Resumen

Este estudio experimental fue diseñado para evaluar durante el ejercicio y la rehidratación ad libitum post-ejercicio, si las percepciones subjetivas de sed y calor, así como la ingesta voluntaria de agua, son distintas en dos condiciones ambientales diferentes pero equivalentes en cuanto al índice de estrés térmico. Métodos: 14 participantes se ejercitaron en dos ocasiones en un cuarto de clima controlado (WBGT≈28.5° C): una vez para el calor seco (SECO, TBS = 33.8°C, HR = 53%) y una para el calor húmedo (HUM, TBS = 32.1°C y HR = 67%) sin ingesta de fluidos, hasta alcanzar una deshidratación equivalente al 4% MC. Las percepciones de sed, calor, llenura y cólico se midieron cada 30 min durante el ejercicio. Posteriormente ingirieron agua ad libitum durante 90 minutos. También se midió la ingesta voluntaria de agua. Resultados: Durante el ejercicio, la percepción de sed fue la misma para ambas condiciones (SECO 64.44±23.38, HUM 67.32±20.41mm; p=0.409), pero aumentó con el tiempo (p = 0.0001). Lo mismo ocurrió con la percepción de calor: no hubo diferencia entre las condiciones (SECO 6.34±0.50, HUM 6.40±0.37ua; p=0.423), pero aumentó a través del tiempo (p=0.001). Al final de la rehidratación, la percepción de calor fue mayor para el calor seco (5.3 ± 0.2ua) que para el calor húmedo (4.7 ± 0.2ua, p=0.006). La sed al final del ejercicio (85.8 ± 19.4mm) no mostró correlación significativa con la deshidratación real (3.82 ± 0.18% MC, r = -0.14, p = 0.48) ni con el consumo voluntario de agua (1843 ± 587 mL, r = -0.04, p = 0.85). No hubo correlación entre la pérdida de sudor real (2766 ± 700 ml) y la ingesta voluntaria de agua (r = 0.16, p = 0.42). La asociación entre el balance neto de fluidos y la percepción de la sed fue de R2a= 0.70 (p = 0.001) Conclusiones: la percepción de sed y calor fue la misma cuando se realizó ejercicio en dos condiciones ambientales diferentes con el mismo nivel de estrés térmico. La escala de percepción de la sed fue capaz de detectar la deshidratación progresiva consistentemente: cuanto mayor fue la deshidratación en el tiempo, mayor fue la sed. Sin embargo, los resultados de este estudio no apoyan la teoría de que la ingesta voluntaria de agua es adecuada para reponer las pérdidas de sudor después del ejercicio.