Resumen

La literatura gótica a menudo cuestiona la moralidad humana, lo que contrasta con el propósito tradicionalmente moralizante de la literatura infantil. Por tanto, una obra literaria para niños que exhiba características góticas parece una paradoja: o la intención moralizante de la literatura infantil debilitará el efecto de los elementos góticos, o éstos, por su parte, acabarán opacando los valores positivos de la obra infantil con su oscuridad. Coraline, de Neil Gaiman, es una novela infantil que se encuentra firmemente afianzada en la tradición gótica y que incluye elementos como manifestaciones paranormales, interacción con seres grotescos y la existencia de un universo sobrenatural y tenebroso que provee el ambiente de la obra. En dicho contexto, algunos pueden afirmar que los elementos de la novela, aparentemente incompatibles, la condición hacia direcciones diferentes que acabarán con esta, ya sea didáctica o estéticamente. No obstante, las imágenes góticas y el contenido de Coraline contribuyen más bien con la madurez de los lectores jóvenes al falsear la idealización del amor familiar, lo cual se convierte en un propósito didáctico significativo.