Resumen

Hacia fines del siglo pasado, la Nueva Agenda de la Didáctica surgió como una fuerte interpelación hacia el abandono de la tradición tecnocrática y una apuesta potente hacia la paulatina resignificación de la educación formal como capaz de promover el pensamiento profundo. Las necesidades sociales eran entonces tan acuciantes como las urgencias disciplinares por superar la mirada ingenua, simplista y delgada de la enseñanza como método, que en última instancia diluía al sujeto en un protocolo de procedimientos tendientes a resultados. Mucho se había avanzado ya en la conceptualización del campo y, a medida que se difundieron trabajos e investigaciones, se fue consolidando en el discurso una metamorfosis plena de lo que se había entendido hasta entonces- muy delgadamente- como didáctica. El cambio, sin embargo, impregnó el nivel discursivo sin llegar a encarnar en las prácticas. Las razones son múltiples y complejas, y solo se abordarán tangencial y conjeturalmente en este ensayo. En cambio, la presente publicación se propone delinear siete certezas adquiridas, vivas en el discurso, y problematizar respecto de algunas situaciones y condiciones que podrían gestar nuevos escenarios educativos consonantes con tales pronunciamientos.