Resumen

El volcán Turrialba posee en su cima un graben complejo con rumbo aproximado N50°E, de 3,5 km de longitud y un ancho máximo de 2,8 km, limitado por un sistema complejo de fallas sinestrales con componente normal, varios cráteres orientados N45°E y una caldera de avalancha desportillada hacia el NE, de 6 km de longitud y 2,5 km (en promedio) de ancho. En el flanco SW se presentan dos conos secundarios con orientación N30°E; todos estos elementos evidencian una zona de debilidad volcanotectónica con sentido NE a lo largo de por lo menos 9 km. El análisis de las fallas secundarias asociadas presentes en sus flancos, de la morfoneotectónica y de la sismicidad, junto con los rasgos morfovolcánicos, sugieren un modelo volcanotectónico más complejo para este volcán que el planteado hasta el momento en la literatura. Se propone la existencia de una falla regional de rumbo sinestral, orientada SW-NE, la cual en superficie forma una estructura en flor negativa y genera un graben complejo limitado principalmente por las fallas Elia y Ariete. Los esfuerzos transtensivos favorecieron la formación de los cráteres y escarpes, mientras que los esfuerzos transpresivos debieron de producir una domificación tectónica y la formación de zonas altamente fracturadas. Las zonas de debilidad y el posible plegamiento favorecieron la formación de un colapso sectorial hacia el NE, con el concomitante desarrollo de una o varias avalanchas de escombros volcánicos. Un mecanismo similar pudo ser el disparador de la avalancha de escombros volcánica de Angostura hace 17 ka, teniendo por fuente de origen la caldera de avalancha de Coliblanco, en el flanco SW del Turrialba. Las fallas Ariete y Elia poseen un potencial sísmico de Mw 6,2 y 6,0; respectivamente y, a través de ellas, se puede producir la generación de nuevos focos eruptivos y colapsos sectoriales.