Resumen

Es comprensible que los que vivimos imbuidos de una concepción espiritual de la vida nos angustie el ver que millones de individuos viven en la animalidad y en la indigencia mientras unos pocos -hablando comparativamente- se regodean en la superanimalidad y en la estulticia; pues no encontramos mejores palabras para calificar a estos últimos que avarientamente se afanan día y noche en atesorar riquezas -¿para qué?- con la mayor frialdad y cálculo y sin pensar ni siquiera por un instante, que el “capital” es uno de los elementos necesarios de la producción (el más importante es el trabajo organizado), pero puestos ambos al servicio de la felicidad humana. Porque no cabe quedarse exclusivamente en el plano de la especulación cuando nos referimos a estos temas ya que ellos inciden directamente en la vida cotidiana y afectan los más caros sentimientos del hombre que, fundamentalmente, es un “ser de esperanza" con la mirada vagando en el espacio en el deseo de descubrir cada noche la estrella de sus ensueños y su destino.