Resumen

La necesidad de un diálogo entre el ser humano y el ambiente, en pleno siglo XXI, adquiere una relevancia como quizás jamás la haya tenido, en la medida en que se debe dejar de lado el discurso de imposición que se ha tenido, por parte del primero en relación con el segundo, es decir, se debe descartar la idea de un dominio que, lejos de beneficiarnos, ha empezado, y es la realidad latente y ya no solo literaria, a mostrar los primeros síntomas de una sociedad decadente, incapaz de controlar los fenómenos “naturales” que él mismo ha provocado.


En este texto, la alusión al baile y las danzas del bosque es, más bien, un reconocimiento, un llamado a lo que representa una relación diferente con el mundo, con el entorno, con el universo.  El Humanismo posibilita y permite asumir la noción de un espacio de diálogo vital, imprescindible, y un acercamiento entre el ser humano y el medio, de forma que la depredación llegue a su término y exista, por fin, una verdadera simbiosis entre el ser humano y la naturaleza que, lejos de pertenecerle, lo lleva consigo como parte de su ser. Es la relación del niño, su abuelo, y aquellos con los cuales entran en diálogo.

Palabras clave: Humanismo; naturaleza; bosque; ambiente