Mediante la experiencia de los ancestros: viviendo a salvo de la amenaza del agua en el sitio arqueológico Las Flores, Caribe Central de Costa Rica

Through the experience of ancestors: living safe from the threat of water at the Las Flores archaeological site, Central Caribbean of Costa Rica

 

Ricardo Vázquez Leiva

Consultor privado

San José, San José, Costa Rica

vazquezric@gmail.com

https://orcid.org/0009-0000-6474-4939

 

Cleria Ruiz Torres

Departamento de Protección del Patrimonio Cultural

Museo Nacional de Costa Rica, Pavas, San José, Costa Rica

cruiz@museocostarica.go.cr

https://orcid.org/0009-0000-1823-6730

 

Tatiana Hidalgo Orozco

Consultora privada

San José, San José, Costa Rica

tatianahidalgo@gmail.com

https://orcid.org/0009-0008-5417-6921

 

Cómo citar:

Vázquez, Ricardo, Cleria Ruiz, y Tatiana Hidalgo. 2025. «Mediante la experiencia de los ancestros: viviendo a salvo de la amenaza del agua en el sitio arqueológico Las Flores, Caribe Central de Costa Rica». Revista Reflexiones. Dossier Especial. 104. DOI 10.15517/rr.v104i1.63481

 

 

 

 

 

 

Resumen

 

Introducción: La investigación arqueológica reveló un sitio que se ha mantenido a salvo de la vulnerabilidad por sobrecargas del agua en un entorno de alta geodinámica. Este caso aporta perspectiva sobre la valoración del riesgo, con referencia a asentamientos ancestrales.

Objetivo: Evaluar la trayectoria de 2300 años en un sitio arqueológico con evidencia arquitectónica, como ejemplo de resiliencia dentro de un mega abanico aluvial en interacción con otro asentamiento vecino y la comunicación fluvial.

Metodología: Se utilizó un reporte previo como guía acerca de la cronología cerámica, así como planimetría, análisis geoespacial y arquitectónico en la caracterización del sitio y su relación con el entorno. Además, los relatos de personas informantes permiten recontextualizar significativos artefactos.

Resultados: Datos cerámicos y arquitectónicos dan indicios para datar en el rango 600-900 d.C. la aldea arquitectónica bajo estudio. A pesar de la proximidad a ríos con fases de altos incrementos en sus caudales, el sitio no presenta efectos invasivos de riadas ni avalanchas aluvionales. El transporte por canotaje habría tenido alta importancia, en lógica con el diseño arquitectónico que es atribuible a gobernanza cacical. Los artefactos recontextualizados corresponden a instrumental bélico y un monolito que sugiere la noción sobre las esferas pétreas del sur costarricense.

Conclusión: Para valorar la vulnerabilidad por efectos de impactos ambientales, las sociedades tradicionales utilizaron indicios ancestrales en torno a la apropiación de lugares seguros. Al respecto, la toma de decisiones está amparada a tradición oral y vestigios del pasado. Esta disposición práctica da sentido metodológico a la gestión del riesgo ambiental inclusive en el presente.

Palabras clave: Monolito esferoide, Diseño arquitectónico, Cacicazgos, Instrumentos bélicos, Navegación fluvial.

 

Abstract

 

Introduction: Archeological research revealed a site that has remained safe of the vulnerability exert by water overloads in a highly geodynamic environment. This case provides a perspective for risk assessment, in reference to ancestral settlements.

Objective: To assess a 2300-year trajectory in an archaeological site that includes architectural structures, as an example on resilience within a mega alluvial fan in interaction with a neighboring settlement and riverine communication.

Methodology: A reference report was used as guidance on ceramic chronology, also planimetric drawing, geospatial and architectural analyses served for characterizing the site and its adjustment to the natural surroundings. In addition, informants' accounts allow significant artifacts to be recontextualized.

Results: Ceramic and architectural data indicate 600-900 A.D. as age range for dating the architectural village under study. In spite of close proximity to rivers with high flow rates, the site does not present invasive effects of floods or alluvial avalanches. Fluvial transportation by canoeing should have had high importance, in congruence with the construction design of the settlement that is attributable to chiefly governance. The recontextualized artifacts correspond to war instruments and a monolith that suggests a notion on stone spheres of the Costa Rican south.

Conclusion: To assess vulnerability to environmental impacts, traditional societies used ancestral clues regarding the appropriation of safe places. About it, decision making would be based on oral tradition and vestiges of the past. This practical mind set provides methodological application for environmental risk assessment even in present times.

Key words: Spheroid monolith, Architectural design, Chiefdoms, War instruments, Fluvial navigation.

 

 

Introducción

           

El estudio de los impactos ambientales enseña que no hay escape garantizado a la vulnerabilidad. Al respecto, lo cauto es considerar los niveles de riesgo mediante la toma de decisiones individuales, comunitarias y gubernamentales (Mora 2022). En ese proceso, la evidencia arqueológica de emplazamientos seguros viene a significar un medidor importante de ser analizado. El trabajo arqueológico revela ejemplos de catástrofes acaecidas en trayectorias milenarias que atacaron algunas veces de manera repentina. Puede haber, no obstante, alertas y eventos previos perceptibles en la estratigrafía. Por otra parte, la investigación del pasado da la posibilidad de valorar plazos en los cuales poblaciones humanas han vivido a salvo en la vulnerabilidad. Así también, reocupaciones como en la historia antigua de Costa Rica, al respecto de impactos por volcanismo (Sheets y McKee 1994; Vázquez y Sheets 2024).

            El poblamiento en vulnerabilidad tiene ejemplos en hábitats inestables, con alta dinámica transformativa. Media en ello lo que las disciplinas académicas catalogarían como lecturas estratégicas. En sociedades tradicionales, la ponderación del riesgo se entendería como lecciones aprendidas de los ancestros que llevan a la apropiación de lugares seguros. Para la teoría antropológica, la apropiación permite legitimar símbolos en el afianzamiento religioso, político y gobernativo, como es el caso entre los cacicazgos (Earle 1987, 1991). A ese respecto, coadyuva el asentamiento en lugares donde exista tradiciones orales y vestigios materiales de generaciones pasadas, lo cual aplica en la gestión del riesgo.

            En el presente artículo, los aspectos antes dichos son considerados en relación con el sitio arqueológico Las Flores del Caribe Central de Costa Rica. Las Flores pone en relieve la adaptación humana al entorno del Mega Abanico Aluvial Santa Clara, cuya dinámica geodinámica ha registrado transformaciones del paisaje indexadas como de alta severidad a escala mundial (Galve et al. 2016). Dicho sistema geológico tiene expresión en inmediates al sitio Las Flores por el riesgo de riadas y avalanchas aluvionales, con dramáticas reconfiguraciones de los cauces fluviales (Acevedo 2006). Empero, el registro arqueológico rinde testimonio de que el sitio ha salido ileso, a salvo en la vulnerabilidad.

            La lectura arqueológica discierne el arreglo arquitectónico de Las Flores in situ y sin alteraciones geodinámicas, en terreno llano con poca separación de altura respecto a los cauces fluviales. Complementariamente, se trae a colación aspectos de la infraestructura caminera del sitio Nuevo Corinto, situado a 2,5 km de Las Flores (Salgado et al. 2021). Los diseños arquitectónicos, en cuanto a las orientaciones de accesos para uso pedestre, brindan significancia a la comunicación por ríos. El factor fluvial implicaría una forma de interacción entre los dos asentamientos, con coincidencia cronológica en varios periodos y, en ello, el segmento de tiempo cuando operaron como aldeas arquitectónicas, dentro del marco atribuible a la gobernanza cacical. El análisis de la configuración del yacimiento Las Flores deja en evidencia aspectos de la organización funcional del poblado, lo cual es trascendente en el desciframiento de actividades y la diferenciación social en el contexto aldeano.

 

Ubicación del sitio Las Flores

            Las Flores, clave L-143 LF según el Departamento de Antropología e Historia (DAH) del Museo Nacional de Costa Rica (MNCR), tiene un punto céntrico en la coordenada geográfica 10° 14’ 05.27” latitud norte / 83° 51’ 57.17” longitud oeste, equivalente a 514692.63 / 1131715.29 en el sistema CRTM-05, a 172 msnm. A este yacimiento, se accede por la Ruta Nacional 32, hasta el poblado de La Unión y luego 2 km al norte, distrito Guápiles. Las estructuras precolombinas ocupan una hectárea dentro de la Finca La Primavera. Adicionalmente, en la finca y su periferia sur tienen lugar otras zonas con depósitos arqueológicos.

            La finca está dedicada principalmente a la crianza de ganado vacuno y lechero, así como cultivos forestales. En el área de las construcciones precolombinas coinciden casas habitadas, corrales y patios modernos. El relieve es llano, con una escarpa no muy alta que baja al cauce de la quebrada Flores. Este arroyo discurre por el costado oeste del sitio, desembocando luego de 200 m en el río Corinto, cerca de la convergencia con el caudaloso y trenzado río Chirripó Norte.

            El estrato superior de suelo es húmico y no sobrepasa los 30 cm de grosor, le subyace tierra arcillosa. La poca cubierta edáfica de los últimos milenios de la Era Precolombina permite el explícito reconocimiento de rasgos arquitectónicos, los cuales están in situ en todas las estructuras, pero afectados por el huaquerismo y la actividad agropecuaria. Durante el trabajo de levantamiento planimétrico se observó alteraciones de décadas atrás, pero sin huaquerismo reciente.

 

Dinámica geológica

            La región donde está ubicado el sitio Las Flores tiene en su entorno huellas del Mega Abanico Aluvial Santa Clara (Acevedo 2016; Galve et al. 2016; Galve et al. 2022). En esta unidad geomórfica, diversas fuerzas han generado transformaciones por riadas con potente energía en los drenajes fluviales, y empuje gravitatorio desde los macizos volcánicos Irazú y Barva (Alvarado et al. 2021). Materiales de esa procedencia han sufrido desestabilización a causa de factores en buena parte endógenos, tal como, actividad volcánica, sismicidad local y precipitación lluviosa, entre varios otros. El ámbito de los efectos es geográficamente amplio.

            Los ríos Chirripó Norte y Corinto, cercanos a los yacimientos arqueológicos discutidos aquí, están implicados y son expresión de dicho sistema geodinámico. Los estudios geológicos distinguen cambios dramáticos en el encausamiento de dichos ríos, consignados en la cartografía de los últimos 300 años (Galve et al. 2016). De manera que el dinamismo tiene actuación en lapsos que tendrían incidencia sobre las ocupaciones humanas. Las fuentes bibliográficas relativas al mega abanico hacen hincapié en el alto riesgo de impactos negativos para los asentamientos y las prácticas económicas.

            En dicho panorama encuentra interés e importancia descifrar, sobre bases materiales, la resiliencia de emplazamientos indígenas en perspectiva diacrónica. Esta senda analítica ya ha sido recorrida por una investigación previa, desde la geoarqueología, en relación con el sitio Nuevo Corinto, ubicado 2,5 km al suroeste de Las Flores (Acevedo 2016). En el presente escrito, la documentación planimétrica da criterio para apreciar el buen estado de ese último yacimiento, explicado por la no ocurrencia de impactos sobre la evidencia arqueológica por riadas erosivas, avalanchas aluvionales y cambios en el trazado de cauces fluviales, pese a la aparente vulnerabilidad del sitio Las Flores.

 

 

Antecedentes recientes

           

El sitio fue objeto de un primer estudio evaluativo en el 2005, con motivo del montaje de una línea de transmisión eléctrica que atravesó la Finca La Primavera. Excavaciones de sondeo en las posiciones de dos torres evidenciaron sectores con cerámica de varios periodos. La evaluación interpretó depósitos derivados de actividad funeraria y habitacional, respectivamente en cada sector (Acuña, Alvarado y Solano 2005). El juicio cronológico del presente artículo toma como base dicho estudio.

            En días de febrero y marzo del 2006 se levantó el dibujo planimétrico de la Figura 1, en una investigación sobre sitios arquitectónicos del Caribe Central costarricense (Vázquez 2006). Conversaciones con el propietario de la Finca La Primavera y su señora madre dieron información atinente a la condición del emplazamiento precolombino desde mediados del siglo XX.

 

Referencia a La Unión Norte

            El dueño y su madre mencionaron la visita de una norteamericana interesada en el sitio arqueológico, cuando corría la segunda mitad de los 1950. Es presumible que haya sido la Dra. Doris Z. Stone, con base en el tiempo al que se remonta la memoria del caso. Según el relato, la visitante percibió artefactos en el terreno y tomó fotografías de las estructuras antiguas.

            Stone (1966) concibe el símil de Línea Vieja como ‘emporio’ de la arqueología costarricense, aludiendo la variedad en artefactos, entre ellos alfarería local e importada, lapidaria en piedras finas y jadeita, orfebrería, escultórica e inclusive esferas de piedra. La mayor parte de esa gama ha sido documentada en estudios arqueológicos, no así las esferas pétreas. La autora consigna el apelativo de La Unión Norte, relacionable al poblado de La Unión hoy sobre la Ruta 32, con antecedente en una efímera estación ferroviaria (Stewart 1964). El yacimiento Las Flores está ubicado directamente al norte de dicho poblado.

            En palabras de los informantes, el sitio Las Flores sufrió huaquerismo desde los 1950. A la sazón, excavar para la búsqueda de antigüedades indígenas había llegado a ser un comportamiento habitual. A pesar de que, desde 1938, existía legislación protectora sobre los bienes precolombinos. Ya funcionaba un encadenamiento desde lo local a lo regional, con compradores y coleccionistas en el centro del país, y clientela internacional. Los informantes indicaron que muchos de los artefactos extraídos en la Finca La Primavera llegaron a manos de un coleccionista principal.

 

Amplitud geoespacial y cronología arqueológica

            La amplitud geoespacial otorgada al sitio Las Flores involucra dos extensas zonas al norte y noreste del complejo arquitectónico, con depresiones y lomillos en el terreno como huellas de huaqueo (Figura 1). Ambas zonas recibieron evaluación arqueológica vinculada al plan del tendido eléctrico (Acuña, Alvarado y Solano 2005) La primera zona registra 130 m de noreste a suroeste, con una hectárea de superficie. Ahí, la excavación en la base de la torre 26 había rendido restos arqueológicos en matriz alterada del suelo. Al este de dicho ámbito se encuentra otro espacio de casi igual tamaño, también con restos cerámicos y líticos, que a partir del estudio exploratorio ligado a la torre 27 fue interpretado como un gran foco de actividad habitacional del pasado.

            Las excavaciones de sondeo no llegaron a reconocer rasgos culturales, ya sea funerarios o domésticos en los espacios evaluados (Acuña, Alvarado y Solano 2005). Empero, de acuerdo con los dos muestreos la gran zona posiblemente habitacional, al noreste de las estructuras arquitectónicas, rindió alfarería asignada al segmento tardío del Período IV, rango 300 a.C.-300 d.C. Por otro lado, la alfarería en el amplio cementerio norte brinda registro del Período V (300-1000 d.C.) y en menor proporción del VI (1000-1550 d.C.), con representatividad estilística de los complejos cerámicos El Bosque, La Selva y La Cabaña (Snarskis 1978, 1982).

Figura 1. Planimetría del sitio Las Flores con los rasgos arquitectónicos, artefactos pétreos, espacios con pedacería precolombina y paisaje actual en la Finca La Primavera y alrededores.

Fuente: Levantamiento Ricardo Vázquez, dibujo digital Harry Massey, archivo DAH-MNCR.

 

            Como indicio cronológico, el propietario del terreno señaló la ausencia de piedra laja en su finca, al referirse tanto a los huecos de huaqueo como en asociación a la arquitectura. Esta acotación coincide con las observaciones que fundamentan este artículo. Sepulturas del tipo ‘tumba de cajón’, tapadas con laja, representan un estilo funerario conocido para el Periodo VI en varios territorios del país (véase Vázquez 1982). Al respecto, entonces, la ocupación del sitio Las Flores posterior al 1000 a.C. debió ser de corta duración y con poca actividad funeraria.

            Evidencia adicional la constituye cuatro configuraciones tipo ‘rodela’ en varios lugares del casco arquitectónico, bajo las identificaciones R13, R14, R15 y R16. A pesar del expolio en tres de ellos, esos rasgos se muestran como pequeños túmulos de cantos rodados con contorno circular y mampostería bien acomodada. Son, hipotéticamente, cubiertas que habrían servido para tapar fosas funerarias o quizá depósitos rituales. Rasgos con estas características han sido registrados en diferentes dominios geográficos de Costa Rica, particularmente en el noroeste y el Caribe Central, con asociación de cerámica del Período V (Guerrero y Solís 1994; Guerrero, Solís y Vázquez 1994; Ryder 1986; Vázquez 2006).

            Un espacio en la parte más al sur del área cartografiada, fuera de la Finca La Primavera, presentó pedacería cerámica asignable al segmento tardío del Periodo IV (Figura 1). Podría haber cantos rodados como parte del depósito; pero el uso de piedra como lastre en la calle municipal confunde la lectura arqueológica. Esta zona parece constituir un foco de ocupación coetáneo al documentado en la parte noreste del sitio Las Flores.

 

Basamentos, plazas y demarcaciones en el talud de la quebrada

            Según muestra la Figura 2, la arquitectura del sitio Las Flores se observa organizada in situ, sin impactos o cicatrices de procesos aluviales. La Tabla 1 consigna el inventario de los rasgos, con tipología morfológica y datos de tamaño. Se distinguen cuatro basamentos circulares con muros de canto rodado y rellenos de tierra, indexados como: R1, R3, R4 y R19. Además, el conjunto infraestructural incluye las hileras semicirculares R6 y R18, también formadas por piedra de río. El basamento R1 mide 25 m de diámetro, en posición de privilegio siendo el más prominente con 1,5 m de elevación, o inclusive más en un paramento de su lado sur. Varias características señalan su importancia. Al respecto, el centro geométrico del R1 está alineado, en sentido noroeste, con la vía de acceso principal al complejo arquitectónico. Además, desde el costado este del basamento se proyecta, al noreste, la otra vía advertida en el sitio, a saber, una extensa pero estrecha acera empedrada. Cabe indicar la presencia de rampas angostas y cortas adosadas a algunos de los basamentos, sin evidencias de escalinatas.

            Al costado noroeste de la plataforma R1 se encuentra una plaza circular inventariada como R5, cuyo diámetro es de 30 m. Está confinada por el R1 y el basamento contiguo R4, también protagónico en el arreglo del sitio con 17 m de diámetro y 50 cm de altura. En los lados restantes, a la plaza la lindan tres muros curvos de 3 m de ancho, cada cual con diferentes longitudes. Dicha disposición deja cinco aberturas de la manera siguiente: tres entre los muros segmentados, un corredor entre los basamentos R1 y R4, más el ancho acceso noroeste.

            Los basamentos restantes, R3 y R19, se localizan en la parte sur del complejo arquitectónico. El R19 fue perturbado por las construcciones de un corral y del camino público. Ese basamento pudo medir 25 m de diámetro y 1 m de altura. Por otra parte, el R3 se halla 20 m al noroeste del anterior, destacando 1 m sobre la superficie natural en buen estado de conservación y con 25 m de diámetro. Tiene una rampa de 4 x 2 m, al sureste en dirección que mira a la plataforma R19. La integridad tanto del R3 como de sus predios perimetrales, vislumbra alto potencial para la excavación arqueológica.

Figura 2. Vistas de rasgos arquitectónicos a) desde el acceso noroeste hacia la quebrada Las Flores, b) la acera noreste hacia el R1 y c) plaza circular R2 en vista cenital, sitio Las Flores.

Fuente: Fotografías Tatiana Hidalgo y Ricardo Vázquez.

Tabla 1: Rasgos arquitectónicos con tipología configurativa y dimensiones, según observación de superficie en el sitio Las Flores

   Fuente: Vázquez 2006

 

            Una distancia de 100 m separa el R3 del basamento principal R1. Entre ambos yace la plaza circular R2 con 30 m de diámetro. Tres muros de 3 m de ancho confinan de manera segmentada el perímetro de dicha plaza, lo cual deja dos aberturas de 5 m al sur y noroeste, así como otra entrada de 2 m al noreste. Se notan huecos de huaquero en los extremos de los muros y al pie de ellos por la parte interna de la plaza. Estas excavaciones quizá fueron motivadas por la presencia de esculturas a los lados de las entradas, en correlación con lo registrado en otros complejos arquitectónicos del Caribe Central (Hartman 1901; Skinner 1926; Vázquez 2006; Vázquez et al. 2022). La abertura sur mira a la plataforma R3, mientras que la entrada más angosta apunta en sentido noreste hacia donde yacen las hileras curvas de retención R6 y R18; mientras que la abertura noroeste se orienta hacia el patio R8.

            El R8 de 750 m2 contempla un empedrado angosto y un muro angular, en colindancia con el basamento R1 y la plaza R5. La casa de la finca está en el lado sur de ese espacio y una casa pequeña al lado este (Figura 1). El R8 da la impresión de ser otra plaza o quizá, más propiamente dicho, un patio. El empedrado angosto está casi al ras del suelo, lo que le da la apariencia de acera. Esa última configuración, denominada R7, muestra un remate rectangular en su extremo sur. Además, el R8 cuenta con un acceso a la quebrada Flores, mediante una abertura hecha por diseño.

            Demarcaciones de un tipo inédito en el registro del Caribe Central se hallan dispuestas en el borde superior del talud de la quebrada. Son ribetes pétreos que forman parte de la portada arquitectónica de Las Flores. Están integradas por filas de cantos rodados, cuyas longitudes alcanzaban 55 m aguas arriba y 30 m aguas abajo, con la designación R11 R12. Las demarcaciones mantenían un buen número de piedras in situ al momento de la planimetría. No califican como estructuras de retención, sino en la función de molduras decorativas.

            Entre una y otra fila demarcadora aparece colocado el R17, una escalinata que vence la escarpa en el umbral de acceso noroeste al sitio. Mediante el reconocimiento arqueológico, la escalinata pudo ser diferenciada con hechura pétrea, derruida pero reconocible. Resulta interesante que el talud de la quebrada sustrae visibilidad a la fachada de la aldea arquitectónica, estimulando el efecto de asombro al subir por la escalinata. Vale subrayar las condiciones reconocibles de la escalinata R17 junto a las demarcaciones R11 y R12, a margen del arroyo sin obliteración por el impacto erosivo del agua.

 

Accesos formalizados, petroglifos, morteros y plataformas

            El sitio Las Flores presenta dos vías formalizadas de acceso, una al noroeste, y, otra de mayor longitud, pero estrecha, dirigida hacia el noreste. Así, el arreglo de los ejes viales es angular con confluencia en el basamento principal R1. El acceso noroeste mide 55 m de longitud por 5 m de ancho, sin pavimento, con hileras laterales de cantos rodados. Se extiende desde la escarpa de la quebrada Flores, en la escalinata R17, hasta la plaza encerrada R5 que sirve de zócalo tanto al R1 como al R4. Constituye, por ende, la vía ancha en la portada del diseño estructural. Empero, su posible proyección en línea recta hacia el noroeste, a margen izquierda del arroyo, no dio indicios de huella caminera hasta donde fue posible percibir en la exploración de campo. La continuación sobre dicho rumbo implica el vadeo del río Corinto a 400 m, hasta alcanzar después de 900 m adicionales la ramificación de brazos del río Chirripó Norte.

            Por otra parte, la vía larga es una acera recta de piedra calzada, con 1,5 m de ancho y 750 m longitudinales a 60° al este del norte. Dado que la franja angosta de canto rodado aflora, resulta perceptible mediante seguimiento pedestre. En su extremo noreste hay dos rectángulos laterales de cantos rodados, con simple hechura sin pavimento interno. Conjeturalmente, esos marcadores pudieron ser maceteras de plantas llamativas, o haber servido para la ubicación de estatuas. El extremo noreste de la acera toca el perímetro del R1, lo cual sugiere que el rancho erigido en ese basamento estuvo dotado de un segundo ingreso, opuesto al que veía hacia la plaza R5.

            El propietario de la finca señaló una gran roca en el límite noroeste del sitio que advierte grabado inciso, con diseño curvilíneo. La roca yace en la terraza inundable de la quebrada Flores, a 20 m de la gradiente donde se colocó la demarcación R11 (Figura 1). Dicho petroglifo constituye la única manifestación rupestre observada in situ. Sin embargo, ocurrió el traslado a la casa de la finca de rocas que muestran grabados zoomorfos y antropomorfos; además, quedan visibles al visitar el sitio numerosos morteros en piedras de campo y cantos rodados. Una escultura antropomorfa, con piernas unidas en bloque, fue mencionada por el propietario como artefacto sacado del sitio en conjunto con el monolito esferoide, ambos yacentes en superficie.

            Otro tipo de configuración fue indexado como R9 y R10, en cercanía al umbral del acceso noroeste. Son plataformas de reconocible tamaño y elevación debido a hileras superpuestas de cantos rodados con relleno de tierra. El R9 es rectangular y aparece en posición paralela a dicho acceso vial; mientras que el R10 tiene contorno oblongo y orientación sesgada con respecto a dicha vialidad. Ambos rasgos aparecen afectados por huecos de huaqueo, pero no a grado de destrucción fuerte. La naturaleza funcional de esa clase de plataforma queda en vilo. No obstante, cabe plantear que sirvieran de pedestales para estatuaria, tal vez figuras antropomorfas. Sobre la integración de esculturas dentro del arreglo arquitectónico existe evidencia y menciones registradas en la región Línea Vieja (Hartman 1901; Vázquez 2006; Vázquez et al. 2022). La exposición escultórica otorgaría realce a los asentamientos, sirviendo para la remembranza de personajes. También cabría pensar en podios que pobladores del sitio ocuparon durante la recepción de visitantes.

 

Recontextualización de artefactos

            La gran área huaqueada en el sitio Las Flores da a entender que diversos artefactos fueron sacados de contexto para coleccionismo, llegando años después al menos en parte a resguardo del MNCR. Información del propietario de la Finca La Primavera especifica las características de ciertos artefactos, aportando además el nombre de un coleccionista que se halla en el registro del MNCR. La referencia oral señala dos tipos particulares de artefactos líticos que correlacionan con el registro museal y se ilustran en la Figura 3, a saber: ‘puñales’ y una gran ‘bola’. Según la oralidad, los implementos punzocortantes provienen de contextos funerarios, mientras que la roca esferoide yacía cerca del patio R8 (Figura 1).

Figura 3. Dos tipos de artefactos del sitio Las Flores recontextualizados a partir de oralidad y correlación con el registro museal: a) ‘puñales’ de piedra lasqueada adscritos a la gran área de cementerio y b) monolito oval originalmente en cercanía del patio R8.

Fuente: Fotografías Cleria Ruiz, repositorio del MNCR.

 

            Los artefactos tipo ‘puñal’ son de dacita, una roca ígnea que, al ser percutida, ofrece fractura concoidea. Tienen punta más empuñadura, con una gama de contornos (véase Figura 3a). La arista del extremo activo sería de utilidad para el combate bélico. Seis casos usados de ejemplo para el presente estudio registran promedios de 19 x 9 cm. La oralidad orienta a considerar que los ‘puñales’ estaban asociados con inhumaciones. Más aún, no es posible explicitar la antigüedad en correlación con alfarería. Menciones a artefactos análogos son infrecuentes en publicaciones relativas a la arqueología de Costa Rica (Snarskis 1981, 202; Stone 1966, 26-27). Sin embargo, el rango general de ocupación humana en Las Flores, mayormente dentro de la parte tardía del Periodo IV y el Periodo V, daría margen a la tecnología y estilística de los ‘puñales’.

            El monolito es ovalado con diámetros mayor y menor de 51 x 47 cm, para 154 cm de circunferencia máxima en roca ígnea de andesita. Su tridimensionalidad ovalada luce simétrica (Figura 3b). Muestra superficie compacta y lisa con coloración grisácea. Dicha textura se atribuye a erosión fluvial, de manera que el bloque en su condición natural fue trasladado para ser exhibido en el asentamiento antiguo.

            El propietario del terreno recordó la roca esferoide en disposición notoria, pocos metros al este del patio R8 en un espacio abierto e intermedio entre el basamento R1 y la gran plaza circular R2 (Figura 1). Dicha ubicación tiene cercanía a las casas de la Finca La Primavera, por ende, se valora como específica. La descontextualización del monolito pasó a mediados de los 1960 por un coleccionista, cuando la persona informante tuvo 10 años.

 

Comparación entre sitos cercanos, huella caminera y accesos fluviales

            El ámbito donde radica Las Flores adolece de prospección regional, esto es: realizada mediante indagación sistemática de reconocimiento pedestre. Dentro del nivel actual de conocimiento, otros dos yacimientos en proximidad a Las Flores (L-143 LF) han mostrado huella vial, a saber: Nuevo Corinto (L-722 NC) y La Manuda (L-130 LM). Gráfica geoespacial en la Figura 4 sirve para visualizar la distribución de rasgos arquitectónicos y camineros de Las Flores y Nuevo Corinto. El dato posicional de La Manuda en la Figura 4 aparece como un círculo, debido a la falta de planimetría. Dentro del Caribe Central, la construcción de obra vial precolombina ha sido registrada en articulación con sitios arquitectónicos (Acuña 1986; Salgado et al. 2009, 2021; Vázquez 2006; Vázquez y Chapdelaine 2008; Vázquez y Rosenswig 2017; Vázquez, Sánchez y Massey 2021; Vázquez et al. 2022).

            Para el yacimiento Nuevo Corinto, investigación multianual documentó un casco arquitectónico con diversas construcciones 2,5 km al noreste del sitio Las Flores, a 200 m.s.n.m., cuyas características de monumentalidad y diseño han sido adjudicadas a una aldea cacical (Salgado et al. 2021). Las edificaciones de Nuevo Corinto son más numerosas y nucleadas que las del sitio Las Flores. En ambos asentamientos antiguos, las construcciones perecederas están integradas por cantos rodados yuxtapuestos, complementadas con rellenos estructurales de tierra, e incluyen basamentos elevados y rasgos delimitadores de plazas, junto a accesos viales. Nuevo Corinto muestra dos vías de acceso en disposición axial, proyectadas hacia el suroeste y noreste desde el conglomerado de estructuras. Aunado a ello, la investigación reporta depósitos de múltiples periodos arqueológicos en superficie y en capas del suelo, dentro de una esfera geográfica holgada más allá del casco arquitectónico.

            La cerámica y datos isotópicos referencian ocupaciones en Nuevo Corinto de los periodos IV, V y VI, en el intervalo general 1500 a.C.-1550 d.C., y 600-900 d.C. como rango del alto desarrollo y ocupación de la infraestructura reconocible, intervalo ese último denominado Fase La Unión dentro del esquema propuesto para la historia local (Salgado et al. 2009, 2021). Así, la contemporaneidad con Las Flores aplicaría en varios componentes cronológicos, pero particularmente en dicha fase, cuando se instauran en ambos sitios asentamientos demostrativos con atributos de diseño residencial/asambleario.

Figura 4. Complejos arquitectónicos de los sitios Nuevo Corinto y Las Flores, y ubicación estimada del sitio La Manuda, con las vías camineras o accesos (flechas negras), sobre parte de la hoja topográfica Guápiles del IGNCR.

Fuente: Dibujo digital Tatiana Hidalgo y Yúnier Espinoza.

 

            Por otra parte, en el sitio La Manuda la valoración arqueológica realizada hasta la fecha ha conllevado solo reconocimiento de superficie. Se advirtió un segmento de calzada, con pavimento de canto rodado. En la visita inicial fueron fotografiados dos artefactos escultóricos, posteriormente removidos sin destino conocido. Las esculturas mostraban, por separado, rasgos antropomorfos femeninos y masculinos, y flanqueaban los lados del extremo más oriental de la vía empedrada. El registro de campo fue entregado al DAH-MNCR (Mónica Aguilar, comunicación personal).

            El sitio Nuevo Corinto tiene impronta vial en un hundimiento de 500 m longitudinales con azimut a 62° al este del norte, mayormente sin pavimento, pero con construcciones de cantos rodados complementarias al trazado (Salgado et al. 2009). Dicha huella conecta, en línea recta, la plaza del basamento principal del sitio con la margen izquierda del río Corinto. Se ha sugerido que la vía en cuestión pudo estar vigente desde tiempo anterior a la alta expresión de la obra arquitectónica; además, el planteamiento hipotético favorece la continuidad caminera a margen derecha del río en dirección al sitio Las Flores (Salgado et al. 2021). No obstante, el análisis desde la óptica geoarqueológica advierte transformaciones del paisaje, en la dinámica del Mega Abanico de Santa Clara, lo cual habría borrado al menos parcialmente la posible prolongación del trazo caminero (Acevedo 2016).

            A manera de ejercicio inferencial, la proyección del eje con 62° de azimut conduce a la proximidad de Las Flores, pero con alejamiento dentro de su periferia sur (Figura 4). En ese costado, la exploración y el levantamiento planimétrico reportados en el presente artículo no detectó huella caminera ni tampoco enlace arquitectónico que constatara un trazo vial. Además, los dos accesos formalizados en el diseño de Las Flores indican orientaciones por completo discordantes con dicha proyección hipotética desde Nuevo Corinto.

            En suma, no hay conexión manifiesta entre los ejes viales de Las Flores y Nuevo Corinto. Esto contrasta con la comunicación formalizada que han evidenciado varios cascos arquitectónicos del Caribe Central, mediante caminos construidos y linealidad de ejes, patente en las regiones de Línea Vieja y Guayabo de Turrialba (Vázquez 2006, 2014; Vázquez y Chapdelaine 2008; Vázquez y Rosenswig 2017; Vázquez, Sánchez y Massey 2021; Vázquez et al. 2022). Al respecto, se puede mencionar la manifestación de esos conceptos de diseño en arquitectura monumental de la vertiente Norte de Costa Rica (Vázquez, Guerrero y Sánchez 2005). También un caso detectado en Mansión de Nicoya (Vázquez 2023), así como hallazgos en Agua Caliente de Cartago, San Antonio de Escazú y Rincón de Salas, Alajuela, del territorio central costarricense (Artavia 2012; Peytrequín y Aguilar 2007; Solís, Herrera y Guerrero 2019).

 

 

Discusión

 

            Como parte de una trayectoria mayor, el yacimiento Las Flores ha evidenciado cerámica del Periodo V, particularmente de su segunda mitad entre 600 y 900 años d.C. (Acuña, Alvarado y Solano 2005). Según estudios en Costa Rica, ese rango cronológico es relacionable con el surgimiento de complejos con arquitectura sobresaliente (MNCR 2022; Salgado et al. 2021; Solís, Herrera y Guerrero 2019; Vázquez, Guerrero y Sánchez 2005; Vázquez 2023). La constante arqueológica es agrupaciones de basamentos predominantemente circulares de connotación residencial. Mayormente en el Caribe Central, plazas encerradas están integradas a accesos viales, lo cual sugiere visitación asamblearia. Para ese territorio, observaciones comparativas y planimetrías dan base para sugerir la antecedencia de plazas con muros curvos y circulares, respecto a posteriores encierros cuadrangulares (Vázquez 2006).

            En la dimensión de lo funerario, Las Flores no ha revelado restos de sepulturas tapadas con lajas, un patrón del Periodo VI ampliamente diseminado que operó entre los pueblos indígenas del Caribe Central y de otros territorios todavía en el siglo XVI d.C. (Acuña 1986; Hartman 1901; Vázquez 2014; Vargas 2011; Vázquez, Fallas y Jiménez 2015). Según la evidencia cerámica y los indicios funerarios, entonces, el trabajo constructivo en Las Flores es vinculable a la segunda parte del Período V. Ese desarrollo habría ocurrido en contemporaneidad con la fase de incremento infraestructural en el yacimiento vecino Nuevo Corinto (Salgado et al. 2009, 2021). Por otra parte, depósitos de restos fragmentarios al norte y sur del casco arquitectónico de Las Flores contienen cerámica con atributos estilísticos más antiguos, asociables a la parte tardía del Período IV, lo cual señala paralelismo en las trayectorias extensas de ambos sitios arqueológicos. La historia ocupacional de Nuevo Corinto sí tuvo como correlato tumbas de cajón y, por ende, prolongación en el Periodo VI. El expolio de esas sepulturas dejó pedacería de laja en el sitio (Mónica Aguilar, comunicación personal).

            Según la información disponible, la cronología del yacimiento Las Flores se cifra desde pocos siglos antes de la Era Común, con la posterior obra y ocupación del asentamiento arquitectónico estimativamente entre 600 y 900 d.C. Cabe decir que la restringida excavación controlada delató alfarería con atributos del Periodo VI, en el muy amplio y huaqueado cementerio al norte del complejo arquitectónico (Acuña, Alvarado y Solano 2005). Esa ocupación en el Periodo VI pudo ser breve, limitada a pocas inhumaciones y, por ende, con exiguo uso de laja en tumbas de cajón. La propuesta cronológica debe precisarse en futuros estudios del sitio Las Flores.

            El análisis de la configuración arquitectónica del yacimiento Las Flores da fundamento para deducir aspectos funcionales del poblado. Dos sectores conforman el diseño funcional del sitio relacionables con usos sociales de interacción externa e interna, a saber: 1) un conjunto de portada y 2) otro grupo de estructuras al costado sur del primer sector (Figura 1). El acceso mayor a la portada proviene del noroeste. La proyección en ese sentido, hacia el ámbito externo al sitio, tiene direccionamiento a un nodo fluvial, lo cual no brinda terreno despejado para uso pedestre (Figura 4). A la entrada al sitio por ese acceso formalizado, el mayor protagonismo arquitectónico lo habría tenido una pareja de basamentos atribuibles a ranchos residenciales, así también una plaza circular con atributos para uso asambleario como zócalo de los dos basamentos. Aportan a la fachada varios elementos, a saber: el ancho acceso, molduras en el talud de la quebrada, juntamente a una escalinata y plataformas alargadas. El realce residencial con un espacio asambleario evoca propósito demostrativo y funciones de manejo administrativo asociables a un fuero sociopolítico de jefatura cacical (véase Earle 1987, 1991).

            El patrón residencial/asambleario en el Caribe Central costarricense contempla vías formalizadas a los cascos arquitectónicos. Esta infraestructura de connotación demostrativa y control de acceso ha evidenciado presencia ubicua en asentamientos descollantes de la segunda parte del Periodo V y la mitad temprana del Periodo VI (Aguilar 1972; Alarcón 2019; Hurtado de Mendoza y Gómez 1987; Snarskis 1978; Vázquez 2006, 2014; Vázquez y Chapdelaine 2008; Vázquez, Latimer y Rosenswig 2013; Vázquez y Rosenswig 2017; Vázquez et al. 2021). El yacimiento Nuevo Corinto, a 2,5 km de Las Flores, advierte esa articulación con vías camineras manifiestamente precisadas que canalizaron la visita al sitio arquitectónico (Castillo 2014; Salgado et al. 2021).

            El sector adjunto de Las Flores aloja ostensibles rasgos configurativos, en específico: un patio, dos muros curvos, una plaza circular y dos basamentos elevados. La primera de esas configuraciones corresponde a un espacio poligonal, contiguo a los dos basamentos del sector protagónico que dan claros visos de principalidad residencial. El patio presenta una apertura hacia el arroyo, en un muro bajo estrechamente paralelo al cauce de la quebrada Las Flores. La integridad de ese pretil no refleja impactos fluviales. El espacio poligonal pudo haber funcionado a cielo abierto o techado. Por proximidad, es posible vislumbrar uso social del patio orientado a quienes ostentaban la principalidad en los basamentos de la portada. Sin embargo, no es soslayable considerar el patio como un espacio intermedio, con posibilidad de ingreso a discreción del liderazgo cacical, por las aperturas conectivas con la plaza del zócalo.

            Según la oralidad, cerca del patio antes mencionado en el sector sur o adjunto yacía un monolito esferoide, colocado a manera de monumento. Ese artefacto llegó a recaudo del MNCR. En tiempos prehispánicos, el monolito fue llevado a Las Flores desde la quebrada o los ríos cercanos. Su forma disiente muy poco de la esfericidad geométrica. Al respecto, viene al caso relacionar las esferas de piedra, propias del territorio Sur de Costa Rica y Chiriquí en Panamá. Estas esculturas, como representación iconográfica, gozaron de larga trayectoria en parte integradas a sitios arquitectónicos (Corrales 2016; Corrales y Badilla 2015; Quintanilla 2007). El significado de las esferas pétreas es materia de debate, sin ligamen consistente y explícito con información etnográfica. A nuestro entender, la representación estereotípica del plenilunio, como hipótesis, implica fuerte lógica fenomenológica e interpretativa con respecto a las esferas de piedra (Chapdelaine y Vázquez 2008; Quintanilla 2007).

            El sector adjunto presenta cuatro rasgos de posible naturaleza habitacional. Dos de ellos constituciones marcadas por hileras de cantos rodados en media luna, lo cual habría servido como contrafuerte para rellenos que, en solo lo suficiente, nivelaran plantas o pisos de recintos. Las otras dos configuraciones son de mayor amplitud y complejidad constructiva. La primera, un basamento elevado con 30 m de diámetro, que posee rampa de acceso y predios amplios a su alrededor, utilizables como patio. Según la estadística del Caribe Central, ese tamaño cae en el percentil más alto de circunferencia entre posibles ranchos residenciales (Gamboa 2016; Vázquez 2014; Vázquez y Rosenswig 2017; Vázquez et al. 2022). El segundo caso yace en el límite sur del complejo arquitectónico, donde la ubicación de un corral moderno impactó otro basamento elevado, con vestigios de considerable diámetro.

            En posición céntrica del sector adjunto figura una plaza circular con pretil de cantos rodados, tres aberturas y diámetro de 30 m, dimensionalmente equiparable a los grandes basamentos del Caribe Central. El pretil delimita un área interna con holgada capacidad asamblearia, tal vez para actividades internas del asentamiento. Al respecto, el diseño de la plaza es consistente con un fin integrativo, dado que la distribución de sus aberturas está orientada hacia los rasgos del sector de la manera siguiente: 1) patio, 2) hileras curvas y 3) basamentos elevados de la parte más sur del casco arquitectónico (Figura 1). Además, la equiparación dimensional antes dicha implicaría simbolismo de concordancia, entre espacios residenciales y comunitarios en los 30 m como diámetro arquetípico.

            La alteración del terreno visible al norte del complejo arquitectónico es mencionada por los informantes como efecto del huaquerismo en un extenso cementerio. El ámbito extensivamente saqueado cubre cerca de una hectárea, en disposición noreste-suroeste (Figura 1). Además, huecos de huaqueo focalizados en una zona entre la plaza/zócalo y la quebrada Flores, sugieren un conjunto funerario relacionable al fuero social jerárquico de la portada del sitio.

            El gran cementerio es llamativo por su amplitud y cercanía, por una parte, con el depósito temprano atribuido a actividad habitacional y, por otra, con el casco arquitectónico. Según la información cerámica, ese predio recibió defunciones principalmente en el Periodo V (Acuña, Alvarado y Solano 2005). Sin embargo, por su tamaño admitiría la posibilidad de enterramientos también del segmento tardío del Periodo IV. Ello al tomar en cuenta la antigüedad asignada a dicho depósito y otro de sincrónica temporalidad en la parte sur del sitio. Cabría pensar, entonces, en un ‘cementerio atávico’ con varios componentes cronológicos y, quizá, difuntos procedentes de una esfera geográfica mayor al sitio. En esta óptica, segmentos sociales que guerreaban habrían sido inhumados con instrumentos de combate como ‘puñales’ de piedra.

            Teoría antropológica pauta la apropiación de lugares con marcada historia local en la legitimación ideológica de jerarquías cacicales (Earle 1987, 1991). No sería de extrañar, por ende, el emplazamiento de arquitectura demostrativa en coincidencia o proximidad con asientos de ocupación ancestral y, en ello, ‘cementerios atávicos’ formados a través de múltiples periodos. Complementariamente, infraestructura erigida para poblados de personajes jerárquicamente distinguidos, como Las Flores, debió valorar opciones para la comunicación pedestre y fluvial, además de seguridad sobre fenómenos naturales.

            En el diseño del asentamiento Las Flores, las direccionalidades de los accesos formalizados apelan a la interpretación arqueológica, con sugestivo significado. El acceso ancho en la portada arquitectónica apunta al noroeste, hacia cursos fluviales que se reúnen en el nodo de los ríos Corinto y Chirripó Norte (Figura 4). Esta circunstancia geoespacial conlleva limitado sentido práctico a favor del desplazamiento pedestre. Más bien, la razón estratégica recaería en llegar a vías acuáticas, para la navegación con embarcaciones de remo, como cayucos y canoas. Caso contrario lo ofrece la calzada angosta del sitio, cuya orientación al noreste incursiona en terreno transitable por la locomoción pedestre e, inclusive, el eventual encuentro con el río Costa Rica.

            El transporte fluvial aprovecharía la inmediatez del sitio con la quebrada Flores, la cual a 600 m del yacimiento se une al río Corinto que, por su parte, a una distancia similar converge en el caudaloso Chirripó Norte. Dicha situación resulta conveniente para traslados mediante el Corinto, así como viajes extensos a lo largo del Chirripó Norte y tributarios. Así, la comunicación sería eficaz aguas arriba con el sitio Nuevo Corinto; donde la huella de un camino recorre 500 m desde la margen del Corinto en ubicación coincidente con una isla en el cauce, apta para arrimar embarcaciones. Esa vía caminera conduce, en línea recta, hacia un basamento descollante con una plaza anexa (Gamboa 2016). Ambos elementos son ilustrativos del patrón residencial/asambleario de aldeas cacicales del Caribe Central costarricense. La caminata habría conllevado un efecto de solemnidad y, asimismo, fungido como un recurso para la visitación controlada.

 

 

Conclusiones

 

            Condiciones patentes en la arquitectura in situ, sin alteraciones por riadas erosivas y, o avalanchas aluvionales, dan consistencia a la categorización del emplazamiento de Las Flores como lugar seguro; esto a pesar de la potencial vulnerabilidad por la geodinámica del Mega Abanico Aluvial Santa Clara (Galve et al. 2016, 2022). Desde la ocupación temprana, para asentamiento y cementerio, los habitantes del sitio escogieron terreno plano muy poco por encima del nivel de la quebrada Flores. El examen arqueológico concluye que ese arroyo mantuvo su cauce actual, al menos en los últimos 2300 años, sin que hayan acaecido impactos o afectaciones en el yacimiento arqueológico por los aportes, individuales o combinados, del río Corinto y el caudaloso Chirripó Norte.

            Datos cerámicos y atributos de la infraestructura precolombina orientan a pensar en 600- 900 d.C. como rango cronológico de la aldea arquitectónica del sitio Las Flores, cuya configuración permite diferenciar un conjunto de portada y otro sector adjunto. Es reveladora, por hallarse en primera línea de vulnerabilidad, la presencia in situ de demarcaciones pétreas y una escalinata en el talud de la quebrada Flores. En esa misma lógica deductiva, la integridad de un muro que se halla contiguo al arroyo, en un patio, confirma la ausencia de agresión fluvial.

            En el sector de la portada destacan una vía ancha de acceso, dos basamentos protagónicos y una plaza, todo ello en el arreglo residencial/asambleario emblemático del Caribe Central costarricense. Se deduce que ese diseño responde a la demostración de investidura cacical, con la condición necesaria para atender visitantes en actividades asamblearias de trasfondo ceremonial y administrativo. Los basamentos duales han sido analógicamente relacionados con referencias etnohistóricas, como cimientos de grandes ranchos: uno de uso hogareño y el contiguo para gobernanza de la jefatura (Snarskis 1978; Snarskis y Herra 1980). Esto último pudo estar arropado por ritualidad posiblemente chamánica (véase Aguilar 1965).

            El sector adjunto, en la parte sur del complejo arquitectónico de Las Flores, da indicios de actividad interna y variabilidad entre grupos corporativos del poblado. Tienen lugar en esa parte del sitio plantas de ranchos que, por su tamaño y construcción, implicarían diferencias sociales contemplando: 1) un estamento basal reflejado por retenciones curvas y 2) otro elitista advertido por el correlato de cimentaciones circulares, elevadas. Además, una plaza con pretil perimétrico y aberturas dirigidas hacia los demás rasgos del sector sugiere un espacio asambleario para la población local, involucrando los dos estamentos. En Las Flores, amplia dimensionalidad la tienen los ranchos de la portada, pero también dos basamentos elevados del sector adjunto, dándoles connotación elitista. Al respecto, entonces, la personería cacical no estuvo reflejada solo en el tamaño de los ranchos, sino mediante la ubicación protagónica y más demostrativa dentro del poblado.

            Las Flores guarda cercanía geográfica y coincidencia cronológica con el yacimiento monumental Nuevo Corinto, ambos en inmediatez a vías navegables. El factor fluvial fue de alta importancia para la comunicación en congruencia con los diseños arquitectónicos, inclusive para contactos entre las poblaciones de ambos asentamientos. Más específicamente, los accesos formalizados en las dos aldeas implican conexión con el muy extenso sistema hídrico del Chirripó Norte, abriendo un ámbito muy considerable de accesibilidad geográfica. En la gradiente topográfica de los dos yacimientos, dentro de la interfaz entre el piedemonte y la planicie aluvial, embarcaciones de remo tipo canoa y cayuco son efectivas, tanto aguas abajo como aguas arriba, esto de acuerdo con la experiencia de la navegación actual en ríos costarricenses y el Chirripó Norte en particular (Abel Vargas, comunicación personal).

            Para Nuevo Corinto, no ha sido demostrada la prolongación del camino noreste en articulación con el casco arquitectónico del sitio. Al respecto, se arguye el efecto erosivo de riadas y aluviones frente al sitio, a margen derecha del río Corinto (Acevedo 2016). La geodinámica no daría tanta congruencia a un camino formalizado hacia Las Flores, bajo circunstancias donde la comunicación fluvial es viable. El reconocimiento en ese último yacimiento y su periferia no advirtió huella de conexión con algún camino antiguo al costado sur de Las Flores, ni tampoco infraestructura receptora de la vialidad, como ha mostrado ser redundante en la arquitectura precolombina del Caribe Central incluso para el caso del sitio Nuevo Corinto (Salgado et al. 2021; Vázquez 2006).

            En virtud de la contemporaneidad con cercanía geográfica entre las aldeas arquitectónicas de Las Flores y Nuevo Corinto, cabe sugerir posibles modelos acerca del ligamen sociopolítico entre ambos poblados. En la arqueología del Caribe Central, las circunstancias de sincronía con proximidad han sido analizadas bajo dos marcos inferenciales. El primero, como parte de jerarquizaciones cacicales en niveles principales y subsidiaros de poder administrativo (Vázquez y Rosenswig 2017; Vázquez, Sánchez y Massey 2021). Considerando a ese respecto gradación expresada por monumentalidad aldeana y obras camineras, así como relaciones analógicas con fuentes escritas de los siglos XVI y XVII (Helms 1979; Ibarra 1990, 2015). Y, segundo, teorizando derivaciones en la evolución de linajes cacicales, donde centros residenciales/asamblearios con superior tamaño y energética constructiva surgen en proximidad a asentamientos arquitectónicos más discretos (Vázquez et al. 2022). Dentro de ambas perspectivas, el incremento arquitectónicamente demostrativo tendría correspondencia isomorfa con el poder sociopolítico.

            Considerando dicho planteamiento, la conclusión favorece el primero de los dos modelos con la principalidad de Nuevo Corinto por sobre Las Flores, donde prima la inferencia basada en dicho isomorfismo, esto consiste en mayor monumentalidad superior fuero. Sin embargo, la posibilidad de un desarrollo derivativo debe tomarse en cuenta a partir de mayores datos cronométricos para ambos yacimientos, con la proximidad geográfica de 2,5 km, así como la manifiesta ventaja en cuanto a comunicación fluvial.

            Para subsistir en vulnerabilidad media la lectura estratégica que en sociedades tradicionales se deriva de lecciones ancestrales sobre la apropiación de lugares seguros. Al respecto, la toma de decisiones está amparada a tradición oral y vestigios del pasado. Esta disposición práctica da sentido metodológico a la gestión del riesgo ambiental inclusive en el presente.

 

 

Agradecimientos

Cabe reconocer el trabajo de Harry Massey y Julio C. Sánchez, como asistentes de campo y en tareas de gabinete. Agradecemos a don Carlos Rodríguez la autorización de ingreso a la Finca La Primavera. A él y a su señora madre, doña Rosario Sánchez (q.e.p.d.), por amablemente compartir memorias de su historia familiar, insumo fundamental para el presente artículo. Gratitud a Mónica Aguilar de la Universidad de Costa Rica (UCR), quien compartió documentos escritos. A Jeffrey Peytrequín de la UCR y Marco Arce desde Museos del Banco Central por haber organizado la mesa “Relaciones humanas con el agua: pasado y presente” dentro del XIV Congreso Centroamericano de Antropología, Universidad de Panamá, donde rendimos ponencia conducente al presente artículo. Abel Vargas tuvo la gentileza de brindar criterio de su propia experiencia sobre navegación fluvial. Por último, destacamos las cordiales respuestas de Guillermo Alvarado y Benjamín Acevedo a preguntas de índole geológico.

 

Contribución de las personas autoras: Las tres personas coautoras son arqueólogos profesionales. Ricardo Vázquez mapeó el sitio Las Flores y redactó el informe técnico con la valoración inicial de la arquitectónica precolombina. Cleria Ruiz investigó el registro catalográfico del MNCR en aras de determinar artefactos que calificaron para la recontextualización, con referencia en la historia más reciente del yacimiento. Tatiana Hidalgo realizó el análisis geoespacial, según el cual se interpretó la relación de Las Flores con la hidrografía y otros sitios cercanos. La preparación de la ponencia como planteamiento seminal y el correspondiente manuscrito, junto al proceso de revisión del producto escrito y gráfico, fue labor colaborativa de las tres personas coautoras mediante reuniones estructuradas.

 

Apoyo financiero: Las acciones arqueológicas del año 2006 en el sitio Las Flores fueron secuela de un proyecto apoyado por el Premio Aportes edición 2004 de la empresa Florida, Ice & Farm. Dicha ayuda tuvo de complemento recursos operativos del MNCR que auspiciaron, además, visitas de seguimiento. Ricardo Vázquez fue arqueólogo de esa institución en el Departamento de Antropología e Historia hasta su jubilación en el año 2020. Otorgamos importante mención al Departamento de Protección del Patrimonio Cultural del MNCR. Varias de los componentes en trabajo de gabinete y acciones corroborativas de campo tuvieron el insumo de la gestión profesional desde la plataforma privada.

 

 

 

 

Referencias

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