Resumen

Daniel Camacho
Director

El concepto de “crisis” es traído y llevado con exceso. La expresión “crisis de valores” lo ha sido todavía más. En una publicación como la Revista de Ciencias Sociales, donde tratamos de abordar los temas con aceptable rigurosidad, es obligado precisar el sentido que damos a esa expresión al formular el tema central: “Choque generacional en época de crisis de valores”.

En las Ciencias Sociales hay un amplio acuerdo en que crisis significa el momento culminante del cambio de una situación a otra. En la Ciencia Económica, por ejemplo, el punto crítico es cuando una situación, expresada en un indicador o en un conjunto de indicadores, llega a su punto máximo o mínimo y, a partir de ahí, revierte el rumbo. Por ejemplo, si la economía muestra una tasa de crecimiento durante un periodo y llega un momento en el cual se inicia un decrecimiento, ese punto de inflexión es el punto crítico, es la crisis. Pero también es crisis el proceso contrario, o sea, cuando después de un periodo de decrecimiento, la economía muestra tasas positivas e inicia un nuevo periodo de crecimiento. Ese punto mínimo, también es el crítico.

En consecuencia, el concepto o categoría de crisis no necesariamente es negativa, tal como se percibe en el lenguaje común. En el análisis científico, una crisis puede ser negativa o positiva. De acuerdo con ello, al referirnos en nuestro título a la expresión “crisis de valores” lo hacemos sin prejuicio alguno respecto de si esa crisis es para bien o para mal. También aquí nos alejamos de la frecuente utilización de esa expresión, crisis de valores, como motivo de escándalo, lo cual da pie a tendencias conservadoras para satanizar la cultura de la juventud o de sectores de cultura alternativa.

Para encontrar las raíces del contenido científico de la categoría crisis, hay que remontarse al principio del siglo XIX cuando Henry de Saint-Simon, en su obra Introducción a los trabajos científicos del siglo XIX, afirmó que la Historia evoluciona de una crisis a otra, en medio de las cuales, hay un periodo de relativa estabilidad. De esa manera, decía, la Edad Media, después de una secular calma es sacudida por la crisis del Renacimiento, el cual comienza a cuestionar las bases mismas de la sociedad medieval. En lenguaje sociológico actual podemos traducir esa idea saintsimoniana diciendo que la crisis es el momento o la época en la cual los valores vigentes y generalmente aceptados de la sociedad, son cuestionados y sustituidos en forma parcial o total.

Se deduce que el contenido de la categoría crisis en Saint-Simon y en otros autores clásicos, como el propio Augusto Comte, es mucho más totalizador que el de la Ciencia Económica expuesto líneas atrás, pero el concepto es el mismo: se trata de un momento o una época de inflexión, de reversión del rumbo.

Por lo tanto, se puede hablar de crisis en referencia a la sociedad total, como en el proceso renacentista que terminó con la Edad Media, o a un aspecto específico de ella, como en el ejemplo del crecimiento económico.

Debe aclararse que, aun en la épocas más estables hay cambios. La idea de una quietud inconmovible en los periodos estables de la historia social, es inaceptable. En esos periodos también se presentan crisis. pero en aspectos focalizados o localizados.

En la sociedad occidental, la época presente es de profundos cambios en los valores. Hay fuertes impulsos para ese cambio tales como la reivindicación de los derechos de las mujeres, la cual ha venido destruyendo los antiguos valores patriarcales o machistas. Hay muchas fuerzas que ponen en crisis los antiguos valores y los hacen entrar en crisis, como el feminismo, los movimientos en defensa de la diversidad de opciones sexuales, las reivindicaciones de los jóvenes por un estilo de vida más libre, la de los grupos étnicos por el multiculturalismo, la de los movimientos comunales por una mejor calidad de vida, la de los movimientos ecologistas por la preservación de la naturaleza.

Sería inadecuado y erróneo satanizar los cambios de valores que esos movimientos impulsan. Por ello las llamadas Comisiones para el rescate de valores deberían meditar hacia donde apuntan, porque hay valores en proceso de desaparición, gracias a la evolución de la sociedad y al trabajo de los mencionados movimientos, que no valdría la pena “rescatar”. Porque esos movimientos luchan por erradicar valores muy tradicionales como el patriarcalismo, la intolerancia, la segregación racial, la opresión, la discriminación, el lucro ilimitado a costa de la destrucción de la naturaleza y otros igualmente negativos y de ninguna manera “rescatables”.

También los procesos políticos y económicos crean nuevos valores y debilitan otros. En esta época, el más notable es la concepción de una sociedad con Estado mínimo y mucho mercado, comúnmente conocida como neoliberalismo. Esa fuerte e influyente tendencia, también produce una crisis de valores tan amplia que no podemos extendernos aquí sobre ella, pero que puede resumirse en que los valores de la solidaridad son sustituidos por los de la competencia, el individualismo y el egoísmo racional.

Ese doble proceso, generador, por un lado, de nuevos valores humanistas impulsados por los movimientos sociales de carácter popular y, por otro, de nuevos valores deshumanizadores generados por el neoliberalismo, tiene en común el ataque o la defensa, desde dos flancos, de casi todos los valores tradicionales. Dicho en términos simples: a los valores tradicionales se les ataca o defiende desde la derecha y desde la izquierda. Por ejemplo, desde el neo liberalismo se atacan los valores de la solidaridad, ya tradicionales en Costa Rica y, desde los movimientos populares se les defiende. Desde estos se atacan los valores individualistas y desde aquél no sólo se les defiende, además se les ensalza.

Por eso, la crisis de valores actual es más compleja que muchas otras anteriores en la Historia, en las cuales el enfrentamiento fue entre un nuevo sistema de valores, floreciente, en contra del anterior, decadente. Por ejemplo, los valores de un Renacimiento fuerte y vigoroso derrotan a los medievales cada vez más deslegitimados. Hoy en día, dos sistemas de valores, contrarios entre sí, pero ambos florecientes, luchan por adueñarse del futuro. Eso produce confusiones que pueden llegar hasta el drama del suicidio, como lo estudia Guevara .

Ese concepto de crisis de valores es el utilizado en el tema central: CHOQUE GENERACIONAL EN ÉPOCA DE CRISIS DE VALORES: FAMILIA, INFANCIA, JUVENTUD y en él se enmarcan los artículos que hemos incluido en este número, en los cuales se presentan estudios acerca de cómo está influyendo en la familia, la juventud y la infancia la actual crisis de valores que hemos comentado.

Pérez, Aguilar y Víquez en El periodo juvenil visto desde la perspectiva adulta, ofrecen una clara ilustración del fenómeno que venimos comentado. Su interés es la visión que tienen los adultos acerca de la juventud y, en un trabajo de campo, comparan la de los padres con la de los docentes. Además de las diferencias encontradas entre esos dos grupos de adultos, las cuales son explicadas en el artículo, es interesante constatar la percepción común que ambos grupos de adultos tienen de una juventud que califican de problemática.

Está por verse si es en verdad problemática o si esa percepción proviene de la carencia de valores compartidos porque, cabe preguntarse, si los valores adoptados por los adultos son en sí mismos “buenos” y sobre todo, si son compatibles con el contexto social en que la juventud se desenvuelve. Esto se manifiesta notablemente en el proceso educativo en donde el afán de libertad juvenil a veces es encerrado en currículos rígidos, programas desactualizados en comparación con la copiosa información extra escolar disponible, en métodos educativos rezagados con respecto a los intereses y la dinámica de pensamiento de los jóvenes de hoy.

Con respecto a aspectos que sin duda pueden calificarse de negativos, como la drogadicción, es de considerar el hecho de que son precisamente los adultos (otros por supuesto, no los padres ni los docentes) quienes desarrollan acciones para que se consuman las drogas. Igualmente, la sociedad que no satisface a la juventud, sea por la incertidumbre, sea por la frustración, es también construida por los adultos.

La familia es una de las instituciones que más se transforma debido al proceso de cambio de valores. La familia ideal para los valores conservadores, biparental, heterosexual, ritualmente formalizada y nuclear, cuando no extendida y patriarcal, no se compadece con la dinámica y los nuevos valores de la sociedad urbana y moderna. La familia que gusta a los jóvenes hoy, a menudo no se constituye ritualmente, es informal, menos autoritaria y a veces ni siquiera supone la convivencia permanente. Además puede no ser heterosexual. En su artículo Transformaciones en las familias, análisis conceptual y hechos de la realidad, Nancy Piedra estudia la dinámica y las relaciones que se generan dentro de las familias en la sociedad costarricense actual.

Un rasgo de la nueva realidad familiar, por lo menos en Costa Rica, es el paulatino debilitamiento de la preponderancia de la familia nuclear, así lo muestra Cartín en el artículo que acabamos de comentar. Ese tipo de familia cede ante otros, algunos de ellos problemáticos como los que se establecen cuando una familia, del tipo que sea, se desintegra. Orlando Guevara en su artículo Apuntes para la reflexión sobre el suicidio en adolescentes, afirma que la familia ha disminuido su importancia como parte de las redes sociales, sobre todo cuando se desintegra. El autor señala ese hecho, sin la pretensión de explicar la totalidad del fenómeno, como parte de las causas del suicidio entre adolescentes. Guevara realiza un estudio de casos con adolescentes que intentaron suicidarse y encuentra en la transformación de los valores que sustentan la familia tradicional nuclear y más bien en el tipo de red que la sustituye, parte del impulso hacia el suicidio. En los casos concretos analizados se nota, en palabras de las adolescentes suicidas, el peso insoportable de los valores patriarcales y machistas exacerbados, manifestados en las actitudes no sólo de los padres sino también, en uno de los casos, de los hermanos que sustituyeron la autoridad del padre ausente.

Otro caso de cambio de valores, relacionado directamente con la juventud, se refiere a la imagen corporal femenina. Los valores que propugnaban el recato en relación con el cuerpo femenino, han sido sustituidos radicalmente por lo contrario: valores que propugnan la exhibición del cuerpo femenino de la manera más amplia posible. Eso no debiera ser censurable en sí mismo. Sin embargo, Zaida Salazar estudia una derivación de esa tendencia, cual es la permanente insatisfacción de las mujeres, sobre todo de las jóvenes, con su propia imagen física. En este caso los nuevos valores provienen del mercado. La figura ideal que ha impuesto el insaciable negocio de la moda, con sus modelos, modistos, pasarelas y publicidad millonaria, es el de la mujer delgada al extremo. Tipo “tubular” lo denomina la autora citando a Toro y Vilardel. En su artículo Imagen corporal femenina y publicidad en revistas, Salazar señala que esa insatisfacción por la imagen corporal genera, en las jóvenes, importantes problemas de salud, entre los cuales son frecuentes los trastornos alimenticios. Salazar fundamenta sus conclusiones en un estudio de caso que consiste en el análisis de contenido de la revista de modas Perfil, editada por el grupo “La Nación” el segundo de Costa Rica en circulación y el primero en poder económico.

El artículo de Luz M. Lardone El “glamour” de la marginalidad en Argentina analiza la Cumbia Villera, género musical caracterizado por su ritmo irresistible y sus letras controversiales, surgido de las comunidades urbano marginales argentinas como respuesta a las políticas neo liberales. Es una creación contracultural en el sentido de que cuestiona la cultura hegemónica, el buen gusto oficial, el discurso generalmente aceptado y sus intenciones son claras: cuestionar los valores oficiales y mostrar que otros valores son posibles.

Se cierra la sección dedicada al TEMA CENTRAL con un artículo dedicado a la evolución del pensamiento del gran José Martí sobre el tema de la mujer y la política. En Evolución del concepto de la mujer en José Martí 1887-1895, Olga Marta Rodríguez Jiménez, revisa el tránsito del pensamiento de Martí, desde una posición reticente a la participación de la mujer en los asuntos públicos, hacia la opinión contraria, expresada en sus últimos escritos. Inspiró ese cambio el desempeño de las mujeres en la acción política y la guerra de independencia que el prócer dirigió. Interesa el análisis de Rodríguez en esta Sección Central dedicada al choque de valores, porque muestra el largo y difícil camino del cambio de unos valores por otros. La opinión originaria de Martí obedecía a los valores dominantes en su momento. Estamos hablando del siglo XIX cuando las luchas feministas apenas se esbozaban. Por lo general, los cambios trascendentales en los valores se generan colectivamente, pero siempre hay espíritus superiores, como el de Martí, que se constituyen en vanguardia y refuerzan el cambio social.

En la sección ARTÍCULOS incluimos contribuciones muy valiosas: Hazel Brenes y Edgar Gutiérrez Espeleta proponen un índice para la medición de la calidad de vida en Costa Rica; Marcela Chaves y Mario Segnini, con base en un estudio de los datos, proponen una zonificación de riesgo por hechos delictivos en el cantón central de San José y Nayibe Tabash Blanco analiza la experiencia del programa Aula Abierta del Ministerio de Educación.

Ofrecemos en la sección RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS dos valiosas revisiones que serán de gran utilidad en sus respectivos temas.

Mirta González da cuenta de un minucioso estudio acerca de la producción en temas de mujer y género en las cuatro universidades estatales costarricenses en el periodo 1996-2000. Incluye trescientos ochenta y un documentos, entre artículos, tesis, libros y otras publicaciones y los presenta clasificados y, en algunos casos, comentados. La utilidad de este aporte es incalculable.

Otro esfuerzo de gran valor es el estado de la cuestión sobre autismo infantil que realizó Maricruz Coto. En él analiza la publicación relevante sobre el tema, la comenta, establece resultados y la presenta de manera sistemática y clara.

De esta manera ofrecemos un número más de la Revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica en la esperanza de cumplir a cabalidad nuestro objetivo de divulgación científica.

Ciudad Universitaria Rodrigo Facio
Junio, 2007

Dr. Daniel Camacho Monge
Director