Resumen

El artículo aborda la importancia que tiene la imagen en la cognición del ser humano y mediante esa reflexión identifica a la fotografía como un recurso que puede utilizarse con gran potencial no solo en la colección de la biblioteca, sino, también, en la digitalización de documentos, la promoción de servicios, la gestión cultural, la alfabetización informacional, la animación lectora y la preservación de información. En este último tema se aborda una propuesta sobre las utilidades que puede tener en bibliotecas el uso de una de las técnicas fotográficas recientes: la fotografía esférica 360. Además, para llevar a la práctica estas aplicaciones de la fotografía, el documento propone una serie de características idóneas para el perfil de la persona profesional en Bibliotecología.

1 Introducción

La información se contiene en documentos escritos, en imágenes y fotografías que muestran la realidad de otro tiempo, permitiendo la contextualización de la historia, la ilustración de las investigaciones y la construcción de una imagen mental sobre los escenarios que antecedieron a la humanidad.

A la colección y a la conservación del acervo fotográfico se los relaciona con los temas memoria e identidad cultural, particularmente en las bibliotecas del sur del continente, donde estudian las técnicas para preservar este patrimonio cultural; en ese sentido, la fotografía podría otorgarle a las bibliotecas mucho más que una colección de documentos para catalogar.

La fotografía ha evolucionado, y el avance de la tecnología ha permitido la migración de la técnica análoga a la digital, favoreciendo el acceso a equipos fotográficos con precios más accesibles y diversificando el abanico de utilidades que pueden relacionarse con la fotografía. Desde la habitual generación de imágenes con fines publicitarios, pasando por la digitalización de información mediante archivos de imagen, la creación de exposiciones artísticas, hasta llegar a la creación de recorridos virtuales con fotografía esférica 360, la imagen está asumiendo un nuevo papel en la captura, en la preservación de la información y en la generación de nuevos soportes y experiencias para la consulta.

Por lo anterior, el presente artículo realiza un breve repaso por las distintas prácticas que, por tradición, la fotografía ha protagonizado dentro de las unidades de información, recorre las nuevas tendencias en el uso de la imagen dentro de las bibliotecas y propone una nueva idea para llevar la preservación digital y la fotografía a escenarios inexplorados.

2. La fuerza de la imagen en la información

En primer lugar, es importante estudiar con detenimiento el peso que puede tener el uso de la imagen en la gestión de la información. La relación que existe entre fotografía e información no se basa únicamente en la mera utilidad ilustrativa que una fotografía, por ejemplo, puede tener al colocarse al lado de un texto, se trata, más bien, del proceso cognitivo que una imagen puede generar en la mente de quien la observe. En tal caso, el texto, forma habitual en la que concebimos la información por tradición y no por definición, y la imagen tienen un antepasado en común: la imagen mental (Chiuminatto, 2011, p. 63).

El texto es la evolución de un lenguaje pictográfico que retrataba las imágenes de la cotidianidad, luego, terminó convirtiéndose en trazos que interpretaban sonidos, fonemas, hasta llegar a la complejidad de las palabras que usamos en la actualidad; en ese sentido, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) expone

Tratándose de palabras enteras, no descompuestas, puede emplearse un sistema así sin tener en cuenta la pronunciación, y puede también por consiguiente, leerse en diferentes idiomas. El escribir sobre cosas variadas supone un gran número de dibujos diferentes. En la etapa siguiente de la invención de la escritura surge la notación de los sonidos que en un principio, y sólo parcialmente, sé hace fonográfica (del griego phonê, sonido) (2000, p. 6).

Según Chiuminatto (2011, p. 63) “En el caso de las relaciones texto-imagen, entonces, de lo que hablamos es de relaciones entre parientes, cuyo ancestro común podríamos decir que es la imagen mental”, es decir, después de la lectura de un par de líneas descriptivas, la mente reproduce una ilustración, por lo que el cerebro convierte la información en una creación gráfica. En muchos procesos de abstracción de ideas, la imagen termina siendo la forma de interpretar la información.

Ahora bien, si aun siendo texto la información se decodifica en imágenes, es oportuno integrar las fotografías como elementos claves de la información. Su utilidad es evidente a la hora de ilustrar una nota periodística o una obra de literatura infantil, pero constituyen, también, un documento independiente. Las fotografías relatan acontecimientos históricos, reproducen realidades que no son accesibles a sus lectores si no fuera por los retratos y, con las nuevas tecnologías, permiten experiencias visuales de mayor impacto en el proceso cognitivo, como la realidad aumentada y las fotografías esféricas 360.

Al respecto, Sontag (2006) habla de esa propiedad recreacionista de las fotografías y afirma que estas “son de hecho capaces de usurpar la realidad porque ante todo una fotografía no es sólo una imagen (en el sentido en que lo es una pintura), una interpretación de lo real; también es un vestigio, un rastro directo de lo real, como una huella o una máscara mortuoria” (p. 216).

Esta capacidad testimonial de la fotografía ha permitido facetas trascendentales en la crónica y el periodismo, y también en la preservación de la información. Una foto de Costa Rica de principios del siglo XX permitiría, por ejemplo, estudiar la ropa, la arquitectura y la decoración de aquellos días; mientras tanto, en un contexto más actual, una fotografía permite conocer un espacio público, una obra de arte o un documento delicado sin que los límites geográficos, económicos o de preservación se lo impidan. Esto se debe a que la fotografía retrata un objeto o momento único y, en palabras de Bourdieu (2003), permite “estar allí en el mismo momento en que el acontecimiento se produce” (p. 208).

3. La fotografía y su uso en la biblioteca

Son décadas de evolución en los procesos técnicos, y años de preparación profesional en las escuelas de Bibliotecología en todo el mundo que suponen el destino que tendrá un libro que de pronto, por canje, donación o compra, llega a formar parte de la colección de una biblioteca.

Este proceso varía de una unidad de información a otra, pero su esencia es la misma: primero, se realiza el ingreso al inventario mediante la inclusión de criterios para su control bibliográfico, es decir, la asignación de un número de registro, la adhesión de códigos de barras y el marcado del documento con los sellos de la biblioteca; segundo, el documento es descrito de forma física por medio de las Reglas de Catalogación Angloamericanas (RCAA2) o, si se trata de una biblioteca a la vanguardia, usará las normas sugeridas por la obra Recursos, Descripción y Acceso, es decir, RDA. Se detallará su autoría, título y cantidad de páginas, se indicará si posee ilustraciones e incluso se agregarán sus dimensiones. Tiempo después, como producción en serie, el documento es descrito con palabras claves y se le asigna un número de clasificación para ser localizado en la estantería. De este modo, un libro se convierte en parte de la colección de la biblioteca, y el procedimiento se repite conforme la colección crezca porque, en muchos casos, es todo lo que las bibliotecas deciden hacer con la información.

En ese escenario, el futuro de una fotografía que llega a una biblioteca no es muy diferente a la de un libro. Así lo indica Sánchez Vigil (2006), quien afirma que “todos los fondos están sujetos a las operaciones documentales básicas, resumidas en varias actividades: adquisición, selección, registro, identificación, análisis, organización de los fondos, conservación y difusión de los documentos” (p. 170).

La descripción, por norma de las RDA, varía un poco, la colección y el proceso de inventario también, según lo dicten las políticas de la unidad de información anfitriona, en todo caso, la fotografía solo es procesada, descrita, inventariada y coleccionada para que alguien más solicite su consulta y realice su investigación. En palabras de Ortega García (2005):

A partir de los datos extraídos de la realización del inventario será posible establecer el método y requerimientos de una catalogación que cumpla adecuadamente sus funciones, pudiendo establecer criterios sobre lo que se ha de catalogar de forma individual y lo que se catalogará por series, colecciones, bloques o conjunto de material (p. 224).

Si bien esa es la función de la fotografía en la biblioteca, y puede considerarse un destino académicamente eficiente, no es la única utilidad que la información y la fotografía tendrían dentro de las unidades de información.

4. Nuevas aplicaciones de la fotografía en las bibliotecas

Es importante rescatar que existen iniciativas que han sacado a las fotografías de los estantes y las han puesto al servicio de la unidad de información. Entre estos esfuerzos se pueden identificar: la digitalización de documentos, la promoción de servicios, la gestión cultural mediante exposiciones artísticas, la alfabetización informacional y la animación lectora, explicados y ejemplificados a continuación.

4.1 Digitalización de documentos

Después de los procesos técnicos, la digitalización de documentos es quizás una de las funciones más utilizadas por la fotografía en las bibliotecas. Las unidades de información de bajo presupuesto realizan este proceso con escáneres comunes, y cuando se trata de un servicio de digitalización para consulta es adecuado. Pero en el caso de la digitalización como proceso de preservación, el escáner tradicional no es competente para lograr la digitalización sin comprometer la integridad física del documento original

Por eso, la Consejería de Cultura de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, del Servicio de Archivos de Andalucía (2010), recomienda tres tipos de dispositivos para digitalizar documentos “La digitalización se realizará preferentemente con un escáner aéreo o cenital. Otros dispositivos de captura de la imagen posibles son la cámara de fotos digital y el escáner de sobremesa” (p. 3), incluso, cuando menciona los detalles técnicos para realizar la tarea por medio de cámaras fotográficas, indica que se trata de un equipo básico y relativamente accesible, tomando en cuenta lentes con una distancia focal de 35 mm para cámaras con sensores APS-C -bastante comunes en el mercado- y 50 mm para cámaras con sensores de formato completo; además, explica sobre la posición de la cámara y su nivelación, características que pueden ser reproducidas por cualquier biblioteca con la inversión básica de una cámara Digital Single Lens Reflex (DSLR) y un trípode con cabeza giratoria.

Así lo hizo el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (2015), cuando muestra el proceso por medio de un vídeo en YouTube (https://youtu.be/GqNHRgfaYM4), destacando el uso de una cámara fotográfica debidamente acompañada de equipo de iluminación, modificadores de luz y soportes para el documento, todo incluido en un dispositivo de escaneo especializado que permite la captura de fotografías sin tener que forzar la encuadernación del documento en su apertura, o sin exponer a un daño físico a las páginas del libro, debido al uso de luces inadecuadas, como las incluidas en los escáneres convencionales.

4.2 Promoción de servicios

Otra de las funciones que dan a la fotografía es la promoción de servicios y la construcción de memorias institucionales sobre las actividades que se realizan en la Unidad de Información. Se trata de la captura de imágenes que van desde el simple retrato de un usuario en la sala de estudio, la cobertura fotográfica de un evento organizado por la biblioteca, hasta un escenario más complejo, como por ejemplo, la creación de montajes fotográficos para crear afiches y material gráfico de difusión de los servicios, productos y eventos de la biblioteca.

Al respecto, Herrera Morillas y Pérez Peludo (2008), las Bibliotecas Públicas del Estado, en Extremadura, España, durante el 2003, hicieron una campaña publicitaria en la cual se pretendía mostrar a la biblioteca como un espacio diseñado para el ocio y el trabajo. Dicha propaganda incluyó fotografías entre los diferentes recursos comunicacionales utilizados “Se hicieron cuñas en la radio y carteles en marquesinas urbanas, que sobre cuatro fotografías de los servicios prestados a diversos grupos de ciudadanos, destacaban el mensaje de la campaña” (p. 313).

Por su parte, en las redes sociales se encuentra el uso de fotografías de unidades de información para la promoción de sus servicios; en ese sentido, Roseras Carcedo (2011), comenta que entre las herramientas y servicios de la web social se encuentra la posibilidad de promocionar la biblioteca “Compartiendo fotografías a través de Flickr. Se trata de un sitio web donde los usuarios pueden compartir fotografías. De esta manera hemos querido difundir las fotos de nuestro centro, de nuestras actividades y exposiciones con todos los usuarios” (p. 60).

Así lo ha hecho el Sistema de Bibliotecas, Documentación e Información (SIBDI) de la Universidad de Costa Rica (UCR), con la publicación de fotografías de su Unidad de Información más emblemática: la Biblioteca Carlos Monge Alfaro (Guzmán, R. 31 de julio de 2018, comunicación personal). Otro ejemplo de esta práctica es la Biblioteca Conjunta de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, quienes publican en sus redes sociales fotografías de donaciones de libros, y visitas académicas o diplomáticas que se realizan en sus instalaciones (Saborío, J. 27 de julio de 2017, comunicación personal), por mencionar dos ejemplos en Costa Rica.

Otro ejemplo del uso de Flickr en unidades de información es el de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América, quienes albergaban una significativa colección de fotografías y estampas. Dicha colección, desde el 2008, fue vinculada a un proyecto piloto de la Biblioteca con Flickr titulado Flickr Commons, que busca la manera de proyectar las colecciones fotográficas al público y que, al mismo tiempo, este pueda aportar información nueva mediante la interacción con las colecciones, ya sea etiquetando, anotando o reutilizando el material sin ninguna restricción. Sobre el tema, Barker, Barker, Bormann y Neher (2015) afirman que:

Actualmente, Commons incluye a muchas instituciones notables, muchas de las cuales reciben mucho más tráfico en Commons que en sus sitios web institucionales. Los visitantes pueden buscar a través de grandes colecciones de imágenes. Las fotografías están marcadas como “sin restricciones de derechos de autor conocidas”, lo que no significa que sean de dominio público, sino que pueden utilizarse en una gran variedad de actividades digitales creativas. Muchas imágenes en Commons se etiquetan y se ordenan por tema, lo que facilita su localización. Los motores de búsqueda indexan las etiquetas de las imágenes, y esto hace que estén disponibles para cualquiera que las utilice: “En muchos casos, el éxito en el motor de búsqueda inspira una visita al sitio Flickr Commons” (p. 167).

Sin embargo, es importante considerar que la red social Flickr, debido a sus condiciones de almacenamiento y organización (con un 1TB de almacenamiento y la posibilidad de organizar las fotografías por álbumes y colecciones), es pertinente para el desarrollo de colecciones digitales de fotografías, lo que algunas instituciones denominan “memoria fotográfica institucional”, pero para efectos de interacción, inmediatez y generación de audiencias, la red social recomendada es Instagram®, que para Laudon y Laudon (2016) es “un sitio de compartición de fotos y videos que permite a los usuarios tomar fotografías, mejorarlas y compartirlas con amigos en otros sitios sociales como Facebook, Twitter, Tumblir y Google+” (p. 286).

De hecho, según datos de la Superintendencia de Telecomunicaciones (SUTEL), en Costa Rica se estima que existen más de 500.000 usuarios activos diarios de esta red social, de los cuales el 53% son hombres y el 47% mujeres, considerándose la más usada después de Facebook (Tejada, 2017, p. 31), por lo que si de posicionamiento mediante el uso de la fotografía se trata, dicha plataforma califica como una excelente opción para llevar la promoción de la biblioteca a un escenario sumamente gráfico y altamente utilizado.

4.3 Exposiciones fotográficas

Algunas unidades de información aprovechan sus espacios para darle otra función a la fotografía: la promoción cultural a través de la organización de exposiciones artísticas. Estas exposiciones pueden ser desarrolladas por alguna persona profesional en fotografia ya sea local, o con el material creado por sus usuarios en algún taller artístico que se haya ofrecido desde una biblioteca. Las salas de estudio y los pasillos de las bibliotecas son lugares propicios para la generación de espacios donde el arte y las personas usuarias interactúen de forma directa. Las bibliotecas pueden convertirse en galerías de arte sin abandonar sus funciones formacionales e informacionales que la identifican; de hecho, en el mismo sentido, autores como Quiléz Simón (2003) lo identifican como un cambio necesario:

En el caso de las bibliotecas, en particular, la amplia expansión de las tecnologías de la información y la comunicación y un nuevo modelo de gestión de los recursos e infraestructuras sociales y culturales empujan a estos centros a un cambio conceptual en lo que respecta a sus servicios y objetivos que se hace del todo necesario para su supervivencia efectiva. Este cambio está orientado, principalmente, hacia tres objetivos: convertirse en un centro de referencia para la información, facilitar y fomentar el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y tomar un lugar central en la oferta cultural local [Sic] (p. 143).

Las bibliotecas públicas tienen la posibilidad de realizar actividades de extensión cultural más allá de las que se adscriben al quehacer habitual de la biblioteca, tal es el caso de presentaciones de libros, animación lectora o actividades literarias, y dentro de esta oferta cultural incluye la fotografía, como lo indica Quílez Simón (2003) “La variedad dentro de cada sub-área es realmente vasta, pero limitándonos a las actividades más frecuentes podemos reunirlas bajo los siguientes epígrafes: Exposiciones, Pintura, Escultura, Fotografía, Paneles didácticos, Materiales diversos (etnología, arqueología, etc.), Trabajos escolares (dibujo, collage, pintura, etc.)” (p. 145).

En Costa Rica, lugares como la Biblioteca Francisco Picado Soto, ubicada en la sede central de la Universidad Técnica Nacional (UTN) en Alajuela, la Biblioteca Carlos Monge Alfaro y la Biblioteca del Recinto de Guápiles, ambas del Sistema de Bibliotecas Documentación e Información (SIBDI) de la Universidad de Costa Rica (UCR), y la Biblioteca Nacional de Costa Rica Miguel Obregón Lizano han habilitado sus salas para exponer colecciones fotográficas de diferentes artistas nacionales. Las exposiciones artísticas se han mantenido durante varias semanas y, en algunas ocasiones, se han acompañado de una inauguración oficial con la presencia del fotógrafo que posee la autoría de las obras y autoridades universitarias e institucionales (Picado, 25 de julio de 2018, comunicación personal).

4.4 Alfabetización informacional

La alfabetización informacional, según Zurkowski, citado por Martí Lahera (2007), se define como las “Técnicas y capacidades con el fin de hacer un uso amplio de las herramientas de información, así como de las fuentes primarias, en la reestructuración de la información destinada a la solución de problemas” (p. 26). Se conoce por sus siglas como ALFIN, otra materia de la Bibliotecología, que admite el uso de la foto de una manera no tradicional, aprovechando el peso cognitivo que puede tener una imagen en los procesos de enseñanza y aprendizaje que la biblioteca organiza para su comunidad de usuarios.

En este sentido, es importante destacar que toda fotografía puede ser considerada una imagen, por lo que el estudio de sus posibilidades cognitivas puede abordarse desde el concepto de imagen como tal; por ese motivo, en el presente apartado se aborda dicho concepto como objeto de análisis valorando que sus posibilidades de uso en el ALFIN son las mismas que la fotografía. Según Sánchez (2006), si se eligen imágenes para apoyar los procesos de enseñanza y aprendizaje, el mensaje enviado va a asimilarse con mayor facilidad y más aceptación, pues:

El uso apropiado de la imagen produce en los estudiantes mensajes de fácil recordación frente a aquellos que son emitidos verbalmente: la fotografía, el cine, la televisión y el computador, entre otros, utilizan la imagen como medio para transmitir mensajes, que aplicados bajo estrategias pedagógicas apropiadas en el aula, posibilitan la enseñanza y el aprendizaje de una manera más agradable y significativa (p. 198).

Así lo afirman Bautista Sánchez, Martínez Moreno e Hirachela Torres (2014), quienes, refiriéndose a fotografías, gráficos y diagramas, indican que “los materiales visuales con frecuencia transmiten ideas y contenidos más fácilmente que las descripciones verbales, y proporcionan mejoras importantes de aprendizaje en el aula” (p. 189).

Desde otra perspectiva, la imagen fotográfica es expuesta por Rabadán (2015), como un elemento discursivo de la comunicación que ya está creando conceptos preconcebidos en la sociedad, por lo tanto, se trata de un elemento potencial para re-educar a las personas, de modo que se persiga una ciudadanía que tenga un razonamiento responsable mediante la misma herramienta que ya ha creado vicios mentales en ella: la imagen fotográfica. En otras palabras, la imagen fotográfica posee virtudes pedagógicas que pueden utilizarse en procesos de enseñanza y aprendizaje en la sociedad actual.

Entonces, la Alfabetización Informacional (ALFIN) puede considerarse como un nicho altamente funcional para la aplicación de estas virtudes pedagógicas de la fotografía, por ende, siendo las bibliotecas los lugares donde se ha acuñado el concepto de ALFIN con tanta fuerza, es bueno considerarlas como el escenario ideal para generar estrategias educativas con el uso de la fotografía. Existen muchas más posibilidades, tales como la creación de fotografías como material didáctico para talleres, cursos y capacitaciones, o bien, enseñar técnicas fotográficas acompañadas de reflexiones sobre responsabilidad social del uso de la imagen y lectura discursiva del mensaje fotográfico.

4.5 Animación lectora

Finalmente, la fotografía también ha sido utilizada como apoyo en los programas de animación lectora gestados desde la biblioteca. En ocasiones sucede de manera indirecta, cuando se eligen obras literarias con alto contenido gráfico, como los libro álbum, las novelas gráficas o los cuentos ilustrados, sin embargo, también es posible construir fotografías originales como apoyo a obras que no necesariamente cuentan con ilustración, es decir, retratar escenarios reales o construidos para ser utilizados como material gráfico para un taller de lectura, o bien para, las ilustraciones de una obra literaria. Además, las aplicaciones disponibles en la red han permitido que esta creación de contenido gráfico sea más sencilla y accesible para las personas profesionales de las bibliotecas.

El uso de imágenes, y para efectos de esta investigación, de fotografías en la animación lectora constituye un aporte sumamente valioso en la interpretación de la obra, la asimilación de su contenido e incluso la posibilidad de retener información de los eventos ahí narrados. La fotografía, en este y otros contextos, puede considerarse “como una unidad discursiva que se manifiesta como un todo estructurado e indivisible de significación que puede ser actualizado por un lector o destinatario dentro de un contexto cultural” (Amador, 2003, p. 225).

Un ejemplo sobre el uso de la fotografía en la animación lectora es el desarrollado en el proyecto Experimental School Environments, realizado en 1999 y citado por Paredes (2005), quien afirma que dentro del proyecto existía una actividad denominada: “Espejos Mágicos” y entre las estrategias didácticas utilizadas menciona la proyección de fotografías como apoyo al contenido de la obra. El proyecto se realizó con éxito en niñas y niños ingleses y suecos de 5 a 7 años de edad y, aunque el autor lo menciona como un ejemplo de uso de las TIC en la animación lectora, lo cierto es que deja en claro que las fotografías, dentro o fuera de la obra de estudio, pueden ser un recurso valioso al implementar proyectos de animación lectora.

Adicionalmente, en el caso de Costa Rica, la Fundación Leer/IBBY Costa Rica, bajo el proyecto “Leo que te leo verde” incluye dentro de su Unidad I, el uso de un libro ilustrado que, si bien no se tratan de fotografías como tal, las ilustraciones en acuarela permiten una interacción abierta del lector con el texto y la imagen de la obra. El cuento se titula: “La Guardiana de la naturaleza y sus amigos salvan el río” y se utiliza como herramienta didáctica para que niños de 10 a 12 años de edad de la provincia de Cartago reflexionen sobre el cuidado del medio ambiente, el tratamiento de residuos y el respeto a la naturaleza (Hernández Astorga, 25 de julio de 2018, comunicación personal).

5 Una propuesta adicional

Ha quedado claro que existe voluntad y creatividad para llevar a otro nivel el uso de la fotografía en las bibliotecas. La literatura consultada ha permitido identificar cinco funciones no tradicionales de su uso en las unidades de información, pero la tecnología y la apertura en el acceso a técnicas y equipos fotográficos admite una propuesta más para utilizar la imagen en pro de la creación de nuevos servicios y experiencias para quienes hacen uso de las bibliotecas.

La técnica que puede ser incluída en las bibliotecas es la fotografía esférica 360. Esta técnica consiste en la generación de imágenes equirectangulares, es decir, “fotografías cuyo ancho es exactamente el doble que su alto” (Toro, Comunicación personal, 6 de julio de 2018) que, al ser reconocidas por programas especiales, puedan emular el recorrido visual que una persona haría de forma natural si se moviera sobre su propio eje mientras observa el escenario que lo rodea. La fotografía esférica 360 ha sido utilizada para fines comerciales y educativos, proporciona la virtualización de productos como casas o automóviles para motivar su compra, y en museos para conocer obras de arte sin necesidad de trasladarse hasta el lugar.

Es también una técnica que ya ha sido probada en bibliotecas; según Kowalczyk (2018), existen ya diez bibliotecas que han desarrollado recorridos virtuales de sus instalaciones mediante el uso de fotografías esféricas 360 integradas a la aplicación web Google Maps y utilizando el servicio Google Street View. Su construcción incluye tomas de la fachada de la biblioteca, la posibilidad de navegar dentro y fuera del inmueble y visualizar el entorno de la misma manera en que se haría como experiencia personal de visita.

Sin embargo, existe un nexo importante entre esta técnica y otra de las materias de las Ciencias de la Información que no necesariamente tiene que ver con la promoción de servicios o los procesos técnicos, y es la preservación digital, un proceso mediante el cual se convierte la información de un documento, cuya vida útil está comprometida por el desgaste físico, a un formato digital para que puede ser leída en dispositivos electrónicos sin poner en riesgo la integridad física de la obra mediante la consulta, así lo confirma Saavedra Bendita (2011) “la digitalización consiste en tomar una serie de muestras de la señal original analógica y transformarla en una nueva señal formada por valores discretos” (p. 109).

Esta técnica es siempre relacionada con documentos impresos, es decir, textos o imágenes que han acumulado años de servicio y es necesario retirarlos de circulación sin dejar de ofrecer la consulta de su información; por eso, es posible considerar la fotografía esférica 360 como método de preservación para digitalizar información que no posee carácter bibliográfico, o sea, obras que no están constituidas por páginas, no tienen tinta, ni tampoco encuadernación. Tal es el caso de un edificio, que constituye toda una fuente de información patrimonial, histórica y cultura, y que, ya sea por deterioro, desastre natural o conflicto armado, podría dejar de ofrecer toda la información que conserva. Dicho de otro modo, se trata de reproducir en recorridos virtuales los edificios cuyo valor patrimonial es de gran importancia para la organización que lo habita, para el pueblo que lo ha adjudicado o la nación que lo ha declarado patrimonio nacional.

Por lo anterior, la oportunidad de inmortalizar un inmueble, no como se ha realizado en las últimas décadas, con fotografías de baja calidad y que apenas retratan sus fachadas, sino con experiencias de recorrido completas, tales como las habría tenido una persona que recorrió el edificio cuando aún estaba en servicio, constituye una valiosa oportunidad de ensanchar el escenario de acción de la preservación tradicional, vincular a las bibliotecas de forma más cercana con la construcción de una memoria cultural de su comunidad y, por supuesto, agregar una nueva función de la fotografía en el trabajo diario de las unidades de información.

6 ¿Qué perfil es necesario para la persona profesional en Bibliotecología?

Por lo tanto, ¿qué debería saber una persona profesional en Bibliotecología para poder asumir las tareas que le demandan las nuevas funciones de la fotografía en las unidades de información? La Sociedad de la Información y Conocimiento (SIC), que nos acoge desde la llegada de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC), considera a las TIC como importantes componentes en la dinámica del ejercicio de la profesión. Castells, uno de los pioneros en el tema de la SIC, afirma que “debemos tomar en serio la tecnología” (2001, p. 34), es decir, el primer paso es colocar a la tecnología en la lista de prioridades, por lo que el rol de cada profesional en Bibliotecología exigirá un manejo óptimo de las TIC.

La presencia de la tecnología en la dinámica social no es nueva, no solo Castells (2001) lo deja claro al referirse a la forma en que la tecnología y la sociedad se modifican mutuamente, también lo hace Cabero (2001), quien recorre la historia identificando tres revoluciones tecnológicas que marcaron hitos en el desarrollo social, cultural, político y económico de la humanidad: (1) la revolución agrícola, (2) la industrial y (3) la revolución de la información que los identifica como tres peldaños claramente visibles en el desarrollo humano, que pone a las bibliotecas en el meollo, pues se trata de una valiosa oportunidad para se apropien nuevamente de su función dinamizadora de la información y la clave está en el uso adecuado de la tecnología. Al respecto, Pulido Daza y Garzón Cárdenas (2014) indican que:

En consecuencia, para asumir las nuevas funciones de la fotografía, y las eventuales nuevas funciones de otros recursos de información que la tecnología genere, es necesario que cada profesional en Bibliotecología tenga claro el conocimiento del mercado tecnológico referente al uso de la información, que sepa operar los dispositivos de trabajo diario, como portátiles, móviles y artículos de oficina, y que tenga conocimiento de las capacidades que ofrecen otros dispositivos para el manejo y la generación de la información, tales como escáneres, equipo fotográfico, recursos para el desarrollo de robótica básica, redes, servidores y equipo de telecomunicación.

También, es importante que conozca los lineamientos básicos para el uso de software y aplicaciones, tanto móviles, de escritorio o en línea, que apoyen la gestión de información desde las bibliotecas. La Web 2.0, las aplicaciones de producción audiovisual, las redes sociales y el desarrollo de aplicaciones móviles son algunos de los nuevos factores de la lista de “pendientes por aprender” que constituyen los retos que la tecnología está colocando sobre el mostrador de referencia, los escritorios de procesos técnicos y las salas de personas usuarias de las unidades de información de hoy.

Este conocimiento será útil para la generación de nuevos servicios y productos de información para la comunidad usuaria, y será un aspecto fundamental en la reducción de la brecha digital, o sea, aquellas personas que no tenían acceso a la tecnología y a la información y, por lo tanto, permanecían en un estrato olvidado de la SIC (Cubillo, 1997), podrán ser parte de la movilidad social dentro de la SIC. La probabilidad de reducir la cantidad de personas con acceso nulo a la información radica en la capacidad de educarlas en el uso responsable de las tecnologías y la información. Díaz Lazo, Pérez Gutiérrez y Florido Bacallao (2011), agregan:

La digitalización se esparció en todo el mundo; ahora no sólo es importante reducir la separación entre “los que tienen” y “los que no tienen”, es fundamental reducir también la separación que Internet acentúa entre los que saben y los que no saben. El impacto de la digitalización en la sociedad es evidente y cada vez más amplio (p. 82).

Si desde las bibliotecas se crean espacios para que las personas tengan acceso a la tecnología y a la información se podría reducir el impacto que la digitalización provoca en la sociedad. Pero para alcanzar este objetivo es fundamental que cada profesional en Bibliotecología esté en capacidad de circular en la SIC porque, al mismo tiempo, ayuda a otras personas a hacerlo.

Para las nuevas generaciones de profesionales en Bibliotecología en Costa Rica, las universidades ofrecen actividades de acercamiento a la tecnología, desde una forma básica con el estudio de los productos que ofrece la Web 2.0, como las redes sociales, wikis, blogs, entre otros, su diseño y construcción, hasta la confección de bases de datos con sus respectivas tablas y relaciones. En el caso de profesionales de otras generaciones, la UCR, a través de la Escuela de Bibliotecología y Ciencias de la Información (EBCI), ofrece cursos de actualización profesional donde se trabajan temas como el dominio de lenguaje SQL para la administración de bases de datos, robótica y, próximamente, cursos de fotografía para bibliotecas.

7 Conclusiones

La información se ha diversificado en formatos y soportes que han sido recuperados, procesados y almacenados por las bibliotecas donde ha sido posible; sin embargo, la información acumulada en los acervos de las unidades de información no es útil solo para la comunidad usuaria, ya que la biblioteca puede usar estos recursos para su propio beneficio, para el crecimiento de sus funciones y para la creación de nuevos productos y servicios de información

Por eso, es preciso que, para adoptar este nuevo rol, cada profesional en Bibliotecología reflexione sobre la importancia de dominar la tecnología en la SIC, desarrolle destrezas para que su uso personal y laboral permee a su comunidad de usuarios educándolos en el uso responsable de las TIC, y colabore con la reducción de la brecha digital, porque estas nuevas destrezas que la tecnología exige en el rol de cada profesional son aplicables en el mundo de la imagen y la fotografía, encima, existen más espacios de trabajo con oportunidades altamente aprovechables por los y las bibliotecólogas de la sociedad actual.

La fotografía es un ejemplo claro de cómo la información no es exclusiva de los estantes y los usuarios, y su uso puede llegar a diversificarse tanto como se desee. Ahora, es posible utilizar la fotografía para la promoción de servicios, para la gestión cultural mediante exposiciones artísticas, como apoyo a la Alfabetización Informacional, como estrategia para la animación lectora y para la preservación de información no bibliográfica, tales como edificios, obras de arte o espacios comunitarios, por tal motivo, la interdisciplinariedad genera nuevos escenarios de especialización en las unidades de información, mejores e innovadores servicios y espacios de interacción cultural con las distintas comunidades de usuarios a las que se sirve.

De hecho, disciplinas como la Arquitectura, para mejorar el diseño de los espacios físicos de las unidades de información, el Mercadeo, para construir estudios de mercado acerca de las personas usuaras, el Diseño UX, basado en la experiencia de la persona usuaria para construir servicios y plataformas virtuales con condiciones de usabilidad óptimas, y la Informática, para mejorar los sistemas de información gestionados desde las bibliotecas son tan solo algunos de los saberes que pueden vincularse con el trabajo cotidiano de las bibliotecas porque ya son parte de sus acervos.

Es momento, por lo tanto, de prestar la información y apropiarse de ella. Ya no es suficiente con resolver la necesidad informacional de quien investiga, es importante crear la vinculación con la biblioteca, y convertir su tema de estudio en un proceso creativo para las unidades de información, convirtiendo a las bibliotecas y a sus colecciones en espacios de investigación bibliográfica y en escenarios de aplicación práctica de la investigación.