Abstract

The spanish flu, despite being an epidemic forgotten in Argentina, caused a strong impact, both in the mortality rate of the national territory and in various aspects of the social, political, cultural and economic life of the country. In this sense, although there have been studies from notoriously enriching perspectives, an approach has not been proposed that recovers the representations made, during the outbreak, by newspapers and magazines of mass circulation. From this historiographical vacuum, this study aims to perform an analysis of cartoons and comics placed in the renowned argentine publishing house "Caras y Caretas", trying to shed light on the different ways in which the disease was presented by the magazine to its profuse public consumer.


The analyse, as we have been anticipating, leads us to propose an approach anchored in a fundamentally qualitative work methodology, defined from the articulation of the hermeneutical historical analysis and the content study, recovering for the latter some tools that the socioemiotic gives us. Work will be done on a set of images selected from their content, in terms of the data they give about the conditions of speech production.

1. Introducción

La grippe, enfermedad de los campamentos, la dama española, enfermedad de los hunos; fueron numerosos los eufemismos utilizados para denominar una enfermedad que era desconocida para la ciencia mundial y para la argentina en particular (Rivero y Carbonetti, 2016). Esta misteriosa enfermedad habría comenzado a desarrollarse en Fuston, Texas (EE. UU.) y con el movimiento de tropas durante la Primera Guerra Mundial se extendió hacia Europa. Posteriormente -durante 1918 y 1919- alcanzó a todos los rincones del mundo y su impacto en términos de la mortalidad a escala global fue devastador: se calcula que habrían muerto entre 30 y 50 millones de personas.

Existe una gran cantidad de trabajos que coloca en perspectiva analítica el impacto epidemiológico -en términos de la mortalidad- que provocó la gripe en todo el mundo; no obstante, tan sólo tres estudios realizan una comparación entre diferentes naciones (Johnson y Mueller, 2002; Murray et al., 2006; Ansart et al., 2009). El desarrollo de esta pandemia en América Latina fue mortífero para muchos países de la región; Brasil, México y Colombia fueron fuertemente afectados, hecho que explica las inquietudes de investigadores de aquellas latitudes, quienes han puesto en foco la problemática de la gripe como un elemento que generó una crisis en la salud pública de sus naciones.

Para el caso de Argentina, es dable reconocer que exiguos autores han abordado sistemáticamente el impacto de la epidemia y sus repercusiones sociales, políticas, económicas y culturales. Algunos trabajos provenientes de la provincia de Córdoba, Argentina, han mostrado interés en los aspectos antes mencionados (Carbonetti, 2010a; Carbonetti, 2010b; Carbonetti, Gómez y Torres, 2013; Carbonetti, Rivero y Herrero, 2014; Rivero y Carbonetti, 2016; Carbonetti y Álvarez, 2018; Carbonetti, Rivero y Rodríguez, 2018; Rivero, Carbonetti y Vittar, 2019).

A partir del vacío identificado, en el presente estudio procuramos analizar las imágenes y representaciones sociales que se generaron en torno a la gripe española en la popular revista Caras y Caretas durante 1918, por ser la publicación gráfica de mayor circulación en la Argentina de la época. Tal y como señala Moraña (2008),

fue publicada entre 1898 y 1939 y consumida en Argentina, Uruguay, Chile y Perú. Dado su bajo precio ($ 0.20 fue durante años), la publicación semanal era muy accesible para la clase media, e incluso para algunos sectores más bajos, quienes quizás compartían la lectura de sus ejemplares en conventillos o vecindarios. Fue lo que se llamó un “semanario de variedades”, con noticias sobre política nacional e internacional, curiosidades, humor, textos literarios, junto a dibujos y fotos . No en vano el subtítulo de la revista era “Semanario Festivo, Literario, Artístico y de Actualidades” (p. 249).

Partimos de considerar que ese mundo de la imagen nos permitirá apreciar las ambivalencias o virtualidades que acompañaron a la gripe: por un lado, era concebida como una enfermedad seria que podía traer aparejada la muerte, imagen propagada por el Estado y algunos medios de comunicación que habría terminado de gestar cierto temor; mientras por otro, sendas posturas la presentaban como una dolencia que, como en todos los años anteriores, no generaba más que algunas molestias a quienes afectaba. La hipótesis que sustenta este trabajo, entonces, viene a mostrar los enveses de una enfermedad, como también sus representaciones disímiles en un contexto en el cual el advenimiento de la “cultura de masas” permitió propagar relatos y argumentaciones variados acerca de la gripe a todos los sectores sociales. Tal y como señalan Gayol y Palermo, “los procesos de democratización política y cultural no sólo coincidieron en el tiempo, sino que se potenciaron mutuamente” (2008, p.15). En este sentido, no soslayaremos las imbricaciones inherentes a la puesta en marcha de determinados discursos sobre la dolencia en los entramados políticos de época.

2.Marco teórico y metodológico

En este escrito nos abocaremos al estudio de caricaturas e historietas, elementos gráficos ampliamente consumidos por la sociedad en un contexto en el cual “la expansión del mercado cultural aceleró los préstamos y traspasos entre el circuito culto y masivo” (Rogers, 2007, p.115). Particularmente, sobre las primeras, reconocemos que se trata de recursos que presentan una fuerte carga humorística respecto a las costumbres, la cual tiene múltiples lecturas: científicas, de culto a la tradición, de nacionalismo; a la vez, puede significar conmiseración o desprecio por el pueblo; sus intenciones son morales o políticas y, como veremos en las páginas siguientes, las mueve un deseo de exagerar la apariencia de las personas y las actitudes (González, 2008, p.76). La historieta, por su parte, implica la conjunción de textos con elementos gráficos (globos, onomatopeyas) y tienen como objetivo comunicar una idea o una historia. En general, posee un protagonista en torno del cual giran las historias y los demás personajes (Coma, 1979).

A partir del examen de estos elementos gráficos, proyectamos adentrarnos en el universo de las representaciones sociales. Entendemos a éstas últimas como sistemas cognitivos en los que es posible reconocer la presencia de estereotipos, opiniones, creencias, valores y normas que suelen tener una orientación actitudinal positiva o negativa. Se constituyen, a su vez, como sistemas de códigos, valores, lógicas clasificatorias, principios interpretativos y orientadores de las prácticas, que definen la llamada conciencia colectiva, la cual “se rige con fuerza normativa en tanto instituye los límites y las posibilidades de la forma en que las mujeres y los hombres actúan en el mundo” (Araya Umaña, 2002, p.11). El estudio de las caricaturas y las historietas, en términos teóricos, se realizará a través del andamiaje sociosemiótico. En este sentido, remitiremos a los aportes de Eliseo Verón, pues sostiene que la producción de sentido, siempre social, tiene excluyentemente una manifestación material; esa materialidad del sentido define la condición esencial, el punto de partida necesario de todo estudio empírico de la producción de sentido. Siempre se parte de configuraciones de sentido identificadas sobre un soporte material (en nuestro estudio, texto lingüístico e imágenes) que son fragmentos de semiosis (Verón, 1993).

Analizaremos los discursos e imágenes presentes en caricaturas e historietas en relación con sus condiciones de producción. En este caso, el análisis categoriza el discurso estudiado en un tipo, en la medida que se reconstruyen las reglas de producción que dan cuenta de características específicas, y estas se vinculan a otros discursos pertenecientes a la misma categoría (Verón, 2010). Las reglas que componen estas gramáticas describen operaciones de asignación de sentido en las materias significantes. Estas operaciones se reconstruyen (o postulan) a partir de marcas presentes en la materia significante. Se puede hablar de marcas cuando se trata de propiedades significantes cuya relación no está especificada. Cuando la relación entre una propiedad significante y sus condiciones “se establece, estas marcas se convierten en huellas de uno u otro conjunto de condiciones, entre las cuales circulan discursos sociales” (Verón, 1993, p. 129).

El análisis, según lo venimos anticipando, nos lleva a proponer un abordaje anclado en una metodología de trabajo fundamentalmente cualitativa, definida a partir de la articulación del análisis histórico hermenéutico y del estudio de contenido, recuperando para este último algunas herramientas que nos otorga la sociosemiótica. Se trabajará sobre un conjunto de imágenes seleccionadas a partir de su contenido, en términos de los datos que arrojan sobre las condiciones de producción del discurso.

3.El arribo de la gripe a la Argentina: un cuadro de época

Durante mayo y junio de 1918, los periódicos argentinos comenzaron a dar noticias referidas a una extraña enfermedad que estaba haciendo estragos en España (“Epidemia gripal,” 1918, p. 12), mientras se divulgaba que el desarrollo de esta dolencia era consecuencia de la insuficiencia de artículos alimenticios en la dieta española. La misma fuente publicaba el informe de su extensión hacia varios países de Europa, afectando incluso lugares alejados entre sí, como Dinamarca y Portugal (“Epidemia gripal,” 1918, p. 12). Sin embargo, nada reportaba el diario La Nación acerca de los peligros que significaba para la salud de los habitantes de Argentina la amplificación de la pandemia hacia el sur del mundo. La sociedad argentina no se ocupaba de una dolencia que diezmaba a los países europeos ya devastados por el hambre y la guerra; se trataba de una realidad lejana no solo por la distancia, sino también por la creencia de que en nuestras latitudes había cierto grado de inmunidad con base en la alimentación superior de la cual gozaban personas argentinas e inmigrantes a raíz de la explotación de los recursos naturales. En este sentido, no debe perderse de vista que Argentina, a principios del siglo XX, se encontraba en pleno proceso productivo y posicionada como “granero del mundo” en el marco de modelo agroexportador. Su papel en la economía global era precisamente, el de abastecedora de bienes primarios a países “centrales” como Inglaterra (Gerchunoff y Llach, 2007).

Claro que la inmigración ultramarina, impulsada por las élites dirigentes argentinas, habría sido un hito clave en la referida economía de bienes de exportación, pues a partir de aquellas oleadas de nuevas personas pobladoras derramadas por todo el territorio nacional fue posible el trabajo de la tierra hasta ese momento improductiva (Otero, 2006). No obstante, el “big bang demográfico” que sobrevino con el arribo de personas españolas e italianas, fundamentalmente, implicó ciertos reacomodamientos y la aparición de problemas concretos: un movimiento obrero que no era fácil de disciplinadar, delincuencia, desorden y problemas sanitarios y habitacionales en las grandes ciudades (Suriano, 2000). De manera convergente, los aún larvados sectores medios de la sociedad -en gran parte formados por hijas e hijos de inmigrantes- engendraron dos fenómenos de gran importancia para la sociedad argentina: la llegada, luego de veinte años de lucha, de la Unión Cívica Radical al gobierno y la Reforma Universitaria, que tuvo como epicentro la Universidad de Córdoba y promovió nuevas perspectivas y dinámicas en los estudios superiores argentinos y latinoamericanos.

La primera mutación ocurrió en 1916 cuando el partido liderado por Hipólito Yrigoyen devino vencedor de los comicios y lo colocó en la presidencia de la nación, con lo cual se desbancó al liberal y conservador Partido Autonomista Nacional (Persello, 2007). Empero, esas mudanzas políticas no se tradujeron en una reconfiguración económica; Argentina continuaba siendo un país productor y exportador de materias primas e importador de bienes manufacturados europeos. En la esfera social, el desarrollo de este mercado hacia afuera se constituyó como un disparador de conflictos, que cristalizaron en la formación de sindicatos socialistas y anarquistas a partir de las ideas revolucionarias que llegaban desde ultramar junto con las personas inmigrantes (Falcón,1984). Los y las descendientes de estas persona terminarían, por un lado, siendo protagonistas del movimiento reformista universitario, a partir de la identificación de situaciones de inequidad en la educación superior. Por otra parte, en conjunto serían parte de una larvada clase media, en cuyo seno se encontraban las nuevas personas profesionales.

En el concierto nacional que venimos reseñando, entonces, no resulta extraño que esa pandemia que se producía en el otro lado del océano Atlántico fuese un suceso que poco importara al Estado argentino, particularmente porque en términos de salubridad eran otras enfermedades las que llamaban la atención en los diferentes estratos sociales, como la tuberculosis, la viruela, etc.

Sin embargo, la pandemia llegó finalmente a la Argentina a bordo del vapor Demerara, que había zarpado de Europa y recaló en Río de Janeiro, donde hizo estragos. La gripe llegó al puerto de Buenos Aires a fines de octubre (Carbonetti, 2010a). El día 22 de dicho mes se descubrió el primer caso y, a partir de ese momento, se propagó en la ciudad más populosa del país para luego extenderse por toda Argentina. Ahora bien, durante el primer brote no se registraron índices de mortalidad exorbitantes en el mencionado enclave (un total de 442 muertes); de hecho, la tasa de mortalidad se pareció a la del resto del país. Considerando la benignidad del primer surto epidémico, a continuación, colocaremos bajo estudio las imágenes que aparecían en revistas porteñas de época vinculadas a la gripe, entendiendo que -verosímilmente- grandes sectores de la población dieran escasa o nula importancia a la enfermedad, aunque sin perder de vista ciertos rasgos de ambigüedad y virtualidad que trajo consigo.

4. Las imágenes de la grippe en los albores de la epidemia

El 19 de octubre, cuando la gripe española arribaba a Argentina, Caras y Caretas publicaba una primera caricatura donde la enfermedad asomaba a partir de una nota cómica (ver figura 1) (“Glauda,” 1918, p. 75). La imagen mostraba al dueño de una casa amontonando una serie de muebles y otros elementos en la puerta del hogar a fin de no permitir el ingreso de la “dama española”, hecho que devela un dato clave en términos de marcas y condiciones de producción de esa caricatura: se trata del desconocimiento de la sociedad argentina acerca de la dolencia. La gripe podía ser un monstruo al que había que cortarle el paso, un factor de enfermedad y de una posible muerte (de acuerdo con las informaciones que llegaban desde otros países). En este sentido, no constituye un hecho anecdótico que fuera el propio “don Aniceto” quien se encargase de prevenir el contagio en el ámbito doméstico. Junto con Moreyra, entendemos que:

En su devenir diario, las personas se relacionan entre sí y también interactúan con los diferentes objetos que las rodean. Estas interacciones conforman las vivencias ordinarias (vestirse, comer, dormir, rezar, lavarse, andar, sentarse, entre muchas más); actividades que podemos considerar rutinarias, aunque no por ello espontáneas. De este modo, lejos de ser un ámbito trivial e intrascendente, la vida cotidiana es compleja y está poblada de significados y símbolos (2017, p. 216-217).

Fuente: Caras y Caretas. Año XXI, N° 1046. Buenos Aires, 19 de octubre de 1918, p. 75

En este caso, el significado que el personaje de la nota cómica les atribuye a elementos que conforman el mobiliario de su vivienda es claro, en conjunto, se constituyen en una suerte de barrera ante la gripe. Esto nos permite constatar que no debe concebirse a los objetos, de acuerdo con los señalamientos de Moreyra, “como algo contrapuesto a lo social o lo económico, sino a partir de una relación dialéctica entre sujeto, objeto y sociedad” (2017, p. 217).

De manera convergente, se tornaba un elemento disparador para la realización de una crítica generalizada a la sociedad. El 26 de octubre de 1918, veía la luz una caricatura titulada “La epidemia de moda o el pánico de la grippe” donde aparecían diferentes personajes que representaban a los diversos sectores sociales de la ciudad de Buenos Aires (ver figura 2).

Fuente: Caras y Caretas. Año XXI, N° 1047. Buenos Aires, 26 de octubre de 1918, p. 45

Un canillita personificaba a la prensa, a la cual se endilgaba una visión pesimista y alarmista: el texto del periódico ofertado era contundente, “la epidemia de moda o el pánico de la grippe”. La especulación, de acuerdo con este elemento gráfico, también estaba a la orden del día: un boticario aparecía como un abusador que lograba ganar dinero subiendo los precios de los preparados.

Por su parte, los miembros de la tribuna médica eran ubicados en escena de manera tal que parecían solo procurar beneficios, a partir del supuesto conocimiento que tenían sobre la grippe: uno podía lucir saberes mediante su labor en la asistencia pública, mientras otros generaban frases ambivalentes vinculadas a la dolencia y su desarrollo; la gripe española podía ser una enfermedad leve o mortal. Ciertamente, en términos de condiciones de producción, podemos aseverar que la medicina académica presentaba discursos disímiles acerca del origen geográfico, etiología, clínica, transmisibilidad, etc., incluso luego de culminado el azote epidémico. Toda una serie de conferencias y estudios imbricados dan cuenta de ello (Rivero y Carbonetti, 2016).

Una tercera imagen ponía el acento en los empleados de la esfera pública, representada por un policía, un bombero y un empleado de actividad no explicitada. En relación con este último, se destaca una frase muy particular: “todo aquel que está empleado, fijo que se ha engrippado” (“La epidemia de moda,” 1918, p. 45). A partir de la articulación de un juego de palabras, la editorial colocaba el acento en las supuestas ventajas de aquel que trabajaba en el ámbito público, pues de seguro se reportaba enfermo y se veía eximido de presentarse a cumplir sus labores. Podemos conjeturar, entonces, que el progreso de la epidemia se tornaba, de acuerdo con la perspectiva editorial, un elemento catalizador de cierta viveza criolla de Argentina.

Ahora bien, no debe perderse de vista la existencia de un personaje que, verosímilmente, se veía perjudicado ante el advenimiento de la gripe española: el cuentapropista. Se trataba de un individuo que debía vivir al día con su trabajo, pues si no lo hacía no recibía remuneración; en este caso, se presentaba la imagen de un dibujante que, por su vida bohemia, se hallaba expuesto a las enfermedades de este tipo.

Otra arista insoslayable de las caricaturas es la fisonomía de quienes, aparentemente aprovechando el momento epidémico, no asistían al trabajo. Una observación cuidadosa permite verificar que tanto el empleado público como los demás personajes no obedecían al arquetipo de un europeo, sino más bien a la fisonomía de un criollo a partir de una marca clave: el mate. En este punto debe remarcarse, en términos de condiciones de producción, la mirada que las élites dominantes tenían sobre el sector criollo y sobre la figura del inmigrante: el primero, escasamente apegado al trabajo y el segundo, signado por la laboriosidad (Barandiarán, 2011). También es interesante observar las diferencias que se planteaban en las representaciones sociales de los “profesionales”, como los médicos, e incluso el dibujante, cuyos rasgos son esencialmente occidentales, frente a las de los obreros y empleados que, como referíamos anteriormente, se relacionaban más con un tipo fisonómico afín a la población criolla. De esta manera, la revista sentaba una clara posición acerca de quién debía ser profesional y quién obrero; quién trabajaría y quién no en medio de la epidemia de gripe española.

La línea crítica de la editorial también se constata a partir de la tapa del 9 de noviembre de 1918 (ver figura 3). En ella se contrastaban las dos caras de una misma moneda: los ganadores y perdedores -en términos de clase- que generaba la gripe española. Aquí, nuevamente, las farmacias se perfilaban como establecimientos más lucrativos en el marco de la crisis epidemiológica, pues ofrecían variados productos medicinales (tanto paliativos como preventivos de la enfermedad), hecho que también se devela en los periódicos nacionales y provinciales como un punto urticante acerca de la actividad de los farmacéuticos.

Fuente: Caras y Caretas. Año XXI, N°1949. Buenos Aires, 9 de noviembre de 1918

En las expresiones y comentarios de ambos personajes se puede apreciar la problemática social que generaba la gripe en la población que azotaba, en especial la porteña: “¡yo tengo gripe!”, (“Contrastes de la actualidad,” 1918, s/p) expresaba una persona sumergida en la pobreza, rasgo que debe ser leído a través marcas como su delgadez, su vestimenta y los forros de los bolsillos hacia afuera representando la escasez de dinero. El golpe de gracia lo daba un gato negro a su lado, símbolo de la mala suerte. Esta imagen difería de la figura regordeta, bien alimentada, bien vestida, con un gato blanco a su lado que exclamaba: “¡yo tengo farmacia!” (“Contrastes de la actualidad,1918,” s/p).

El brote analizado sirvió también para desplegar ciertas críticas acerca de los miedos que forjaba la enfermedad en la sociedad. Concretamente, los síntomas y el contagio eran los tópicos colocados sobre el tapete por excelencia. La figura 4 satiriza el escenario de época, a partir de la inventiva de un concurso.Como puede observarse, el premio estaba dirigido a enfermos o exenfermos y se otorgaban premios a “quien tosa mejor”, “quien haya tenido más temperatura”, “quien haya tomado más medicinas” (“Concurso para enfermos,” 1918, p. 47). Empero, los elementos más interesantes de la imagen son aquellos que giran en torno a los premios extraordinarios: “a quien no hable de la epidemia durante quince días” y “a quien pruebe no haber tenido miedo” (“Concurso para enfermos,” 1918, p. 47).

Figura 4: Concurso para enfermos

Ambos pasajes permiten percibir el impacto social que tuvo la dolencia en la población porteña: se instaló como tema general, como un fenómeno del que se habló durante el tiempo que la grippe transitó por el territorio. Ahora bien, el contenido de esta imagen dialoga con la figura 2, que ponía en duda si se trataba de una epidemia de moda o del pánico de la gripe. El temor, entonces, rondaba los discursos vinculados a la dolencia. No obstante, consideramos la posibilidad de que el recelo estuviese arraigado en los sectores más letrados de la sociedad porteña, a partir de las campañas emprendidas por los medios de difusión y el Estado. En efecto, en trabajos previos propios hemos mostrado que, tanto en la ciudad de Buenos Aires como en otras del país, un sinnúmero de medidas impulsadas desde el Estado para cortar la cadena de contagios no fue obedecidas por la población (Carbonetti, Rivero y Rodríguez, 2018).

La propagación de la enfermedad ocupó un lugar no menor en la revista. De hecho, en la portada del 2 de noviembre la prevención y el cuidado se hallaban caricaturizados (ver figura 5). De manera grandilocuente se mostraba a un sujeto caminando con una serie de adminículos que estaban destinados a purificar el aire que respiraba, como ventiladores y barbijos, junto a artefactos que le permitirían mantener el estado de higiene (un fumigador, el alcanfor, el formol y un aislante de humedad en los pies); otros presentaban capacidad curativa, como la canela, la quina, mientras otros resultaban preventivos en relación con el contacto con “un otro”. Así, se montaban carteles con frases “perdone que no le estreche la mano” y “HABLEME A DISTANCIA” (Profilaxis contra la gripe, 1918, s/p), más una botella de alcohol que llevaba en el bolsillo a fin de desinfectar sus manos y un papel matamoscas en el pecho. Entendemos esta representación como una síntesis de, por un lado, las recomendaciones de la medicina respecto a ciertas y determinadas conductas que se debían cumplir para no adquirir la gripe española y, por otro, toda la parafernalia de ofertas medicamentosas y productos de uso popular que la gente consumía o utilizaba para combatir la dolencia y que no eran recetados por los galenos. De igual modo, resulta innegable que esta imagen arroja luz, junto con la anterior y en términos de condiciones de producción, acerca del miedo a contraer la enfermedad.

Fuente: Caras y Caretas. Año XXI, N° 1048. Buenos Aires, 2 de noviembre de 1918

5. Política y sociedad en tiempos de epidemia

La gripe española fue también un instrumento utilizado para ridiculizar de un modo sumamente incisivo a los políticos del momento, hecho que se constata en la tapa del 9 de noviembre de 1918, donde aparece el rostro de Hipólito Yrigoyen sufriendo, entre otros males, la enfermedad (ver figura 6).

Fuente: Caras y Caretas. Año XXI, N° 1049. Buenos Aires, 9 de noviembre de 1918

Como es dable observar, el por entonces presidente de Argentina presentaría moretones entendidos como marcas que develan las condiciones de producción: estos habrían sido generados a partir de contiendas propias de la atmósfera política del momento. Así, en su cabeza se vislumbra un chichón o inflamación con el escrito “Locuras de Lencinas” (“Tomá Canela,” 1918, s/p), quien era en ese momento gobernador de la provincia de Mendoza por el radicalismo y se encontraba en pleno conflicto con el gobierno nacional (Lacoste, 1993). En esa misma línea, una inflamación en el ojo con la palabra “socialistas” representaba a la oposición al gobierno desde el poder legislativo. Cabe remarcar que Hipólito Yrigoyen había llegado a convertirse en primer mandatario mediante el voto popular, a partir de la sanción de la Ley Sáenz Peña, que estableció el sufragio universal, libre y obligatorio (Persello, 2007). No obstante, el Poder Legislativo estaba en manos de los partidos conservadores provinciales que no representaban una fuerza nacional. En la Cámara de Diputados, el radicalismo no tenía una mayoría que le permitiera abrirse paso; concretamente, en 1917 tan sólo poseía 45 representantes sobre 114, lo que le implicaba al caudillo radical fuertes disputas. De alguna manera, esos entramados se representaban en la figura de Hipólito Yrigoyen articulada por Caras y Caretas. Finalmente, la editorial exhibía a la gripe como el último gran inconveniente del presidente, encarnado en una mosca posada en su nariz.

Otras de las consignas esgrimidas en contra del poder legislativo se vinculaban a las ventajas en términos económicos y sociales que se adquirían a partir de ser senador y diputado; privilegios que, en este caso, se sustanciarían al evitar la gripe española.

El estrechón de manos entre ambos miembros de la tribuna política (ver figura 7) permite apreciar cierta complicidad respecto al aislamiento que conseguirían perteneciendo a un poder del Estado, según la revista (“Emisión menor”, 1918, p. 44). Se trataba de dos figuras radicales, uno elegido por la provincia de Santa Fe y otro por la provincia de Buenos Aires.

Fuente: Caras y Caretas. Año XXI, N° 1048. Buenos Aires, 2 de noviembre de 1918, p. 44

La figura 8 (“Cierre de cafés,” p. 43), por su parte, permite constatar que ciertas medidas impartidas por el Estado implicaron posicionamientos y respuestas sociales. Concretamente, para cortar la cadena de contagio, se decidió cerrar ciertos espacios por tiempo indeterminado como los cafés a partir las 11 de la noche, marca visible a partir de un gran candado. Sobre el cierre de los últimos recintos, la imagen muestra, en tono burlesco, cierta humanización del virus, pues con la clausura de los establecimientos se planteaba su muerte al no poder entrar ni salir de allí. Resulta innegable, a partir de lo expuesto, que la ridiculización de las decisiones gubernamentales en torno al brote epidémico estuvo a la orden del día.

Figura 8: Cierre de cafés

El descontento y la incomodidad ante estas medidas impartidas por el intendente de la ciudad de Buenos Aires se reflejaron en las páginas de la revista y se hicieron tangibles en la “manifestación de las antorchas” que congregó a los habitués de los cafés y a los actores el 1 de noviembre de 1918 (ver figura 9). Transitando por las calles del centro de la ciudad, pasando por la Asistencia Pública y llegando hasta la casa de Llambías, la multitud pregonaba “abajo la grippe, arriba el alcanfor” (“Por las calles solitarias,” 1918, p.13).

Fuente: Caras y Caretas. Año XXI, N° 1049. Buenos Aires, 9 de noviembre de 1918, p. 43

Otra de las reacciones que suscitó la gripe española se encontró ligada al posible cierre de almacenes, enclaves visitados asiduamente por los sectores más populares de la sociedad porteña. Como muestra la figura 10, la conversación entre dos personajes, si permite reconstruir las condiciones de producción en términos de entramados propios de la variante demográfica de la enfermedad (particularmente, su incidencia en la tasa de mortalidad en Brasil), colocaba un marcado énfasis en la posibilidad de que se cerraran espacios de encuentro, donde no solo se expendían alimentos en general, sino también bebidas alcohólicas.

Fuente: Caras y Caretas. Año XXI, N° 1049. Buenos Aires, 9 de noviembre de 1918, p. 43

Finalmente, y a modo de síntesis, resulta pertinente colocar bajo estudio una sátira que engloba casi todas las aristas sobra la gripe que Caras y Caretas puso en cuestión. La humorada (ver figura 11) se hallaba estelarizada por un personaje llamado Sarrasqueta que se decía representante de una ciencia galénica incapaz de avanzar en los conocimientos acerca de la enfermedad. Preocupado por la gripe, había comenzado a estudiarla “con profundas investigaciones científicas, utilizando el microscopio, el chismógrafo y todos los manuales de medicina casera” (Sarrasqueta y la grippe, 1918, p.57). Indudablemente, salvando al primero de los elementos, los demás eran combatidos por la medicina académica, estamento que llevaba la voz cantante en relación con la enfermedad. La narración continúa comentando cómo Sarrasqueta encuentra un antídoto contra el “bacilo de la grippe” -representado por una bailarina española que, sugestivamente, tiene las características de un mosquito-, al que denomina “microbio del garrotín”, cuya fisonomía sería la de un bailarín español. El referido insecto estaría íntimamente ligado a la memoria histórica y las representaciones de lo que significó la gran epidemia de fiebre amarilla -que, como es sabido, presenta como vector al mosquito- y que generó un fuerte impacto en términos de mortalidad para Buenos Aires en 1871.

La historieta culmina con una nueva crítica a la conducta de los sectores medios y bajos de la sociedad porteña; en términos generales, la editorial pareciera plantear que el problema de la gripe se resolvería una vez que se le descontasen los días de trabajo que perdiera a quien se enfermara. La mirada tendenciosa y despectiva de la revista para con los grupos menos favorecidos de la población se hace nuevamente evidente.

Fuente: Caras y Caretas. Año XXI, N° 1050. Buenos Aires, 16 de noviembre de 1918, p. 57

6. Consideraciones finales

El arribo de la gripe española a Argentina forjó en la sociedad múltiples reacciones: el miedo, el pavor a la muerte como consecuencia de la enfermedad, pero también configuró un escenario para el desarrollo de múltiples actividades a cargo de diversos sectores. En otra ocasión, presentamos a la gripe española como el disparador para la inserción en el mercado de determinados productos que habitualmente no eran consumidos por el público en general, hecho que nos llevó a conjeturar la aparición de un marketing epidémico (Carbonetti, 2013). Pero la gripe también se constituyó en tópico por excelencia de una serie de imágenes colocadas en revistas como la que fue objeto de nuestro estudio, Caras y Caretas. A lo largo del trabajo, hemos colocado en perspectiva un conjunto de sátiras y humoradas leídas a la luz de caricaturas que ponían énfasis en el desconocimiento de lo que representaba la enfermedad en la sociedad. Asimismo, observamos una crítica a ciertos sectores sociales; a miembros de la esfera política -como al presidente de la Nación, al intendente de la ciudad de Buenos Aires y a senadores y diputados-, pero en especial a los más empobrecidos, caracterizados como criollos y, al mismo tiempo, vagos, idea que habitaba en las representaciones de la élite dominante. Como hemos visto, esta figura contrastaba con la de aquellos profesionales europeos y trabajadores, hacedores de las buenas costumbres y con un fuerte conocimiento sobre la problemática de la salud, a pesar de las ambivalencias que les generaba la enfermedad. Finalmente, hemos podido apreciar los cuidados y las obsesiones que giraron en torno a la dolencia junto con la reticencia de parte de la población (habitués de bares, almacenes y teatros) a acatar ciertas medidas impartidas por el Estado tendientes a paliar la situación de crisis epidemiológica.