Resumen

Introducción


El presente artículo surge a partir de un proyecto de investigación que se desarrolló en varias comunidades de la Península de Nicoya tras el terremoto del 5 de setiembre del 2012. Dicho proceso de investigación también se articuló como parte del seguimiento comunitario y abordaje que realizó la Brigada de acompañamiento psicosocial en situaciones de emergencias y desastres de la Escuela de Psicología al momento del evento. Particularmente se presenta la experiencia desde la memoria colectiva de la comunidad de Santa Teresa de Cóbano, Puntarenas. [Continúa leyendo en el artículo]


 

Introducción

La Brigada de Acompañamiento Psicosocial (en adelante la Brigada), es parte del proyecto de extensión docente ED-74 Acompañamiento Psicosocial en situaciones de Emergencias y Desastres, de la Escuela de Psicología y que funciona desde 1996. El trabajo se realiza en el ámbito comunitario, dando apoyo a las poblaciones afectadas en una situación de desastre, brindando una intervención en crisis de primer orden y facilitando la participación en procesos de capacitación y fortalecimiento para la organización comunitaria, tanto al momento del evento como en los procesos de recuperación.

El ED-74 busca integrar las tres actividades sustantivas de la Universidad de Costa Rica (UCR): la docencia, la investigación y la acción social, específicamente a partir del eje temático de la atención psicológica en situaciones de emergencias y/o desastres y la organización comunitaria. Lo anterior se desarrolla dentro de la Escuela de Psicología, por medio de las siguientes actividades: el área de docencia se desenvuelve a través del Módulo de Psicología de la Organización Comunitaria y el Módulo Sobre Psicología y Atención de Situaciones de Desastre; el área de investigación comprende proyectos y trabajos finales de graduación derivados de los procesos de acompañamiento a comunidades y, por último, se complementa el trabajo de acción social de la Brigada con el Trabajo Comunal Universitario-550: Gestión para la reducción del riesgo en comunidades amenazadas del país, cuyo énfasis es la prevención. Es importante destacar que este último nace en el año 2008 con el fin de acompañar procesos comunitarios que fortalezcan el trabajo de prevención y preparación ante emergencias y desastres de distintas comunidades del país que se encuentran en situaciones de riesgo.

El presente artículo se centra en el terremoto ocurrido el 5 de setiembre de 2012, en la región de la península de Nicoya, Costa Rica, y que tuvo una magnitud de 7.6 Mw. Dicho evento fue sentido en toda América Central y se reportaron daños estructurales y colapso de edificaciones en las localidades de Nicoya, Liberia, Cañas, Tilarán, Puntarenas, Grecia, Sarchí y Naranjo.

Según Linkimer et.al (2013), después del terremoto de Limón en abril de 1991 (Mw 7.7), el del 5 de setiembre de 2012 podría ser catalogado como el segundo más fuerte sucedido en territorio nacional desde el inicio de las mediciones instrumentales (iniciadas en la década de 1970), por parte de las entidades que hoy conforman la Red Sismológica Nacional: la Universidad de Costa Rica y el Instituto Costarricense de Electricidad (RSN: UCR-ICE).

Tras este evento, la Brigada realizó un acompañamiento psicosocial que, por disposición de la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE), se realizó en las comunidades del cantón de Santa Cruz y Nicoya de la provincia de Guanacaste y del cantón de Puntarenas, en la provincia del mismo nombre. Dicha intervención tuvo como principales objetivos acompañar a las personas afectadas por el terremoto, disipar rumores y temores, así como contribuir con la organización comunitaria de preparativos y respuesta para fortalecerlos ante posibles eventos.

Durante dicha intervención participaron, junto con la Brigada, miembros de la RSN: ICE-UCR y del Programa Información científica y tecnológica al servicio de la prevención y mitigación de desastres (PREVENTEC).

Como parte de las acciones de seguimiento, en el año 2014 se inició un trabajo en conjunto entre la Brigada, el TCU-550 y PREVENTEC en las comunidades que fueron atendidas en el 2012 según designación de la Comisión Nacional de Prevención de Riesgo y Atención de Emergencias (CNE).

Este equipo pretendió trabajar en conjunto con estas comunidades para evaluar el seguimiento de la intervención del 2012 y así crear estructuras comunitarias con recursos y capacidades para la prevención y la atención de emergencias y desastres. Como parte de este seguimiento, y a fin de vincular aún más la acción social, docencia e investigación, se construyó el proyecto de investigación «Crónica de un terremoto anunciado: la reconstrucción de la memoria colectiva sobre el terremoto de Nicoya del 5 de setiembre del 2012», del cual parte este artículo.

En ese sentido, con el proyecto de investigación se buscó comprender estas implicaciones en los tres momentos determinados, de manera que se establece: el antes, que comprende el periodo previo al evento del 2012, es decir, desde la década de los noventa hasta el 5 de setiembre del 2012. Lo anterior se debe a que dicho terremoto había sido anunciado en el país por parte de especialistas en sismología, quienes hablaron de la posibilidad de presentarse un evento de gran magnitud en la zona en razón de la historia geológica que planteaba un ciclo de repetición de 50 años para estos eventos.

También se propuso conocer las repercusiones que esta advertencia –hecha varias décadas antes de la manifestación del terremoto– pudo tener en los procesos de preparación y organización comunitaria, así como en la salud mental de las personas que habitan las localidades. Es decir, ¿qué significó para la población vivir cotidianamente con la amenaza de un terremoto de gran magnitud en la zona?

El durante se establece como el momento exacto de la manifestación de la amenaza, es decir, el 5 de setiembre del 2012, así como las primeras 72 horas posteriores a la emergencia. Para esto se planteó conocer cómo las diferentes organizaciones enfrentaron la situación en materia de atención. También se buscó una aproximación a las experiencias de las comunidades afectadas, en el momento del terremoto y ante la alerta de un posible tsunami.

Por último, el después abarca los meses y años posteriores al evento, tiempo en el cual se ponen en evidencia los procesos de recuperación y de organización comunitaria frente la información de la no liberación de toda la energía sísmica en el evento del 2012 y, por consecuencia, la posibilidad de que podrían presentarse nuevos eventos similares en magnitud en estas mismas localidades.

Finalmente es necesario enfatizar que, aunque el proyecto de investigación abordó tres cantones de la Península de Nicoya, en este artículo se presentan solamente los resultados del cantón de Puntarenas, en específico de la comunidad de Santa Teresa de Cóbano.

Metodología

Se planteó realizar esta investigación desde una aproximación metodológica de corte cualitativo pues, retomando a Salazar (2003), este proceso se entiende como una «maquinaria inventada», que permite mirar y acercarse a lo social, donde el sujeto se piense como colectividad; reflexionando sobre sus vínculos, formación, organización, discursos, conflictos, atravesamientos sobre los eventos y modos de afrontarlos, intentando una verdadera escucha de todo el material que surge ante esta propuesta que permita una elaboración de sí mismos como sujetos por parte de quienes participan en el proceso de la investigación, considerando así el conocimiento como una construcción colectiva de saberes.

Por tanto, se desarrollaron dispositivos de recuperación de la memoria grupal para construir su memoria sobre un acontecimiento intenso vivido y, que implica, una manera común e individual a la vez de percibir el medio ambiente y una estrategia compartida de creación de significaciones que apuntan a la transformación de su realidad (Robles et al. 2011).

Además, la importancia del trabajo desde la memoria colectiva recae en que no solamente reconstruye la experiencia, sino también permite interrogarse sobre la misma para pensar el pasado en vinculación directa con el presente y el futuro como una realidad social en construcción por estos mismos sujetos.

Técnicas:

Las técnicas utilizadas en este proceso fueron las siguientes:

Dispositivos grupales

Se entiende al grupo como un «proceso dinámico y activo, en donde se dramatiza la subjetividad, pero donde se trasciende la individualidad» (Vilar 1990, 100). De allí que se consideren los encuentros grupales como un instrumento adecuado para la investigación e intervención de la reconstrucción de la memoria sobre el terremoto.

En los dispositivos grupales de recuperación de la memoria colectiva, interesó conocer la significación de la experiencia y cómo se fue transformando la subjetividad antes, durante y después del evento. Para esto se intentó, a partir de la escucha de cada participante de las comunidades, construir una memoria colectiva, la cual es mucho más amplia y general que lo que cada individuo puede aportar desde sus recuerdos particulares.

Esta recuperación de la memoria se considera un instrumento privilegiado, ya que trabajar la memoria colectiva no es un modo de reconstruir acontecimientos, sino de resignificar la experiencia. La memoria colectiva permite dar cuenta de la constitución como sujetos y de su realidad social.

En Cóbano se desarrollaron dos dispositivos grupales con el Comité Municipal de Emergencias. El primer dispositivo tuvo el objetivo de reflexionar sobre lo sucedido con el evento antes, durante y después a partir de una guía de preguntas. Para el segundo, se utilizó como base los resultados sistematizados del primer dispositivo para validar la información y generar nuevas reflexiones y material sobre el tema.

Específicamente en la comunidad de Santa Teresa, se ejecutó un dispositivo grupal con la Asociación de Desarrollo, uno con la Escuela, uno con el Colegio y uno más abierto para las personas de la comunidad.

Entrevistas a profundidad

Se entrevistó a personas adultas que han vivido en Santa Teresa desde que se fundó, o que al menos lo haya hecho su ascendencia directa, con tal de conocer sobre el origen de la comunidad, algunos eventos históricos ocurridos en la zona y estrategias que se utilizaron para enfrentarlos. Finalmente, se contemplaron las experiencias familiares y comunitarias antes, durante y después del terremoto del 2012.

De acuerdo con Gaínza (citado por Canales 2006, 220), este tipo de entrevista es una técnica social, en la cual se pone «en relación de comunicación directa cara a cara a un investigador/entrevistador y a un individuo entrevistado, con el cual se establece una relación peculiar de conocimiento que es dialógica, espontánea, concentrada y de intensidad variable». En este caso, estuvo compuesta de preguntas abiertas, a través de las cuales se dirige el proceso que permite la obtención de la información.

Conversaciones informales

En este proceso también fueron muy importantes las conversaciones informales generadas con hombres, mujeres, adolescentes, niños y niñas, líderes comunitarios, miembros de comités municipales y comunales de emergencias. La elección de esta técnica se fundamenta en la propuesta de González (2007, 32), la cual reivindica los sistemas conversacionales puesto que «permiten al investigador descentrarse del lugar central de las preguntas para integrarse a una dinámica de la conversación, que va tomando diversas formas, y es responsable de la producción de un tejido de información que implique con naturalidad y autenticidad a los participantes».

Se optó asimismo por las conversaciones informales ya que estas se configuran en «interacciones verbales más cotidianas y naturales (en el trabajo de campo: sobre cosas vistas o escuchadas), pero intencionadas a lograr interacciones más intensas y prolongadas» (Gaínza, citado por Canales 2006, 229).

Integración

Para integrar la información obtenida en las diferentes técnicas, se organizó el material mediante categorías y subcategorías, elaboradas a partir de ciertos tópicos que, como señala Cisterna (2005), pueden ser construidos a priori o derivados de emergentes propios del proceso de recopilación de información, dado que su aparición es constante o son significativos para la comprensión del fenómeno investigado.

Finalmente, la información se validó con las personas participantes en diferentes momentos mediante la discusión y reflexión conjunta.

Resultados

A continuación, se presentan los principales resultados de la investigación. Están organizados de acuerdo a las principales categorías generadas a partir de la construcción de la memoria colectiva:

Sobre la comunidad de Santa Teresa: procesos psicosociales en su conformación y la posibilidad del terremoto

Las personas de la comunidad de Santa Teresa de Cóbano relatan diversas historias sobre el surgimiento de la localidad. En las entrevistas, sus habitantes más antiguos señalan que el inicio puede estar ubicado en la década de los setenta u ochenta, o sea, hace 40 o 50 años.

No se tiene mucha claridad sobre el dueño original de las tierras que los y las habitantes tomaron luego con los años; sin embargo, se señala que eran terrenos de un extranjero. Algunas personas narran que eran dos estadounidenses, mientras que otras narraciones hablan de que eran tierras de Somoza: «Cuando nosotros nos metimos acá no había nada, nos dijeron que nos metiéramos porque era una finca abandonada, esta finca era de ese Somoza, antes de la guerra esto era de Somoza, el de Nicaragua, como él era el que más había comprado, como cinco fincas estaban abandonadas, o fincas perdidas» (Flores, P, comunicación personal, 7 de julio de 2017). «Tiene conocimiento de eso, allá por los años de los 80, esta era una finca desde allá por Manzanillo, una finca de más de 2000 hectáreas, y estaban dos gringos, dos gringos eran los dueños de todo esto. Pero resulta que un gringo se murió, entonces quedó el otro gringo, y el otro gringo también se fue, entonces quedaba la finca así» (Esquivel, J., comunicación personal, 7 de julio de 2017).

Como se evidencia, los procesos de migración llevaron a costarricenses a apropiarse de terrenos de personas extranjeras. Proceso que paradójicamente más adelante se invierte cuando, con el pasar de los años, van llegando nuevas poblaciones extranjeras a la comunidad (como estadounidenses y nicaragüenses) en busca de trabajo y con la intención de invertir en la zona, lo cual es visto como amenaza para las personas locales.

Así bien, en estos diálogos se construyen versiones de lo sucedido, lo cual es atravesado por la experiencia y la resignificación. En ese sentido este tipo de reconstrucción es como la plantean Robles y Soto (2009, 14) al señalar que «nos referimos a una reconstrucción como resignificación del pasado, con su dosis de ficción y mito y también de todo ese material creativo e imaginativo que los colectivos producen para explicarse su mundo, su realidad, para darle sentido a su cotidianidad».

De esta manera, esta construcción de las memorias cumple una función organizadora, en el sentido de organizar los imaginarios sociales que se generan a la luz de una experiencia subjetiva desde un nivel colectivo y que se carga de prácticas y discursos permanentemente.

Con respecto a la dinámica de ocupación, se señala que las primeras personas que habitaron la comunidad fueron generando los caminos y puentes que, según se señala, se realizó con dinero que recogían de la organización de actividades comunitarias «cuando nosotros entramos aquí no había nada, ni camino, por el camino sólo veníamos nosotros, hacíamos fiestas, carreras de caballos para recoger fondos para hacer el camino» (Flores, P., comunicación personal, 7 de julio de 2017).

De ese modo, la comunidad se organizó para hacer mejoras y construir las calles. En ese momento se convocaron y juntos se organizaron, «rompimos la montaña para hacer caminos, contratamos maquinarias, Don J. [sic] tenía una máquina y nos hizo unos pozos. Esto fue muy importante porque hasta el día de hoy podemos usarlos y con el tema de la sequía a veces tenemos poco recurso hídrico y la quebrada de donde se traía el agua se secaba, teníamos que ir cada vez más arriba de la quebrada para poder traer el agua, los pozos facilitaron esta tarea» (Barrantes, D. y Mejía, C., comunicación personal, 8 de marzo de 2017).

Lo anterior permite entender que centrarse en la memoria como herramienta colectiva, significa no pensarla como una historia o una cronología puesto que, como plantea Halbwachs (1995, 213-214) la memoria colectiva se distingue de la historia dado que la primera «es una corriente de pensamiento continuo, con una continuidad que no tienen nada de artificial, puesto que retiene del pasado sólo lo que aún está vivo o es capaz de vivir en la conciencia del grupo que la mantiene. Por definición, no excede los límites del grupo». La historia se construye como universal, singular u homogénea, mientras que las memorias son plurales y no tienen principio de «verdad», sino que atraviesan las experiencias de los colectivos.

En otras palabras, las narraciones de los colectivos no pueden ser comprobadas ni corroboradas, sino que se construyen en un momento y contexto social particular. «Narrativas y prácticas que no serán descripción fiel de lo ocurrido, sino ejercicio pleno de la creatividad humana, de la capacidad de construir y reconstruir permanentemente significados que hagan emerger cosas distintas a las que había. Es desde ahí, precisamente, que hablamos de la constitución de sujetos y de sujetos colectivos» (Robles y Soto, 2009, 10).

Teniendo esto en cuenta, se evidencia que para las personas entrevistadas es importante cómo en conjunto se pueden construir espacios relevantes a nivel comunitario, como la escuela: «La escuela tiene como 20 años de estar funcionando, la construimos entre todos, los vecinos ayudaron a construir un rancho para que dieran clases, vinieron 2 profesores, estuvimos muy orgullosos porque fue algo hecho por el pueblo, los profes venían desde Esparza, así como hicimos en la escuela también montamos la plaza un señor donó las tierras». (Barrantes, D. y Mejía, C., comunicación personal, 8 de marzo de 2017)

Además, mencionan que las principales actividades económicas en sus inicios giraron alrededor de la agricultura, a diferencia de la actualidad, cuando predomina el turismo: «Yo trabajé en agricultura, agricultura [sic], sí más que todo agricultura. Pero había crisis de agua, y no había tanto; pero vino el IMAS y nos daba tantos subsidios. Muy difícil lo del agua, íbamos a la quebrada del Carmen, por allá, la primera quebrada por allá, nos echábamos agua, echarla en los galones» (Esquivel, J., comunicación personal, 7 de julio de 2017).

Luego más adelante, en otra entrevista señala «Sí comenzamos a trabajar, arroz, maíz, frijoles, todo lo guardábamos para comer en el tiempo de invier-verano [sic] que no hay cosecha, no hay agua, entonces todo eso lo metíamos en bodegas, hacíamos unas chozas de palma, y ahí metíamos, hacíamos un tabanco y ahí metíamos la comida, el arroz, los frijoles, todo lo cultivábamos aquí. Ahí, con después al tiempo, ya vino que todos se, nadie compraba arroz, nadie compraba maíz, nadie compraba nada, entonces se perdían los montones de maíz, no podíamos trabajar» (Ramírez, R., comunicación personal, 9 de marzo de 2017).

Poco a poco, la zona fue poblándose de turistas de diferentes lugares que una vez establecidos fueron generando negocios para incrementar la actividad turística. Además, actualmente llegan muchas personas nicaragüenses en búsqueda de trabajo: «el trabajo, todos ellos vienen a trabajar aquí, mujeres y hombres andan buscando trabajo, a eso vienen, quieren ganar plata, a eso vienen, quieren trabaja» (Esquivel, J., comunicación personal, 7 de julio de 2017).

Esto evidencia que la comunidad agrupa gran diversidad de personas de distintas nacionalidades: «Y nos fuimos así, ya comenzó la gente con el título, comenzó la gente a meterse, a comprar y comprar, porque usted ve que esto aquí casi todo es de extranjeros, son pocos los ticos que hay, son puros israelitas, canadienses, de California, de, pura gente extranjera, casi que ya el extranjero es uno aquí, porque hacen una reunión y aparecen dos o tres ticos ahí y no hay ningún otro tico» (Ramírez, R., comunicación personal, 9 de marzo de 2017). Enfatizan que la cantidad de costarricenses se ha ido reduciendo cada vez más. Como lo señalan, parece que la población costarricense es la extranjera en la zona.

Organización comunitaria previo al evento

Ahora bien, vinculando este tema con el anuncio anticipado del terremoto del 5 de setiembre del 2012, las personas señalan que «en Nicoya Marino Protti presentó evidencias que habría grandes posibilidades que se presentara un sismo de gran magnitud en Nicoya, por lo que las personas lo declaran persona no grata, alegando que les ahuyentaba el turismo con sus declaraciones» (Dispositivo grupal, 23 de agosto de 2016).

Se nota, en los distintos dispositivos, la existencia de rumores sobre la posibilidad de la ocurrencia del evento. Sin embargo, este aviso no generó organización o preocupación para la mayoría de la población: «se supone que lo habían predicho, nadie hizo nada». (Dispositivo grupal, 26 de agosto 2017)

Por todo lo anterior es que la reconstrucción de la memoria histórica sobre la conformación de la comunidad, así como la caracterización de las diferentes dinámicas organizativas y vinculares, son aspectos importantes de conocer. Esto porque, de alguna manera, dan cuenta también de cómo las personas se posicionan y organizan frente a las situaciones cotidianas que la comunidad les demanda, entre ellas el riesgo ante desastres.

Se puede decir que, para el terremoto del 2012, a partir de lo identificado, las personas no se encontraban preparadas ni organizadas. Actualmente consideran que fue un evento de gran magnitud y que las consecuencias en infraestructura, como casas y edificios, fue notoria.

Procesos organizativos vinculados a la respuesta ante el evento

Al consultar el Comité Municipal de Emergencias (CME) sobre aspectos que incidieron en la respuesta al evento, este ente menciona algunas problemáticas que tuvo que enfrentar, dentro de las cuales se señalan las siguientes:

  • - A nivel preventivo, se dificultaba la participación de las personas en las reuniones de CME.
  • - Aparte de las escuelas, en las demás instituciones hay ausencia de acciones y medidas preventivas.
  • - Los puentes estaban en mal estado, o había una ausencia total de los mismos.
  • - Sucedió, y se sigue dando, que los extranjeros se involucran más que los nacionales en organizaciones comunitarias.
  • - Otro factor que señalan es que las rutas de evacuación en caso de tsunami están en propiedades privadas.
  • - Adicionalmente señalaron la coexistencia de muchas amenazas: sismos, tsunamis, tornados, deslizamientos, inundaciones, incendios, etc.
  • - Señalan que algunos líderes comunales muchas veces se oponen o no se involucran en propuestas para mejorar en temas de organización ante el riesgo de desastres.
  • - Destacan pensamientos o creencias como «dejarle todo a tatica Dios», que limitan la participación en los procesos.
  • - Escasez de recursos, por ejemplo, la falta de vehículos para atención de la emergencia.
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  • - Suspensión el servicio del agua, pues el recurso de agua se da mediante bombeo y depende del servicio eléctrico. Además, las tuberías se dañaron con el terremoto.
  • - Algunas personas no desalojaron las viviendas, a pesar de que las declararan inhabitables.
  • - Mucha gente llegó a solicitar ayuda al Comité para resolver situaciones ajenas al evento en cuestión.
  • - La gente llamaba al 9-1-1 por situaciones que no eran emergencias. Por otra parte, hubo personas que denunciaron la falta de colaboración institucional, pero ante esto el CME señala que lo que ocurrió fue que no se contaba con los recursos.
  • - Al momento de la emergencia, tuvieron que atender con la misma cantidad de personal disponible con el que ordinariamente cuentan en las instituciones (fue hasta una semana después que recibieron refuerzo).
  • - Al momento de la emergencia, tuvieron que atender con la misma cantidad de personal disponible con el que ordinariamente cuentan en las instituciones (fue hasta una semana después que recibieron refuerzo).
  • - Consideran que la gente no entendió que había protocolos a seguir en las instituciones.
  • - Durante la emergencia, no se logró contar con la presencia de todos los integrantes en las reuniones del comité.
  • - La variedad de idiomas y culturas dificultó la comunicación.
  • - Santa Teresa experimenta cambios importantes en cuanto a desarrollo, se espera un gran crecimiento dada la instalación de una nueva tubería, y a que ya existen una serie de solicitudes de permiso de construcción.
  • - Refiere que la respuesta del Gobierno ha sido lenta. Hay escuelas que han tenido que trabajar en pésimas condiciones por daños causados por el terremoto y hasta este momento están recibiendo ayuda (3-4 años después).
  • - La mayoría de personas dependían económicamente de la actividad turística. Incluso actualmente lo siguen haciendo. Por lo que la disminución de la misma les generó un impacto económico considerable.
  • Para reflexionar sobre lo anterior, Briones (2005) propone que es fundamental el estudio de las instituciones sociales, en especial del Estado y su rol frente a los riesgos, así como otros actores sociales que intervienen en la construcción de la cultura (como iglesia, escuela, medios de comunicación y sociedad civil). Esto permitirá comprender que la percepción social de riesgo depende de factores sociales, históricos, geográficos y culturales. Y, como se evidencia, dichos aspectos no son necesariamente considerados en el análisis que muchas veces se plantea desde lo institucional.

    En los dispositivos grupales con el Comité Municipal de Emergencias de Cóbano y las personas de la comunidad de Santa Teresa, se manifestó claramente cómo al momento del terremoto, así como en los meses y años posteriores, no se han generado ni desarrollado planes de emergencia, ni organización para la prevención de distintos eventos (Dispositivo grupal, 23 de agosto de 2016; Dispositivo grupal, 26 de agosto 2017). Los mayores avances y acciones se han generado en los centros educativos, pero son insuficientes.

    Las personas de la comunidad de Santa Teresa destacan que, en años previos al evento, hubo un Comité Comunal de Emergencias que desarrolló una serie de acciones en conjunto con una organización de financiamiento internacional. Sin embargo, esta agrupación dejó de existir y con ella se descontinuó el trabajo realizado, lo cual plantea interrogantes sobre el papel de las instancias privada y externas frente a los aspectos que están quedando descubiertos por el aparato estatal.

    Es a partir de esta cooperación con la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) que, para el año 2017, solamente la escuela de la localidad contaba con una organización eficiente y clara para enfrentar eventos como el del año 2012 (Dispositivo grupal, 23 de agosto de 2016).

    Al respecto las personas entrevistadas señalan que el día del terremoto muchos miembros de la comunidad se desplazaron hacia las zonas altas del lugar, debido a la alerta de tsunami. Sin embargo, lo hicieron sin planes establecidos y sin información clara sobre la alerta. Por ejemplo, las personas (funcionarias y estudiantes) de las instituciones educativas –escuela y liceo– subieron a un cerro cercano, sin contar con el hecho de que el mismo al parecer está en una zona de riesgo por deslizamiento (Dispositivo grupal, 10 de mayo 2017).

    Además, relatan que la noche posterior al terremoto las personas durmieron en los cerros y volvieron a sus viviendas al día siguiente, aun sin tener información clara ni organización conformada para hacer frente al post-evento o posibles situaciones que se presentaran, «todo mundo se quedó hablando, eso es lo que veo que hacemos. Decían: dicen que hay que tener agua, foco, y tener agua, almacenar agua y un foco la luz y no sé qué más [sic] la gente hablaba verdad, pero la gente ya olvidó» (Ramírez, R., comunicación personal, 9 de marzo de 2017).

    En cuanto a los procesos de preparación, al contar con una población extranjera y una inversión considerable en la actividad turística, es este sector el cual se ha organizado para el desarrollo de la comunidad y solventar necesidades para la zona, por ejemplo, caminos, administración del agua, reciclaje, entre otras acciones. «Ese camino es un problema, era un huequerío [sic], que tuvieron que pagar 15 mil dólares los gringos para arreglar eso, el gobierno no le gusta arreglarlo y ya comenzaron a hacer la calle más que bien y ya entraban carros; y la gente a vender lotecillos [sic], a hacer plata, entonces ya fue entrando el gringo y se levantó el lugar» (Ramírez, R., comunicación personal, 9 de marzo de 2017). Nuevamente se evidencia cómo el aparato estatal, al dejar descubiertos aspectos relevantes para la comunidad, abre la posibilidad que desde lo privado se tomen acciones de mejora, pero que parecen ir en línea también de intereses económicos específicos.

    En esa línea, no es de extrañar que la organización no se vea reflejada para la prevención y atención de situaciones de desastres en la zona, puesto que al parecer se genera un conflicto entre el sector de inversión turística en la zona y ciertas organizaciones. El sector turístico manifiesta reticencias en la prevención, esto a la luz de la preocupación que se presenten temores en turistas y, por ende, su alejamiento de la zona. Ejemplo de estas preocupaciones son algunas señalizaciones que tiene la comunidad indicando las zonas de evacuación en caso de tsunamis.

    Al respecto, García (2005) retoma la necesidad de comprender el riesgo como una construcción social que depende del tipo de sociedad, la cual determina las creencias y visiones dominantes sobre la noción misma. Por tanto, surge la importancia de establecer que las investigaciones conozcan las percepciones respecto al riesgo y desde las diferentes colectividades que integran una comunidad, pues sus visiones e intereses pueden ser muy variados entre sí.

    Entonces, explicar la construcción social del riesgo significa conocer los factores que producen o reproducen dichas condiciones, así como las posibilidades de convertirse en obstáculos para las acciones orientadas a reducir las probabilidades de daño de los fenómenos naturales. Como plantea Briones (2005, 17), «este funcionamiento social se basa en aspectos materiales y organizativos como la economía y la política, así como en aspectos simbólicos y cognitivos como las representaciones sociales y la percepción del riesgo, ya que la sociedad misma define lo que considera seguro y riesgoso en el contexto de su cultura, historia, territorio e instituciones», esto hace que incluso en una misma comunidad el riesgo sea diferenciado.

    Procesos comunitarios después a la respuesta ante el evento

    El mayor temor para las personas de la comunidad posterior al evento fue la posibilidad de un tsunami, pues consideraban que la zona, por ser de gran actividad turística, podría tener fuertes implicaciones ante el riesgo de tsunami. Sobre la alerta de tsunami mencionan que «aquí el único riesgo es el de un maremoto que se venga, la gente de allá decía: ¡uy es peligroso! un día que se vino un temblor la gente estaba así, y la gente allá por las bombas, arriba; puede venirse un maremoto. ¡Ah! pero nosotros nos quedamos queditos [sic] acá, se sale la mar, bueno eso decían, tuvieron miedo y se fueron» (Esquivel, J., comunicación personal, 7 de julio de 2017). Ante la alerta del posible tsunami con el terremoto del 5 de setiembre, la mayoría de las personas buscaron zonas altas para evacuar.

    La vinculación entre la comunidad e instancias para la prevención de emergencias, como el CME o la CNE, se remite únicamente para la atención de la emergencia, como sucedió con el terremoto. Se hace evidente la necesidad de acompañamiento y seguimiento a un Comité Comunal, que se refleje en herramientas, recursos y capacitación (Dispositivo grupal, 26 de agosto 2017).

    Es importante señalar que, a partir de lo investigado, la amenaza en su componente social y la existencia de vulnerabilidades sociales no son un eje de acción prioritaria en las intervenciones de instancias gubernamentales, sino que aún se siguen arrastrando elementos del enfoque emergencista y asistencial.

    En ese sentido, la estrategia principal de las instancias gubernamentales se establece entonces desde un discurso basado en la prevención y la mitigación de los riesgos, dado que es el método estadístico que establecerá una serie de condiciones probabilísticas de que uno u otro evento se manifieste y, en consecuencia, en esas condiciones deberá atacarse el problema para eliminarse. No obstante, a nivel comunitario la estrategia pareciera no tener mayor impacto, pues no se trasladan necesariamente estas acciones directamente a los escenarios locales con los agentes implicados directamente.

    En ese sentido la comunidad de Santa Teresa señala el hecho de no contar con la organización ni preparación previa al sismo y, aún para el año 2017, esto no había cambiado. No se cuenta con herramientas ni información comprensible sobre lo sucedido o lo que puede ocurrir. Por el contrario, prevalecen rumores como que «todo mundo dice que hay que preparar porque viene otro, que viene otro muy fuerte”, decían don R. [sic], esté listo; ¿cómo que esté listo?, cuando le toca, le toca a uno, eso es lo que yo le digo» (Ramírez, R., comunicación personal, 9 de marzo de 2017).

    Se continúa planteando la posibilidad de un nuevo evento: «La gente dice que parece que no se liberó lo suficiente, que parece que va a llegar otro» (Vargas, A. y Porras, L., comunicación personal, 7 de abril de 2017). Sin embargo, a través de las narraciones, se plantea la necesidad de trabajar la memoria de las personas habitantes para, de algún modo, tener un registro histórico –como le denominaron– que permita generar sensibilidad y conciencia sobre los riesgos de la zona y abordar el fenómeno pues en el imaginario «eso nunca va a suceder» (Dispositivo grupal, 26 de agosto 2017).

    A lo anterior se suma que la comunidad de Santa Teresa, desde la perspectiva de la población costarricense, ha venido generando una serie de condiciones o situaciones que vulnerabilizan a la comunidad y les colocan en un mayor riesgo. Muchas de estas están vinculadas con el manejo del territorio y la gestión ambiental, en especial sobre el manejo y reducción del recurso hídrico. Lo anterior se debe a que el ingreso acelerado de turistas, así como la construcción e inversión, no está relacionado con la capacidad de los pozos de agua, por lo que el faltante del recurso es evidente en muchas zonas. Aunado a esto, la situación de sequía de los últimos años en la zona, la deforestación, el calentamiento global y la poca inversión para enmendar estas situaciones, aumenta las complicaciones para la población (Dispositivo grupal, 23 de agosto de 2016).

    De este modo, es necesario plantear que el centro de atención no debe estar en el evento o manifestación de la amenaza, sino en analizar de qué manera ciertos fenómenos sociales explican la magnitud del impacto de un evento. Por ello, las ciencias sociales se han ido abocando cada vez más en comprender el modo en que se construye socialmente una noción tan abordada como lo es el riesgo, pues desde una mirada psicosocial se considera que es «un proceso que incluye factores como exclusión económica (pobreza), lagunas en el manejo del territorio (aspectos geográficos), percepción del riesgo (aspectos culturales) y gestión del riesgo (aspectos políticos)» (Briones 2005, 10).

    Las personas narran, producto de estas condiciones, un aumento en los incendios forestales en la zona, emergencia que han tenido que atender con pocos recursos dada la poca permanencia de equipos de emergencias en la localidad.

    Como se ha mencionado, la organización en este tema es deficiente y no se cuenta con planes de evacuación o sistemas de alerta temprana, más allá de los letreros que señalan lugares donde ir en caso de tsunami. Tampoco se han realizado simulacros ni se ha revisado que las zonas para evacuar no sean zonas de riesgo, y sigue faltando establecer posibles lugares de albergues.

    Procesos comunitarios y subjetivos: conflicto, diversidad e identidad

    Como se ha señalado en los apartados anteriores, los pobladores cuentan que a la comunidad de Santa Teresa fueron llegando nuevas personas de diferentes países y que, en la actualidad, es la población foránea la que más se ha organizado para diversas actividades, vinculadas especialmente al crecimiento económico de la zona. No obstante, en las narraciones de las personas, se reflejan diferentes implicaciones en la vida cotidiana de los primeros habitantes, es decir la población costarricense.

    Muchas personas hablan de los beneficios que el turismo ha traído para la zona, especialmente en cuanto a infraestructura y empleo. «Diay [sic], si, pongamos diay [sic], antiguamente antes no había trabajo para solo uno era el que trabajaba, diay solo uno, entonces diay [sic], la mayoría gracias a Dios, como es el turismo que se ha metido, diay [sic], todas las hijas tienen su buen trabajo, ganan bien y ya la vida, pues ya uno se ha hecho, ya los hijos de uno ya la vida de ellos es de ellos, están ahí con uno pero cada uno tiene su trabajito y algunas tienen su ahorrito [sic], digamos, eso es una cosa que ha ayudado mucho a la comunidad». (Ramírez, R., comunicación personal, 9 de marzo de 2017)

    Sin embargo, mencionan problemáticas vinculadas a esto, tales como procesos de construcción acelerada, reducción del recurso hídrico, contaminación y mal manejo de residuos y problemas de drogas y alcohol con la gran llegada de turistas.

    En la misma línea, llama la atención que las mayores molestias no se transmiten a ciertos colectivos o nacionalidades que mayor inversión generan, sino especialmente a la población nicaragüense que llega en busca de empleo. Las quejas se dirigen a cómo este grupo «arrebata» el trabajo a la población costarricense y utiliza los recursos como los servicios de salud, «la cosa es que hicimos eso, ahí está ahora, ahora ahí es la clínica, y ahí lo atienden, viene usted ahí y puro nicaragüenses, es raro ver un tico; llega uno ahí a esa plaza, usted llega en la tarde y halla 5 ticos a lo mucho, y hay como 30 ahí. Entonces sí, yo veo que sí, que eso va mal» (Ramírez, R., comunicación personal, 9 de marzo de 2017).

    Este descontento hacia el extranjero pareciera no ser particular de esta zona. Por el contrario, es una muestra del fenómeno de discriminación por condición socioeconómica y la xenofobia evidente cada vez más en mucha de la población costarricense hacia personas nicaragüenses quienes, en las últimas décadas, han tenido que migrar a Costa Rica en busca de mejorar su situación en cuanto a ingresos económicos y acceso a servicios sociales.

    En ese sentido, perciben varias problemáticas comunitarias, las mismas vinculadas mayormente con la llegada de personas extranjeras:

    La comunidad hoy en día tiene muchos problemas, además del agua, hay muchas drogas, muchos asaltos, el camino no es bueno y tiene mucho polvo. Hay un mal servicio de luz, por lo menos 20 apagones por día, eso quema los electrodomésticos, inclusive han llegado a matar gente. La policía no sirve para nada, el EBAIS tiene un pésimo servicio, tiene como 7 años de estar funcionando, pero ahí uno va y lo dejan morir. A los extranjeros sí los atienden bien a nosotros no, hay un montón de gallinas y chanchos en los alrededores. Hace unos meses lo habían cerrado, nosotros los de la comunidad no vamos ahí preferimos ir al de Cóbano. (Barrantes, D. y Mejía, C., comunicación personal, 8 de marzo de 2017)

    De esta manera, sobresalen aspectos culturales y comunitarios de la zona de Santa Teresa, así como las dificultades de organización comunitaria que, como ya se ha abordado, la diversidad de culturas ha complejizado en los procesos de pertenencia y apego, así como la aproximación institucional. Manifiestan que no se consideran una comunidad; por el contrario, las personas costarricenses consideran sentirse cada vez más alejados, en condición de minoría, y que sus recursos y territorios han sido tomados por otros.

    En esa línea, las posibilidades de acciones colectivas están guiadas en muchos casos por el sentido de comunidad: «indica una orientación positiva que mantiene y fortalece la comunidad, su ausencia genera desarticulación y destruye la comunidad» (Montero 2005, 215). «Es el sentimiento que uno es parte de una red de relaciones de apoyo mutuo, en las que se puede confiar, el sentimiento de pertenecer a una colectividad mayor» (Sánchez 1996, citado por Krause 2001, 53).

    En el caso de Santa Teresa de Cóbano, la diversidad e interculturalidad no está teniendo una perspectiva positiva, sino que es vista como amenaza, imposibilitando la organización de los diferentes sectores. Esto constituye una vulnerabilidad ante el riesgo de desastre, por lo que es un aspecto que debe tomarse en cuenta desde las acciones de prevención.

    Lo anterior se refuerza con la idea de quienes inicialmente habitan la comunidad, sobre construir una experiencia compartida, es decir, un «nosotros y nosotras», pues significa «una constitución subjetiva mediante la diferencia y la identidad» (Salazar 2011, 100). No obstante, ese «nosotros y nosotras» como identidad colectiva significa una unificación y acallamiento de las voces singulares y un «los otros» como los diferentes; ya que la diferencia está marcada como problema, como una amenaza, donde esta distinción parece marcar fuertes diferencias en la pertenencia, organización y participación comunitaria (Escalante 2017).

    Por otra parte, según las narraciones de las personas, el terremoto del 5 de setiembre del 2012 fue un evento que generó mucho temor por la intensidad: «claro, yo veía esa plaza y así se ladeaba, y esas palmeras, y todo mundo gritaba, todo mundo decía que era el final del mundo, eso sí he visto yo, tengo mucho miedo a los temblores» (Ramírez, R., comunicación personal, 9 de marzo de 2017).

    Debido al carácter turístico de Santa Teresa y por tanto la oleada de personas que la visitan cada año, las organizaciones formales, en especial el CME, se preocuparon en cuanto al manejo de las personas visitantes, pues este terremoto generó gran pánico y ansiedad entre este grupo. Esto repercutió a corto plazo en las actividades económicas de la zona durante los siguientes meses, ante el temor que tenían los visitantes de llegar a la zona y que ocurriera otro evento, o un tsunami en el peor de los casos.

    En cuanto a las implicaciones en la salud mental, estas siguen siendo evidentes hasta el día de hoy, aún más por la incertidumbre ante la posibilidad de un nuevo evento y las pocas herramientas de afrontamiento: «no se le olvida a uno, a veces estoy tranquilo, algo se mueve y pienso vendrá ya» (Vargas, A. y Porras, L., comunicación personal, 7 de abril de 2017). Por esto, es importante considerar que más allá de la mera advertencia, la preparación y la organización comunitaria son factores protectores en salud mental. Lo anterior se logra al generar procesos más claros, comprensibles y con mayor probabilidad de salvaguardar su integridad física y mental.

    Tal fue el caso de las instancias educativas. Por ejemplo, para la escuela de la localidad, el evento generó mucha preocupación, pues tanto estudiantes como docentes entraron en pánico. Al parecer se organizaron de modo adecuado, aunque no tenían mucha claridad sobre la seguridad de las rutas de evacuación y los puntos de reunión. Aunado a esto, la desorganización de los padres y madres de familia fue un factor estresor adicional pues, al no tener claridad de los procedimientos establecidos por la escuela, obstaculizaron el manejo del personal docente al intentar recoger a sus hijos e hijas sin un protocolo adecuado. (Dispositivo grupal, 2 de junio de 2017). Por su parte, en el Liceo de Santa Teresa señalan que debieron enfrentar sin herramientas los muchos casos de crisis, llanto y preocupación en los y las estudiantes ante el impacto del terremoto, y que inclusive una estudiante se desmayó tras el evento (Dispositivo grupal, 10 de mayo 2017).

    En relación a los servicios de salud pública que pueden apoyar estas situaciones, estos tienen, según los y las habitantes, una atención insuficiente para la población en tiempo ordinario. Esto provoca que, muchas veces, tienen que acudir a instituciones privadas cuando se tienen las condiciones económicas, o buscar los servicios en otras zonas.

    Por todo lo anterior, se evidencia la necesidad de abordajes psicosociales con enfoques comunitarios desde diferentes instituciones y grupos, pero aún más buscando redes y fortalecimiento de la salud mental desde los mismos colectivos.

    Conclusiones

    Santa Teresa de Cóbano es una comunidad costera muy compleja en diversas esferas psicosociales. Una colectividad que se construyó hace más de cuatro décadas por pobladores y pobladoras costarricenses que fueron tomando las tierras que, según las narraciones comunitarias, eran de extranjeros.

    Interesantemente, tiempo después se dan procesos migratorios que llevan a personas de distintas nacionalidades a poblar la localidad en busca de nuevas opciones laborales e invertir en zona turística en crecimiento. Situación que, si bien ha ayudado en materia de empleo para algunas personas, ha sido vista por sus otros habitantes como amenaza a los procesos comunitarios, de pertenencia y poder en el territorio; y que, sumado a la discriminación por aspectos socioeconómicos y xenofobia, han generado condiciones de vulnerabilidad psicosocial que afectan considerablemente los procesos de organización y preparación ante desastres.

    Si bien el terremoto de Nicoya del 5 de setiembre de 2012 –foco de atención de esta investigación junto a sus implicaciones psicosociales– fue anunciado años antes por discursos científicos e instancias gubernamentales, no generó en esta colectividad ninguna organización en materia de prevención ante un evento de gran magnitud; pues, según se manifiesta, no se contaron con las herramientas ni capacidades para hacer frente a un evento de tal magnitud, lo cual deja dudas y desconcierto, incluso mucho tiempo después.

    De ese modo, dicho evento generó grandes preocupaciones y vacíos a la hora de atender la emergencia por los limitados recursos económicos, humanos y en materia de capacitación sobre el tema, además de un abordaje desde las características propias de la comunidad en cuanto a aspectos organizativos y composición de la misma.

    En línea con lo anterior, si bien la experiencia genera enseñanzas, la organización local a través de un Comité Comunal de Emergencias no se ha podido fraguar. Muchas de las explicaciones que dan a esta situación han sido la fluctuación de la población en la zona, la conflictividad entre los sectores y las reticencias en generar acciones de prevención por el temor de que éstas reduzcan actividades económicas relacionadas al turismo. Esto último es preocupante, pues los riesgos de la zona son considerables al ser una zona costera y con alta afluencia turística, lo cual genera inquietudes sobre cómo manejar la situación en caso de una emergencia, ya que hasta el momento en que se desarrolla la presente investigación no contaban con insumos ni preparación.

    Por lo tanto, los aspectos más relevantes a tomar en cuenta durante los trabajos de prevención son los siguientes: definir las zonas de evacuación, lugares de albergues, señalización de zonas de riesgo y protocolos para la movilización de gran cantidad de personas y acompañamiento en la salud y salud mental de estas colectividades; todo lo anterior considerando el enfoque de derechos, la multiplicidad de actores, así como su vulnerabilidad diferenciada debido al contexto comunitario, institucional y el factor económico.

    Por último, existen otras condiciones que complejizan las condiciones psicosociales en la zona y que se ligan a procesos ambientales y manejo de recursos los cuales, vinculados al cambio climático y los procesos de urbanización no sostenibles, dejan en evidencia cómo el resto de la Península de Nicoya también enfrenta la problemática de la sequía y escasez de recurso hídrico y dificultades de acceso al mismo. Esta situación es alarmante, ya que en la zona se vislumbran problemas aún mayores a mediano y largo plazo, lo cual podría generar aún mayor conflictividad en los territorios.

    Contribuciones: Las contribuciones del profesor Carranza y la profesora Escalante, se distribuyeron de forma equitativa en un 50% y 50% en cuanto a la recuperación de la información, procesamiento, discusión y análisis, así como en la construcción y revisión del artículo.

    Apoyo financiero: La investigación contó con presupuesto de la Vicerrectoría de Investigación. Carga académica de la Escuela de Psicología Universidad de Costa Rica