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ISSN: 1659-2107 ISSNe: 2215-6712
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Los programas radiales Vilardevoz y Podemos Volar: dos
proyectos potenciadores del modelo comunitario de atención en
salud mental
The radio programs Vilardevoz and Podemos Volar: two projects that enhance
the community-based model of mental health care
José Andrés Dejuk Johnson
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RESUMEN
El presente escrito expone una serie de reflexiones, cuestionamientos e incluso anécdotas en torno
a la institución psiquiátrica, lo que llamamos “propuesta terapéutico-radial” y el modelo comunitario
de atención en salud mental. Podemos decir, a modo de “spoiler”, que el modelo comunitario en
tanto se propone sustituir en cierta medida a la institución psiquiátrica, considerándose más efectivo,
democrático y ético en términos de salud mental y derechos humanos, parece ser una propuesta
innovadora y muy valiosa. Sin embargo, también tiene sus limitaciones, las cuales pueden encontrar
algún tipo de solución en la propuesta terapéutico-radial que veremos más adelante. Así bien, en un
primer momento se abordan brevemente cada una de las posturas mencionadas, rescatando algunos
de sus fundamentos y problemáticas, para luego posicionar ciertas ideas que buscan potenciar el
modelo comunitario de atención en salud mental.
Palabras clave: Salud mental, hospital psiquiátrico, modelo comunitario, proyecto radial, crítica,
capitalismo, postcapitalismo.
ABSTRACT
This paper presents a series of reflections, questions, and even anecdotes concerning the psychiatric
institution, what we call the “therapeutic-radial proposal,” and the community-based model of
mental health care. We can say, as a kind of “spoiler”, that the community model, insofar as it seeks
to replace the psychiatric institution to a certain extent, considering itself more effective, democratic,
and ethical in terms of mental health and human rights, appears to be an innovative and highly
valuable proposal. However, it also has its limitations, which may find some form of solution in the
therapeutic-radial proposal that we will examine later. Thus, first, each of the aforementioned
perspectives will be briefly discussed, highlighting some of their foundations and challenges, and
1
Universidad de Costa Rica https://ror.org/02yzgww51, San José, Costa Rica. Estudiante de psicología.
Correo electrónico: JOSE.DEJUK@ucr.ac.cr
DOI: https://doi.org/10.15517/1xh8jp29
Recepción: 30/10/2025 Aceptación: 20/05/2026
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then certain ideas will be put forward with the aim of strengthening the community-based model of
mental health care.
Keywords: Mental health, psyquiatric hospital, community model, radio project, critique,
capitalism, post-capitalism.
Introducción: Un poco sobre el control social e institucional
En sus inicios, la institución psiquiátrica se consolida como un centro encargado de
ocultar y administrar las distintas formas de sufrimiento humano que eran socialmente visibles
(locura, delincuencia, prostitución, personas sin hogar, etc). Esto puede mostrarse con el
surgimiento del Hospital General de Paris, en donde se encierran a las personas consideradas
“desviadas” de la normalidad de su época (Foucault 1998). Resulta como mínimo llamativo
que en un hospital se encierren trabajadoras sexuales, delincuentes, vagos, locos y demás, todos
en un mismo lugar y siendo estas personas que no encajan en los estándares morales de su
época. Así podemos observar, con respecto a los orígenes hospitalarios, una función de
reclusión que poco se relaciona con la enfermedad, la salud y la curación.
Las cárceles, así como los hospitales psiquiátricos, tienen un punto de encuentro inicial,
ya que ambas ejercen una función de control social sobre las personas no adheridas a los
estándares sociales. Al ilegalizar el robo, la “vagancia”, la prostitución, entre otros delitos
conformados, se legitima el encierro carcelario; el cual según Basaglia (2010) carece de toda
finalidad de reformar a las personas infractoras; aunque, sin embargo, en sus comienzos la
readaptación social era un objetivo explícito de los centros penitenciarios (Foucault 1976). De
esta forma, la locura queda encerrada en los hospitales psiquiátricos y las personas
criminalizadas son recluidas en los centros penitenciarios, sin que parezca haber otro objetivo
más allá del control social sobre personas que son institucional y estructuralmente excluidas.
En todo esto vemos como problemática inicial y fundamental que estas instituciones
han nacido con la intención de segregar y readaptar a aquellos sujetos que difieren de la
normatividad, buscando integrarlos al orden social dado, moldearlos según las necesidades y
los requerimientos del sistema social (Foucault 1998). Lo importante para este tipo de
instituciones parece ser el control social y no tanto el bienestar de las personas usuarias. Un
aspecto que puede chocar con las funciones curativas que tienen los hospitales psiquiátricos,
así como la medicina en general. Por lo cual, bajo esta línea de pensamiento nos preguntamos:
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¿cuál es la función que cumplen estas instituciones en la actualidad, y más específicamente la
institución psiquiátrica?
Contradicciones y roces de la institución psiquiátrica
Al centrarnos en la institución psiquiátrica, salen a la luz tres respuestas posibles ante
la pregunta planteada. Se puede considerar que la institución psiquiátrica cumple una función
meramente de control social, que es estrictamente sanadora (es decir, que busca el beneficio de
las personas usuarias ante sus padecimientos) o una mezcla de ambas opciones. Lo más
probable es que la respuesta correcta sea la tercera opción. La institución psiquiátrica, como
cualquier otra agrupación humana, está llena de contradicciones y fuerzas que se movilizan en
direcciones contrapuestas. Según menciona Pérez (2013), podemos situar a los profesionales
en salud mental en dos posturas: 1) aquellos que buscan la permanencia de la institución
psiquiátrica, apoyados generalmente en una perspectiva biomédica y reduccionista, 2) y
quienes buscan la desinstitucionalización y la implementación de un servicio comunitario de
salud mental, apoyados en una visión más holística, tomando en consideración aspectos
sociales e históricos. Sin embargo, no sería correcto decir que los primeros solamente cumplen
funciones de control social, o que los segundos se centran exclusivamente en el bienestar
humano, sino que tanto unos como otros cumplen ambos tipos de funciones.
Pero aún así podemos afirmar que quienes defienden la institucionalización
efectivamente suelen decantarse más por las labores de control social (en este caso, el encierro
de las personas y su organización institucional), y que, en cambio, quienes buscan la
desinstitucionalización toman como prioridad el beneficio humano. Llego a tal conclusión
porque me sería muy difícil, sino imposible, afirmar lo contrario. Siguiendo los datos que
muestra Cohen (2009), a nivel mundial entre el 76,3% y el 85,4% de las personas con trastornos
mentales severos no reciben su tratamiento. Además, la persona autora afirma que esto se debe
a la centralidad que poseen los hospitales psiquiátricos, los cuales aparte de ser sumamente
escasos, acaparan hasta el 90% de los recursos destinados a la salud mental. Acá vemos una
gran contradicción entre ambas visiones, mientras que el enfoque de atención comunitaria
busca disminuir esta brecha y que los servicios destinados a la salud mental se expandan y
democraticen, quienes defienden la institucionalización no hacen más que perpetuarla.
Tomando esto en consideración, y sumado al hecho de que la eficacia de los hospitales
psiquiátricos ha sido bastante cuestionada (Pérez 2012), así como los numerosos tratos que se
realizan en estos y violentan los derechos humanos (Castro 2023) me resulta difícil afirmar que
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los profesionales en salud mental que defienden la institucionalización lo hacen velando
únicamente por el bienestar humano.
Con relación a esto, Basaglia (2010) propone una idea interesante, la cual versa sobre
los intereses de los actores involucrados en los hospitales psiquiátricos. Al homologar la teoría
marxista con el funcionamiento psiquiátrico, argumenta que los psiquiatras son los burgueses
de la institución, teniendo el control y dominio de la misma, así como de quienes la conforman
(personas usuarias, enfermeros, guardas de seguridad, etc.), quienes cumplen el papel de
proletarios obedientes ante la jerarquía. Su propuesta resulta relevante, especialmente porque
da a entender que entre funcionarios y usuarios hay divisiones e intereses contrapuestos.
Además, según menciona, los psiquiatras suelen defender su poder ante los otros y procuran su
reproducción. En ese sentido, defender la institucionalidad a sabiendas de sus grandes
limitaciones y teniendo claro que la labor psiquiátrica en la institución se aleja de lo médico
en el sentido curativo”
2
y por el contrario se asemeja más a la labor administrativa y
burocrática de control, representa una forma de abogar por los propios intereses, incluso si
esto implica aplastar, dominar y controlar a otros, sin fundamentarse en principios médicos
sólidos y tangibles. Defender la institución es defender los beneficios personales, el propio
goce burocrático
3
; en ninguna medida sería una defensa del bienestar ajeno, ni tampoco del
enfoque científico (aunque los intereses personales se puedan camuflar con argumentos
cientificistas).
Contradicciones y roces del modelo comunitario en salud mental
Por otra parte, quienes luchan por la desinstitucionalización psiquiátrica y una atención
comunitaria en salud mental, buscan una mayor financiación en salud mental (pues a nivel
mundial solamente se le destina el 1% del presupuesto general de salud pública), con el objetivo
de consolidar una atención a nivel comunitario, mediante profesionales especializados que
cumplan funciones rotativas, la integración de los servicios de salud mental en la atención
primaria de salud y en hospitales generales, que los ciudadanos no expertos también formen
parte del proceso de atención comunitaria, entre otras propuestas (Funk et al. 2009). Con estas
propuestas buscan eliminar la centralidad de los recursos que se destinan a los hospitales
2
Con respecto a la nosología psiquiátrica, no es posible hablar con propiedad, o con cientificidad, si se
quiere, sobre enfermedades ni curas. En un sentido estricto los “trastornos” psiquiátricos no son
enfermedades, ni tienen curas, como sí ocurre en el campo de la medicina. A este respecto véase Pérez
(2012), Una nueva antipsiquiatría: crítica y conocimiento de las técnicas de control psiquiátrico.
3
Esta expresión la tomo del libro Psicoanálisis y transversalidad de Felix Guattari.
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psiquiátricos, y así utilizar esos recursos para la formulación de un nuevo modelo de atención
en salud mental. Buscando no solamente que se democraticen los servicios de salud mental,
sino también que estos sean más eficaces y beneficiosos para las personas usuarias. Todo esto
al partir desde una visión distinta de la salud mental, comprendiendo que el malestar
psicológico no surge debido a razones meramente orgánicas e individuales, sino que los
factores sociales y el ambiente comunitario cumplen un rol importante.
Resulta vital el hecho de que el modelo comunitario se fundamente en otra postura
epistemológica, que permita una comprensión distinta del ser humano y su malestar, lo cual
a su vez incentiva una práctica diferente, que rompe con el modelo psiquiátrico tradicional.
Pues desde otras nociones epistemológicas, se suele omitir los contextos sociales que producen
malestar psicológico. Por ejemplo, según menciona Langer (2010), el psicoanálisis ha tendido
a invisibilizar los fenómenos y problemáticas sociales, al vincularlas con vivencias meramente
personales, relativas a la infancia individual y despojando así todo contenido político. “Ante la
queja sobre un jefe opresivo o la participación en una revuelta masiva, lo que el psicoanalista
escucha es que antes hubo un padre opresor”. Algo similar podría ser la problemática de la
interpretación psicoanalítica, en donde lo “personal” o “transferencial” toma primacía y omite
lo político. Por su parte, Basaglia (2010) también denunció al psicoanálisis, tildándolo de
conservador; pues, según menciona, en Francia, un país en su momento con mucha influencia
psicoanalítica, no se había producido ningún tipo de transformación en dirección de la
desinstitucionalización psiquiátrica, a diferencia de Inglaterra e Italia; esto debido justamente
al peso de los psicoanalistas, quienes eligieron defender la institucionalidad.
Así vemos que el modelo biomédico no ha sido la única fuerza que ha contrariado el
impulso de la desinstitucionalización a lo largo de los años. Dentro del entorno “psi” existen
numerosos profesionales, apoyados en diversos enfoques epistemológicos, que se han
posicionado en contra de la desinstitucionalización. Cabe rescatar que estos enfoques
epistemológicos guardan un rasgo en común: reducen lo psíquico o psicológico a un fenómeno
meramente individual y desligado del contexto social. Es decir, parten desde un enfoque
espetemológico epistemológico que empobrece la complejidad humana. Si bien ningún
enfoque está exento de conservadurismos, ni es fiel compañero de la lucha en contra de la
institución psiquiátrica en todo caso, esto no resulta un aspecto meramente negativo. También
implica que cualquier profesional “psi”, sin importar su enfoque, puede ser un aliado de la
propuesta comunitaria. Ya que no todo psiquiatra, psicoanalista o psicólogo se encarga de
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reducir y empobrecer su “objeto de estudio”, sino que también hay quienes comprenden su
disciplina desde un enfoque más social y crítico.
Espacio radial como alternativa terapéutica: Radio Vilardevoz
Dentro de las fuerzas que buscan movilizar la desinstitucionalización, surgen distintas
propuestas a nivel práctico que se proponen transformar los abordajes psiquiátricos
tradicionales. En este caso veremos una propuesta particular, centrada en la producción
radiofónica. Pero para comprenderla, debemos expandir nuestra comprensión sobre lo llamado
“clínico”, sus espacios y funcionamientos internos.
Quizás lo más frecuente para el imaginario social sea pensar el espacio terapéutico
como un cuarto acogedor y cerrado, antecedido en algunos casos por una sala de espera, en
donde aquellos que lo necesiten podrán dialogar con un profesional en salud mental de forma
confidencial. Y esto suele ser así. Lo que no suele ser tan frecuente es imaginar que un entorno
radial acompañado de un grupo de personas locutoras, de ciertos equipos necesarios para las
grabaciones y de algunos profesionales o personas con conocimientos técnicos encargados de
la producción y emisión de las grabaciones radiales, también puede ser un espacio
terapéutico. Pues bien, este es el caso de la Radio Vilardevoz.
La Radio Vilardevoz surge en 1997, en el Hospital Psiquiátrico de Montevideo,
Uruguay, como un movimiento crítico de la institución psiquiátrica. Sus funciones y prácticas
operan en otra lógica distinta. Buscan la participación de los locutores (que son personas
usuarias del hospital psiquiátrico, o que lo han sido) en lugar de la pasividad con la que son
tratados en los hospitales, incentivando además las relaciones horizontales; promueven un
espacio para formar lazos sociales, algo que el encierro psiquiátrico puede dificultar; cumplen
una labor política al dar espacio público a voces que suelen silenciar; trabajan mediante
relaciones autónomas y también permiten la formación de subjetividades de forma libre
(mediante el diálogo), dos aspectos que el encierro psiquiátrico impide (Baroni et al. 2013). A
grandes rasgos, estos son algunos de los aspectos que ha posibilitado el espacio, permitiendo
un entorno que se distancie de las prácticas psiquiátricas y su lógica jerárquica.
Lo característico de dicho espacio recae en que no se conforma con proponer una forma
distinta de hacer radio, sino que también ofrece un espacio terapéutico innovador. Las
condiciones en las cuales se fundamenta el ambiente permite la construcción de lo que
Amarante y Olivera (2008) llamarían un “proyecto ético-terapéutico”. Y es que, no debemos
restarle importancia al hecho de que el entorno clínico-radial permite la consolidación de la
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autonomía y de la autoproducción subjetiva. Pues, en primer lugar, siguiendo el concepto de
transiciones ecológicas de Bronfenbrenner, las personas al asumir roles importantes y diversos
fomentan una serie de transformaciones personales que impulsan la autonomía y que permiten
distanciarse del rol estereotipado de enfermo mental” (Bianchi 2013). Y, por otra parte, según
señala Vingale (2011), para Foucault el diálogo con otras personas favorece el acceso a una
verdad personal, que posibilita el autoconocimiento y la transformación personal. Siendo
importantes estos aspectos para consolidar una praxis terapéutico-radial distinta, que se
distancie de las prácticas psiquiátricas tradicionales y las relaciones jerárquicas que impone,
potenciando además las capacidades de las personas locutoras.
Un poco sobre mi experiencia en Podemos Volar
Personalmente he tenido la oportunidad de conocer y trabajar en un entorno similar
llamado Podemos Volar, el cual también es un entorno terapéutico-radial. Este surge en Costa
Rica como una iniciativa estudiantil que buscaba trabajar con personas usuarias del Hospital
Nacional de Salud Mental, antiguamente llamado Hospital Nacional Psiquiátrico. El
movimiento ha seguido los pasos de la Radio Vilardevoz, con la intención de formar un espacio
que diste de las prácticas psiquiátricas y de politizar las experiencias vividas en los hospitales
psiquiátricos por medio de la expresión radiofónica. Cabe aclarar que, las grabaciones emitidas,
así como las relaciones generales que se llevan a cabo en el espacio, no siguen fines políticos
en todo caso, sino que la libre expresión es prioritaria, siendo el contenido de las grabaciones
de toda índole. De hecho, en la mayoría de los casos son temas sumamente amenos y
coloquiales (lo cual no quita el peso político que tiene el movimiento, tanto por el contenido
de las grabaciones que pueden llegar a ser “punzantes”, como por el diálogo que se entabla con
personas en cargos políticos y con todo tipo de profesionales). Por tales motivos, según me
parece, la propuesta tiene un componente político y otro lúdico, con lo cual pasar un tiempo
agradable y construir lazos sociales es tan importante como las labores políticas, cumpliendo
así con su carácter político-terapéutico.
Al día de hoy, el proyecto lleva más de 10 años funcionando a lo interno del Hospital
de Nacional de Salud Mental, aunque teniendo independencia del mismo. Conocí el entorno ya
que matriculé un Trabajo Comunal Universitario (TCU) de la Universidad de Costa Rica
(UCR), que se encarga de apoyar a Podemos Volar por medio de distintas labores que realizan
las personas estudiantes. Llevo casi un año de conocer el espacio, a las personas locutoras
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(personas que han estado internalizadas en el Hospital Nacional de la Salud Mental), personal
técnico y administrativo a cargo, así como a otros estudiantes universitarios que forman parte
de este TCU. A lo largo del tiempo he tenido la dicha de conocer un grupo de personas muy
especial. Además de raro. ¡Es un grupo muy raro, como ningún otro!, pues estas personas se
apoyaban mutuamente, muestran interés genuino los unos por los otros, se preocupaban
realmente por sus compañeros, disfrutan juntos, vacilan, se divierten; han compartido viajes,
comidas, historias, lágrimas, abrazos, risas… todo tipo de experiencias; todo con honestidad
desbordante y la intimidad y confianza que otorgan los años de compartir vidas en conjunto.
¡No he visto nada igual! Quizás por estos motivos y muchos otros que se me escapan, más de
un locutor concibe a Podemos Volar como una familia. Sin embargo, cabe decirlo, no sería
cualquier familia: más de una persona se encierra en el baño de su casa para que los integrantes
de su familia no se percaten de sus lágrimas y sufrimientos, muchos llevan años sin abrazar a
sus padres o hermanos, en muchas familias la mentira es más usual que la verdad, y podemos
añadir un gran etcétera. En mi opinión, las familias están llenas de represiones, sentimientos y
palabras no expresadas que buscan perpetuamente una salida, lo cual difiere en gran medida
con la honestidad e intimidad expresadas en Podemos Volar. En resumidas cuentas,
Podemos Volar me parece un encuentro rarísimo porque es algo que nunca he visto, y no es
una familia necesariamente, sino una comunidad.
Una entrevista, un relato
De mi experiencia en Podemos Volar comprendí que las personas locutoras, así como
los encargados del espacio, quienes se conocen desde hace muchos años, han formado un
espacio de mutuo apoyo. Percatarse de esto, así como que la comunidad es muy valiosa para
cada uno de los integrantes, no es algo difícil en absoluto. Sin embargo, quise conocer a mayor
profundidad los beneficios y significados que esta comunidad representa para sus integrantes.
Por este motivo, y albergando una inquietud que podría expresarse de la siguiente manera: ¿en
términos terapéuticos, es lo comunitario una alternativa viable al hospital psiquiátrico? Decidí
entrevistar a una persona locutora, para conocer sobre sus experiencias en el Hospital Nacional
Psiquiátrico (en ese momento así se llamaba) y en Podemos Volar. En lo siguiente expondré
algunas de las vivencias que me fueron relatadas. Por temas de confidencialidad, cuando
mencione a la persona entrevistada utilizaré el pseudónimo “Rebeca”.
En un inicio Rebeca me comenta que, la primera vez que ingresa internada en el
Hospital, ya era adulta y previamente no había experimentado malestares psicológicos de esa
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índole. Su malestar comenzó cuando sufrió una serie de “pérdidas”: dos proyectos de viajes al
exterior del país que ofrecían grandes promesas, algunas oportunidades relevantes en danza y
teatro (actividades muy importantes para Rebeca), una relación de pareja y un empleo. Tras
estas numerosas pérdidas sufridas en un tiempo muy breve (alrededor de un año) Rebeca
comienza a “tener ideas raras”, “hablar poco” y retraerse más en misma, hasta que entra
internada al Hospital.
Según comenta en su relato, cada una de las tres veces que ha salido del internamiento
tiene que “volver a empezar su vida” e incluso su propio hogar se vuelve un entorno extraño al
cual debe adaptarse. Aunque dice no saber con certeza las razones detrás de esto, considera que
puede deberse al encierro que el Hospital impone durante dos semanas. De tal manera que las
actividades, relaciones sociales y trabajos que estuviera realizando antes del internamiento se
verían interrumpidos drásticamente y deberían ser retomados (de ser posible) gradualmente
una vez que el Hospital le otorgue su salida.
Cuando le pregunté por los beneficios del internamiento no supo decirme ninguno. En
cambio comentó que no es un espacio ameno, ya que se encuentra rodeada de un grupo de
mujeres que están sufriendo notoriamente (gritando, llorando, etc.), mientras que no le
permiten salir y además puede sentir confusión al desconocer porqué razón se encuentra en ese
lugar. Cabe añadir que durante su instancia no tiene ningún contacto con el exterior, pues a las
mujeres no las dejan salir del pabellón, a diferencia de los hombres internalizados; además,
tampoco les permiten ver a sus familiares ni amistades, ni tan solo hablar con ellos por teléfono,
lo cual podría no hacer más que alimentar esa confusión expresada. De hecho, algo que Rebeca
menciona no comprender es por qué recomiendan socializar, hacer ejercicio y actividades, si
no les permiten salir del pabellón.
Al tomar su relato, no puedo considerar que el internamiento en el pabellón ofrezca un
sólo aspecto que podamos llamar benéfico. El “diurno”
4
, en cambio, ofrece una serie de
actividades que pueden resultar beneficiosas. A Rebeca, por ejemplo, una vez salida del
internamiento, le gustaba ir a los talleres de costura del diurno, donde iba alrededor de tres
veces por semana. Otro aspecto positivo o beneficioso del Hospital deduzco que son los
medicamentos que facilitan, pues Rebeca menciona no querer dejarlos e incluso tener miedo
de hacerlo y sufrir una recaída por ello. Si bien los medicamentos le ocasionan una serie de
4
Se le llama “hospital diurno” o “diurno” a los espacios y actividades lúdicas que ofrece el Hospital para
que las personas usuarias puedan ir cuando lo deseen (claro está, en caso de que no estén internalizadas).
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efectos secundarios, los cuales quisiera eliminar de ser posible, su prioridad es continuar con
el medicamento.
Por otra parte, cuando le consulto acerca de Podemos Volar me comenta que desde el
2012 se unió al proyecto. Apenas se enteró de la creación del programa radial quiso unirse con
gran deseo, aunque en un inicio tenía dudas de qué iba a decir, ya que en esos momentos no
solía hablar mucho (pues desde que comienza su “enfermedad” Rebeca se vuelve una persona
de pocas palabras y que responde de forma “muy cortante”). Sin embargo, según comenta, esto
ha ido cambiado con su participación en Podemos Volar. Hoy en día Rebeca es una persona de
muchas más palabras, aunque le gustaría hablar un poco más para conversar tanto como solía
antes de su enfermedad. Aparte de su mayor exposición al diálogo, aprecia mucho a las
personas que ha conocido y las amistades que se han construido a lo largo de los años en
Podemos Volar.
En mi opinión, Podemos Volar le ha ofrecido a Rebeca la posibilidad de establecer
vínculos sólidos en un espacio concreto, algo que el Hospital no pudo promover de manera tan
eficaz, ni siquiera en los talleres de costura a los que frecuentó por largo tiempo (pues, una vez
que Rebeca consiguió una pareja amorosa dejó de asistir al taller, pero sin embargo siguió
asistiendo a Podemos Volar). Además, según menciona en su relato, Podemos Volar facilitó
un entorno en el cuál pudo mejorar sus habilidades de sociabilidad (al hablar e interactuar más
con otras personas). Un aspecto que puede propiciar una serie de ventajas, tanto con respecto
a sus interacciones sociales en general, como a la hora de comenzar sus estudios universitarios,
practicar teatro y actividades de su agrado, o también en la búsqueda de empleo. Según
considero, la interacción y creación de vínculos en Podemos Volar le ha posibilitado una serie
de mejoras en distintos ámbitos de su vida personal; en este sentido posiblemente Rebeca
estaría de acuerdo conmigo, pues en su momento mencionó que el entablar relaciones sociales
en general le ha traído grandes beneficios personales y mejoras en relación a su enfermedad.
Me parece que la comunidad de Podemos Volar le ha traído grandes recompensas en términos
de calidad de vida, reflejando así el potencial terapéutico de este tipo de proyectos.
De vuelta al modelo comunitario de salud mental: críticas y reflexiones
movilizadoras
Ahora bien, sin descartar las experiencias relatadas, las cuales son de gran relevancia
para lo que viene, volvamos a reflexionar en torno a la propuesta de atención comunitaria en
salud mental. Hay dos aspectos de este modelo que me parecen cuestionables. En primer lugar,
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que se conciba la propuesta comunitaria únicamente como una reorganización sistemática de
la atención en salud mental. Las metas más elevadas del movimiento comunitario no pueden
reducirse a la aspiración de efectuar la atención en salud mental en hospitales generales y en la
atención primaria de salud. Si bien tal transformación produciría grandes avances con relación
a la democratización de los servicios en salud mental una meta muy importante de conseguir,
que quede claro, éste no puede ser el fin último del movimiento; si lo fuera, el modelo
comunitario no buscaría más que una reforma social y una reorganización burocrática de la
atención en salud mental.
Hay quienes puedan entender el modelo comunitario simplemente como una propuesta
distinta de atención en salud mental, que amerita para su materialización una serie de luchas
políticas por ejemplo, para conseguir mayores fondos públicos, pero que, a pesar de estas
luchas necesarias, el modelo comunitario puede funcionar en cualquier sistema político,
siempre y cuando reciba los fondos necesarios. Esta idea parece ser correcta, pero sólo
parcialmente, de forma momentánea, pues cuando el capitalismo vuelva a generar las crisis que
siempre ocasiona y no cesan de retornar de las maneras más variadas, los fondos necesarios
para el modelo comunitario serán recortados, así como sucede reiteradamente con las
instituciones públicas en general.
Pero el tema no es solamente que la propuesta comunitaria requiere de un sistema
“postcapitalista” para que su funcionamiento se pueda prolongar en el tiempo, sino que, si el
modelo comunitario no lucha por un orden social distinto, su preocupación por la salud mental
será además parcial y escueta.
Si reconocemos, como lo hacen Deleuze y Guattari (2004), que la esquizofrenia como
enfermedad es producida por mecanismos intrínsecos al sistema capitalista, entonces la lucha
por la salud mental debe velar por la transformación del sistema social (y no limitarse a la
reorganización institucional de la atención comunitaria). No obstante, debe ampliarse la
comprensión de los mecanismos económicos y sociales y sus influencias en el malestar mental
en general, más allá del campo de la psicosis; debemos entender cómo se relaciona la
inestabilidad laboral, las fluctuaciones del mercado, la pérdida contemporánea de sentido y
lazos sociales, entre otras tantas problemáticas sociales, con el malestar mental en su
generalidad (depresión, ansiedad, burn-out, etc.); en palabras de Fisher (2022), nos aguarda
una labor de “repolitizar el ámbito de la salud mental”. Así bien, si entendemos que los procesos
sociales, inseparables del funcionamiento general del capitalismo, son las fuentes desde donde
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surge el malestar humano, entonces cambiar esas condiciones sociales debería ser parte de un
modelo comunitario crítico y revolucionario.
Tengo claro que el modelo comunitario no es la totalidad del movimiento
revolucionario, sin embargo, puede ser una de las fuerzas que impulse el movimiento y la
construcción de una sociedad distinta. El intenso malestar mental experimentado en nuestra
época es una de las contradicciones que produce el capitalismo, entre otras tantas como el
aumento de la violencia patriarcal, la crisis ambiental, la explotación obrera, todas las cuales
se pueden articular en una lucha conjunta en contra del capitalismo. Por su parte, la propuesta
comunitaria tiene un componente que no está presente en toda agrupación que se moviliza en
contra del capital, y es que además de manifestarse en las calles, posibilita la transformación
del contexto social por otros medios, justamente al establecer una atención comunitaria,
generando lazos, vínculos y afectos colectivos. Y este es justamente el segundo punto al que
quiero llegar. Sin embargo, antes de ahondar en ello, cabe hacer una aclaración.
En el primer punto rescaté la importancia de no descuidar las condiciones estructurales
internas al sistema capitalista que generan malestar mental. Apoyándome en el supuesto de que
el modelo comunitario puede dejar esto de lado, al centrarse en una reorganización meramente
institucional de la atención mental en salud mental. Sin embargo, esto no es cierto, comencé la
argumentación partiendo de un supuesto teóricamente erróneo, pues como bien sabemos la
propuesta comunitaria no se reduce a la mera redistribución y reorganización de los recursos
de la institución psiquiátrica desplegando el personal especializado en salud mental a lo largo
del país y brindándoles labores rotativas, capacitando al personal para que puedan implementar
debidamente la atención comunitaria, invirtiendo en bienes necesarios para el desplazamiento
continuo del personal; en suma, dispersando los recursos de la centralidad psiquiátrica hacia
las comunidades, sino que, el modelo comunitario también propone que la comunidad y las
personas que la conforman (aunque no sean profesionales en salud mental y, podría decirse,
especialmente si no lo son) tengan un rol fundamental en la atención comunitaria; de tal forma
que la propuesta no se limita a labores institucionales y burocráticas. Pero a nivel práctico
quizás tenga algo de razón, pues como menciona Aguilera et al. (2020), en el seguimiento que
hacen del modelo comunitario de salud mental ubicado en España, se refleja que una de las
principales limitaciones del modelo es la escasa participación social por parte de la comunidad.
Por ende, a nivel práctico la propuesta comunitaria puede reducirse a labores meramente
institucionales (debemos tener algo claro: que las labores se reorganicen, los fondos se
redistribuyan y los muros se eliminen, no significa que lo institucional ha muerto).
Wimb lu, Rev. Estud. de Psicología UCR, 21(1) 2026 (Ene-Jun, publicación continua): 1-16
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Habiendo hecho tal aclaración, demos paso al segundo punto, el cual está íntimamente
relacionado con el primero. A mi parecer el modelo comunitario omite algo sustancial, habla
de la atención comunitaria y del papel de los integrantes de la comunidad, como si allá afuera
existiera de antemano una comunidad bondadosa unida por fuertes lazos afectivos y poseedora
de gran tiempo y espacio para la recreación y el cuido grupal. Habla como si la comunidad
existiera en absoluto, al menos con rasgos mucho menos pintorescos que los descritos. En
definitiva, omite la obviedad de que lo comunitario ha muerto, al menos en gran medida.
Según describe Engels (1971) de muy buena manera, la imposición de la monogamia,
la familia nuclear y la propiedad privada por parte del Estado, con la necesaria destrucción de
los lazos comunitarios que esto implica, son indispensables para el surgimiento del capitalismo.
La gens y su organización social, los sistemas parentales de alianza tan estudiados por la
antropología, caen derrumbados ante la nueva organización social basada en la propiedad
privada y la división de clases. Formando así familias pequeñas, desligadas de la comunidad,
familias de papá-mamá-hijo, las cuales son necesarias para la acumulación de las riquezas y su
prolongación en el tiempo mediante las herencias generacionales. En un mismo movimiento
surge el capitalismo y se destruyen las relaciones comunitarias… ¡Y este proceso comenzó
hace cientos de años! Entonces bien, tras tantos años del inicio de este proceso que aún se sigue
perpetuando, ¿qué ha quedado hoy en día de la comunidad, sino frágiles y fugaces recuerdos?
Debemos asumir que vivimos existencial y socialmente en un individualismo acérrimo.
Y con esto no busco tirar el modelo comunitario por la basura, de ninguna manera. ¡La
propuesta comunitaria es definitivamente una fuerza importante para combatir al capitalismo!
Con estos pensamientos apunto en dos direcciones: primero, eliminar la ingenuidad con la cual
se concibe ese ideal inexistente (las comunidades); y segundo, la construcción comunitaria
puede generar implicaciones relevantes tanto en el ámbito de la salud mental, como en lo
relativo a la transformación social. ¿Pero en qué sentido el modelo comunitario puede ofrecer
transformaciones importantes en las relaciones sociales?
Si la comunidad en la mayoría de los casos no existe, eso quiere decir que para la
realización del modelo comunitario es necesario una construcción comunitaria previa. Los
profesionales en salud mental que busquen adentrarse en las aguas del proyecto comunitario,
deberán enfrentarse a la difícil tarea de impulsar la construcción de comunidades si quieren que
el modelo sea viable en algún momento. En ese sentido, lo que se ha mencionado sobre los
proyectos radiales me parece esencial, puesto que son ejemplos de cómo comenzar a formar
comunidades. Esto no significa que se deban crear infinidad de programas radiales a lo largo
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del país. Podemos Volar y Radio Vilardevoz nos ofrecen un camino que puede replicarse en
los campos más variados: deportes, clubes de lectura, arte, música, limpieza ecológica,
voluntariados… Se pueden organizar y promover comunidades de numerosas índoles, e incluso
comunidades que no se centren en una sola actividad sino que realicen múltiples actividades.
Las fronteras y combinaciones son expansivas, las posibilidades infinitas. Y es justamente esta
creación de comunidades múltiples y dispersas que resulta transformadora, no sólo en relación
a la salud mental y quienes requieren atención, sino también en el sentido social más amplio
posible. Pues al construir comunidades cimentadas en una lógica horizontal, descentralizada y
que favorezca los lazos sociales y el surgimiento de la autonomía, así como vemos en las
comunidades radiales comentadas, es que se vuelve posible vivir bajo una lógica distinta a la
hegemónica y jerárquica de nuestra sociedad capitalista. Un modo de vida que se experimenta
tanto en el encierro psiquiátrico, como en las escuelas, los trabajos, las cárceles, y en definitiva
en cada rincón del capitalismo, incluso en los más recónditos.
Pero no quiero sonar engañoso, hablo de posibilidades infinitas cuando a su vez admito
que impulsar la construcción comunitaria es una labor de suma dificultad. Y es que nuestro
modo de existencia no es para menos... “Vivimos” encerrados en nuestro trabajo, en nuestra
casa y en nuestro cuartito, sin poder escapar del teléfono móvil ni de nuestras ideas personales,
por más sensatas o disparatadas que estas sean, encerrados en nuestro self empequeñecido,
individualizado, que se ha convertido en un objeto persecutorio del cual no podemos escapar y
que no nos permite ver más allá. La imposibilidad de imaginar otros horizontes, un mundo
distinto, seguramente se relaciona con nuestra incapacidad de ver qué hay por encima de
nuestra propia nariz. Con esto solo quiero dejar claro que la construcción comunitaria es de las
labores más difíciles que se puedan intentar hoy día. Sin embargo, también es cierto que me
parece de las metas más importantes, ya que la construcción de comunidades horizontales
puede romper con esos modos de existencia tan opresores que impone el capitalismo: la
explotación e inestabilidad laboral, una vida cada vez más solitaria, la eterna educación sin fin
alguno, etc. Todos estos males que empobrecen nuestra calidad de vida, quizás puedan ser
eliminados y sustituidos por otros modos de existencia, los cuales sean horizontales y
favorezcan la autonomía, el despliegue de nuestras potencialidades y el disfrute de la vida.
Conclusiones y recapitulación
A mi parecer, las propuestas radiales vistas, son ejemplos valiosos de cómo se puede
impulsar el modelo comunitario, de tal manera que éste pueda intentar superar sus dos aspectos
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internos que me han parecido problemáticos: que no busque una transformación de los modos
de existencia capitalistas, cayendo en el riesgo de conformarse con cambios meramente
burocráticos, y que también pase por alto la necesidad de construir comunidades. Los proyectos
radiales nos dan al menos un vistazo de cómo se puede ver una comunidad guiada por una
horizontalidad que potencia las capacidades humanas. Muestran una visión metodológica y
práctica que permite fomentar un modo de existencia comunitario distinto a los modos de
existencia hegemónicos y omnipresentes. No obstante, es claro que estas propuestas radiales
no muestran todo el camino a seguir, aún es necesario hacer indagaciones importantes en torno
a las condiciones que favorecen la construcción comunitaria y aquellas condiciones que la
imposibilitan. La meta final es formar un modelo comunitario que garantice una atención en
salud mental digna, comunitaria y universal; pero además, consolidar un movimiento que
impulse la construcción de dispositivos comunitarios que puedan vivir bajo modos de vida
alternativos. Buscando propiciar comunidades que se apoyen mutuamente, la formación de
relaciones horizontales, y todo aquello que posibilite la ruptura de tantas prácticas alienantes
impuestas por el sistema capitalista. Esta sería una propuesta que no concibe imposible la
creación de un mundo distinto, ni la formación de comunidades autónomas. En suma una
propuesta que no separa el malestar individual de las condiciones económicas y sociales a gran
escala.
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