Wimb lu, Rev. Estud. de Psicología UCR, 20(2) 2025 (Jul-Dic, publicación continua): 1-18
ISSN: 1659-2107 ISSNe: 2215-6712
16
Es importante traer a la discusión que, a la hora de entender y aplicar tratamientos a
patologías como la fibromialgia, la medicina y la psicología no tienen abordajes opuestos. Muchas
veces el debate se limita a definir cuál de las alternativas presentadas por estas áreas del
conocimiento tiene más validez por lo tanto exclusividad a la hora de trabajar con las dolencias
del cuerpo. Sin embargo, algo que muestra este estudio de caso es una oportunidad de cambio de
esta óptica, no son abordajes adversarios sino complementarios. La posibilidad de ampliación del
concepto de cura por medio de lo orgánico y de la escucha que puede haber en la colaboración de
estas dos disciplinas, como se ejemplifica a lo largo de este escrito, puede potenciar el bienestar
integral en las personas.
Estudios de caso como este nos ayudan a profundizar en las áreas de la vida que el dolor
en el cuerpo conlleva, que finalmente va más allá de lo fisiológico. El malestar en lo corporal
puede indicar finalmente no solo el estado del organismo, sino también de nuestra vida subjetiva.
Al escuchar también la enfermedad, el poder poner palabras sobre el dolor ayuda a reconocer la
humanidad que hay detrás de experiencias de vida como ésta. Permite entonces la rescritura de
aspectos de nuestra existencia como individuos que el malestar físico refleja, profundizando así en
la dimensión de cura que se tiene comúnmente frente a los fenómenos que pasan en el cuerpo.
Sobra decir que esto no es una alternativa a un tratamiento farmacológico, sin embargo,
una óptica fisiológica como manera exclusiva para leer el malestar corporal ignora todos esos
conflictos internos, todas esas simbolizaciones, tensiones que tenemos como individuo y que
también afectan nuestro bienestar. Nuestra corporalidad no es un ente ajeno a nuestra subjetividad,
nuestro cuerpo es depositario de una serie de proyecciones, deseos, simbolizaciones, etcétera; que
conforman también nuestro mundo psíquico, por lo tanto, las dolencias corporales también van a
incluir toda esta dimensión que trasciende lo orgánico.
Reconocer el lugar que tiene la palabra frente al dolor es entender a las personas que sufren
de condiciones como la fibromialgia no como objetos que curar, sino como sujetos que sienten y
viven el malestar en su corporalidad. Invita a pensar también en las posibilidades que podrían
generarse con abordajes integrales en el que también se dé lugar al habla y escucha de estas
vivencias, y poder tener una dimensión de cura que vaya más allá de lo biológico; que potencie la
sanación de otras áreas que son igualmente importantes y contribuyen en nuestro bienestar.