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Universidad de Costa Rica

Historial de la revista

Desde 1957, año de su creación, la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica ha publicado, sin interrupciones, artículos de gran calidad académica en todas las áreas de la filosofía. Actualmente la Revista publica tres números al año, cuatrimestralmente.

 

 

Dos palabras sobre la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica

 Por: Don Rodrigo Facio, Ex rector de la Universidad de Costa Rica

 

Simbólica me parece la aparición de la Revista de Filosofía en los días en que se abren a la juventud costarricense, las puertas de la nueva Facultad de Ciencias y Letras de nuestra Universidad. Porque la nueva Facultad tiene como propósito de su Departamento de Estudios Generales, a la par de otros no menos ambiciosos, darle al estudiante una visión general del mundo, de la vida, de la cultura y enseñarle cómo, para alcanzar el conocimiento de las corsas,se requiere precisión conceptual y metodológica, rigor intelectual. Y es en este sentido, entonces, profundamente filosófica su tarea, ya que la Filosofía se plantea el conocimiento de lo general, de lo universal, y se lo plantea por los senderos del ejercicio de la razón.

 

Por otro lado, la inclusión de los Estudios Generales en los programas universitarios, la reacción contra las especializaciones prematuras, el afán de integración de los conocimientos particulares, la búsqueda de una posición humanistica y espiritual para incorporar en ello lo puramente funcional o pragmático, todo ello, en cierta forma, responde al renacimiento -si así se nos permite llamarlo- de la Filosofía y al reconocimiento cada vez más explícito de su necesidad y su importancia como fundamento y remate de todo quehacer cientifico, después de aquella etapa de proscripción de la disciplina filosófica que algún autor caracteriza como de "terrorismo de los laboratorios". 

 

La faena de formación humana y académica que emprenderá en breve la Facultad de Ciencias y Letras tendrá, pues, indiscutible rango filosófico: tendrá por finalidad -propuesta al menos- la de preparar al joven en la "profesión de hombre", antes de que otras entidades universitarias comiencen a prepararlo para las profesiones especiales. La de enseñarle a conocerse a sí mismo como ser de alma, carne y hueso, con necesidades espirituales y materiales, con historia y con futuro, circundado por un mundo material biológico y social que al tiempo le impone limitaciones y le ofrece oportunidades y derechos. La de mostrarle su radical dimensión individual en cuanto tiene que labrarse por sí y libremente su destino, y en cuanto es acreedor a un respeto sin más limitaciones que s el respeto debido a los demás. La de enseñarle a plantearse problemas y resolverlos, a dudar y a pensar, y a tomar posiciones ética y racionalmente justificadas. La de hacerle reconocer su razón histórica en la obra milagrosa y múltiple de la cultura. La de ayudarle a comprender la sociedad en que vive para dotarlo de un claro conceptode sus obligaciones y sus derechos frente a los demás, y de un espíritu generoso y constructivo con el cual habrá de participar en la obra permanente del mejoramiento social. La de prepararlo para el ejercicio -libre, inteligente, tolerante- de la triple ciudadanía universitaria, costarricense y humana. 

 

Es faena compleja y delicada que quizás no pueda cumplir a cabalidad la nueva Facultad de manera inmediata, y tal vez ni de manera mediata; mas lo importante es estar sobre la buena ruta, contar con una estrella que oriente nuestros pasos.

 

En resumen, la preocupación esencial de la Facultad que comienza, como la preocupacién de la Filosofía, es el hombre. No el hombre en abstracto, cosa inexistente, cosa de fícción o de artificio. Sino el hombre que vive, que vive con su pasado, con su medio, con sus prójimos, y con sus ideas y sus esperanzas. Como diria el filósofo del Humanismo Trascendental, "el hombre y su circunstancia". Por todo esto encuentro prometedor que se inicie ahora la existencia de la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica. Ella puede ser de suma utilidad coadyuvando en el cumplimiento de las tareas encomendadas a Ciencias y Letras. Puede llegar a ser ejemplo, acicate, proyección.

 

Pero puede ser además, como ya lo revela el contenido de su primera entrega, un valioso instrumento de recolección y difusión del pensamient filosófico que se elabore en la Universidad y fuera de ella, en el país y más allá de él. Mantenido el rigor que demanda toda publicación universitaria, puede alcanzar vuelo y prestigio, cubriendo con este último, a la vez, a la Facultad de diencias y Letras y a la Universidad como un todo.

 

Pero la selección del material deberá ser siempre hecha con criterio exigente, y en el rechazo de lo que no cumpla con las condiciones de excelencia establecidas de previo, deberá actuarse sin temor de caer hasta en la falta de piedad. Deberá además distinguirse lo que sea de auténtico linaje fílosófico, ya se trate del aporte de un estudiante, un principiante, un especialista, o un "intelectual", de lo que sea pura especulación desprovista de espina dorsal, estéril palabrería florida, recubrimiento terminológico sin solidez interna. Y me permito hacer la advertencia -aunque reconozco ser innecesaria dada la seriedad de los directores de la Revista- porque en no pocas ocasiones es ese el resultado de la combinación del vuelo sin trabas de la mentalidad latina, la frondosidad literaria oriundo de los trópicos, y la complacencia incauta de ciertos auditorios. Y necesitamos prevenir ese peligro, así como en la Facultad de Ciencias y Letras necesitamos prevenir el de un seudo-humanismo resonante y hueco, si es que deseamos tener auténtica Facultad de Ciencias y Letras, y Revista de Filosofía de verdad.

 

En este número se ha tenido el acierto de incluir un estudio original del eminente profesor y tratadista de la Historia de la Filosofía Rodolfo Mondolfo. Se trata de una generosa cooperación suya para con la Revista.

 

Y hablo de acierto, no solo por lo que el estudio y su firma valen en sí, sino por lo que representa como intención de los directores de establecer niveles de excelencia para esta publicación.

 

El Doctor Mondolfo es, en efecto, uno de los más connotados pensadores contemporáneos en el campo de la Historia de la Filosofía: penetrante en el análisis, riguroso en el método, campeón él mismo de "la investigación intrépida de la verdad, libre de todo prejuicio", que tanto admirara e hiciera resaltar en su luminoso estudio sobre Giordano Bruno.

 

Siguen luego trabajos de nuestra gente, y uso intencionalmente el posesivo para cobijar, al lado de Barahona, Olarte, Dengo de Vargas, Bonilla,Carr, Wender, Carro, a Constantino Láscaris Comneno, el joven profesor español contratado por la Universidad para dirigir los cursos de Introducción a la Filosofía en la Facultad de Ciencias y Letras, quien es ya costarricense por lo menos en el ánimo de cuantos hemos podido apreciar, en los pocos meses en que ha Convivido con nosotros, la manera delicada con que trata de adaptarse a la manera nacional de ser, pensar y comportarse, para poder rendir a plena satisfacción, tanto en lo académico cuanto en lo humano, el tipo de servicios que la institución tuvo en mente al establecer la nueva Facultad. Para él y sus colaboradores, la voz de gratitud de la Universidad, y los mejores augurios por el triunfo de esta su creatura.

 

Y concluye este número primero con la publicación y el comentario de textos inéditos y de documentos, algunas crónicas de la preocupación fiosófica en el país y el extranjero, y una caudalosa bibliografía de aportes costarricenses y de fuera.

 

El propósito de la Revista es ambicioso, pero está bien orientado; el equipo que se encuentra detrás de ella es juvenil, pero responsable. Y el plan es ciertamente bueno.

 

Deseo únicamente para terminar, detenerme unos momentos en las páginas de la Sección de Crónica en que se escudriñan los antecedentes de los estudios filosóficos en la Universidad, remontando en su búsqueda hasta la Universidad de Santo Tomás. Deseo detenerme en ellas para decir que simpatizo cordial y emocionadamente con el intento, porque -como lo he dejado dicho en otro lugar- "todo acto de reconocimiento de lo hecho por nuestros antepasados es justo, porque ninguna generación hace el mundo, sino simplemente lo prosigue, y en definitiva sólo es vanidad de vanidades creer que lo nuestro es realmelnte nuevo bajo el sol. Y todo acto de reconocimiento de pretéritas faenas, es además, educativo, porque solo exaltando la continuidad histórica de los esfuerzos de unas y otras generaciones sobre el suelo patrio, se cobra conciencia de la nacionalidad como un programa vivo y permanente de responsabilidades". 

 

Y se me ocurre pensar, con motivo de esa idea de la continuidad histórica en los esfuerzos de unos y de otros, qué satisfecho estaría don Tomás de Acosta, uno de los mejores Gobernadores de la Provincia de Costa Rica, si leyere esta Revista y observare el entusiasmo de los jóvenes que se agrupan a su alrededor, él, que en los primeros años del siglo XIX, no pudo conseguir un profesor de Filosofía que viniese a hacerse cargo de esa cátedra, establecida por primera vez en el Santuario de los Ángeles de Cartago, a pesar de haber prometido pagar el sueldo, dentro del cuadro de penuria de la época, con fondos de su propio peculio...

 

Y cuánto gozaría también hacíéndolo aquel joven bachiller nicaragüense, tan discutido en nuestra historia politica, don Rafael Francisco Osejo, quien en 1814, a instancias del progresista Ayuntamiento de San José, ayudó a fundar en esta ciudad la Casa de Enseñanza de Santo Tomás y dictó en ella, por primera vez en la historia costarricense, una cátedra de Filosofía...

 

Y cómo se llenaría de gozo don Nicolás Gallegos Castro, Doctor en Filosofía y décimo Rector de la Universidad de Santo Tomás, quien en 1846 publicó -y se trataba de una de las primeras publicaciones hechas en el país- sus LECCIONES ELEMENTALES DE LAS DOS PRIMERAS PARTES DE LA FILOSOFÍA, ESTRACTADAS DE VARIOS AUTORES PARA EL USO DE LA JUVENTUD DE COSTA RICA.. Y cómo participarían del júbilo con que las autoridades de la Universidad de hoy saludamos esta primera entrega de la Revista de Filosofía, tantos y tantos profesores ilustres, pensadores eminentes, y entusiastas de la cultura, que en otras horas soñaron el mismo sueño nuestro de una Costa Rica más culta, más sabia, más espiritual.

 

En Revista de Filosofía, Vol. 1, Núm. 1, ENERO-JUNIO, 1957, pp. 3-6. 

 

 

Directores de la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica:

Dr. Enrique Macaya (enero-junio)    1957

Dr. Constantino Láscaris                  1957-1973

Dr. Rafael Ángel Herra                      1973-1998

Lic. Guillermo Coronado                   1999-2013

Dr. Juan Diego Moya Bedoya           2013-2017

Dr. George García Quesada             2018-