Resumen

Este artículo tiene como objetivo presentar un marco teórico que emergió en las últimas décadas en el ámbito de la Ciencia de la Información: el paradigma de Análisis de Dominio (AD), también denominada Teórica Analítica de Dominio, que constituye uno de los sustentos epistémicos adoptados para el desarrollo de un proyecto de investigación realizado en el Departamento de Bibliotecología de la Universidad Nacional de Misiones. Empleando como metodología la revisión teórica, se abordarán los fundamentos que originaron dicha propuesta, así como los antecedentes latentes y emergentes en indagaciones y trabajos previos a la formulación de su principal exponente, Birger Hjørland. Además, se analizará el alcance semántico de la expresión, las posibilidades teóricas que el análisis de dominio posee para el desarrollo y el afianzamiento de la investigación bibliotecológica, así como las aproximaciones metodológicas e implicaciones prácticas que su creador enuncia. Se concluye que el análisis de dominio permite reconocer los conceptos relevantes de un dominio dentro de la Ciencia de la Información, sus relaciones jerárquicas y vinculaciones semánticas con otros campos, al tiempo que permite el desarrollo de nuevas líneas investigativas y profundizar diversos aspectos teóricos de la Bibliotecología y la Ciencia de la Información.

INTRODUCCIÓN

En el ámbito latinoamericano, particularmente en Argentina, las bases teóricas y metodológicas que subyacen en la Bibliotecología, así como las múltiples interrelaciones que establece con otras disciplinas, se hallan en un proceso sostenido de conformación y expansión. Esta situación es inherente a la versatilidad que tiene el propio campo de conocimiento, en cuanto a su objeto de estudio, es decir, lo atinente a su estatus ontológico y epistemológico y a la inconsistencia terminológica; pero, también, es consecuencia de la fragilidad del aparato investigativo y de la escasa presencia de programas de investigación sostenidos en el tiempo que problematicen los basamentos teóricos disciplinares y generen marcos sólidos y perceptibles de reflexión y actuación.

En el año 2017 se puso en marcha un proyecto de investigación teórica denominado: Diálogos interdisciplinarios. Perspectivas teóricas en la formación Bibliotecológica, donde participan integrantes del plantel docente y estudiantes de Licenciatura, pertenecientes al Departamento de Bibliotecología de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), Argentina. Uno de los objetivos de este proyecto de investigación es generar un espacio académico de debate e indagación teórica acerca de algunas problemáticas que plantea la disciplina Bibliotecológica en lo referente a las relaciones interdisciplinarias que la Bibliotecología mantiene con otras disciplinas, involucrando principalmente las áreas curriculares del Análisis Documental y de los Fundamentos teóricos de la Bibliotecología y la Ciencia de la Información.

Para llevar a cabo la investigación, se recurre al análisis del discurso porque permite observar, insertos en cadenas de enunciados, el uso de los términos, constituyendo de este modo el punto de partida para identificar y delimitar un objeto de estudio. Con esta investigación se pretende como resultado contribuir al fortalecimiento de los basamentos teóricos que hacen a la disciplina, y abordar la teoría con una mirada interdisciplinar. En la primera etapa, para el abordaje interpretativo que plantea el proyecto de investigación, recurrimos al análisis de dominio, como uno de los caminos metodológicos posibles para encauzar el abordaje terminológico.

En las últimas dos décadas, aproximadamente, se incrementó la utilización del análisis de dominio en la literatura especializada en Bibliotecología y Ciencia de la Información como una herramienta metodológica principalmente asociada con estudios bibliométricos, destinados a indagar campos temáticos que cubren determinadas publicaciones del área de la Bibliotecología y la Ciencia de la Información. En este sentido, el análisis de dominio ha resultado de utilidad y validez en los estudios relacionados con la información, porque evidencia las relaciones estructurales que se establecen en un campo disciplinar y brinda un panorama de su producción bibliográfìca (Moya Anegón y Herrero Solanas, 2001).

Sin embargo, existen otros enfoques provistos por el análisis de dominio, como se verá más adelante, que no han sido suficientemente explorados y que podrían resultar de gran ayuda para abordar comprensivamente desde varios aspectos las áreas de estudio de la Bibliotecología y las modificaciones que derivan de su interrelación con otras disciplinas. Este artículo propone una aproximación teórica del análisis de dominio, a fin de dar cuenta de sus orígenes en el contexto de la Ciencia de la Información, su delimitación conceptual y los principales enfoques que plantea en el abordaje de la terminología de un campo determinado del conocimiento a fin de dimensionar sus potencialidades para enmarcar la investigación precedentemente anunciada. Para ello, metodológicamente se recurrirá al rastreo y análisis bibliográfico relativo al tema, para derivar las conclusiones pertinentes.

ANÁLISIS DE DOMINIO EN LA CIENCIA DE LA INFORMACIÓN

El Análisis de Dominio (AD), también llamado Teoría Analítica de Dominio o paradigma analítico de dominio, es una propuesta teórica dentro de la Ciencia de la Información (CI); de acuerdo con uno de sus principales expositores, Hjørland (2004) es presentado como “el estudio de los dominios del conocimiento o las comunidades de pensamiento o discursivas que son partes de la división del trabajo de la sociedad” (p. 2). Si bien es considerado por varios autores como uno de los recientes paradigmas de carácter socio-cognitivo desarrollado dentro de la Ciencia de la Información, esta afirmación es puesta en tela de juicio por la polisemia, el alcance y las implicaciones que posee un paradigma en el sentido kuhniano del término.

Este enfoque tiene lugar a partir del artículo de Birger Hjørland y Hanne Albrechtsen (1995), Toward a new horizon in information science: domain-analysis, publicado en el Journal of the American Society for Information Science, que viene -en opinión de los creadores- a ofrecer una perspectiva teórica capaz de satisfacer la carencia en nuestro campo disciplinar de una teoría global superadora de los enfoques fisicalistas y cognitivos que demarcaron las primeras décadas evolutivas de la CI.

Estos autores, plantean como tesis principal que la mejor forma de entender a la información en la CI es a través del estudio de un cierto dominio del conocimiento. Básicamente, este enfoque posee tres aproximaciones: Social, al concebir a la CI como parte de las Ciencias Sociales, promoviendo una comprensión social de la información; funcional, al entender la función y el comportamiento de la información y la comunicación; y filosófico-realista, al tratar de encontrar las bases de la CI en factores que son externos al pensamiento subjetivo individual del usuario (Hjørland y Albrechtsen, 1995).

Conviene recordar que el enfoque socio-cognitivo en la CI, que integra varias teorías, se consolida precisamente con los aportes derivados del AD, mediante la consideración y la observación del universo sociológico y cultural donde se producen los discursos y las transacciones de conocimiento, enriqueciendo de este modo el marco cognitivo donde previamente se habían generado diversos estudios e investigaciones en el campo de la Ciencia de la Información, los cuales pensaban al sujeto despojado del contexto que motiva sus acciones y determina sus prácticas sociales (Damus, 2014).

La CI no solo debe ocuparse del análisis y la rápida recuperación de la información, valiéndose de la Tecnología de la Información, sino que la eficiencia debe venir aparejada fundamentalmente con la calidad de la información recuperada, sin dejar de lado las implicancias sociales derivadas de la intermediación, ya que la finalidad última es “que los usuarios tomen decisiones informadas sobre lo que se les informa” (Hjørland, 2004, p. 2). Esta toma de decisión, por parte de la comunidad de usuarios, implica para el cuerpo de profesionales de la Información un profundo conocimiento del entorno social y cultural donde aquella se desenvuelve, de sus prácticas, sus hábitos, sus necesidades informativas, el lenguaje que utiliza, sus presupuestos semánticos y derivaciones pragmáticas; en pocas palabras, se requieren el conocimiento y la comprensión del dominio de las personas que usan los servicios de información, lo cual conlleva un compromiso que va más allá de la destreza en el uso de la tecnología y de la aplicación de técnicas usuales de recuperación informativa. En este sentido, el autor expresa que:

El análisis de dominio, en consecuencia, no concibe a los usuarios en general, pero los ve como pertenecientes a diferentes culturas, estructuras sociales y dominios de conocimiento. Productores de información, los intermediarios y los usuarios están más o menos conectados en comunidades que comparten idiomas comunes, géneros y otras prácticas de comunicación tipificadas. Hay diferentes distancias semánticas entre los agentes (Hjørland, 2004, p. 5).

Antecedentes y precursores teóricos

El Análisis de Dominio es un concepto derivado originalmente del ámbito de la Ingeniería de Software, y alude a un proceso efectuado durante el modelado de sistemas; Firesmith (1993, citado por Pressman, 2005) se refiere en los siguientes términos “El análisis del dominio de software es la identificación, el análisis y la especificación de requisitos comunes de un dominio específico de aplicación para, de manera típica, reutilizarlo en múltiples proyectos dentro de ese dominio de aplicación” (p. 195). Su origen se remonta a los trabajos presentados por James Neighbords a comienzos de la década de los ochenta, quien lo definió como una actividad que consiste en identificar los objetos de un tipo de sistemas similares dentro de un dominio de problema específico. También, Rubén Prieto-Díaz es un reconocido investigador, y otro de los precursores del AD en el contexto de la Ingeniería de Software, se refiere a este como un proceso que permite que la información empleada para el desarrollo de sistemas, sea identificada, capturada, organizada y nuevamente reutilizada en la creación de nuevos sistemas (Vélez Urbano, 2015).

Volviendo al ámbito de la CI, Hjørland y Albrechtsen (1995) argumentan que la mejor manera de entender la información es a través de la investigación del pensamiento o la comunidad discursiva como parte del dominio del conocimiento, o de la división social del trabajo, por cuanto la organización del conocimiento, la estructura, el patrón de cooperación, el lenguaje y la forma de comunicación, el sistema de información y el nivel de relevancia reflejan el propósito del trabajo en su comunidad y su rol social.

Por lo tanto, los rasgos psicológicos, el conocimiento, las necesidades de información y la relevancia subjetiva del individuo deben entenderse desde esta perspectiva. Al mismo tiempo, rescatan y enfatizan en la naturaleza social y ecológica de la CI, menos orientada a los procesos cognitivos individuales del usuario y más centrada en una visión integral de los contextos donde se produce, procesa y utiliza la información, distribuida en dominios temáticos derivados de la organización del conocimiento.

Ambos autores reconocen numerosos contribuyentes y predecesores que aportan de manera más o menos explícita un conjunto de elementos, conceptos y puntos de vista que les permite enunciar su propuesta de lo que denominan “paradigma del análisis de dominio”, sin embargo, no dejan de destacar que:

Nuestra conclusión que parte de la observación de la escena contemporánea es que si bien una visión analítica de dominio aparece muy cercana a muchas actividades en la Ciencia de la Información y en los trabajos con mayor contribución en este campo, el análisis de dominio no ha sido descrito en detalle como una aproximación teórica que se confronta con otras teorías (Hjørland y Albrechtsen, 1995, p. 403).

Entre otras personas que han contribuido de forma indirecta, y que aparecen citados en el trabajo antes mencionado, se pueden señalar a:

-Patrick Wilson, a quien atribuyen considerar que la unidad de análisis en la CI es el dominio o la especialidad y no el individuo, desde el momento en que problematiza la comunicación entre especialidades y no entre individuos;

- Robert S. Taylor, precursor en los estudios psicológicos de la información y en adoptar un enfoque cognitivo del individuo, en la década del noventa introduce el concepto Information Use Environments;

-Tefko Saracevic, quien indaga en la Teoría del Conocimiento para lograr fundamentar las teorías y conceptos de la CI;

- Thomas J. Froehlich, quien procura hallar la fundamentación de la CI en la epistemología social.

Otro de los precedentes se trata de una presentación efectuada en la reunión anual de la American Society for Information Science (ASIS), donde Marcia Bates (1987) compartió un trabajo titulado: Information: The Last Variable, en el que expuso acerca de la adopción de variables demográficas y cognitivas, que usualmente eran empleadas en las Ciencias Sociales, para investigar el comportamiento durante la búsqueda de información, pero, fundamentalmente, la consideración de la estructura y la organización de la propia información como una variable más, rara vez tenida en cuenta. Sin embargo, Hjørland y Albrechtsen (1995) afirman que hasta ese momento no se había efectuado una construcción teórica más profunda ni se lo había comparado al análisis de dominio con otras perspectivas similares tratadas en la literatura especializada.

Análisis conceptual

Dado que una de las cuestiones que nos ocupan desde la investigación Diálogos interdisicplinarios es precisamente el abordaje y la resignificación terminológica, nos parece oportuno realizar una desintegración de la categoría dada a este enfoque del Análisis de Dominio para visualizar el sentido de sus partes. Uno de los conceptos que podríamos denominar problemáticos de esta propuesta teórica y que generaron diversas críticas desde la literatura especializada es el de dominio, al ser un término controversial que ostenta múltiples significados y que constituye materia de interés en numerosos ámbitos y disciplinas.

Al respecto, Romero Quesada efectúa una aproximación etimológica del término (del lat. Dominium: poder que alguien posee de disponer y usar lo suyo) y trae a colación el concepto enunciado por la Real Academia Española (2017) “orden determinado de ideas, materias o conocimientos y significados”; en referencia a ambas acepciones, expresa:

Esta última acepción está más imbricada con el tema tratado en esta tesis, aunque si se tomase la primera de las acepciones y se articulase con esta en virtud de llegar a una compresión ENT#091;sicENT#093; más acabada de lo que un dominio es, entonces se pudiese alegar que un individuo, al formar parte de espacios en donde se compartan ideas, materias y conocimientos, tiene el poder de usar y disponer de este espacio, o al menos de interactuar con él (Romero Quesada, 2012-2013, p. 230).

El término “dominio” per se nos remite a una serie de conceptos posibles, ya que es utilizado en diversos ámbitos y espacios del saber, factibles de confrontar con facilidad efectuando un sondeo acerca de las acepciones aportadas por la Real Academia Española (2017), donde nos encontramos con:

1. m. Poder que alguien tiene de usar y disponer de lo suyo.

2. m. Poder o ascendiente que se ejerce sobre otra u otras personas.

3. m. Territorio sujeto a un Estado. U. m. en pl. Se usaba especialmente para designar los territorios del antiguo Imperio británico que gozaban de autonomía plena, como el Canadá o Nueva Zelanda.

4. m. Territorio donde se habla una lengua o dialecto. Dominio lingüístico leonés.

5. m. Ámbito real o imaginario de una actividad. Dominio de las bellas artes.

6. m. Orden determinado de ideas, materias o conocimientos. El dominio de la teología o de las matemáticas.

7. m. Buen conocimiento de una ciencia, arte, idioma, etc. Tiene un gran dominio del inglés.

8. m. Biol. Rango superior de la clasificación biológica, por encima del nivel de reino. Los tres dominios que se conocen son Arquea, Bacteria y Eucaria.

9. m. Bioquím. Región particular de un biopolímero que realiza unas funciones específicas.

10. m. Der. Derecho de propiedad.

11. m. Inform. Denominación que identifica a un sitio en la red y que indica su pertenencia a una categoría determinada.

Analizándolo en conjunto, vemos que el espectro que comprende la palabra es muy amplio: por una parte, tenemos aquellos conceptos que refieren al uso de poder en diferentes sentidos, otros que versan sobre una porción de territorio determinado, los que provienen de la Biología y Bioquímica, derecho e inclusive la web. Desde la filosofía política, Aristóteles (1962) efectuó una diferenciación entre “dominio” y “poder”, entendiendo al primero como una forma de poder despótico con una estructura rígida y desigual, con roles prefijados e inmutables de amos que dan órdenes y esclavos que deben obedecer; sin embargo, no atribuyó una connotación negativa al dominio, al que reconoce como una relación natural, sino que lo juzga de inferior jerarquía que la política, la otra relación posible que involucra al poder. Esto es una muestra de la evolución que experimentó a través del tiempo el uso del término “dominio” en la cultura occidental, en ciertos contextos.

Desde la sociología, es conocido el abordaje que efectuó Bourdieu (2000) en su tesis acerca de la dominación masculina, donde el dominio es analizado a través de los diferentes roles que desempeñaron los sexos históricamente y la naturalización devenida del habitus y de las construcciones sociales arbitrarias. Estas construcciones arbitrarias inciden directamente en la creación y en la transformación de los usos del lenguaje, dando lugar a la conformación de nuevos términos y a la reconfiguración de sentido de otros ya existentes.

Pero existe un último subconjunto de denominaciones que nos habla sobre el conocimiento y más específicamente -como si existiese una combinación entre este último y aquella de la porción de territorio- un área imaginaria donde ese conocimiento toma lugar. Si miramos con detenimiento la sexta definición proporcionada por la RAE vemos cierto grado de correlación, donde “área” podría componerse de cierto orden de ideas y saberes.

No obstante, el dominio referido por Hjørland y Albrechtsen (1995) es sencillamente -en apariencia- un área, campo, esfera o un ambiente particular, un grupo distintivo de personas con un interés compartido, comunidad de pensamiento o comunidad discursiva que integra la división social del trabajo, o una especialización institucionalizada y socialmente aceptada, por lo que se asemeja en gran medida con la sexta acepción mencionada por la RAE y que usaremos como definición del vocablo.

A simple vista, notamos que esta aproximación al término sigue siendo muy amplia. Romero Quesada (2012-2013) polemiza sobre esta instancia, al argumentar que “La difusa definición e ilimitación del término ha provocado una diversidad terminológica que varía en relación con las posturas de los autores ENT#091;…ENT#093; no hacen posible consensuar una definición sucinta y precisa de dominio” (p. 231). Con esto, el autor agrega que es posible relacionar el término con diversas comunidades, sin ser estrictamente institucionalizadas como disciplinas como entornos o ambientes de distinta índole, como el laboral, por ejemplo.

Se desea resaltar, sin embargo, que la multiplicidad de sentidos que se asignan al vocablo “dominio” no parece ser un aspecto negativo para Hjørland y Albrechtsen (1995), quienes reconocen esta faceta polisémica y citan a Alexander (1992), cuando estipula que dominio y disciplina no son sinónimos, ya que el último implica al primero, además de un conjunto de reglas y generalizaciones y una historia. Es por esta razón que no debe restringirse la locución a disciplinas solamente, sino todo aquel entorno donde exista un grupo de individuos que interactúen entre sí, usando el lenguaje.

El término análisis también presenta sus rispideces semánticas; por ejemplo, en las controversias que acarrea otra de las líneas teóricas que delinean este proyecto de investigación, el Análisis Documental, en el contexto de la Documentación y la Bibliotecología, dividiendo la opinión entre aquellos autores que entienden que dicho análisis sólo se enfoca en el contenido documental y los que además incluyen el soporte del documento.

Estas consideraciones en el seno de la documentación conducen a dos posturas teóricas bien demarcadas: una corriente restrictiva y otra corriente integradora, respectivamente. Dentro de esta última, para diferenciar ambos planos de análisis, se alude al análisis documental de contenido, concebido como “el proceso cognitivo de reconocimiento, descripción y representación del contenido documental ENT#091;…ENT#093; un método de investigación del significado simbólico de los mensajes” (Pinto Molina, 2002, p. 421), y al análisis documental formal, cuya técnica se efectúa “sobre cualquier soporte físico que cobije un contenido documental científico ENT#091;…ENT#093; que permitirá la comunicación-información que los diversos materiales almacenan” (Ramos Fajardo, 1994, p. 33).

Volviendo al Análisis de Dominio, consideramos que la naturaleza del análisis que propone Hjørland es más generalizada y abarcativa, se enfoca principalmente en aspectos del contenido, reflejados en las clasificaciones, tesauros, bancos terminológicos; también, se distingue por la preocupación social que caracteriza a los teóricos restrictivos que resaltan la usabilidad de la información analizada; no obstante, como veremos más adelante, su enfoque admite el análisis de los aspectos más formales de los documentos generados en el seno de las comunidades discursivas y alude al estudio de las propias estructuras -nuevamente la forma- e instituciones de dichas comunidades.

Al mismo tiempo, advertimos los puntos de contacto entre ambos análisis, documental y de dominio, por cuanto el análisis documental ofrece, a través de sus operaciones, instrumentos para el accionar del análisis de dominio, ya sea en la fase de identificación y búsqueda de registros documentales pertenecientes a un campo o disciplina, como en la descripción propiamente dicha de esos documentos (en su dimensión integral), o en la conformación de instrumentos de divulgación y comunicación que sirven a los usuarios, al tiempo que contribuyen a la retroalimentación del proceso. Por lo tanto, considerando estas mutuas implicaciones, podríamos redefinir al análisis documental como un conjunto de operaciones que instrumentalizan la puesta en práctica del Análisis de Dominio.

PRESUPUESTOS TEÓRICOS Y METODOLÓGICOS DEL ANÁLISIS DE DOMINIO

En cuanto a la definición de las bases en las que se construye el AD, observamos la presencia de varios pilares fundamentales. En primer lugar, vemos la adopción de un punto de vista social, donde se reconoce la posición de la CI dentro de las Ciencias Sociales, promoviendo una comprensión social de la información a través de perspectivas sociolingüísticas, sociopsicológicas, de sociología del conocimiento, etc. Romero Quesada (2012-2013) agrega que el aspecto sociológico:

Aporta al AD el interés por las perspectivas históricas de los condicionamientos sociales en la producción de conocimiento y permite explorar las re-comprensiones usuarias y las reconstrucciones constantes de las estructuras de conocimientos inherentes a las interacciones sociales, cognoscitivas y ambientales (p. 234).

Por su parte, el carácter funcionalista del Análisis de Dominio intenta comprender los entramados estructurales donde se erige la sociedad en su conjunto, donde la información y el conocimiento toman lugar (Hjørland y Albrechtsen, 1995).

Continuando con los presupuestos filosóficos o marcos teóricos subyacentes en el AD, además del paradigma socio-cognitivo que mencionamos, Hjørland se posiciona en lo que denomina realismo pragmático, porque entiende que la CI trata con entidades que poseen una realidad independiente del sujeto que las percibe, un mundo externo que puede ser conocido y también construido socialmente, porque “El realismo pragmático no se opone a la idea de que el conocimiento (científico) se construye como lo afirman los constructivistas sociales. Claramente disciplinas, teorías, instrumentos, terminologías, documentos, sistemas de información y otros aspectos de la ciencia son entidades construidas” (Hjørland, 2004, p. 8). El matiz pragmático, es decir, los efectos que producen los conceptos en la conducta social, la utilidad que las entidades construidas en la CI les reportan a las personas usuarias, descansa en la idea de la potencialidad informativa que poseen los documentos de cierta comunidad discursiva:

La relevancia no es sólo lo que los usuarios creen que es relevante. Los usuarios pueden cambiar sus criterios de relevancia cuando encuentran nueva información. La implicación es que los criterios de indexación y recuperación de la información no pueden confiar sólo en los “estudios de usuarios”, pero están principalmente relacionadas con las normas metodológicas y epistemológicas. La CI, por lo tanto, debe estar abierta a los diferentes puntos de vista y ayudar a los usuarios a identificarlos en los sistemas de información (Hjørland, 2004, p. 8).

Si abordar el estudio de un dominio implica considerar los discursos de las comunidades, sus niveles y estructuras y cómo aparecen representados, la hermenéutica juega un papel trascendente en este proceso de análisis, porque contribuye a explicar dichas estructuras y la influencia que ejercen las comunidades de conocimiento o campos de acción en la comprensión previa del usuario, insertada implícita o explícitamente en ellos (Romero Quesada, 2012-2013).

Cabe recordar, siguiendo a Capurro (2007), que la hermenéutica entendida como Teoría de la Interpretación y la Comprensión, se inicia con Schleiermacher, quien plantea una interpretación superadora del mero entendimiento de una serie de signos y propone la reconstrucción de la génesis del texto para lograr una comprensión de todo el conjunto. Durante el siglo XX, la comprensión interpretativa (verstehen) se transforma en el método por excelencia de las Ciencias Sociales, con importantes influencias de la filosofía lingüística de Wittgestein, en la cual se postula que para entender a una sociedad es necesario aprehender sus conceptos, donde reside la base de su funcionamiento-. Asimismo, Heidegger establece relaciones entre hermenéutica y ontología, a partir del abordaje del sentido del ser, a partir de su propia autocomprensión y, posteriormente, Gadamer efectúa un desarrollo de las ideas de Heiddeger al respecto del lenguaje y la hermenéutica (Capurro, 2007).

En los dominios de conocimiento que abarcan las CI, el discurso y el lenguaje son una construcción colectiva característica donde la hermenéutica puede ser practicada para alcanzar una interpretación contextual de los signos y los símbolos establecidos por la comunidad de personas usuarias que actúan en ellas y, al mismo tiempo, comprender la estructura de estas comunidades, explicitando el significado que los agentes -en el sentido giddensiano- le atribuyen a sus acciones cognoscitivas.

En cierto punto, el análisis de dominio se presenta como una alternativa al “individualismo metodológico”, basado en el estudio del individuo, con la concepción de que existen actitudes y conocimientos preexistentes en la mente humana y no como una construcción social o un producto cultural, y entienden a los dominios como sujetos autónomos. En contraposición, el “colectivismo metodológico” -donde se posiciona el análisis de dominio- establece que existe una interacción entre el nivel individual y el social, reconoce la existencia de dominios discursivos formados por un corpus terminológico específico, con problemáticas propias y autores que versan sobre ellas, pero, también, reconocen que están constituidas por actores que poseen diversos puntos de vista, criterios subjetivos, estructuras cognoscitivas individuales, entre otras particularidades. Confirmando su postura, los autores afirman que:

Nuestra tesis principal es que el punto de partida es dominios de conocimiento, disciplinas o profesiones, no individuos, y específicamente, no las composiciones más biológicas, fisiológicas y psicológicas de los individuos. Los individuos deberían ser vistos como miembros de grupos de trabajo, disciplinas o comunidades discursivas o de pensamiento (Hjørland y Albretchsen, 1995, p. 409).

En otras palabras, el Análisis de Dominio se encarga de analizar comunidades del conocimiento, no sus individuos integrantes. Con esto, finalizan su tesis principal alegando que la Ciencia de la Información debería ser considerada como una Ciencia Social, no una Ciencia Cognitiva.

El AD se propone indagar en el territorio de las Ciencias y las Humanidades principalmente mediante los documentos producidos en ellos, los géneros desarrollados y los sistemas simbólicos construidos; para lograrlo, Hjørland (2002; 2004) ofrece un conjunto de once métodos a través de los cuales es posible realizar un análisis de cierto dominio, que no son exclusivos y que pueden combinarse entre sí. No podemos obviar que, metodológicamente, nos encontramos en una especie de nebulosa: si bien se explicita que dicha teoría pretende dar a la Ciencia de la Información un fundamento holístico rehuyendo del monismo metodológico -o individualismo metodológico-, el método para lograr el producto del AD no resulta del todo claro.

En la Tabla 1 ofrecemos una visión concisa de los enfoques del AD, según lo explicita Hjørland (2002) y sus principales ventajas y desventajas. Como se puede observar, el AD ofrece un conjunto de métodos que no están preconstituidos, no son inalterables, ni constituyen un único camino ya trazado, sino que son fácilmente adaptables y combinables entre sí, según las necesidades de cada estudio a realizar. Este holismo metodológico -o colectivismo metodológico, como prefiere denominarlo Hjørland-, constituyen aproximaciones o recomendaciones para incursionar en los dominios donde el propio investigador deberá hallar el trayecto más adecuado según el ámbito y la faceta a indagar, ya que “La aproximación analítica de dominio reconoce que los dominios discursivos comprenden actores que tienen cosmovisiones, estructuras de conocimiento individuales, sesgos, criterios de relevancia subjetiva, estilos cognitivos particulares, etc.” (Hjørland & Albrechtsen, 1995, p. 409). Este aspecto, indudablemente, se muestra prometedor para explotar el campo de la Ciencia de la Información, no solo en sus dimensiones aplicativas, sino en la progresiva construcción de sus redes teóricas internas y transdisciplinares y en el afianzamiento de sus bases filosóficas.

Los enfoques mencionados en la Tabla 1 pueden ser aplicados por separado, sin embargo, se sugiere la utilización de más de uno para mejorar la comprensión de la estructura y la dinámica del dominio analizado. Aunque se recomienda que los enfoques deben ser probados en campos específicos, ello no implica que la CI deba disolverse en estudios separados de varios dominios. Hjørland (2004) agrega “La perspectiva comparativa -el estudio de cómo difieren los dominios del conocimiento en algunos puntos y son similares en otros puntos- es importante para construir una Ciencia de la Información general que no sea sólo una abstracción vacía” (p. 4).

CONCLUSIONES

El Análisis de Dominio en la Ciencia de la Información fue introducido como un enfoque teórico por Hjørland y Albrechtsen en 1995, quienes reconocen que su propuesta se nutrió de los aportes de varios autores del campo de la Bibliotecología y de la Ingeniería de Software. Con esta teoría, aspiran a facilitar el estudio de los dominios del conocimiento y/o las estructuras discursivas de diversas comunidades de pensamiento.

Una somera revisión de los diferentes significados que se atribuyen a los términos “análisis” y “dominio” permitió constatar las características polisémicas de ambos, lo cual en ocasiones dificulta la comprensión de la propuesta de Hjørland y Albrechtsen, aunque estos autores no consideran esta vaguedad como un aspecto limitante.

Desde un abordaje filosófico y, concretamente, epistemológico, la Teoría de Análisis de Dominio satisface algunos de los presupuestos requeridos para responder cómo la CI construye su objeto de conocimiento y otorga herramientas para aproximarse a determinados dominios de conocimiento, pues como afirma Hjørland (2004), el AD permite conectar la teoría y la práctica, ofreciendo una visión coherente de los principales conceptos de la CI y aportando a la construcción de una identidad para la CI acorde con la historia del campo.

Metodológicamente, aporta una serie de métodos que pueden usarse por separado o en combinación, los cuales contribuyen a analizar los efectos que tiene el uso de la terminología en las comunidades discursivas y ayudan a comprender de qué manera se interrelacionan y justifican los diferentes conceptos presentes en el campo disciplinar de la Bibliotecología y la CI. El AD posibilita el reconocimiento de los conceptos relevantes de un dominio dentro de la CI, sus relaciones jerárquicas; el estudio de sus vinculaciones semánticas y aplicaciones en otros campos; la descripción dinámica de las mutaciones que los términos y los conceptos sufren a través del tiempo, pero, además, permite analizarlos bajo las influencias socioculturales que inevitablemente permean todo campo del conocimiento.

Consideramos que esta teoría AD ofrece múltiples líneas investigativas para ser desarrolladas, tanto en aplicaciones prácticas dentro de un dominio concreto, como en la profundización de diversos aspectos teóricos de la Bibliotecología y la Ciencia de la Información. No obstante, es necesario continuar indagando los principales avances que han logrado las comunidades profesionales académicas y científicas que aplican y continúan la construcción de esta propuesta del AD, así como las conexiones establecidas con otros dominios ajenos a la CI.