Resumen

El artículo constata una creciente pérdida de influencia de los intelectuales en la esfera pública, atribuyendo en parte el desprestigio de la figura del “maestro” a las biografías cambiantes de no pocos de ellos a lo largo del pasado y muy conflictivo siglo XX pero, sobre todo, al desprestigio de los historicismos a los que muchos de ellos sirvieron. Se argumenta que estos historicismos fallidos a los que tantos recursos, tiempo y, sobre todo, vidas humanas se sacrificaron probablemente estén siendo sustituidos por nuevos “historicismos menores” tales como los nacionalismos identitarios. Se propone, siguiendo a Karl Popper el recurso a una ingeniería social basada en el método científico de ensayo-error que solo permiten las organizaciones realmente democráticas y, por último, se argumenta en favor de la benevolencia como valor laico y no partidista de moderación de los posible excesos en aras de la eficacia en los que dicha ingeniería social puede incurrir.