. Para comprender el porqué de la base ético-estética del feng shui debemos dirigirnos directamente a su contexto filosófico.
En las cosmovisiones tradicionales chinas, no existe una separación ontológica radical entre sujeto y objeto, sino que se entiende como un homomorfismo según el cual todos los elementos del mundo son afines entre sí32. El universo es comprendido como una red de resonancias y confluencia de vitalidades (qi). Esta resonancia es el fundamento de la experiencia estética, ya sea en su forma inmediata o formalizada en conceptos como belleza, a través de la relación armoniosa entre la estructura material del mundo y la estructura emocional del sujeto33.
Sin embargo, esta resonancia no solo es estética, sino también moral. pues da lugar a una conexión íntima con todo aquello nos rodea. Implica una conexión íntima y continua con el entorno, posibilitada por un proceso de vaciamiento propio que permite una interacción continua con lo otro, permitiendo una generación constante de nuevas conexiones emocionales y relacionales34. Una expresión de esta idea podemos encontrarla en el siguiente pasaje de Zhang Zai
Ampliando la propia mente, uno puede entrar al interior de todas las cosas de este mundo. En tanto que nada en el mundo está del todo encerrado en sí mismo, siempre queda algo fuera de la mente. La mente ordinaria está limitada a lo que se ve y lo que se oye. La mente sabia, sin embargo, no se cierra en esto. Invita a todo lo que hay en el mundo a formar parte de su propio ser. [...]. Aquella mente que deja algo fuera no podrá unirse con la “mente” de la naturaleza. El verdadero conocimiento [moral o estético] no se origina solo de ver y oír35.
El feng shui opera bajo este principio, es una práctica de conocimiento estético, de diálogo y apertura con el entorno. No se trata simplemente de ver y estudiar el ambiente, sino comprenderlo y conectar con él desde lo más profundo. En este sentido, la experiencia estética deviene en experiencia moral y empática, en tanto que se da una identificación con lo otro.
Al ser una práctica que se nutre tanto del confucianismo como del taoísmo, no es de extrañar este énfasis por la conexión moral y estética con la naturaleza. Como bien señala Luque Moya, el confucianismo se ha entendido generalmente como una filosofía antropocéntrica, sin embargo, esto es algo alejado de la realidad36. En realidad, el confucianismo defiende una visión antropocósmica, en la que se enfatiza la interdependencia entre el ser humano y la naturaleza, priorizando la relación y la armonía por encima de la dominación Desde esta visión, no puede obviarse la relación entre ser humano y naturaleza, hasta el punto que conocerse a uno mismo es conocer también lo natural y viceversa. Esto quiere decir que uno se desarrolla moral y estéticamente en estrecha relación con su entorno, con el paisaje que habita y lo configura.
De hecho, la identificación moral y estética con lo natural es la característica principal que configura la estética confuciana37. Esto puede apreciarse claramente en las expresiones artísticas influenciadas por el confucianismo como son la pintura de Guo Xi (1020-1090) o la poesía de Lu You (1125-1210), en las que se atribuyen caracteres morales a distintos elementos naturales, los cuales el ser humano debía interioriza y cultivar a través de la experiencia estética.
Esta misma conexión íntima con lo natural se da en el taoísmo, el cual se articula en torno al principio fundamental de que el Dao 道 emula lo que es natural. Este principio expresa la ley esencial del universo, la cual defiende un completa simbiosis entre la humanidad y lo natural38. El Dao debe comprenderse desde un punto de vista ontológico, pues es aquello que origina e identifica a todos los seres, es una ontología no antropocéntrica que sitúa todo en un plano de igualdad.
El Dao, al manifestarse en todas las cosas, hace que sean merecedoras de cuidado, amor y respeto. Esto da lugar a “un mundo completamente virtuoso” en el que existe una equivalencia moral entre la humanidad y la naturaleza, siendo que, cuando la naturaleza prospera, la humanidad también y, del mismo modo, la decadencia de una implica inevitablemente la caída de la otra39.
Esta equivalencia moral da lugar a una actitud estética hacia la naturaleza caracterizada por una conexión emocional que trasciende la propia subjetividad. En el taoísmo se defiende una forma de contemplación basada en el principio de “ver las cosas desde la perspectiva de las cosas”, lo cual implica suspender la contemplación subjetiva del sujeto sobre lo natural, para, en cambio, atender a las necesidades intrínsecas de lo contemplado y armonizarlas con las propias40. Es actuar conforme a los principios y necesidades de las cosas, hacerlo sin forzar (wu-wei 无为) y siguiendo el Dao.
En definitiva, la filosofía china propone una visión en la que moral y estética emergen de la resonancia entre el ser humano y la naturaleza, abogando por una ontología relacional que enfatiza la co-pertenencia y la transformación mutua y basando esta relación la conexión emocional y el reconocimiento del valor intrínseco de todos los seres.
El feng shui como práctica ético-estética del habitar
Llegados a este punto, resulta evidente que no podemos comprender el feng shui ni como “ciencia ambiental”, pues caemos en simplificaciones al revisar esta práctica desde las concepciones y la lógica de la ciencia y filosofía occidentales, ni como autoayuda, ya que caemos en descontextualizaciones que vacían de sentido esta práctica, instrumentalizándola dentro del mercado. Es por tanto necesaria una interpretación que apele a sus raíces ético-estéticas.
Forss define el habitar como la conexión íntima con los lugares, una relación sensible y emocional con nuestros alrededores que puede ser particular o compartida, dependiendo de la zona a la que nos queramos referir41. En este sentido, el habitar no es otra cosa que estar en resonancia con el espacio vivido, objetos, actividades y seres que lo componen.
En este contexto, el feng shui emerge como una práctica directamente dirigida a la construcción y configuración de hábitats, es decir, a establecer una conexión estética profunda e íntima con los alrededores. No se trata meramente de una técnica de ordenamiento espacial, sino de una forma de armonizar el mundo humano con el mundo natural, creando una red de interdependencia entre ambos.
Así entendido, el feng shui se convierte en una forma de “crear mundo” a través de la experiencia estética, es decir, en una forma de solucionar estéticamente y de forma crítica problemas que nos afectan en nuestra vida cotidiana42. Este crear mundo, como lo denomina Saito, significa reconfigurar nuestra forma de habitar a través de la experiencia estética, con el fin de mejorar nuestra calidad de vida y nuestra relación con el medioambiente.
Este planteamiento ya estaba presente en el trasfondo filosófico del feng shui, sobre todo en el taoísmo, en el que se defendía lo que se conoce como imaginación locativa, es decir, la conexión emocional y corporal con la materialidad del espacio que uno habita43. En sus orígenes, el feng shui buscaba precisamente esta integración, no concebía una separación entre comunidad y naturaleza, sino que promovía un mundo en el que lo humano y lo natural se articulaban mutuamente, atendiendo a las necesidades de ambos. Esto puede verse ejemplificado, como se expuso en el apartado 2, con la correcta colocación de los cultivos, que no atendían únicamente a la eficiencia productiva, sino también a las características naturales y los ciclos ecológicos
La particularidad del feng shui como práctica estética del habitar emerge directamente de una concepción del espacio completamente distinta a la concepción cartesiana propia de Occidente. Así lo explica Molenda
La distinción del espacio captado por las coordenadas cartesianas y el espacio gestionado por el feng shui puede entenderse como la diferencia entre espacio físico y espacialidad existencial. Esta diferencia puede entenderse también como la diferencia del espacio de lo que ocurre (cartesiana) y el espacio de lo disponible44
El feng shui, a diferencia de la concepción cartesiana, entiende el espacio en continuo flujo con la persona, uno no puede desligarse del otro. El espacio no se analiza como algo que se encuentre distanciado de la persona, como algo que se sitúe fuera, sino como una red dinámica de posibilidades que emergen de nuestra relación emocional, sensible y estética con él. En otras palabras, puede describirse el feng shui como la práctica de gestionar la relación afectiva con el espacio45. Esta gestión estética del habitar permite establecer una relación no sólo sensible, sino también ética, basada en el cuidado y la atención.
Tal como lo expone Saito, nuestra vida estética está compuesta por interacciones continuas con el ambiente que forjan una conexión íntima con este, abriendo paso a una forma de vida más ética, caracterizada por la atención a cómo nos relacionamos con los demás seres y objetos46. La experiencia estética, por tanto, deviene en experiencia ética, ya que conectar afectivamente con el espacio vivido implica preocuparse por su cuidado, equilibrio y necesidades. No existe una relación de dominación, sino una relación interdependiente entre el hábitat y los habitantes.
De esta forma, el feng shui se comprende como la gestión ético-estética del habitar, que implica una relación de cuidado y la modificación respetuosa del espacio en función de las necesidades del entorno y de quienes lo habitan. La experiencia estética es, entonces, participativa y relacional, surgiendo de la continua interacción entre sujeto y espacio a través de la atención y la sensibilidad y no de la contemplación pasiva47.
En resumen, el feng shui puede interpretarse como una práctica estética y ética del habitar, que busca generar una conexión íntima, emocional y respetuosa con el entorno, lo que lo acerca a su contexto original. Así, desde el feng shui se propone una forma de vivir en resonancia con el ambiente, entendiendo el espacio como una red de relaciones afectivas y no como algo externo. Ahora bien, debemos plantearnos cómo aplicamos esta interpretación ético-estética en la actualidad, atendiendo a los problemas medioambientales.
El feng shui frente a los problemas medioambientales: el ejemplo de los bosques
feng shui (fengshuilin)
Frente a la actual crisis ecológica, es más que necesaria una nueva reconfiguración estética y ética de nuestra interacción con los espacios naturales. Esto es precisamente, lo que nos ofrece el feng shui. Llegados a este punto queda claro que su característica más importante es la unión e interacción continua entre el ser humano y la naturaleza a través de la conexión afectiva. Esto puede ser muy beneficioso para afrontar los problemas medioambientales, sobre todo, a la hora de diseñar y desarrollar espacios de convivencia entre zonas habitadas y áreas naturales.
Un ejemplo claro de su aplicación son los conocidos como bosques feng shui, ubicados en su mayoría en el sur de China. Estos bosques son áreas protegidas que se encuentran alrededor de aldeas y cuyo cuidado recae en la comunidad que habita estos espacios48. Entre los habitantes de estas aldeas y el bosque existe una íntima relación de interdependencia, ya que el bosque proporciona protección frente a fenómenos naturales como inundaciones y vientos, mientras que la comunidad se encarga activamente de su conservación y cuidado.
Dicha relación está mediada por un fuerte vínculo afectivo con el entorno habitado, que se transmite de generación en generación. Desde edades tempranas, los niños son educados en el respeto, la admiración y el cuidado de la naturaleza que los rodea49. Puede apreciarse perfectamente la faceta ético-estética que se definió del feng shui, la gestión del habitar, es decir, de conectar con el espacio vivido. Los habitantes de estas zonas rurales no se conciben a sí mismos fuera de la resonancia con el bosque.
La implicación ciudadana con el medio natural es tal, que incluso el gobierno chino los ha tomado de ejemplo para promover leyes de protección ambiental y prácticas sostenibles alrededor de todo el país, tanto en el medio rural como en las ciudades50. El feng shui, en este contexto, no es solo una práctica, sino una forma de vida.
Además, la interacción con estos bosques mediante el feng shui ha demostrado ser beneficioso no solo para el bienestar humano, sino también para el conjunto del ecosistema. Como explica Liang
Los bosques de feng shui presentan una gran variedad de valores y funciones ecológicas, incluyendo la conservación de la biodiversidad, la regulación del microclima, la mejora en la calidad del aire y la conservación del suelo y el agua. Estas funciones tienen un rol crucial a la hora de ayudar al ecosistema local y mejorar la salud del medioambiente51.
La eficacia de este modelo de vida ha motivado su adaptación a menor escala, en forma de zonas verdes y parques cerca de zonas residenciales, en contextos urbanos, buscando armonizar las ciudades con el entorno natural o diseñar edificios y estructuras más sostenibles52. Esto demuestra que la práctica del feng shui no tiene que estar restringida únicamente al ambiente rural, sino que puede aplicarse de forma eficaz en entornos urbanos con el fin de promover formas de habitar más sostenibles y respetuosas.
La aplicación del feng shui en estos contextos no favorece únicamente a la relación entre el ser humano y la naturaleza, sino que también fortalece el sentimiento de comunidad y el cuidado entre los ciudadanos, expandiendo así esta estética del cuidado. Esto puede conseguirse a través del diseño de espacios que fomenten la interacción y la actividad en el exterior en conjunto con el desarrollo de tecnologías que faciliten el cuidado ambiental de dichos espacios. Por tanto, encontramos en el feng shui la oportunidad de una forma de vida más sostenible, afectiva, ética y social aplicable a una gran variedad de contextos.
No obstante, encontramos varias barreras a la aplicación de esta práctica, especialmente la preferencia del beneficio económico sobre las consideraciones culturales. Sin embargo, en su país de origen el feng shui está viviendo una revitalización gracias a los crecientes estudios acerca de los bosques feng shui y las prácticas tradicionales, por lo que no es de extrañar que su aplicación en zonas urbanas u otros países asiáticos vaya en crecimiento.
En resumen, a través del ejemplo de los bosques feng shui, se muestra como la aplicación de esta práctica fomenta la interacción con la naturaleza y la conexión afectiva con el entorno. Los beneficios en estos espacios protegidos, nos lleva a pensar sobre el potencial de su aplicación en contextos urbanos para desarrollar un habitar más sostenible y, por tanto, introducir esta práctica en nuestra cotidianidad.
Conclusión
A lo largo de este trabajo se han perseguido dos objetivos fundamentales. El primero de ellos era ofrecer una presentación y descripción de una práctica descontextualizada como el feng shui y, el segundo, proponer una interpretación alternativa de esta práctica que se distanciara de las comunes en Occidente y que se acercara a su trasfondo filosófico.
Para ello, en primer lugar, se ha presentado una breve historia del feng shui desde su origen y evolución a lo largo de la historia en China, su país de origen. Posteriormente, se abordaron las dos principales concepciones del feng shui en el contexto occidental: la interpretación científica y como forma de autoayuda. Ambas aproximaciones fueron criticadas, destacándose la tendencia a su descontextualización, la reinterpretación bajo paradigmas occidentales y su creciente mercantilización.
Por ello, en el siguiente apartado, se propuso una interpretación centrada en su trasfondo ético-estético y que, al mismo tiempo, pudiera aplicarse al actual problema medioambiental. Se definió, en primer lugar, su contexto filosófico poniendo el foco en la relación entre ética, estética y naturaleza en el confucianismo y el taoísmo, las dos principales cosmovisiones en las que se desarrolla el feng shui. Tras ello, se definió al feng shui como una práctica estética del habitar, es decir, como la práctica de la gestión afectiva del entorno, basada en el cuidado, la armonía y la interdependencia entre los seres humanos y la naturaleza.
Finalmente, se expuso brevemente cómo esta interpretación puede resultar especialmente pertinente en el contexto contemporáneo de crisis ecológica. A través del ejemplo de los bosques feng shui, se mostró cómo el vínculo afectivo con el espacio habitado puede traducirse en formas sostenibles de relación con el medioambiente, aplicables incluso a entornos urbanos.
En conclusión, puede afirmarse que la recepción del feng shui en Occidente ha tendido a descontextualizar y simplificar esta práctica, existiendo la necesidad de repensar cómo nos acercamos y la entendemos desde una visión más acorde a su rico trasfondo filosófico, lo que lleva a una interpretación ético-estética. Si bien la aplicación directa del feng shui fuera de su contexto original presenta desafíos, su concepción del habitar como experiencia de co-pertenencia ética y estética con el entorno ofrece una gran oportunidad para fomentar el diálogo transcultural en torno a formas más afectivas y sostenibles de relación con la naturaleza.
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