Resumen

Introducción


El contexto de la posdictadura en Argentina supuso para el Partido Comunista y su juventud una época de reestructuración. Las críticas a la línea de convergencia cívico-militar y a posiciones ideológicas, tácticas y estratégicas de larga data no devinieron en una crisis terminal inmediata de la organización, sino que motorizaron transformaciones pronunciadas, tanto en el programa político como en la participación militante. Estos desplazamientos fueron acompañados por una batería de nuevos símbolos que pasaron a primer plano: la reivindicación de procesos sociales emancipatorios latinoamericanos y la valoración de la legalidad democrática y el antiimperialismo.


Objetivo principal


Para comprender esta reconversión partidaria, nos proponemos analizar, como punto de partida, la Ferifiesta del «Qué pasa» -la prensa de la organización-, un evento destacado y significativo que tiene hasta hoy un peso central en la memoria militante.


Método y técnica


Analizaremos la prensa partidaria, relatos orales, documentos audiovisuales y volantes desde una perspectiva de la historia política que subrayen los vasos comunicantes con el conjunto social y con las herramientas provistas por la Historia Oral.


Resultados


La Ferifiesta fue un festival cultural que tuvo tres ediciones en la capital del país y en otras expresiones regionales, cuyo objetivo era recuperar una tradición histórica, actualizarla y alinearla a un nuevo programa político que se gestó en la posdictadura y se sintetizó en el XVI Congreso del Partido Comunista Argentino.


Conclusión


Las Ferifiestas pueden considerarse como un binóculo de aquellos desplazamientos.

Introducción

En noviembre del año 1986 se realizó en la ciudad de Buenos Aires el XVI Congreso Nacional del Partido Comunista de la Argentina[1], en el cual se cristalizaron y explicitaron oficialmente una serie de debates acerca de la línea política y organizativa del PCA que se desarrollaron durante los años anteriores. La consecuencia más visible fue, en primer término, el desplazamiento de la política del Frente Democrático Nacional -vigente desde la década de los años veinte- a la del Frente de Liberación Nacional y Social; esto implicó una nueva caracterización de la historia argentina.

Desde la intervención de la Internacional Comunista se sostenía que los países latinoamericanos, por ser semicoloniales, tenían como primera necesidad la revolución democrático-burguesa para luego aspirar a la construcción del socialismo. La nueva estrategia rompe con esas certezas. La estrategia del Frente de Liberación Nacional y Social puso sobre tablas, por lo menos discursivamente, dos asuntos centrales: la posibilidad de construir una sociedad organizada por fuera del sistema capitalista, como lo había hecho Cuba y lo estaba poniendo en práctica Nicaragua, y la necesidad de revisar las políticas de alianza para lograr ese cometido. Ese frente debía poder dialogar con la izquierda y, al mismo tiempo, contener a las fuerzas progresistas del peronismo.

Los debates que llevaron a ese nuevo rumbo se habían empezado a delinear con anterioridad en un proceso al que llamamos «el viraje»[2], el cual, si bien se cristalizó en el XVI Congreso, es de más largo aliento y se puede rastrear desde finales de la dictadura (Bona 2018a). En este sentido, el segundo desplazamiento que consideramos relevante se presentó en la apertura organizacional y de concentración de la militancia, lo cual dio lugar a nuevas prácticas de participación, fundamentalmente para la juventud. La transformación «no es estatutaria, sino que dice proponerse revertir las desviaciones que habían llevado a la burocratización y el administrativismo» (Bona 2018b).

En tercer lugar, hubo un cuestionamiento a la línea política de convergencia cívico-militar[3] que la dirección partidaria sostuvo durante la última dictadura, aunque fue solapado en los documentos oficiales.[4] Transversalmente, estas revisiones estipularon una nueva mirada respecto de la historia partidaria que se manifestó en la recuperación de procesos revolucionarios latinoamericanos y la centralidad de nuevas referencias políticas e intelectuales del siglo XX, que hasta entonces habían sido omitidas o reivindicadas de manera marginal.

En trabajos anteriores, hemos revisado el proceso del «viraje» del PCA y la Federación Juvenil Comunista[5] en tanto moviento que antecedió al XVI Congreso, se tensionó en ocasión de este y terminó con grandes rupturas internas y un pronunciado desgranamiento de la organización. Esto implica una periodización que va desde los últimos meses de la dictadura -cuando la discusión sobre la forma de garantizar la institucionalidad democrática estaba en el centro del debate de los partidos políticos- hasta los años noventa. Este período está siendo recientemente explorado por la historiografía argentina y los estudios sobre el comunismo y, por lo tanto, ha sido estudiado de manera desigual.

Hasta ahora nos hemos enfocado principalmente en el contexto del Congreso partidario de 1986 y sus antecedentes; mientras otras historiadoras, entre las que se destaca Natalia Casola, se han preocupado por la crisis subsiguiente (Casola 2019). La sospechada marca generacional de este fenómeno es apenas una de las hipótesis de nuestro proyecto de doctorado; sin embargo, durante los años que van de 1982 a 1986, un conjunto de jóvenes fue promovido de la juventud al partido. El caso más emblemático fue el de Patricio Echegaray, por su destacada participación en el «viraje» y por su posterior actuación como Secretario General de la organización.

Las sucesivas promociones constituyeron, junto con la defunción de cuadros políticos y dirigentes, la posibilidad de materializar un recambio de un importante porcentaje del Comité Central (Casola 2015). En un estudio anterior sobre la conformación del Movimiento de Brigadistas Libertador General San Martin como un proyecto de la FJC que estrecha las relaciones con la Juventud Sandinista (Bona 2018c), subrayamos la gravitación de la juventud en la transformación política del PCA.

La fase exploratoria en la que se encuentra nuestro trabajo –y el incipiente pero fértil campo de los años ochenta en la Argentina- ofrece indicios claros de que la cuestión generacional es un factor clave para analizar las transformaciones del PCA y de los partidos políticos en esa época. La aparición de las Ferifiestas, en este sentido, evidencia la ya mencionada participación juvenil.

Consideramos que en los festivales anunciados como «las Ferifiestas de la prensa del PC» se condensaron una serie de elementos con los que podemos caracterizar al «viraje». Entonces, el presente artículo pretende tensionar algunos de los rasgos de la cultura comunista que se reconfiguraron en la posdictadura. Además, a partir del análisis específico de las Ferifiestas, nos proponemos ubicar aquellas características que se presentaron como novedosas al calor de la reconversión del partido y la FJC (también conocida como La Fede), organización que responde directamente al PCA. Para esto debemos subrayar el lugar de la prensa en la construcción del festival, no solo por la importancia que el órgano de difusión tenía en la práctica militante de los y las[6] comunistas, sino también por el hecho de que, particularmente, este evento fue impulsado con el objetivo de difundir la prensa del PCA y la FJC.

Por lo tanto, si bien hemos realizado una cantidad considerable de entrevistas y contamos con material fotográfico y audiovisual sobre el evento, analizaremos principalmente, aunque no con exclusividad, la promoción, expectativa y balance de las tres Ferifiestas (1984, 1985 y 1986) que se acompasaron al debate interno de la organización en aquella coyuntura. En otras palabras, el objetivo es explorar las tres Ferifiestas como una de las entradas posibles para estudiar las reconfiguraciones que el PCA y la FJC pusieron en práctica desde la apertura democrática. Este evento funcionó como un binóculo de la reconversión de la organización, ya que fue una apuesta política y cultural en la que toda la maquinaria partidaria -y la prensa en particular- hizo circular las ideas fuerza del «viraje». Primero realizaremos una bajada preliminar al archivo y propondremos una descripción de las fuentes utilizadas para ensayar reflexiones provisorias que habiliten interrogantes para emprendimientos posteriores.

La política cultural del Partido Comunista de la Argentina en los años ochenta

Desde la conformación de la Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores[7][8] hasta el presente, se pueden rastrear una diversidad de proyectos culturales que dan cuenta de la preocupación de los comunistas por este asunto.[9] Los años ochenta no fueron la excepción, en la década se destacó una gran variedad de alternativas alrededor de fenómenos culturales internacionales, así como dispositivos que apuntaron a la construcción de sentidos en relación con la militancia comunista, el socialismo, el antiimperialismo y la democracia.[10] Las referencias en la prensa, tanto del PC como de la FJC, sobre las actividades culturales son abundantes y algunas de las propuestas se sostuvieron en el tiempo, como es el caso de los festivales Arte y Parte y Teatro Abierto que podrían ser considerados antecedentes de las Ferifiestas.

Si analizamos paralelamente la prensa del PCA y de la FJC de los años 1984, 1985 y 1986 hay diferencias notables a simple vista. La primera era un órgano informativo de temas diversos, entre los cuales había noticias sobre actividades partidarias, y la segunda se centraba en las actividades de la FJC, la cual cuando abordaba temas de actualidad nacional no lo hacía a partir de una nota de opinión, sino con un plan de acción o una actividad alrededor de la noticia. No queremos decir que en la prensa juvenil haya habido una falta de análisis, sino que era abiertamente un órgano de agitación y propaganda. Por otro lado, la prensa partidaria parecía proponerse las actividades de la organización y, a la vez, tomar posición, en forma de noticias, frente a la situación política, económica y social nacional e internacional.

La publicación Aquí y ahora, la juventud, de alcance nacional, tuvo corresponsales en todo el país y la redacción pretendía ser abierta para animar la participación de militantes. Aparentemente, la prensa juvenil era una herramienta de propaganda y reclutamiento, pero no solamente en lo referente a la distribución, sino que participar de la prensa podía ser una forma de acercar nuevos militantes.

Tanto en la FJC como en el PC, la importancia de la propaganda tenía tal centralidad que todos los militantes debían conocer algunas estrategias mínimas de redacción. El primer nivel de la Escuela de Formación de Cuadros incluía algunos elementos sobre este punto, aunque existía formación específica de propaganda, como de finanzas, organización, seguridad, etc. Además, en algunos ejemplares de esta prensa, aparece entre las primeras páginas un recuadro titulado «Mini curso de periodismo» (enero de 1985) con algunos consejos de redacción. «La idea, aún hoy», nos comenta un militante en una conversación posterior a una entrevista, «es que cualquiera pueda escribir un volante, que cualquiera pueda escribir un comunicado… como dar un discurso, u otras cosas» (Entrevista con Ernesto, militante comunista con tareas administrativas. Rosario, 5 de febrero de 2018). Asimismo, una de las ideas que se aprendían en las Escuelas de Cuadros es que la prensa permite una organización «aceitada»: el conteo de militantes, de personas influidas por las ideas de los y las comunistas y otros datos con los que el aparato partidario contaba y de los que se servía en contextos de clandestinidad.

De este modo, podemos consignar que la prensa era una prioridad partidaria por su función como órgano de difusión, herramienta de organización, dispositivo para generar finanzas y anzuelo de reclutamiento de militantes. Deporte, música y poesía fueron ejes recurrentes en Qué pasa y en Aquí y ahora, la juventud y en esa política debemos enmarcar las Ferifiestas, para que su análisis no quede confinado únicamente a la celebración y a la difusión de la cultura comunista.[11]

En otras palabras, podemos decir que, por un lado, la prensa tuvo importancia en sí misma como herramienta de militancia y, por otro lado, que las Ferifiestas no pueden ser comprendidas por fuera de la propuesta partidaria y de sus órganos de difusión, ya que eran las fiestas de la prensa, primero la fiesta del Qué Pasa y luego con una participación activa del órgano de la juventud.[12] Para los años ochenta, en la organización de las Ferifiestas, quienes editaban la prensa trabajaban en conjunto con otros militantes; en muchos casos con el responsable ideológico, de propaganda o de literatura de un organismo básico que no solo era instructor en lecturas científicas, notas de política nacional, internacional o economía, sino también circulaban cuentos, novelas, pinturas y películas entre los comunistas en la época.

Los Festivales eran actos políticos, pero contenían una gran excepcionalidad en comparación con otras actividades partidarias: no se trataba solamente de formación política en sentido estricto, sino también de un evento cultural amplio donde las expresiones artísticas que formaban parte del circuito de formación en el interior del partido se combinaban con otras que caracterizaban otros circuitos. Si bien pueden notarse el sostenimiento de pautas protocolares (los oradores definidos, el uso limitado y administrado del «micrófono abierto», el canto de «La Internacional», la solemnidad de los puños en alto, etc.), la agitación de los protagonistas en los escenarios de la época permitía una apertura y una masividad que no puede ser explicada por fuera del proceso de apertura democrática que se da en el Cono Sur y, particularmente, en Argentina.

Lo anterior se debe, en gran medida, a que la Ferifiesta cumplía una función «hacia afuera» del partido, es decir, la visibilidad pública y el reclutamiento con el acento puesto en desembarazarse del sectarismo que el mismo partido adjudicaba a su pasado. Además, el evento tenía un propósito «hacia adentro» de la organización: el de la cohesión y formación de la militancia o, en otras palabras, la construcción de una identidad común que pudiera resguardar la unidad de la militancia frente a las transformaciones que, al menos discursivamente, se estaban produciendo.

La música abría puertas hacia la poesía, la poesía hacia la política y la política solía apuntar a Centroamérica. «La niña de Guatemala», el famoso poema de José Martí, según la prensa juvenil, llega a los comunistas a través de algunas canciones, probablemente la versión de Los Olimareños o la de Pablo Milanés. Esta nota no es aislada, ya que en reiteradas oportunidades se publican poemas y letras de canciones analizadas, comentadas o contextualizadas; entre los favoritos estaban Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, tal vez porque en el año 1984 se presentaron en los escenarios del país, pero también, podemos intuir que su promoción tenía que ver, por una parte, con la mirada que la organización volcó sobre Centroamérica y, por otra parte, con una forma más laxa de pensar la militancia, el amor y el porvenir que respondía a implícitas y explícitas demandas juveniles.

También circulaban poemas «a los caídos», referidos a detenidos y desaparecidos durante la última dictadura militar, entre los que se destacan la joven universitaria Inés Ollero y el niño de 14 años, comunista e hijo de comunistas, Floreal «Negrito» Avellaneda. Tenemos que recordar que una de las más importantes líneas comunicativas del PCA en aquellos años fue quitarse el lastre que había supuesto la política de convergencia cívico-militar a la que antes nos referimos. A efemérides como el Primero de Mayo o el Día Internacional de la Mujer también se les dedicaron poemas alusivos, notas especiales y páginas centrales; si bien, ello no resulta una novedad en relación con períodos previos, la forma gráfica, discursiva y de contenido asumen notoria innovación.

En el marco de esas publicaciones, se dio lugar al concurso de poesía «Raúl González Tuñón», el cual convocaba a poetas editados e inéditos menores de treinta años. El jurado estuvo compuesto por figuras reconocidas en el mundo literario, pero también identificadas como militantes comunistas, tal es el caso de Hamlet Lima Quintana, quien tuvo un considerable protagonismo en la Ferifiesta.[13]

Esta forma de difusión de los comunistas, que, como dijimos, también era una política de cooptación, permite recuperar una tradición histórica y actualizarla. Ernesto propone:

Esta idea da cuenta de la importancia que tenía para los y las comunistas la contención de intelectuales, artistas, escritores, etc. y explica también la necesidad de cierta flexibilidad, no ideológica, pero sí organizativa, en relación con los círculos de artistas e intelectuales. Aparentemente, en los ochenta, el tablero interno iba a permitir una apertura a nuevas ideas que, se suponía, iban a poder convivir y enmarcarse en una línea orgánica. La circulación de estas referencias culturales se exacerbó en ocasión de las Ferifiestas cuando, después del primer ensayo de 1984, toda la maquinaria partidaria se volcó a su organización en lo que podríamos llamar una movilización total de la militancia y las relaciones políticas del partido.

Al mismo tiempo, las relaciones con intelectuales y artistas sobrepasan el problema orgánico y de relación interna. Por tanto, resulta importante subrayar que la política “hacia afuera” de la organización, su impacto y sus alcances nos obligan a salir del ensimismamiento y aportar a pensar la cultura política de los años 80, cuando las propuestas musicales y artísticas de los y las comunistas se erigieron como polo de atracción.[14]

En ese sentido, las Ferifiestas pueden pensarse como eventos tendientes a recuperar un lugar de gravitación. En otras palabras, podríamos arriesgar que el PCA y su juventud apuestan a la construcción de un espacio propio, pero de confluencia de cierta sensibilidad de un campo cultural más amplio (el de los años ochenta), cuya novedad está, en gran medida, vinculada a una repolitización cultural general (Manzano 2018a).

Las Ferifiestas del Qué Pasa

1984

El evento se realizó el sábado 14 y el domingo 15 de abril de 1984 en el Rosedal de Palermo, el centro de la ciudad de Buenos Aires. El nombre de Ferifiesta aparece en la prensa por primera vez en marzo de 1984 y, desde principios de ese año, fue anunciada como «La fiesta de la prensa». El lugar se define en el mes de febrero, en una reunión de un representante del Comité Central con el Ministro del Interior Antonio Tróccoli, y se anunció en la prensa destacando el interés del funcionario alfonsinista[15], lo cual ilustra la importancia del evento en cuanto a su envergadura. Sobre este punto, la prensa señaló que «Tróccoli y Mira abordaron, por supuesto, temas de interés político tales como los intentos reaccionarios desestabilizadores y la posición de los comunistas en este momento trascendente. El ministro del Interior, al respecto, compartió el criterio según el cual, al margen de las discrepancias naturales, existe la necesidad de lograr un entendimiento pluripartidario en defensa de las instituciones y adelantó que próximamente se realizarán encuentros formales de las más altas autoridades nacionales con todos los partidos políticos. Durante estos encuentros –coincidieron– deberían surgir ideas y maneras de concretar ese entendimiento.»[16] (Qué pasa, 4 de enero de 1984)

La primera mención en la prensa es una referencia a un «gran festival de la prensa comunista»[17] en la que se señalaba que el evento ya había sido anunciado en el volumen anterior y se informaba la constitución de una Comisión Nacional de la Fiesta del 84 que estaría presidida por Carlos Larralde, miembro del Comité Central. Este último elemento se reiteró en cada nota del semanario. De lo antedicho, consideramos que debemos subrayar, por un lado, que se trató de una iniciativa orgánica impulsada por la dirección nacional del PCA y, por otro lado, que este fue un momento en el que el PCA no tenía una política de abierta confrontación con el gobierno de Alfonsín -como sí se manifestará al año siguiente- sino una actitud inclinada hacia el diálogo que osciló entre el apoyo y la crítica a la política económica hasta 1985.

Sobre este punto, el discurso de balance de Athos Fava (Secretario General del PCA), que no pudo ser pronunciado por cuestiones climáticas, pero fue publicado en la prensa la semana siguiente,[18] criticó la política económica de gobierno, reconoció los avances en materia política, pero exigió un giro, principalmente, en lo que se refería a las relaciones con el Fondo Monetario Internacional.

Anunciada como «el evento del año» en los volantes y también en la prensa, el objetivo de la fiesta apareció sin variaciones entre enero y abril de 1984. Se aspiraba, por un lado, a la activación en todo el país de eventos para confluir en una fiesta central en la capital, cuya propuesta era «transformar la FIESTA 84 en un verdadero acontecimiento político y de masas. . . a través de centenares de actividades grandes o pequeñas en cada barrio, región o provincia que culmine en la gran fiesta». El otro objetivo que la prensa explicita era «conquistar miles de nuevos lectores de Qué Pasa y Aquí y Ahora, nuevos suscriptores, difusores y recursos, fortaleciendo el frente e incorporando miles de nuevos afiliados al PC y la FJC». [19]

Además, entre los criterios de la comisión, la prensa destacaba, primero, la necesidad de amplitud a la hora de convocar a las fiestas locales y a la central para abarcar a otros partidos políticos, organizaciones vecinales, sindicatos y clubes, entre otros; segundo, al considerar la Ferifiesta como un proyecto de gran envergadura, se propuso establecer comisiones locales que no necesariamente debían estar conformadas por los y las responsables de prensa. Esas comisiones tenían el propósito de darle continuidad en el tiempo a un proyecto que aspiraba a reeditarse en los años siguientes. Por último, se solicitaron donaciones a la militancia y al público lector de la prensa.

El volante de la primera Ferifiesta era un tríptico impreso en fondo blanco, con dibujos y texto en negro, rojo y azul, los colores que el PCA usaba para sus logos y banderas. Recordemos aquí que la hoz y el martillo, características de todos los logos, compartían lugar con la bandera argentina, hecho que con la formación del Frente del Pueblo[20] comenzó a causar más que rispideces con sus aliados del Movimiento al Socialismo (Vallarino 2012, pp. 189-196).

La tapa del volante anunciaba «Feri Fiesta 84» en fondo azul claro con letra blanca, debajo en rojo con fondo blanco decía «de la prensa comunista» y finalmente, en los mismos colores pero con trazo más fino, la fecha y lugar. La imagen elegida fue el dibujo nada realista de un varón dibujando una hoz y un martillo sobre el volante, evidentemente la intención era transmitir alegría; las caricaturas del volante (las de la tapa y la contratapa en la que hay varones y mujeres llevando dos banderas rojas y una argentina), si bien aparentan ser infantiles, tenían la intencionalidad de transmitir que era un evento amplio, algo así como un evento «para toda la familia».

Al interior, el volante anunciaba que la «Ferifiesta 84» era una política aprobada por el Comité Central y debía ser de carácter amplio para contribuir a la unidad y transmitir el espíritu frentista no sólo entre los partidos políticos, sino también entre los sectores de clase. Se anunciaba como «una iniciativa que contribuye a unificar la lucha de los campesinos, los intelectuales, el empresariado nacional, los estudiantes, las mujeres y la juventud en general, con la clase obrera» en pos de «la paz y la solidaridad» y, nuevamente, «por la paz, la democracia y el socialismo».[21] Una imagen acompañaba este texto: dos niños señalando una paloma blanca.

En el otro extremo del interior, una pareja que canta, otra que juega al futbol y una tercera que lee invitaban al evento, el cual anunciaba que «está todo permitido», en una iniciativa que sugería «prepararla de abajo». Esto da cuenta del espíritu participativo y no dogmático que pretendía asomarse al XVI Congreso, pero es conveniente destacar que esa participación «desde abajo» debía realizarse, según el volante, sin improvisaciones y; por el contrario, con la elaboración de un calendario y una difusión planificada de modo tal que se conformasen comisiones de participantes. Creemos que el acento estaba puesto explícitamente en el reclutamiento que, para esta actividad, debía consistir no solo convocar a un amplio público, sino también, desde los llamados «espacios de masas», proponer actividades en las que posibles nuevos militantes pudiesen participar.

1985

El segundo festival, el de 1985, tiene un carácter similar, aunque se extendió una jornada más: se celebró el viernes 12, el sábado 13 y el domingo 14 de abril en el Parque Sarmiento, también en Buenos Aires. Se anuncia por primera vez en la prensa de diciembre del año anterior y se informa que la organización estará a cargo de Mario José Grabivker, director del semanario y miembro del Comité Central.[22]

Esta vez, la Ferifiesta no fue exclusiva de Qué pasa, se integró también Aquí y ahora, La juventud. Los principales objetivos fueron reafirmar la fiesta como tradición anual, presentar a los candidatos comunistas y discutir con ellos, alcanzar la venta de 100 000 ejemplares para transformar el semanario y realizar un hecho político cuyo epicentro fuese la apuesta por un frente de liberación y la solidaridad con América Latina, en particular con la Nicaragua sandinista, ejes centrales en el «viraje» que el XVI Congreso se propuso.

Nuevamente se anunciaron artistas nacionales e internacionales, entre ellos, Osvaldo Pugliese[23], Víctor Heredia, Los Trovadores, Rubén Rada y el Cuarteto Zupay. Si bien el evento estaba lejos de ser un conjunto de recitales porque implicaba actividades vinculadas con las artes plásticas, el teatro, el cine, la discusión política, la poesía, etc., la figuras que de manera predominante ocupaban la propaganda eran músicos, en su gran mayoría varones, reconocidos nacional e internacionalmente y cuyo vínculo con el PCA tenía carácter público desde hacía tiempo atrás.

El volante tenía mayor tamaño que el anterior: era un desplegable de doble faz, más colorido, donde predominaba la hoz y el martillo y en el que, a diferencia del año previo, en gran medida la centralidad la tenía la política del partido, aunque mantenía una estética muy similar. Se anunciaban tres puntos: en primer lugar, un discurso de Athos Fava, programado para el último día; en segundo lugar, un diálogo con los brigadistas que habían vuelto de cosechar café en Nicaragua hacía poco tiempo; y, en tercer lugar, un debate sobre la crisis económica en la que se presentaba una imagen de un brazo vestido con la bandera norteamericana que sostenía una bolsa de dinero, debajo de este había una manifestación con carteles que anunciaban: «No al fondo», «Aumento de salario» y «Justicia».

Se encontraban también referencias a la alegría como un atributo popular bajo la frase «para el pueblo lo que es del pueblo». Además, el segundo evento, a diferencia del primero, involucró una política de finanzas centralizada en la relación con la venta de entradas, aunque exceptuaba a niños y jubilados. La prensa lanzó el «programa» una semana antes de que el evento se llevase a cabo, lo que nos permite acceder con detalle a las actividades planificadas.

Parque Sarmiento se dividió en zonas, cada una identificada con un color: «Capital», «Regional Oeste», «Regional Sur», «Regionales del Interior», «Ciudad Internacional» y «Ciudad Juvenil (FJC)».[24] Además de las actividades recreativas y deportivas, en el evento hubo dos actos expresamente políticos: se celebró el cumpleaños de La Fede con un discurso de Patricio Echegaray. El otro acto fue el cierre de las jornadas con el discurso de Athos Fava. No obstante, como hemos señalado, el programa proponía una serie de debates sobre diferentes asuntos entre comunistas y con otras fuerzas políticas desde como anarquistas y hasta radicales: los problemas del mundo campesino o la deuda externa; encuentros por sectores (movimiento estudiantil, movimiento obrero, mujeres, etc.); presentaciones de libros; mesas redondas, y un largo etcétera.

En esta edición del evento podemos hablar de una movilización total de la militancia y las relaciones políticas del partido y que como tal, cambiará su carácter. Ya en enero de 1985, el Qué pasa publicó cinco notas con novedades sobre la fiesta, en las que pretendía dejar claro que era un festival «de cara a las luchas»[25], lo que significó, en esa oportunidad, un aumento del carácter, sino político, al menos sí confrontativo del evento.

Desde principios de año, el secretariado llamaba a discutir la Ferifiesta en todas las instancias de dirección del partido. La juventud y las comisiones organizadoras que habían desarrollado esa tarea el año anterior o estaban al frente de ellas en 1985 debían constituirse como comisiones estables, auxiliares de la dirección. El Comité Central definió que las Ferifiestas debían vincularse con la resolución del conjunto de las tareas partidarias, como, entre otras, la renovación de carnets, de central importancia en ese año, en particular por las expectativas electorales. Si bien estas medidas tenían que ver con la envergadura que suponía el evento –visible en la permanente solicitud mediante la prensa de donaciones– las insuficiencias que para el PCA presentaba el gobierno, el avecinamiento del giro congresal que se anunciaría pronto y el relativo éxito que la edición ’84 había significado, condicionaron las estrategias de organización y convocatoria.

El acto fue transmitido por radio y «según estimaciones de otros diarios y agencias»[26] participaron unas 200 000 personas entre las tres jornadas. El Secretariado Nacional del PCA evaluó el evento en un comunicado en el que consideró que todas las personas militantes «mediante un gran despliegue propagandístico y organizativo garantizaron el resonante éxito de la Ferifiesta nacional ’85 de la prensa comunista», por ello agradeció a «afiliados y amigos» y destacó que la pluralidad convirtió a la Ferifiesta en un aporte para «forjar la unidad más firme, por afianzar la democracia y hacia el frente de liberación nacional y social».[27]

1986

La Ferifiesta de 1986 se desarrolló en Parque Sarmiento, los días 5 y 6 de abril. La leyenda central de los primeros anuncios, «Para lograr el éxito político, movilización general», iba acompañada de dibujos de gente a pie, en bicicleta, con pelotas, globos, chicos, grandes, varones y mujeres, con una estética similar a las ediciones anteriores, pero con dos pancartas novedosas: «Moratoria YA» y «FMI o pueblo».Comenzó a anunciarse desde febrero y aseguraba, una vez más, la participación de «figuras artísticas de primer nivel. . . ubicadas en la cumbre de la popularidad».[28]

Consideramos que lo más relevante de la edición fue la decisión del PCA de subrayar la participación de delegaciones de todo el mundo, al destacar la importancia del internacionalismo como valor en un orden que ilustra las preocupaciones del partido: Nicaragua, Cuba, El Salvador, la URSS, Chile, Uruguay, la República Democrática Alemana, Checoslovaquia y Paraguay. En dicha edición se da un gran cambio, la «Ciudad Internacional» se reeditó bajo el lema «la paz y la solidaridad antimperialista».

Esta edición del evento, según lo indicaba la prensa, era la oportunidad para divulgar el contenido del debate hacia el próximo Congreso Nacional del PCA, el XVI Congreso, que fue el marco en el que se realizó la Ferifiesta.[29] Como artistas destacados participaron Mercedes Sosa, León Gieco, Teresa Parodi y Osvaldo Pugliese, y, paralelamente a la centralidad que los músicos tuvieron en los años anteriores, se jerarquizaron consignas como la de solidaridad internacional, en particular hacia Nicaragua, Chile y El Salvador, y el antiimperialismo, con énfasis en el enfrentamiento a la carrera armamentística y el «holocausto mundial», presentes en una carta abierta a Ronald Reagan.

En particular, el apoyo a Nicaragua se manifestó con la presencia de las Brigadas del Café del Movimiento de Brigadistas General San Martín de La Fede, que ya habían tenido su propio stand el año anterior, pero sin relevancia en la prensa. La recuperación de una tradición internacionalista, cuyos orígenes se remontan a la solidaridad con la Guerra Civil Española, se manifestó con el discurso de una figura emblemática, Fanny Edelman, quien estuvo presente en el acto de lanzamiento del movimiento de brigadistas en 1984 y en su despedida en el aeropuerto en los primeros días de 1985. La dirigente era entonces responsable de las relaciones internacionales del Comité Central, miembro de la Comisión Política del PCA, asimismo, inauguró la Ciudad Internacional de la Ferifiesta de ese año.

Sin embargo, en el plano nacional, la Ferifiesta apostaba a la convocatoria de los más diversos sectores “concebida como un instrumento y no como un fin en sí mismo, es y debe ser concebida cada vez más como un gran aporte a la política de concentración en el movimiento obrero, que nos permita nuclear en torno de una actividad política recreativa y cultural de carácter multifacético, en primer lugar a los obreros y obreras de las grandes empresas, a sus familias, a los trabajadores y vecinos de los gremios y barrios, y a todos los militantes y dirigentes barriales del Frente del Pueblo, a nuestros amigos cristianos e intransigentes, y fundamentalmente a nuestros compañeros peronistas.”[30]

En ese punto, el propósito de la Ferifiesta era «contribuir a la difusión, desarrollo y fortalecimiento de la prensa comunista» y «también tendrá su motivación política de fondo» con el lema «por la moratoria es paz, pan, trabajo y democracia», esta pedía una moratoria para el pago de la deuda, la cual era una iniciativa comunista a la que se había plegado el FREPU y había adoptado en su programa la CGT. En el transcurso de la Ferifiesta se proyectó una campaña de solidaridad con las luchas populares en Argentina, pero también con «Nicaragua, El Salvador y otros pueblos que luchan o marchan hacia la liberación nacional y social». [31]

La edición era preámbulo de nuevas brigadas a Centroamérica que se articularon y se amalgamaron permanentemente con las intenciones de conformar un Frente de Liberación Nacional y Social en Argentina y que pudiera dirigir al sujeto (el pueblo) hacia el horizonte que el PCA se planteó durante el XVI Congreso: una revolución patriótica popular y democrática; antiimperialista, agraria y antimonopolista, hacia el socialismo e integrada a la gesta liberadora latinoamericana.

El XVI Congreso y las Ferifiestas

Se desprenden de esta extensa descripción algunos elementos que nos interesan destacar. En primer lugar, la función de las Ferifiestas como herramienta unificadora de la militancia, frente a un contexto de renovación de la línea política. En segundo lugar, la manifestación de esa línea política en la elección temática de los stands, la gráfica y las actividades propuestas. Por último, las estrategias hacia el exterior del partido con las que el PCA intentó integrarse al sistema democrático mediante una tarea política de reclutamiento.

Sobre el primer punto, consideramos que las Ferifiestas estaban, desde el comienzo, planificadas y organizadas desde la dirección del PCA y la redacción del Qué Pasa. No obstante, destacamos el desplazamiento que ocurrió hacia 1986, cuando la organización necesitaba homogeneizar la línea política de cara al debate de ese año, el cual dio comienzo a una disputa interna que devino en varias rupturas en los años posteriores, como la suspensión de las Ferifiestas por el resquebrajamiento interno.

Esto es notorio si reparamos en el paso de la conformación de comisiones ad hoc en 1984 y 1985 a comisiones auxiliares que trabajaron en conjunto con los distintos niveles de la dirección y también con la fuerza que en 1986 tuvo la discusión de la tesis congresal que se presentó, en la prensa, como un documento que no era plausible cuestionar: «Decimos en la Tesis Política del XVI Congreso que ‘El Partido ha ido acumulando y recuperando fuerzas con su política de concentración en las grandes empresas, en el movimiento sindical y en las barriadas obreras y populares. . . Esta orientación ha ido elevando por su número y gravitación el peso de nuestra militancia en el movimiento obrero y mejorando en general la composición social del Partido’».[32] Al mismo tiempo, también señala la Tesis que «Valorando esos logros, es necesario analizar autocríticamente que aún persisten tendencias a la dispersión, las que impiden que la política de concentración sea patrimonio de todo el Partido y la Juventud. Esta insuficiencia expresa la incomprensión de que cada organismo, actúe donde actúe, debe aportar con medidas concretas y permanentes a la política global de concentración. . .» [33]

Allí se manifestaba un problema fundamental: había una suerte de consenso respecto de la necesidad de producir una trasformación al interior del partido que realizase una autocrítica respecto del dogmatismo y, principalmente, de la postura asumida por el Comité Central durante la dictadura. Sin embargo, no había claridad respecto de cuál sería esa reconfiguración. Esa dispersión tuvo especificidades regionales y la apuesta por la construcción de Ferifiestas en todo el país que culminasen en un gran evento central no solo metaforizó la dinámica del centralismo democrático, sino que también condicionó a las regionales, mediante intervenciones de la dirección nacional en cada uno de los eventos. Además, la incorporación de la prensa juvenil en el evento podría ser un indicador de que las reconfiguraciones del «viraje» estaban atravesadas por discusiones políticas, burocráticas, pero también generacionales.

En segundo término, es notable el aumento de la presencia de América Latina en las preocupaciones si comparamos los tres eventos. A pesar de que no observamos un desplazamiento de lo prosoviético a lo latinoamericano, es notorio el cambio en la jerarquización: si miramos con exclusividad la «Ciudad Internacional» hacia 1986, Nicaragua y Cuba se impusieron sobre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y la República Democrática Alemana, revirtiendo por completo la preponderancia de las últimas dos en 1984, cuya importancia relativa había declinado en 1985.

Lo anterior puede ser adjudicado a un conjunto de cuestiones entre las que destacamos: la recuperación de la figura del Che y la conformación del Movimiento de Brigadistas Libertador General San Martín. La reivindicación pública del Che en la vida del PCA data de octubre de 1984, cuando en la ciudad de Rosario[34] se organizó por primera vez un acto público que lo homenajeó. En el mismo contexto, La Fede organizó las Brigadas, cuyo primer destino y más destacado iba a ser la Nicaragua sandinista; la incorporación de la política de Frente de Liberación Nacional y Social también tuvo lugar hacia 1986, pero no sólo en consonancia con los procesos latinoamericanos, sino que cumplió una tarea dentro de las expectativas democráticas: paz, democracia y socialismo fueron un tridente discursivo bajo el que se disimularon profundas contradicciones.

Sobre el problema de la democracia, corresponde señalar que el contexto de recuperación institucional daba un marco a las discusiones en el que la lucha por la defensa de los Derechos Humanos tuvo centralidad. Más allá de ser una tradición histórica del PCA -que se puede rastrear desde la década del treinta con la fundación de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (Scocco 2019) - las demandas de justicia por los crímenes de la dictadura y la posición en contra de la censura ocuparon un lugar fundamental.

Si bien Casola (2015) sostiene que «la oficialización de la ‘autocrítica’ permitió contener, al menos durante algunos años, el proceso de crisis interna e insuflar una nueva imagen reflexiva, democrática» (p. 52), la demanda por la aparición de los desaparecidos era una práctica habitual durante la dictadura (Scocco, 2019), como también señala la autora, y no se observó un cambio notorio en este aspecto hacia mediados de los ochenta. Lo que sí permitió y habilitó el retorno a la democracia fue la posibilidad de actos masivos, esto condicionó la necesidad de democratizar la dinámica del funcionamiento interno, de lo que la prensa hizo alarde en particular cuando anunció que la Ferifiesta no era una instancia con actores y espectadores, sino que aspiraba a ser un evento construido colectivamente.

Al llevar esto a la práctica se visibilizaron serias dificultades: los «grandes» artistas ocupan los primeros planos y la circulación de la palabra fue escasa; ello puede responder a que la cultura política del PCA está atravesada por un seguidismo a las direcciones políticas de las que el XVI Congreso (en la letra) quiso extirparse con éxito exiguo. Con todo, es importante advertir que ese resquebrajamiento interno del PCA que convive con la suspensión de las ferifiestas como evento de gran magnitud y movilización de la militancia es un indicador que confluye con los atinados y muy recientes intentos de periodizar una década escasamente explorada, en cuyo último tercio, en oposición a los años previos, destaca por la «percepción de apatía, desencanto y crisis» (Manzano 2018b).

En esa línea, consideramos que, por sus objetivos, expresados en los volantes, en la prensa y por las expectativas de quienes acudieron (militantes o no), la Ferifiesta también formaba parte de un universo de ofertas que cubría necesidades que se inauguraron junto con el restablecimiento de la legalidad democrática. En Rosario, según uno de los testimonios, la Ferifiesta «era esperada para compartir como el picnic del día de la primavera». Un director de teatro, que no militó en el PCA ni en la FJC, pero que tenía «afinidad ideológica», sentencia que «en la década de los ochenta, eso era una necesidad». Según su propio testimonio, era una expresión, un espacio artístico que les permitía a músicos, actores, bailarines, etc. «conocer gente de otros lugares» (Entrevista a Marco. Rosario, 18 de febrero de 2018).

En este punto, «resulta llamativo que, aunque las Ferifiestas se dieron en pocas ocasiones, la comunidad sienta que permanecieron por mucho tiempo. Esto nos lleva a preguntarnos si en Rosario se arraigó de manera particular, si se realizaron con más periodicidad durante esos años y si la conmoción que les causó a las personas asistentes los lleva a recordar la Ferifiesta como algo reiterativo; puesto que eligen expresarse en todos los casos con el pretérito imperfecto en frases como «se iba con mucha alegría» Scocco, (2019).

La sensación de libertad, no sólo para la comunidad militante, sino para un público más amplio, lleva a afirmaciones de este tipo: «era como hacer la revolución estar ahí; nos creíamos que éramos un montón, era un espacio ganado» Scocco, (2019). La sumatoria de gente, como vimos en el análisis de la prensa y los volantes, se pensaba como herramienta de reclutamiento, pero es probable que para las demás personas que no estaban vinculadas al partido, haya significado un espacio de sociabilidad muy importante en ese contexto.

Una música afirma: «Yo participaba de un espacio musical, mis amigos tocaban en peñas y bares, pero tocar en el escenario de la Ferifiesta era tocar en un lugar donde había una convocatoria mucho mayor, no frente a los mismos 20 de siempre. Lo mismo nos pasaba cuando veíamos grupos musicales de gente que hacía otras cosas y quedábamos maravillados, y hablábamos, y hacíamos contacto un espacio de sociabilidad que no encontrábamos en otro lugar» (Entrevista a Ana. Rosario, 11 de febrero de 2018). Lo considera, en el mismo sentido que el testimonio anterior, «un espacio de crecimiento» ideológico, pero también artístico, y recuerda la impresión que le causaba formar parte de aquel evento más allá de que no había participado orgánicamente en el PCA. Ella dice: «yo estaba realizada y pensaba ‘ya está, si pudimos hacer esto y estamos acá compartiendo esto, todo va para arriba’. Me sentía segura… ‘¿vas bien, Camilo? ¡Voy bien, Fidel!’ Y aquí estamos (suspiro)» (Entrevista a Ana. Rosario, 11 de febrero de 2018).

Conclusiones

En este trabajo hemos realizado una descripción de las propuestas, expectativas y balances de los festivales denominados Ferifiestas, según los presentó en la prensa el PCA. La intención fue dar cuenta de los cambios que se produjeron de uno a otro festival y detectar la fuerza de las ideas del XVI Congreso que resultaban prototípicas en 1984, las cuales fueron extendidas y abiertamente puestas en escena en 1986.

Señalamos, principalmente, la perspectiva latinoamericanista, «el viraje» hacia la política del Frente de Liberación Nacional y Social, la proclamada democratización interna del PCA y la defensa de la democracia en tanto fue entendida como la defensa de la vida y condición de posibilidad para la lucha por alcanzar el socialismo. Esta perspectiva sobre la democracia, con la que el PCA consideró que era posible hacer la revolución, será uno de los puntos críticos en los debates posteriores, pues si bien se entendía que la revolución no era posible sin transformar la democracia, el sector renovador fue cristalizando sus posicionamientos ideológicos a la vez que consolidaba su poder político en el Comité Central. La centralidad de las Ferifiestas en la política del PCA da cuenta, por la enorme movilización de recursos, de que fue una apuesta de envergadura que permite ahora mirar la introducción de la política que se instalaría de forma oficial en 1986.

Apoyo financiero: Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).