Abstract

Hace casi 20 años, aprendí sobre unos “gusanos gigantes”, de más de 2 metros de longitud asociados a fuentes hidrotermales a 2,400 metros de profundidad. Las fuentes fueron descubiertas hasta los años 70’s, por un equipo de Woods Hole Oceanographic, a bordo de un submarino en el océano Pacífico. Expulsaban líquidos calientes ricos en minerales provenientes del lecho marino. ¡Nuevos ecosistemas con nuevas especies asociadas! Y siempre habían estado ahí, en el mar, en la parte donde el sol no llega… Por comodidad tendemos a pensar que lo que no vemos simplemente no existe. Estos descubrimientos cambiaron fundamentalmente nuestra comprensión de la Tierra y la vida en ella.


No hay una definición consensuada entre científicos sobre lo que se considera “mar profundo”, en general son los sitios que no obtienen luz de la superficie (aproximadamente a partir de los 200 m). Tomando en cuenta lo anterior, el 93% del océano es “mar profundo”. El océano Pacífico tiene una profundidad promedio de 4,200 m y alberga el lugar más profundo hasta ahora conocido: la fosa de las Marianas, que alcanza los 11 km, más que la altura del monte Everest sobre el nivel del mar.


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