Resumen

Fue un honor y un privilegio para mí que el Sr. Rector de la Universidad de Costa Rica, el Dr. Gabriel Macaya, tuviera la amabilidad de invitarme a impartir la lección inaugural en conmemoración de los 25 años de la creación de la Escuela de
Antropología y Sociología, cuya existencia enriquece y realza la vida científica e intelectual costarricense, así como la del ámbito
cultural al que pertenecemos, más allá de las tierras del Istmo. Estoy asimismo muy obligado con el Prof. Sergio Reuben Soto, Director de la Escuela, por haber también contribuido a esta invitación y haberme sugerido que reflexionara ante la comunidad universitaria sobre el estado y misión de la antropología y la sociología hoy, en términos amplios, sin circunscribirme a sus condiciones en un país determinado. Intenté cumplir con la visión universalista encomendada, contemplando su situación y perspectivas hoy, desde el ángulo de la ética. Ello se me antojó muy acorde con lo que Costa Rica representa, como país ejemplar y admirable. En un mundo lleno de zozobra es menester rendir tributo a la sabia y sensata ciudadanía costarricense, de la que tanto tenemos todos que aprender. Mi agradecimiento se extiende a quienes participaron en el coloquio subsiguiente, y muy en especial a los profesores Óscar Fernández y Roberto Salom, que presentaron sendas respuestas, meditadas, sugerentes y en algún caso críticas, al argumento que sostuve en aquella ocasión. Espero que cuanto sigue refleje de algún modo la conversación académica y cívica a la que dio lugar su valiosaaportación..