Reseña/Review
Encuentros con el mundo chino.
Lecturas desde la sinología hispanoamericana contemporánea
, editado por Lai Sai Acón Chan y Ricardo Martínez Esquivel. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, Colecciones del Pacífico, Colección Estudios sobre el Mundo Chino, Serie CIECH, 2022. Dos volúmenes: Tomo I. Historia y Filosofía (371 págs. 978-9930-608-26-5),
y Tomo II. Migraciones y Relaciones transpacíficas. 319 págs.
ISBN: 978-9930-608-30-2

Esteban Sánchez Solano

Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica

esteban.sanchez_s@ucr.ac.cr

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5602-9641

Encuentros con el mundo chino es una obra que resulta de la articulación interinstitucional e internacional coordinada por la Red Académica Latino (e Hispano) Americanista sobre Estudios Sinológicos (RALAES) de la Universidad de Costa Rica (UCR)1. Esta obra forma parte de la Colección Estudios sobre el Mundo Chino, Serie CIECH, como resultado del
I Congreso Internacional Latino (e Hispano) Americanista de Estudios sobre China (CIECH). Reúne trabajos de más de cuarenta personas autoras de diversas disciplinas y países. Después de que la colección publicara investigaciones sobre el daoísmo y comentarios al Laozi2, Encuentros con el mundo chino se consolida con sus dos primeros volúmenes: Tomo I. Historia y Filosofía y Tomo II. Migraciones y Relaciones transpacíficas.

Lai Sai Acón Chan y Ricardo Martínez Esquivel explican en la introducción que el proyecto nació con la intención de cuestionar las lecturas eurocéntricas y orientalistas de la sinología latinoamericanista. Para contextualizar, la creciente presencia global de China ha propiciado nuevas miradas históricas, teóricas y metodológicas sobre su relación con el mundo. En los siglos XVII y XVIII, la cartografía avanzada de Francia, Rusia y el Imperio Qing adquirió un carácter internacional, y la temprana modernidad permitió interpretar los procesos como globales y no exclusivamente europeos. A partir de estas premisas, las personas editoras organizaron la obra en cuatro grandes partes: Historia (capítulos 1-8), Filosofía (capítulos 9-15), Migraciones (capítulos 16-22) y Relaciones transpacíficas (capítulos 23-28).

El Tomo I agrupa los apartados de “Historia” y “Filosofía”, mientras que el Tomo II reúne los estudios sobre “Migraciones” y “Relaciones transpacíficas”. Cada sección persigue objetivos complementarios. La sección histórica muestra cómo los encuentros y desencuentros entre China y diferentes regiones del mundo no pueden reducirse a un solo flujo de influencia. Las dinámicas de asimilación y préstamo cultural fueron recíprocas, aunque desiguales. La sección filosófica, por su parte, presenta estudios que interpretan la cosmovisión china desde la arqueología, la religión comparada, la traducción y la educación. El bloque dedicado a las migraciones analiza las experiencias de comunidades chinas en Perú, México y Costa Rica, prestando atención a fenómenos de identidad, xenofobia y memoria; finalmente, los capítulos sobre las relaciones transpacíficas examinan las políticas extraterritoriales chinas, la diplomacia popular, la migración contemporánea y la inversión china en América Latina. Esta diversidad temática refleja el carácter interdisciplinario de la obra.

Los primeros capítulos de la sección “Historia” se articulan en torno a un tema central: las interacciones sino-mediterráneas y las alteridades mirándose entre sí. Flora Botton muestra que, pese a la concepción sinocéntrica del “Reino del Medio”, la interacción comercial y cultural con Europa fue constante; durante siglos, los literatos chinos incorporaron elementos cristianos en el confucianismo, mientras que los filósofos ilustrados europeos recurrieron al confucianismo para racionalizar el cristianismo. Esta mirada de largo aliento se complementa con los análisis de Daniela Arroyo Barrantes y Roberto Marín Guzmán: ambos demuestran que las rutas terrestres y marítimas —tanto la ruta de la seda como las conexiones con el islam— funcionaron como espacios de negociación cultural y no solo de intercambio material. Así, mientras Botton examina los giros de poder a lo largo de los siglos —de un flujo de influencias predominantemente chino hacia Europa antes del siglo XIX a uno invertido tras las guerras del opio—, Arroyo y Marín subrayan que ya en la antigüedad los intercambios eran bidireccionales y creaban híbridos culturales.

Los siguientes capítulos se dedican a la Misión China y se profundiza en otro tipo de encuentros y desencuentros: los religiosos. Ricardo Martínez Esquivel elabora una matriz comparativa que explica cómo factores teológicos, políticos y económicos delimitaron las misiones cristianas en China. Diego Sola muestra que los agustinos españoles, además de evangelizar, actuaron como mediadores culturales y agentes imperiales. José Antonio Cervera analiza cómo Matteo Ricci incorporó ciencia y filosofía chinas para traducir el cristianismo, buscando aceptar las normas confucianas, mientras que Thierry Meynard revela las tensiones hermenéuticas entre jesuitas y dominicos sobre la legitimidad de los ritos chinos. Estos capítulos establecen que cada orden religiosa negoció con las categorías locales y se disputó la forma de nombrar a dios y de interpretar prácticas rituales; los conflictos internos muestran que no existía un consenso sobre cómo lidiar con la alteridad.

Finalmente, Manuel Pérez-García introduce una comparación macro-histórica entre Macao y Marsella. Demuestra que los puertos fueron nodos que canalizaron las desigualdades de los modelos de crecimiento chino y europeo. A diferencia de los capítulos religiosos, donde el foco es la apropiación simbólica y la traducción, el autor observa cómo las estructuras económicas globales condicionaron los flujos culturales: Macao, enclave luso-chino, se integró al comercio mundial de forma distinta a Marsella, un nodo mediterráneo francés. En conjunto, estos capítulos muestran que la historia de los contactos sino-europeos oscila entre la reciprocidad y la asimetría, entre la convivencia intercultural y la imposición de hegemonías.

La sección “Filosofía” tiene como hilo conductor la búsqueda de armonía he como paradigma que articula pensamiento, práctica ritual y orden social. Desde la arqueología y la historia de las religiones, se examina cómo el poder se legitimó en los márgenes de la China antigua. Walburga Wiesheu y Darién García analizan los jades rituales de la cultura Liangzhu y muestran que el sistema ritual li surgió de una sociedad teocrática donde símbolos y funerales conferían autoridad. Ignacio Villagrán, en contraste, examina religiosidades periféricas durante la dinastía Han y observa que los cultos locales, lejos de ser marginales, interactuaban con proyectos de integración imperial. Ambos estudios coinciden en que la diversidad ritual desafió la uniformidad confuciana, pero mientras el primero se centra en evidencias materiales, el segundo analiza prácticas vivas y su relación con el poder.

Las contribuciones de Filippo Costantini y Gabriel Terol, por su parte, trasladan la discusión al plano conceptual. Costantini compara las acepciones de dao en el Daodejing y el Lunyu, y concluye que uno adopta una perspectiva cosmológica y metafísica y, el otro, normativa y social. Su análisis destaca la convergencia en la búsqueda de armonía pese a las diferencias entre Laozi y Confucio. Terol, por su parte, revisa cómo la filosofía china ha sido estudiada en universidades europeas contemporáneas, señalando que la disciplina ha ganado autonomía, pero sigue enfrentando debates de traducción y metodología. Ambos textos muestran cómo los significados del dao y la recepción de la filosofía china fuera de China dependen del contexto académico y del diálogo intercultural.

Los últimos tres capítulos abordan la mediación cultural y política en contextos modernos. Pablo Rodríguez Durán analiza la dificultad de traducir la poesía clásica china y subraya que los caracteres poseen dimensiones pictóricas y musicales que obligan al traductor a reconstruir la temporalidad y la agencia del texto. Silvia Elizondo, con una metodología etnográfica, compara escuelas confucianas y un proyecto educativo basado en la naturaleza, evidenciando tensiones entre memorización de clásicos y aprendizaje experiencial. Finalmente, Eduardo Tzili Apango sigue la evolución del concepto de hegemonía ba y lo vincula a la noción de “hegemonía benevolente”, proponiendo que, en el pensamiento político chino, poder y lenidad son inseparables. Estos textos convergen en el problema de cómo las ideas chinas se adaptan y transforman en traducciones, pedagogías y teorías políticas modernas; divergen en su enfoque: el primero se concentra en la estética textual; el segundo, en las prácticas educativas, y el tercero, en la teoría del poder. En conjunto, esta sección muestra una tensión entre tradición y cambio: desde los rituales ancestrales y las religiosidades periféricas hasta la reapropiación del dao, la recepción académica, la traducción poética, la innovación pedagógica y la reinterpretación de la hegemonía.

La sección “Migraciones” enlaza distintos estudios de caso para mostrar cómo las comunidades chinas en América Latina han negociado su lugar entre integración, discriminación y memoria. La introducción recuerda que las olas migratorias se iniciaron con comerciantes sangleyes en las Filipinas y se intensificaron en el siglo XIX por hambrunas y conflictos en el sur de China; estos flujos respondían tanto a crisis locales como a la demanda de mano de obra en las nuevas repúblicas americanas, como se puede ver para los casos de Perú, México y Costa Rica analizados en esta sección.

En el caso peruano, los tres capítulos dialogan sobre identidad y ciudadanía. Humberto Rodríguez Pastor reconstruye casi un siglo de llegada de culíes y muestra cómo los trabajadores chinos, inicialmente explotados en agricultura, guano y ferrocarriles, acabaron integrándose económicamente y desarrollando estrategias de resistencia. Candy Li Cortez, desde una perspectiva jurídica, señala que la hispanización forzada de apellidos borró parte de esa historia y aboga por la restitución del apellido original como reivindicación identitaria. Boya Li completa el tríptico examinando la evolución de la participación política tusán y cómo la acumulación de riqueza y la integración social redefinieron el sentido de pertenencia. En conjunto, los capítulos peruanos demuestran que la migración no solo implicó mano de obra, sino también una progresiva búsqueda de reconocimiento en lo económico, legal y político.

El texto dedicado a México introduce un contraste más que llamativo: mientras que en Perú los debates se centran en la integración, Ivonne Virginia Campos Rico expone cómo el Estado mexicano usó argumentos de higiene y salud pública para justificar la expulsión de chinos y el cierre de sus negocios en las décadas de 1920 y 1930. El nacionalismo posrevolucionario transformó al inmigrante chino en chivo expiatorio, construyendo estereotipos xenófobos. A diferencia de los casos peruanos, donde se observa una transición de la explotación a la integración, el caso mexicano revela cómo la hostilidad del país receptor impuso límites a la inclusión y marcó la memoria colectiva con experiencias de discriminación.

Los textos sobre Costa Rica se centran en la cotidianidad y la memoria. Susan Chen Mok detalla cómo las familias chinas de Puntarenas combinan integración económica —fondas y talleres— con prácticas de sociabilidad propias, como clubes y fiestas tradicionales. Giselle Chang Vargas y Luis Diego Chaves analizan el uso del doble nombre, mostrando que portar un nombre chino y uno hispano es una estrategia para moverse entre dos mundos identitarios. Iris Lam Chen y Lingie Granados Acón, por su parte, emplean la fotografía genealógica para reconstruir redes familiares y confrontar estereotipos, proponiendo que visibilizar los rostros de los migrantes restituye su dignidad. A diferencia de Perú, donde los procesos masivos de migración generan estructuras económicas y políticas, en Costa Rica los estudios se concentran en comunidades más pequeñas y resaltan la agencia individual y la representación de la memoria.

Los textos de “Migraciones”, en síntesis, comparten el interés por la construcción de identidad dentro de contextos nacionales específicos, pero divergen en el peso que otorgan a factores estructurales versus prácticas cotidianas. Perú ofrece una narrativa de inserción progresiva en la sociedad; México destaca los límites impuestos por el nacionalismo xenófobo; y Costa Rica enfatiza la vida diaria y las estrategias simbólicas de pertenencia.

En la sección “Relaciones transpacíficas”, los autores examinan cómo distintos actores estatales y no estatales han intentado influir sobre las comunidades chinas de ultramar y los vínculos sino-latinoamericanos. La introducción contextualiza ese esfuerzo en una larga historia de hegemonías sucesivas —del monopolio español en el Pacifico a la expansión estadounidense y la proyección contemporánea de la República Popular China— y subraya que hoy confluyen intereses geopolíticos y económicos en la región.

Los tres primeros textos abordan las políticas extraterritoriales desde perspectivas y períodos diferentes. Setsuko Sonoda compara las estrategias de la dinastía Qing y de la República de China (ROC) antes de 1949 para vigilar y fidelizar a sus comunidades en Trinidad y otros países latinoamericanos. Takeshi Kishikawa amplía ese análisis al estudiar la política extraterritorial de la ROC en Taiwán desde 1926, centrándose en la Comisión de Asuntos de Chinos de Ultramar y sus esfuerzos por contrarrestar la influencia comunista. David Ibarra Arana se desplaza al período posterior a 1949 para mostrar cómo la República Popular China buscó legitimar su régimen mediante la diplomacia popular minjian waijia y las conferencias de paz que involucraron a intelectuales latinoamericanos, enfrentándose al bloqueo estadounidense. Los tres textos coinciden en que las diásporas chinas fueron objeto de competencia entre regímenes, pero divergen en los instrumentos: administración burocrática, propaganda anticomunista o diplomacia civil.

Los siguientes textos exploran los efectos contemporáneos de la presencia china. Salvador Ignacio Escobar ve en la migración del siglo XXI una oportunidad para fortalecer relaciones comerciales y propone una triangulación entre China, México y Estados Unidos. Frente a esa visión optimista, Pablo Baisotti advierte que la expansión china en grandes ciudades latinoamericanas podría replicar patrones centro-periferia a pesar del discurso sur-sur; su análisis critica la iniciativa de la Franja y la Ruta y llama a evaluar sus impactos socioeconómicos. Enrique Dussel Peters, por su parte, se centra en la inversión extranjera directa y aboga por una agenda investigativa que integre dimensiones políticas, económicas y culturales, resaltando la necesidad de comprender el alcance de la inversión china para el desarrollo regional. Estos tres textos comparten el enfoque en la actualidad y la noción de “relaciones triangulares”, pero ofrecen lecturas dispares: una ve a la migración como motor de cooperación, otra teme una nueva dependencia y la última pide instrumentos analíticos más complejos.

En conjunto, “Relaciones transpacíficas” visibiliza las tensiones entre control estatal y autonomía comunitaria, entre expectativas de beneficio y riesgos de dependencia, y entre visiones optimistas y críticas. La comparación de políticas extraterritoriales evidencia una continuidad histórica en el uso de las diásporas como herramientas de poder, mientras que la discusión sobre migración y ciudades globales revela un campo en el que se negocian nuevos equilibrios económicos y culturales.

Una de las principales virtudes de Encuentros con el mundo chino es su enfoque interdisciplinario. Al reunir historiadores, filósofos, antropólogos, traductores, politólogos y economistas, los editores logran articular una visión holística de la interacción sino-latinoamericana. La cuidadosa división en cuatro secciones permite al lector transitar de la historia antigua y la filosofía a cuestiones contemporáneas sin perder cohesión. Además, la obra pone especial atención a fuentes primarias y archivos poco explorados: desde el relato de Tu Huan y los manuscritos de Navarrete y Brancati hasta testimonios orales de migrantes y datos económicos recientes.

Por un lado, en la sección “Historia” del Tomo I, se aprecia una lectura global que evita el eurocentrismo; los autores subrayan que la división entre China y Europa se intensificó solo a partir de las guerras del opio y que antes hubo flujos recíprocos de conocimiento y tecnología. Por otro lado, en el Tomo II, la sección “Migraciones” muestra una pluralidad de experiencias. La periodización de la comunidad china en Perú conjuga análisis demográfico, económico y cultural, y la propuesta sobre restitución de apellidos abre una reflexión sobre derecho y memoria histórica; en el caso de Costa Rica, hay un rico aporte etnográfico en testimonios, la indagación del doble nombre subraya las tensiones identitarias y la metodología genealógica fotográfica representa una innovación para la antropología visual. La sección “Relaciones transpacíficas” contribuye con miradas comparadas sobre las políticas extraterritoriales de la República Popular China y de la República de China (Taiwán). Pocos trabajos en español examinan la diplomacia popular o los programas extraterritoriales, por lo que estos capítulos enriquecen la discusión sobre el poder blando. La incorporación de un análisis crítico sobre la iniciativa de la Franja y la Ruta y sobre la OFDI china es relevante porque sitúa las relaciones contemporáneas en debates de desarrollo y geopolítica.

A pesar de sus aportes, Encuentros con el mundo chino presenta ciertos desafíos, los cuales se enumeran a continuación. En primer lugar, la diversidad de temas y disciplinas hace que algunos capítulos profundicen más que otros. Por ejemplo, mientras que la historia de las misiones católicas se analiza con detalle, la sección de filosofía dedica relativamente poco espacio a las corrientes contemporáneas del pensamiento chino, como el marxismo chino o las escuelas del nuevo confucianismo. En segundo lugar, sería deseable que futuros volúmenes incluyeran voces de académicos chinos sobre la diáspora en América Latina para equilibrar la perspectiva.

En tercer lugar, el libro es denso y demanda un lector especializado. Un glosario de términos podría ser de mucha ayuda para aquellas personas que tengan poca familiaridad con el vasto universo lingüístico chino. Aunque la obra presenta capítulos en inglés, la mayoría de los textos está en español, algo que demuestra el buen momento de la producción hispanoparlante sobre China.

Encuentros con el mundo chino es una contribución trascendental en la sinología en español. La obra no solo recupera la memoria de las comunidades chinas a lo largo del continente; propone, además, marcos teóricos y comparativos que permitirán futuras investigaciones. Asimismo, por la diversidad temporal y geográfica de los análisis, las metodologías propuestas dan toda una gama de posibilidades de enfrentarse a los desafíos que presenta la investigación sinológica, considerando la naturaleza de las fuentes que se emplean, buena parte de ellas inéditas. Al conectar a investigadores de América Latina, Europa, Asia y Estados Unidos, la colección demuestra que la sinología en español puede dialogar con las corrientes globales y aportar perspectivas únicas sobre la relación entre China y el mundo.

Las personas editoras y colaboradoras consiguen honrar el legado de la benemérita de la patria Hilda Chen Apuy Espinosa (1923-2017) al fomentar una comunidad académica que abraza la pluralidad y el diálogo interdisciplinario. Además, la publicación abre un camino para que las investigaciones sobre China en español tengan mayor proyección, en el que la Universidad de Costa Rica, por medio de su producción editorial, se une a otras instituciones del mundo hispanohablante en este respecto. Así, la sinología hispanoamericana se fortalece y demuestra que los estudios sobre China no son exclusividad de centros académicos anglosajones o asiáticos, sino que también se desarrollan con originalidad desde América Latina.

Referencias bibliográficas

Costantini, Filippo. El Dao de la sabiduría. Análisis y comparación de los tres comentarios más influyentes del Laozi Daodejing. Colecciones del Pacífico, Colección Estudios sobre el Mundo Chino, Serie Filosofía. Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2021.

Terol, Gabriel. Daoísmo, Chán y Zen: Breve genealogía china y sus influencias epistemológicas en Asia Oriental. Colecciones del Pacífico, Colección Estudios sobre el Mundo Chino, Serie Filosofía. Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2020.

Citar como: Sánchez Solano, Esteban. RESEÑA/REVIEW. Encuentros con el mundo chino. Lecturas desde la sinología hispanoamericana contemporánea, editado por Lai Sai Acón Chan y Ricardo Martínez Esquivel. Revista Internacional de Estudios Asiáticos 5 n.º 1 (2026), 210-220.
DOI https://doi.org/10.15517/5agn1w43

Fecha de recepción: 26/09/2025 | Fecha de aceptación: 30/10/2025


  1. 1 Sobre la red, remitirse a: http://www.redsinolatina.ucr.ac.cr/

  2. 2 Dichas obras son: Gabriel Terol, Daoísmo, Chán y Zen: Breve genealogía china y sus influencias epistemológicas en Asia Oriental, Colecciones del Pacífico, Colección Estudios sobre el Mundo Chino, Serie Filosofía (Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2020); y Filippo Costantini, El Dao de la sabiduría. Análisis y comparación de los tres comentarios más influyentes del Laozi Daodejing, Colecciones del Pacífico, Colección Estudios sobre el Mundo Chino, Serie Filosofía (Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2021).