Resumen

El cuento titulado “El puente” del escritor costarricense Carlos Salazar Herrera muestra la dicotomía planteada por Sarmiento (1845) entre civilización y barbarie, donde el espacio natural se analoga con la barbarie y está representado por la Chela (personaje principal) y sus costumbres. Por otra parte, la civilización se relaciona con valores citadinos, aspecto que simboliza Marcial, personaje que encarna a la sociedad patriarcal, así como el mito del blanqueamiento.
En el proyecto de blanqueamiento “vallecentralino” la invisibilización del mundo indígena era un requisito insoslayable, ya que no encajaba en el modelo civilizador liberal. La otra opción de los grupos subalternizados era huir a los campos agrestes, lejos de las falanges del colonizador. Por ende, la disyuntiva era asimilarse o “desaparecer”.
No obstante, en el relato la Chela sufre una cuádruple opresión, pues ella forma parte de un grupo étnico inferiorizado por su cultura, también se le señala por el color de la piel, por ser huérfana y mujer. En este sentido, la Chela, además de encarnar el mito fundacional costarricense, es símbolo de la patria mancillada, burlada y entregada a los brazos del conquistador, personificado por Marcial, quien, a todas luces, alude a lo castrense y a lo belicoso.
Además, interesa recalcar que el puente, cuyo sonido se asemeja al de una marimba, es también el tránsito entre el espacio salvaje y natural, es decir, entre la ruralidad y el espacio civilizado, o entre el pueblo y la ciudad. Adicionalmente, en este artículo se busca explicar cómo el puente constituye la línea del “ser y no ser”, aspecto que desarrolla Fanon (1952) y que es posteriormente problematizado por Grossfoguel.