Wimb lu, Rev. Estud. de Psicología UCR, 21(1) 2026 (Ene-Jun, publicación continua): 1-16
ISSN: 1659-2107 ISSNe: 2215-6712
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(personas que han estado internalizadas en el Hospital Nacional de la Salud Mental), personal
técnico y administrativo a cargo, así como a otros estudiantes universitarios que forman parte
de este TCU. A lo largo del tiempo he tenido la dicha de conocer un grupo de personas muy
especial. Además de raro. ¡Es un grupo muy raro, como ningún otro!, pues estas personas se
apoyaban mutuamente, muestran interés genuino los unos por los otros, se preocupaban
realmente por sus compañeros, disfrutan juntos, vacilan, se divierten; han compartido viajes,
comidas, historias, lágrimas, abrazos, risas… todo tipo de experiencias; todo con honestidad
desbordante y la intimidad y confianza que otorgan los años de compartir vidas en conjunto.
¡No he visto nada igual! Quizás por estos motivos y muchos otros que se me escapan, más de
un locutor concibe a Podemos Volar como una familia. Sin embargo, cabe decirlo, no sería
cualquier familia: más de una persona se encierra en el baño de su casa para que los integrantes
de su familia no se percaten de sus lágrimas y sufrimientos, muchos llevan años sin abrazar a
sus padres o hermanos, en muchas familias la mentira es más usual que la verdad, y podemos
añadir un gran etcétera. En mi opinión, las familias están llenas de represiones, sentimientos y
palabras no expresadas que buscan perpetuamente una salida, lo cual difiere en gran medida
con la honestidad e intimidad expresadas en Podemos Volar—. En resumidas cuentas,
Podemos Volar me parece un encuentro rarísimo porque es algo que nunca he visto, y no es
una familia necesariamente, sino una comunidad.
Una entrevista, un relato
De mi experiencia en Podemos Volar comprendí que las personas locutoras, así como
los encargados del espacio, quienes se conocen desde hace muchos años, han formado un
espacio de mutuo apoyo. Percatarse de esto, así como que la comunidad es muy valiosa para
cada uno de los integrantes, no es algo difícil en absoluto. Sin embargo, quise conocer a mayor
profundidad los beneficios y significados que esta comunidad representa para sus integrantes.
Por este motivo, y albergando una inquietud que podría expresarse de la siguiente manera: ¿en
términos terapéuticos, es lo comunitario una alternativa viable al hospital psiquiátrico? Decidí
entrevistar a una persona locutora, para conocer sobre sus experiencias en el Hospital Nacional
Psiquiátrico (en ese momento así se llamaba) y en Podemos Volar. En lo siguiente expondré
algunas de las vivencias que me fueron relatadas. Por temas de confidencialidad, cuando
mencione a la persona entrevistada utilizaré el pseudónimo “Rebeca”.
En un inicio Rebeca me comenta que, la primera vez que ingresa internada en el
Hospital, ya era adulta y previamente no había experimentado malestares psicológicos de esa