Resumen

Había penuria, y ahora abundancia. Ninguna convención
internacional de envergadura, ninguna ley de orientación, deja de
mencionar los “grandes principios”; sobre estos principios hoy se
coincide más fácilmente que cuando fueron proclamados “en estado
bruto”, sin precisiones para guiar la interpretación, y haciendo pesar
sobre el juez el poder de interpretarlos. El ambiente y el urbanismo no
escapan a esta pasión, y el primero ha contribuido sólidamente a esta
ac-tividad creadora. El jurista, que tiene necesidad de pilares firmes, se
siente desconcertado ante tanta profusión de principios; entonces,
busca poner orden, extraer los orígenes con el fin de establecer entre
ellos una jerarquía y precisar su ámbito; quiere hacer clasificaciones,
misión que no es imposible, pero que parece vana porque el desorden
aparente es signo de libertad y de vitalidad en la promoción de los
principios, por lo que sería lamentable controlar demasiado.
La libertad, pues, será el tono adoptado para estas reflexiones,
necesariamente superficiales frente a un tema tan vasto; estas líneas
persiguen un solo propósito, rol al cual el jurista no puede escapar, cual
es extraer algunas ideas fuerza, colocar un poco en orden,
comparando, distinguiendo, acercando, con el fin de apreciar el lugar
que ocupan los principios “generales” o “fundamentales” –los calificaré
indistintamente– en el derecho del ambiente y en el del urbanismo.

Palabras clave: derecho del ambiente, derecho del urbanismo, urbanismo